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jueves, 7 de enero de 2016

Block40busters (2 de 6).


Aunque el blockbuster moderno como fenómeno parte con los dos grandes hitos que significaron Tiburón y La guerra de las galaxias, lo cierto es que el resto de los productores y cineastas tardaron algunos años en adaptarse. Es lo que pasa cuando se descubre una nueva fórmula: se requieren algunos intentos y ensayos para aprender a usarla de la manera adecuada. De esta manera, puede afirmarse que la verdadera época en que el blockbuster se consolidó como tal, es entre inicios y mediados de la década de 1.980. Si La guerra de las galaxias fue el gran codificador, las películas de los siguientes diez años verían intentos de expandir la fórmula desde la Ciencia Ficción hasta los más recónditos campos del cine de entretención. De esta, es en este período que se construye el cine de entretención moderno, tal y como se lo entiende ahora. Bueno, hay gente que no le encuentra nada de entretenido al moderno cine de entretención, pero las demoledoras recaudaciones de algunos engendros en taquilla, parecen querer decir otra cosa.

Pero antes de empezar, recordemos un alcance que hacíamos en la primera entrega de Block40busters: hemos incluido las películas no por calidad o por valor nostálgico, sino de acuerdo a qué tan influyentes hayan resultado en lo sucesivo. Esto significa que, para la presente entrega, se quedan dos títulos muy bienamados por la audiencia, pero que en realidad, no llegaron a generar escuela: nos referimos a Los cazafantasmas y a Volver al futuro. Ambas películas icónicas de la década de 1.980, por supuesto, pero que por un motivo u otro, no han sido realmente imitadas en lo sucesivo, de manera que no nos referiremos a ellas. Pero las que sí incluímos, ésas sí que han generado enseñanzas que otros cineastas, en lo sucesivo, se apuraron a aplicar. Y partimos con los sones de la celebérrima Marcha Imperial, y con...

13.- El Imperio contraataca (1.980).

Luego del enorme triunfo de La guerra de las galaxias, George Lucas hizo una maniobra inusitada: movió parte de las utilidades producidas por el mercadishing de la misma, para el financiamiento íntegro de una secuela. Inicialmente, la misma iba a ser bastante más ligera de lo que parecía. La encargada fue Leigh Brackett, quien ya había escrito guiones, pero de policiales, aunque sí tenía novelas de Ciencia Ficción en el currículum; Brackett entregó un primer borrador, pero antes de que Lucas y ella se pusieran de acuerdo en detalles del argumento sobre los cuales tenían visiones distintas, a la Brackett se la llevó el cáncer. Un nuevo guión de Lawrence Kasdan mantuvo más o menos la misma historia ideada por Lucas y desarrollada por Brackett, pero introdujo un giro: ahora Darth Vader iba a ser el padre de Luke Skywalker. Con este simple cambio en la historia, El Imperio contraataca inventó un nuevo cliché, que después se propagaría como la peste entre los blockbusters. Y no nos referimos al famoso "yo soy tu padre" aquí, aunque también. En un sentido más genérico, El Imperio contraataca es el gran codificador de un concepto desde entonces omnipresente en los blockbusters: las segundas partes de una franquicia no sólo deben ser más espectaculares, sino también más dramáticas y también más oscuras. En la actualidad, toda franquicia que se precie de tal, parte con una película ligera que sirve para introducir a los protagonistas, para luego desarrollar una secuela en la cual el siguiente villano es más oscuro y tétrico que el primero, y además el héroe descubre su propio lado oscuro y a veces sus propios orígenes en el proceso. Este concepto de una secuela más oscura no era una idea nueva, y de hecho, ya había sido probada de manera imperfecta en Superman II (1.980, pero rodada a partir del embrión de guión de la Superman de 1.978), y antes que eso, en Contacto en Francia II (1.975). Pero fue el modelo de El Imperio contraataca que finalmente prendió y es el más imitado en el mundo. Eso sí, lo que a la saga de Popeye Doyle le faltó, fue una tercera entrega, un Contacto en Francia III que nunca llegó a rodarse: con El regreso del jedi, sucesora de El Imperio contraataca, Star Wars puso también de moda las trilogías cerradas. Y no diremos que las precuelas de Star Wars pusieron de moda extender las trilogías: el concepto de rodar una película más allá de la supuesta entrega final, fue puesto sobre la mesa por Martes 13 V: Un nuevo comienzo, sucesora de Martes 13 IV: El capítulo final...

14.- Indiana Jones y los cazadores del Arca perdida (1.981).

Como escribimos en su día aquí en la Guillermocracia, concretamente en el posteo Siete películas que resucitaron géneros cinematográficos completos, Indiana Jones trajo de regreso todo el cine de arqueólogos aventureros que yacía en el más completo de los olvidos más o menos desde la Segunda Guerra Mundial. El mismo había nacido un poco al calor de la novela de exploración africana estilo Allan Quatermain, pero había pasado de moda primero porque los clásicos escenarios exóticos africanos, africanos o latinoamericanos ahora pasaron a ser pasto de guerrillas comunistas, y además, la propia arqueología se profesionalizó hasta erradicar el antiguo modelo de saqueador de tumbas. Pero Steven Spielberg quería rodar una especie de película estilo James Bond, y George Lucas le hizo una propuesta interesante: ¿y si rodamos una especie de James Bond arqueólogo? La idea fue mutando hasta lo que hoy en día es Indiana Jones y los cazadores del Arca perdida, entonces Los cazadores del Arca perdida a secas, en donde Indiana debe detener a un grupo de nazis que quieren apoderarse del Arca de la Alianza. El aprovechamiento de los modernos recursos narrativos aplicados a la nostalgia vintage de la Segunda Guerra Mundial, que en esa época había terminado hacía 36 años, hizo maravillas, y la película prácticamente resucitó el olvidado género. Películas como Lara Croft: Tomb Raider, basada en un videojuego que a su vez una especie de Indiana Jones un resto más mamífera, o la saga del Tesoro Perdido de Nicolas Cage, están ahí para testimoniarlo. Y eso por no mencionar a Barbara Blade, claro está.

15.- Mad Max II (1.981).

En Australia, como parte de la Nueva Ola Australiana del cine en donde se curtieron tipos como Peter Weir o Phillip Noyce, se rodó una película serie B de policías y pandilleros en la carretera llamada Mad Max, que tuvo una distribución limitada, pero que sirvió para propulsar la carrera de Mel Gibson, además de transformarse en lo que, años después, llamamos un clásico de culto. Para la secuela, contaron con un presupuesto más que generoso, y se desarrollaron otras ideas. Si en la primera Mad Max se mencionaban las tensiones nucleares como parte del trasfondo, en Mad Max II hemos dado el paso definitivo, las cargas nucleares bailan la conga a lo loco, el mundo se va al demonio, y la civilización entera, que a media máquina seguía existiendo en la primera parte, se ha convertido en un desierto en donde sólo crece, en las palabras de la mítica revista Dragón para referirse a Dark Sun, "arena y mala leche". Mad Max II fue en efecto la película que le enseñó a todo el mundo cómo se debía rodar un thriller de acción postapocalíptica: desiertos, vehículos herrumbrados, mucho cuero y vestimenta punk. Como la receta era relativamente barata en términos de vestuario y locaciones principalmente, surgieron toneladas de clones, claro está. Pocas películas pueden presumir de haber fundado un género entero dentro del cine, y Mad Max II pertenece a ese grupo selecto.

16.- Conan el Bárbaro (1.982).

Conan el Cimerio, personaje creado por Robert Howard, es el gran codificador del guerrero bárbaro como tipo literario. En el cine no lo fue menos. La película basada en el personaje fue dirigida por John Milius, un hombre cuyas ideas peligrosamente nietzscheanas lo convirtieron en una especie de cineasta maldito dentro de Hollywood, y que no en balde, saldría del set de Conan el Bárbaro para rodar esa deliciosa e inquietante fantasía parafascista que es Amanecer rojo, plato favorito de cuanta milicia de ultraderecha exista en Estados Unidos. Con guión de Oliver Stone, especializado después en hacer cine rojo: Pelotón, Wall Street, JFK... Y lanzando a la primera línea de Hollywood a cierto fisicoculturista austríaco de un apellido tan impronunciable como Schwarzenegger. Los fanáticos del personaje suelen quejarse de que este Conan que es un niño esclavo no es el verdadero Conan, que Conan siempre fue libre y amo de sus circunstancias, etcétera. Puede ser. En cualquier caso, todo el cine de bárbaros posterior en una medida u otra está en deuda con el personaje de Conan, tal y como fue retratado por Schwarzenegger, porque tanto mejor mientras menos hablemos sobre el triste reboot protagonizado por un Jason Momoa que, admitámoslo, se esforzó lo suyo, pero que nada podía hacer frente al desastre generalizado que fue todo el resto de la producción a su alrededor. Entre las películas herederas en mayor o menor medida del Conan el Bárbaro de 1.982 están El rey escorpión, 10.000 AC, o Conquistadores para testimoniarlo, por no hablar de la increíble cantidad de morralla y serie B italiana y no tan italiana que se rodó, y que hoy en día se puede encontrar mirando un poco debajo de las piedras.

17.- ET el Extraterrestre (1.982).

A inicios de la década de 1.970, no mucha gente apostaba por Steven Spielberg, un cineasta que daba de qué hablar, pero en círculos restringidos; después de ver Duelo, los productores de la saga Bond lo consideraron para revitalizar la franquicia de 007, alicaída después de El hombre de la pistola de oro, pensando darle el sillín de director en La espía que me amó, pero esperaron a ver qué tal le iba con Tiburón, y... de pronto se volvió demasiado caro para ser contratado. Ya hemos visto como Tiburón creó el moderno blockbuster tal y como lo conocemos, pero la creatividad spielberguiana no se agotó ahí. Sus películas Encuentros cercanos del tercer tipo de 1.977 y ET el extraterrestre de 1.982 son en cierta medida espejos la una de la otra: ambas versan sobre cómo la irrupción de lo maravilloso y lo extraterreno alteran el funcionamiento de una familia en descomposición. Pero mientras que Encuentros cercanos del tercer tipo presenta su tema con matices bastante oscuros e incluso a ratos terroríficos, más allá de su final un tanto diabético, el tono de ET el extraterrestre es mucho más cálido y amable. La audiencia que ya había respondido de manera positiva a Encuentros cercanos del tercer tipo y su misticismo New Age, con ET el extraterrestre simplemente enloqueció. Lo que esta película legó a la posteridad, es el modo en que un blockbuster debe tratar a la familia. En La guerra de las galaxias, por ejemplo, no vemos una familia, salvo que consideremos como tal, a las amistades forjadas en el fuego del combate, mientras que en El Imperio contraataca, la relación familiar que aparece es decididamente oscura; en ET el extraterrestre, por el contrario, ya tenemos el modelo de una familia en pleno conflicto para la cual, la irrupción de lo maravilloso opera como catalizador de la reconciliación. No es una idea nueva, y mucho del cine de desastres de la década anterior incluía esto mismo; es en la hibridación entre los temas familiares y lo fantástico, que ET el extraterrestre se transformó en la película influyente que llegó a ser.

18.- Blade Runner (1.982).

No todos los blockbusters influyentes han sido éxitos de taquilla; Blade Runner, de hecho, es uno de los más sonoros fracasos financieros del cine de su década. Durante cerca de medio siglo, la Ciencia Ficción había mirado al futuro hacia largo plazo, hacia las estrellas o hacia el mundo futuro, hasta que de pronto, la creciente oleada de computadoras en nuestras vidas hizo que todo eso quedara obsoleto. El Cyberpunk como concepto rondaba a lo menos desde la década de 1.970 si no antes, y no faltan quienes consideran que la mismísima Metrópolis que rodara Fritz Lang en 1.927, en realidad es el primer gran ancestro del género. Pero a inicios de la década de 1.980, era un concepto que todavía estaban tratando de atrapar a manotazos. La película que consiguió atrapar el grueso de los elementos (sólo le faltó la realidad virtual), los metió a la batidora y consiguió sacar un producto que vendiera esa estética y esos conceptos en una película que tuviera patas y cabeza, fue Blade Runner. La idea de un futuro de porquería ya había sido arañada en Alien, en donde los viajeros espaciales a merced del bicho en realidad son víctimas inocentes de una siniestra corporación que lo sabía todo de antemano, e incluso en la luminosa La guerra de las galaxias, con su Tatooine que esencialmente es un basurero de chatarra; pero fue Blade Runner la película que llevó hasta su extremo lógico, este concepto de un futuro en el que realmente no quieres vivir. Todas las distopías cinematográficas que se han rodado desde 1.982, incluyendo filmes como Equilibrium o V de Vendetta, le deben un punto u otro a Blade Runner. Que, a su vez, en lo iconográfico es deudora de Metrópolis de 1.927 hasta el punto de introducir varios guiños visuales a manera de homenaje; comparen si no la torre principal de Metrópolis con la pirámide de las Empresas Tyrell, por más señas. Por el esfuerzo ingente de producción que se vertió en la película, y la angustiosa actualidad de la misma, debería haber resultado un éxito. Pero no lo fue. Estaba compitiendo en los cines, después de todo, contra ET el extraterrestre, y entre ver un tierno escapismo inocente de amistad galáctica frente a la angustiosa descripción de un futuro opresivo a la vuelta de la esquina, las audiencias prefirieron la primera. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar. ET el extraterrestre ha sido una película influyente y marcó a una generación entera, sin lugar a dudas, pero Blade Runner resultó ser lo mismo y todavía más.

19.- Terminator (1.984).

Después de salir del rodaje de Piraña II, el director James Cameron tenía una idea fija: contar la historia de un cyborg imparable que viene del futuro para asesinar a alguien en el presente. Luego de considerar a Lance Henriksen y O.J. Simpson en el rol del cyborg, Cameron decidió que la inexpresividad de Arnold Schwarzenegger, que ya se había hecho sus pinos protagonizando Conan el Bárbaro, era justo lo que necesitaba. Consolidando así la carrera del actor y fisicoculturista austríaco. Pero esta película puso además de moda otro concepto: el apocalipsis robótico. El concepto de que un robot pudiera rebelarse contra los seres humanos y empezar a destruirlos no era exactamente novedoso; si reemplazamos al robot mecánico por un humanoide creado en laboratorio, podríamos decir que el concepto fue codificado por la mismísima novela Frankenstein de Mary Shelley. El cine ya había visitado la idea de robot asesino en Westworld, dirigida por Michael Crichton, película de la que dos décadas después se haría un remake que no quiere reconocerse como tal, con dinosaurios en vez de robots, llamado Parque Jurásico. Pero lo que resultó novedoso para las audiencias de 1.984, es que nunca antes se había visto a los robots obteniendo un triunfo tan completo y definitivo sobre los humanos. Las escasas escenas ambientadas en el futuro año de 2.029 con los robots aplastando pilas de cráneos humanos a su paso, se transformaron en el referente ineludible frente al cual debe pararse todo apocalipsis robótico que venga después. Parte importante del éxito se debe, curiosamente, a que en la película misma no vemos mucho del futuro. Parece ser que Cameron quería extenderse más en los hechos de 2.029, pero no pudo hacerlo por la falta de presupuesto. A la larga fue para mejor: vemos tan poco de la raza humana esclavizada y casi exterminada por los robots, que nuestra imaginación rellena el resto con nuestras peores pesadillas, al tiempo que lo que vemos del exterminador enviado a 1.984, nos da una significativa idea de lo que es un futuro con cientos de ellos pupulando por ahí. Después vendrían las secuelas para arruinar el legado de la película original de Cameron, pero eso es otra historia; o de como al final Cameron tenía razón, y el futuro sí es una pesadilla.

20.- Gremlins (1.984).

Hoy en día, Chris Columbus es conocido muy en particular por haber dirigido las dos primeras entregas de las películas de Harry Potter, y antes que eso, por las dos primeras entregas de Mi pobre angelito (porque se rodaron más), pero en la década de 1.980, el señor Columbus era un don nadie. Y este don nadie escribió un guión acerca de unas criaturas tiernas que enloquecían y sembraran el caos. Cuando el guión cayó en las manos de Steven Spielberg, encontró el concepto interesante, pero le pareció que funcionaría mejor como comedia, y ordenó reescribirlo. Así, en el guión original era el propio Gizmo que se transformaba en un monstruo, el perro era ahorcado, y la madre era asesinada, mientras que en la película final, no es Gizmo sino su progenie la que se vuelve monstruosa, al perro sólo lo cuelgan a manera de broma pesada, y la madre sobrevive para que la contraten en la secuela. Hoy en día es difícil verlo, pero en este tratamiento en clave de comedia hay mucho de homenaje afectuoso al cine de monstruos de una generación antes, y se puede percibir una cierta conexión temática entre esta película y La invasión de los usurpadores de cuerpos que la antecede en veintiocho años, casi una generación completa, y que de hecho es citada en la misma película (es la cinta en blanco y negro que se ve de noche en televisión, en una secuencia): en ambas películas vemos la transformación de alguien inofensivo en una amenaza, sólo que en la película de 1.956 son humanos que son nuestros amigos, familiares y vecinos, mientras que en Gremlins, son nuestras mascotas. Como sea, resultó inesperado que una película que en cierta medida era un ejercicio de nostalgia en clave de parodia afectuosa para el cine de treinta años antes, acabó inventando de manera accidental todo un nuevo subgénero de lo fantástico: las criaturas pequeñas, graciosas y monstruosas que siembran el caos. Subproductos como Critters o Ghoulies iban a salir de aquí, por supuesto. No es un gran legado, claro está, pero es un legado, y con eso basta para incluirlo aquí.

21.- Rambo II (1.985).

Mirada en retrospectiva, Rambo de 1.982 es una película un tanto extraña. La historia de un veterano de Vietnam que pierde el seso y se arroja al monte en medio de una gigantesca cacería del hombre por el hombre, que involucra hasta a los boinas verdes, iba a ser protagonizada inicialmente por Dustin Hoffman, para darnos una idea de por dónde iban los tiros al comienzo, y de hecho, su argumento tiene mucho del angst propio del cine socialmente consciente de la década de 1.970. Rambo nació, por decirlo así, algo pasada de moda. Pero para 1.985, el discurso había cambiado, Ronald Reagan había convencido a Estados Unidos de que se podía ganar la Guerra Fría con tácticas de cowboy tejano, y por lo tanto, Rambo II evolucionó de manera consecuente. En la segunda entrega de la saga, Rambo ya no es un tipo alienado que odia a todo el mundo y que quiere que lo dejen en paz, sino un tipo alienado que es también un patriota ejemplar que, aunque fregado por sus superiores al mando, cumple con su misión de ir y rescatar a sus antiguos compañeros de Vietnam porque él es un hombre probo, recto, puro... y una máquina de matar como el mundo jamás había visto. El Rambo que pone su gloriosa ultraviolencia al servicio de AMÉRICA con mayúsculas es un invento de esta secuela, no de la primera película de la saga. Y Rambo II le enseñó al mundo cómo debían rodarse las películas patrioteras americanas, con explosiones llevadas al máximo de lo que era posible en la época, con violencia desatada, y con los protagonistas amando desvergonzada y lúbricamente a AMÉRICA. Es seguro que, en su día, Michael Bay tomó muchas, pero realmente muchas notas acerca de cómo lo habían hecho en Rambo II, porque el cine de Bay es esencialmente esta película, amplificada a mil con mayores presupuestos y todo lo que permite hacer el CGI hoy en día.

22.- Top Gun (1.986).

Y hablando de cine patriotero. Rambo II marcó el rumbo a seguir por el cine de acción durante la siguiente generación, pero lo hizo desde una perspectiva algo cínica y desencantada, sin tanto angst como la Rambo original de 1.982, pero aún así. ¿Se podía rodar un producto patriotero incluso con más gancho? Sí, sí se podía. Entra en escena el productor Jerry Bruckheimer aquí. Se opine lo que se opine del señor Bruckheimer en lo que a calidad cinematográfica se refiere, no cabe duda de que el hombre ha resultado uno de los productores más influyentes de todos los tiempos, y su fórmula ha sido seguida e imitada después hasta la saciedad. Trabajando en sociedad con Don Simpson hasta la penosa y prematura muerte de éste en 1.996, Bruckheimer perfeccionó la fórmula de a poco, con cintas como Gigoló americano, Flashdance o Un policía suelto en Hollywood, pero en Top Gun, dirigida por Tony Scott, el ahora tristemente fallecido hermano de Ridley Scott, es en donde termina de encajar todos los elementos. Las películas de Bruckheimer tienden a presentar historias simples de superación personal, con héroes correctos pero conflictuados, una aproximación de tipo "no pienses, siente" muy romántico al actuar del héroe, un retrato decididamente positivo de Estados Unidos, una acción tan al límite como se pueda, fotografía de lujo a tope, y siempre con el apoyo de una banda sonora que suene como cañonazos de acorazado en los oídos de la audiencia. El cine de Bruckheimer tiene algo para todas las audiencias: para los mayores, el inherente conservadurismo de su discurso, en el cual los héroes no luchan para cambiar el sistema sino para obtener aceptación y triunfar dentro de él, y para la chavalería, la justificación del espíritu rebelde del héroe que al final recibe la comprensión y el respeto de sus mayores cuando se domestica, pero muy en particular, cuando resulta que es el más dotado de la clase y recibe el reconocimiento respectivo a sus talentos. Que la vida después no es una meritocracia como la retratada por Bruckheimer, da un poco lo mismo: el público ya salió del cine, y lo más importante, ya pagó su entrada. Y en el caso de Top Gun, ya tuvo que bancarse el Top Gun Anthem de Harold Faltermeyer, Danger Zone de Kenny Loggins, y Take my Breath Away de Berlin.

23.- Arma mortal (1.987).

Uno es un estríper gay. El otro es un contador auditor trabajando para el Servicio de Impuestos Internos. Juntos... ellos combaten el crimen. ¿Cuántas veces no han escuchado ustedes esa fórmula? La idea de tener a dos policías disparejos no era exactamente nueva en 1.987. Con mayor o menor desarrollo del concepto, pero siempre más o menos presente por aquello de crear drama o comicidad, en la televisión ya existían productos como Area 12, Chips: Patrulla motorizada, Las calles de San Francisco, Simon y Simon detectives, Starsky y Hutch, y en el cine habíamos visto un temprano ejemplo con 48 horas, con Eddie Murphy y Nick Nolte. Pero la película en la que todo el mundo piensa cuando hablamos de pareja dispareja de policías, es sin lugar a dudas Arma mortal. En buena medida gracias a la excelente química lograda por el muy sereno y compuesto Danny Glover por un lado, y a un tremendamente desquiciado Mel Gibson por el otro, en el rol que finalmente lo encumbró a las alturas del superestrellato en Hollywood. Curiosamente, la propia Arma mortal que había codificado este subgénero en el cine, en sus secuelas tendió a alejarse un resto de la fórmula, al ir sumando nuevos personajes, que tendieron a desdibujar un resto la dinámica de la pareja original.

24.- Duro de matar (1.987).

Y llegamos hasta una película que salió buena casi de milagro, considerando los antecedentes. En 1.968 se había estrenado una película llamada El detective, con Frank Sinatra como protagonista. Ahora bien, esa película estaba basada en una novela de la que se escribió una secuela, en la que el detective en cuestión ahora se encontraba atrapado con terroristas en un edificio. Comprados los derechos de la novela, Sinatra declinó protagonizarla, y por tanto, el guión fue trabajado ahora para ser encajado como secuela de Comando con Arnold Schwarzenegger, pero cuando esta idea no llegó a buen puerto... alguien tuvo la genial idea de convertirla en un vehículo para cierto comediante televisivo llamado Bruce Willis, famoso en esos años por la comedia detectivesca Luz de Luna. La combinación de un excelente guión, diálogos chispeantes, interpretaciones brutales, y el carisma avasallador tanto de Willis protagonizando como de Alan Rickman interpretando al villano, hicieron la magia, y Duro de matar se transformó en una de las piezas de acción quintaesenciales del género. Pero en paralelo, creó un nuevo cliché: la pieza de acción que transcurre en un único lugar. Duro de matar es la película a partir de la cual cobraron carta de naturaleza películas como Riesgo total (Duro de matar en una montaña), Alerta máxima (Duro de matar en un buque), Máxima velocidad (Duro de matar en un bus, aunque esto es debatible), Máxima velocidad 2 (Duro de matar en un crucero de lujo), Muerte súbita (Duro de matar en un estado deportivo), Pasajero 57 (Duro de matar en un avión), Ataque a la Casa Blanca (Duro de matar en la Casa Blanca), El ataque (Duro de matar en la Casa Blanca otra vez), y un larguísimo etcétera que, mirándolo bien, me lo guardaré para un posteo futuro aquí en la Guillermocracia. Irónicamente, de las secuelas de Duro de matar, sólo Duro de matar II siguió la fórmula, mientras que las tres restantes se transformaron en películas de acción más genéricas... y no todas ellas buenas, dejémoslo así.

¿Y alguien dijo saturación? Las audiencias no, porque frente a estas nuevas y grandiosas innovaciones cinematográficas, estaban respondiendo de manera casi pavloviana. En el paso a la década de 1.990, que será materia de la próxima entrega de Block40busters aquí en la Guillermocracia, quedaron atrás muchas cosas de la década de 1.980, pero ésta no. Porque en materia de blockbusters, las audiencias decidieron continuar azotándose. Pero eso, como lo decimos, será para la tercera parte de esta serie de posteos.

3 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

La mayoría de las películas que aquí mencionas las adoro...¡Y las vi por primera vez en la tele! Luego en VHS y las que más me gustaron ahora las tengo en blu-ray (O-R-I-G-I-N-A-L-E-S). Es increíble cómo muchos de estos filmes terminan formando parte de tu vida, pues se hacen importantes. Por cierto, creo que te faltó en la lista "Depredador".

Cidroq dijo...

Vaya esta serie va muy bien, y muy acertada por cierto.

Saludos.

Guillermo Ríos dijo...

@Elwin_Alvarez_Fuentes, el grueso de ellas cuentan como clásicos del cine, y no por nada Depredador la dejé afuera por la misma razón que Los cazafantasmas o Volver al futuro: porque el objetivo no era tratar los mejores blockbusters sino los más influyentes, que no es exactamente lo mismo, y no me parece que Depredador haya fundado escuela, por mucho que es una de las mejores películas de acción y de Ciencia Ficción de la década.

@Cidroq, muchas gracias por las felicitaciones, y saludos igualmente.

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