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domingo, 8 de mayo de 2016

Snobbish.


Aprendí a escribir, leer y hablar inglés un poco en dos pasos. El primero de ellos fue el colegio, en donde a lo largo de la Enseñanza Media tuve la suerte de contar con una excelente profesora de inglés. El segundo salto se produjo cuando, por encuentros con otras personas, mis gustos musicales se ampliaron hacia esferas que en ese entonces eran bastante raras. Hasta entonces, mis nociones de música anglo eran canciones llenas de "I love you", "I want you", "I need you", etcétera. Entonces descubrí que había bandas que podían tener letras como: "Opium, bring me forth another dream, spawn worlds of flesh and red, little jewels of atrocity" (Opium de Moonspell). O como: "Greet me my proud little soldiers of brown, purple and grey... Carry us on your shoulders, carry us far away" (Teonanacatl de Tiamat). O como: "Believe? In a deily long dead? I would rather be a pagan suckléd in creeds outworn, whith faärtytales fill'd up in head, thoughts of the Book stillborn" (And When He Falleth de Theatre of Tragedy). O como "A son in search for the truth following the pages of Almagest, discovering the origin of dreams, stargazers ride through the ancient realms" (Stargazers de Nightwish). Tratándose de mí, que cuando escucha una canción no sólo se deja impresionar por la melodía o por lo cool del sonido, sino que también quiere saber qué está cantando, me era inevitable meterme en el laberinto de qué decía la letra; a través de semejante entrenamiento del infierno es que llegué a perfeccionar mi inglés. Hablo de una era en donde todavía no existía Darklyrics ni Lyrics Wikia, y por lo tanto, si uno no tenía la edición original del album con el booklet respectivo, agenciarse dichas letras era un parto; y ni hablar de traductores en línea u otras ocurrencias. Y por cierto, después de los ejemplos antedichos, el que siga diciendo que la música gótica es para gente con desperfectos en la azotea, que se tire a un pozo; hace falta mucha más inteligencia para entender y asimilar estas letras, que para el último hit K-Pop, o, peor aún, para el reguetón.

El caso es que, aprendiendo inglés al mismo tiempo que crecía mi cinismo, empecé a encontrar un cierto regusto en saber algo que los demás no. Hoy en día está más difundido el saber inglés, gracias a Internet, y además debido a que suele considerarse como un plus saber hablar de tú a tú con los anglosajones, pero en la época, dominar el inglés hasta el punto de mantener conversaciones aceptables en dicho idioma era algo cercano a entender la cábala hebrea. Y sucedió lo inevitable, cuando a uno se le van los humos a la cabeza: mi propio idioma se impregnó de palabras en inglés.

En esa época conocí también a algunas personas que, por un motivo u otro, también sabían inglés. Fuere por el colegio, fuere por escuchar música anglosajona. En general, quienes preferimos la música anglosajona a la castellana solemos tener un nivel cultural superior porque, se quiera o no, y le duela a quien le duela, el grueso de las innovaciones musicales viene desde allá. ¿Qué otra cosa fue el famoso Rock Latino estilo Soda Stereo, sino una reinterpretación del Post Punk, el Synth Pop, la New Wave y el proto Rock Gótico que venían de Inglaterra? El caso es que los gustos musicales se transformaron en una excelente autopista para reconocernos entre nosotros como parte de esa casta superior que sabía hablar inglés.

Y entre nosotros, empezamos a comunicarnos de tal manera. En la época empezaba a difundirse el correo electrónico, y los correos de esa época entre quienes sabíamos inglés, estaban plagados de terminología en dicho idioma. A veces, incrustando palabras en inglés; a veces escribiendo el mensaje entero en dicho idioma. Podíamos decir lo mismo en castellano, pero era más cool hacerlo en inglés; era nuestra contraseña, nuestra manera de reconocernos como mejores y superiores, culturalmente hablando a lo menos.

Pasaron los años, y por una serie de razones, mi mentalidad empezó a evolucionar en otra dirección. No sabría decir en qué minuto ocurrió. Simplemente, empecé a sentir desagrado del híbrido Spanglish. Poco a poco, mi literatura se transformó en purista castellana. Hoy en día, es raro que inserte palabras inglesas en mis textos. Lo hago de tarde en tarde, cuando el término inglés es más preciso que el castellano, o por producir un efecto irónico, o por ambos motivos a la vez. Pero no es un recurso que utilice demasiado. Si puedo usar una palabra castellana en vez de la palabra inglesa, prefiero usar la castellana.

Lo que a veces me trae problemas. Tantos años expuesto a la cultura anglosajona, algo inevitable cuando se tienen ciertos gustos y aficiones, ha llevado a que muchas veces mi propia mente esté programada para pensar en inglés tanto como en castellano. A veces, escribiendo, descubro que la palabra que encaja de manera más natural según mi mentalidad es inglesa, pero una vez leyendo el texto, suena pedante o condescendiente, lo que me obliga a la dolorosa búsqueda del atavismo castellano de reemplazo que encaje con el sentido del texto. Pero una vez que lo encuentro, sé que el texto ha quedado redondeado. La prueba es que ustedes, acá en la Guillermocracia, rara vez leen palabras inglesas. Si leyeran los borradores de los posteos, encontrarían bastantes más de las que finalmente llegan a la línea de llegada que es la publicación definitiva.

Lo irónico del caso es que hay personas con las que me contactaba con esas fechas, que siguen expresándose en inglés. Queda muy lindo. Queda muy cool. Y en general, me aburre.

(He usado varias veces la palabra cool en este artículo porque no conozco un término castellano tan potente y preciso para describir lo mismo. Es una excepción, como podrán ver).

En ciertos círculos arribistas, me he encontrado que es de buen tono usar palabras inglesas. Gente que prefiere ir al mall en vez de al centro comercial. O al outlet en vez de a la tienda de ofertas. O que va de shopping en vez de compras o el viejo y clásico vitrinear.

Se ha argumentado que muchos prefieren el inglés porque es un idioma más simple y directo. Mall: una sílaba. Centro comercial: cinco. En un mundo cada vez más acelerado, ser polisilábico parece ser una desventaja. Hablar o escribir parece ser una cuestión de asestar un golpe rápido, directo, contundente y brutal en la mente de la otra persona. La filosofía del meme rompedor, en definitiva. En este contexto, la parsimonia del castellano clásico parece ser algo fuera de onda. Tiene que ver, quizás, con la mentalidad arribista. El arribista lo quiere todo, y lo quiere ya. No hay tiempo para esperas ni para dilaciones. Desde un punto de vista psicológico, el carácter monosilábico del inglés es casi un vehículo de expresión para esa inmediatez narcisista.

Yo opino diferente. Me gusta la tranquilidad. Me gusta la sobriedad. Y el arribismo es, por supuesto, una lacra social. No hay nada de malo en luchar para salir adelante en la vida, y despedirse de la misma con un patrimonio mayor al que se tenía en el tiempo del certificado de nacimiento. Pero una cosa es la sana ambición por surgir en la vida, y otra muy distinta el arribismo; no en balde, el segundo es una exageración patológica de la primera, y quien padece de una patología, es una persona enferma. La meta de la vida es vivir sanos, no enfermos.

Y el idioma castellano se presta de maravillas para las antedichas parsimonia y sobriedad. A diferencia del inglés, el castellano es un idioma relativamente pobre en significación. Necesitamos trufar nuestro lenguaje de adjetivos porque los sustantivos castellanos son insípidos. Es un idioma muy rico en significados, sí, pero significado y significación no son lo mismo. En trazos gruesos, significado es el concepto, la definición, mientras que significación es el valor emocional de una palabra. El inglés funciona al revés: es un idioma muy rico en significaciones, pero muy pobre en significados. Piénsenlo: el castellano tiene un montón de sinónimos de significado parecido, pero no igual, sutilezas de las que carece el inglés, con una tasa inferior de sinónimos... pero a cambio, el inglés tiene onomatopeyas más coloridas y sonoras. En castellano, usted puede decir: parar, detenerse, frenar, etcétera, mientras que en inglés, usted lo sumerge todo en el concepto stop; pero por otra parte, cuando usted quiere detener realmente a alguien, es más sonoro gritar "STOP!" que "¡DETÉNGASE!". Creo que ya me entienden el punto. En definitiva, el inglés es un idioma más bien emocional, mientras que el castellano es un idioma más bien racional. El castellano, dije; que los castellanohablantes sepan sacarle partido, eso es harina de otro costal, por supuesto.

Ahora bien, aparece aquí otra conexión: el esnobismo y el arribismo son respuestas emocionales. Y la respuesta emocional es, por definición, infantil. La sana ambición es racional: se evalúan los pros y los contras, y se toma con método la decisión económica más eficiente. El arribismo es emocional: consiste en abalanzarse sobre lo que se quiere sin más. El ambicioso en su justa medida es una persona madura, mientras que el arribista es una persona narcisista e infantil. En este sentido, el uso entre los hispanohablantes del inglés con preferencia al castellano es signo de otra cosa: de infantilismo. Y con esto se cierra el círculo, porque como decíamos, el uso del inglés en medio del discurso hispanohablante tiene mucho que ver con una actitud o una pose cool, y, ¿qué es lo cool sino el intento infantil por transformarse en el centro de atención de todo y de todos?

Todo lo anterior no quiere decir que uno deba transformarse en un purista cervantino cuyo discurso deba volver a la era de Góngora y Quevedo, y expurgar la larga hilera de anglicismos, galicismos e incluso japanismos que han ingresado a nuestro habla en los últimos dos o tres siglos. El idioma no debiera ser un monumento tallado en roca granítica, estancado para siempre. El idioma es un medio para comunicar cosas, y siendo el mundo un lugar esencialmente cambiante, el modo de comunicar las cosas también debe cambiar. El propio Castellano nació cuando el Latín debió adaptarse a las necesidades idiomáticas de la península ibérica medieval, incluyendo una generosa inyección de jerga árabe para entenderse con mudéjares y moriscos. Un montón de galicanismos ingresaron a nuestro idioma como expresiones estiradas y pedantes que los españoles del siglo XVIII adoptaron para estar a tono con la dinastía francesa de los Borbones. Hoy en día, la mejor manera de referirnos en castellano a determinados avances tecnológicos, en particular dentro del área computacional, es importar términos desde el inglés. La cuestión aquí es integrar las adiciones y adquisiciones del idioma de una manera coherente con el resto del mismo. Meter la palabra inglesa sin más, a puñalada limpia, cuenta como un barbarismo. La palabra clave es coherencia, para que el idioma como un todo, sea un fluido armónico, no un mero pegote de elementos sin cohesión ni estructura.

Así es que me siento muy bien por haber pasado por esa etapa adolescente de autoindulgencia, tratando de meter un híbrido spanglish allí donde pudiera. Me siento muy bien por haber madurado y, creo, ser una mejor persona. Los estirados y arribistas me odiarán por eso, pero es algo esperable: los estirados y arribistas odian a todos aquellos quienes no les soban el lomo y alimentan su narcisismo de tragaderas insaciables. Al final del día, si los estirados y arribistas te odian, quiere decir que estás haciendo algo bien.

Y una nota final, por si no dominan el idioma. Snobbish en inglés significa estirado, pedante o pretencioso. Utilizo el término inglés en el título como ironía, por supuesto.

7 comentarios:

Cidroq dijo...

Me parece un tema interesante, me identifico con el "feeling" (je, aprovechando el tema), que transmites con la entrada de hoy, yo también tuve conocimientos y unas relativamente aceptables habilidades con el inglés cuando aún no era "chevere" (no se si sirva como sustituto de cool), hablarlo o saber interpretarlo, también tuve maestros destacables que me dieron buenas bases, aunque a mí el detonante para llevarlo a la práctica e intentar mejorar en el idioma para enterarme de lo que veia y escuchaba fueron los videojuegos.

Buena entrada, saludos.

Guillermo Ríos dijo...

Los videojuegos también son una buena escuela para aprender inglés. Todavía recuerdo los días en que jugaba al Civilization III. Había algo simpático en concertar un acuerdo de amistad con Hammurabi y que él dijera "You are wise beyond your years"...

Gracias por las felicitaciones, y saludos igualmente.

Gaby Fonseca dijo...

Eso de que el el ingles es emocional y el espanol es racional me cayo como rayo xD a veces cuando imagino una situacion o algo asi prefiero usar terminos preciso en ingles, no parafrear, eso siempre es en espanol xD pero no se, algunas cosas simplemente las pienso en ingles, no se si es exactamente a lo que te referias con ese punto, por suerte lleve ingles en mi escuela bilingue xD lo odiaba de pequena pero ahora se que fue una gran ventaja, aunque suene medio malinchista xD ya sabes, todos odian a los gringos, pero todos prefieren cosas que provienen de por alla. Saludos desde Mexico ^^

Guillermo Ríos dijo...

Técnicamente, nosotros los latinoamericanos estamos en la misma posición que los bárbaros germanos frente al Imperio Romano hace unos dos mil años atrás: en proceso de asimilación cultural, admirando su civilización superior pero aborreciendo su militarismo e imperialismo, infiltrándolos lentamente vía migración hacia los núcleos del Imperio... Y ya se sabe en qué acabó el cuento en su día: los germanos adoptaron un híbrido de idioma latino con inclusiones de vocabulario germánico (o sea, el Spanglish de sus días), terminaron convirtiéndose a la religión romana (que en esa época ya era el Cristianismo)... y saquearon todo lo que se podía saquear. Los paralelos entre la historia grecorromana y la del mundo anglosajón son alucinantes, y cabe la posibilidad de que sigan derroteros similares hasta el último.

Mauro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mauro dijo...


Me apesta el Spanglish, especialmente si se considera que vivo en un lugar donde el Spanglish es casi un idioma oficial (California, EE.UU.).

Esto me llevó a ganarme la vida de traductor de documentos en inglés al castellano aunque solo fuese para que las personas que los leyeran lo hicieran en castellano y no en disparates que solo los hijos de mexicanos nacidos en EE.UU. entendieran.

No estoy de acuerdo con tu declaración de que "Desde un punto de vista psicológico, el carácter monosilábico del inglés es casi un vehículo de expresión para esa inmediatez narcisista".

La característica principal del inglés mediante el uso de pocas palabras es de expresar algo de forma contundente, concisa y que no se presta a interpretaciones. No creo que sea un reflejo psicológico.

Gabriel García Márquez, a mi parecer el mejor escritor de la lengua española (lo siento, Neruda), alguna vez dijo que la traducción de su obra "Cien años de soledad" había adquirido una nueva dimensión al ser traducido al inglés. Esos largos párrafos fueron comprimidos y ganaron mayor fuerza en un lenguaje que favorece a la precisión.

Si bien me eduqué leyendo libros de matemáticas e ingeniería en inglés (dado que en Chile la publicación de libros de ese tipo era muy limitada hace 20 años), no puedo aguantar el abuso del uso de palabras en inglés cuando existen las palabras en castellano para lo mismo. Leo de vez periódicos chilenos y se ven plagados de términos en inglés. "Bullying" es un buen ejemplo. ¿Acaso nadie ha oído hablar de la palabra "matonismo"? Tenía 10 años cuando mi profesora de escuela básica me la explicó.

Por favor no dejes nunca de escribir en castellano.

Guillermo Ríos dijo...

No estoy tan de acuerdo con la precisión del inglés como idioma, al menos en lo que a significados se refiere; en significaciones es otra cosa, como lo argumentaba más arriba.

Un ejemplo de esto es el famoso verbo que sirve para describir o adjetivar algo. En Castellano disponemos de los verbos "ser" y "estar". En inglés disponen apenas del "to be". ¿Resultado? Nosotros no tenemos problemas para aprender cómo funciona el verbo to be, pero los angloparlantes, exceptuados los que por trasfondo o crianza han adquirido el castellano como segunda lengua por supuesto, he visto en persona que se hacen un lío para tratar de armar una frase y elegir cuál verbo encajar, si el ser o el estar, en las fases iniciales de aprender el idioma por lo menos. Nosotros tenemos bien clarito que ser se refiere a un estado más o menos permanente de cosas ("soy hambriento", por ejemplo) versus estar que se refiere a un estado más transitorio ("estoy hambriento", por ejemplo), aunque lo aplicamos más o menos sin pensar porque nacimos con el idioma.

Otro ejemplo de que el castellano es más preciso que el inglés, se refiere al uso de verbos para expresar situaciones que consideramos más o menos deseables, versus situaciones que están afincadas ahí, sean deseables o no. Para las segundas conjugamos los verbos en infinitivo, y para las primeras conjugamos en subjuntivo. Pero los ingleses carecen de subjuntivo y por lo tanto para expresar cosas para las cuales nosotros usamos el subjuntivo, tienen que usar el infinitivo, y la única manera de colegir si estamos expresando una situación que es o que desearíamos que fuera, es a partir del contexto de la frase. Los castellanohablantes tendemos a no considerar esto porque estamos tan acostumbrados a pasar de infinitivos a subjuntivos y vice versa, que casi no valoramos esta escondida pero potentísima herramienta que tiene nuestro idioma. Y buena suerte tratando de explicarle lo que es el subjuntivo a un angloparlante. Yo una vez lo intenté cuando vi que un pobre tipo tratando de aprender castellano y se hacía un lío con el tema, y tuve que renunciar porque no terminaba de captar el matiz, en ese momento de su formación lingüística por lo menos.

Desconocía la opinión de Gabriel García Márquez sobre la traducción de su obra al inglés, pero me parece un comentario interesante. Con todo, y hablo a título de mera especulación aquí porque podría estar equivocado, es posible que García Márquez en inglés suene mejor que en castellano porque su propia prosa, en Cien años de soledad por lo menos, intenta favorecer una cierta ambigüedad y atemporalidad, en donde importa menos la objetividad de los hechos o eventos que describe, que las sensaciones o atmósferas que tales eventos crean en el lector. Esto es algo común a los escritores de una vena más fantástica, y es la desesperación de los traductores de escritores fantásticos anglosajones, que casi nunca suenan tan bien en castellano como en su original inglés. O su original klingon, como Shakespeare.

También soy enemigo en principio del uso de extranjerismos. Lo encuentro adecuado si no hay una palabra castellana, si la hay pero es imprecisa, o si la misma carece de la misma fuerza emocional que su equivalente extranjero. Considero aceptable usar el alemán Weltanschauung en vez de su más o menos equivalente castellano cosmovisión porque aunque significan lo mismo, el alemán tiene un valor emocional que el castellano no. Pero en el caso de bullying, la palabra castellana matonaje tiene el mismo significado y la misma fuerza emocional, de manera que el anglicismo en principio no se justifica.

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