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jueves, 11 de febrero de 2016

10 intentos por ser más grandes que Jesucristo (2 de 2).

En la entrega anterior de 10 intentos por ser más grandes que Jesucristo, veíamos varias tentativas por desplazar el mensaje y ministerio cristiano, en manos de religiones y creencias filosóficas que buscaron ser sus rivales. En la presente entrega ya estamos terminando el siglo XIX, y una vez más, nos encontraremos con algunas interesantes sorpresas. Y partimos con el filósofo favorito de todos, Friedrich Nietzsche, el santo patrono de todos los tipos cuyo aspecto en común es querer ser especiales y fuera de lo común, precisamente. Y que en su camino de ser fuera de lo común, fue otro de los que intentaron derrocar al Cristianismo. Con los resultados predecibles, por supuesto.

Y hacemos la misma advertencia que en la primera parte de este posteo: analizamos el tema desde un punto de vista histórico, con la dosis de saludable chanza que es el sello de fábrica de la Guillermocracia. Este no es ni pretende ser un posteo proselitista. De manera que quienes intenten agarrar este posteo como bandera para decir cosas como "JESU TEAMA LOS KENO CREAN ENEL SVAN A IRAL INFERNO LO DCE LA BBLIA", así con faltas de ortografía y todo, háganse un favor y absténganse, porque la recepción no va a ser buena. Y sin más preámbulos, sigamos adelante con nuestro tema.

6.- Friedrich Nietzsche.

Con Alemania hemos topado. La Alemania romántica del siglo XIX era substancialmente diferente a la que conocemos ahora. Una nación que ahora es tan estéril que lo máximo que puede sacar son bandas de música militar como Rammstein, gentes que terminaron de perder mi respeto con el aburridísimo Liebe ist für alle da, y cuya idea de dirigencia política es una Angela Merkel que parece la reencarnación anacrónica del último Kaiser Guillermo, en los siglos XVIII y XIX era capaz de parir a gente como Goethe, Schiller, Beethoven, Schubert, Schumann... Después vino Otto von Bismarck, la gran estampida de los intelectuales liberales fuera de Alemania, y el nacimiento de la Alemania conservadora y llena de Menschmaschinen que conocemos hoy en día. Y en medio de todo esto surgió la figura de Friedrich Nietzsche. A saber si fue de los mejores filósofos de todos los tiempos, pero si contamos entre los más egóticos, lo encontramos a él, sin lugar a dudas. Para Nietzsche, el Cristianismo era la bestia negra. El ego de Nietzsche era incapaz de aguantar a una religión que enseña a andar por el mundo con la cabeza gacha, no vaya a ser cosa de que Dios se ofenda o algo por el estilo. Nietzsche no tomó a Zaratustra como el personaje protagonista de Así habló Zaratustra por nada. Su libro, supuestamente, iba a ser para la Nueva Era, los siguientes dos mil años, lo que el Evangelio de Cristo para los casi dos mil años precedentes. O sea, como la Era de Acuario, pero en versión pagana grecorromana, porque a Nietzsche le rayaba lo apolíneo y lo dionisíaco, el espíritu olímpico, la competición por la vida, etcétera. Estoy seguro de que si Nietzsche no hubiera estado lo suficientemente enfermo para esas fechas, seguro que hubiera tenido su ticket en las primeras Olimpíadas modernas, las de 1.896, que se celebraron cuatro años antes de su fallecimiento.

Supernietzsche.
Contra lo que se cree, y ayudando a difuminar el escándalo entre la gente más beata de la parroquia, su celebérrima frase "Gott ist tod" ("Dios está muerto") no es una proclama agnóstica, atea o satánica como podría parecer, sino la simple realidad de que, en el siglo XIX, el Dios Cristiano ya no era tan creíble como fuente de una moral absoluta, como lo había sido en los siglos precedentes. El mismo Nietzsche lo acredita en las líneas de La gaya ciencia en que escribe la frase: "¿No es la grandeza de nuestra obra demasiado grande para nosotros?". Y si no podemos soportar el vivir sin el Dios Cristiano al cual los occidentales nos hemos esclavizado durante dos milenios, entonces... ¡Nietzsche al rescate! El Así habló Zaratustra aparece así como el Nuevo Evangelio. Las cosas no resultaron tan sencillas, por supuesto. Vino la lectura racista de Nietzsche que hizo mucho por desprestigiar su filosofía, lo que prueba que sus divulgadores no lo leyeron bien, no lo quisieron leer bien, o no lo leyeron en lo absoluto, porque el Ubermensch, el Superhombre nietzscheano, en realidad no tiene un componente biológico sino que es la evolución moral personal más allá de lo biológico, justamente. Además, siendo un filósofo, y tal como suele ocurrir con los filósofos, sus ideas no permearon demasiado en las masas. Es seguro afirmar que es más conocido el Nietzsche de parque temático, incluso la idea de que Superman sería un personaje nietzscheano, lo que puede ser o no a según la interpretación, que la obra nietzscheana propiamente tal. Pero por intentarlo, al menos Nietzsche lo intentó. Porque si es por criticar el fracaso monumental de Nietzsche en crearse una especie de religión filosófica, entonces podríamos decir que Nietzsche se abocó a semejante tarea en su vida, mientras que tú... ¿qué haz hecho tú con tu vida? Nietzsche tendría un par de cosas que decir al respecto.

7.- Adolf Hitler.

Al último, ¿qué pretendía Hitler? Probablemente ni él mismo lo sabía con claridad. Hay una cierta creencia de que su sueño final era la conquista planetaria total, pero esto resulta quizás algo exagerado. Lo que sí pretendía Hitler, era crear una Gran Alemania bajo la forma de un Tercer Reich, que englobara a todas las naciones de etnia o al menos de habla germánica, y que dicha Alemania fuera racialmente pura. Que el propio Hitler no fuera un rubio de ojos azules, sino un canijo que no hubiera pasado los exámenes para formar parte de su propio cuerpo de guardaespaldas, es una ironía de la que él mismo no parece haberse dado demasiada cuenta. El caso es que, a la hora de darle un perfil al Tercer Reich, Hitler tenía las ideas claras: el Cristianismo debía ser eliminado de Alemania a como diera lugar. Para Hitler, una Alemania auténtica y conectada con sus raíces, con el Volkgeist o espíritu de la nación, debía ser una Alemania pagana. Conceptos respecto de los cuales no costó mucho convencer a Alemania, que no en balde, durante la reacción conservadora ultranacionalista propulsada por Otto von Bismarck en el siglo XIX, había luchado la Kulturkampf, la guerra cultura contra la Iglesia Católica, considerada por Bismarck como una influencia nefasta sobre la cultura y la política de la nación.

Parte importante de fundar una nueva religión, es cuidar la imaginería visual.
Si Hitler se hubiera salido con la suya, ¿habríamos visto al final, en altares ciclópeos diseñados por Albert Speer y flanqueados por Autobahnen de concreto, la celebración de rituales paganos en homenaje a Wotan o a Thor? ¿Habría recibido Walter Simonson ofertas para escribir un cómic ariosófico? ¿Hubiera escrito Hitler una novela al estilo de El sueño de hierro, así como Francisco Franco escribió el guión de Raza? Quién lo sabe. Como sea, Hitler era lo suficientemente listo como para darse cuenta de que no podía ser abiertamente anticristiano, quizás teniendo a la vista sobre el escritorio el bochornoso fracaso bismarckiano de la Kulturkampf, de manera que prefirió llegar a algunos jugosos acuerdos con la Iglesia Católica. Fue un pacto de circunstancias para ambos lados, la Iglesia porque no quería perder influencia y Hitler porque no quería enemigos internos alborotando, y dicho pacto tácito no llegó a disolverse porque antes de tener una buena razón para enemistarse, Hitler se voló la tapa de los sesos en un búnker. De todas maneras, el legado hitleriano incluye el neopaganismo, y no pocos grupos neonazis son también abiertamente antieclesiásticos. Porque, créanlo o no, y contra lo que la gente desinformada cree, los neonazis tienden a no escuchar Rammstein u otras bandas semejantes, porque las consideran unas vendidas y además una caricatura de su movimiento; los neonazis con el corazón bien puesto escuchan Neofolk, a veces con más o menos influencia industrial, como Blood Axis o Von Thronstahl. Bandas que, por supuesto, tienen una relación más que distante con el Cristianismo, por decirlo con suavidad. Que el disco The Gospel of Inhumanity de Blood Axis incluya sampleos de Charles Mason o poemas neopaganos de Longfellow o Elliot, algo debería decir.

8.- El Marxismo y el Comunismo.

Los opuestos terminan por parecerse, y aunque nazis y comunistas se odian a muerte, ambos se parecen más de lo que quisieran admitir. Uno de los puntos en contacto es, por supuesto, el aborrecimiento del Cristianismo. Aunque por motivos diferentes. El Marxismo parte de lo que llama el Materialismo Dialéctico, que en el fondo es la doctrina del filósofo Hegel, de que la Historia se mueve por el choque de fuerzas contrarias, sólo que con el añadido marxista de que esas fuerzas son materiales, ya que para Hegel, eran ideales plasmándose en el mundo, la larga sombra de Platón sobrevolando la Filosofía Occidental una vez más. Dentro de este contexto, es natural que el Marxismo considere a la religión como una nada, y si sirve para algo, es sólo para ser el opio del pueblo, o sea, un instrumento de la clase dominante para mantener sojuzgado al proletariado. Irónicamente, se ha observado repetidas veces el parecido que tienen las doctrinas marxistas con el Judaísmo, algo que no debería sorprender a nadie si se piensa que Karl Marx venía de una familia judía. Así, la idea de que habrá un final de la Historia en donde el proletariado se rebelará y derrocará a la clase dominante, recuerda mucho la ideología mesiánica por la cual los judíos, siempre denostados y perseguidos por los gentiles, al final de los tiempos serán salvados por Yahveh y enaltecidos hasta lo más alto de la paz. La idea de una sociedad final sin clases sociales recuerda mucho ciertas descripciones bíblicas, como la famosa profecía de Isaías de que el león pacerá con el cordero, etcétera. Y así.

Levantan una enorme estatua de algún santo o de Jesucristo y nadie dice nada, le hacen un monumento a Stalin y todo el mundo pierde la cabeza.
Visto desde esta perspectiva, en realidad el Marxismo vendría a ser la actualización en versión secular de conceptos históricos que arrancan desde la savia más profunda del Judaísmo, todo eso revestido del lenguaje economicista que estaba poniéndose de moda en el siglo XIX, pero subvertido para transformarlo en un discurso de crítica social contra el Manchesterismo en ese entonces rampante. En lo que a nuestro relato se refiere, secular es la palabra clave aquí, y el Marxismo se las arregla para renegar de la religión. Cuando el Comunismo llegó al poder en la Rusia de 1.917, se encontraron con que las cosas no eran tan fáciles; habían demasiados ortodoxos en Rusia como para secularizar al país de golpe. Pero hablamos de gente rusa aquí, y ya sabemos cómo se las gastan en ese país: si fueron capaces de poner un satélite artificial en órbita y mandar un hombre primero y a una mujer después al espacio, antes de que tales hazañas las lograran la nación más industrializada del planeta que era Estados Unidos, entonces barrer con una religión entera iba a ser poco menos que un paseo de campo. La Iglesia Ortodoxa de Rusia nunca llegó a desaparecer, pero fue intensamente perseguida por Stalin, Kruschev y Breznev, todos ellos opositores entre sí, pero unidos en esta cruzada común. Irónicamente, el gran respiro que tuvo la Iglesia Ortodoxa fue... durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un Stalin que seguro vivió esos años en pañales, andaba buscando apoyos por todas partes. No la llaman la Gran Guerra Patriótica por nada, al final del día.

9.- Angeles ayer y extraterrestres hoy.

En 1.968, Erich von Daniken publicó su clásico Recuerdos del futuro, y creó, o al menos codificó, uno de los más reconocibles mitos del siglo XX: los extraterrestres en la Antigüedad. En puridad, la idea de que los extraterrestres rondaron a civilizaciones primitivas como los egipcios, los mayas, los pascuenses o el Palacio Real de Madrid, es más antigua de lo que parece. Lovecraft coqueteó con la idea en su obra En las montañas de la locura, Arthur C. Clarke en El fin de la infancia plantea dicho escenario de manera explícita... y en Conversaciones con una momia, en pleno siglo XIX, Edgar Allan Poe se burla de esa idea. La diferencia es que von Daniken publicó como (supuesta) realidad lo que antes era mera materia de ficción, anticipándose así e incluso yendo más lejos que Dan Brown. A partir de entonces surgieron toda clase de teorías insanas acerca de que los grandes monumentos fueron levantados con tecnología alienígena, o acaso fotocopiados en 3D desde sus planetas de origen, vaya uno a saber.

Extraterrestres antes del año 2.012.
Uno de los puntos claves de esta teoría, defendida entre otros por el también clásico ¿Fué Jehová un cosmonauta? de Ricardo Santander Batalla, es que Jesucristo en realidad habría sido un alienígena. Por supuesto, la idea de que Jesucristo fue un alienígena, invalida al Cristianismo de raíz. Puede que se lo considere un profeta, puede que se lo considere un sabio, pero si es un extraterrestre, entonces por definición no puede ser el Hijo de Dios, salvo que consideremos que Dios mismo es un extraterrestre. Lo cual por supuesto es herejía, desde un punto de vista teológico cristiano a lo menos. Como sea, los tipos que escribían estos libros no parecen haber estado tan interesados en reemplazar al Cristianismo como en hacer caja, porque de otro modo no se explica cómo Juan José Benítez le sacó ocho secuelas, ocho, a Caballo de Troya, por no hablar del resto de su obra dedicada a temas relacionados. Razón por la cual, este intento por derrocar al Cristianismo no llegó mucho más lejos que el ya mentado Dan Brown. De hecho, la doctrina de los ángeles ayer, extraterrestres hoy, parece haber caído en un relativo olvido, resucitado sólo de tarde en tarde por pseudodocumentales de The History Channel o similares, en los que ya no mucha gente pareciera creer, de todas maneras. Quizás por la mentalidad actual de que yo soy tan espectacular, que no viene ningún maldito extraterrestre a decirme cómo fundar mi civilización, y he dicho. Porque algún punto bueno debía tener el actual egotismo, por supuesto.

10.- La cosmología New Age.

Lo hemos puesto en un rubro separado al de los ángeles ayer y extraterrestres hoy porque, a pesar de solaparse en muchos casos, el trasfondo suele ser distinto. Los textos que predican que Cristo fue un extraterrestre, por el solo hecho de tratarse de extraterrestres, le confieren una cierta perspectiva de materialismo que tiende a chocar con el resto de la New Age, cuya principal influencia es el misticismo oriental en una u otra corriente. Hablar de la New Age en realidad no es hacerlo sobre una doctrina unificada, sino sobre una caja de grillos en donde cada practicante toma lo que le parece, desde vocabulario pseudocientífico lleno de referencias cuánticas, hasta las religiones orientales, la Cábala, la Astrología, y un montón de etcéteras, todo ello dominado por un cierto sentido de espiritualidad, que en términos filosóficos llamaríamos idealismo.

Alineando tus chakras.
En los cínicos tiempos actuales, la New Age es objeto de repudio, burlas y chistes fáciles sobre hippies, pero hubo un minuto en que bien podía pensarse que iban a llegar a ser una seria competencia contra el Cristianismo. Aunque sea porque la estética era mucho más atractiva. Después de todo, cuando uno piensa en Cristianismo, piensa en apóstoles vestidos como pastores de cabras y por tanto seriamente necesitados de un fashion emergency, santos crucificados y un cierto espíritu general de solemnidad contrarreformista, sea la versión católica tridentina o su austero equivalente protestante, mientras que cuando uno piensa en New Age, tiende a hacerlo en luminosidad, chakras, chicas ataviadas únicamente con minúsculos cristales de cuarzo, y un cierto aire de buenrollismo en general muy bienvenido cuando la alternativa presenta a la vida como un valle de lágrimas, y la vida en sí pareciera querer confirmar esa impresión. Esto no pasó desapercibido para los cristianos, y de hecho hubo ataques contra la New Age tanto por parte de los pastores evangélicos, siempre dispuestos a buscar la pezuña de Satán por todas partes, como por parte del Vaticano, que llegó a emitir documentos en los cuales menciona que la euforia provocada por el yoga, la meditación o la sanación por los cristales, no se puede comparar al sentimiento de tranquila sumisión y desprecio por el propio ego, que provoca la legítima oración. Como sea, la New Age nunca llegó a concretarse en un movimiento potente, quizás por el defecto inherente a todas las doctrinas repletas de aceptación y tolerancia: su propia dinámica de respetar las diferencias y de dejar vivir, les impide forzar la prédica hasta un punto en que se conviertan en una doctrina unitaria y proselitista.

¿¿¿???.- En un futuro...

Ninguna religión tiene la vida comprada. Y la vida eterna, mucho menos, hasta donde sabemos de manera empírica y racional. Por una serie de razones bastante difíciles de profundizar en este espacio, el Cristianismo ha despertado anticuerpos a lo largo de los siglos. Si no fuera por eso, no habrían surgido tantos movimientos en su contra. No hay razón para pensar que, en lo sucesivo, no seguirá ocurriendo lo mismo. Y en realidad, bien mirado, basta que uno de estos movimientos, apenas uno, tenga éxito, y el Cristianismo se transformará en una reliquia para los libros de Historia. Aplastar a una religión de manera total es enormemente difícil, y aunque la misma pueda ser erradicada del mapa casi por completo, por lo general siempre suelen quedar sectarios repartidos por aquí y por allá que mantienen la creencia viva. La gran muerte de una religión es simplemente cuando sus últimos fieles deciden defeccionar y pasarse a otra religión, o a ninguna en absoluto. Parte importante de por qué el Cristianismo ha sobrevivido, se debe a su capacidad para ajustarse a los cambios históricos e ir mutando con el paso de los siglos, aunque esta idea despierte la rabieta de los fieles que consideran que el Cristianismo ha sido uno y el mismo, eterno e inmutable, desde el bautismo de Jesucristo en el Jordán hasta nuestros días. Por lo tanto, predecir que pasará con el Cristianismo es imposible, y el rosario de éxitos pasados en contender, liquidar y engullir a rivales potencialmente peligrosos, no significa que tengan asegurados los triunfos en el futuro. Como de costumbre, sólo el tiempo dirá.

3 comentarios:

Martín dijo...

¿¿¿Y TOM??? ¿¿Cómo se puede hablar de ser más grande que Jesucristo y no mencionar a TOM??
Bromas aparte, me sorprendió lo del New Age, nunca lo percibí como una amenaza para el cristianismo. Tal vez sea ésa la razón de la supervivencia de esta religión: detectar a tus enemigos antes que sean fuertes.

Cidroq dijo...

Buen comentario el de Martin jeje, quedaron muy bien los posteos, gracias Guillermo

Guillermo Ríos dijo...

@Martín, en retrospectiva no, la New Age en realidad vino y pasó, o se quedó en su nicho particular y de ahí no pareció querer salir nunca más. Pero yo tengo recuerdos de mi infancia en que el asunto de los cristales de cuarzo, la era de Acuario, las filosofías orientales y la nueva conciencia, era algo que uno lo veía en todas partes. Aunque, a saber si en algún minuto, la New Age volverá a levantar cabeza. Después de todo, por ahí andan gentes adorando a la Pachamama y dándole a los extraterrestres en la Antigüedad, así es que, quién sabe...

@Cidroq, gracias por las felicitaciones.

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