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domingo, 20 de marzo de 2016

"Candy Candy": Siete razones no tradicionales para disfrutar de la serie.


A pesar de que la han dado varias veces por televisión, más antes que ahora, nunca me senté a ver Candy Candy, y eso por varias razones. Sin seguir ningún orden en particular, es importante destacar que es una serie para niñas, y por lo tanto no se suponía que los niños las viéramos; en cuanto a mí, nunca fui demasiado severo en esa clasificación, pero las aventuras de una pequeña y tierna huérfana me dejaban un tanto frío, si la alternativa al lado eran apasionantes aventuras de robots gigantes destruyendo malvados monstruos alienígenas. Además, considerando que hablamos de algo que, muy en el fondo, es un culebrón hecho y derecho, sentarse a ver un episodio aislado es quedarse colgado porque no hay manera de enterarse acerca de quiénes son los personajes, en qué situación están metidos, y por qué los villanos odian tanto a la pobrecita Candy.

O por qué a la gente en general le hacía tanta gracia el sketch de La guatona Candy, que exhibía el programa El club de la comedia. Sketch que nunca me hizo gracia. Quizás porque El club de la comedia en sí nunca me hizo gracia. El humor del programa, basado en el absurdo y en la parodia del cliché, pero efectuado de manera demasiado tosca, sin verdadero ingenio, jamás me llamó la atención. Luego de ver Candy Candy, el sketch de La guatona Candy me hace menos gracia todavía. La parodia es siempre un género difícil, y aquí tenemos otra prueba de este aserto.

Pero hace algunos años, un canal de cable repuso Candy Candy, y como la pesqué en uno de los primeros capítulos, me dispuse a verla para saber de qué hablaban tanto las chicas. Después de todo, me dije a mí mismo, la veré un par de capítulos, me enteraré un poco de qué va la cosa, y luego a otros menesteres dignos de mayor atención.


Famosas últimas palabras. Porque me encontré con una serie de televisión tremendamente adictiva. Muy bien hecha, además. En lo personal me gustan los folletines de época, y acá mismo en la Guillermocracia ya hemos comentado Los pilares de la Tierra; también comentamos Gankutsuou, que es un anime de Ciencia Ficción, pero basado en otro folletín, El conde de Montecristo. Por alguna razón no me he embarcado con Downton Abbey, pero sospecho que más tarde o más temprano, eso terminará por suceder, máxime ahora que se supone que terminó, y por ende, es posible verla de una sentada.

Por si no están enterados, Candy Candy refiere las aventuras de Candice White Ardlay, de sobrenombre Candy, una huérfana que es adoptada en una de esas familias de clase alta en que la palabra clase sale sobrando. Andando el tiempo recibe educación, va al colegio, y después se hace enfermera. Todo eso, sazonado con el romance con sus dos galanes, Anthony y Terry.

Pero hay siete razones personales por las cuales Candy Candy me ganó de lleno. Algunos podrán decir que son razones sarcásticas. Estoy de acuerdo. Pero no me malentiendan. El tratamiento irónico que haré de la serie no quiere decir que no la aprecie. Es seguro que más de alguna fanática se va a llevar un soponcio cuando empiece a faltarle el respeto a la serie, ante lo cual sólo puedo decir: Señora, un poco más de humor, por favor. Candy Candy es una serie ligeramente ridícula en algunos aspectos, pero no creo que le haga demasiado daño. En parte porque es esa misma ridiculez o afectación propia de los folletines del siglo XIX o inicios del XX, y que les confiere un encanto particular. Hoy en día estamos demasiado endurecidos y cínicos, y a veces un poco del candor antiguo para narrar historias, es algo bienvenido.

Y sin más preámbulo, las siete razones no tradicionales para disfrutar de la serie:

1.- "No voy a llorar".

Es infalible. Cada tantos episodios, y a veces en un episodio siguiente al otro, Candy dice: "No voy a llorar". Dos segundos después, es una Magdalena penitente cuyo rostro se está disolviendo en lágrimas. De manera justificada, en realidad. A pesar de algunas amistades y buenos ratos, la vida de Candy apesta. Donde va, hay gente que la detesta simplemente porque es una pobre infeliz cuyo lugar en la sociedad es ser la sirvienta obediente, algo a lo que Candy se niega. En consecuencia, su vida es una tragedia. Pero las buenas gentes a su alrededor siempre le dicen que no llore, que esté alegre, que las cosas ya van a mejorar. Y entonces Candy responde con su "no voy a llorar", dicho de manera textual en un guión escrito en una época anterior al copiar y pegar, y a continuación se larga a las lágrimas. El diálogo "no voy a llorar" es casi un gag recurrente dentro de la serie. Por suerte, a medida que avanza la misma, la propia Candy se va haciendo más fuerte, y esto redunda en que los momentos no voy a llorar disminuyen.

2.- Las repeticiones de diálogos.

Ignoro si es el irritante doblaje argentino de la serie, o en el original japonés ya venía así, pero el recurso más utilizado por los guionistas para enfatizar una situación, es el diálogo repetido, en donde un personaje dice algo y el otro, sea por preguntar para confirmar, sea por asombro, o sea por crasas limitaciones mentales, repite palabra por palabra lo que ha dicho el otro. Por ejemplo, dos personajes observan que se acerca un carruaje. Uno de ellos dice: "Se acerca un carruaje, y Anthony viene en él". El otro responde: "¡Un carruaje! Y Anthony viene en él". Es otro gag recurrente de la serie, sucede de manera infalible, y todos los personajes caen en él. Lo gracioso es que no lo hacen por alargar los capítulos porque la serie tiene un ritmo endiablado. En su primera mitad, por lo menos, cuando todavía no la había pillado el éxito y no le metían relleno a saco, como sí ocurre más en la segunda mitad. Es un rasgo hilarante de la serie, aunque por otra parte contribuye a darle un toque de folletín decimonónico, ya que en la actualidad los diálogos no suelen escribirse con tanta afectación. Pensándolo bien, hoy en día ya ni siquiera se escriben diálogos, en parte porque los personajes hoy en día se hacen un poco diciéndole al espectador "soy como eres", o bien "soy como quieres ser", y en el afán de llegar al mínimo común denominador, ninguna de ambas opciones incluye el justificar el apellido Sapiens que lleva la especie; y ya sabemos que se necesita un cerebro funcional para que éste sea capaz de generar justamente eso, buenos diálogos.

3.- Bullying a mansalva.

Cualquiera que escuche a una chica que haya crecido con Candy Candy, hablando de Anthony o Terry, podría pensar que la serie se trata de romance y triángulos amorosos. Pero en realidad, curiosamente, el romance es sólo un condimento más, y ni siquiera es la principal fuente de conflictos. En verdad, la fuerza motora de la serie es el bullying. Porque Candy tiene al comienzo la mala fortuna de encontrarse con Elisa, una niña rica y mimada que es también una desgraciada sin vida propia, y que suple esta carencia haciéndole la vida imposible a Candy. Allí donde va Candy, Elisa se encarga de hacerle bullying, apoyada por una madre estirada con mentalidad de tenemos dinero así es que podemos maltratar a quien se nos antoje. Y Elisa se encarga además de que todo el resto de la gente a su alrededor las emprenda con Candy.


Para la segunda mitad de la serie, Elisa empieza a aparecer menos porque la vida asume otros derroteros, pero luego a Candy se le ocurre entrar a estudiar enfermería, en una escuela de enfermeras, y lo que viene después es casi predecible: más bullying, de parte ahora de sus compañeras enfermeras. Aunque mirando la situación con algo de perspectiva, si bien el bullying no se justifica bajo ningún motivo, la bronca de las enfermeras compañeras a Candy sí es explicable porque Candy, siendo atolondrada y revoltosa como es, pone más de una vez patas arriba el hospital. La serie misma toma la perspectiva de Candy, pero no intenta forzarnos que simpaticemos con ella hasta las últimas consecuencias; en vez de ello, cada tantos capítulos le da la razón a las compañeras enfermeras, y Candy misma debe aprender un par de lecciones en el proceso.

4.- Amigas demasiado amigas.

Los japoneses tienen otra mentalidad que la occidental, y no se aprobleman tanto por las relaciones demasiado estrechas entre personas de un mismo género. Además, Candy Candy llegó a Latinoamérica en la década de 1.980, y en ese tiempo había muchos elementos de cultura LGBT en los cuales nadie reparaba; si a eso le sumamos que la historia es para público infantil, que usualmente no abre mucho sus ojos a ciertos temas, es fácil ignorar este elemento. Pero las relaciones entre amigas son presentadas con una intensidad bastante inusual. En realidad es un punto principal del argumento de la serie, que Candy se mete en problemas y es víctima de bullying por tener un carácter rebelde y temperalmental, o sea, no ser una señorita o no comportarse de acuerdo a lo que se espera del estereotipo femenino clásico. Al lado de Candy, a quien lo de ser señorita le resbala, todas sus amigas son mucho más femeninas, lo que hace aún más acusado el subtexto. Ya en los primeros capítulos, cuando es adoptada Annie la mejor amiga de Candy en el orfanato, el guión trata esta separación como si Annie hubiera traicionado a Candy, y la reacción de Candy es la propia de una chica despechada y decepcionada, incluyendo el inevitable "no puedo dormir porque siempre pienso en ti". Incluso la obsesión de Elisa por hacerle la vida imposible a Candy tiene muchos elementos de el infierno no conoce furia como la de una mujer despechada, considerando que Elisa quiere ser querida y amada de manera casi psicopatológica, y Candy pasa de ella como la pesada antipática que es. Porque la obsesión de Elisa por hacerle la vida imposible a Candy, admitámoslo, cruza la barrera de lo normal, y si no termina de paciente clínica, es porque la Psicología en esos años todavía estaba en pañales.


Aunque siendo justos, las amistades de enorme intimidad entre mujeres eran parte de la cultura común en la Europa del siglo XIX, incluso mucho más que hoy en día, y por lo tanto forman parte de todos los folletines de la época. En la novela original de El conde de Montecristo, por ejemplo, ni siquiera el posadero que les proporciona alojamiento a dos chicas que se escapan juntas sospecha en lo más mínimo de nada... hasta que descubre a la mañana siguiente que las chicas han dormido en la misma cama porque una está desarmada y la otra no. Candy al menos no incurre en esa clase de conductas reñidas con la moral de la época. Aunque el subtexto siga estando larvado ahí.

5.- El opening en castellano.

Desconozco la letra del opening de Candy Candy en japonés, ni voy a aprender el idioma para averiguarlo. Pero en castellano, la letra es escalofriante. La primera parte dice: Si me buscas tú a mí, me podrás encontrar. Yo te espero aquí, éste es mi lugar. La letra parece creada ex profeso para tener una doble lectura: por un lado es una canción romántica que Candy le cantaría a alguno de sus novios, y por otra parte es una invitación a los televidentes para que vean el programa y sigan las peripecias de la protagonista. Pero siendo un poco más malpensados, la letra puede ser interpretada también de una tercera manera, que cuenta como tomar una moraleja y darle de hachazos. Porque de la letra se desprende que Candy tendrá una actitud perfectamente pasiva y sumisa, y esperará que sea el hombre quién dé todos los pasos. La cantante nunca dice que ella hará alguna cosa, sólo se limita a reafirmar que las cosas serán tal y como quiera el hombre al que le canta. Si él quiere recurrir a ella como amiga, tanto mejor. Si él quiere que estén juntos, él tiene que buscar y llamar. Al menos, la moraleja se limita a la canción, ya que una vez iniciado el capítulo respectivo, como espectadores veremos que Candy es todo lo contrario a una alfombra; aunque por otra parte, por eso se mete en problemas, por ser demasiado activa en vez de ser sumisa, y suponemos que tenderse y pensar en Inglaterra. En realidad son las amigas de Candy las que tienen una actitud que calza más con un Yo te espero aquí, éste es mi lugar, y aunque se llevan su cuota de malos ratos, en general la pasan bastante mejor, o al menos con una menor cuota de problemas, que la protagonista.

6.- Los novios buscando a mamá.

Habiendo escuchado tantas veces a chicas que vieron Candy Candy en su infancia debatir con toda seriedad sobre si ella debería quedarse con Anthony o con Terry, uno no podría decir menos que pensar ambos son amantes perfectos o algo por el estilo. O incluso Albert sale a veces al ruedo. O con Clint, que ama a Candy, pero de manera diferente, por supuesto. Y sin embargo, tanto Anthony como Terry son galanes con bastantes coaxiales pelados entre el corazón y el cerebro. Anthony seduce a Candy porque es dulce y cultiva rosas; consideremos esto como un detalle tierno y evitémosnos por tanto algunos chistes fáciles. Hasta ahí bien; lo que viene después es más tenebroso. Porque resulta que descubrimos que la madre de Anthony falleció cuando él era niño, y Anthony cultiva rosas porque ése era el pasatiempo favorito de su madre. Y dice de manera explícita que quiere a Candy porque ella le recuerda a su madre... Conozco chicas que ante una declaración así en el mundo real, saldrían corriendo; ignoro qué pensarán ellas de eso mismo en la ficción. Después de Anthony el chico bueno aparece Terry el chico malo, un rebelde sin causa frente al cual Candy cae redonda, con el eterno gancho de ser la chica buena que corrija y redima al incorregible e irredimible. A lo mejor es premonitorio, si se piensa que más adelante, Candy estudiará para ser enfermera. Algunos capítulos después se explica por qué Terry es tan complicado, y una vez más, es un tema no resuelto con la madre, ya que es un hijo nacido fuera del matrimonio, pecado mortal en el mundo anglosajón del siglo XIX. Y no es que a Candy le falten opciones, porque a Archie se le caen las babas porque Candy alguna vez lo mire como más que amigo. Pero parece que el gancho para Candy es que su galán tenga problemas con su madre, y lo más parecido que Archie tiene a eso, son sus conflictos nunca demasiado descontrolados con su tía abuela.


7.- Clint.

Y llegamos a mi motivación favorita para ver Candy Candy. Porque en lo que a mí respecta, el programa es El show de Clint, perturbado sólo de tarde en tarde por la aparición de una chica rubia que se mete en problemas. Clint es un mapache tierno y cariñoso, prácticamente el único amigo de verdad que tiene Candy en el mundo, si se considera que los otros amigos, o les cuesta relacionarse con Candy por las convenciones sociales, o le clavan de manera directa alguna fea puñalada por la espalda, partiendo por Annie. Poco importa que los mapaches en la vida real sean bestias difíciles de domesticar, caracterizadas por su mal genio, que no les tiemblan los colmillos para morder la mano que los alimenta, hasta el punto que uno de ellos hizo una aparición estelar como asesino en 1000 maneras de morir. Frente a ello, el mapache Clint de la ficción es la mejor mascota de todas, una que cualquiera querría tener para consuelo en los días malos.

Por supuesto, siendo un animal tierno y cariñoso, la vida se ensaña con Clint incluso más que con Candy. A Candy por lo menos nadie ha tratado de matarla, ni siquiera Elisa en sus peores días, y pareciera ser que ni siquiera Neil cuando de manera cobarde con sus amigotes sólo quería darle una paliza. En cambio, Clint... El rosario de desgracias del pobre mapache incluye, y vienen spoilers a mansalva aquí:

1º. Ser la mascota de Annie, no de Candy, y cuando Annie es adoptada, abandona al pobre animal en el orfanato; el corazón de Clint salta de alegría en una ocasión en que puede volver a ver a Annie, sólo para que ella lo desprecie porque su madre adoptiva le ha metido en la cabeza que nadie puede saber que viene del orfanato y no quiere delatarse.

2º. En la casa de Elisa, Clint se la pasa en peligro constante, y frente a la alternativa de que le pase algo, Candy prefiere llevárselo lejos y abandonarlo; el corazón destrozado del pobre Clint le hace seguir a la chica de regreso, inasequible al desaliento, hasta que Candy cede. Aún así, a Clint no lo dejarán quedarse dentro de la casa, por lo que será mascota en el patio, y no por última vez.

3º. Después, de regreso en el orfanato, como parte de la pugna de poder entre Candy y un mocoso malcriado, éste agarra a Clint, lo amarra por el cuello y tira de él, en un acto que pudo haber perfectamente ahorcado al mapache. Pero el bicho sobrevive, porque de lo contrario, cómo podrían los guionistas hacerle pasar por más desgracias.

4º. Más adelante, a pocas horas de desembarcar en Inglaterra para ir a un colegio de alcurnia, quieren mandar a Clint al zoológico. Clint, siendo el chico listo que es, prefiere escaparse, y entonces un cazador le dispara, y aparentemente lo mata; después nos enteramos de que el mapache sólo se había hecho el muerto. Más le habría valido haber seguido fingiendo, porque después Candy se lo lleva únicamente para seguir sufriendo desdichas.

5º. En el internado, el intento de Candy por meter a Clint de contrabando fracasa, pero éste consigue escaparse y quedarse en los jardines, que son inmensos, a la intemperie. Al menos los jardines son grandes, y parece que Clint se las arregla bien rapiñando comida aquí y allá, porque no se ve que Candy lo alimente, a pesar de que técnicamente Candy es su ama y debería preocuparse por esas cosas. Anime japonés, desde la década de 1.970 enseñando cuidado responsable de las mascotas.

6º. Después, Candy viaja de vacaciones a Escocia, y nada más llegar da un pequeño paseo, dejando encerrado a Clint en la caja donde ha viajado escondido, no sólo sin alimentos sino sin ningún agujero visible para respirar (¿y si se hubiera asfixiado?). Cuando se acuerda de él y le abre la caja, Candy le pide disculpas, y Clint se lo toma con el mejor humor del mundo en vez de, digamos, saltarle a la cara y devorarle los ojos para satisfacer el hambre, quizás porque dejar ciega a la protagonista hubiera transformado la historia en Marianela, lo que hubiera sido un suplicio, por supuesto.

7º. Capítulos después, pasan un sinfín de pellejerías en donde hasta Clint, siendo un mapache y pudiendo cazar su comida, pasa hambre porque Candy se ha fugado del colegio y está a la deriva y sin empleo. Pero Candy se embarca para América como polizonte, y el pobre Clint está metido en la misma estrecha caja que su ama, por lo que esperamos por el bien de la chica que Clint sepa controlar sus esfínteres durante las semanas que dure la travesía, porque de lo contrario, la pobre Candy podría haber acabado peor que Radagast en la trilogía del Hobbit (al final Clint sale de la caja, pero eso es otra historia).

8º. Y nada más regresar a su América natal, los nativos de los bajos fondos agarran a Clint y amenazan con desollarlo para fabricar una bufanda para una chica que le agarra mala voluntad a Candy por motivos completamente ajenos a la chica, y más ajenos todavía al pobre mapache. Como la paciencia tiene un límite, Clint sale de ésa a mordisco limpio, en una muestra de que, por fin, Clint se está haciendo hombre. O mapache adulto. Lo que proceda.

9º. Una vez de regreso en el orfanato en donde se crió Candy, jugando en la nieve, el pobre bicho se tropieza y termina convertido en una bola de nieve rodante y reventando contra el suelo, quedando K.O. Como la escena es de comedia, se recupera de inmediato. Lo repito: anime japonés, desde la década de 1.970 enseñando cuidado responsable de las mascotas.

10º. Capítulos más adelante, Candy se marcha del orfanato para estudiar enfermería, y Clint, el mapache que por pura devoción y amor se ha tragado cuanta galleta amarga el destino le ha puesto a tiro, es ignominiosamente dejado atrás, con escena de mapache corriendo angustiado detrás del tren incluida. Recordemos que es la segunda vez que Clint es dejado atrás, ya que Annie lo ha hecho primero. Por suerte para él, se reencuentran más adelante y se queda suponemos que al lado de su ama para el resto de sus días. Porque Clint, como premio a la paciencia, logra lo que algunos otros personajes de esta historia no, que es llegar vivo hasta el último capítulo. Aunque considerando la vida de pellejerías que ha pasado el pobre bicho, uno puede preguntarse si al final el mapache vivo no envidiará a los muertos.

¿Qué clase de guionista puede ser tan miserable como para acumularle semejante tonelada de desdichas y desgracias a este bicho, con esta cara tan simpática, pobrecito...?


Candy es abusada tupido y parejo, pero en cierta medida ella se lo busca por ser más respondona de lo aconsejable, mientras que el pobre Clint es inocente de todo, salvo de profesarle un cariño incondicional a la chica que en la casa de Elisa estuvo a punto de abandonarlo, y que cuando se marchó a estudiar enfermería lo abandonó del todo. En realidad, si la vida de Candy apesta, la de Clint es simplemente el infierno en vida.

8 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡Me has hecho reír bastante con este genial texto tuyo, a la par de hacerme recordar un animé que tanto me marcó de niño! ¿Cuánto tiempo te demoraste en verla? Yo hace rato que planeo comprármela original para volver a verla tras más de veinte años sin darme ese gusto.

Cidroq dijo...

Muy buena entrada, y que da motivos para ver esta serie de nuevo, por cierto en su momento la vi poco, a mi me toco ver más sandybell aunque tampoco la vi completa, otro culebron pero con enfoque más de fantasía, vaya que bueno que no soy el único al que el doblaje de candy no le agradaba del todo.

Martín dijo...

La que me tocó a mí fue Angel, la niña de las flores, a la cual he de confesar, todavía no le he visto el final...
Ahora bien, yo que el Clint, me querello contra los productores y reviso el contrato (a lo Pájaro Malo).

Guillermo Ríos dijo...

@Elwin_Alvarez_Fuentes, me habré demorado, veamos, la exhibieron en el cable a razón de un episodio diario, lunes a viernes, y suman como 110 o 120... yo diría que me demoré unos cinco a seis meses en verla, si las cuentas me resultan.

@Cidroq, Sandybell nunca la vi, y quienes sí la vieron, me comentaron que no la exhibieron entera. Tampoco he visto que la recuperen; mientras que Candy Candy ha alcanzado un estatus de culto para el público de cierta edad, Sandybell parece haber pasado a una relativa oscuridad. Por lo menos poquísima gente recuerda haberla visto, y menos la comentan. Pero todos los que me la han comentado, me han dicho que era buenísima.

@Martín, lo mismo yo, me vi varios capítulos de Angel, pero el mítico episodio final, nunca tuve la suerte. Quizás por esa cosa que tenían los canales de televisión de la época, de exhibir los capítulos en el más absoluto desorden. En cuanto a Clint... ¿alguien lo ve contratando un abogado y querellándose contra guionistas y productores, con esa cara de buenoide que tiene el pobrecito?

Roxana Tavlarides dijo...

Bueno como chica discrepo contigo: muchas de nosotras le dejaríamos pasar muuuuucho más a un chaval... que este tan bueno y con tanto billete como Anthony.

Oliverio Graelent dijo...

Recuerdo que Terry le dice a Candy algo parecido sobre Anthony (Vamos, que era medio del otro lado) y Candy le responde que era muy varonil (rigurosamente hablando lo era, según la serie, ya que ganó un rodeo) así que creo que no hay que ser una chica para creer que muchas le hubieran dejado pasar muuuchas cosas a un chaval tan bueno (y con tanto billete) como Anthony. Encuentro más raro que se haya liado con un vago como Terry, pero ahora bien, si nos fijamos en la cantidad de chicas que se han dejado liar por un vago...

Guillermo Ríos dijo...

@Roxana_Tavlarides, sobre si Anthony está bueno o no, yo no me pronuncio, que yo soy más de encontrar guapas a las chicas. Y sobre el dinero, pues... no quiero meterme ahí porque eso significaría abrir esa enorme caja de áspides que es la relación entre mujeres, romance y dinero. Eso sí, nótese... todos los galanes de Candy tienen una cierta posición, no hay ninguno que sea campesino, jornalero u otro plebeyo.

@Oliverio_Graelent, en la etapa de aprendizaje, yo diría que el grueso de las chicas acaba liándose con un chico malo al que, muy en su interior, sueñan con transformar en chico bueno. Es el inverso de la fantasía del chico perdedor que se enamora de la bonita pesada del curso, y con el tiempo se va descubriendo que ella igual tenía su corazoncito de oro. Algunas lo superan y terminan con chicos buenos, mientras que otras...

Janeth Patricia Cienfuegos Hernández dijo...

Me he reído tanto con tus palabras, que me siento culpable... ja, ja. La verdad es que concuerdo con algunas cosas, pero discrepo (obviamente) con muchas otras. De todos modos, este es un anime clásico y que significará siempre mucho en mi vida, así como Sailor Moon, Los Caballeros del Zodiaco, Dragon Ball, entre otros.

Esta historia no tiene magia ni seres alienígenas por vencer; trata de la vida misma, y las peripecias de Candy son tan crudas que asustan. Tienes razón, la pobre muchacha las ve negras y, hasta ahora, no había reparado detallada y seriamente en las tragedias del mapache lindo, gracias por ello... En la novela final él no aparece, creo, pero espero que -en el imaginario- haya sido muy feliz.

Y con respecto a los galanes... ah, esa arena rebasa el costal. el tema es arduo de tratar. Tanto Albert (príncipe de la colina), Anthony y Terry son amores en la vida que nos encontramos sin querer (¿tal vez?). Independientemente de si se queda con Albert o no, la trama nos enseña a no depender justamente de alguien más... mas, Candy era inmensamente bondadosa, tanto que me es difícil entenderla aun hoy.

Chévere entrada. A ver si me compro un peluchito parecido a Clint.

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

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