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jueves, 28 de enero de 2016

10 intentos por ser más grandes que Jesucristo (1 de 2).

Pietro Perugino: Dios Creador y ángeles, hacia 1.508.
Sea uno cristiano, agnóstico, ateo, satánico o creyente de otra religión, es inevitable reconocer que el Cristianismo ha sido hasta la fecha la religión más importante de la Historia de la Humanidad, en términos históricos a lo menos. Se quiera o no, la mentalidad cristiana ha moldeado, si no dirigido, eventos históricos de un calado enorme, incluyendo las Cruzadas, la recepción de la Filosofía Griega en Occidente, la conquista de América por Europa, y modernamente la Guerra contra el Terror. Incluso la ciencia, actividad mirada por la religión generalmente con sospecha, ha estado preñado de científicos cristianos; Isaac Newton por ejemplo, uno de los más importantes científicos de todos los tiempos, dedicaba más tiempo a buscar cábalas en la Biblia y en los textos alquimísticos, que a las Matemáticas y la Astronomía que terminaron por hacerlo famoso a escala universal. Desconocer la influencia que ha tenido el Cristianismo en la Historia de la Humanidad es simplemente un disparate.

Por eso, resulta casi inevitable que los descontentos con el Cristianismo hayan intentado, de una manera o de otra, derrocarlo. Las más de las veces, para entronizarse ellos. Ya sabemos cómo funciona esto: ser califas en lugar del califa. No nos referimos aquí a los cristianos que piensan que el Cristianismo de todos los demás está equivocado y el suyo propio es el único que vale porque ellos lo valen, como es el caso de Martín Lutero. Nos referimos a la gente se pone a la periferia del Cristianismo, o directamente fuera, y ha intentado proponer modelos religiosos o filosóficos diferentes que sirvan de alternativa y, en última instancia, acaben por enviar al Cristianismo a la repisa del museo que está al lado del dodo y los vinilos de los Jackson 5.

Así es que, acá en la Guillermocracia, haremos un repaso a esos diez movimientos que, de una manera u otra, proponiéndoselo o no, han intentado arrinconar al Cristianismo. Hasta el minuto sin lograrlo, por lo menos, y con mucho énfasis en el hasta el minuto. Porque el éxito no se compra para siempre, y quizás, sólo quizás, algún día, algún movimiento similar... Pero una advertencia preliminar. Este es un posteo de temática histórica y no de proselitismo religioso; no pretendemos ni atacar ni defender al Cristianismo aquí. De manera que los fanáticos que lleguen a escribir frases de tipo "JESUS ES KE MAS GRANDE EL DIJO SOI LA LUS YLA VIDA", por favor absténganse, en particular si tienen mala ortografía. En la Guillermocracia existe tolerancia religiosa y libertad de cultos, y son bienvenidos tanto los cristianos como los fieles de otras confesiones, e incluso los que no tienen ninguna, pero el proselitismo puro y duro es considerado como de mal tono. Y ya saben: nuestra casa, nuestras reglas. Advertidos quedan.

1.- Los gnósticos.

En los manuales de Historia escritos por gente religiosa, piadosa, o simplemente que no quiere pisar callos, el Gnosticismo en los tiempos del Imperio Romano es despachado como una simple herejía del Cristianismo. Para lograr esta pirueta, describen el Gnosticismo como una inyección de Filosofía Neoplatónica en el Cristianismo, o dicho de otra manera, como la doctrina de cristianos que se fueron en exceso de logos. Por si no entienden de qué estamos hablando: en la época del Imperio Romano, y después de algunos siglos de oscuridad, el prestigio de Platón como filósofo experimentó una resurrección similar a la carrera de John Travolta después de Pulp Fiction, debido a que su doctrina de que existe un mundo ideal por encima del mundo real era el vehículo ideal, valga la redundancia, para encajar conceptos místicos orientales acerca de que nuestro mundo es una ilusión y la verdadera realidad está más allá de nuestros sentidos, etcétera. Si les suena a algo similar a que la mátrix "es el mundo que han construido delante de tus ojos para cegarte de la verdad", ya saben de dónde salió la idea, bien sea que los Wachowski la tomaran directamente de Platón, o bien sea de la innumerable caterva de epígonos que han plagiado estas ideas con descaro.

El Ojo Que Todo Lo Ve, fuera de la Catedral de Aquisgrán.
En definitiva, el Neoplatonismo era misticismo oriental revestido de lenguaje platónico para ser vendido a los filósofos romanos, que se sentían muy estupendos porque veían cosas que las masas palurdas no. Si Paulo Coehlo hubiera vivido en el Imperio Romano, muy probablemente hubiera sido un neoplatónico, o al menos, hubiera tomado ideas del Neoplatonismo para sus salidas de madre de piensa positivo. El Gnosticismo fue la fusión de todas estas ideas neoplatónicas con el Cristianismo, igual que el Jazz Fusión es una mezcla contra natura de Jazz, Rock, Música Etnica y un montón de otros géneros musicales que no tuvieron patas suficientes para arrancar hasta la zona de seguridad. En ese sentido, el Gnosticismo no es una herejía del Cristianismo sino una religión aparte por derecho propio. En esencia, los gnósticos decían que existía una serie de emanaciones desde el espíritu hasta la materia (cuántas y cuáles, eso dependía de la... virilidad, de cada gnóstico, por decirlo así), así es que Dios emanó Cristo, de Cristo emanó el mundo, etcétera. El Cristianismo tal y como lo entendemos, para los gnósticos era la doctrina bruta que se enseñaba a las masas, una mentira piadosa que se les contaba porque ellos, brutos como eran, jamás entenderían los vuelos intelectuales de la gente filosófica que de verdad sabe: la verdadera religión era la que se enseñaba a los gnósticos mismos, por supuesto. Al final, resultó que el Gnosticismo no prendió, porque por su propia naturaleza de doctrina esotérica para unos pocos elegidos, bastó que estos elegidos desaparecieran con la caída del Imperio Romano, para que no sobreviviera. Después de todo, ¿qué iba a sobrevivir el Gnosticismo si lo único que quedó fueron las masas brutas, y a éstas se les enseñaba el Cristianismo de toda la vida y no el Gnosticismo...?

2.- El Maniqueísmo.

A veces, cuando una historia de ficción es demasiado en blanco y negro, con buenos enfermos de bondad, y villanos risibles en su malignidad, calificamos dicha historia como maniquea. Menos conocido es el hecho de que el Maniqueísmo fue una religión con importantes seguidores hace ya la friolera de milenio y medio. Como de costumbre, los historiadores eclesiásticos tratan de bajarle el perfil, adjudicándole la categoría de herejía cristiana, cuando en realidad el Maniqueísmo es una fusión de dos religiones preexistentes: el Cristianismo y el Zoroastrismo. Eso, combinado con una buena dosis de Gnosticismo, que era la doctrina de moda en la época. En definitiva, podríamos decir de manera muy sucinta, que el Maniqueísmo era un Zoroastrismo cristiano con tendencias gnósticas populistas. Si se entiende lo que quiero decir. El fundador del Maniqueísmo fue un profeta llamado Mani, que vivió en Persia durante el siglo III. En ese tiempo, ascendió en Persia el llamado Imperio Sasánida, cuya ideología oficial vendía la idea de que éste era la resurrección del antiguo Imperio Aqueménida; por eso, los sasánidas adoptaron al Zoroastrismo como religión oficial. Mani predicaba que existe una división rígida entre el bien y el mal (de ahí la definición de la actual palabra maniqueo), y que era posible pasarse al lado del bien a través de la adecuada educación, el rechazo del propio ego, la castidad, etcétera. El repertorio habitual de lo que se llama buena conducta, para que nos entendamos. El propio Mani rechazaba tanto su ego, que llegó a negar su propia personalidad, predicando que no era Mani sino la reencarnación de Jesús, Buda y Zoroastro, todo en uno.

El profeta Mani, en un grabado de 1.701.
La suerte de Mani fue un tanto peculiar. El rey sasánida Sapor I lo trató con benevolencia, aunque siguió zoroastriano y no se convirtió al Maniqueísmo, quizás porque de haberlo hecho, Mani se habría transformado en un rey sin corona del Imperio Sasánida. Pero un sucesor de Sapor, Bahram I, le simpatizaban muy poco los maniqueos, y ordenó que Mani fuera ejecutado. Las versiones sobre su final difieren: sus simpatizantes de sesgo cristiano insisten en que fue crucificado, para presentar a Mani como un nuevo Cristo, mientras que el historiador musulmán Al-Biruni sostiene que fue desollado vivo, y el pellejo resultante fue rellenado con pasto y exhibido a la vista general. Cualquiera sea el caso, el intento de Mani por crear la religión que iba a unir y superar al Cristianismo y al Zoroastrismo acabó en bochorno, y el Maniqueísmo en sí acabó extinto a la vuelta de cerca de medio milenio, cuando sus últimos reductos en Asia Central fueron aniquilados por persecuciones de mongoles y chinos, a cuyos lares se habían desplazado los últimos sectarios. Con todo, venganza desde la tumba aquí, el Maniqueísmo tuvo alguna influencia en el devenir del Cristianismo. No sólo porque sus ideas se las arreglaron para pasar a herejías medievales como el Paulicianismo y al Bogomilismo, y de ahí a través de los cátaros hasta varias teorías conspiranoicas actuales, sino también porque antes de hacerse católico, el teólogo Agustín de Hipona, el más importante de todo el primer milenio después de Cristo, fue maniqueo, y es posible que mucho de lo pesimista de su doctrina acerca del mundo, que Agustín concebía en esencia como un valle de lágrimas y la cárcel del alma, venga desde el pensamiento maniqueo.

3.- El Islam.

Durante la Edad Media, los más importantes eruditos cristianos jamás consideraron que el Islam fuera una religión aparte. Algo que puede parecer una estupidez el día de hoy, si se piensa que en la actualidad, uno de cada cinco seres humanos sobre el planeta es musulmán. Pero en ese tiempo, el Islam era visto como una mera herejía del Cristianismo. Dante Alighieri, sin ir más lejos, en su Divina Comedia manda a Mahoma al infierno porque en su concepto, Mahoma no es el profeta de una nueva religión sino apenas un hereje dentro del Cristianismo. Esto explica que varios cristianos pensaban que los musulmanes podrían ser convertidos sin mayores problemas, como niñitos de pecho a quienes los adultos iban a enseñar cómo eran las cosas de verdad. El propio Francisco de Asís, el predicador hippie antes de los hippies, intentó convertir al Sultán de Egipto durante la malograda Quinta Cruzada, en 1.219, y fracasó por supuesto. El caso es que hoy en día, salvo la tradición propiamente musulmana, no sabemos a ciencia cierta cómo nació el Islam. Sabemos que fue predicado por primera vez por Mahoma, quien siguió un patrón que ya había sido inaugurado por Mani, de quien hablamos más arriba: Mahoma consideraba que Jesús (Isa, en el mundo musulmán) había recibido la Revelación, pero que ésta había sido distorsionada, y en cualquier caso Jesús o Isa era apenas un profeta, sobre el cual venía la verdadera revelación, que es la de Mahoma por supuesto. Así, si los cristianos veían a los musulmanes como cristianos herejes, los musulmanes veían a los cristianos como musulmanes descarriados. De todas maneras, y esto vale la pena mencionarlo, el Islam guarda más puntos de contacto con el Judaísmo que con el Cristianismo, en particular por su insistencia en el monoteísmo. Para los musulmanes, los cristianos son asociadores, porque la doctrina cristiana de la Santísima Trinidad en realidad sería el poner a criaturas vivientes (en concreto Jesús y María, el Islam ignora al Espíritu Santo) al mismo nivel del Creador. Y el asociador es un pecador porque muy en el fondo, según la mentalidad musulmana, es un politeísta.

Mahoma recibiendo la revelación del arcángel Gabriel, según una miniatura persa del siglo XIV.
En sus primeros siglos de expansión, el Islam se las arregló para suplantar al Cristianismo en las regiones que fueron conquistadas por la espada... y sorprendemente, no a través de la conversión forzosa o el exterminio, sino simplemente por el expediente de dejarlos vivir, pero cobrándoles un impuesto especial y privándoles de algunos derechos civiles (un cristiano no puede heredar de un musulmán, por ejemplo). En la actualidad, dentro de Estados Unidos, el Islam es la religión de mayor crecimiento, y en Europa, con la inmigración de pakistaníes a Inglaterra, turcos a Alemania y magrebíes a España, ya no digamos. A saber cuánto falta para que se hagan realidad las palabras que en el siglo XVIII escribía Edward Gibbon a título de ucronía, describiendo lo que hubieran sido los resultados de una potencial victoria musulmana en la Batalla de Poitiers en 732: "Quizás la interpretación del Corán hubiera sido enseñada ahora en las escuelas de Oxford, y sus púlpitos podrían demostrar a gente circuncidada la santidad y verdad de la revelación de Mahoma"... ¿Un escenario demasiado desquiciado? Piensen ustedes en lo absurdo que hubiera resultado para los romanos contemporáneos de Cristo, pensar que Roma iba a terminar siendo la más importante ciudad cristiana de todas, y que dieciocho siglos después, el propio Gibbon escribiría su historia de la caída del Imperio Romano inspirado por, en sus propias palabras... "estaba sentado meditando en medio de las ruinas del Capitolio, mientras los frailes descalzos estaban cantando las vísperas en el templo de Júpiter, que la idea de escribir la decadencia y caída de la Ciudad primero empezó en mi mente"...

4.- El satanismo romántico.

Ya conocen el viejo adagio: más vale ser cabeza de ratón, que cola de león. Cuando el Cristianismo ha crecido tanto que sus diversas ramas y sectas tienen todas liderazgos claramente establecidos, ¿qué camino queda hacia adelante? Pues abrazar alguna doctrina según la cual, dichos liderazgos sean del todo ilegítimos. Fue el camino seguido por Martín Lutero, quien no se cortó en predicar que la Iglesia Católica en realidad es el Anticristo profetizado en el Apocalipsis, etcétera. Pero hay una manera de ser más extremo todavía: hacerse satánico. Parece ser que, durante siglos, el Satanismo era más paranoia que otra cosa. Después de todo, nadie en su sano juicio quiere ser asociado con una fuerza de la muerte y la destrucción que, naturalmente, puede que lo mate y destruya a uno, al final del día. Es decir, nadie que no sea un histérico o una persona con patologías varias, que esos factores fueron claves en la expansión de la brujería satánica durante la Edad Media y el Renacimiento. Pero en el siglo XVIII, el prestigio del Cristianismo sufrió varios golpes de importancia frente al Deísmo, el Racionalismo y la Ilustración. Bruscamente, ser satánico se volvió más o menos de buen tono entre ciertos sectores de la juventud rebelde. Es fácil pasar por alto este detalle, pero en estricto rigor, los románticos del siglo XIX no se hicieron satánicos porque creyeran en Satán, sino todo lo contrario, pudieron hacerse satánicos porque dejaron de creer en Satán. Después de todo, si eres escritor, no escribes cuentos de fantasmas si le temes a los fantasmas porque tendrás miedo de que ellos vengan a ajustarte cuentas; sólo puedes hacerlo si dejas de creer en que ellos para así considerarte a salvo de sus fuerzas sobrenaturales.

Satán convocando a sus legiones, por William Blake en 1.804, a medio filo del Romanticismo.
Para los románticos, el Satanismo en realidad era una afirmación de individualismo. Frente al Cristianismo visto como la fuente de la hipocresía y las amarras, el Satanismo era visto como la reivindicación del valor del individuo. Si no se entienden, piensen en el final del Episodio III de Star Wars: el pseudocristiano Obi Wan Kenobi deja a Anakin Skywalker hecho un pollo al spiedo en un planeta volcánico, mientras que el pseudosatánico Palpatine va a su rescate, salva su vida y le confiere un nuevo propósito a su existencia. Torcido y lo que se quiera, pero entre los jedi Anakin era apenas otro acólito más, mientras que con Palpatine, Anakin ahora era nada más y nada menos que Darth Vader. Por supuesto, este Satanismo romántico ya no se relacionaba tanto con practicar el coito con machos cabríos y otras cosas similares de las que aparecen en actas judiciales de la caza de brujas en el Renacimiento, sino que tenía una dimensión más cosmológica, de reflexión acerca del tamaño del universo y nuestro propósito en el mismo. En esta vertiente, ha seguido influyendo hasta el día de hoy. Si bien muchas bandas actuales de Death Metal han adoptado el Satanismo como bandera de rebelión contra el Cristianismo, en el campo del Black Metal la tendencia ha sido recoger el Satanismo como sinónimo de conocimiento esotérico y cosmológico... la vieja nariz de los antiguos gnósticos, levantando cabeza una vez más. Por supuesto, considerando el elitismo inherente detrás del concepto de ser un true black...

5.- Los mormones.

El caso de los mormones sigue un patrón que ya conocemos: el de Mani y el de Mahoma. Joseph Smith dijo algo más o menos en la misma línea: Jesús fue el que nos trajo la revelación, pero como ésta se corrompió en el camino, vengo yo como nuevo profeta, y ahora sí que soy el último, y no vendrá otro, etcétera. Y así como Mahoma dijo que la verdad no estaba en la Torá o en la Biblia sino en el Corán, Joseph Smith dijo que era importante leer la Biblia, pero además le añadiremos un nuevo testamento adicional, el Libro de Mormón, que es llamado el Tercer Testamento de Jesucristo. Lo divertido va a ser cuando algún mormón decida que a su vez los mormones corrompieron el mensaje y diga que en realidad él es el profeta último y final, y escriba un Cuarto Testamento de Jesucristo, y luego venga un quinto y un sexto y un séptimo, y así hasta que terminen por inventar el Navacristianismo de Chusuk. El truco de Joseph Smith es que, en el período intermedio desde Jesús, descubrimos que existía América, y como en la época América era poco menos que un montón de manchones blancos con la inscripción "HC SVNT DRACONES", podía inventarse cualquier historieta épica, y podía pasar.

Cristo visitando a los habitantes precolombinos de América, pero sólo a los de piel clara.
Por supuesto que hoy en día, a casi dos siglos de Joseph Smith, nuestro conocimiento del pasado precolombino de América ha crecido una enormidad, y sabemos que aparte de los nefitas y los lamanitas existieron los olmecas, los chichimecas, los mayas, los itzaes, los toltecas, los mixtecas, los zapotecas, los chavines, los moches, los nazcas, los paracas, los chibchas, y un largo etcétera. Lo que no ha impedido que haya surgido una prolífera Arqueología Mormona que intente probar que, en efecto, el Libro de Mormón, por decirlo así... lo sabía antes. El Mormonismo creció gracias a medidas creativas como permitir la poligamia, por ejemplo, aunque sucesivas nuevas revelaciones de los líderes mormones le han enmendado la plana a la última revelación, que era la de Joseph Smith, razón por la cual los mormones han descubierto que la poligamia está mal, así como que los negros sean esclavos, etcétera. Además de una expansión militante a lo largo del mundo que los ha llevado a lugares tan dispares como... la televisión. Comparen, si no me creen, la versión antigua o la moderna de Battlestar Galactica con las doctrinas mormonas, y sorpréndanse; no debería ser casualidad, si se piensa que Glen A. Larson, creador de la serie original, era mormón.

Y entonces...

...con esto, ya en pleno siglo XIX, terminamos la primera entrega de estos diez intentos por ser más grandes que Jesucristo. Para la segunda, no incluiremos ni a John Lennon diciendo que somos "bigger than Jesus" ni a The Beatles, porque en realidad lo decían como broma pesada, o siendo un poquito más cínicos, quizás por crear un pequeño escándalo que les ayudara con las ventas, porque no haya buena ni mala publicidad sino publicidad a secas. Pero sin embargo, partiremos la segunda entrega con un favorito de todos: Friedrich Nietzsche.

5 comentarios:

Martín dijo...

Más que en el navacristianismo de Chusuk pensé directamente en la Biblia Católica Naranja...
Por otro lado, pensé que ibas a mencionar el epìsodio del jardín que le "ofrecieron" a Mani para que lo "disfrutara", acto que marcó el inicio de su caída. Aunque quizá sea demasiado macabro.

Cidroq dijo...

Muy interesante serie, gracias Guillermo

Guillermo Ríos dijo...

La historia que cuenta Frank Herbert en el apéndice de Dune acerca de la creación de la Biblia Católica Naranja y la Comisión de Traductores Ecuménicos es más realista de lo que parece, si se considera que en no pocas ocasiones en la Historia, se han intentado imponer doctrinas sincréticas desde arriba. Por regla general no suele funcionar demasiado bien, salvo que exista una base firme de creyentes desde abajo. Eso de las religiones artificiales, en realidad daría para otro posteo, porque hay tela que cortar.

@Cidroq, qué bueno sea interesante, espero que la segunda parte haya resultado a la altura de la primera.

Martín dijo...

A todo esto, y hablando del sincretismo religioso, al leer la ùltima parte de la trilogía sobre Trajano, se cuenta un importante paralelismo entre la construcción del Nuevo Testamento y la fijación de las doctrinas de Buda en el Imperio Kushan, que fueron casi lietralmente contemporáneas. ¿Curioso, no?

Guillermo Ríos dijo...

No he leído la trilogía de Trajano, así es que tengo que fiarme de referencias. Pero la idea de los paralelos entre la génesis del Cristianismo en el Imperio Romano y del Mahayana en el Imperio Kushan, fue explorada de manera muy amplia por Arnold J. Toynbee en su obra Estudio de la Historia, a mediados del siglo XX. Explicado de manera muy breve (porque la obra completa fue publicada en 17 tomos en castellano, y el resumen en apenas tres tomos...), la tesis toynbeana es que ambos son subproductos de sendos choques de civilizaciones. Explicado de manera muy breve, el impacto de la civilización helénica sobre lo que él llama la civilización siríaca, habría producido el cristianismo, y el impacto de la civilización helénica sobre la civilización índica, habría producido el Mahayana. Toynbee considera la distinción entre el Hinayana (el Pequeño Vehículo del Budismo) y el Mahayana (el Gran Vehículo del Budismo) como análoga a la distinción entre la filosofía griega, particularmente la posterior a Sócrates, y la filosofía cristiana de la Patrística. La diferencia fundamental es que el material indígena de base transformado por la filosofía helénica en el caso siríaco es una religión (el judaísmo) y en el caso índico es una filosofía (el Hinayana). Al respecto, Toynbee es bastante explícito en distinguir filosofías de religiones, aunque considero esta idea toynbeana no como errónea, pero sí discutible y necesitada de un poco de afinación. Lo que acabo de escribir es apenas un esbozo, porque el análisis que hace Toynbee es mucho más detallado, pero dados los antecedentes históricos que conozco, a mí me suena muy razonable.

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