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domingo, 7 de febrero de 2016

Blogoselfies.


Hace casi ya un par de años, a mediados de 2.014, Internet ardió en llamas luego de descubrirse que Jennifer Lawrence en la intimidad está tan buena como aparece en las películas, cuando algún desalmado consiguió romper el código de la nube de iCloud y liberó fotos de la diva, haciendo que nos olvidáramos de otras fotos que circulaban más o menos en análogas circunstancias, de Scarlett Johansson y de otros personajes. El caso presentó múltiples aristas, y entre ellas, llevó a su paroxismo el tema de las selfies. O mejor dicho, el cuestionar las selfies. Hasta la fecha, tomarse una selfie era la última moda; después de lo que le pasó a Jennifer Lawrence, quizás no tanto. También le pasó a Kirsten Dunst, pero por alguna razón, las fotos de ella no han pegado tanto.

En su minuto, el tema de conversación sirvió para que en una reunión social, una chica me preguntara acerca de por qué hay tan pocas fotos mías en mi perfil de Facebook. Creo haberlo comentado con anterioridad, pero si los perfiles de Facebook fueran ecosistemas de la Tierra, el mío sería el desierto de Atacama, o quizás la Antártica Chilena: un paisaje monótono y sin nada de interesante que ver. Mi filosofía con Facebook es usarlo como libreta de contactos, postear cosas de tarde en tarde, muy de tarde en tarde, y nada más. Además, siguiendo el razonamiento de Isaac Asimov, soy escritor y no me gano la vida con mi rostro; quienes deseen deleitarse con la viril belleza de mis facciones, que sigan esperando. No llegaré a los extremos de Daft Punk, que aparecen en todas partes con cascos de motociclista que los hicieron buenos para musicalizar Tron: El legado, pero tampoco soy del tipo que se fusila la mitad de la batería del celular en posar cual modelo grecorromano.

El caso es que la chica en cuestión, la de la conversación que mencionaba, tiene cierta afición por las selfies. Todos conocemos el patrón. Se encierran en el baño, se toman imágenes con el tablet, y las suben a un álbum especial de Facebook o Instagram, ahora que Fotolog pasó de moda y rondan buitres volando en círculos sobre sus servidores. Lo que me ha servido para analizar un poco más de cerca el fenómeno. Para mí, todo el tema de las selfies es puro y simple narcisismo. El tipo o la tipa se toma una foto posando de manera que su expresión y figura digan: "así de buena estoy" o "miren qué guapo soy". Dicho esto sin afán de crítica. Narcisismo es una palabra fea, pero en cantidades moderadas, no tiene por qué ser algo negativo per se. Después de todo, hay que quererse un poquito en la vida. ¿Por qué iba a estar mal una actividad que, en última instancia, sirve para subir la autoestima? El error está, como de costumbre, en el exceso o la adicción. Sacarse selfies como una humorada, subirla a Facebook y levantarse la moral con los comentarios y los "me gusta" cuenta como una actividad inocente; hacerse esclavo de la necesidad de tales cumplidos es lo que pasa la raya de lo disfuncional. Por suerte, no es el caso de la chica en cuestión, que practica dicha actividad con moderación. Suponemos que para fortuna de su novio, que es un muy buen tipo, pero que es un poquito celoso, por lo que no haré más comentarios sobre el particular.

El caso es que yo debatía y argumentaba que tomarse selfies era una actividad narcisista, más o menos la línea de razonamiento que ya expliqué, y que las personas en cuestión por lo tanto califican para narcisistas ellas mismas. Yo no soy narcisista, o creo no serlo a lo menos, así es que no necesito tomarme selfies ni que la gente me encuentre guapo en Facebook. A lo que esta chica me respondió con un argumento desarmante. Me dijo algo más o menos en la siguiente línea de razonamiento: "¡Pero si tu blog es una colección de selfies!".

Me quedé de una pieza, pero meditándolo bien, no deja de tener razón. Yo escribo la Guillermocracia porque considero que tengo buenas ideas, las puedo expresar bien, y que vale la pena compartirlas porque el mundo tendría mucho que ganar si alguien las leyera y les ayudara a mejorar sus vidas. Y en ese momento, confrontado con la dura y fría realidad, tuve que admitir, muy a mi pesar, que tener y mantener un blog es en el fondo una actividad narcisista. Incluso mi celebérrimo posteo Cinco razones para NO tener un blog, iba un poco en la misma vena: que el relativo poco éxito y la oscuridad de un blog son justamente golpes bajos contra el narcisismo del bloguero. Pensaba que un bloguero seguía adelante con cierta humildad, pero hay otra posibilidad inquietante: que el bloguero siga adelante por narcisismo.

Porque la chica en cuestión argumentó que cada posteo era una especie de selfie. Solamente que no de mi bonita cara, sino que de mi mente. A la hora de escribir, es inevitable que, por más imparcial que uno quiera ser, algo de lo que uno piensa o siente sobre el mundo se filtre a los escritos. No soy un partidario de la teoría según la cual el personaje principal es siempre un alter ego del protagonista, o que el tono de un artículo o ensayo refleje siempre con fidelidad el pensamiento de su autor, porque éste siempre puede jugar a distorsionar un poco el tono, con afán de ironía o por mero sentido lúdico, pero aún así, es casi imposible escribir algo que vaya en contra de las convicciones más profundas de uno. No sin una pistola apuntando a la cabeza, por lo menos. Cada vez que uno elige un tema, o le asigna tal o cual tratamiento, está desgranando un aspecto de la mente propia. Al final del día es como decía un escritor, me parece que Julio Verne aunque no estoy seguro, que decía algo así como: "A mí no hay que entrevistarme, a mí hay que leerme".

Eso sí, hay una diferencia. La palabra escrita suele ser bastante más ambigua que la foto. Por algo dicen que una imagen vale lo que mil palabras, aunque con el potencial de modificaciones que permite el Fotoshop, ya vamos por apenas quinientas. Me ha pasado. Hay gente que, leyéndome, ha interpretado mis textos desde el Comunismo hasta el derechismo radical. Algo similar me ha pasado en materia religiosa. Y no han faltado quienes me han llamado nazi por haber publicado De feministas y feminazis, a pesar de que el artículo no era ni de lejos una apología del Nazismo, o las dos partes sobre Laibach. Definitivamente, una blogoselfie es bastante más borrosa que una selfie normal y corriente.

Así es que, compañeros blogueros, ya lo saben. Ustedes a lo mejor no se toman selfies con la cámara del celular o tablet, pero cada vez que escriben y publican un posteo, están tomándole una selfie a su propia mente, y exhibiéndola ante el mundo. Impúdico, ¿verdad?

4 comentarios:

Seanna dijo...

Bueno, para mi, la principal differences entire un posteo y una selfie, es que con un posteo puedo aprender, o simplemente passer un buen rato. Es decir, me enriquece. Una selfie o dos está bien, pero a fin de cuentas, es una exhibición del propio Yo, que nada aporta a los demás (salvo que el susodicho esté de muy buen ver). Al contrario, subir selfies constantemente demanda la atención de los demás, en forma de likes o comentarios.

Seanna dijo...

Perdón por el error de dedo.

Cidroq dijo...

El comentario de Seanna es acertado, aunque en general concuerdo con la idea del post, creo que esto pudiera considerarse que en la época del boom de los blogs era más acertada, cuando lo cool era que tuvieras un blog, esa era tu selfie para seguir la corriente, ahora, que los blogs están en segundo termino en el internet, los que aun postean algo en estos sitios, lo hacen menos con intenciones narcisistas y más con intenciones de aportar algo, aunque nadie lo aprecie a fin de cuentas, digamos que los "selfies de los blogs" son algo (un poco al menos) más con fines altruistas que de vanidad.

Guillermo Ríos dijo...

@Seanna, depende del posteo. Quiero pensar que los posteos de la Guillermocracia sirven para eso. No todos los blogs tienen tanto material de interés. En cuanto a las selfies... bueno, supongo que un poco lo mismo. En lo personal prefiero una selfie de Emily Ratajkowski a la de una fulana o un fulano promedio, si me preguntan. Y en cuanto a los likes y comentarios, que los demanden. Otra cosa es que uno se los dé. Yo, en lo personal, jamás le doy like a nada, de manera que si quieren reforzarse el ego conmigo, pues están perdiendo su tiempo...

@Cidroq, será que soy un cínico, pero no creo que un blog sea ciento por ciento altruista. Algo de vanidad y egotismo hay detrás de la actividad. Aunque, por supuesto, es cuestión de porcentajes: en las selfies el tema suele ser justamente ése, la vanidad y el egotismo, prácticamente sin más.

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