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jueves, 25 de febrero de 2016

Block40busters (6 de 6).


Y he aquí que hemos llegado hasta el final de la serie de posteos que hemos llamado Block40busters, aquí en la Guillermocracia, que en atención a los 40 años del inicio de la era del blockbuster, hemos repasado las películas que consideramos más influyentes en la historia de este género esta manera de concebir el cine, desde la mítica Tiburón de Steven Spielberg hasta... no, no vamos a incluir ninguna película de 2.015. Demasiado poco tiempo. Nosotros no creemos en la teoría del clásico instantáneo, esa película que ustedes la ven, y saben de inmediato que va a sobrevivir los tiempos y las edades. La única manera de saber si una película o una obra de arte cualquiera es capaz de sobrevivir a la prueba del tiempo, es dejar pasar un poco de tiempo, precisamente. Algo que saben bien los que han buceado en los Premios Oscares, en donde todo el mundo se lleva las manos a la cabeza al considerar el Oscar a la Mejor Película de 1.941 para Qué verde era mi valle en vez de El ciudadano Kane o El Halcón Maltés, o Annie Hall en 1.977 en vez de La guerra de las galaxias, o Slumdog Millionaire en 2.008 en vez de The Dark Knight. De manera que detendremos el recuento algunos años antes. Y sin más preámbulos... la parte final de esta serie de posteos, aquí en la Guillermocracia.

61.- Transformers (2.007).

La década de 2.000 fue el revival de la década de 1.980, en más de un sentido. Y en medio de esto, tenían que llegar las adaptaciones de franquicias ochenteras. Durante un tiempo se rumoreó que Steven Spielberg, dios tutelar de los blockbusters, iba a rodar la adaptación de Transformers, la franquicia que Orson Welles en su minuto definió como una de juguetes que hacen cosas horribles a otros juguetes. Lo divertido del caso es que primero se pensó en G.I.Joe, pero luego vino la Guerra de Irak, y de pronto, G.I.Joe era demasiado sensible políticamente, de manera que los productores viraron a la franquicia de unos robots del espacio que nos defienden de la invasión de otros robots del espacio. La película, dirigida finalmente por un Michael Bay desatándose de todas las cadenas de la cordura cinéfila, se coronó con éxito absoluto, costando 150 millones de dólares y recaudando 750 millones; las secuelas lo único que hicieron fue el incrementar estas cifras. De pronto, todos los estudios de Hollywood volvieron la mirada hacia la posibilidad de llevar franquicias de la década de 1.980 al cine, aunque esta tendencia pareció ceder un poco luego del relativo fracaso de G.I.Joe: El origen de Cobra en 2.009, que obtuvo secuela únicamente porque los muñequitos se vendieron bien. Hubo rumores también de posibles adaptaciones de ThunderCats y He-Man, pero todo ha quedado en nada por el minuto. En 2.015 se estrenó una película basada en Jem y las Holograms, que no fue capaz ni siquiera de recuperar su presupuesto miserable de cinco millones de dólares. Pero en un nivel más general, Transformers tuvo una influencia más sibilina, la de impulsar un cierto renacimiento del subgénero de blockbuster con robots, incluyendo a Terminator: La salvación, Gigantes de acero, Grandes héroes, La era de Ultron, y en una liga ligeramente diferente, Chappie. No es una gran influencia, pero es una influencia y con eso basta.

62.- 300 (2.007).

A lo tonto, aprovechando el tirón de Sin City, es que de pronto Frank Miller se volvió material deseable de adaptar. De esta manera llegó a los cines 300, basado en el cómic 300 de Frank Miller, quien a su vez se inspiró en la película Los 300 espartanos de 1.962, que a su vez está basado en lo que Heródoto dice que sucedió en las Termópilas en 480 a.C., para darle combustible a los que se quejan de la falta de ideas en Hollywood. La película fue realizada un poco con el vuelto del pan, apenas 65 millones de dólares, y recaudó casi 500 millones, convirtiéndose en la décima película más taquillera de 2.007. Por supuesto, 300 ahondó en la idea de Sin City, de tomar un cómic como el storyboard y ahorrarse el sueldo del dibujante, pero su influencia llegó un poco más allá. Nos referimos a un cierto cambio de orientación del peplum. Las llamadas películas de romanos habían experimentado una resurrección gracias a Gladiador, pero por lo general, tendían a retratar la Antigüedad clásica de una manera sobria o clásica, precisamente. Pero 300 marcó una ruta en donde el decorado empezó a ser trabajado directamente con CGI para conseguir una ambientación fantástica o irreal, a despecho de todo preciosismo que pudiéramos calificar de neoclásico. Al calor de 300 surgieron entonces películas como Inmortales o el remake de Furia de titanes, o la escena final con glorioso CGI de Hércules con Dwayne Johnson, que beben más de aquí que de Gladiador, para que nos entendamos.

63.- The Dark Knight (2.008).

Lo que decíamos más arriba: hace casi una década, The Dark Knight fue la película más importante del año y una de las más influyentes del siglo XXI, un potente drama de acción además cargado de temas filosóficos de variada índole... y el Oscar a la Mejor Película fue para un olvidado drama multiculturalista llamada Slumdog Millionaire, mientras que la de Batman no recibió ni siquiera una postulación. El caso es que Christopher Nolan, director de películas de culto minoritario como Memento e Insomnia, había dado el salto a las ligas mayores con Batman inicia; para la secuela elevó el nivel hasta rodar lo que es un clásico de inicios del siglo XXI. Empero, la influencia de The Dark Knight probablemente fue para peor. Porque su legado consiste en que, de pronto, todo el cine blockbuster debió tender hacia la seriedad y la oscuridad. Eso es algo que ya habíamos visto con El Imperio contraataca, más oscura que La guerra de las galaxias, pero Lucas nunca dejó que la oscuridad lo consumiera todo. Y quiero que se me entienda bien: esto no es un problema de The Dark Knight como película en sí. En esta película, la oscuridad sirve para un propósito: calza muy bien con un personaje como Batman, en primer lugar, está acorde con el pozo de basura que es la Gotham City descrita en la película, en segundo, y funciona como vehículo para varios apuntes filosóficos muy interesantes que ya tratamos en La Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan, aquí en la Guillermocracia. El problema es que los imitadores, como de costumbre, se quedaron con la idea o elemento más vendedor, la oscuridad en sí, sin compensarla con los otros elementos que Nolan sí incluyó en la película para que lo sombrío no se saliera de tiesto: notas enternecedoras sobre los personajes, reflexiones sobre el valor de la esperanza y los símbolos, y un final agridulce en que al final, aunque las tinieblas parecieran dominarlo todo, en realidad es un triunfo de la decencia y lo más noble del ser humano. Uno de los ejemplos egregios de cómo se ha aplicado la oscuridad y seriedad porque sí, sin un propósito claro más allá de darle un supuesto espesor narrativo a la historia, lo constituye El Hombre de Acero de 2.013. The Dark Knight es un ejemplo triste de película que, siendo casi una obra maestra ella misma, dejó la vara tan alta que los imitadores lo único que han conseguido es mancillar su legado.

64.- Iron Man (2.008).

El mismo año en que los cines fueron tomados por asalto por The Dark Knight, apareció un blockbuster sobre un superhéroe que siempre había jugado un poco en ligas secundarias. En lo personal, yo me crié con la noción de que Iron Man era un personaje importante del Universo Marvel gracias a la serie de dibujos animados de la década de 1.960, pero por supuesto, no todo el mundo la vio, y justo es decir que en años sucesivos, más allá de la serie animada de la década de 1.990, Iron Man no tuvo una presencia real en la cultura popular, más allá de los lectores de cómic Marvel. En retrospectiva es fácil explicarse el éxito de Iron Man por el carisma de Robert Downey Jr., un guión que es una saludable mezcla de aventura, seriedad y humor, y una cierta conciencia de que no estamos viendo una historia realista sino jugando con las reglas de la lógica de los cómics, en donde un fulano cualquiera confecciona un traje de Iron Man en una cueva de Asia con una caja de chatarra, y muy en el fondo, nadie se asombra demasiado de ello por muy genio que sea el inventor en cuestión. Hasta ahí, lo que tenemos entre las manos es un blockbuster entretenido e interesante, pero lo que realmente cambió las reglas del juego fue el stinger, la escena final de postcréditos en la que aparece Samuel L. Jackson como Nick Fury, y anuncia algo llamado la iniciativa Avengers. Por supuesto, esta película no inventó la escena de postcréditos; yo al menos recuerdo la de Skeletor en la película Amos del Universo de 1.987, y seguro que las hay más antiguas. Pero Iron Man las puso de moda, y muy en particular, las hizo servir para un propósito más allá de la película: para ayudar a construir franquicias introduciendo un elemento que va a ser presentado a plenitud en la secuela. En la actualidad, es casi impensable que un blockbuster no tenga una escena de postcréditos, o de intercréditos, y que en ella no veamos algo que nos abra el apetito para la secuela. Incluso hasta Deadpool, que tiene su propia escena de postcréditos en la cual se burla de lo lindo del concepto, quiebre de la cuarta pared incluido, cumple con dejar el gancho para la secuela. Y si no se quedaron en el cine viendo Deadpool hasta el último o quieren saberlo de inmediato, se los reviento aquí, a título de spoiler por supuesto, les aviso por si quieren saltarse la línea que viene: Deadpool anuncia que Cable aparecerá en la secuela. Pero por supuesto, considerando que ambos compartieron cartel en los cómics... después de todo, el payaso Jerry Lewis era más cómico teniendo al lado al siempre serio Dean Martin, ¿no?

65.- Kung Fu Panda (2.008).

A mediados de la década de 2.000, habían claramente dos vertientes de animación estadounidense: Pixar y todo lo demás. Las películas de Pixar se caracterizaban por tomar conceptos en principio extraños e incluso alienantes para el gran público, y luego sacar grandes historias de ellos inyectándoles una mezcla de emotividad, buenos valores y una cierta carga filosófica. El resto seguía la estela de Shrek, pero sin la carga irónica del modelo: historias a menudo simplonas, moralina barata, y humor basado en reirse de los personajes que van de listillos por la vida, o en referencias culturales caducas muchas veces incluso al momento de estrenarse la película. Irónicamente fue la propia DreamWorks que había parido Shrek, que de pronto dio un viraje de timón, y lo hizo con Kung Fu Panda. A diferencia de otros protagonistas de animación de la época, que van de cool por la vida hasta que son castigados en su orgullo y al madurar aprenden una valiosa lección, el protagonista de Kung Fu Panda parte como un adorable perdedor cuyo proceso de maduración implica aceptarse a sí mismo en vez de aprender a no exagerar en eso de la aceptación a sí mismo. Además, las referencias y guiños postmodernos son seriamente limitados, en beneficio de una ambientación mucho más fiel a la cultura y tradiciones que intenta retratar, en este caso, el mundo histórico y legendario chino. Durante los años siguientes este nuevo modelo implementado por Kung Fu Panda, alejándose de la simplonería rampante de otros productos de la época y acercándose a una versión simplificada de lo que podríamos llamar el modelo Pixar, terminó transformándose en el referente para mucho del cine de animación posterior que vino. Incluso, cosa rara, hasta la propia Pixar parece haber acusado recibo, como lo prueba Cars 2, que parece más una película DreamWorks, y una no demasiado meritoria que digamos, que una creación de la gente de la mismísima Pixar.

66.- Crepúsculo (2.008).

Entre pitos y flautas, apareció una película de presupuesto relativamente bajo, basada en la novela de una escritora llamada Stephenie Meyer, con una guionista que hasta el minuto había trabajado casi íntegramente en televisión, y con una directora, Catherine Hardwicke, que ya había intentado retratar el mundo adolescente en A los trece y narrar una historia de tintes sobrenaturales con El nacimiento en 2.006, y que por lo tanto, parecía una buena opción para dirigir una historia ambientada en el mundo adolescente y con tintes sobrenaturales. Y resultó que Crepúsculo, una historia romántica entre un vampiro con superpoderes e inmortal, y una chica como tú, querida, se transformó en un inmenso éxito de taquilla. No llegó a coronarse entre las diez más taquilleras de 2.008 porque ése fue un año particularmente duro (The Dark Knight, Kung Fu Panda, Quantum of Solace, Iron Man, WALL-E...), pero recaudó más de diez veces su presupuesto de 35 millones de dólares. Nada mal para una película que está rodada más como un producto indie que como un blockbuster. La franquicia subsiguiente se extendió por cinco películas y recaudó la brutalidad de más de 3.000 millones de dólares a nivel mundial. Pero más importante que eso, creó una nueva fórmula ganadora que los estudios de Hollywood desde entonces se esforzaron por imitar: crear franquicias, ojalá basadas en novelas, que cuenten una historia romántica adolescente en un entorno alejado de nuestra realidad, bien sea por la irrupción de elementos fantásticos, o bien sea por tener una ambientación de Ciencia Ficción. Eso sí, pocas de las imitaciones de Crepúsculo arribaron a buen puerto, quizás porque Crepúsculo había sido la película justa en el momento justo. Mi teoría personal es que Crepúsculo fue una película de graduación para los que eran adolescentes en torno a 2.010: éstos son los chicos que cuando eran niños crecieron viendo Harry Potter, y cerca de una década después, un poco avergonzándose de las cosas que les gustaban en la infancia, se volvieron hacia otra franquicia que les asegurara su dosis de fantastique. Y el que Harry Potter terminara en 2.010, terminó de sellar el trato. Esos adolescentes que nacieron en la década de 1.990, hoy en día están entre la adolescencia o esa etapa que se llama adulto joven, y que hoy en día en realidad es una segunda infancia con más dinero que gastar en cachivaches tecnológicos... y que, negándose a ser adultos, seguro que seguirán embarcados en una u otra franquicia romántica, cuando ésta aparezca. Antes de que, románticos como son, conformen familia y su dieta de cine empiece a componerse de las películas infantiles que les exhiban a sus niños pequeños, y Crepúsculo quede atrás como ese nostálgico pecado de juventud de cuando ellos eran inmaduros y el mundo era verde y nuevo...

67.- Avatar (2.009).

En el tiempo algo superior a una década que va desde Terminator (1.984) hasta Titanic (1.997), James Cameron fue uno de los directores más bestiales del cine. En lo personal me niego a considerarlo el genio que algunos ven, pero es innegable su buen ojo para inyectar escenas rompedoras en la cultura popular: la llegada del T-800 a Los Angeles en Terminator, Ripley en un exoesqueleto en Aliens: El regreso, La criatura líquida en El secreto del abismo, el T-1000 pasando por la reja de una cárcel en Terminator 2: El juicio final, la escena de acción en un jet de combate en Mentiras verdaderas, Jack abrazando a Rose en la proa del Titanic... la lista es interminable. Por eso es que había mucha expectación cuando Cameron rompió un silencio de doce años para estrenar Avatar, una epopeya extraterrestre que en realidad es un Romance Planetario a la antigua usanza, pero con todo lo que la moderna industria de efectos especiales puede ofrecer. Y la audiencia enloqueció. Cameron se destronó y reentronizó a sí mismo, batiendo su récord de recaudación con Titanic al conseguir casi 2.800 millones de dólares a nivel mundial. Pero en términos históricos, la influencia de Avatar fue más bien discreta, consecuencia obligada de una película que, en realidad, no arriesgaba demasiado en lo narrativo, y como dijo más de alguien, era más bien Danza con lobos o Pocahontas en otro planeta. Con todo, su impacto sí se dejó sentir en un aspecto tecnológico: el 3D. Anteriormente hubo dos oleadas de dicha técnica, una en la década de 1.950 y otra en la década de 1.980; esto no debe ser casualidad, toda vez que mucho de la cultura popular de la segunda miró hacia la primera, y la cultura popular en 2.009 miraba a su vez mucho hacia la década de 1.980. La tercera oleada del 3D en realidad tenía precedentes (Viaje al centro de la Tierra y Kung Fu Panda, ambas de 2.008), pero la película que realmente puso al 3D sobre el escenario una vez más fue Avatar. Entre 2.010 y 2.011 hubo una pequeña luna de miel del cine con el 3D, apoyado porque Alicia en el País de las Maravillas recaudó cerca de mil millones de dólares a pesar de que los comentarios fueron displiscentes en el mejor de los casos. Después, la fiebre tendió a bajar, y aunque en 3D no ha desaparecido de los cines, desde luego que ya no tiene el mismo peso específico que en 2.010. En buena medida porque los estudios tratando de enviar más copias en 3D a los cines en vez de 2D, espantó a las audiencias, además de que muchas películas se rodaron en 2D y fueron convertidas mediante computación en vez de ser rodadas en 3D desde el comienzo, proceso este último mucho más caro pero con resultados más fiables en términos de calidad de imagen, con las consecuencias que son de prever.

68.- Star Trek (2.009).

Después del bestial fracaso de Viaje a las Estrellas: Némesis en 2.002, y la cancelación de la serie televisiva Enterprise en 2.005, muchos daban a la franquicia de Star Trek por muerta, una reliquia de los más felices tiempos hippies que no tenía oportunidad de sobrevivir en un mundo más cínico y desencantado como los inicios del siglo XXI. Estaban equivocados. Porque J.J. Abrams, que ya había conseguido salvar a Misión Imposible de su terrible segunda entrega, se abocó a la tarea de modernizar Star Trek. Los resultados son ampliamente discutibles, por supuesto, ya que tanto Star Trek como Star Trek: En la oscuridad empujaron quizás demasiado la aventura pura y dura, en desmedro de toda la exploración filosófica que hacía diferente a la franquicia en primer lugar. Pero esta película tuvo una influencia menor, en enseñar a los estudios una nueva técnica para aplicar un reboot a una franquicia: el viaje en el tiempo. En Star Trek, el villano viaja hacia el pasado e introduce un cambio que crea toda una nueva línea temporal: es decir, funcionalmente es un reboot, pero en términos narrativos sigue siendo el mismo universo de siempre, aunque con una continuidad nueva creada a partir de una paradoja temporal. Hasta la fecha, otras dos franquicias intentaron hacer lo mismo. En los X-Men estaba el marrón de que X-Men: Primera generación de 2.011 fue bien recibida, pero detrás venían las mediocres X-Men III y Wolverine. ¿Cómo encajar X-Men: Primera generación como precuela de las celebradas X-Men y X-Men II, y saltarse las otras? La respuesta: rodar X-Men: Días del futuro pasado adaptando un cómic de 1.981 con paradoja temporal incluida, y así despejando la mesa de una manera tal, que los guionistas en adelante pueden tomar lo que quieren de las películas anteriores y descartar el resto, so pretexto de una nueva continuidad. La misma receta intentaron aplicarla después con Terminator Génesis en 2.015, aunque ahí las cosas no resultaron demasiado bien que digamos. Todavía está por verse a qué otras franquicias intentarán aplicarla, si deciden considerar el éxito de X-Men: Días del futuro pasado y no el fracaso de Terminator Génesis. De manera muy interesante, el propio J.J. Abrams no intentó aplicarla en Star Wars, aunque los estudios Disney optaron por una salida incluso más drástica: declararon todo el Universo Expandido anterior a El despertar de la Fuerza como fuera de canon, sin pretextos narrativos de ninguna clase, y punto final, para fastidio de los fanáticos que llevaban años gastando toneladas de dinero y acumulando novelas, cómics, videojuegos... Puede que sea rebuscado, pero las paradojas temporales tienen su punto amable de cara a los fanáticos de la continuidad original, después de todo.

69.- Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 1 (2.010).

Ya habíamos mencionado la influencia que tuvo Harry Potter en la cultura popular, una influencia tan grande que hasta Alan Moore se permite incluirlo como personaje, sin mencionarlo por nombre por el tema del copyright por supuesto, en 2009, la tercera parte de la trilogía Century de La Liga de los Caballeros Extraordinarios, sobre la que viene una Interminablelogía en camino acá en la Guillermocracia, por cierto. Pero para el gran final, Harry Potter se inventó una nueva idea para sustraerle ladinamente el dinero de los bolsillos al público para mejorar el nivel de las adaptaciones de novelas al cine. Una queja recurrente de los fanáticos era que las películas abreviaban las novelas sacando puntos vitales del argumento, lo que parece ser cierto si se considera que la saga de películas tiene varios agujeros de guión bastante considerables. En How It Should Have Ended por ejemplo se burlan de que la saga debería haberse acabado a la altura de la tercera película, simplemente aplicando la tecnología del viaje en el tiempo, lo que parece que en las novelas sí tiene una explicación plausible; quienes las hayan leído, me informarán al respecto. ¿Y qué hicieron entonces los genios de la productora? Dividieron la adaptación del último tomo en dos partes, de manera que en 2.010 se estrenó Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 1, y en 2.011 se estrenó Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 2. Por supuesto que ellos dijeron que esto no tuvo nada que ver con que ya no habían más novelas hacia adelante que adaptar, que la séptima novela cerraba la historia de Harry Potter para bien, y que por lo tanto, esta maniobra ayuda a hacer caja, haciendo que los fanáticos pasaran una vez adicional por la boletería, y naturalmente que yo me lo creo, léase lo anterior en modo sarcástico también por supuesto. El caso es que la idea de dividir la adaptación de la última novela de una saga en dos películas fue imitada después por Crepúsculo (Amanecer Parte 1 y Amanecer Parte 2), por los Juegos del Hambre (Sinsajo Parte 1 y Sinsajo Parte 2) y Divergente (Leal y Ascendant, esta última con estreno programado para 2.017). La moda llegó incluso hasta el Universo Cinemático Marvel, que no tiene el pretexto de adaptar material literario o comiquero de base más allá de ser una franquicia basada en el Universo Marvel de los cómics, pero que de todas maneras amenaza con un Avengers: Infinity Wars Parte 1, y Avengers: Infinity Wars Parte 2. Pero, ¿funcionó con Harry Potter, a lo menos? Digámoslo así: en Honest Trailers, esta película fue catalogada como "la que te puedes saltar"...

70.- Alicia en el País de las Maravillas (2.010).

¿No son dulces las reconciliaciones? Tim Burton y Disney se fueron a las patadas porque el estilo oscuro y gótico del animador chocaba con el trabajo más almirabado de la compañía del ratón, pero un cuarto de siglo después, habiendo Burton rodado varias películas que se cuentan entre lo mejor de la década de 1.990, pero afrontando un cierto declive, ambos negociaron: Disney iba a financiar Frankenweenie, largometraje irónicamente sobre el mismo corto de la discordia en su tiempo, y a cambio, Burton iba a rodar cierta cosita llamada Alicia en el País de las Maravillas. Que Burton era el peor director posible para el trabajo lo testimonian sus propias palabras: la novela y otras películas son "siempre una chica vagando alrededor de un personaje chiflado a otro, y nunca sentí ninguna conexión emocional"... Considerando que ese vagabundeo al azar es muy apropiado para una novela que se basa en el absurdo y el sinsentido existencialista, ya nos podemos dimensionar el tamaño del marrón: es como rodar una película de Superman, pero como un hombre con superpoderes es demasiado inverosímil y no se puede conectar con el concepto, entonces será una película de Superman sin superpoderes. Pero Lewis Carroll el autor de la novela original ya no estaba ahí para protestar, y lo importante era hacer caja... y Alicia en el País de las Maravillas la hizo: superó la barrera de los mil millones de dólares. Ayudada por las entradas en 3D probablemente, pero eso qué más da. Y siendo la película mediocre que en definitiva es, aún así Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton generó escuela: varios estudios prestaron atención, y se lanzaron a trabajar los viejos cuentos de hadas, pero ahora en versiones más burtonianas, o sea, más góticas u oscuras. Ahí están Blancanieves y la leyenda del cazador, Hansel y Gretel cazadores de brujas, La chica de la capa roja con Amanda Seyfried, Oz: El poderoso, Maléfica... Aunque después de La Cenicienta de 2.015, la Disney parece haberse alivianado un poco, y ya no quiere producir historias tan góticas, privilegiando en cambio el remake almibarado de sus propios cuentos de hadas clásicos. A la vuelta de algunos años, comentamos en qué quedó toda esta moda.

71.- Los juegos del hambre (2.012).

Después de Crepúsculo, la fórmula ganadora parecía ser escribir una trilogía de novelas que hibridara un romance adolescente por un lado, y una historia con criaturas mágicas o en una realidad como la nuestra pero con monstruos en la sombra. En medio de eso, y de manera quizás inadvertida porque es contemporánea a la película de Crepúsculo, la novela Los juegos del hambre de Suzanne Collins usaba más o menos el mismo concepto, pero atreviéndose con un género habitualmente reservado al frikismo terminal: el futuro distópico. La película se hizo esperar hasta 2.012, y lanzó al estrellato a una entonces Jennifer Lawrence que ya había dado de que hablar como una joven Mystique en X-Men: Primera generación. El nuevo filón tuvo éxito inesperado, y pronto surgieron o intentaron surgir nuevas películas basadas en adolescentes luchando contra el sistema en futuros también distópicos: las franquicias basadas en Maze Runner y Divergence, y al momento de escribir estas líneas, está por verse si La quinta ola también lo logrará, aunque sea para salvar la carrera de una Chloë Grace Moretz que todavía debe transitar de actriz infantil a adulta. Irónicamente, el nuevo trabajo de la escritora de Crepúsculo podría haberse encaminado en dicha dirección, pero La huésped de 2.013 se mandó un estrellón de nivel distópico precisamente, y bien podría haberse cargado la todavía promisoria carrera de Saoirse Ronan... aunque se las compuso para salir del bache con Brooklyn.

72.- Los Vengadores (2.012).

Esta serie de posteos Block40busters aquí en la Guillermocracia, partió en atención a los cuarenta años que Tiburón de Steven Spielberg cumplió en 2.015, pero no incluiremos ninguna película de 2.013, 2.014 o el mismo 2.015, por la sencilla razón de que al momento de escribir estas líneas, como explicábamos más arriba, no termina de ser claro cuáles marcarán tendencias de cierta permanencia en el tiempo. Por eso nos detendremos en Los Vengadores de 2.012. En realidad, un poco como los Premios Oscar a El retorno del rey que en realidad eran de manera disimulada para toda la franquicia, hablar de Los Vengadores es hablar de la Fase 1 del Universo Cinemático Marvel en su conjunto. Porque el éxito de Los Vengadores fue apoteósico: en su minuto con sus 1.500 millones de recaudación se convirtió en la tercera película más taquillera de la Historia sin ajustes por inflación, debiendo esperar hasta 2.015 para ser relegada a lugares inferiores por Mundo Jurásico y El despertar de la Fuerza. ¿La lección aprendida por los estudios? Un proyecto en donde varias películas con historias separadas confluyen dentro de un único universo, sí tiene posibilidades de éxito. Eso sí, la logística y recursos brutos necesarios para una empresa como ésta, considerando que casi todo blockbuster debe rodarse con un mínimo de 100 millones de dólares, y un proyecto como éste debería proyectarse para un mínimo de cuatro a cinco películas, implican que debe elegirse la franquicia con un cuidado supremo. Hasta el minuto, la única que parece querer intentarlo en serio es la Universal, con su intento de convertir a Drácula: La historia jamás contada de 2.014 en el inicio de un universo compartido con los monstruos de la Universal como protagonistas. Otros estudios en cambio se han decantado por el recurso más fácil de aprovechar franquicias ya establecidas para lanzar spin-offs a mansalva. Warner quiere ir en esa dirección convirtiendo a Batman vs. Superman: El origen de la justicia, la secuela de El Hombre de Acero, en una semilla para una futura película de la Liga de la Justicia, además de películas individuales de varios superhéroes de DC Comics. Sony lo intentó con Spiderman, pero después de que la segunda entrega del reboot con Andrew Garfield no resultara el éxito demoledor que esperaban, los planes para una película de los Seis Secretos fueron cancelados. La FOX a su vez decidió apostar por segunda vez por diversificar su franquicia de los X-Men, luego de dos entregas discretas de Wolverine, y en 2.016 estrenó Deadpool con un éxito notable para una película de superhéroes en principio que no está pensada para niños precisamente. Y la Disney, además de tener al Universo Cinemático Marvel en cintura, aspira a lograr lo mismo con los proyectos spin-offs de Star Wars dedicados a Rogue One, a Han Solo y a Bobba Fett. Por lo que podemos hacernos una interesante pregunta aquí: ¿está incubándose acaso una peligrosa burbuja cinematográfica en donde cada estudio apuesta a proyectos demasiado grandes para caer, y cuyo pinchazo podría llevar a pérdidas devastadoras? Eso, el tiempo lo dirá. El tiempo y sus spin-offs, por supuesto.

¿Es demasiado deprimente dejar esta serie de posteos en el año 2.012? Entonces apuntaremos sobre cuáles podrían ser las tendencias implementadas hasta ahora, a comienzos de 2.016. Una de ellas podría ser la película espacial de Física con pretensiones realistas: la película clave aquí es Gravedad de 2.013, y sus seguidores serían Interestelar de 2.014 y Misión rescate (The Martian) de 2.015. Sin embargo, este tipo de cine tiene un público más o menos limitado precisamente porque su afán de cierto realismo y verosimiltud impide el desmelene propio de las franquicias de superhéroes, por ejemplo. Podríamos considerar también a Maléfica de 2.014 como un posible eslabón perdido entre la película de cuentos de hadas de tintes góticos al estilo de Alicia en el País de las Maravillas de 2.010, y una versión más amable y edulcorada del mismo tópico, seguida por La Cenicienta en 2.015, aunque todavía está por verse si esto se convierte en una nueva tendencia o apenas el desarrollo de la anterior. Y por último, cabe la posibilidad de que Deadpool en 2.016 inicie una nueva moda de superhéroes gamberros que se burlen de las convenciones de un género que desde Iron Man y The Dark Knight se ha vuelto quizás demasiado serio o solemne, y por ende, algo necesitado de volver al carácter simple y escapista con el cual nacieron los superhéroes en primer lugar. Si la Guillermocracia llega viva hasta el año 2.025, entonces quizás podríamos ensayar un Block50busters para ver en qué queda todo...

中國市場:最後的邊疆 (El mercado chino: La frontera final).

5 comentarios:

Víctor Luís Herbonniere Navas dijo...

Hola Guillermo, espero que llegues hasta 2025, de verdad.

Siempre me ha llamado la atención lo de Honest Trailers, eso de que la parte uno de Harry Potter 7 es la "saltable". ¡Si es la mejor de David Yates! Esa parte del libro siempre fue muy... indie, y experimental para la autora, me parece, y es muy del estilo de Yates, que le viene como un anillo al dedo. Me hubiese gustado que sólo dirigiese esta, porque el resto de su aporte para la saga del mago va desde lo insultantemente mediocre hasta lo insultante en sí. Momentos como lo de romper la varita de sauco en lugar de, y cito: "devolverla a su auténtico dueño" en el sepulcro casi me hace llorar de mal gusto. Y de paso leí por ahí que la sexta pudo haberla dirigido cuarón, en fin...

Lo de los giratiempos sí es un poco tramposo, incluso en los libros. Pero allí se les trata como objetos de mera experimentación. De hecho, en el quinto libro se les toma en cuenta como una posibilidad de vencer al enemigo, pero como todos se encuentran en posesión del ministerio, y éste tiene conflictos con el colegio, no pueden usarlos. La probabilidad se reduce a cero cuando los héroes irrumpen en el mismo y, durante la batalla con los mortífagos, destruyen medio departamento de misterios (que es como el area 51, en materia de experimentación) incluyendo a muchas salas de estudio, como la del alma y la del tiempo, en la que se encontraban todos los giratiempos en construcción. Nada de eso se muestra en la película.

Cambiando de tema, son los "Seis Siniestros", no los "Seis Secretos", aunque el guión de dicha película sí lo sea.

En fin, espero que llegue pronto la interminablelogía de la liga extraordinaria, aquí tienes un lector asiduo. Un saludo.

Martín dijo...

Me gustó en análisis, pero no sé el porqué, ya que no es algo ta importante (y creo que ni siquiera es importante), pero me llamó la atención que entre los "sucesores" de Trasformers no hayas puesto a Pacific Rim. ¿Será porque bebe más de Evangelion que de los autobots?

Guillermo Ríos dijo...

@Victor_Luis_Herbonniere_Navas, a mí por el contrario la séptima entrega casi me hace dormirme en el cine, es la única de las películas de Harry Potter que ha tenido ese efecto en mí. Aunque tiene sus momentos, en particular la secuencia animada explicando la historia de las reliquias, que me pareció una de las escenas más inspiradas de la saga completa.

Yo en lo personal soy partidario de que una obra tiene que ser lo más autónoma posible, dependiendo el mínimo de otras referencias anteriores. Desde el minuto que ciertos aspectos de las películas sólo se comprenden o tienen lógica según la información proporcionadas por las novelas, la película en sí comienza a fallar. Es lo que pasó con Ginny, por ejemplo. Hasta donde sé, porque no he leído las novelas, el personaje en las novelas era secundario, pero tenía su propio arco narrativo aparte, y por lo tanto, hace sentido que su protagonismo crezca al final. En cambio en las películas, al haberla dejado casi por completo de lado, cuando se reencuentra con Harry y se abrazan como si fueran grandes amigos, los espectadores que no teníamos idea nos quedamos con una cara de "¿y esto?" porque, en efecto, para los que seguimos la historia a través de las películas es algo que salió de la nada. Cuando se hace una adaptación y se decide prescindir de tal o cual aspecto de la narración, uno debe preguntarse qué impacto tiene ese cambio en la dinámica de personajes y situaciones, y arreglar las cosas en concordancia, para que la adaptación calce completa. La adaptación no es parte de la continuidad de la obra original, sino que crea su propia continuidad, y ésta debe a lo menos tan consistente como lo era la obra original, incluyendo los cambios que se le hayan introducido. Por eso en las películas sí debieron referirse a qué pasó con las máquinas del tiempo y por qué no las usaron para resolver el grueso de los problemas de la serie, incluyendo por ejemplo por qué no viajaron al pasado y mataron al malo en su infancia; no era necesario crear una subtrama completa, sino que con incluir un par de parlamentos alusivos al tema en un diálogo, el asunto quedaba amarrado.

Los Seis Secretos, me ajusté a la nomenclatura de la película. La que ahora no vendrá, como ya sabemos.

Saludos igualmente.

@Martín, existe un par de soberbias, colosales y ciclópeas razones por las cuales no incluí a Pacific Rim en la lista, y esas razones son... una, que no me acordé, y dos, que se me olvidó. Ups... Pueden apuntarlo a mi lista de descuidos, por supuesto, y claro está, concedo el punto, es muy posible que jamás hubieran financiado Pacific Rim si no hubiera existido el precedente de que el éxito económico de las películas de los Transformers hacían viable una historia de robots gigantes contra monstruos gigantes.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Me he demorado un poco en leer esta serie de posteos que tanto me han gustado, pero como dice el dicho "Más vale tarde que nunca". Una vez más recordar junto a ti filmes que tantas satisfacciones me han dado, es algo gratificante (siendo en todo caso "Crepus-culo" la única vomitiva que encuentro de este último listado). Por otro lado, destacable es darse cuenta de que las cintas que aquí incluyes aún no llegan a la década de antigüedad desde su estreno y que pese a ello han sido realmente influyentes. Por otro lado, como ñoño de corazón que soy, creo también resulta valioso el hecho de que la mayoría estén basadas en cómics y libros populares, demuestra sin dudas lo valioso que son hoy en día estas expresiones culturales.
Nota 1: ¿Cuándo te harás un banner para incluirte como afiliado en mi blog?
Nota 2: Mañana cinco años de vida del Cubil (con unas líneas dedicadas a la Guillermocracia en el texto respectivo).

Guillermo Ríos dijo...

Lo dicho, no he incluido a las películas por criterios de calidad, sino por la influencia, y es innegable que Crepúsculo ha sido una de las películas más influyentes de los últimos años, aunque esa influencia sea más bien negativa, en mi opinión por lo menos.

Que muchas películas de éxito estén basadas en cómics y libros me parece un arma de doble filo. Por un lado, vale, es una buena reivindicación de eso llamado genéricamente la cultura popular, lo que no me parece mal, por supuesto. Pero por el otro, pienso que al cine comercial se le está yendo la pinza con tanta secuela, precuela, remake, adaptación, franquicia, etcétera. Es cuestión de echar un vistazo a los Top Ten de películas más taquilleras de cada año; hasta la década de 1.990 esos lugares solían corresponder a guiones originales, o al menos a adaptaciones de novelas, mientras que hoy en día casi no hay película que llegue a ese lugar sin ser parte de una franquicia basada en lo ya dicho. Es decir, me parece bien reivindicar a los personajes populares, pero cuando se hace hasta un punto que ese cine se está comiendo todo lo demás, creo que termina empobreciendo el panorama cinematográfico en general. Y lo dejo hasta ahí porque el tema es muy discutible y opinable, por supuesto; puede que al final no sea para tanto, y apenas es que yo soy un carcamal reaccionario, lo que puede ser también.

En cuanto a un banner, no está en los planes por el minuto. Ando muy justo de tiempo, y apenas me da tiempo para mantener la Guillermocracia con un posteo a la semana.

Ya me di una vuelta por el Cubil, y dejé las felicitaciones respectivas, las que reitero, naturalmente, porque son muy merecidas. Y se agradecen las líneas dedicadas. En cuanto a mí, cómo decirlo... me faltan como un par de meses de posteos del Cubil por leer, pero ya me pondré al día.

Saludos cordiales, y ahora a por el sexto año, el de la Guillermocracia para el que faltan tres meses, y el del Cubil para cuando sea el fasto.

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

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