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jueves, 4 de febrero de 2016

Block40busters (4 de 6).


A mediados de la década de 1.990, el blockbuster como estilo de hacer cine, pasó por horas bajas. Ya nadie se creía los excesos y mamarrachos del cine de la década anterior, y en medio de la era Grunge, lo que llevaba el pandero eran las películas más independientes y personales, fenómeno que alcanzó su cúspide con el estreno de Pulp Fiction en 1.994. Pero esto duró sólo algunos añitos. A finales de la década, el blockbuster iba a experimentar una gloriosa resurrección, a la manera en que sólo un blockbuster puede hacerlo: ¡Explosiones!, ¡Adrenalina!, ¡Exageración! Esto no fue premeditado, claro. En realidad, lo que los grandes estudios estaban buscando era reinstalar el concepto de cine como espectáculo para gozar lleno de gloria, y en medio de esto, pasada década y media desde su vergonzoso colapso, trajeron de regreso desde la tierra de los muertos a un género cuyo regreso nadie se creía: el cine de desastres. A partir de entonces, los blockbusters ya no se detendrían más.

37.- Toy Story (1.995).

Para mediados de la década, la tecnología computacional había avanzado lo suficiente como para abordar un nuevo reto: rodar un largometraje completo en animación por computadora. Hoy en día, en que vemos de manera constante a lo menos una de éstas cada semana en la cartelera, el tema no pareciera tener mucho chiste, pero como lo dijimos hace años atrás en Doce cosas grandiosas de los noventas que hoy ya no tienen gracia, en la época fue la revolución que dejó boquiabierto a todo el mundo. En ese tiempo, recuerden los que tengan edad para recordar, cada nueva película de éstas que salía, se promocionaba como "hecha por animación con computadora", algo que hoy en día ya ni siquiera se publicita porque se da por sentado. Los Simpsons, en 2.007, de hecho, se publicitaba a sí misma como la película que se atrevía a ser en 2D... y de éstas ya no se hacen demasiado, particularmente desde la tibia recepción de La princesa y el sapo en 2.009. El detalle gracioso: la primera película de animación por computadora tiene como personajes principales a juguetes porque el trabajo de animar de manera realista a los seres humanos era algo que estaba todavía en el horizonte por venir. Recién en 2.004 sería que Pixar, la empresa tras Toy Story, se atreviera con una película de animación con protagonistas ciento por ciento humanos: Los Increíbles, por supuesto. Bueno, humanos con superpoderes, eso es, o sea, no ciento por ciento. Pero de apariencia humanoide sí, por lo menos.

38.- Daylight: Infierno en el túnel (1.996).

Por alguna razón (¿espionaje industrial?), varias productoras se lanzaron al mismo tiempo sobre los cines con sus propias propuestas para resucitar un género cinematográfico ya fenecido: el cine de desastres. El mismo, recordemos, había sido sepultado por ¿Y dónde está el piloto? en 1.980, por la vía de parodiar sus convenciones de manera tan sangrienta, que parecía haberlo liquidado para siempre... pero década y media después, una nueva generación de adolescentes impresionables había crecido sin el recuerdo de poseidones, infiernos en las torres, aeropuertos o enjambres, y estaban listos para una nueva dosis de cataclismos y espectacularidad. Pero El día de la independencia, siendo una película de desastres de manual, con varios protagonistas e historias paralelas, al ser la catástrofe una invasión alienígena, quedó como una de Ciencia Ficción, mientras que en Twister faltaba el recurso de los varios personajes con trasfondos paralelos, centrándose en un equipo protagonista. La película que siguió las convenciones al pie de la letra, hasta el punto de casi anularse a sí misma en lo que a creatividad se refiere, fue Daylight: Infierno en el túnel, con la cual Sylvester Stallone intentó mantenerse a flote en una década bastante complicada para él, y en donde el actor interpretaba al heroico rescatista de un montón de personajes atrapados en un túnel, en el cual por supuesto las pruebas y tribulaciones se acumulaban. La crítica la hizo pedazos, acusándola de ser un cliché ambulante, mientras que la taquilla fue algo más amable. Al año siguiente vendrían dos de volcanes (Volcano, y La furia de la montaña), y luego dos de asteroides chocones (Impacto profundo, y Armagedón), después de lo cual el ciclo empezó a remitir. Aunque esta segunda horneada de cine de desastres no puede considerarse oficialmente extinta sino hasta 2012, que rodó Roland Emmerich en 2.009... y al momento de escribir esto, todavía está por verse si Terremoto: La falla de San Andrés, de 2.015 con Dwayne Johnson, no termina siendo el preludio de una tercera oleada de películas de desastres. Aunque cualquiera diría que con tanto blockbuster, secuelas, spin-off y películas de reunión tipo Los Vengadores, ir al cine es un desastre cualquier día del año...

39.- El día de la independencia (1.996).

Ahora en 2.016, veinte años después de El día de la independencia, viene una secuela; y es de preguntarse por qué se tardaron tanto, considerando que esta película fue la más taquillera de 1.996, con respetables 817 millones de dólares en taquilla mundial, y es el mayor exitazo del director Roland Emmerich, que desde 2012 en 2.009 ha andado a los tumbos (Anónimo, El ataque...). Pero volviendo a 1.996. En esos años, el señor Emmerich era un cineasta que había rodado algunas cosas en su Alemania nativa (Moon 44), y había tenido algún éxito en Hollywood (Soldado universal, Stargate). En conjunto con su amigo el productor Dean Devlin, se lanzó a crear la película de invasores espaciales definitiva, que se vendió sola gracias a la toma de la destrucción de la Casa Blanca; sólo un alemán gay como Emmerich se habría podido atrever a burlarse tanto del respetado símbolo patriótico estadounidense, y salirse con la suya. Denostada por la crítica y vista como placer culpable por buena parte de las audiencias, El día de la independencia sin embargo es la película que le enseñó a toda una nueva generación de cineastas, cómo debían rodarse las escenas de destrucción ciudadana a gran escala. Estas se habían visto antes, pero nunca a un nivel de devastación como acá, y con el cual sólo rivaliza el anime estilo Tokio explotando en una bola de fuego. Hoy en día, no se puede rodar un blockbuster de éstos sin incluir a lo menos una escena de destrucción masiva de ciudades, como que forma parte del guión estándar del blockbuster, y al hacerlo, no puede dejar de notarse la influencia de El día de la independencia. Sí, a ustedes los estoy mirando, gentes que disfrutaron con la secuencia de la caída de los portaaviones voladores en Capitán América y el Soldado del Invierno.

40.- Scream (1.996).

Después de El silencio de los inocentes, parecía que el Slasher era un género muerto y enterrado, y así lo testimonia el relativo fracaso de la séptima entrega de Freddy Kruger, y el colapso de otras franquicias similares. Pero habían pasado casi dos décadas desde la seminal Halloween de 1.978, y en el período intermedio, había surgido toda una nueva generación de guionistas que habían mamado Slasher en el biberón. Como Kevin Williamson, tipo que en la época rondaba la treintena y que de pronto tuvo una idea muy de Generación X: ¿qué pasaría si rodáramos una película Slasher en la cual los protagonistas se conocieran los códigos y referentes del género, e intentaran utilizarlos para esquivar al asesino? Dirigida por Wes Craven, el tipo que había rodado la fundamental Pesadilla en la Calle Elm, en 1.984. El resultado fue Scream, película cuyo éxito consiguió arrancarle nada menos que tres secuelas. Y por supuesto, no se detiene ahí. El éxito de esta película engendró una segunda oleada de películas Slasher, ahora un poquito más autoconscientes, aunque condenadas a repetir los mismos clichés de los cuales se burlaba Scream. Por supuesto, esta nueva racha de películas Slasher, con el paso del tiempo, acabó cayendo en un relativo olvido.

41.- Titanic (1.997).

¿Alguien hubiera apostado, a inicios de la década de 1.980, que el director de Piraña 2 iba a terminar convertido en el procreador de la película más taquillera de la Historia del Cine, sin ajustes por inflación, y luego iba a superarse a sí mismo y batir su propio récord? James Cameron había mantenido una carrera sólida y consistente: Terminator, Aliens: El regreso, El secreto del abismo, Terminator 2: El juicio final, y Mentiras verdaderas. Y ahora, por alguna razón que el grueso público no acababa de comprender, abandonaba la acción y la Ciencia Ficción por... ¿un romance pasteloso en una ambientación de época? Como sea, Titanic hizo noticia por dos razones. Una de ellas, el extraordinario trabajo de CGI: fue la primera película en donde los efectos por computadora simplemente no se notaron en lo absoluto, resultado que el grueso de las películas de esos años parecían incapaces de alcanzar. Y además de eso, cimentó la moda que se había implementado con Batman, de que las noticias sobre tal o cual película iba a comenzar a darse en términos monetarios. Así, Titanic sobrepasó a Parque Jurásico como la película más taquillera de la Historia, y fue la primera que sobrepasó la mítica barrera de los mil millones de dólares de recaudación, logro que han conseguido apenas veinticuatro películas en total, contando hasta los estrenos de 2.015 y sin ajustes por inflación. Y todo esto en un ambiente de cuchillos afilados, porque se había filtrado que los costos de Titanic se habían disparado, siendo ésta la primera película que costó sobre 200 millones de dólares, aunque sin ajustes por inflación. En cuanto al intento de crear cine histórico de desastres con romance... hubo un segundo intento con Pearl Harbor de 2.001, que no resultó un fracaso económico pero no tuvo ni de lejos el éxito que se esperaba, y por tanto, la moda quedó ahí. Una lástima, porque ideas para otras potenciales películas históricas con desastre más romance en realidad no faltan: una con el hundimiento del Lusitania, otra con la bomba nuclear de Hiroshima, otra con el estreno en cines de El llanero solitario de 2.013...

42.- Armagedón (1.998).

Antes de Pearl Harbor, Michael Bay rodó una de sus películas definitivas: Armagedón. Aunque hablamos de alguien cuya idea de buen cine es meter un montón de explosiones, y que después el guión o los actores se las arreglen como mejor pueda, por lo que el resultado no es exactamente promisorio. En su tiempo, Armagedón fue saludada como una de las cumbres del cine descerebrado, hasta el punto que la NASA utilizó de manera rutinaria una copia de esta cinta como prueba de reclutamiento, pidiéndole al personal que descubrieran tantas fallas científicas como pudieran. A lo largo de Block40busters, hemos incluido los blockbusters más influyentes, pero nunca dijimos que esa influencia tuviera que ser positiva. Porque Armagedón es el gran codificador del moderno cine de explosiones estruendosas, humor básico, diálogos chirriantes, personajes unidimensionales si no directamente oligofrénicos, y mucha, mucha, lo que se dice mucha destrucción de vidas y propiedades. Armagedón es la película que enseñó el camino hacia blockbusters de destrucción masiva como las películas del Universo Cinemático Marvel, o El Hombre de Acero de 2.013, además de darle al blockbuster el grueso de la mala fama que éste tiene como concepto entre los críticos, así como en buena parte de la audiencia. La única razón por la que hay gente que le gusta esta película u otras similares, es porque las mismas funcionan como una droga: el público se acostumbra a una inyección de explosiones, y por lo tanto, la siguiente película debe meter todavía más explosiones. Es una manera válida de entretenerse con una película en el cine, por supuesto, pero es tan válida, o tan poco válida, como alimentarse con grasas saturadas en un local de comida chatarra. Tanto la comida chatarra como una nutritiva ensalada con vitaminas son comida y alimentan, pero una alimenta mejor que la otra, y cada quién con su gusto... pero hay gustos más saludables que otros, le pese a quien le pese.

43.- Rescatando al soldado Ryan (1.998).

Hoy en día, la reputación como cineasta de Steven Spielberg es tan sólida, que casi nadie lo asocia a los blockbusters, aunque de ésos tiene unos cuantos que ya han salido en Block40busters, aquí en la Guillermocracia. En 1.998 se atrevió a incursionar en un subgénero fílmico, las películas de soldados del Tío Sam en la Segunda Guerra Mundial, que desde el pesimismo que los filmes sobre Vietnam había inyectado al género bélico, parecía un tipo de cine muerto y enterrado. Su aporte al género fue Rescatando al soldado Ryan, que tomó todo el pesimismo propio de las películas sobre Vietnam, y las llevó a un impecable drama bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Siendo Spielberg el viejo zorro que es, consiguió crear una película con toda la espectacularidad del blockbuster, y todos los valores artísticos del cine serio, resultándole así una de las mejores películas de su trayectoria. Por eso, resulta irónico que tengamos que comentar la influencia de esta película en términos negativos, y no solo porque los relativos fracasos de Pearl HarborLa caída del Halcón Negro cerró una eventual resurrección del cine bélico en el mainstream, o porque el grueso de los actores de la misma pasaron a un discreto segundo plano después. El hecho es que, en esta película, Steven Spielberg mostró la guerra como nunca antes, gracias a dos trucos de filmación: la cámara en mano, y el coloreado de la película con tonos terrosos, recursos ambos que habían sido muy escasamente utilizados en el cine hasta entonces. El problema no son los recursos en sí, como lo prueba que Spielberg los utilizó aquí de manera maestra. El problema es que los cineastas que vinieron después, entendieron (y entendieron mal) que para mostrar la bestialidad de la guerra, bastaban esas dos cosas. Así, la cámara en mano plagó el cine bélico posterior primero, y el cine de acción en general después, hasta el punto que una década después, en las escenas de acción de Quantum of Solace no se distinguía una reverenda porquería acerca de qué estaba pasando en pantalla, mientras que el teñido de las películas, ahora ya no en terroso sino en tonos anaranjados y purpúreos, se transformó en una plaga que ha contribuido sobremanera a que el moderno blockbuster tenga una cierta sensación de irrealidad que dificultan la suspensión de la incredulidad. Aunque considerando que el adolescente promedio de hoy va al cine más para tuitear o guasapear que para, digamos, ver la película que están pagando por ver, no es como que eso sea un gran disvalor...

44.- La amenaza fantasma (1.999).

Década y media después del estreno de El regreso del jedi, George Lucas volvió a su franquicia estrella, Star Wars. Lo hizo con La amenaza fantasma, una película que fue exitosa en la taquilla, pero despertó un increíble nivel de odiosidad que no volvería a verse hasta los haters que se han dedicado a poner a Star Wars: El despertar de la Fuerza como la peor película de la Historia sólo porque recicla las ideas que hacen ser Star Wars a una película Star Wars en primer lugar. Sobre la Trilogía Precuela en general, ya publicamos acerca de sus defectos, en uno y dos extensos posteos acá en la Guillermocracia, y a ellos nos remitimos. Pero con sus enormes defectos, así y todo La amenaza fantasma codificó para el cine moderno el concepto de que las nuevas entregas de una franquicia no necesariamente son secuelas que vayan hacia adelante. La idea de una precuela no es nueva. De hecho, por ejemplo, en las dos tramas paralelas de El Padrino II, la historia de Michael Corleone es secuela de El Padrino, pero la de Vito Corleone joven es, en efecto, una precuela. También existen las precuelas por accidente como Desaparecido en acción II, con Chuck Norris, que fue rodada back-to-back con Desaparecido en acción, pero cuando los productores vieron que la secuela era mejor que la pensada como primera entrega, invirtieron los órdenes de estreno, de manera que la pensada como primera película, al ser estrenada segunda, terminó siendo una precuela de manera inadvertida. Pero La amenaza fantasma es la primera precuela que caló como tal en la conciencia popular. Y con ella, se abrieron los horizontes para un montón de nuevas posibilidades fílmicas. ¿Qué tal las aventuras de un personaje secundario? Entra en escena el spin-off (que ya existía, pero vale lo mismo aquí). ¿Y qué tal una continuidad paralela? Entra en escena aquí el reboot. La verdadera amenaza fantasma aquí no eran los Sith: es la caja de los truenos que George Lucas abrió.

45.- Matrix (1.999).

¿Qué puede resultar cuando un tipo se considera tan genial, que decide rodar una película basada en todo lo que le gusta, mezclado al mismo tiempo, pensando en que al público le entusiasmarán las mismas cosas? Puede parecer una muestra de egotismo supremo, pero no siempre es malo: Star Wars de George Lucas nació, después de todo, gracias a que éste echó a la batidora todo lo que le gustaba: la Space Opera, el Western y el cine de samurais, además de otras influencias. Dos décadas después, y abierto el camino gracias a Sin límites, un thriller lésbico neonoir de bajo presupuesto rodado un poco en los rescoldos de Bajos instintos, los hermanos Wachowski decidieron hacer lo mismo, pero con otros ingredientes de su gusto: el Cyberpunk, el Neonoir, y el anime que venía desde Japón. En muchos sentidos, Matrix fue para finales de la década de 1.990, lo que La guerra de las galaxias para finales de la de 1.970, aunque después, las dos secuelas de Matrix no terminaran de cumplir, y de hecho, mataron la franquicia. Pero aún así, la Matrix original dejó un interesante legado. El más importante es por supuesto haber codificado el Cyberpunk en el cine, género que ya había sido definido principalmente en Blade Runner, pero que nunca había terminado de asentarse bien en la pantalla; irónicamente, vino a hacerlo cuando en la Literatura, el Cyberpunk estaba muerto y había dado paso al Post Cyberpunk, pero eso es otra historia. En segundo lugar, creó una breve moda de películas acerca de cuestionarse qué es la realidad, cuyo ejemplo más destacado en términos de calidad, aunque no de público, puede que haya sido Piso 13; Ciudad en tinieblas de Alex Proyas no cuenta porque es ligeramente anterior, no posterior a Matrix. Y finalmente, Matrix introdujo algunas técnicas al cine de Hollywood desde Asia, incluyendo el wire fu propio del Wuxia que después popularizaría El tigre y el dragón, y el famoso bullet time; ambas serían abusadas hasta el hartazgo en la década siguiente, por supuesto, lo que hace que cualquiera de éstas películas se vea inmediatamente anclada en la primera década del siglo XXI.

46.- El sexto sentido (1.999).

A finales de la década de 1.990, había una cierta ansiedad en el ambiente acerca de qué iba a suceder en el siglo XXI. ¿Por qué? Nadie podía definirlo con exactitud: como la electricidad en el aire, se siente, pero no termina de verse. Simplemente, las cosas iban demasiado bien y existía demasiada prosperidad, y eso no podía ser algo bueno. Después vino el atentado contra las Torres Gemelas en 2.001, y resultó que, en efecto, las cosas estaban demasiado bien para ser cierto. Como de costumbre, el cine se hizo eco de esta espiritualidad, y lo hizo sacando al exterior un puñado de películas de terror que, con el paso del tiempo, terminaron siendo olvidadas en su mayoría. Salvo por El sexto sentido, la creación de M. Night Shyamalan. El cineasta venía de rodar un par de películas que, en realidad, nadie había visto, y para El sexto sentido reclutó a Bruce Willis en una película que, en primera instancia, parecía ser un thriller psicológico, dando el giro hacia lo paranormal recién en su segunda mitad. Por supuesto, esta película terminó definiendo las espectativas de lo que el público quería de Shyamalan, lo que sumado a una relativa incapacidad de éste para romper sus propios moldes, hizo que su carrera como cineasta se desbarrancara. Lo que resulta muy triste, considerando que películas como El sexto sentido o El protegido son simplemente notables, mientras que Signos, La aldea o La dama en el agua, sin ser tan buenas, tienen varios elementos de interés que valen la pena revisitarlas. Pero el legado de El sexto sentido es más profundo que ése. El giro sorpresa al final del argumento como recurso narrativo, es uno de los trucos más viejos del cine, y de hecho puede ser rastreado por lo menos hasta El gabinete del doctor Caligari de 1.919, pero Shyamalan le insufló nueva vida. Desde entonces, un montón de otras películas han intentado replicar el efecto. Lo que estos quiero y no puedo no acaban de entender, es que el famoso giro final de El sexto sentido fue preparado por Shyamalan con un cuidado supremo, con un guión y una puesta en escena extraordinariamente medidas para producir todo su efecto, mientras que el grueso de los guionistas posteriores simplemente los meten porque se ha hecho de recibo, de fórmula y de cliché, que las películas tienen que tener un giro final porque sí. Aunque eso signifique, el colmo de los colmos, contradecir elementos que la misma película ha presentado antes, jugando a la trampa con el espectador y ofreciendo lo que, en definitiva, es un puro y simple contrasentido. O sea, gracias a la imitación a El sexto sentido, es que el más sorpresivo de los giros finales que puede tener una película... es que no tenga un giro final en lo absoluto.

47.- Gladiador (2.000).

En 1.997, Rafael de España escribía en su libro sobre el peplum, género fílmico mejor conocido entre los amigos como películas de romanos, que en medio del auge de los efectos especiales por computadora aplicados a historias de Ciencia Ficción, el viejo cine protagonizado por forzudos haciendo de Hércules o Maciste, era una reliquia del pasado; no podía imaginar que, tres años después, esos mismos efectos especiales por computadora ayudarían justamente a resucitar los viejos pepla. Es fácil reirnos, pero con un poco de humildad, realmente nadie sabe nada, y en 1.997 existían motivos sobrados para pensar que, en efecto, el peplum como subgénero fílmico no iba a regresar. Quien lo trajo de nuevo al escenario fue Ridley Scott, cineasta del que ya hemos incluido Alien y Blade Runner aquí en Block40busters, pero que se la había pasado casi toda la década de 1.990 en horas bajas. En este cuadro, se embarcó a rodar la historia de un general romano caído en desgracia que deviene en gladiador para intentar derrocar al gobierno del tirano de turno. O sea, un peplum puro y duro como las películas de la década de 1.960, pero con toda la fastuosidad de los efectos especiales del paso al siglo XXI. La operación fue coronada con un sonoro éxito: segunda película más taquillera de 2.000, sólo por detrás de Misión Imposible II. Y como dijimos en Siete películas que resucitaron géneros cinematográficos completos, después de Gladiador vino una breve oleada de películas ambientadas en la Antigüedad o en la Edad Media: El rey Arturo, Cruzada, La última legión... Nada mal para un género que parecía muerto. Además, ayudó a que las audiencias se familiarizaran de nuevo con las ambientaciones del pasado, algo que le hizo un favor enorme a El Señor de los Anillos, que es más o menos lo mismo, pero con fantasía, anillos mágicos, hobbits y Cate Blanchett.

48.- X-Men (2.000).

Después de Batman de 1.989, parecía que ahora sí vendría una oleada de películas de superhéroes, y de hecho, habían varios proyectos girando en Hollywood; el más importante de todos, aunque no llegó a rodarse, es una eventual película de Spiderman que hubiera filmado James Cameron, lo que hubiera sido digno de verse, sin lugar a dudas. Pero los relativos fracasos de La Sombra y El Fantasma, las trifulcas detrás de la potencial quinta entrega de Superman, y el estrepitoso hundimiento a pique de las dos películas de Batman dirigidas por Joel Schumacher, parecieron cortar este nacimiento de raíz. Pero en la periferia, alguien tomó nota de que una película basada en una franquicia de Marvel Comics, Blade con Wesley Snipes, lo había hecho bastante bien, consiguiendo incluso dos secuelas para el personaje. Y entonces llegó X-Men. Vista década y media después, X-Men es una película enormemente camp, más cercano al Batman de Adam West que a un recio drama de superhéroes, y sus intentos por verse oscura, incluyendo los trajes negros para sus héroes, sólo la hacen más risible. Pero en su minuto, X-Men fue la revolución. Fue la primera película de superhéroes con un argumento realmente decente desde Batman regresa de Tim Burton en 1.992, fue todo lo oscura que podía ser una película de superhéroes en su minuto, fue la primera película de alto presupuesto que presentó a un equipo de superhéroes trabajando en conjunto en vez de un héroe individual con o sin su sidekick, y además de todo eso, rodada con un genuino amor por el material de base y mucho, mucho talento artesano. Fue la novena película más taquillera de 2.000, por detrás de cosas como Dinosaurio de Disney, Náufrago con Tom Hanks o Lo que las mujeres quieren, pero llegar al podio en una era en donde nadie creía en las películas de superhéroes, habla bien a las claras de lo meritoria que fue y sigue siendo esta película. X-Men le enseñó a todo el mundo que una película de superhéroes rodada con genuino aprecio por los personajes, con un buen nivel técnico, y dejando de lado las chorradas puestas para vender la película a niños tratados como idiotas, podía ser una operación muy rentable. X-Men de hecho engendró una frondosa franquicia que en 2.016 entregará sus octava y novena entregas con Deadpool y X-Men: Apocalipsis. Y además, enseñó la manera en que deben hacerse estas películas. Puede que The Dark Knight haya sido el referente a seguir en materia de superhéroes durante la última década, pero la Trilogía del Caballero Oscuro no habría llegado a existir, o lo habría hecho de manera mucho más descafeinada, sin X-Men y su secuela X-Men II, por no hablar de que nadie hubiera comprado el concepto de Los Vengadores para el cine, si estas películas no hubiera probado que un equipo de superhéroes sí podía funcionar en el cine y en la taquilla.

Y con esta entrega, ya hemos llegado al límite del siglo XX, con su último año. A partir de la próxima entrega nos adentramos de lleno en las procelosas aguas del siglo XXI...

2 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Nuevamente mencionas en tu listado varias películas que me son caras. Me gusta mucho tu mirada acerca del impacto que estas tuvieron para las que le siguieron. Difiero eso sí contigo en dos puntos: primero en lo mal que te refieres a "Armaggedon", que para nada la encuentro tan mala como aquí la presentas (lo mismo con respecto a buena parte del cine de su director, que con "La Isla" y su saga de "Los Transformers" creo ha hecho séptimo arte de ciencia ficción notable, no necesariamente "profundo", pero sí muy entretes y hechas con dedicación). Segundo, creo que la cinta debut de los X-Men se merece mucho más que tus duras palabras al comienzo del apartado dedicado a ella, puesto que tan solo su inicio dedicado a la infancia de Magneto, se encuentra filmado de manera muy fina, como para demostrar la genialidad de lo que le sigue a posterior.

Guillermo Ríos dijo...

A X-Men, no creo haberla tratado tan mal. De hecho, creo que se sostiene bastante bien hoy en día, a década y media de su estreno. La escena inicial con Magneto es notablemente buena, quizás lo mejor de la franquicia, y X-Men: Primera generación, siendo muy buena como película, no pudo mejorar esto. Pero el resto de la película, muy en particular el plan malvado para convertir a los seres humanos en mutantes, es casi volver a citar el hoy en día más o menos difunto cliché del científico loco que con sus maldades va a destruir al mundo. X-Men II peca más o menos de lo mismo, pero mejora el nivel mucho porque no se ve obligada a presentar a los personajes, y además ahonda mejor en las motivaciones de los diversos personajes. Ahora, a esperar que X-Men: Apocalipsis mantenga el nivel...

A Michael Bay lo considero un tipo sumamente inteligente y listo, pero que sólo lo motivan las explosiones y el hacerlo todo más grande y espectacular, como una especie de James Cameron pero con un bidón de cafeína en la sangre, y con eso, su cine pierde mucho para mí. En lo personal, salvo la excelente secuencia inicial de los meteoritos bombardeando Nueva York, no soporto Armagedón en lo absoluto, y mi opinión acerca de los Transformers de Bay, mejor ni la menciono. Eso sí, no he visto las dos películas de presupuesto más bajo que ha hecho esta década (Pain and Gain y 13 Hours), de las cuales me han dicho que Bay se desmadra mucho menos, y por lo tanto los resultados mejoran. Según me han dicho, repito.

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

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