domingo, 28 de febrero de 2016

Premios Oscar: Veinte a treinta años tarde.

Argo se lleva el Oscar a la Mejor Película.
A estas alturas del partido, los Premios Oscar son una institución del cine. Una institución que no es apoyada necesariamente por la calidad, como lo testimonia el hecho de que numerosas películas galardonadas después han quedado sepultadas en el olvido, mientras que las perdedoras de determinados años se han transformado después en clásicos imperecederos del cine. Pero que se hizo su lugar por la más legítima de las maneras que conoce el sistema capitalista: publicidad a mansalva. Puede que no sean los mejores premios, pero los Oscares son los más publicitados de todos, y esa inyección constante de los mismos en la conciencia colectiva, por parte de la maquinaria propagandística de Hollywood, es lo que finalmente ha hecho el milagro de convertirlos en parte de nuestra cultura popular.

Por supuesto, los Oscares han recibido una enorme cantidad de críticas por diversas razones. Algunas más valederas que otras, pero todas ellas presentes. Como por ejemplo el privilegiar la estrategia de estrenar las películas candidatas a finales de año, para que estén frescas en la memoria de los jueces. O darle más espacio a los grandes estudios por encima de las películas independientes. O la indulgencia hacia las películas que tratan ciertos temas, como lo parodiaba brillantemente Lacrimógeno, un episodio de American Dad! en donde el villano quiere crear la película llorona definitiva, llamada significativamente Oscar Gold, y que trata de un niño retardado que durante el Holocausto debe esconderse con su familia en una buhardilla estilo Ana Frank, y que se vuelve alcohólico luego de que se muere su perro. Eso, por no hablar del brillante diálogo de Una guerra de película: "Mira. Dustin Hoffman, 'Rain Man', se ve retardado, actúa retardado, no es retardado. Cuenta mondadientes, hace trampa en las cartas. Autista, seguro. No es retardado. Sabes de Tom Hanks, 'Forrest Gump'. Lento, sí. Retardado, quizás. Aparatos en los brazos. Pero le cayó bien a Richard Nixon y ganó un campeonato de ping-pong. Eso no es retardado. Peter Sellers, 'Desde el jardín'. Infantil, sí. Retardado, no. Tú interpretaste a un completo retardado, hombre. Nunca hagas un completo retardado. ¿No me lo crees? Pregúntale a Sean Penn, 2.001, 'Yo soy Sam'. ¿Recuerdas? Hizo un completo retardado, se fue para la casa con las manos vacías"...

Pero no creo que eso, de aceptarlo como crítica, explique por completo por qué los Oscares tienen cada vez menos importancia respecto del público en general, por mucho que la prensa y la publicidad traten de hacernos creer lo contrario, tratando de sobornarnos incluso con los pezones bajo el vestido de Anne Hathaway. Yo tengo una teoría adicional respecto de los mismos, y que se relaciona con un retraso de la ética y las preocupaciones de las películas premiadas, y la ética y preocupaciones actuales de la sociedad. En mi concepto, el problema con los Oscares es que quienes eligen las películas, lo hacen pensando con una mentalidad de veinte a treinta años por detrás de la fecha actual, tanto en la técnica narrativa como en los temas tratados, cualquiera sea la fecha actual de la que hablemos con los Oscares. De tarde en tarde aparecen películas que son de rabiosa actualidad, vale por eso, pero son eso, excepciones. Y para tratar de probar mi aserto, es que haremos un breve y sumario repaso acerca de las películas que han obtenido el Oscar a la Mejor Película, entre sus orígenes y la actualidad.

Oh, bueno... una vez más no hace daño. Digo yo.
No hablo demasiado por las primeras películas premiadas con los Oscares, ya que no he visto casi ninguna. Lo que conozco de ellas, es por los trailers y los montajes diversos que aparecen por aquí y por allá. Pero la impresión que me dejan las películas entre 1.927 y 1.933, es el tener todos los tics y manías del cine mudo. Los Premios se hicieron una actualización cuando Sucedió una noche le birló el Oscar en las narices a Cleopatra en la séptima ceremonia, en 1.934; no en balde, Sucedió una noche es la película que sentó las bases para el género que sería conocido después como screwball comedy, y que iba a sobrevivir más o menos hasta La comezón del séptimo año de Marilyn Monroe, probablemente el último clásico de este género, más allá de revivals posteriores. La tendencia de actualizarse siguió con El motín del Bounty de 1.935, antes de retroceder con El gran Ziegfeld de 1.936. De las ganadoras del Oscar a la Mejor Película de la década de 1.930, la que mejor ha sobrevivido el paso del tiempo es Lo que el viento se llevó, estrenada en el año milagroso de 1.939, que sin negar las enormes virtudes que la han convertido en una de las mejores películas de todos los tiempos, es también una actualización del epic sudista clásico estilo El nacimiento de una nación de 1.915 o El maquinista de la General de 1.926, a los estándares suntuosos de una superproducción de su tiempo.

La década de 1.940 se inició de manera ambivalente: era difícil ignorar la existencia de la Segunda Guerra Mundial, lo que imponía lugar a un tipo de cine con más nervio. En 1.940 se lo llevó Rebeca, una de las pocas películas de Alfred Hitchcock en llevarse el premio para la casa, aunque el propio Hitchcock se quedó como nominado; el mismo Hitchcock jamás recibiría el Oscar al Mejor Director, y sus películas clásicas Vértigo, Intriga internacional y Psicosis serían ninguneadas en su tiempo sin misericordia, por cierto. En 1.941 se privilegió un drama social que, aunque ambientado en el siglo XIX, encajaba muy bien en el espíritu de la Gran Depresión... cuando ésta ya estaba remitiendo después de una década: Qué verde era mi valle batió así a El ciudadano Kane, no sólo de actualidad mucho más rabiosa, sino que en su retrato y parábola del ascenso y caída de la arrogancia humana, es perfectamente atemporal, así como a El Halcón Maltés, una de las películas más influyentes de todos los tiempos al codificar el llamado Cine Noir. Pero la actualidad es difícil de ignorar, y al menos dos películas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial se llevaron el premio a la Mejor Película: Casablanca en 1.943 y Los mejores años de nuestra vida en 1.946. En 1.947, el Oscar fue para El sol sale para todos, sobre un tema también rabiosamente de actualidad en esos años posteriores al descubrimiento del Holocausto y la Solución Final: el antisemitismo escondido detrás de las buenas maneras en la sociedad occidental. Aunque esta tendencia de ir a por la actualidad se morigeró en 1.948, dándole el premio a Hamlet, dejando de paso en el camino a la muy amarga y muy contemporánea, entonces y ahora, crítica social de El tesoro de la Sierra Madre.

En la década de 1.950 revivió la tendencia de premiar el gran espectáculo. En cierta medida, los Oscares involucionaron para premiar películas con cierto espíritu a la década de 1.930. Así fue como Un americano en París le birló el Oscar en 1.951 a Un tranvía llamado deseo. Al año siguiente, en 1.952, la Academia prefirió premiar a El más grande espectáculo de la Tierra, una inofensiva y no muy meritoria película de puro cine espectáculo, por encima de la rabiosa crítica social contra el Macartismo disfrazada de Western que es A la hora señalada (Sólo ante el peligro, en España); entre los nominados había otras dos películas también un tanto escapistas y ambientadas en el pasado nostálgico, que eran Ivanhoe y Moulin Rouge. Los tres años siguientes, el Oscar fue para películas algo más dramáticas, con cierta dosis de conflicto social: el dramón romántico de De aquí a la eternidad en 1.953, ambientada doce años antes en el ataque a Pearl Harbor, el contundente drama social de Nido de ratas en 1.954, y el drama romántico Marty en 1.955. Y casi como si se hubieran arrepentido, la Academia en los tres años siguientes premió a una notable cinta de aventuras... ambientada en el siglo XIX y con un espíritu no demasiado lejano a los epics de Errol Flynn en la década de 1.930 aunque sin su carga de espadachines por supuesto, cual es La vuelta al mundo en ochenta días en 1.956. Y otro drama de la Segunda Guerra Mundial doce años después de terminada la guerra: El puente sobre el río Kwai en 1.957. Y un romance de época ambientado medio siglo antes: Gigi en 1.958. Dentro de este mapa, premiar a Ben-Hur en 1.959 se siente casi como una bocanada de aire fresco, porque aunque también es un refugio en el romanticismo del pasado idealizado, al menos acredita el enorme auge que por esos días vivía el epic clásico, fenómeno que llevaba seis años rondando en Hollywood, desde El manto sagrado de 1.953.

Ben-Hur de 1.959. Once premios Oscar. Once.
La década de 1.960 vio fenómenos fílmicos claves como la consolidación de Stanley Kubrick, el cine contestatario que venía de Europa, y el nacimiento de la franquicia de James Bond, ¿y qué se le ocurre premiar a la Academia? Musicales, un género que ya en su revival de la década de 1.950 olía a un tanto rancio, y musicales de época además: ahí están West Side Story de 1.961, que al menos trataba de ajustarse a su época, al ser en esencia Romeo y Julieta en los barrios bajos hispanos de Estados Unidos, My Fair Lady en 1.964, La novicia rebelde en 1.965, y Oliver en 1.968. Por lo menos el premio de 1.960 fue para El apartamento, una ingeniosa deconstrucción de la moral puritana de Estados Unidos durante la Era Eisenhower... cuando ésta se encontraba en el último de sus ocho años. El Oscar para Lawrence de Arabia en 1.962 fue al menos merecido, porque la película en su época fue muy innovadora en la manera en que deben ser rodados los epics, aunque ahora no lo parezca tanto en buena medida por lo muy imitada que han sido en lo principal sus técnicas de edición con posterioridad; de todas maneras, Lawrence de Arabia le robó en la cara el Oscar a una película mucho más política e incómoda, cual es Matar a un ruiseñor con Gregory Peck. Lo más cercano a un premio para el entonces muy pujante y vanguardista cine europeo fue para... El hombre de dos reinos de 1.966, una interesante reflexión acerca del deber de obediencia al poder versus la obediencia a la conciencia personal, por más que su puesta en escena sea más reminiscente de los clásicos de Lawrence Olivier de dos décadas antes que de las tendencias cinematográficas más de avanzada en su tiempo. Sólo a finales de la década, la Academia tomó recibo de que el mundo estaba ardiendo en llamas y abrazó los problemas sociales de su tiempo, dándole el Oscar a la parábola antirracista que fue Al calor de la noche en 1.967, y al potente drama social Cowboy de medianoche en 1.969.

En los inicios de la década de 1.970, la Academia optó una vez más por refugiarse en visiones románticas del pasado de un cuarto de siglo antes (Patton en 1.970 y El Padrino en 1.972), o la América de entreguerras (El golpe en 1.973, o la mitad de El Padrino II en 1.974). De ese período, la única película que se aboca a problemas contemporáneos es Contacto en Francia de 1.971, que era y sigue siendo un percutante drama policial sobre el combate al narcotráfico en Estados Unidos. Eso sí, Contacto en Francia dejó en el camino a La naranja mecánica, película bastante superior en cuanto a innovación y filosofía. Interesamente, dos clásicos del cine de catástrofes, de moda en la época, se quedaron en el camino, aunque por una vez con una pizca de razón, si de calidad fílmica hablamos: Aeropuerto en 1.970 e Infierno en la torre en 1.974.

En la segunda mitad de la década es que la Academia empezó a tomar conciencia de la oleada de cine social que fue el sello de la época, y empezó a premiar películas que iban acorde con la crítica de la época contra el sueño americano: Atrapado sin salida y su examen de la locura en 1.975, Rocky y su cínica visión del submundo en los barrios estadounidenses en 1.976, Annie Hall y su deconstrucción de las cada vez más individualistas relaciones sentimentales de la época en 1.977, El francotirador y su entonces muy de avanzada crítica contra Vietnam en 1.978, Kramer versus Kramer y su muy ácida visión de los roles de género en la familia en 1.979, y Gente como uno y su crítica y examen de lo que es una familia en esos tiempos turbulentos en 1.980. Eso sí, en esta época se produjo uno de los más grandes ninguneos de todos los tiempos: Annie Hall le ganó como Mejor Película a La guerra de las galaxias, probablemente porque ésta era, horror de horrores, una fantasía escapista espacial... cuando en realidad La guerra de las galaxias es la película que codificó el actual blockbuster, como lo comentamos en Block40busters, y por lo tanto, acabó resultando una de las películas más influyentes de todos los tiempos.

Señor Allen, ¿esa cara es porque le está sacando el Oscar en las narices a La guerra de las galaxias...?
Y casi como si se arrepintieran de esta racha, la Academia inauguró la década de 1.980 refugiándose en un tipo de cine que intentaba reconstruir el tipo de cine que premiaban en la década de 1.960... y que ya olía a rancio incluso entonces. Ahí está Carros de fuego en 1.981, ambientada en ¡las Olimpíadas de 1.924!, que batió a la mucho más influyente Los cazadores del Arca perdida, y que hoy en día es recordada apenas por la banda sonora de Vangelis, si es que alguien hace la asociación en lo absoluto. O la épica, más o menos inofensiva y terriblemente aburrida Gandhi en 1.982, que dejó atrás a la mucho más recordada ET el extraterrestre, a la más potente Missing, y a mucho más ácida y actual Tootsie. O el aguado melodrama La fuerza del cariño en 1.983. O el epic ampuloso Amadeus en 1.984, casi del todo olvidado hoy en día pese a sus ocho Premios Oscar. O Africa mía en 1.985, un romance pasteloso pero muy cinematográfico, que era la peor de las cinco opciones posibles, porque las otras cuatro candidatas eran todas ellas mejores: El color púrpura, El beso de la mujer araña, El honor de los Prizzi, y Testigo en peligro. Después del interludio de 1.986, en 1.987 premiaron a El último Emperador, que podría haber sido rodada en la época de 55 días en Pekín de 1.963, y nadie hubiera notado demasiado la diferencia.

Hablamos del interludio de 1.986. En ella se decidieron a premiar a Pelotón, por lo que ya no hablamos de un regreso al epic clásico de la década de 1.960, sino apenas al cine social de la década anterior, lo que es una mejora. Esta tendencia a premiar cine social que hubiera estado bien diez años antes, siguió con Rain Man: Cuando los hermanos se encuentran en 1.988, y Conduciendo a la señora Daisy en 1.989, el primer intento por premiar a una película sobre el racismo desde Al calor de la noche veinte años antes, en una época en donde el tema del racismo volvía a levantar cabeza... pero no era cosa de premiar a una película sobre la cultura afroamericana contemporánea al estilo de Haz lo correcto en 1.990, así es que mejor era premiar a una película ambientada décadas en el pasado, con una señora racista pero muy amable que de pronto aprende a querer a su chofer negro, y su chofer negro muy servicial y buena gente. O sea, una película que criticara el racismo, pero de una manera suave e inofensiva, con un mensaje buenrollista para que nadie peleara. Esta tendencia a buscar la buena onda siguió ahora con el ecologismo, en una película que hubiera encajado bien en la era del New Age también de veinte años antes: Danza con lobos de 1.990, y su discurso acerca de lo muy buenos que son los nativos americanos. Para colmo, esos nativos ni siquiera son azules como los de Avatar...

Dentro de este contexto, el premio a El silencio de los inocentes en 1.991, un muy oscuro drama policial, resultó un golpe de timón inesperado y refrescante, por más que parte de la puesta en escena remitiera un poco al cine social de la década de 1.970; a la larga resultó un premio justo, de cara al impacto de la película en el cine y en la cultura popular en general, aunque quedaran en el camino piezas que, admitámoslo, fueron muy alabadas en su día pero acabaron por no tener la misma proyección, como La bella y la bestia o JFK. Pero luego, hubo que esperar hasta 1.994 para que la Academia se arriesgara con un premio más de actualidad, con Forrest Gump, aunque dentro de esa línea se lo merecía más Pulp Fiction, que resultó mucho más influyente a la larga.

¡Interpreto a un discapacitado! ¡Dénme mi maldito Oscar!
Pero el resto de la década, la Academia siguió con esa misma mirada nostálgica hacia el pasado. Los imperdonables de Clint Eastwood ganó en 1.992, es una excelente película, y se lo merecía mucho más que el dramón fácil de época que es La mansión Howard por ejemplo, pero no deja de ser una revisión del Spaghetti Western como género fílmico, lo que era por tanto más o menos equivalente a premiar un estilo de cine que había revolucionado el cine un cuarto de siglo antes, sin que la Academia parara siquiera mientes en ello en su día. En 1.993 prefirieron premiar a La lista de Schindler, que es un drama en general bien filmado, no digo que no, pero dejando de lado a la mucho más interesante y contemporánea En el nombre del padre, o a la más sólida y atemporal Lo que queda del día. Y entre 1.995 y 1.998 vino una racha de inofensivas películas de época con una moralina una vez más reminiscente del cine más conservador de treinta años antes, y que con una excepción, no han envejecido bien: Corazón valiente en 1.995, El paciente inglés en 1.996, Titanic en 1.997, la única que ha sobrevivido en condiciones, y Shakespeare apasionado en 1.998. Tanto Titanic como Shakespeare apasionado, acusan recibo de una tendencia de la época, el surgimiento de la moderna mujer empoderada que puede hacer lo mismo que un hombre, pero lo hace de manera descafeinada, sin demasiada crítica, que no cause demasiado daño, disgusto u ofensa. Luego del interludio de 1.999, la tendencia siguió con Gladiador, que gira sobre una premisa similar a La caída del Imperio Romano de 1.964, pero con esteroides.

Hablando del interludio de 1.999, ese año el Oscar fue para Belleza americana, un intento de construir un drama social más o menos contemporáneo. Probablemente el Oscar se lo merecían más El informante con Russell Crowe y sobre todo El sexto sentido, por lo general subvalorada por ser una película de terror y por lo tanto sin verdaderos valores artísticos, para los esnobs de toda la vida. Pero con el premio a Belleza americana, por lo menos se aprecia el intento por no quedarse anclados en una mentalidad rancia y conservadora de otra década. Además, se diga lo que se diga de Belleza americana, al menos le dio el puntapié de partida a una breve racha de películas de drama suburbano, lo que no deja de tener su mérito. Pero luego, en 2.001, retrocedió a un no tan brillante drama, cual es Una mente brillante. Luego se abocó a premiar a un género en ese entonces y hoy en día extinto para bien, cual es el musical clásico: Chicago se vendía como un musical clásico pero con un filo de crítica social, pero no se puede decir que haya sobrevivido bien la prueba del tiempo. Fue en 2.003 en donde por fin se pusieron plenamente con los tiempos, y la cultura friki tuvo su propio reconocimiento con el Oscar para El retorno del rey, que muchos leyeron probablemente de manera correcta más como un reconocimiento para la trilogía en pleno, que para la película en sí, que probablemente no es la mejor de éstas, aunque mantiene el tipo de las dos entregas anteriores. Recordemos que esta cultura friki moderna creció en el cine en la década de 1.980... mientras la Academia premiaba a Carros de fuego, Gandhi o Amadeus, como ya dijimos.

Entre 2.004 y 2.008 la Academia se puso al día... con la década de 1.990. Ya era tiempo. En 2.004 el premio se lo llevó Million Dollar Baby, un drama de superación femenina al estilo de 1.995, mezclada con eutanasia para darle el toque progresista moderno. En 2.005 decidieron ir sobre el tema del racismo una vez más, dándole el premio a Crash, lo que hubiera sido hot en 1.992, aunque quizás porque el tema de la homosexualidad era todavía demasiado, razón por la que Brokeback Mountain se fue derrotada para la casa. En 2.006, el premio fue simplemente para que Martin Scorsese no se muriera sin uno, a pesar de que Los infiltrados es muy inferior tanto a otras películas de Scorsese, como a la original Asuntos infernales hongkonesa de la cual es remake; que los villanos sean la mafia irlandesa, revela claramente que esta película tiene una mentalidad firmemente enclavada en la década de 1.990, y por su estilo de realización, es casi un thriller similar a los que rodaba Tom Cruise en la década de 1.990. En 2.007 el premio fue para No es país para débiles, que funciona casi como un compendio de las constantes del cine que los Coen venían desarrollando desde la década de 1.990, una vez más. Y en 2.008 fue el triunfo del multiculturalismo con Slumdog Millionaire, y un tipo de discurso firmemente anclado en... la primera mitad de la década de 1.990, cuando criticar a las culturas orientales se hizo más o menos impresentable, durante un tiempo a lo menos, y podían rodarse películas de ambientación islámica como Aladino (¡por Disney!) sin que nadie te acusara de antipatriota en Estados Unidos.

Racismo es maaaaaaaaloooooooo...
En 2.009, el premio fue inesperadamente para The Hurt Locker, que al menos intentaba ponerse al día con la Guerra de Irak. Pero luego, la Academia volvió a refugiarse en el revisionismo y el ejercicio nostálgico. El discurso del rey de 2.010 es en muchos sentidos similar al drama de época que la Academia premiaba treinta años antes, mientras que El artista de 2.011, siendo una película notable en muchos respectos, es por supuesto una revisión de la transición del cine mudo al sonoro, casi como si los Oscares quisieran de esta manera exorcisar el miedo creciente a quedar a trasmano de la Historia del Cine. Y en 2.012 volvieron la mirada, una vez más, hacia el drama social de época, premiando a Argo, una película no sólo ambientada más o menos en 1.980, sino también muy deudora de la estética y resortes narrativos propios del thriller setentero. En 2.013 volvieron a incidir sobre un drama de racismo, ahora acompañado con esclavitud, premiando a 12 años de esclavitud, pero nuevamente sin atreverse a abordar el racismo de una manera directa, y por tanto, haciéndolo a través del velo del cine de época. Recién en 2.014 se atreven con algo distinto, dándole el premio a Birdman.

De todo lo anterior, queda patente que uno de los principales problemas de los Premios Oscar, es su patente desconexión con el mundo del aquí y del ahora. Cuando el cine estaba embarcándose en la screwball comedy, la Academia premiaba películas con cierta nostalgia del cine mudo. Y el estilo de drama propio de esa época siguió llevándose premios hasta bien entrada la década de 1.960, cuando ya el cine estaba siendo volteado de cabeza por todas partes. En la década de 1.970 no se atrevió directamente con el llamado Nuevo Hollywood, y prefirió las películas de época rodadas por grandes estudios, aunque con algo de aires por parte de cineastas de la nueva camada para no perder el filo, y fue recién a finales de la década que se atrevió con un cine más conectado con la rabiosa actualidad social de la época. En la década de 1.980 insistió de manera denodada en volverle la espalda a la cultura del blockbuster, que es el verdadero gran fenómeno cultural del cine en ese tiempo, y lo más cercano a premiar una película de este tipo es cuando el blockbuster es también una película de época, como Danza con lobos o Titanic, o tiene ciertos valores de cine independiente como El silencio de los inocentes; el primer blockbuster puro y duro, sin vergüenza de serlo, en recibir su premio a la Mejor Película vino recién con El retorno del rey. En la década de 1.990, la Academia fue incapaz de abrirse al multiculturalismo, al tema del racismo, o a la nueva oleada de feminismo que invadió la agenda pública, o si lo hizo, fue de manera tibia, tratando de no molestar a nadie. Y habrá que esperar hasta The Hurt Locker en 2.009 para que la Academia venga recién a premiar una película en sintonía con el mundo post 9-11, aunque su primera fase estaba casi acabada, porque dicho mundo estaba evolucionando desde el problema del terrorismo hacia el actual problema del espionaje y la invasión de la privacidad.

Podría alegarse en beneficio de la Academia, que eso podría ser una opción más o menos deliberada, para no premiar películas que, por ser demasiado contingentes, terminen por pasar a la Historia cuando sus temas pierdan vigencia. Es una posibilidad, por supuesto, y una muy seria además. Sin embargo, esta objeción se cae por la base si pensamos en dos cosas. En primer lugar, una buena película sobre un tema contingente no pierde vigencia si ese tema se sale de la agenda, porque quedan los valores fílmicos en sí, y si la película plantea un tema contingente de manera atemporal, entonces sirve como reflexión más allá de la contingencia y se transforma en un vislumbre de la filosofía de lo que podríamos llamar el alma humana, por ponerle un nombre. Casablanca era una película muy contingente, ya que trataba de la Segunda Guerra Mundial, pero hoy en día es un clásico porque tiene un valor diferente, el de reflexión sobre la decencia humana y el compromiso con las causas nobles y buenas, por no hablar de su fuerza como drama romántico puro y duro. Por el otro lado, considerando muchas películas premiadas que no tienen nada que ver con la contingencia, ¿han resultado éstas duraderas en el tiempo? En algunos casos sí: nadie pone en duda a El Padrino por ejemplo, como reflexión catedralicia acerca del poder y nuestra relación con él. Pero películas como El más grande espectáculo sobre la Tierra, Oliver, Carros de fuego, La fuerza del cariño o El paciente inglés, hoy en día no las ve nadie, y por una buena razón: nacieron añejas incluso en su día, y sus premios fueron más un episodio de nostalgia voluntariosa, que el reconocimiento a valores cinematográficos que pudiéramos considerar más o menos como eternos. En ese sentido, estamos frente a un intento inconsciente pero presente de huir hacia un pasado inofensivo, premiando películas que no ofendan mucho, vía hacerle lugar a temas, visiones y géneros que ya lleven sus buenas dos o tres décadas girando allá afuera. ¿Por qué dos o tres décadas? Porque en ese tiempo, los jóvenes se hacen maduros y se convierten en jueces de la Academia, y la tendencia que nació como rebelde, en sus días ha llegado a ser el canon y estándar... cuando en realidad el verdadero cine de avanzada está en otra parte, y ellos o no lo ven, o le tienen temor, y por lo tanto no lo premian. En definitiva, el Oscar a la Mejor Película no premia necesariamente el mejor cine actual, sino el que podría haber sido el mejor cine, dos a tres décadas antes del día de la premiación.

Premios Oscar: Casi noventa años premiando a las mejores películas de 30 años atrás.


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