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domingo, 15 de mayo de 2016

どうもありがとう, 冨田様 (Dōmo arigatō, Tomita-sama).


La semana pasada, en concreto el Jueves 5 de Mayo de 2.016, un importante fragmento de la historia de la música electrónica ha desaparecido para siempre. Nos referimos al fallecimiento de Isao Tomita (冨田 勲, Tomita Isao en japonés), conocido por lo general únicamente con su nombre artístico de Tomita. En muy breves y resumidas palabras, Tomita es uno de los padres fundadores de la moderna música electrónica, una de las grandes bisagras entre la electrónica experimental de mediados del siglo XX, y la moderna electrónica pop de discoteca. Ya nos referimos a él como uno de los precursores de la electrónica ochentera en la primera entrega de Synth80s, aquí en la Guillermocracia, pero ahora que lo estamos despidiendo, ahondaremos un poco más en su trabajo.

Para el público masivo, la escena electrónica es algo que arrancó en la década de 1.980, con Depeche Mode cantando Just Can't Get Enough, o bien OMD cantando Enola Gay, por ejemplo. Yendo mucho hacia el pasado, en la década de 1.970, habrán quienes se acuerden de Das Model de Kraftwerk, aunque muchos no lo asocian con el disco Die Mensch-Maschine de 1.978 sino con fecha algo posterior, porque el tema fue relanzado como single en 1.982. Para ellos, encontrarse con que la música electrónica existe como tal desde la segunda década del siglo XX como mínimo, o sea, hace la friolera de un centenar de años atrás, puede ser casi un shock cultural. Y sin embargo, ése es el caso. Con todo, la electrónica musical hasta la década de 1.970 en realidad era un agregado secundario a la música de instrumentos tradicionales, o bien, una exploración avant-garde más bien lejana al público masivo.


Ahondemos un poco en esto porque nos ayudará a entender la importancia de Tomita en el devenir de la música electrónica. A inicios del siglo XX, ya se había formado la moderna cultura de masas como algo más o menos divorciado de la cultura de élite, y la Música Selecta antaño omnipresente, ahora comenzaba su repliegue hacia un público más refinado, ayudado porque en esos años, muchos compositores de este estilo se lanzaron a toda la experimentación vanguardista del siglo XX, que los llevó a ser todavía más inescrutables e incomprendidos; la gente común, por su parte, empezó a volcarse en masa hacia estilos más populares, como por ejemplo el Jazz, que en esa época era música de ghettos negros y de los bajos fondos mafiosos, algo difícil de conceptualizar en una época como la actual, en donde escuchar Jazz es casi sinónimo de esnobismo. En paralelo, las nuevas tecnologías relacionadas con los circuitos y el manejo en general de la electrónica, llevó a la posibilidad de crear instrumentos musicales accionados ya no por teclas como un piano, arcos como un violín, o el fuelle de los pulmones como las trompetas, sino por el poder invisible de la electricidad. El primer instrumento electrónico moderno, el theremin, cuyo sonido ululante y onírico es bien conocido por su uso extensivo en la Ciencia Ficción Atompunk de la década de 1.950 y asociado por tanto a lo que llamaríamos música de platillos voladores, data de... 1.928.

En este plano, varios compositores de Música Selecta avant-garde empezaron a utilizar el potencial de estos nuevos instrumentos para generar música distinta a la orquestación sinfónica tradicional. A mediados del siglo XX, esto había cristalizado en la llamada musique concrète, que consiste en mezclar ruidos naturales e industriales a manera de collage, y es por lo tanto el ancestro remoto de las actuales técnicas de sampleo; numerosos músicos electrónicos tempranos tenían muy presente esta línea musical a la hora de componer, como por ejemplo Kraftwerk en su disco Autobahn. Pero otra línea importante de experimentación surgió cuando varios músicos, explorando las posibilidades sónicas de los nuevos instrumentos electrónicos, empezaron a crear versiones de Música Selecta tradicional para tales instrumentos. Y en esta línea, quizás el más destacado sea Tomita.


Isao Tomita nació el 22 de Abril de 1.932. Ya en la década de 1.950 estaba trabajando como músico, y en calidad de tal, compuso el tema musical para el equipo japonés de gimnasia en los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1.956. En la década siguiente, trabajó mano a mano con Osamu Tezuka, el Padre del Manga, creando la banda sonora de Kimba el León Blanco, aunque por desgracia su obra es poco conocida fuera de Japón, toda vez que en sus versiones de exportación, el anime recibió una nueva banda sonora; ignoro si tal es el caso para la versión que vimos aquí en Latinoamérica, pero debo mencionarlo de todas maneras.

En la década de 1.970, comenzó a utilizar de manera extensiva un novedoso instrumento electrónico, el moog, que había sido desarrollado por Wendy Carlos, innovadora de la música electrónica mejor conocida por haber compuesto la banda sonora de la película Tron, de 1.982. Trabajando con el moog, Tomita llegó a la conclusión, hoy en día obvia pero en su época revolucionaria, de que no había razón por la cual debía usar estos instrumentos sólo para imitar los sonidos de los instrumentos naturales, y que los ruidos artificiales producidos podían ser procesados para crear un nuevo tipo de música, con sonidos jamás antes escuchados.


Es posible establecer una conexión entre la obra de Tomita, y lo que era el Japón de la época. Para dicho país, la ocupación militar por parte de Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, representó el nadir de su historia; nunca antes, Japón había sido ocupado por una fuerza militar extranjera. Esto representó un duro golpe para el nacionalismo, pero también obligó a la sociedad japonesa a abrirse al mundo. La misma abrazó la occidentalización con entusiasmo, y a partir de la década de 1.950 inició el despegue conocido como el Milagro Japonés. Esto no fue sin reticencia por parte de los grupos tradicionales; es famoso el suicidio por sepukku (hara-kiri) por parte del escritor Yukio Mishima, en protesta por la pérdida de los valores ancestrales y nacionalistas nipones. Pero a pesar de estos intentos por revivir una visión nostálgica de un Japón de Preguerra, el proceso de occidentalización parecía imparable. Los Juegos Olímpicos de Tokio en 1.964, y la Expo '70 en Osaka, fueron la carta de presentación internacional de Japón frente al mundo. Al mismo tiempo, Japón empezó a transformarse en un actor relevante en la cultura internacional: comenzó a exportar música híbrida entre la música japonesa folklórica y el pop contemporáneo, género conocido como Kayōkyoku, incluyendo el temprano éxito Sukiyaki de Ryu Sakamoto, las películas kaiju o de monstruos tipo Godzilla, y sobre todo, el manga y el anime. Es en medio de toda esta corriente cultural, que debemos entender y encajar la obra de Tomita.

Tomita tenía discos anteriores, pero el primer disco que puede considerarse un clásico dentro de su discografía, es Snowflakes are Dancing, de 1.974; en mi propia opinión personal, la que dada la materia es discutible por supuesto, este disco también es su obra maestra y el pináculo de su discografía. El título del disco (Los copos de nieve están danzando, en castellano) es una traducción incorrecta de La neige danse (La nieve danza), el título del cuarto movimiento de El rincón de los niños, una suite escrita por Claude Debussy. El disco entero consiste en versiones electrónicas de Debussy, precisamente. Resulta muy interesante que Tomita haya creado un disco entero en torno a temas de Debussy, considerando que éste es uno de los primeros compositores de Música Selecta que podemos llamar modernos. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, en efecto, Debussy fue uno de los compositores que rompió con el concepto de tonalidad tradicional, tal y como había sido codificado en los tiempos de Johann Sebastian Bach entre siglo y medio a dos siglos antes, explorando nuevas maneras de componer música que crearon efectos de sonido asombrosos para la época. La música de Debussy en general es, dentro de la Música Selecta, de lo más parecido que existe a algo que podríamos llamar un paisaje hecho música, o música ambiental, precisamente por esta voluntad experimental, y este efecto de la música de Debussy, Tomita lo amplifica a la enésima potencia gracias a una muy juiciosa explotación de los recursos musicales que proporcionaba la electrónica en su día, incluyendo reverberaciones, simulaciones convincentes para la época de instrumentos reales, sonidos abstractos que no pretenden representar instrumento alguno, y la explotación de la entonces más o menos novedosa tecnología del sonido stereo.


Puede que no suene tan impresionante hoy en día. Incluso, escuchado sin más, el disco puede parecer increíblemente ingenuo. Pero debe considerarse que en la actualidad, crear música electrónica suele ser sinónimo de tener el programa adecuado en el computador. No es tan fácil como programarlo en modo automático a ver qué sale, salvo que estemos buscando crear punchi punchi simplista de discoteca, pero aún así es más sencillo que en los buenos y viejos tiempos. En la época de Snowflakes are Dancing, los computadores personales simplemente no existían. La música debía elaborarse de manera penosa y artesanal en sintetizadores análogos, y el resultado se imprimía en cintas magnetofónicas que después debían ser editadas de manera lenta y dolorosa. El proceso entero de grabar Snowflakes are Dancing tomó la friolera de catorce meses, en buena medida a las limitaciones técnicas de la época, llegando al extremo de que el propio Tomita debió hacer de ingeniero de sonido y crear sus propios circuitos e incluso sus propios instrumentos para conseguir tal o cual sonoridad deseada. El resultado es un disco de una sonoridad espacial, casi cosmológica, que se transformó en el sello de fábrica de Tomita, y que va muy acorde con lo que era el Japón futurista y cada vez más robotizado de sus días.

Además de obtener reconocimiento internacional, Snowflakes are Dancing se convirtió en un disco seminal para toda la futura música electrónica. Tomita siguió explorando esta veta de convertir Música Selecta tradicional en orquestación electrónica. En Pictures at an Exhibition de 1.975 tomó a Musorgski, y en el mismo año, en Firebird, adaptó El pájaro de fuego de Stravinski, más el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy y La noche en el Monte Pelado de Musorgski. En 1.976 lanzó The Planets, basado en la suite sinfónica Los planetas de Gustav Holst, lo que le valió algunos problemas legales por parte de los herederos del señor Holst, por el siempre espinoso tema de los derechos de autor, lo que ha convertido a este disco en una rareza... disponible en YouTube. En 1.979 se atrevió con Maurice Ravel, con un disco titulado Daphnis et Chloé por el ballet compuesto por éste, aunque la versión internacional más allá del archipiélago nipón, fue lanzada con los títulos alternativos de Bolero en Norteamérica, o The Ravel Album en Europa.



Mención aparte merece el trabajo de Tomita como compositor de bandas sonoras. Tomita no se prodigó demasiado en la materia, pero dejó algunos trabajos en esa línea. Ya hemos mencionado su colaboración con Osamu Tezuka. Pero su banda sonora más memorable es, quizás, la compuesta para la película Apocalipsis 1999, de 1.974; el argumento de la misma gira en torno al inminente fin del mundo, la guerra nuclear y el surgimiento de mutantes caníbales, mientras que los héroes luchan por evitar la inminente extinción de la raza humana guiados por las profecías de Nostradamus. La película es muy difícil de encontrar debido a la protesta en su contra por parte de varios grupos de opinión, y no hace mucho más fáciles las cosas el que tenga varios títulos: Nosutoradamusu no daiyogen (Las profecías de Nostradamus) en japonés, y los títulos alternativos de Catastrophe: 1999 o The Last Days of Planet Earth en inglés. A diferencia de su trabajo íntegramente electrónico, Tomita aquí mezcla elementos electrónicos de manera más o menos sutil, casi como música ambiental, con una orquestación más tradicional. El resultado es, en efecto, la música que debería sonar si algún día debemos afrontar el fin del mundo: el tema principal es simplemente sobrecogedor, mientras que el tema romántico es quizás algo simplista, pero enormemente efectivo.

También mencionemos que uno de sus temas, The Sea Named Solaris, formó parte de la banda sonora de Cosmos de Carl Sagan, en 1.980. The Sea Named Solaris es el arreglo que hizo Tomita de dos temas de Johann Sebastian Bach, en concreto Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ (BWV 639) e Invención en tres partes número 2 (BWV 788), y fue incluido en el disco Kosmos de 1.977. Esto no debería resultar una sorpresa, si se considera el uso extensivo que hizo dicha serie televisiva de música vanguardista moderna, o lo que era vanguardista y moderno para 1.980, por lo menos. Y hablando de música cósmica, el mencionado disco Kosmos incluye también una versión del tema principal de Star Wars de John Williams, en arreglos electrónicos.


A partir de la década de 1.980, Tomita fue poco a poco eclipsándose, quizás en parte devorado por su propio éxito. Después de todo, en conjunto con Kraftwerk y hasta cierto punto Vangelis, Tomita le enseñó al mundo que podía hacerse música popular exitosa armado únicamente de instrumentos electrónicos, y esto pavimentó el camino hacia la música electrónica de la década de 1.980. Y se quiera o no, la música de Depeche Mode, Eurythmics, Erasure, etcétera, era mucho más simple y accesible que el trabajo de Tomita, que comenzaba a sonar como algo trasnochado y un poco ingenuo. Así, su obra pasó a ser campo de conocedores, y por qué no decirlo, con algo de pena por supuesto, pasto de esnobs. No ayudó por supuesto que de los dos posibles campos de fanáticos que podían surgir en torno suyo, Tomita fuera un tanto alienígena para ambos: demasiado elaborado e ingenuo para los fanáticos de la música electrónica, y demasiado electrónico para los fanáticos de la Música Selecta. Aún así, el maestro siguió en activo y bien activo hasta la fecha de su muerte, además de recibir reconocimientos y homenajes; en 2.015, por ejemplo, recibió el Premio de la Fundación de Japón, como contribuyente a mejorar las relaciones entre la cultura japonesa y la del resto del mundo. Un premio muy merecido, por lo demás. Porque como hemos dicho, el nombre de Tomita es esencial para entender el paso de la música electrónica, desde su nicho primigenio en la experimentación vanguardista, hasta un estilo de gusto popular y masivo.



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