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domingo, 24 de abril de 2016

Por qué no leo cómics de superhéroes del siglo XXI.

Escena de Final Crisis número 3.
Puede parecer algo fuera de tiesto, viniendo de un bloguero que ha publicado varios artículos acerca de cómics, incluyendo Superman 75 años y Batman 75 años, series de seis posteos cada una, acá en la Guillermocracia. Pero en realidad, el cómic de superhéroes del siglo XXI no me gusta. Por lo menos, no los manufacturados por los dos grandes, DC Comics y Marvel Comics. Afuera hay otros cómics bastante interesantes, como por ejemplo Tom Strong de Alan Moore, pero cuando uno piensa en superhéroes, piensa en el duopolio DC / Marvel.

En realidad, mi contacto más profundo con el mundo de los cómics vino recién desde mediados de la década de 2.000, en particular gracias a la explosión de la blogósfera, en donde numerosos blogueros se dedicaron a hablar de cómics, aprendiendo mucho de la materia gracias a ellos. De manera previa, y todavía hoy, mi gran especialidad artística es la Literatura, no el llamado Noveno Arte. Lo que no quita el que haya leído mi ración de cómics, por supuesto, pero mi incorporación al género fue más bien tardía. En mis años de adolescencia podía encontrárseme con un libro entre las manos, no con una grapa de cómic.

Pero a pesar de todo, nunca he logrado superar mi desagrado ante el cómic de superhéroes del siglo XXI. No sabría decir en qué año o evento fijar el salto de tiburón, en lo que a mi opinión personal se refiere. El cómic de la década de 1.990 era demasiado oscuro, y sacrificaron historias y personajes a destajo en beneficio de lo cool mal entendido, pero aún así era posible encontrarse con grandes obras maestras; Kingdom Come se me viene a la mente, una maravilla de cómic cuyo planteamiento y guión no tienen nada que envidiarle a la novela promedio de un galardonado por el Premio Nobel. Pero el siglo XXI es otra cosa. Algunas obras maestras deben haber, pero entre el berenjenal me es difícil encontrar.

Lo primero que me echa hacia atrás del cómic de superhéroes del siglo XXI es el dibujo. Soy consciente de que el dibujo de la Edad de Plata muchas veces pecaba de exceso de ingenuidad, pero lo prefiero con creces a lo que se publica actualmente. Demasiada pose, demasiado cuerpo hipermusculado y apolíneo, demasiada exhibición de bíceps, busto, nalgas, etcétera. En lo personal, me cansa. Es lo cool llevado al máximo. Es la pesadilla de tener el legado de Todd McFarlane repartido por todas partes. Ese estilo de dibujo funcionaba en Spawn debido a la naturaleza misma del cómic de marras, pero no creo que Green Lantern u otros personajes parecidos se beneficien de la misma manera. Son personajes retratados de manera tan potente y heroica, que termino por no conectar con ellos. Para mí, esos no son seres humanos, sino alienígenas. Entiendo que para vender los cómics deban dibujar a las chicas todo lo sexy que se pueda, y no voy a ser tan cínico como para denostar un aspecto que me parece placentero... pero después de la enésima chica dibujada con un cuerpo imposible, en una postura también imposible, usando sus superpoderes de una manera más imposible sobre todo lo imposible anterior, la conexión se rompe. Para mí, es el equivalente el dibujo de la chica del mundo real que se arruina a sí misma colocándose pechos de tallas imposibles, adelgaza hasta la anorexia, y se echa un litro de bótox en los labios; el efecto no es que se vea más sexy, sino el ridículo.

Y todo ello, en escenarios absolutamente imposibles. Las arquitecturas son opresivas y agobiantes: mucha casa vieja, mucho callejón, mucho edificio corporativo sin vida... No pareciera que el dibujante pone el mínimo de amor en dibujar sus fondos. Todo lleno de detalles, pero extrañamente sin vida. Todo complementado con colores falsos que crean una atmósfera todavía más orwelliana. Un montón de negro para la noche, un montón de rojo para el día. Y lluvia. Mucha lluvia.

Y siguiendo con los personajes. El grueso de ellos son serios, pedantes, estirados. ¿En dónde quedó el sentido del humor? Tratan de crear historias tan épicas, tan grandilocuentes, que se olvidan de descender desde lo alto. Todos los personajes son imponentes, pero en un universo en donde todos son imponentes, nadie lo es. Quizás, parafraseando a Ana Karenina, se trata de que todos los personajes normales se parecen, pero todos los superhéroes son desgraciados a su manera. Todo ello complementado con el abuso del globo de texto para reflejarnos la rica vida interior de los personajes... que por lo general, a poco que uno analice, tiende a ser más bien banal. Porque cuando uno lee sobre el enésimo héroe torturado por tener superpoderes, en circunstancias de que uno se daría la vida bomba teniendo esos mismos poderes, entonces adiós. Superhéroes con problemas del Primer Mundo, por decirlo más claro.

Todo lo anterior, al servicio de historias que se extienden como cánceres en torno a cincuenta millones de publicaciones. Si quieres seguirle el rumbo a Superman, o a Batman, o a los X-Men, entonces tienes que adquirir una tonelada de cómics por separado. Porque cada uno de ellos tiene no una sino varias revistas. Algo que ha alcanzado su paroxismo en los malditos eventos en donde usted tiene la publicación principal de seis a doce números, las publicaciones del resto de la casa, las ediciones especiales y tie-ins que son una o varias precuelas, una o varias historias sobre sucesos que ocurren en paralelo, una o varias historias de consecuencias de todo lo visto... es demasiado. Las novelas de Harry Potter o de Juego de Tronos podrán ser bastante masivas, pero al menos se leen en hilera una detrás de otra, y después de ese esfuerzo ingente, uno se queda listo.

Por supuesto que el asunto va acerca del negocio editorial. Si un evento tipo Crisis de esto o aquello cubre en total cerca de un centenar de publicaciones entre la saga principal, las revistas en paralelo y los tie-ins, es porque habrá gente que irá y se comprará el cerca de un centenar de publicaciones, sea en grapa o en tomo. No tengo una muy buena opinión de esa clase de fanático. Las cosas son buenas en su justa medida. Existe la persona que le gusta el café y se toma una taza al día de un buen café. Existe otra clase de persona que le gusta el café y se toma cualquier porquería que vendan con ese rótulo, varios litros al día, y en la noche también porque con tanta cafeína no podrá dormir. Yo soy del primer tipo de consumidor, pero las editoriales rentabilizan más apelando al segundo tipo de fanático, el que se traga lo que sea, y las consecuencias las pagamos nosotros. Para eso, mejor no embarcarse en el enésimo evento de la casa.

Lo que nos lleva a los problemas de cinemática, el odioso decompressive storytelling. Una historia sin demasiada chicha, que daría para un número o dos a lo sumo, es estirada hasta seis números para cubrir el tomo en que después se venderán las grapas. Lo que hace insufrible la experiencia de leerse las grapas, y un latazo leerse el tomo. Un ejemplo que se me ocurre es Extremis, con una historia que bien narrada hubiera cubierto dos números, pero se lleva seis. Y menciono Extremis porque dicho cómic, a pesar de todo, me gustó; qué queda entonces para el resto. La primera historia de Batman, la batalla contra el sindicato químico, tenía apenas una decena de páginas, y era apenas una historia más dentro de Detective Comics número 27. Esa misma historia, después de 2.000, la habrían estirado hasta seis números de veinticuatro páginas, y luego la habrían empastado y vendido en tomo. A Crisis en las Tierras Infinitas le bastaron doce números para introducir a prácticamente la totalidad de los superhéroes DC de la época; es cierto que el resultado era bastante caótico y es un cómic que debe ser leído con un cuidado supremo para no perderse, pero aún así...

En definitiva, echo de menos la época en que los cómics eran más inocentes y se tomaban menos en serio. Los cómics de Stan Lee son desarmantemente ingenuos e incluso algo ridículos para nuestra época, pero tienen una rabiosa alegría de vivir que los actuales no poseen. Después de sumergirse en los marasmos del demasiado serio cómic de superhéroes actual, lleno de personajes alienados y demasiado inflados, con narrativas en las que se entiende la mitad, nada más refrescante que volver a un cómic de la Edad de Plata de los de Curt Swan por ejemplo. Incluso a los cómics de la Edad del Bronce, que hoy en día se leen con algo de extrañeza, demasiado luminosos para tomárselos en serio pero demasiado oscuros para disfrutarlos con ingenuidad, pero que aún así produjeron obras maestras como la saga del Capitán América contra el Imperio Secreto o el Cuarto Mundo de Jack Kirby. Echo de menos la época en donde los cómics eran sólo eso, cómics, y no eventos destinados a lectores con demasiados problemas de autoestima, que necesitan de personajes leviatanes para sentirse identificados porque el verdadero cariño, el verdadero calor humano, es algo que les resbala. Echo de menos, en definitiva, el cómic que se hacía no con los dos ojos en la caja registradora, sino uno de ellos en esa dirección, porque no va a dejar de ser negocio por supuesto, pero con el otro ojo apuntando hacia el corazón.

6 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Para un lector de cómics (incluyendo los actuales de DC y Marvel) tus palabras resultan bastante "fuertes", no obstante entiendo parte de tu malestar y no olvido eso de que "En gustos no hay nada escrito" (igual podría recomendarte varias novelas gráficas actuales, je, je).
Por otro lado, deseo contarte que te he dedicado un párrafo entero en mi último post...Específicamente en el que realicé a raíz del quinto año de mi blog.

Guillermo Ríos dijo...

Precisamente porque sobre gustos no hay nada escrito, es que traté de darle un enfoque lo más personal posible. Doy mis razones por las cuales no me gusta el grueso de los cómics de superhéroes del siglo XXI, pero esa es mi opinión personal. Habrá quien los encuentre lo mejor de lo mejor precisamente por las mismas razones, y si las disfruta, por qué voy a mirarlo con el ceño fruncido y amargarle la vida, digo yo. Al que no le gusten mis razones, que dé las suyas propias, o bien que se encoja de hombros y siga su camino, y todos igual de felices.

Las recomendaciones son siempre bienvenidas, por supuesto. Esa es la función misma de una recomendación: ayudar a separar el grano de la paja, guiar a otras personas, permitirles saltarse lo malo e ir directamente a lo bueno. ¿Que otra cosa no son sino esos largos tomos de Historia de la Literatura, sino gruesas listas de recomendaciones acerca de esto es lo que debes leer, después de todo...?

Entiendo, eso sí, que lo escrito puede resultar fuerte en un contexto de hacemos como que debatimos, pero en el fondo somos todos amiguitos. Similar a lo que escribía en ¿Internet el club de la wenaonda? pero referente a los usuarios en vez de los proveedores de servidores. Si se entiende que todos tenemos derecho a expresar nuestros puntos de vista en tanto lo hagamos explicándolos con razones, incluso aunque esos puntos de vista sean opuestos a los propios, pues está bien. Por supuesto, siempre habrá alguien que se sienta tocado u ofendido, pero es el inevitable precio a pagar por tener un poco de democracia. Digital, en este caso.

Se agradece mucho el párrafo dedicado en el aniversario de El Cubil del Cíclope, ya lo escribía en otras partes, y estamos escribiéndonos. Saludos cordiales.

Cidroq dijo...

Me uno a la "escribidera", lo que son las cosas, reforzando sus comentarios de diversidad de gustos, yo soy de una opinión muy parecida a la de Guillermo con lo que respecta al cómic del siglo XXI, al menos en lo que respecta a Marvel- DC, no logro engancharme y la mayoria de las razones son las que comentas en tu post, prefiero leer sobre comics, en reseñas opiniones y demás, que leer el cómic, o en su defecto, obras e historias "paralelas" que son de pocos numeros y autoconclusivas y que se que mas delante no se iran al caño por la enésima crisis o pacto demoniaco para empezar de cero y seguir sacando dinero, es así que conocí Watchmen, Kingdom come, DKR, age of apocalypse por poner algunos ejemplos.

Saludos.

Guillermo Ríos dijo...

Parece que los ejemplos refuerzan justo lo que venía diciendo. ¿Watchmen? 1.986. ¿Kingdom Come? 1.996. ¿The Dark Knight Returns? 1.986. ¿Age of Apocalypse? 1.995. Cuatro cómics que son anteriores al siglo XXI.

En cualquier caso, como dije, seguro que hay cómics grandiosos allá afuera, que son del siglo XXI, pero que están semienterrados entre las montones de otras cosas que se publican. Para algunas semanas más quedó programado un posteo acerca de cierto cómic de Alan Moore que es del siglo XXI precisamente; y no, no es la Liga de los Caballeros Extraordinarios, aunque tiempo al tiempo con eso.

Seanna dijo...

Ahora que por fin me actualizo, me encuentro con esta joya de post, que viene a expresar perfectamente mis sentimientos con el último número que compré de Daredevil. La etapa que acababa de abandonar el personaje, escrita por Waid, aunque al principio me mostré reticente, la disfruté mucho. Matt tenía sus problemas, claro, pero era optimista. Al final las cosas acabaron bien. Pues vaya mi decepción cuando compré el número 1# de un señor de quién olvidé el nombre. Un mal dibujo, un coloreado espantoso, y lo peor, Matt estaba irreconocible. Se comportaba ahora como un grosero. Su nobleza, optimismo y bondad, recompensadas en el número anterior, brillaban por su ausencia. Vamos, parecía un abogado de esos que con tal de ganar son capaces de incumplir la ley.
Creo que todo lo que mencionas se debe a la 'batmanización' del cómic. Como Batman ha gozado de una gran popularidad últimamente, las casas editoriales se empeñan en dar giros dramáticos, hacer antihéroes o directamente villanos a héroes que no lo necesitaban en absoluto. Ejemplos? Aunque jamás fui una lectora constante de Superman, le creía mucho más alegre y en optimista, un tipo idealista que jamás mataría. Ahora en los cómics ha matado más de una vez, y de una manera más bien sangrienta. En Man of Steel, aparece como un auténtico atormentado, con un conflicto que parece más propio de los X-Men que de Superman, y la fotografía no varía de los tonos grises y sepia, como para remarcar su tragedia.

Guillermo Ríos dijo...

Es lo que tiene trabajar con personajes que llevan sus buenas décadas de historias a cuestas, que detrás hay una seguidilla de autores que van tomando el relevo unos de otros, y esos autores no siempre son los más idóneos, los que tienen mejores ideas sobre el personaje, etcétera.

En lo personal creo que reinterpretar los personajes y hacerlos cambiar de personalidad me parece un juego justo. No creo que el Batman o el Superman de 1.938 siguieran funcionando hoy en día, y en tres cuartos de siglo, hemos visto montones de variantes en ambos personajes. A estas alturas del partido ya no son sólo personajes, sino figuras míticas o arquetípicas que le dan forma a ideas o conceptos abstractos que todos llevamos en eso que podríamos llamar el inconsciente colectivo o el Zeitgeist o lo que sea. En ese sentido, me parece bien reinterpretarlos cada una cantidad de años, para ajustarlos al presente. Aunque, claro, por supuesto, eso no quiere decir que a uno le tenga que gustar cada nueva reinterpretación del personaje, por muy fiel que sea a lo que supone deba ser. Por ejemplo, yo prefiero mil veces el Batman de Tim Burton, aunque se le critique ser un asesino despiadado que combate al mal dejando una hilera de cadáveres detrás, lo que muchos critican que no es muy Batman, que el Batman de Joel Schumacher que es mucho menos criminal en ese sentido... pero cuyos conflictos personales han sido reducidos a casi folletineo de papel cuché.

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