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domingo, 14 de febrero de 2016

12 señales de que ya deberías estar arrancando de tu pareja.


Desde hace algunos años acá en la Guillermocracia, viene siendo tradición que acercándose el 14 de febrero, vienen los posteos enemigos del Día de los Enamorados. Al paso en que vamos, si sumamos otro el próximo año, capaz que lo transformemos en sección permanente, porque después de todo, a razón de uno por año, el próximo que sería el quinto, marcaría media década de tradición. A la fecha ya hemos publicado los clásicos 10 historias románticas que terminan muy mal, y 12 horripilantes mitos románticos y sexuales griegos, eternos Top Ten dentro de los posteos más leídos de la Guillermocracia, lo que junto a la existencia de leyes y tribunales de divorcios algo debería decir. Esos dos, más el no demasiado popular Las cinco etapas del duelo sentimental: La verdadera tragedia es enamorarse, que con su menor cantidad de lecturas, viene siendo el patito feo porque a alguno debía tocarle.

Y para este año, hemos preparado uno de los posteos definitivos en este sibilino arte de romper y destrozar parejas. Lo publicamos hoy día 14 de febrero de 2.016 porque es Día de los Enamorados, por supuesto, y para el día 15, después de este posteo, son de esperar corazones destrozados, anillos arrojados lejos, platos rotos en cráneos, maquillajes corridos por las lágrimas, etcétera. Pero todo por una buena causa. Porque este posteo fue escrito para salvar a las personas buenas, nobles y decentes, de las relaciones tóxicas en las que puedan estar metidos. Si ustedes están en una relación firme, respetuosa y saludable, este posteo no les hará nada. Es más, les ayudará a convencerse de que van por el buen camino y se sentirán aliviados de que no están viviendo algunos de los horrores presentados aquí. Porque este posteo es acerca de lo que pasa cuando estás en una relación tóxica. Es fácil identificar una cuando te insultan, te injurian, te golpean, te muerden, te aporrean, te ultrajan, o te denuncian al Servicio de Impuestos Internos. Pero es menos evidente ante ciertas actitudes que, si te quejas de ellas, te tachan de exagerado, o nadie te cree, o nadie te toma en serio. De manera que, aquí en la Guillermocracia, publicamos a continuación algunas señales o indicios de que esa pareja tuya te está drenando y robando tu vida, tu tiempo, tus esfuerzos o tu dignidad, y lo está haciendo exhibiendo los colmillos con la mejor y más querible de sus sonrisas. De modo que, ¿estás listo para la galería de los horrores? Entonces adelante con este listado de doce señales de que ya deberías estar arrancando de tu pareja, y... Feliz Día de los Enamorados, para quienes consigan pasar invictos hasta el otro lado. Y para el resto... lo mismo en realidad, porque si no es este año, entonces que sea el próximo. Y sin más preámbulos...

1.- Es crónicamente impuntual.

Todas las personas podemos ser impuntuales algún minuto en la vida. Después de todo, a todos nos ha tocado pillarnos en un atasco de tráfico, o que se le agote la batería al celular y no suene la bendita alarma. Además, ciertos retrasos son aceptables. Esperar cinco minutos puede ser un fastidio, pero es más aceptable que esperar media hora. Y luego están los que, en efecto, te hacen esperar media hora. E incluso, rizando aún más el rizo, historia absolutamente verídica aquí... están las parejas que te acostumbran a retrasarse una cierta cantidad de tiempo, y cuando con resignación empiezas tú mismo a llegar más tarde porque calculas la cantidad de tiempo que tu pareja se retrasará, ésta empieza a correr el listón del retraso incluso más, de manera que siempre, lo que se dice siempre, estarás esperando. El problema aquí es que tu tiempo es tuyo, y de nadie más. Esa media hora de tu vida, o una hora completa de tu vida, que perdiste esperando a tu pareja para una cita o compromiso, es una media hora o una hora completa que podías haber aprovechado para hacer cualquier otra cosa, o si se te antoja, para no hacer ninguna cosa en lo absoluto. Tu tiempo es tuyo. Pero si te comprometes a una determinada hora, y cumples, y la otra persona no, entonces ese tiempo deja de ser tuyo: se lo has dado a alguien que, en esencia, lo está tirando a la basura. Las personas crónicamente impuntuales nunca se sienten culpables por ello. Por regla general se autoengañan pensando siempre que "en cinco minutos alcanzo", a pesar de que toda la experiencia previa les demuestra o debería demostrar que no alcanzan ni en cinco minutos ni en media hora. Pero ahí sigue el autoengaño: el cableado cerebral de esa persona ya quedó estructurado de esa manera. No conseguirás hacerla cambiar. No conseguirás que se haga puntual. Y no lo va a hacer por amor a ti. Ella asume que a esa persona, tú la quieres como es, con su cableado cerebral que la predispone a la impuntualidad de manera incluida. Y si llega a aparecerse puntual y a la hora... te saludará con un desafiante "¿ves como si llegué a la hora?", como si tuvieras que agradecerle y felicitarle que cumplió simplemente con lo que prometió.

2.- No controla su temperamento.

Todas las personas tenemos derecho a nuestro día de furia en la vida. Porque hay ocasiones en donde todo, lo que es todo, se junta, y entonces uno explota. Pero una cosa es estallar por haber aguantado mucho durante mucho tiempo, y otra muy distinta que tu pareja estalle día sí y día también, por las nimiedades más ínfimas. Existen dos variantes de esto. La más obvia es el estallido de ira ciclónico que lo arrasa todo a su alrededor. Pero existe una segunda variante más solapada, e incluso más destructiva: la pareja que pone mala cara por cualquier estupidez. Si quieres a tu pareja, entonces verla irritada hará activar tus mecanismos para tratar de contentarla... y tu pareja está contando con ello. Porque, y entiende bien esto... es precisamente por eso es que está poniéndote mala cara en primer lugar. En esta segunda variedad, si intentas responder al fuego con fuego, quedarás tú como el culpable porque ella no ha dicho ni hecho nada, ¿verdad? Poner mala cara para efectos no cuenta. Por supuesto, la excusa de tu pareja irá más o menos en la siguiente línea: "Así soy yo", "No lo puedo evitar", "Es que me enojo y ya no soy yo", y en general, cualquier frase en que esa persona está marcada por la estrella fatal de la ira, y ni va a cambiar, ni va a hacerse responsable porque, según esa persona, no tiene opción. Y para que nos entendamos, eso es mentira. Todos, cuando éramos niños, teníamos estallidos porque éramos niños caprichosos que nos creíamos con derecho a todo. Educarnos, crecer, madurar como seres humanos, implica entre otras cosas el aprender a controlar nuestro temperamento para no lastimar a la gente a nuestro alrededor. De manera que si tienes a tu alrededor una persona que no controla su temperamento, ya sabes: tienes a un niño caprichoso y egocéntrico en cuerpo de adulto, en vez de a... ya sabes... un adulto, en primer lugar. Con todo lo que eso significa.

3.- Sabotea todos tus planes.

Si una relación es algo ligero y sin mayor importancia, todo se resuelve con citas y cosas así. Si una no resulta, entonces no importa. Pero cuando las cosas se ponen serias, entran en escena los planes. Estos pueden ser de los calibres más variados, desde celebrar una fecha especial almorzando juntos en un restaurante, hasta elegir el lugar en donde van a vivir juntos idealmente hasta que se hagan ancianitos juntos. Y es posible entonces que, de pronto, te encuentres con que te entusiasma hacer planes con tu pareja, te imaginas tantas cosas que podrían hacer juntos, tantos lugares a los que ir, tantas personas con las que compartir, tantas actividades nuevas que podrían probar... y la respuesta a todo eso es siempre alguna excusa seguida de un "¿y por qué no mejor hacemos lo de siempre?". Ahora bien, si consideramos que "lo de siempre" es en realidad la relación tal y como está, entonces la única conclusión posible es que tu pareja quiere que las cosas se queden como están, que no adquieran mayor seriedad, que la relación no evolucione... en definitiva, que la está pasando bien contigo pero que no se proyecta más allá. La variante dura y áspera es el puro y simple no, mientras que la variante pasivo agresiva es siempre hacer propuestas en sentido contrario que, adivinaron, llevan la relación de regreso al mismo lugar en donde están. Como decía más arriba, si estás en una relación para pasar el rato, eso está bien, pero si quieres que las cosas evolucionen... éste no es el lugar, y tu pareja no es esa pareja. No es la idea que tu pareja le diga que sí incondicionalmente a todo, pero si no quiere ir a la playa contigo (basado en una historia verdadera), o no quiere presentarte a tus padres (basado en dos historias verdaderas), entonces ya puedes irte desilusionando del tema. Porque el norte cardinal en esto, es que si tu pareja de verdad se proyecta contigo, va a hacer lo imposible por secundar tus planes, o la mayoría de ellos por lo menos, además de proponer los suyos propios.

4.- Experimentas una constante sangría económica en su beneficio.

Es imposible que en una relación de pareja, ambos ganen exactamente lo mismo. Si los dos miembros de la pareja generan ingresos, por definición uno de esos ingresos será superior al otro. Incluso, no hay nada de malo en que una persona salga afuera a trabajar y la otra se quede en la casa cuidando de la familia y la vida en común... en tanto esa repartición de funciones sea hecha sin presiones y de mutuo acuerdo. El problema surge cuando está más o menos acordada una cierta manera de repartirse los gastos... y luego, de pronto, insensiblemente, empiezas a notar que tu pareja nunca logra cumplir con su parte. Que un mes, debes subvencionarla. Luego, dos o tres meses después, debes volver a subvencionarla. Y así, con cada vez más frecuencia y con sumas más grandes. Y por supuesto, esos dineros nunca vuelven. Lo aceptas con resignación porque tu pareja te pone una carita tan linda, y lo hace de manera tan inocente, que es imposible que todo sea intencional, ¿verdad? Bueno, es posible que, en efecto, no sea intencional. Es posible simplemente que todo sea parte de un monumental autoengaño por parte de tu pareja, y por lo tanto tu pareja no sea consciente de que, muy en el fondo, te está explotando económicamente. Pero eso no lo hace menos manipulador. En estos casos, la excusa clásica es ponerse etiquetas contrarias al buen razonamiento económico tipo Adam Smith: "Es que yo no sé qué se me hace el dinero", "Yo siempre he sido desorganizado (o desorganizada)", etcétera. La sugerencia obvia es que la otra persona se organice con los dineros, los escriba en una agenda o en su computador, haga listas... todas cosas que la ayudarían a organizarse, pero que no hará. ¿Por qué? Porque le es más fácil y cómodo explotarte económicamente a ti. Una cruel verdad: Si has caído en las garras de este tipo de persona, lo más probable es que esa persona no se considere a sí misma una aprovechada porque no asume que deba controlar en lo más mínimo su abuso, y por lo tanto, según esa persona, si no pones límites entonces te mereces que te vampiricen económicamente. Ruega porque, además, no te violen en un callejón oscuro, porque con la misma lógica, sería tu culpa por andar vistiendo tan provocativo o provocativa.

5.- Prioriza a todo el mundo menos a ti.

Esta es complicada de encuadrar, principalmente porque juega con el tema del altruismo, e ir en contra del altruismo te deja como una muy mala persona. Porque el altruismo puede ser utilizado para manipular. Veamos. La situación que tenemos aquí, es una en donde tu pareja siempre tiene tiempo y energías para atender las necesidades físicas, económicas y emocionales de un montón de gente a su alrededor: su familia, sus amigos, sus jefes, sus colegas de trabajo, sus compañeros de estudio, su pandilla de parranda... ¿Y de dónde sale todo ese tiempo y esa energía? Pues del tiempo y la energía que debería dedicarte a ti, porque en definitiva, tú eres su pareja y tú deberías ser su prioridad. Por supuesto, en nuestra sociedad se considera a la generosidad como un valor casi absoluto, probablemente porque muy en el fondo nadie es demasiado generoso y por tanto hay su buena cuota de conciencia culpable en esto. Pero de esta manera, reclamar porque una persona es generosa en exceso, te deja a ti como una mala persona, porque eres egoísta. Por supuesto, en toda relación debería haber un saludable equilibrio. Una pareja no puede cerrarse tanto, que los terceros queden absolutamente de lado. Tu pareja tiene otras relaciones y otra vida aparte de la que mantiene contigo, y eso le significa ser hijo, padre, madre, colega, amigo, etcétera, y todas esas relaciones deben ser atendidas. El problema surge cuando esas atenciones te dejan tan de lado, que quedas en el último lugar de sus prioridades, o cerca de ahí. Nos referimos a situaciones en las que están juntos en la intimidad y tu pareja te deja de lado porque alguien la llamó al celular y "es tal persona, podría ser importante, a ver, espera un minutito", y corta toda la chispa del momento. O que cancela compromisos contigo por ir con otra persona. O peor, que cuesta un mundo hacer compromisos con tu pareja porque su agenda está siempre llena con alguien más. La cuestión es que se supone que esa persona es tu pareja en serio porque es alguien especial, pero si esa persona a su vez no te trata a ti de una manera especial... entonces eres tú quien no es una pareja en serio ni eres especial para esa persona. Ya sabes lo que dicen: "Nunca trates como prioridad a alguien que te trata como opción". Aunque en este caso, quizás no necesites salir arrancando. Con caminar silbando distraídamente con las manos en los bolsillos debería bastar. Después de todo, es poco probable que esa persona se haga un huequito en la agenda para salir corriendo a perseguirte...

6.- Se lleva bien con absolutamente todo el mundo.

Es imposible de imposibilidad absoluta, llevarse bien con todo el mundo de una manera normal. Siempre habrá una persona con la cual no podrás congeniar, por los motivos más variados: porque es un prepotente, un egoísta, un insensible, etcétera. Por regla general, todos mantenemos una cierta máscara de civilidad, pero la cosa termina en los buenos modales: "Lo cortés no quita lo valiente". Y luego viene esta clase de personajes, los que se llevan bien con absolutamente todo el mundo, y nadie parece tener nada negativo que decir de esta persona... o si tú eres la persona que tienes que decir algo negativo, te lo callas porque a quien taparán a negativos es a tí, porque cómo eres tan mala persona que no te cae bien fulanito, etcétera. ¿La receta? Esa persona se lleva bien con absolutamente todo el mundo porque domina el arte de la hipocresía con mano maestra. De una manera u otra, esta persona ha aprendido a ajustarse a las necesidades de las otras personas como un guante, pero eso es posible porque, muy en el fondo, a esa persona no le interesa nadie sino ella misma. Esa persona es una cáscara vacía y un cadáver ambulante en el mejor de los casos, y un peligroso manipulador psicológico en el peor. Si tu pareja está en el segundo caso, deberías salir arrancando a perderte, por supuesto, pero, ¿y en el primero? Eso depende. ¿Estás dispuesto a estar involucrado en una relación sentimental en donde sabes que tu pareja es incapaz de sentir amor, y que todas las palabras bonitas que te dice en realidad son gestos vacíos, la programación de un autómata a quien le pulsas determinados botones y te responde de manera robótica todo aquello que quieres oir sólo porque sabe que de esa manera te contenta? Si quieres estar en una relación así, adelante. Pero te lo advierto: la única manera de soportar una situación así en el largo plazo, es mediante el autoengaño, el convencerte de que todas esas bonitas palabras de amor son verdad, en vez de ser lo que son, es decir, frases de conveniencia para mantenerte quieto y halagado en tu lugar. A través de ese autoengaño, lo único que conseguirás es vaciar tu cariño en una persona que jamás será capaz de apreciarlo. A la larga, el resultado es que te convertirás en una cáscara tan vacía como esa persona. Aunque por otra parte, si ya eres esa clase de persona...

7.- Le encanta coquetear.

Un poco de coqueteo en la vida no le hace mal a nadie, aunque sea porque ayuda a la autoestima el sentirse atractivo. Pero luego están las personas que son coquetas crónicas. Necesitan ser el centro de atención. O al menos, no rechazan el coqueteo incluso cuando tú, que eres su pareja, estás sentado al lado de esa persona. De pronto, alguien empieza a hacerle ojitos a tu pareja, tu pareja le sigue el juego, y tú, a su lado, te conviertes en alguien perfectamente invisible: deja de conversar contigo, no te mira, te da vuelta la espalda para conversar con esa otra persona que no eres tú, y en general, deja de prestarte atención. Frente a eso, debemos recordar que el grueso de la comunicación entre seres humanos se produce de manera no verbal. En esta situación, aunque la conversación verbal sea lo más casual posible, la actitud y gestualidad de tu pareja está mandándole un potente mensaje a todos los presentes en la habitación: tu propia pareja está diciéndole a todos los presentes que tú como pareja no vales lo suficiente como para que te presten atención. Lo peor es que esto se convierte en un círculo vicioso: mientras más se reitera esta conducta, más disminuye el respeto que consigues de los demás, lo que a su vez crea justificaciones para seguir reiterando esta conducta... Y además, mirado con mentalidad maquiavélica, no solo te expone a ser víctima de una infidelidad porque pierdes el respeto que te mereces para que te sean fiel, sino que además, al disminuir tu valor, también te haces menos deseables para otras potenciales personas en ese ambiente social que, supuesto de que se termine tu relación con la persona que tienes ahora, podrían ser parejas mucho mejores. De manera que ya sabes: si tu pareja es un coqueto o una coqueta crónicos que te ignoran mientras hacen vida social, huye a perderte. Seguro que encuentras allá afuera alguien que sí manifieste en público signos de que le gusta estar y compartir contigo por sobre cualquier otra persona.

8.- Trata de arreglar tu vida sin preguntarte o considerar tu opinión.

Todos tenemos problemas. Y se supone que parte importante de tener una pareja, es que dicha pareja va a ser tu compañero o compañera para ayudarte a resolver esos problemas, a la vez que tú vas a colaborar en la resolución de los suyos. El punto es que, dentro de una relación saludable, esa ayuda es justo eso, una ayuda y nada más. El encargado de resolver los problemas en tu vida eres tú, y nadie más que tú. La función de tu pareja es prestarte ayuda y colaboración, pero eso es todo. Tú eres un hombre o una mujer capaz de vivir por sí mismo, y se supone que tu pareja es lo mismo, no un niñito o niñita pequeños dependientes de que mami o papi les preparen el biberón. Y luego están las parejas que empiezan a meterse en tu vida y tratar de arreglártelo todo. Por lo general, no haciendo las cosas de manera directa, sino diciéndote lo que deberías hacer, con un tono de voz de autoridad suprema. No me refiero a que tu pareja te aconseje hacer esto o aquello, o te exprese su opinión, por supuesto, sino a aquellos casos en que empieza a hacer cosas por ti sin consultarte, o se excede en lo que has autorizado para que se haga, o peor aún, y esto se basa en una historia verdadera, que empiece a armarte pataletas porque no dejas que te ayude. El mensaje de fondo en estos casos es uno bastante demoledor: "Tú eres un bebé incapaz de cuidar de sí mismo, y yo voy a hacer las cosas por tí porque yo sí que sé, sé mejor que tú lo que te conviene, y por eso, yo sí que seré la solución". Por supuesto, esta solución tiende a ser la que más le conviene a los intereses y gustos de tu pareja, no a los tuyos. En definitiva, lo que esa persona no quiere hacer es escucharte, porque de hacerlo, implicaría darle importancia a las cosas que tú quieres, mientras que lo que esa persona realmente busca es hacer lo que ella quiere, dirigiendo tu vida en la dirección que más le conviene a ella, como si fueras una herramienta para construir la felicidad de tu pareja en vez de ser una persona con deseos y motivaciones propias. Salvo que desde el principio quieras ser tratado como bebé y que alguien más se haga cargo de tu vida, en cuyo caso no es mucho lo que puedo decir. Tú sabrás.

9.- Te fuerza a tener sexo.

En condiciones normales, darle alegría y holganza al cuerpo debería ser la expresión del cariño puro y bueno que se tiene una pareja. En ese sentido, el sexo debería ser una actividad más o menos espontánea. Eso no quiere decir que no se pueda programar, y de hecho, considerando el tráfago de la vida moderna, a veces es prudente ponerse de acuerdo y de antemano que "esta noche nos toca". Pero el punto es que, en este caso, dicha programación es espontánea y nace del saludable intercambio de sentimientos, y no se negocia en una gélida sala de auditorías contables. La cuestión es que tienes todo el derecho del mundo a no querer tener sexo de tarde en tarde. Y ojito, hoy en día se reclama esto como un derecho para las mujeres, pero también vale para los hombres. Eso de que el hombre está siempre ansioso y dispuesto, y que basta que una chica le ponga caritas y un poco de lencería para encenderlo... eso es un mito. La cuestión es que el sexo no debería ser nunca una actividad a la fuerza. Por supuesto, las maneras de forzar al sexo pueden ser diversas. Un hombre puede optar por medios más, digámoslo así, físicos, mientras que una chica puede recurrir a recursos de manipulación psicológica: pataletas, llantos, "ya no me quieres", "tú no me deseas", etcétera. Si en algún minuto te sientes obligado a tener sexo únicamente porque tu pareja te va a armar una escena... es que algo no está funcionando bien en la relación. O mejor dicho, algo no está funcionando bien para ti; a tu pareja, maldita sea si le importa eso, en tanto pueda obtener sexo y después dormirse feliz. Sin pensar en ti o en tus necesidades emocionales, por supuesto.

10.- Te fuerza a NO tener sexo.

La situación reversa de la anterior también puede ser, irónicamente, una señal de que deberías arrancar a perderte. En términos económicos, las relaciones de pareja comunes y corrientes configuran un monopolio del sexo: si quieres sexo, debes tenerlo con tu pareja y nada más que con tu pareja. Por supuesto está el tema de las parejas experimentales que incursionan en diversiones tales como los tríos, las orgías y el mundo swinger, pero eso suele estar reservado para tu vecino más que para ti. Lo habitual es que en una relación seria, se sobreentienda la fidelidad y la monogamia sexual. Ahora bien, si sabes algo de economía, ya sabes lo que pasa con un monopolio, ¿verdad? En términos económicos, los monopolios disminuyen la calidad y aumentan el precio, porque el monopolista tiene todos los incentivos del mundo para cobrar, y los menos para dar. Resultado: la persona más ansiosa de sexo puede ver que, de pronto, de manera insensible, ante cualquier incidente, cortar los manantiales de la sexualidad puede transformarse en el equivalente a las ojivas nucleares en la geopolítica internacional. Por supuesto, esto no debería ser así en una relación de pareja saludable. En una de estas relaciones, los problemas deberían conversarse de manera franca y honesta, transar, llegar a acuerdos, y después darle alegría al cuerpo. Porque está bien que a veces no haya sexo por cansancio, dolor de cabeza, etcétera, e incluso porque ambos están de acuerdo en un matrimonio blanco, pero cuando esa renuencia se vuelve una actitud crónica de presión para doblegar a la pareja y ceñirla a lo que uno quiere... eso ya no es normal.

11.- En todas las discusiones trata de dar vuelta el problema apuntándote a ti.

Las personas manipuladoras, de manera prototípica, intentan forzar las situaciones ubicándose de una manera tal, que ellas se transforman en las pobrecitas víctimas, y las personas a quienes intentan forzar, en sus victimarios. De esta manera, desatando una lógica de inocentes y culpables, consiguen salirse con la suya. Pero a veces, si la otra persona termina por no dejarse manipular y comienza a apuntar todos los problemas relacionados, entonces se le acaba el juego. En una relación saludable, los problemas se conversan y las expectativas se negocian. Pero una persona manipuladora no está dispuesta a conversar los problemas porque eso significaría asumir una cuota de responsabilidad, y no está dispuesta a negociar las expectativas porque eso significaría dignificar a su pareja; si una persona está embarcada en un comportamiento manipulador dentro de la relación es porque precisamente no quiere ceder cuotas de poder. Responsabilizarse por algo o dignificar a la otra persona implica en ambos casos empoderar al otro, y eso es algo que el manipulador no querrá hacer jamás, o de lo contrario se le acaba el poder de manipulación. Pero como alguien tiene que hacerse responsable por el desastre, entonces lo que hará es tratar de volver todo el problema en contra tuya. Así, no es que tu pareja sea atropelladora, sino que tú eres poco comprensivo, y no es que tu pareja no se esfuerce, sino que ella es así y no puede evitarlo, etcétera. El mensaje subliminal es que las cosas funcionarían si tú dejaras de cuestionar a tu pareja y aceptaras sus actitudes de manera acrítica, incluyendo todas aquellas que te perjudican directamente. En definitiva, que el amor es martirio, en particular si el o la mártir eres tú.

12.- Acepta con resignación que la relación está terminándose.

Supongamos en que, actuando casi como un abogado, consigues armar un buen caso, juntas todas las piezas del comportamiento de tu pareja, y demuestras de manera clara e incontestable, con hechos y cifras, que en realidad tu pareja ha sido la conflictiva a lo largo de toda la relación. Ahora, para esta potencial persona imposible, ya no hay lugar en donde esconderse. Has acorralado a tu pareja y no hay manera alguna en que ella pueda salirse con la suya porque todas las armas de manipulación se le han agotado: si estalla, quedará en evidencia como un o una idiota, si pone mala cara lo mismo, si te sonríe quedará como un manipulador, etcétera. El camino lógico para sostener la relación sería entonces que tu pareja cediera y llegaran a alguna clase de acuerdo o consenso. Pero entonces escucharás algo sorprendente: tu pareja dirá, quizás con lágrimas en los ojos, que "en realidad soy una mala persona y te hago daño, es mejor terminar y así estás más feliz sin mí". Es el juego de manipulación final: tu pareja está jugando el gambito de la inmolación en el cual te demuestra con sus lágrimas lo mucho que te quiere y que aprecia tu bienestar, tanto que sacrificará su propio amor para que seas feliz siendo libre o estando con alguien más. ¿Recomendación? No creas una palabra. Son lágrimas de cocodrilo. En realidad, tu pareja está tratando de salirse desesperadamente de la relación sin terminarla ella, para así seguir quedando de pobrecita víctima. Eso te deja dos alternativas. Si le compras el gambito, te enternecerás y dirás que lo intenten una vez más, porque ves a tu pareja entristecida y te dices que no puede ser tan mala persona si lo siente de manera tan sincera, ¿verdad? Y si no le compras el gambito, entonces la relación se acaba, y tu pareja queda libre para buscarse una nueva víctima a la que sí pueda manipular. En cualquiera de los dos casos, tu pareja gana porque te puede seguir manipulando a ti, o podrá buscarse a alguien más fácil de manipular que tú. ¿Mi recomendación particular? No compres. Corre. Huye a perderte. Si has dado lo mejor de ti en una relación, te mereces algo mejor. Por algo, este posteo se llama 12 señales de que ya deberías estar arrancando de tu pareja y no algo así como 12 maneras de quedarte, ¿no? Feliz Día de los Enamorados...

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