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domingo, 21 de febrero de 2016

William Orpen: El pintor de la guerra.

Autorretrato de William Orpen, de 1.913.
El mundo está lleno de pintores de segunda fila. Y DeviantArt también. Lo que no es ni puede ser un demérito, por supuesto. Después de todo, está escrito en los astros que no todos pueden ser estrellas: a algunos les toca ser asteroides. Pero un asteroide, de todas maneras puede ser una fuente rica de hierro y silicatos que... bien, esta comparación no me está llevando a ninguna parte. Lo que quiero decir es que por cada artista que es un genio, hay diez o veinte o cien que son buenos, pero que por no llegar a las alturas de los genios, se quedan un poco a trasmano. A los genios, todos los conocen; a los de segunda fila, sólo los conocedores. Después de todo, el grueso de la gente ha visto la Mona Lisa de Leonardo, o El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens, o los girasoles de Van Gogh, o Las señoritas de Avignon de Picasso. Pero, ¿cuántos de ustedes han visto las pinturas de William Orpen? Probablemente ninguno. ¿Y es Orpen un pintor tan malo como para que poquitos lo conozcan? No lo creo. Pero entre tantos leviatanes de la Historia de la Pintura, el hombre se queda un poco corto, aunque las comparaciones sean odiosas, etcétera.

Homenaje a Manet (1.909).
Si he de serles sincero, ni siquiera yo mismo conocía al señor Orpen. Fue sólo después de la serie de especiales llamada Generación GM que publiqué acá en la Guillermocracia por allá por 2.014, y como consecuencia colateral de andar rastreando la web para ilustrar tales posteos, que descubrí la obra de este artista. Una obra bastante interesante, quizás no por ser revolucionaria o genial, pero sí por tener una personalidad bastante acusada, dentro de lo que era el estándar de los movimientos pictóricos agrupados genéricamente bajo el paraguas del Post Impresionismo.

El gran cráter (1.917), uno de los paisajes de guerra que serían parte de la obra más personal de Orpen.
Hagamos un poco de historia. En las décadas de 1.860 y 1.870, el Impresionismo vino a ponerlo todo de cabeza. Hasta el minuto, la pintura debía tratar temas históricos, o mitológicos, o bien ser obras costumbristas, y siempre dentro de ciertas limitaciones, principalmente la de no incluir desnudos porque eso era obsceno. Y debían hacerlo también dentro de ciertas técnicas, que procuraran imitar al máximo la realidad, todo dentro de los cánones de la llamada academia, por lo que esta tendencia se la suele llamar Academicismo. El Impresionismo por el contrario se decidió a abordar de lleno el costumbrismo, con un naturalismo nunca antes visto, y con una técnica que buscaba captar no los objetos en sí, sino los juegos de luces que tales objetos producen. Es como el cine de J.J. Abrams, cuya fotografía no trata de mostrarnos una película, sino una especie de pseudodocumental acerca de lo que trata la película, lleno de molestos efectos de fogonazos de cámara; con la diferencia de que los impresionistas eran genios y J.J. Abrams no. El caso es que el Impresionismo abrió la espita para una tonelada de nuevas experimentaciones, agrupadas por lo general bajo el rótulo de Post Impresionismo. A comienzos del siglo XX, éstas se consolidaron en las llamadas vanguardias: el Fauvismo, el Cubismo, etcétera. El Academicismo, por su parte, acabó muriendo de muerte natural, hasta resucitar más de medio siglo después, bajo las formas de Fotorrealismo e Hiperrealismo; pero eso es otra historia. El caso es que en medio de todo este maremágnum, que William Orpen desarrolló su obra pictórica. Influida además por otro maremágnum de naturaleza diferente y mucho más terrorífica: la Primera Guerra Mundial.

Los ajedrecistas (1.902).
William Orpen nació el 27 de Noviembre de 1.878, en Stillorgan, entonces un pueblo independiente que hoy en día ha sido engullido y anexado por el crecimiento urbanístico de la ciudad de Dublín. En la época tenía bastante fuerza el movimiento separatista irlandés, que iba a culminar con la independencia de Irlanda en 1.922, lo que por supuesto planteaba ciertos dilemas a los irlandeses de la época, acerca de si ser leales a la Corona, unirse a la rebelión, o tratar de mantenerse tan al margen de los problemas como se pudiera. Orpen fue de estos últimos; en realidad consiguió hacer carrera un poco al amparo de la academia británica, en donde fue ascendiendo posiciones, hasta llegar a ser considerado de manera más o menos oficial como el gran pintor británico de la Primera Guerra Mundial, entre 1.914 y 1.918. El resto de su vida, lo vivió en Inglaterra; de hecho falleció en Londres, el 29 de Septiembre de 1.931, a la temprana edad de 52 años.

Modelo femenina desnuda leyendo a orillas del mar (1.930).
Su más bien aburrida existencia profesional, se vio condimentada por una vida sentimental algo más sabrosa, eso sí. Tuvo un asuntillo con una modelo llamada Emily Scobel, a quien retrató en su pintura El espejo de 1.900, cuando el pintor frisaba veintidós; luego se casó con Grace Knewstub, cuñada de William Rothenstein, un pintor que después se dedicó a la administración, curaduría e investigación del arte pictórico, y que con sus contactos y relaciones, parece haber ayudado un resto a Orpen a darle un empujón. Orpen y su esposa tuvieron tres hijos, pero su matrimonio resultó no ser uno particularmente exitoso, y el pintor acabó por tener una relación paralela con Evelyn Saint-George, una millonaria de Estados Unidos radicada en Londres, con buenas conexiones, y con quien tuvo un hijo. Como puede verse, Orpen parece haber tenido el don innato para saber en dónde encajar. Todo lo cual no le impidió, durante la guerra, tener otro romance adicional, con una refugiada llamada Yvonne Aubicq. Volveremos sobre ella.

El espejo (1.900). La modelo es Emily Scobel, con quien Orpen mantuvo algunos devaneos extraartísticos.
En sus inicios, Orpen pasó por una etapa experimental, aún buscando su propio tono. Así, nos encontramos con obras de Orpen que son directamente academicistas. Pero Orpen tuvo el instinto de rechazar un movimiento pictórico por entonces en pleno proceso de declive, y viró hacia el Impresionismo primero, y hacia una mezcla de Post Impresionismo y de Expresionismo después. El resultado fue una obra pictórica de la que no puede decirse que fuera particularmente innovadora o revolucionaria, pero que la capacidad de Orpen para ser una esponja absorbiéndolo todo, le confirió una personalidad propia. Así, el Orpen de su etapa clásica parece un impresionista sin realmente serlo, con un trabajo atmosférico e incluso alegórico muy vinculado al Expresionismo, todo eso tratado en un molde post impresionista.

El estudio (1.910).
Orpen era la mezcla justa entre estilos pictóricos de vanguardia sin ser realmente rompedor, y por lo tanto era exactamente lo que los circuitos del comercio artístico necesitaban. De manera que, rondando la treintena y poco después, Orpen se había instalado como un pintor reconocido, y frecuentemente exhibido en galerías y exposiciones. Todo esto le permitió ganar buenos dineros como retratista. En 1.914, Orpen era quizás el más importante y reconocido pintor de Inglaterra.

El reducto de Schwaben (1.917). Nótese cómo ha cambiado la pintura de Orpen en cuanto al uso del color, una vez metido de lleno en los escenarios bélicos.
Y entonces estalló la guerra.

Autorretrato de 1.917, en uniforme militar por supuesto.
Quizás si no hubiera sido por la Primera Guerra Mundial, hoy en día recordaríamos a William Orpen como otro pintor técnicamente muy talentoso, pero convencional en cuanto a creatividad. Fue gracias a la guerra, que Orpen produjo sus mejores obras. Ayuda por supuesto que no muchos pintores combatieron en la Primera Guerra Mundial, y sobrevivieron para pintarlo. De todas maneras, es seguro afirmar que la pintura de William Orpen se afirmó un buen poco gracias a la experiencia de la guerra. En 1.915, fue movilizado para la guerra, pero permaneció lejos de la acción por un par de años. Recién en 1.917, viajó al Somme, y se radicó en la ciudad francesa de Amiens. No es que Orpen empuñara directamente un fusil, parece ser, gracias a que sus conexiones le consiguieron ser nombrado pintor británico oficial de la guerra. Pero de todas maneras tuvo ocasión de ver el horror de las trincheras, dejándonos algunas pinturas memorables al respecto.

Soldados alemanes muertos en una trinchera (1.918).
De la guerra emergió un William Orpen completamente nuevo. El encanto y la cierta ingenuidad impresionista que habían sido el sello de su obra más temprana, dieron paso a un fuerte influjo del Expresionismo. Esto no debería ser una sorpresa para nadie. El horror de la guerra transfiguró su pintura en motivos al mismo tiempo más atmosféricos y más alienados. Uno de los aspectos más obvios en donde esto se evidencia, es el uso del color. Antes de la guerra, Orpen utilizaba el color de manera más o menos convencional, adecuándose a la realidad. Con sus pinturas de guerra, Orpen empieza a experimentar con el uso de colores falsos, distanciándose del cromatismo de la naturaleza. Sus motivos también empiezan a abrazar lo macabro, apenas mitigado por la mayor carga simbólica de sus obras. Todo esto al servicio de ambientes con una mayor carga onírica, casi como intuyendo o prefigurando lo que algunos años después iba a ser el Surrealismo.

La loca de Douai (1.918).
Por estas fechas, William Orpen inició una relación sentimental con Yvonne Aubicq, una voluntaria de la Cruz Roja con la cual permanecería por cerca de diez años. En cierto sentido, parece ser que Aubicq fue su necesario cable a tierra, algo evidente en las pinturas y retratos que hizo de ella, que mantienen su estilo anterior, y que hacen contraste con las pinturas de temática bélica. La relación, eso sí, le trajo no pocos problemas, porque no en balde era una historia de adulterio, y además en un medio ambiente tan complicado como lo es la guerra.

La refugiada (1.917). El casto título en realidad es para disimular el escándalo: en realidad es un retrato de Yvonne Aubicq, que en esa época se las gastaba tórridas con el señor Orpen.
Terminada la guerra, el ahora cuarentón Orpen encontró un éxito rutilante exponiendo las mismas. No cabe duda de que, en la ordalía del conflicto, el arte de Orpen había mejorado mucho, pero también se había hecho más oscuro y tétrico, lo que algo dice acerca del gusto de las gentes. El caso es que fueron estas obras las que consagraron a Orpen, hasta el punto que fue enviado una vez más a Francia como pintor oficial, ahora de las delegaciones de la conferencia de paz. Así, William Orpen terminó convertido en algo similar a ser el pintor oficial del Tratado de Versalles.

La firma de la paz en el Salón de los Espejos en Versalles el 28 de Junio de 1.919. Esta obra fue hecha por encargo, y completada en el mismo 1.919.
En los años sucesivos, William Orpen gozó de una vida más o menos tranquila, viviendo en lo principal de los encargos que no dejaban de llegar hasta su escritorio. Uno de los grandes negocios de Orpen era el pintar retratos, y eso lo siguió haciendo. Sin embargo, como dijimos más arriba en uno de los párrafos más spoiler que hemos escrito acá en la Guillermocracia, falleció el 29 de Septiembre de 1.931, con apenas 52 años de edad. La posteridad se ensañó con él. Su estilo, que se inscribía dentro del Expresionismo pero que en sus últimos años ya era anticuado en beneficio de novedades tales como el Surrealismo, fue satanizado en parte por obsoleto, y también en parte, estas mezquindades deben ser mencionadas, por la envidia que su posición acomodada había originado en otros pintores menos afortunados o menos hábiles para forjarse conexiones. Hubo que esperar hasta finales del siglo XX para que, al fin, el arte de Orpen comenzara a ser revalorizado. Porque, admitámoslo, el hombre no era un genio de la pintura. Pero por otra parte es poco probable que pretendiera serlo; más bien era la clase de persona que se sentía satisfecha de poder vivir con el trabajo de su agrado, y lo desempeñó sino con originalidad, al menos sí con eficiencia. Así, William Orpen no es ni de lejos el mejor pintor del siglo XX, pero sí que se merece mayor reconocimiento del casi ninguno que ha obtenido más allá de los círculos estrictamente académicos.

Al soldado desconocido en Francia. Esta pintura fue parte de los encargos hechos por el Gobierno británico a Orpen, y fue terminada en 1.921, aunque retoques posteriores hacen que su versión definitiva date de 1.927.

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