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domingo, 5 de junio de 2016

(No) redesocializando la Guillermocracia.

Sentimos informarle que no hay planes para una página oficial de la Guillermocracia en Facebook, en el futuro cercano por lo menos.
Creo que acabo de inventar un bonito nuevo verbo para el idioma castellano: "Redesocializar". Y si el castellano no lo acepta, siempre lo podemos usar en guillermocrático, que es como el castellano pero mejor redactado. Definamos nuestro neologismo en términos de la Real Academia Española, que aquí en la Guillermocracia la obedecemos cuando se nos antoja, y cuando no se nos antoja entonces no, por la razón que ya dije: en la Guillermocracia se habla guillermocrático y no castellano estándar, aunque el parecido es tan extraordinario que casi nadie nota la diferencia. Pero definida la palabra redesocializar en términos similares a como lo haría la Real Academia Española, sería algo así:

Redesocializar:

1. tr. Mencionar algo en una red social, que sirva para compartir con otros la existencia o presencia de ese algo.

2. prnl. Promocionarse a uno mismo a través de las redes sociales.

La primera definición es la que nos interesa aquí: comunicar algo a través de una red social. Un tema que siempre ha rondado, de manera larvada, en torno a la Guillermocracia. Un blog, en cierta medida, es una red social, aunque no cuente con la inmediatez de otras redes sociales como Facebook o Twitter. Lo que por supuesto origina una interesante cuestión: ¿mejoraría la Guillermocracia si tuviera su perfil de Facebook o de Twitter?

La segunda cuestión ya está resuelta. La Guillermocracia, de hecho, tiene cuenta en Twitter. La cual no sirve para absolutamente nada. La última vez que la actualicé yo, el Director Supremo y Vitalicio de la Guillermocracia, fue en Junio de 2.013, o sea, hace tres años atrás. En Internet, tres años es prácticamente toda una vida. Hace tres años, por ejemplo, las Kardashian eran lo máximo, aunque sea porque a Kim le quedaba estupendo el bikini. Hoy en día, ¿quién se acuerda de ellas, por mucho que de tarde en tarde surjan todavía más fotos de Kim Kardashian en bikini, como si todavía no tuviéramos una maciza colección?

El Paleolítico de las redes sociales.
En cuanto a abrirle a la Guillermocracia una página en Facebook... Me lo he planteado, pero siempre he llegado a la misma conclusión. No vale la pena. La última vez fue cuando publiqué algo sobre Facebook, el año pasado me parece, y don Elwin Alvarez, el ilustre Padishah Khan de El Cubil del Cíclope, mencionó que no tenía cuenta de Facebook. Por lo general no haría caso de esas cosas, pero considerando que él es uno de los visitantes más asiduos de la Guillermocracia, me hizo reflexionar. No sólo era la cuestión de qué contenidos exclusivos tendría que crear para Facebook, para que los lectores se hicieran seguidores de la página, sino que además, qué pasa con los lectores actuales o potenciales de la Guillermocracia que no tienen perfil de Facebook o que, teniéndolo, no quieren hacerse seguidores de una página oficial de la Guillermocracia en dicha red social. Y así es como sigue la Guillermocracia: sin página oficial en Facebook, por el minuto a lo menos.

En realidad, ni me habría acordado del tema, de no ser porque don Francisco José Súñer Iglesias, el Dios Emperador de El Sitio de Ciencia Ficción, lo volvió a traer a colación, en una muy interesante columna titulada precisamente Redes sociales. Voy a copiar y pegar lo que el mencionado escribió, para que entre él, yo y quienes estén leyendo esto, nos echemos un par de risas respecto de la estupidez generalizada de la gente con la que los creadores de contenidos en Internet tenemos que lidiar: "recibí algunos mensajes respecto a las redes sociales. En uno, por ejemplo, casi se me conminaba a abrir cuenta del Sitio en Facebook porque si no al pobre mortal se le hacía difícil y complicado seguir las actualizaciones, (sip, yo tampoco salgo de mi estupor) y en otro (y no es la primera vez) se me explicaba como tener presencia en Twiter mejoraría mi visibilidad en la red, haría subir el número de visitantes y hasta mejoraría el tema ese del tránsito intestinal". Sería cosa de risa... pero la gente que escribe tamañas estupideces que tan perplejos dejaron al mencionado Dios Emperador, estupideces como por ejemplo que a alguien se le haga difícil seguir las actualizaciones de algo en Internet si no hay Facebook de por medio, o que Twitter mejore la visibilidad por pura y mera presencia, tales cosas las creen en serio. Y eso es lo preocupante.

A poco que uno se tome la molestia de investigar, y aplique un poco de sentido común a las realidades, descubre un par de cosas. Tener una cuenta en Twitter no necesariamente mejora la visibilidad. Es cierto que hay millones de cuentas en Twitter, pero la realidad es que las verdaderamente influyentes, las que generan miles de retuiteos en pocos minutos u horas, son un porcentaje ínfimo de éstas. El grueso de cuentas de Twitter, en realidad, yacen en el abandono porque no han cumplido con su misión: hacer llegar las propias ideas y expresiones a otras personas. ¿Por qué? Simplemente por la aplicación del viejo principio económico de la ventaja competitiva que arroja ser el primero en algo que después tiene éxito. Los primeros que llegaron a Twitter, no tenían competencia y por lo tanto pudieron construirse tranquilamente sus posiciones a medida que nuevas personas llegaban y se sumaban y seguían a los que ya estaban ahí. Porque los segundos que llegaron, ¿a quiénes iban a seguir? Pues a los primeros. Y los terceros que llegaban, tenían que seguir a los segundos o a los primeros. Y así sucesivamente. Lo que se traduce en que mientras antes alguien llegó a Twitter, mejor posicionado quedó, sin perjuicio de la carga de mantener el Twitter actualizado para no perder esa ventaja.

Eso se traduce en que los que se metan ahora la van a tener difícil para hacerse notar, porque ya no vienen siendo los segundos o terceros sino los millonésimos o peor. En definitiva, la visibilidad en Twitter funciona de manera muy similar a como corre el dinero en un esquema Ponzi: los primeros que llegan, se benefician de los que llegan después, no al revés. Los últimos que llegan a Twitter, así como los últimos que llegan a un esquema Ponzi, quedan condenados a ser segundones de los demás. Esto puede cambiar si alguno de los primeros por milagro se fija en un tuiteo de los que llegan después y se hace seguidor, pero esto es tan difícil como conseguir ser el boxeador que se enfrente a Apollo Creed en la pelea de la primera película de Rocky Balboa.

¿Y si en vez de pelearnos por ver quién sigue a quién, nos seguimos mutuamente y en paz?
Con Facebook, debido a su propia dinámica, las cosas funcionan de manera algo distinta. A Facebook, uno llega aportando las relaciones y redes de la vida real. Por supuesto, uno puede construirse esas relaciones vía chat, enviando invitaciones de amistad, etcétera, pero en definitiva, en Facebook uno tiene tanta llegada como sociabilidad tenga, y esa sociabilidad viene determinada por elementos que son ajenos a la dinámica misma de Facebook. En Facebook se necesita mayor reciprocidad porque no se trata de hacerse seguidor, que es un acto unilateral, sino enviar solicitudes y ser aceptado como amigo, lo que es bilateral. Y esto también tiene un efecto multiplicador: para tener muchos amigos en Facebook, primero... tienes que tener muchos amigos en Facebook. O sea, para obtener visibilidad en Facebook, primero tienes que tener visibilidad en Facebook, en una variante informática del viejo adagio por el cual a quien mucho tiene más le será dado, pero al que poco tiene, hasta lo poco que tiene le será quitado. O dicho de otra manera, si eres un pobre infeliz en la vida real, existen muchas probabilidades de que también termines siendo un pobre infeliz en Facebook.

En ese sentido, El Sitio que publicaba el artículo en comento, afronta un dilema similar a la Guillermocracia. Meterse a Twitter o a Facebook no es una opción, porque aunque distintos en sus temáticas y alcances, tanto El Sitio como la Guillermocracia tienen un perfil que les entrega un alcance limitado. Como lo escribe el artículo de El Sitio que citaba más arriba: "el Sitio sobrevive, pero porque ha logrado su pequeña cuota de prestigio a base de constancia, no por tener el escaparate más grande". Lo mismo pasa con la Guillermocracia. Y esto, yo se lo comentaba a una amable lectora algún tiempo atrás: la Guillermocracia no tiene una gran base de lectores, pero tiene los justos y precisos para mantenerse, aquellos que de verdad se interesan en los temas que se postean.

Entra aquí en escena una vieja conocida de todos los que hayan estudiado un mínimo de Economía: la Ley de los Rendimientos Decrecientes. Si produces algo, la primera unidad de lo que produces entrega un beneficio enorme, porque es la primera unidad de algo que, suponemos, no existe de antemano en el mundo. La segunda unidad, en cambio, sigue produciendo un beneficio, pero ya no tan grande, porque existe de antemano la primera unidad; el que pidió la primera unidad es el que más necesidad tenía de ella y por lo tanto el que más la valorará y pagará el precio más alto, pero el que se pida la segunda unidad, lo hará por un precio inferior. Con la tercera unidad ocurrirá lo mismo, y con la cuarta, y con la quinta... Al final, llegará un minuto en que el precio tenderá a cero, y no vale la pena seguir produciendo nuevas unidades de eso mismo.

La Ley de Rendimientos Decrecientes explicada con chicas guapas. Cada una de ellas por separado, un bellezón. Todas ellas en conjunto... ni te darías cuenta si pusieran otra más en el grupo.
El corolario es que, mientras más se expanda la Guillermocracia, mientras más lectores abarque, menos beneficio habrá por cada unidad producida de la misma. Cada nuevo posteo valdrá cada vez menos. Y no solamente cada nuevo posteo, sino también expandirse velozmente por las redes sociales. En la actualidad, la Guillermocracia llega a poquísimos lectores, pero para esos lectores, tiene un precio alto: están dispuestos a dejarlo todo de lado para dedicarle media hora de sus vidas a leer lo nuevo que se publicó en la Guillermocracia. Y por supuesto, eso exige lectores inteligentes y capacitados, que son justamente los que me interesan.

Por su parte, los posteos mismos de la Guillermocracia exigen una buena cuota de dedicación: son posteos delicados, trabajados, escritos con cuidado, corregidos, pulidos. Escribimos sobre eso en El factor G: Cómo se escribe un posteo de la Guillermocracia, y a dicho texto me remito por más detalles. El tiempo es un recurso limitado. Sólo dispones de 24 horas cada 24 horas, y ni un minuto más. Cada nueva ración de 24 horas que obtienes, debes dividirla entre varias cosas. Por lo menos 6 u 8 horas para dormir, un par de horas más para desayuno, almuerzo y cena, luego está la vida en familia, la movilización, el trabajo... Eso deja poco tiempo para trabajar en un blog como la Guillermocracia, o un sitio de internet como El Sitio de Ciencia Ficción. Cada minuto invertido, debe contar, debe valer la pena. De manera que si lo hacemos, es para obtener el mejor resultado posible. Y entre destinar esos minutos de diferencia a pulir un posteo o trabajar en uno nuevo, o preocuparse del ala redesocialera de la Guillermocracia, mejor lo primero.

Estoy seguro que en El Sitio de Ciencia Ficción estarían de acuerdo con lo que voy a decir. Podríamos obtener una presencia en línea mucho mayor bajando el nivel. Limitándonos a retransmitir, escribiendo lo menos, esclavizándonos a los 140 caracteres de Twitter. ¿Obtendríamos más lectores? Quizás sí, andando el tiempo, pero a qué precio. ¿Qué lectores serían ésos? Seguramente aquellos que no tienen cabeza o interés para más. En la calidad de los lectores opera también la Ley de los Rendimientos Decrecientes: mientras más lleguen, más deteriorada será la calidad de éstos. Y esa clase de lectores, cuando uno hace estas cosas por el amor al arte, en realidad no interesan, porque para mantenerlos interesados, habría que bajar el nivel del blog o del sitio, y con eso, alienarse a los lectores que ya están acá, y que llegaron y se quedaron precisamente porque el nivel está por encima del promedio. Y eso, por no hablar de la insatisfacción creciente que sentiríamos con nuestro propio trabajo. Uno puede darse el lujo de sentir insatisfacción con el trabajo propio cuando al menos alguien lo paga en moneda de curso legal, pero no cuando se trata de ars gratia artis.

Déjenme proponerles otro ejemplo para terminar de redondear la explicación. Supongan que ustedes fabrican automóviles. Tienen dos opciones. Una es ser Rolls Royce: producir automóviles sólo a pedido, de manera artesanal, a precios exhorbitantes, pero cuyo resultado final es una pequeña joyita cuyo dueño va a lucir de manera orgullosa porque es algo único y exclusivo. La otra es producir utilitarios japoneses en masa, baratos y con las prestaciones mínimas, pero que las ocupará cualquier perejil. La Guillermocracia elige claramente el primer camino. ¿Esnob? Probablemente. Pero si a usted le ofrecieran elegir entre quedarse con un Rolls Royce y un utilitario japonés masivo, y suponiendo que tenga dinero para su cuidado y mantención, ¿con cuál a usted le gustaría más quedarse? Y recuerde usted, la Guillermocracia es gratis, o por lo menos, tan gratis como puede ser considerando que depende de una conexión a Internet para acceder a la misma. En esas condiciones, ¿usted cree que Rolls Royce se va a rebajar a producir utilitarios japoneses en masa? En caso de necesidad, quizás sí, pero si puede mantenerse como un vehículo de calidad, aunque eso signifique quedarse encerrado en un mercado minoritario, ¿por qué iba a prostituir su producto de esa manera?

¿Te crees que a este majestuoso Rolls-Royce lo van a publicitar en la tele en un ofertón de lleve uno y el segundo es gratis...? Bueno, es la misma razón por la que la Guillermocracia no tiene presencia en Facebook o Twitter.
De manera que acá en la Guillermocracia compartimos el rechazo de El Sitio de Ciencia Ficción a las redes sociales, o por lo menos, a aquellas más dependientes de lo inmediato y la novedad, como Facebook o Twitter. No por ellas mismas, que en tanto se usen sin hacer daño a terceros son espacios sociales tan respetables como cualquiera, sino porque las dinámicas propias de éstas favorecen lo masivo, lo barato, la falta de esfuerzo. Dicen que nada en la vida es gratis. Los contenidos de El Sitio de Ciencia Ficción, desde luego que no lo son. "La Ciencia Ficción no es para tontos", decía mi mentor el señor Sergio Meier, y El Sitio de Ciencia Ficción desde luego que tampoco lo es, porque se necesita un mínimo de calado intelectual para adentrarse en su interior, mínimo que no es necesario para acceder a Facebook o Twitter. Los contenidos de la Guillermocracia, sean de Ciencia Ficción o no, tampoco son para tontos, los hemos mantenido en un nivel por encima de es para tontos, y si el precio es no tener una cuenta de Facebook o de Twitter, entonces es preferible así.

Desde luego, eso no quiere decir que sintamos desprecio por las masas por el solo hecho de ser masas, ni mucho menos. Ojalá todo el mundo tuviera un nivel mínimo de erudición y racionalidad, y no fueran las masas vociferantes, autopagadas y narcisistas que revolotean por Facebook o Twitter. El nombre de Facebook viene de la foto que se estampa en un álbum estudiantil, después de todo, ¿y quién lee esos álbumes estudiantiles después? Y el nombre de Twitter viene del verbo inglés twit, que se refiere al gorjear de los pájaros, ¿y acaso no llamamos "cerebro de pájaro" a una persona poco aficionada a darle uso a su encéfalo? Nuestra sociedad considera aceptable que las fábricas de salchichas tengan un nivel mínimo de calidad, para que quienes coman esas salchichas no se envenenen los estómagos ingiriendo cualquier porquería. ¿Por qué no íbamos a pedir que fuera igualmente aceptable que nosotros, las fábricas de cultura, tengamos un nivel mínimo de calidad, para que quienes consuman nuestra cultura no se envenenen el cerebro de igual manera, consumiendo cualquier porquería? En ese sentido, nuestra potencial actitud esnobista en realidad no está, o no debería estar ofendiendo al usuario simplón de Facebook o Twitter, sino que por el contrario, los estamos protegiendo de ellos mismos, los protegemos de envenenarse con productos culturales de baja estofa. No es que estemos exigiendo con el labio superior fruncido al estilo inglés, que los usuarios de Facebook o Twitter se acerquen a nosotros porque nosotros somos demasiado buenos para Facebook o Twitter; es al contrario, la invitación es que ellos se acerquen por los canales disponibles porque aquí encontrarán un producto cultural de calidad superior al promedio. Y si eso es esnobismo, entonces también es esnobismo pedirle a las fábricas de salchichas que no envenenen a la gente.

En definitiva, todo esto gira en torno a una cuestión vieja. Pensar no es gratis. Pensar cuesta. Implica cultivarse, ampliar horizontes, ser tolerante, estar dispuesto al debate de ideas e incluso aceptar que uno esté equivocado, y eso por no hablar del tiempo invertido. Las redes sociales como Facebook o Twitter no favorecen tales cosas, sino que por el contrario, se alimentan del volumen, de lo inmediato. Los blogs que vamos sobreviviendo somos como la comida artesanal que cuesta caro, pero se lucra con la calidad, luchando contra la vorágine de la comida chatarra que cuesta barato, hace su ganancia con los volúmenes de venta, pero de paso envenena la salud de la gente y embota su sentido del gusto. Es una estrategia de venta tan válida como cualquiera otra, desde el punto de vista económico. Pero la Guillermocracia, y me parece que también El Sitio de Ciencia Ficción, elegimos otro camino diferente. Uno que no nos aporta tantos lectores, uno que nos tiene apartados del flujo masivo de Facebook o Twitter, pero que a cambio nos permite entregarles un producto digno y de calidad al pequeño nicho que nos ha favorecido con su atención y premiado con su preferencia.

Por el minuto no, pero gracias de todas maneras.

8 comentarios:

Víctor Herbonniere dijo...

Pues la verdad sí da gusto catar éste tipo de entradas tan ¿guillermocráticas?. No sigo al sitio de ciencia ficción (aún), pero soy de los que espera cada domingo por una de tus entradas. Agradezco la constancia y el esfuerzo, por si hace falta. A ver que tal el "Sitio..." Un saludo.

Cidroq dijo...

Muy buena entrada, y muy buena defensa a tu postura, de rebote, sirve como un reconocimiento a los lectores más asiduos de la Guillermocracia, creo que la redesocialización (¿o como era?) de un blog depende mucho de cual sea su objetivo, en aquellos que prima la novedad y el corto plazo, pues si es recomendable, pero como en este, que su meta es a largo plazo, sin prisas pero sin pausas, es irrelevante la redsocia.... tu me entiendes.

Saludos .

Guillermo Ríos dijo...

@Victor_Herbonniere, El Sitio es un recomendado absoluto para cualquiera que le guste la Ciencia Ficción. Y es una alegría que los domingos sean mejores gracias a los posteos de la Guillermocracia; ojalá que el de hoy haya resultado satisfactorio. Saludos igualmente.

@Cidroq, ahí estamos derivando hacia el tema de lo cortoplacista versus el esfuerzo, la constancia, etcétera, y hay bastante tela que cortar ahí. Considero exactamente lo mismo en relación al objetivo. Y por supuesto, siempre está el tema de los retornos: una inversión pequeña por lo general lleva a un retorno también pequeño. La Guillermocracia es una inversión grande, pero a su vez genera un retorno grande para sus lectores (¡o eso espero, a lo menos!). Saludos igualmente.

Mauro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mauro dijo...

Vine a parar a este blog por accidente al toparme con tu gran análisis de la sociedad chilena ("Las cinco claves para tener éxito en Chile") de hace tres años.

Respecto a tu evaluación de Facebook y Twitter, estás completamente en lo correcto. Esas dos plataformas son realmente basura.

Una cosa que no mencionas es el efecto que tienen estas dos drogas del Internet en el cerebro de las personas educadas e inteligentes. Causan que las personas se vuelvan idiotas, quieran algo de inmediato y en general desarrollen una flojera mental que da asco. Lo he visto en mi propia familia. Personas de alto nivel intelectual y creatividad poco menos que se han vuelto en mongólicos a quiénes se les debe recordar cómo encender un aparato electrónico o hacer una mínima configuración en el celular o la computadora.

Y ni hablar de pedirles que lean un manual de referencia. Es como echarle ajo a un vampiro.

Por desgracia se ven los efectos sicóticos en la sociedad. Esa ansiedad o adicción quererlo todo de inmediato lleva los adictos de Facebook y Twitter a tener un comportamiento social poco sano tal como no respetar las leyes del tránsito o dejar de lado todo sentido común. He visto a estos mongólicos en algunos restauranes exigir que les traigan la comida 10 minutos después de haberla pedido como si estuviesen en McDonalds. Da pena realmente.

Guillermo Ríos dijo...

No sé qué tanto se pueda achacar tales conductas a Facebook o Twitter. Creo más bien que hay temas de personalidad o de formación que están latentes en las personas, y Facebook y Twitter son los catalizadores que sacan esas cosas de adentro. Pero si uno tiene una personalidad más o menos bien ajustadita y una formación como se debe, lo más probable es que uno se transforme en más o menos invulnerable a esos cantos de sirena redesociálicos.

En cualquier caso, esas conductas impacientes creo que se están volviendo la tónica de la sociedad por causas que son más profundas. En la década de 1.980, a nivel planetario, hubo un fuerte reemplazo de una cierta ética del trabajo y la responsabilidad, por una basada en el exitismo, el camino fácil y el yo soy lo máximo y los demás que se pudran. De ahí al tipo que guasapea mientras maneja y cuando lo pillan pone cara de Chilindrina pillada en falta, o al prepotente que exige que en un restaurante la comida sea instantánea, hay solo un paso.

Albert Mora dijo...

Me vale que entres a Facebook o Twitter, por x o y razones que vengan a cuento o no. Lo que te pido es que sigas haciendo contenido de calidad y ahí estaré para para devorarlo, analizarlo, compararlo y criticarlo. Que aunque no comente lo hago, vaya que lo hago... Saludos desde Venezuela

Guillermo Ríos dijo...

Contenido de calidad ha sido siempre la empresa y meta de la Guillermocracia, y seguimos trabajando para que siga siendo de esa manera en el futuro. Saludos desde la Guillermocracia.

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