domingo, 31 de enero de 2016

Finales de temporada: La tercera de "Héroes" y la séptima de "24".


Hace un tiempo atrás hablábamos acerca de la tercera temporada de Héroes, y la séptima temporada de 24. Y como no tengo tiempo ni ganas de sentarme a escribir sendos y sesudos posteos haciendo análisis metatelevisivo de ambas, me conformaré con algunas impresiones finales sobre éstas, ahora que terminaron en fecha más o menos reciente. Que terminaron sus respectivas temporadas, se entiende, porque Héroes fue confirmada para una cuarta, y 24 para una octava. Así es que, sin más preámbulos...

En lo de Héroes, la cosa estuvo decepcionante. La primera mitad, el llamado volumen Villanos, sin ser ninguna maravilla, estuvo decente en cuanto se supone que debía ordenar el naipe, haciendo una severa poda de elementos que habían quedado muy dispersos en la segunda. Pero después vino la aburridísima saga de Fugitivos, y ahí el asunto se puso idiota. Porque se sacaron de la manga a un megavillano llamado Danko, que se suponía era una amenaza contra los héroes en su afán de cazar y aniquilar a todos los tipos con superpoderes, pero que a lo largo de la trama no hacía nada verdaderamente memorable contra ellos (en cambio, sí era muy eficiente haciendo trampas con los burócratas, pero es que los burócratas tampoco eran los buenos). El resultado final es que los supuestos fugitivos viajaban como Pedro por su casa, y no tuvimos casi nunca la sensación de que estaban verdaderamente en peligro y sin escapatoria. Al final, como para arreglar el asunto, contaron la historia de cómo surgió la Compañía, pero de manera tan deslavada, que tampoco tuvo el chiste que hubiera tenido una revelación de ese calibre. Y el giro final, con Nathan Petrelli siendo asesinado por un Sylar con problemas de identidad, hubiera sido grandioso, de no ser por dos elementos. En primera, Nathan Petrelli, siendo ni completamente bueno ni completamente malo, era de lejos uno de los personajes más interesantes y explotables de la saga, y cargárselo a él, en vez de a algunos secundarios que ni quitan ni ponen, era una pésima decisión. En segunda, la remataron con hacerle una especie de lobotomía telepática a Sylar para convencerlo de que es Nathan Petrelli, con lo que ahora tenemos al actor que hace de Nathan Petrelli haciendo de Sylar creyendo ser Nathan Petrelli... Ni en Victor Victoria, qué quieren que les diga. Y todo, para justificar que Zachary Quinto, el chico malo Sylar, quiere seguir carrera por separado y abandona el barco de Héroes. Bueno, su personaje ya no aporta nada a la historia, salvo subtramas encajadas con calzador, pero las chicas que siguen la serie por babearse con él, ahora sí que abandonarán en masa. ¿Aguanta esto una CUARTA temporada? Hay una pregunta más interesante que ésta: ¿cómo demonios aguantamos nosotros esta TERCERA temporada?

En lo de 24 el asunto anduvo mejor. Como era de esperarse, considerando la tónica general de la serie (media sesión con un villano, media sesión con otro), la amenaza de terroristas africanos dio paso en la segunda mitad a una amenaza diferente, concretamente de un grupo de contratistas militares interesados en armar un golpe de estado dentro de Estados Unidos. Es una variante de lo mil veces visto en la serie, pero al menos lo hicieron bien, aunque sea por los años de experticia en el trabajo. Al final, cuando parece todo controlado, resurge el Evil Tony, y viene toda una subtrama con otro ataque terrorista más, que se veía un tanto poca cosa después de haber visto a agentes del FBI ingresando con helicópteros en plan comando dentro de instalaciones militares de mercenarios a sueldo. Pero al final, un Jack Bauer infectado con el virus es secuestrado por Evil Tony para obtener de él un agente patógeno capaz de montar una nueva amenaza terrorista. El final fue un tanto predecible e incluso lento para los estándares de la serie, pero tuvo un carácter intimista que la serie pocas veces se da, y que le dio cierta profundidad: Jack Bauer afronta la muerte de manera casi inevitable y tiene que ponerse en paz consigo mismo, Kim Bauer muestra que algo ha madurado desde que era la curvilínea imán de secuestradores al comienzo de la serie, la agente Renee Walker toma una decisión ética importantísima, y vemos a Tony Almeida (¡Evil Tony!) con una humanidad como nunca antes la había desplegado (y, digámoslo, como el limitado talento actoral de Carlos Bernard nunca le había permitido mostrar tampoco). No fue la mejor temporada de 24 ni de lejos, pero sirvió para hacer bajar la serie a tierra después de la superlativa quinta temporada, y los desvaríos guionísticos de la sexta, y consigue mantenerla vigente sin que parezcan haber pasado nada menos que siete temporadas completas. ¿Aguanta una octava temporada? Es posible, aunque la idea de mover la serie a Nueva York (las seis primeras temporadas fueron en Los Angeles y ésta en Washington) suena como una medida desesperada. Además, Kiefer Sutherland tiene contrato hasta una temporada más, y parece inimaginable seguir 24 sin su personaje de Jack Bauer. Aunque, por otra parte, la agente Renee Walker se perfila como una Jack Bauer en potencia, y bien podrían seguir con ella y sin Jack. Por lo pronto Annie Wersching, la actriz que la interpreta, tiene renovado su contrato para la octava temporada. Así es que en esto podemos darnos el lujo de ser cautamente optimistas. Veremos qué pasa.



NOTAS ADICIONALES (ENERO DE 2.016): Dicen las malas lenguas que la cuarta temporada de Héroes marcó una cierta mejora, pero a esas alturas no había nadie que tuviera interés en quedarse a ver qué pasaba con la serie, y el asunto acabó en cancelación. En 2.015 regresó como miniserie, pero parece ser que tuvo un paso discreto por las pantallas televisivas. Y no es que tenga programado en sentarme a verla tampoco, en vez de otros proyectos más emocionantes como, por ejemplo, contar las hojas del árbol de mi casa y volver a contarlas para ver si no se habrá deslizado algún error, o lisa y llanamente ver crecer la hierba de mi jardín. En cuanto a 24, la serie acabó con una octava temporada en donde se mandaron la fusilada en el pie más grande que registra la televisión, eliminando al personaje de Renee Walker porque sí, y cargándose la posibilidad de un posible y más que interesante spin-off. Después vino 24: Vive un nuevo día, pero eso es otra historia.

Este posteo fue publicado por primera vez en el blog Tribu de Plutón, el Miércoles 29 de Julio de 2.009.

jueves, 28 de enero de 2016

10 intentos por ser más grandes que Jesucristo (1 de 2).

Pietro Perugino: Dios Creador y ángeles, hacia 1.508.
Sea uno cristiano, agnóstico, ateo, satánico o creyente de otra religión, es inevitable reconocer que el Cristianismo ha sido hasta la fecha la religión más importante de la Historia de la Humanidad, en términos históricos a lo menos. Se quiera o no, la mentalidad cristiana ha moldeado, si no dirigido, eventos históricos de un calado enorme, incluyendo las Cruzadas, la recepción de la Filosofía Griega en Occidente, la conquista de América por Europa, y modernamente la Guerra contra el Terror. Incluso la ciencia, actividad mirada por la religión generalmente con sospecha, ha estado preñado de científicos cristianos; Isaac Newton por ejemplo, uno de los más importantes científicos de todos los tiempos, dedicaba más tiempo a buscar cábalas en la Biblia y en los textos alquimísticos, que a las Matemáticas y la Astronomía que terminaron por hacerlo famoso a escala universal. Desconocer la influencia que ha tenido el Cristianismo en la Historia de la Humanidad es simplemente un disparate.

Por eso, resulta casi inevitable que los descontentos con el Cristianismo hayan intentado, de una manera o de otra, derrocarlo. Las más de las veces, para entronizarse ellos. Ya sabemos cómo funciona esto: ser califas en lugar del califa. No nos referimos aquí a los cristianos que piensan que el Cristianismo de todos los demás está equivocado y el suyo propio es el único que vale porque ellos lo valen, como es el caso de Martín Lutero. Nos referimos a la gente se pone a la periferia del Cristianismo, o directamente fuera, y ha intentado proponer modelos religiosos o filosóficos diferentes que sirvan de alternativa y, en última instancia, acaben por enviar al Cristianismo a la repisa del museo que está al lado del dodo y los vinilos de los Jackson 5.

Así es que, acá en la Guillermocracia, haremos un repaso a esos diez movimientos que, de una manera u otra, proponiéndoselo o no, han intentado arrinconar al Cristianismo. Hasta el minuto sin lograrlo, por lo menos, y con mucho énfasis en el hasta el minuto. Porque el éxito no se compra para siempre, y quizás, sólo quizás, algún día, algún movimiento similar... Pero una advertencia preliminar. Este es un posteo de temática histórica y no de proselitismo religioso; no pretendemos ni atacar ni defender al Cristianismo aquí. De manera que los fanáticos que lleguen a escribir frases de tipo "JESUS ES KE MAS GRANDE EL DIJO SOI LA LUS YLA VIDA", por favor absténganse, en particular si tienen mala ortografía. En la Guillermocracia existe tolerancia religiosa y libertad de cultos, y son bienvenidos tanto los cristianos como los fieles de otras confesiones, e incluso los que no tienen ninguna, pero el proselitismo puro y duro es considerado como de mal tono. Y ya saben: nuestra casa, nuestras reglas. Advertidos quedan.

1.- Los gnósticos.

En los manuales de Historia escritos por gente religiosa, piadosa, o simplemente que no quiere pisar callos, el Gnosticismo en los tiempos del Imperio Romano es despachado como una simple herejía del Cristianismo. Para lograr esta pirueta, describen el Gnosticismo como una inyección de Filosofía Neoplatónica en el Cristianismo, o dicho de otra manera, como la doctrina de cristianos que se fueron en exceso de logos. Por si no entienden de qué estamos hablando: en la época del Imperio Romano, y después de algunos siglos de oscuridad, el prestigio de Platón como filósofo experimentó una resurrección similar a la carrera de John Travolta después de Pulp Fiction, debido a que su doctrina de que existe un mundo ideal por encima del mundo real era el vehículo ideal, valga la redundancia, para encajar conceptos místicos orientales acerca de que nuestro mundo es una ilusión y la verdadera realidad está más allá de nuestros sentidos, etcétera. Si les suena a algo similar a que la mátrix "es el mundo que han construido delante de tus ojos para cegarte de la verdad", ya saben de dónde salió la idea, bien sea que los Wachowski la tomaran directamente de Platón, o bien sea de la innumerable caterva de epígonos que han plagiado estas ideas con descaro.

El Ojo Que Todo Lo Ve, fuera de la Catedral de Aquisgrán.
En definitiva, el Neoplatonismo era misticismo oriental revestido de lenguaje platónico para ser vendido a los filósofos romanos, que se sentían muy estupendos porque veían cosas que las masas palurdas no. Si Paulo Coehlo hubiera vivido en el Imperio Romano, muy probablemente hubiera sido un neoplatónico, o al menos, hubiera tomado ideas del Neoplatonismo para sus salidas de madre de piensa positivo. El Gnosticismo fue la fusión de todas estas ideas neoplatónicas con el Cristianismo, igual que el Jazz Fusión es una mezcla contra natura de Jazz, Rock, Música Etnica y un montón de otros géneros musicales que no tuvieron patas suficientes para arrancar hasta la zona de seguridad. En ese sentido, el Gnosticismo no es una herejía del Cristianismo sino una religión aparte por derecho propio. En esencia, los gnósticos decían que existía una serie de emanaciones desde el espíritu hasta la materia (cuántas y cuáles, eso dependía de la... virilidad, de cada gnóstico, por decirlo así), así es que Dios emanó Cristo, de Cristo emanó el mundo, etcétera. El Cristianismo tal y como lo entendemos, para los gnósticos era la doctrina bruta que se enseñaba a las masas, una mentira piadosa que se les contaba porque ellos, brutos como eran, jamás entenderían los vuelos intelectuales de la gente filosófica que de verdad sabe: la verdadera religión era la que se enseñaba a los gnósticos mismos, por supuesto. Al final, resultó que el Gnosticismo no prendió, porque por su propia naturaleza de doctrina esotérica para unos pocos elegidos, bastó que estos elegidos desaparecieran con la caída del Imperio Romano, para que no sobreviviera. Después de todo, ¿qué iba a sobrevivir el Gnosticismo si lo único que quedó fueron las masas brutas, y a éstas se les enseñaba el Cristianismo de toda la vida y no el Gnosticismo...?

2.- El Maniqueísmo.

A veces, cuando una historia de ficción es demasiado en blanco y negro, con buenos enfermos de bondad, y villanos risibles en su malignidad, calificamos dicha historia como maniquea. Menos conocido es el hecho de que el Maniqueísmo fue una religión con importantes seguidores hace ya la friolera de milenio y medio. Como de costumbre, los historiadores eclesiásticos tratan de bajarle el perfil, adjudicándole la categoría de herejía cristiana, cuando en realidad el Maniqueísmo es una fusión de dos religiones preexistentes: el Cristianismo y el Zoroastrismo. Eso, combinado con una buena dosis de Gnosticismo, que era la doctrina de moda en la época. En definitiva, podríamos decir de manera muy sucinta, que el Maniqueísmo era un Zoroastrismo cristiano con tendencias gnósticas populistas. Si se entiende lo que quiero decir. El fundador del Maniqueísmo fue un profeta llamado Mani, que vivió en Persia durante el siglo III. En ese tiempo, ascendió en Persia el llamado Imperio Sasánida, cuya ideología oficial vendía la idea de que éste era la resurrección del antiguo Imperio Aqueménida; por eso, los sasánidas adoptaron al Zoroastrismo como religión oficial. Mani predicaba que existe una división rígida entre el bien y el mal (de ahí la definición de la actual palabra maniqueo), y que era posible pasarse al lado del bien a través de la adecuada educación, el rechazo del propio ego, la castidad, etcétera. El repertorio habitual de lo que se llama buena conducta, para que nos entendamos. El propio Mani rechazaba tanto su ego, que llegó a negar su propia personalidad, predicando que no era Mani sino la reencarnación de Jesús, Buda y Zoroastro, todo en uno.

El profeta Mani, en un grabado de 1.701.
La suerte de Mani fue un tanto peculiar. El rey sasánida Sapor I lo trató con benevolencia, aunque siguió zoroastriano y no se convirtió al Maniqueísmo, quizás porque de haberlo hecho, Mani se habría transformado en un rey sin corona del Imperio Sasánida. Pero un sucesor de Sapor, Bahram I, le simpatizaban muy poco los maniqueos, y ordenó que Mani fuera ejecutado. Las versiones sobre su final difieren: sus simpatizantes de sesgo cristiano insisten en que fue crucificado, para presentar a Mani como un nuevo Cristo, mientras que el historiador musulmán Al-Biruni sostiene que fue desollado vivo, y el pellejo resultante fue rellenado con pasto y exhibido a la vista general. Cualquiera sea el caso, el intento de Mani por crear la religión que iba a unir y superar al Cristianismo y al Zoroastrismo acabó en bochorno, y el Maniqueísmo en sí acabó extinto a la vuelta de cerca de medio milenio, cuando sus últimos reductos en Asia Central fueron aniquilados por persecuciones de mongoles y chinos, a cuyos lares se habían desplazado los últimos sectarios. Con todo, venganza desde la tumba aquí, el Maniqueísmo tuvo alguna influencia en el devenir del Cristianismo. No sólo porque sus ideas se las arreglaron para pasar a herejías medievales como el Paulicianismo y al Bogomilismo, y de ahí a través de los cátaros hasta varias teorías conspiranoicas actuales, sino también porque antes de hacerse católico, el teólogo Agustín de Hipona, el más importante de todo el primer milenio después de Cristo, fue maniqueo, y es posible que mucho de lo pesimista de su doctrina acerca del mundo, que Agustín concebía en esencia como un valle de lágrimas y la cárcel del alma, venga desde el pensamiento maniqueo.

3.- El Islam.

Durante la Edad Media, los más importantes eruditos cristianos jamás consideraron que el Islam fuera una religión aparte. Algo que puede parecer una estupidez el día de hoy, si se piensa que en la actualidad, uno de cada cinco seres humanos sobre el planeta es musulmán. Pero en ese tiempo, el Islam era visto como una mera herejía del Cristianismo. Dante Alighieri, sin ir más lejos, en su Divina Comedia manda a Mahoma al infierno porque en su concepto, Mahoma no es el profeta de una nueva religión sino apenas un hereje dentro del Cristianismo. Esto explica que varios cristianos pensaban que los musulmanes podrían ser convertidos sin mayores problemas, como niñitos de pecho a quienes los adultos iban a enseñar cómo eran las cosas de verdad. El propio Francisco de Asís, el predicador hippie antes de los hippies, intentó convertir al Sultán de Egipto durante la malograda Quinta Cruzada, en 1.219, y fracasó por supuesto. El caso es que hoy en día, salvo la tradición propiamente musulmana, no sabemos a ciencia cierta cómo nació el Islam. Sabemos que fue predicado por primera vez por Mahoma, quien siguió un patrón que ya había sido inaugurado por Mani, de quien hablamos más arriba: Mahoma consideraba que Jesús (Isa, en el mundo musulmán) había recibido la Revelación, pero que ésta había sido distorsionada, y en cualquier caso Jesús o Isa era apenas un profeta, sobre el cual venía la verdadera revelación, que es la de Mahoma por supuesto. Así, si los cristianos veían a los musulmanes como cristianos herejes, los musulmanes veían a los cristianos como musulmanes descarriados. De todas maneras, y esto vale la pena mencionarlo, el Islam guarda más puntos de contacto con el Judaísmo que con el Cristianismo, en particular por su insistencia en el monoteísmo. Para los musulmanes, los cristianos son asociadores, porque la doctrina cristiana de la Santísima Trinidad en realidad sería el poner a criaturas vivientes (en concreto Jesús y María, el Islam ignora al Espíritu Santo) al mismo nivel del Creador. Y el asociador es un pecador porque muy en el fondo, según la mentalidad musulmana, es un politeísta.

Mahoma recibiendo la revelación del arcángel Gabriel, según una miniatura persa del siglo XIV.
En sus primeros siglos de expansión, el Islam se las arregló para suplantar al Cristianismo en las regiones que fueron conquistadas por la espada... y sorprendemente, no a través de la conversión forzosa o el exterminio, sino simplemente por el expediente de dejarlos vivir, pero cobrándoles un impuesto especial y privándoles de algunos derechos civiles (un cristiano no puede heredar de un musulmán, por ejemplo). En la actualidad, dentro de Estados Unidos, el Islam es la religión de mayor crecimiento, y en Europa, con la inmigración de pakistaníes a Inglaterra, turcos a Alemania y magrebíes a España, ya no digamos. A saber cuánto falta para que se hagan realidad las palabras que en el siglo XVIII escribía Edward Gibbon a título de ucronía, describiendo lo que hubieran sido los resultados de una potencial victoria musulmana en la Batalla de Poitiers en 732: "Quizás la interpretación del Corán hubiera sido enseñada ahora en las escuelas de Oxford, y sus púlpitos podrían demostrar a gente circuncidada la santidad y verdad de la revelación de Mahoma"... ¿Un escenario demasiado desquiciado? Piensen ustedes en lo absurdo que hubiera resultado para los romanos contemporáneos de Cristo, pensar que Roma iba a terminar siendo la más importante ciudad cristiana de todas, y que dieciocho siglos después, el propio Gibbon escribiría su historia de la caída del Imperio Romano inspirado por, en sus propias palabras... "estaba sentado meditando en medio de las ruinas del Capitolio, mientras los frailes descalzos estaban cantando las vísperas en el templo de Júpiter, que la idea de escribir la decadencia y caída de la Ciudad primero empezó en mi mente"...

4.- El satanismo romántico.

Ya conocen el viejo adagio: más vale ser cabeza de ratón, que cola de león. Cuando el Cristianismo ha crecido tanto que sus diversas ramas y sectas tienen todas liderazgos claramente establecidos, ¿qué camino queda hacia adelante? Pues abrazar alguna doctrina según la cual, dichos liderazgos sean del todo ilegítimos. Fue el camino seguido por Martín Lutero, quien no se cortó en predicar que la Iglesia Católica en realidad es el Anticristo profetizado en el Apocalipsis, etcétera. Pero hay una manera de ser más extremo todavía: hacerse satánico. Parece ser que, durante siglos, el Satanismo era más paranoia que otra cosa. Después de todo, nadie en su sano juicio quiere ser asociado con una fuerza de la muerte y la destrucción que, naturalmente, puede que lo mate y destruya a uno, al final del día. Es decir, nadie que no sea un histérico o una persona con patologías varias, que esos factores fueron claves en la expansión de la brujería satánica durante la Edad Media y el Renacimiento. Pero en el siglo XVIII, el prestigio del Cristianismo sufrió varios golpes de importancia frente al Deísmo, el Racionalismo y la Ilustración. Bruscamente, ser satánico se volvió más o menos de buen tono entre ciertos sectores de la juventud rebelde. Es fácil pasar por alto este detalle, pero en estricto rigor, los románticos del siglo XIX no se hicieron satánicos porque creyeran en Satán, sino todo lo contrario, pudieron hacerse satánicos porque dejaron de creer en Satán. Después de todo, si eres escritor, no escribes cuentos de fantasmas si le temes a los fantasmas porque tendrás miedo de que ellos vengan a ajustarte cuentas; sólo puedes hacerlo si dejas de creer en que ellos para así considerarte a salvo de sus fuerzas sobrenaturales.

Satán convocando a sus legiones, por William Blake en 1.804, a medio filo del Romanticismo.
Para los románticos, el Satanismo en realidad era una afirmación de individualismo. Frente al Cristianismo visto como la fuente de la hipocresía y las amarras, el Satanismo era visto como la reivindicación del valor del individuo. Si no se entienden, piensen en el final del Episodio III de Star Wars: el pseudocristiano Obi Wan Kenobi deja a Anakin Skywalker hecho un pollo al spiedo en un planeta volcánico, mientras que el pseudosatánico Palpatine va a su rescate, salva su vida y le confiere un nuevo propósito a su existencia. Torcido y lo que se quiera, pero entre los jedi Anakin era apenas otro acólito más, mientras que con Palpatine, Anakin ahora era nada más y nada menos que Darth Vader. Por supuesto, este Satanismo romántico ya no se relacionaba tanto con practicar el coito con machos cabríos y otras cosas similares de las que aparecen en actas judiciales de la caza de brujas en el Renacimiento, sino que tenía una dimensión más cosmológica, de reflexión acerca del tamaño del universo y nuestro propósito en el mismo. En esta vertiente, ha seguido influyendo hasta el día de hoy. Si bien muchas bandas actuales de Death Metal han adoptado el Satanismo como bandera de rebelión contra el Cristianismo, en el campo del Black Metal la tendencia ha sido recoger el Satanismo como sinónimo de conocimiento esotérico y cosmológico... la vieja nariz de los antiguos gnósticos, levantando cabeza una vez más. Por supuesto, considerando el elitismo inherente detrás del concepto de ser un true black...

5.- Los mormones.

El caso de los mormones sigue un patrón que ya conocemos: el de Mani y el de Mahoma. Joseph Smith dijo algo más o menos en la misma línea: Jesús fue el que nos trajo la revelación, pero como ésta se corrompió en el camino, vengo yo como nuevo profeta, y ahora sí que soy el último, y no vendrá otro, etcétera. Y así como Mahoma dijo que la verdad no estaba en la Torá o en la Biblia sino en el Corán, Joseph Smith dijo que era importante leer la Biblia, pero además le añadiremos un nuevo testamento adicional, el Libro de Mormón, que es llamado el Tercer Testamento de Jesucristo. Lo divertido va a ser cuando algún mormón decida que a su vez los mormones corrompieron el mensaje y diga que en realidad él es el profeta último y final, y escriba un Cuarto Testamento de Jesucristo, y luego venga un quinto y un sexto y un séptimo, y así hasta que terminen por inventar el Navacristianismo de Chusuk. El truco de Joseph Smith es que, en el período intermedio desde Jesús, descubrimos que existía América, y como en la época América era poco menos que un montón de manchones blancos con la inscripción "HC SVNT DRACONES", podía inventarse cualquier historieta épica, y podía pasar.

Cristo visitando a los habitantes precolombinos de América, pero sólo a los de piel clara.
Por supuesto que hoy en día, a casi dos siglos de Joseph Smith, nuestro conocimiento del pasado precolombino de América ha crecido una enormidad, y sabemos que aparte de los nefitas y los lamanitas existieron los olmecas, los chichimecas, los mayas, los itzaes, los toltecas, los mixtecas, los zapotecas, los chavines, los moches, los nazcas, los paracas, los chibchas, y un largo etcétera. Lo que no ha impedido que haya surgido una prolífera Arqueología Mormona que intente probar que, en efecto, el Libro de Mormón, por decirlo así... lo sabía antes. El Mormonismo creció gracias a medidas creativas como permitir la poligamia, por ejemplo, aunque sucesivas nuevas revelaciones de los líderes mormones le han enmendado la plana a la última revelación, que era la de Joseph Smith, razón por la cual los mormones han descubierto que la poligamia está mal, así como que los negros sean esclavos, etcétera. Además de una expansión militante a lo largo del mundo que los ha llevado a lugares tan dispares como... la televisión. Comparen, si no me creen, la versión antigua o la moderna de Battlestar Galactica con las doctrinas mormonas, y sorpréndanse; no debería ser casualidad, si se piensa que Glen A. Larson, creador de la serie original, era mormón.

Y entonces...

...con esto, ya en pleno siglo XIX, terminamos la primera entrega de estos diez intentos por ser más grandes que Jesucristo. Para la segunda, no incluiremos ni a John Lennon diciendo que somos "bigger than Jesus" ni a The Beatles, porque en realidad lo decían como broma pesada, o siendo un poquito más cínicos, quizás por crear un pequeño escándalo que les ayudara con las ventas, porque no haya buena ni mala publicidad sino publicidad a secas. Pero sin embargo, partiremos la segunda entrega con un favorito de todos: Friedrich Nietzsche.

domingo, 24 de enero de 2016

"Los Goldbergs": Tenía que llegarle el turno a los ochentas.


La nostalgia vende. Eso lo saben bien quienes crean series de televisión, que desde antaño se han hecho su mina de oro con series ambientadas veinte o treinta años atrás desde su presente respectivo. La serie de televisión Combate (1.962 a 1.967) se ambientaba en la Segunda Guerra Mundial. Días felices (1.974 a 1.984) se ambientaba en la década de 1.950. That 70's Show (1.998 a 2.006) se ambientaba en la década de 1.970, recreando de manera tan fiel su estética cacharrienta que hasta Mila Kunis se veía fea. Y así. Por supuesto que esto no es casual. Sucede que los niños se enamoran de la década inocente y luminosa en que vivieron sus infancias, y luego crecen para ser adultos útiles dentro de la sociedad, o por el contrario, para ser creadores y showrunners de series de televisión. De manera que es de predecir que para 2.020 habrán series de televisión ambientadas en la época de Britney Spears, la invasión latina de Ricky Martin y Jennifer Lopez, y el 9-11.

Y luego tenemos Los Goldberg, que hace este mismo ejercicio de nostalgia, pero con la década de 1.980 como corresponde, porque su primera temporada se emitió en 2.013. Es decir, hizo el mismo movimiento que serie Synth80s acá en la Guillermocracia: subirse tarde al carro de la nostalgia ochentera, ahora que la misma casi se ha desvanecido en beneficio de la nostalgia noventera.

Dándole todavía otra vuelta al ejercicio de añoranzas, podemos decir que Los Goldberg viene a ser algo así como lo que en su día fue Los años maravillosos. ¡Oh, cuán metanarrativo! En un comentario sobre una serie nostálgica acerca de la década de 1.980, aludimos a una serie de la década de 1.980 que era una serie nostálgica acerca de la década de 1.960 e inicios de la década de 1.970... Los demasiado jóvenes para recordar: Los años maravillosos era una serie protagonizada por un chico llamado Fred Savage, que fue el único actor de la serie que nunca pareció crecer, y en que un adulto de la década de 1.980 rememoraba sus días felices de secundaria, siempre persiguiendo a su sueño romántico, una belleza llamada Winnie. Con el paso del tiempo, Fred Savage creció y sufrió el destino de tantos actores infantiles, cual es perder la chispa que lo hacía especial y ver como su carrera se apagaba en silencio, mientras que la actriz Danica McKellar creció para estudiar Matemáticas, ayudando a desarrollar el Teorema Chayes-McKellar-Winn que lleva también su apellido, como pueden observar, además de tomarse fotos pícaras para la revista Maxim en 2.003...

Pero volviendo a Los Goldberg. Si vieron Los años maravillosos, el esquema les resultará familiar. Se trata de una familia de Estados Unidos en la década de 1.980, conformada por un padre que es dueño de un pequeño local que vende muebles para la casa, una madre dueña de casa que es mal genio y mete sus narices en todo, pero que es hot, y los tres hijos. El protagonista es un chico nerd; es tan nerd que agarra su cámara de video y graba sus propias películas caseras, como en el filme Super 8, pero... imitando a Tron. El hermano mayor es grandote, cabeza de músculo y abusivo, aunque muy en el fondo, no tiene un cociente intelectual tan elevado como para llegar a ser mala gente. Y existe una hermana dando vueltas, y que aporta la cuota de género al asunto.


Pensándolo bien, otra referencia clave para entender Los Goldberg es... Los Simpsons. En particular los primeros episodios de la serie animada, los que justamente corresponden a 1.989, una década entera antes de que se echara a perder como el yogurt fuera del refrigerador. Después de todo, también se trata de una familia conformada por el matrimonio de un cavernícola y una hottie, con tres hijos, y sus peripecias domésticas.

De todas maneras, la inspiración no viene ni de Los años maravillosos ni de Los Simpsons, por más que existan algunos parecidos, sino de la propia vida del creador de la serie. Porque el chico nerd de la serie se llama Adam Goldberg, y el creador de la serie se llama... Adam Goldberg. Y para remachar aún más el punto, al final de cada episodio nos deleitan con algunos clips grabados en glorioso VHS, con escenas domésticas de la familia Goldberg real. El creador de la serie no se calentó la cabeza inventándose personajes para la misma, e introdujo sólo un cambio notorio: ellos eran tres hermanos varones, de manera que le cambió el sexo a uno de ellos y lo transformó en mujer. Considerando que la interpreta Hayley Orrantia, no seré yo quien se queje. Ignoro cómo el hermano varón de la realidad, se haya tomado que en la ficción su personaje haya sido cambiado por una mujer.

Por otra parte, dándole una vuelta de tuerca al problema de la inspiración, Matt Groening se inspiró en su propia familia para crear Los Simpsons; su propio padre se llamaba Homer Groening, después de todo...


La serie no se ambienta en un año específico. Es más, hace los más denodados esfuerzos para que dentro de un mismo capítulo haya contradicciones en la línea temporal. Así, sólo en la primera temporada, vemos que están allá afuera Volver al futuro, El regreso del jedi, Tron... Todas películas de años diferentes. En definitiva, es un intento por conseguir lo que en Estados Unidos llaman el comic book time, que toda la historia transcurra en una línea de tiempo flotante muy vagamente definida. Los Goldberg no es una recreación histórica, ni pretende ir mano con mano de la realidad como The Americans, por ejemplo, sino que toma la década en su conjunto como un gigantesco escenario kitsch en donde los protagonistas viven sus aventuras.

La serie en general es liviana y muy simpática. No pretende meterse en honduras ni ser intensamente reflexiva. Que nadie espere ver en pantalla el terror al holocausto nuclear de la época o algo parecido; en los capítulos que vi, todos de la primera temporada, no parecía haberse emitido El día después ni nada parecido. En Estados Unidos, después de todo, la transmiten en ABC, la cadena que es el brazo armado de la Disney en televisión. O sea, lo que tenemos es comedia ligera, salpicada con algunos momentos en que los personajes tienen conversaciones emotivas, pero sin pasarse ni en un sentido ni en otro. Se deja ver si lo que se quiere es algo liviano y sin mayores complicaciones.

Por otra parte, una serie de estas características, es fácil producirla en Estados Unidos. Es cierto que, a pesar de las complicaciones de una geopolítica en donde la Guerra Fría se puso bastante caliente, la vida en Estados Unidos era relativamente tranquila. No vivían presionados por las redes sociales, ni bajo la paranoia del 9-11. En Latinoamérica, las cosas no son tan fáciles. Cuando en Chile quieren producir su propia serie nostálgica familiar, inspirándose en este caso en la española Cuéntame como pasó, lo que les resulta es Los 80s, una amarga serie sobre una familia de clase media a patadas con la economía, en donde los padres terminan divorciándose, con crisis económicas y terremotos de por medio, y todo eso bajo el paraguas de cierto gobierno no demasiado amigo de rotularse como del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. La nostalgia es un lujo que pueden permitírselo allá en el Primer Mundo, que ha llegado a ser el Primer Mundo gracias a la paz y la estabilidad, lo que permite que existan buenos tiempos tras buenos tiempos. En el resto del mundo, la nostalgia no vende tan bien porque hay más esperanzas en el futuro que recuerdos gloriosos del pasado. Después de todo, trate usted de disfrutar esta serie pensando en que parte de los impuestos pagados por familias como la presentada aquí, fueron incorporados al presupuesto de la CIA para desestabilizar gobiernos en países como el suyo, estimado lector hispanoamericano... Pero no nos pasemos de graves. Sólo digamos que Los Goldbergs es una serie que sólo podía haberse rodado en Estados Unidos, y punto. Salvo por los peinados de leona de la mamá de la familia, que en la década eran universales.


jueves, 21 de enero de 2016

Block40busters (3 de 6).


Y hemos llegado al punto de esta serie que hemos llamado Block40busters, que repasa a los blockbusters más influyentes desde 1.975 a la fecha, en donde ingresamos a la década de 1.990. Una que, paradojalmente, resultó en un cierto retroceso de la cultura de los blockbusters. De tanto ir de menos a más, el ridículo inherente a muchas premisas hizo que el cine de la década intentara dejar un tanto de lado el legado blockbustero de la década anterior, o al menos los aspectos más extravagantes del mismo, al mismo tiempo que floreció con fuerza el cine independiente, como reacción justamente a la cultura del blockbuster. En la década de 1.980, los nuevos cineastas soñaban con ser el nuevo Steven Spielberg, y en la de 1.990, el nuevo Quentin Tarantino, para que hablemos más claro. Y aún así, hay películas que, siendo blockbusters o al menos fronterizas con éste, influyeron de manera decisiva en el cine de los años que vendrían después. De manera que partimos con el cambio de década, y con...

25.- ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1.988).

No se puede decir que ¿Quién engañó a Roger Rabbit? sea una película tan influyente como otras en esta serie de posteos aquí en la Guillermocracia. En buena medida porque su concepto es de ejecución técnica un tanto difícil: la mezcla de animación con actores de carne y hueso siempre ha sido negocio complejo, incluso con los avances de la animación actual por computadora. La idea en realidad es vieja. Ya se hacía en la década de 1.940, e incluso Fantasía de Walt Disney tiene algunas escenas que apuntan a esa tendencia. Pero ninguna de estas películas se transformó en tan icónica como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Este sentido homenaje tanto al cine noir estilo Humphrey Bogart como a la animación Looney Tunes posterior, se transformó en el modelo a seguir para otras películas que intentaron subirse al carro. Ralph Bakshi intentó tener su propio ¿Quién engañó a Roger Rabbit? con Cool World, y la Warner lo intentó dos veces por falta de una, con Space Jam en 1.996 y Looney Tunes: De vuelta en acción en 2.003, con resultados más bien tibios. De este modo, el legado de esta película es relativamente menor, pero muy consistente: es seguro que, en los próximos años, cualquier película que mezcle animación y actores de carne y hueso, sea comparada con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Excluyendo a las películas que se ruedan con pantalla verde y se le insertan fondos vía CGI, por supuesto, lo que a estas alturas viene a ser casi todas, en realidad.

26.- ¿Y dónde está el policía? (1.988).

¿Y dónde está el piloto? ayudó a sepultar el género del cine de catástrofes, además de codificar el moderno cine de parodias. ¿Se puede rizar aún más el rizo? Sí, sí se puede. Por ejemplo, se puede rodar ¿Y dónde está el policía?, película tan exitosa que engendró dos secuelas. Los responsables fueron, una vez más, los ZAZ, es decir, Jerry Zucker, Jim Abrahams y David Zucker. Esta película es la directa responsable de que Leslie Nielsen se haya transformado en el gran protagonista del cine paródico posterior, porque las parodias de películas protagonizadas por Leslie Nielsen son casi un subgénero cinematográfico en sí mismo. Aunque no siempre con buenos resultados. Porque cuando la búsqueda de un cheque te lleva a actuar en una cosa llamada Spanish Movie, es que podemos irle extendiendo certificado de defunción al cine como forma artística digna de algún respeto.

27.- Batman (1.989).

En 1.978, Superman probó de sobra que las películas de superhéroes eran viables; de hecho, esa iteración de la franquicia consiguió la cifra entonces récord de cinco películas estrenadas en los cines en apenas una década, contando las cuatro de Superman y el spin-off dedicado a Supergirl. Los estudios decidieron entonces comprar derechos sobre otros personajes para ver si podían explotarlos, pero la estupidez cerril de un montón de viejos carcamales que no sentían el más mínimo de los amores por el material de base, hizo que el siguiente gran impacto se tardase una década entera y algo más, algo risible en una época como la actual en donde cada año tenemos por lo menos tres o cuatro blockbusters con superhéroes en el cine. Fue necesario que Tim Burton se hiciera cargo, para que se estrenara finalmente Batman en los cines. El parto fue dificultoso, en buena medida porque Tim Burton quería un Batman moderno y oscuro, un verdadero héroe gótico, es decir, una película digna y no un mamarracho, mientras que los ejecutivos que ponían el dinero querían un Batman camp en la vena de la serie televisiva de Adam West. Dichos ejecutivos, ya se darían el gusto con las dos películas de Joel Schumacher, y el mundo y la recaudación de taquilla probarían cuán equivocados estaban. Pero el caso es que, volviendo a Batman, la película se transformó en uno de los exitazos de 1.989, uno de los años más reñidos en la historia de la taquilla. Sus algo más de 400 millones de dólares de recaudación, una miseria para la actualidad, en su tiempo hicieron historia, y de hecho, sólo Indiana Jones y la última cruzada, que venía de una franquicia ya bien asentada, recaudó más. Con Batman, de hecho, es la primera vez que las cifras de recaudación llegaron hasta las páginas de los periódicos en calidad de noticia, tendencia que hoy en día ha alcanzado un paroxismo ridículo con noticias respecto de cuál película hizo un mejor fin de semana, o una mejor primera semana, o un mejor primer mes, o cuál cruzó la línea de tal o cual monto de recaudación en menos tiempo. Batman probó sin lugar a dudas que lo de Superman no había sido un simple pelotazo, y que una película de superhéroes bien hecha puede dar mucho de sí, tanto en lo artístico como frente a la crítica y la taquilla. Además, su carácter gótico informó a toda una generación, y fue necesario el batacazo monumental de Spawn en 1.998 para que esta moda finalmente terminara, en su encarnación original por lo menos.

28.- La sirenita (1.989).

La Disney en la década de 1.980 fue lisa y llanamente un desastre. Es como si se hubieran tomado como deporte, el encadenar fracaso tras fracaso. En realidad, sus mayores éxitos salieron más bien de Touchstone Pictures, el sello que crearon para lanzar un material más adulto, y a través del cual estrenaron Splash, por ejemplo. ¿Su cine para niños? Irremisiblemente condenado por sus intentos de seguir siendo relevantes. El Zorro y el sabueso es una buena película, pero demasiado clásica para su propio bien, mientras que con El caldero mágico trataron de subirse al carro de la Fantasía Epica de moda con los entonces florecientes juegos de rol, lograron un cierto éxito con Policías y ratones, y se estrellaron con la también muy infravalorada Oliver y su pandilla, cuyo peor pecado es tratar por todos los medios de hibridar el legado Disney clásico con actitud cool ochentera. ¿Qué podía esperarse entonces de un ñoño musical que parecía un regreso a la periclitada fórmula de la década de 1.950, basada en un por ese entonces olvidadísimo cuento germánico del siglo XIX, salvo un fracaso monumental? Así es como nadie daba un pimiento por La sirenita, y... Novena película más taquillera de 1.989, así por las buenas, haciendo morder el polvo a franquicias en ese entonces sólidas como Star Trek o James Bond. Más allá de ser un clásico imperecedero del cine Disney, lo cierto es que esta película le enseñó a sus ejecutivos qué era exactamente lo que el público esperaba y quería de los estudios: su estilo clásico. Se abre entonces el espacio para el llamado Renacimiento Disney, que luego del relativo y un tanto inmerecido bache de Los rescatadores en Cangurolandia, dieron paso a bienamados clásicos como La bella y la bestia, Aladino y El rey león, o a películas que sin alcanzar el mismo nivel de calidad, se hicieron su huequito en el corazón de las audiencias, o por lo menos, de las que en la época integraban el sector infantil del público: Pocahontas, El jorobado de Notre Dame, Hércules, Mulan y Tarzán. Claro, después vino una nueva edad de porquería, pero una década al tope de la bandera con películas que, varias de ellas, hoy en día son consideradas entre lo mejor que ha salido desde Hollywood en toda su Historia, eso no es menor.

29.- La caza del Octubre rojo (1.990).

Después de una ocupadísima década, la de 1.970, en donde el thriller como género cinematográfico sirvió como vehículo para hacer una profunda crítica de la corrupción de las instituciones y de los problemas que estaban larvados en los intersticios del sistema, en la década de 1.980 el género pasó por una travesía en el desierto. Vale la pena mencionar la película Martes 13 de 1.980, que de hecho es un thriller puro y duro, muy deudor de Psicosis de Hitchcock, pero que engendró una franquicia que fue por otros derroteros, el del Slasher, demostrando así que ya no quedaba espacio para el thriller clásico. Otro tanto podemos decir de las películas de James Bond, ahora acción pura y dura. Sí, el thriller clásico parecía muerto, pero ¿muerto y enterrado? No. En 1.990 se estrenó La caza del Octubre rojo, basada en un technothriller del hace unos poquitos años fallecido Tom Clancy, y de pronto, la mezcla de acción, alta tecnología y subtexto político volvió a ponerse de moda. Esta película en sí ha caído en un relativo olvido, injusto si se considera el estupendo trabajo de Sean Connery como capitán de un submarino ruso, o la ciclópea banda sonora de un Basil Poledouris en estado de gracia, pero en su minuto marcó tendencia: durante la siguiente década veríamos montones de películas de héroes contra villanos corriendo, tiroteándose o persiguiéndose en cochecitos chocones, contra un trasfondo del terrorismo irlandés o la mafia rusa. De hecho, no puede decirse que esta vena de thriller noventero haya tenido una fecha de defunción muy definida. Podríamos fijar como hito la paupérrima El chacal de 1.997, en sí mismo un anémico remake de uno de los grandes hitos del thriller setentero, que fue El día del chacal de 1.971. Pero lo más probable es que haya terminado por venirse abajo simplemente por el ascenso en colateral de otros dos géneros muy distintos a comienzos del siglo XXI, cuales son el cine de superhéroes por un lado y la Fantasía Epica estilo Harry Potter o El Señor de los Anillos por el otro.

30.- Dick Tracy (1.990).

Al año siguiente del exitazo de Batman, se estrenó Dick Tracy. Existe una cierta leyenda de que esta película fue un fracaso de taquilla, pero esto simplemente no es cierto, ya que recaudó entre tres y cuatro veces sus costos de producción. El problema es que tanto ésta como Batman costaron entre 45 y 50 millones de dólares, sin contar publicidad, valores risibles en la actualidad pero estratosféricos para la época, pero Batman recaudó 400 millones y ésta apenas pasó la barrera de los 160 millones; Un policía en el kindergarten, la décima película más taquillera de 1.990, consiguió más o menos 200 millones, para que comparemos. Esto, sumado a la pelea por los derechos cinematográficos sobre el personaje, entre el protagonista Warren Beatty y los estudios, sellaron la suerte de la franquicia, que no ha regresado al cine en el siguiente cuarto de siglo, aunque Dick Tracy es uno de los personajes más icónicos e influyentes del cómic de todos los tiempos. Aún así, esta película dejó un pequeño legado tras de sí: la idea de llevar más héroes pulp al cine. Porque Dick Tracy como personaje es un héroe de cómic, cierto, pero no es un superhéroe sino un personaje pulp, un policía recio como un roble, en eterna lucha contra el gangsterismo. De manera que le dieron vía libre a otros proyectos basados en otras franquicias pulp. Sin embargo, tanto el intento de rodar un Batman a medias pulp y a medias camp que fue La Sombra, acabó siendo un rotundo fracaso; sobre La Sombra como precedente de Batman en la década de 1.930, ya nos referimos acá en la serie Batman 75 años aquí en la Guillermocracia, y al posteo respectivo nos remitimos. Luego pusieron a Billy Zane como el protagonista de El Fantasma, una adaptación bastante decente del personaje, pero que no terminó de calentar al personal, más allá de los mohínes de complicidad sáfica que una joven y desconocida Catherine Zeta Jones le ponía a la novia del protagonista. Mientras que Dick Tracy tenía una ambientación un tanto atemporal, en una especie de ciudad tipo Chicago de Al Capone en versión postmodernista, tanto La Sombra como El Fantasma eran respetuosas de la ambientación original de los personajes en la década de 1.930, y esto ayudó sobremanera al fracaso de estos personajes entre unas audiencias para quienes dicho período de tiempo lisa y llanamente no les decía nada.

31.- El silencio de los inocentes (1.991).

En materia de terror, la década de 1.980 fue claramente el reinado glorioso del Slasher, con criaturas como Michael Myers, Freddy Krueger o Jason Vorhees caminando sobre la faz de la Tierra. Pero llegó un minuto en que la sobreexplotación de estas franquicias, las innumerables imitaciones basurientas, y los más que discutibles valores de producción, terminaron cansando a todo el mundo. Y en medio de todo eso, casi desde la nada, apareció en el cine un nuevo asesino serial: Hannibal Lecter. Estrictamente hablando, la primera aparición de Lecter en el cine fue en la hoy en día olvidada película Cazador de hombres de 1.987, sobre la cual se haría un remake en 2.003 bajo el título de Dragón rojo; en Cazador de hombres, Lecter venía interpretado por Brian Cox. Pero en El silencio de los inocentes, Hannibal Lecter fue interpretado por Anthony Hopkins de una manera tan carismática que galvanizó a las audiencias; de hecho, batió un récord al llevarse el Premio Oscar al Mejor Actor por aparecer apenas la miseria de un cuarto de hora en pantalla. Nada mal para una película estrenada en febrero, habitualmente considerado la zona muerta en materia de estrenos cinematográficos y a donde van a parar todas las películas en las cuales el estudio no tiene ni la más mínima fe. Pero el mayor triunfo de El silencio de los inocentes fue haberle dado muerte con alevosía al Slasher ochentero, y darle paso al cine de terror psicológico de la década de 1.990. La diferencia estriba en que en el Slasher, el asesino serial es mostrado en toda su gloria y en medio de asesinatos ojalá tan estrafalarios como se pueda, mientras que en este tipo de terror psicológico, se prefiere privilegiar la espera y la expectativa, el retrato de la mente criminal por encima del gore directo, que suele reservarse para escenas claves y puntuales. El silencio de los inocentes abrió la puerta a Los siete pecados capitales y a otros imitadores de menor calaña, además de ser una influencia capital en la televisión de la época; es difícil no ver la influencia de esta película en Los expedientes secretos X o en Millennium, por ejemplo.

32.- Bajos instintos (1.992).

Dice una leyenda, a saber si cierta o falsa, que Joe Eszterhas, guionista cuyo mayor éxito había sido Flashdance, se hizo a sí mismo la apuesta de que podía escribir un thriller inverosímil y basuriento, con montones de sexo para el mínimo común denominador, y venderlo. Sea como sea, el caso es que no sólo consiguió venderlo, sino que además, Bajos instintos se transformó en la cuarta película más taquillera de 1.992. El guión fue considerado tan escandaloso, que numerosas actrices consultadas para el rol de Catherine Tramell lo rechazaron con asco, lo que por supuesto hizo la fortuna de Sharon Stone, que hizo lobby para el papel y lo consiguió. Las agrupaciones de derechos de los homosexuales llamaron a boicotear la película porque según ellos promovía la idea de que los homosexuales son pervertidos y maníacos sexuales, pero como incluso la mala publicidad es publicidad, eso más bien ayudó que perjudicó a la película. Como sea, Bajos instintos inauguró una breve moda de películas eróticas de alto presupuesto. La mayor parte de las cuales tuvieron un paso simplemente discreto por la taquilla: El cuerpo del delito con Madonna, El color de la noche con una novel y fugaz Jane March... Pero aunque unos cuatro años después el cine erótico había desaparecido de la primera línea de Hollywood, gracias a los fenomenales batacazos de Showgirls con Elizabeth Berkley y Striptease con Demi Moore, la idea de thrillers con escenas lúbricas en el intertanto se abrió paso hacia el softcore, gracias a Scorned con Shannon Tweed, y ahí consiguió mantenerse con vida en respiración artificial hasta los primeros añitos del siglo XXI inclusive. Por razones cuya obviedad no merece enunciación, claro está.

33.- Parque Jurásico (1.993).

Aunque más conocido hoy en día como escritor, en sus buenos días el ahora fallecido Michael Crichton se hizo también sus pinitos como cineasta. Uno quizás no demasiado notable, pero que legó para la posteridad una película llamada Westworld, en donde la tecnología siembra el infierno en un parque temático, cuando la misma falla y los robots se rebelan y empiezan a matar a los humanos. Años después escribió una novela en donde la tecnología siembra el infierno en un parque temático, cuando la misma falla y los robots dinosaurios se rebelan y empiezan a matar a los humanos, y la llamó Parque Jurásico. Steven Spielberg vio potencial en una adaptación, y dirigió la primera entrega de una serie de películas que, un poco a lo tonto, se las ha arreglado de lo más bien para mantenerse en las pantallas, en medio de otras franquicias con mayor lustre y esplendor. Pero en lo que sí fue revolucionaria Parque Jurásico, es en el campo de los efectos especiales por computadora. En la época, las películas más punteras en materia de efectos especiales todavía debían depender de muñequitos, alambres, marionetas o stop-motion, casi como si no hubiera pasado el tiempo desde el venerable Harry Harryhausen, mientras que los efectos por computadoras todavía se veían falsos o irreales. Más allá de otros méritos que tenga o no tenga Parque Jurásico como película, nadie duda de que en materia de efectos especiales, los dinosaurios que Spielberg mostró en esta cinta fueron el asombro de las audiencias de 1.993, que convirtieron a este filme en el más taquillero de la Historia hasta su minuto, sin ajustes por inflación, récord que mantuvo hasta Titanic cuatro años después. Y en el mismo apartado, también dentro del mismo año, vale la pena mencionar El cuervo, por conseguir gracias a los efectos por computadora el milagro de que el malogrado Brandon Lee terminara todas sus escenas a pesar del pequeñísimo y cruel detalle de que acabó muerto por el camino. Entre ambas películas, comenzó la era de los personajes digitales, que nos han dado grandes alegrías como el memorable Gollum de Andy Serkis, u horrores sin cuento como el Jar Jar Binks de esa Trilogía Precuela.

34.- Fachada (1.993).

¿Alguien hubiera creído, a inicios de la década de 1.990, que podían hacerse blockbusters con casos judiciales? Está Se presume inocente con Harrison Ford, pero esa película parecía un caso aislado. Hasta que de pronto, algún ejecutivo tuvo la genial idea de fijarse en las novelas de un escritor llamado John Grisham, antiguo abogado devenido ahora en escritor de thrillers con abogados. La fórmula Grisham es vieja como el polvo: un abogado por regla general joven e idealista, enfrentado a intereses poderosos en una arena judicial. Lo que Grisham puso sobre la mesa, fue por supuesto su experticia legal, no en balde había trabajado en tribunales. Los ejecutivos pasaron de su primera novela, Tiempo de matar, y se fueron recto a la segunda, a Fachada, que protagonizada por Tom Cruise, puso prácticamente sobre la mesa el thriller legal. Dentro de esta cola, Tiempo de matar obtendría su propia adaptación, así como El informe pelícano, El cliente y otras más que no consiguieron el mismo nivel de relevancia. La moda duró su sólida década completa, hasta que el relativo fiasco de Tribunal en fuga de 2.003 terminó por enterrarla. Por el minuto al menos, porque tiempo al tiempo hasta que algún iluminado decida hacer un remake que al mismo tiempo sea el reboot que le de inicio a una nueva franquicia... Prohombres de Hollywood, ahí tienen su nueva idea de los mil millones de dólares: remakes de Fachada, Tiempo de matar, El informe pelícano y El cliente, y luego, unir a los cuatro protagonistas en una quinta película que será Avenger Lawyers, que luego origine una Fase 2 en que nuevos abogados se sumarán a la lucha contra el crimen organizado, incluyendo un abogado que será un mapache con ametralladora y que habla. Total, si hicieron una serie de televisión llamada El cliente, tomando a la abogada de la película, cambiando a Susan Sarandon por JoBeth Williams, y creándole nuevas aventuras...

35.- La máscara (1.994).

Pocos actores pueden presumir de que ellos en sí son un género cinematográfico aparte. Jim Carrey es sin lugar a dudas uno de esos pocos. No en balde ha sido comparado con Jerry Lewis, que también era un género cinematográfico en sí mismo. ¿Cómo definirían, de qué manera catalogarían ustedes una comedia de Jim Carrey? Nos referimos a esas comedias desatadas con gesticulaciones imposibles, cuyo nombre técnico sería... comedia de Jim Carrey, no se me ocurre otro. Jim Carrey ya había rodado infamias como Mordiscos peligrosos o Las chicas de la Tierra son fáciles, pero la fórmula de Jim Carrey haciendo morisquetas, quedaría consagrada con La máscara. Basada en un cómic independiente publicado por Dark Horse, la película lanzó al estrellato tanto a Jim Carrey como a una joven modelo llamada Cameron Díaz, quizás nunca tan bella como acá. Para bien o para mal, películas como Tonto y retonto, o Mentiroso mentiroso, son parte del mapa cinematográfico de la década de 1.990, tanto o más que las películas estetizantes de James Ivory, o los dinosaurios de Steven Spielberg.

36.- Los siete pecados capitales (1.995).

La religión siempre ha sido un tema espinoso dentro de Hollywood. Por un lado, el tema vende. Por el otro, la industria se ha obligado a un tratamiento más o menos respetuoso porque una película demasiado irreverente puede suscitar la ira de los mastines de los grupos de presión, que pueden llamar a un boicot de la película por ofender sus creencias. Quizás lo más cercano a un asesino en serie con motivaciones directamente religiosas sea El abominable Dr. Phibes con Vincent Price, de 1.971, en donde el asesino mataba siguiendo las diez plagas de Egipto... y esa película era una británica de bajo presupuesto. Pero en la descreída y agnóstica década de 1.990, se abrió un poco la trinchera para rodar una película como Los siete pecados capitales, que retoma esta idea de la película de Price, y la hibrida con el legado psicológico y visual de El silencio de los inocentes. Los resultados fueron instantáneos: el director David Fincher fue lanzado bruscamente a la primera línea de los grandes directores de Hollywood, y más aún, surgieron películas de asesinatos psicópatas con contenido religioso como callampas. La desesperación de estos clones, más allá del presupuesto por lo general ínfimo, es haberse quedado con la superficie, es decir, con el gore y la temática religiosa, en vez de escarbar en los hallazgos de Fincher sobre la atmósfera, por no hablar de la interesantísima lectura de existencialismo religioso cristiano que hace esta película, con su agudo contraste entre el muy zorro detective veterano, y el muy imprudente joven oficial de policía que, por su propia arrogancia, terminará pagando un altísimo precio, en uno de los finales más descorazonadores que ha producido el cine comercial de Hollywood en toda su Historia.

Y así, como quien no quiere la cosa, hemos llegado en esta serie de posteos hasta la mitad de la década de 1.990. En la cuarta parte de esta serie, nos abocaremos a lo que resta de la década, incluyendo por supuesto la segunda oleada del cine de desastres, y el renacimiento del cine de terror...

domingo, 17 de enero de 2016

David Bowie: La rareza espacial caminó entre nosotros.


Empezamos el año 2.016 desayunándonos con una de las pérdidas más sensibles del panorama actual: el fallecimiento de David Bowie. Hay gentes cuya defunción será material de papel cuché, pero que en realidad no echaremos de menos, como por ejemplo Isabel II de Inglaterra con sus 89 años a cuestas, en los cuales no nos regaló ninguna obra artística para la posteridad, o ningún gran descubrimiento científico, o... nada, en realidad. O gentes que sí le dieron cosas buenas a nuestra vida, pero de quienes ya se espera que suceda en cualquier minuto porque bordean el centenario, como Kirk Douglas, Olivia de Havilland, o Nicanor Parra. Y luego están esas otras gentes que no eran tan mayores, pero cuya presencia seguía alegrándonos la vida, como David Bowie o Alan Rickman, otro que también partió en estos días. Y que además se tienen más que merecido el calificativo de genio, cual era el caso del señor Bowie.



No cabe duda de que Davdi Bowie fue una de las personalidades más acusadas y prominentes de la cultura de la segunda mitad del siglo XX. Es también uno de los pocos que se merece sin paliativos el calificativo de genio, dentro de ese gigantesco ámbito de la música popular que es el continuum integrado por el pop a un lado y el rock y aún el metal por el otro. Nadie duda de que The Beatles, por ejemplo, es una de las bandas más influyentes de todos los tiempos, como que todo el pop hipster de los últimos cincuenta años es casi una nota a pie de página de su legado musical, pero ellos eran cuatro cabezas pensando; cuando se pelearon y decidieron seguir cada uno por su cuenta, y con la posible excepción de George Harrison a ratos, ninguno alcanzó el mismo nivel de genio. The Rolling Stones es por su parte una de las bandas más seminales del Rock, pero después de su primera década, empezaron a repetirse de manera lastimosa. Björk ha sido una de las personalidades más carismáticas de la música electrónica, pero salvo su período de estallido en la cultura popular durante la segunda mitad de la década de 1.990, en realidad no ha tenido gran llegada más allá de la cultura hipster. Y acá en la Guillermocracia ya hemos discutido que gentes como Michael Jackson o Gustavo Cerati, siendo músicos muy competentes, no eran tampoco los genios que sus fanáticos quieren que sean.



El caso de David Bowie es muy distinto. Mientras que otros creadores se sienten felices, pasados unos años, de encasillarse en determinadas fórmulas y seguirlas explotando con mayor o menor éxito, Bowie siempre tuvo la voluntad de empujar los límites más allá. Cuesta verlo desde hoy en día, considerando que podemos escuchar todas sus canciones en un compilado de grandes éxitos y vemos su sello omnipresente en todas, pero su paso desde el Glam Rock hasta la Trilogía de Berlín fue en su día un movimiento extraordinariamente revolucionario, y si bien no podemos decir lo mismo de su etapa New Wave, no es menos revelador que tuvo un enorme éxito reinventándose por completo a sí mismo. Desde la década de 1.990, su estrella se fue apagando un poco, pero no realmente por falta de creatividad, sino más bien por ese afán de ir siempre a su bola, que lo llevó a desaparecer un resto de la cultura popular. Pero esto no es un demérito; como sabemos, si los que entienden de Música fueran en definitiva quienes entregan el éxito a los artistas, entonces Lady Gaga estaría sirviendo nuggets de pollo en un local de comida rápida.

La muestra del genio de Bowie está en haberse deslizado por tantísimos estilos musicales distintos, y aún así habérselas arreglado para crear canciones sólidas como una casa en todos ellos. Porque más allá del sello peculiar de Bowie al fondo, no pueden ser más distintos un tema de Rock Psicodélico como Space Oddity, una balada Glam Rock como Starman, un himno Post Punk como Heroes, un temazo New Wave como Let's Dance, una rendición Techno como Real Cool World, un infierno industrial como The Hearts Filthy Lesson, o el oscurísimo híbrido de electrónica y Jazz Rock que es Blackstar. Más allá de pertenecer a estilos distintos, todos ellos tienen en común el no aceptar la fórmula: lo que Bowie hizo en cada uno, es tomar lo más esencial del estilo, y trabajarlo hasta hacerlo encajar con su propia personalidad, a diferencia de otros artistas que buscan desesperadamente encajar en el estilo de moda hasta el punto de olvidar su propio yo.



Esto también entrega un sello peculiar a sus presentaciones en vivo. Bowie estaba constantemente trabajando sus temas antiguos, de manera que en conciertos más recientes, los mismos no siempre sonaban como en el disco de origen. Lo que por supuesto es un valor: para escuchar una copia al calco del tema original, mejor escuchar el disco de estudio y ahorrarse el material en vivo, que por lo general tiene un sonido mucho más anárquico y por lo mismo más proclive a mostrar los problemas y errores. Compárese por ejemplo la versión original de The Man Who Sold the World de 1.975, un tema de Glam Rock puro y duro, con su versión en vivo para MTV Europa en 1.995, que se decanta más bien por la electrónica propia de la época, y lo hace además con todo estilo y elegancia.



Parte importante de la fuerza motriz tras la música de Bowie era, irónicamente, su actividad no musical. Bowie era ante todo un tipo que gustaba de las perfomances, como queda muy en evidencia en sus presentaciones en vivo. Pero la perfomance en Bowie no era un reemplazo de una música que sin esa grandilocuencia hubiera pasado como algo mucho más simple y menos interesante, como es el caso de Michael Jackson, sino que era todo parte de un mismo espectáculo. En cierta medida, puede apreciarse un cierto parecido entre David Bowie y Richard Wagner, el compositor de óperas del siglo XIX, en el sentido de que ambos no veían lo suyo simplemente como música, sino como una combinación de éstas y otras artes, hasta llegar a producir lo que Wagner llamaba una Gesamtkunstwerke, una obra de arte total. Wagner planificó de esta manera su obra cumbre, El Anillo de los Nibelungos, y en una perspectiva wagneriana, escucharla sólo por la música es tener un acceso muy pobre a ese material. Con Bowie pasa algo similar: la música es parte de un todo más grande que está conformado por la imaginería bowiana. Algo que fue llevado al paroxismo con su disco 1. Outside, una verdadera ópera electrónica que, según anunció Bowie, iba a ser el primer disco de una trilogía, pero que después, por una razón u otra, decidió no seguir adelante, un poco como si Wagner hubiera decidido estrenar El oro del Rhin y prometer otras tres óperas en su saga de los Nibelungos, y después dedicarse a componer otras cosas.

Esto hace que el tránsito de Bowie por el cine sea mucho más natural que el de otros artistas intentando desesperadamente copar más de un mercado. Ahí tenemos como ejemplos, los estruendosos fracasos que han cosechado Britney Spears o Madonna, exceptuada Evita de esta última. En cierta medida, podemos decir que Bowie tampoco fue exitoso en el cine... pero es que tampoco quería ni le interesaba serlo, o al menos, no según los cánones habituales que miden el éxito por la recaudación o el número de Oscares sobre la repisa. Bowie era la primera opción para Max Zorin, el villano Bond de En la mira de los asesinos, pero no le gustó el guión, de manera que rechazó un rol por el cual otros actores hubieran dado una mano y un pie por haber interpretado. O pudo haber trabajado bajo las órdenes de Steven Spielberg, pero no le interesó interpretar al Capitán Hook en Hook, precisamente. Se lo llegó a considerar muy en serio para el rol del Guasón en el Batman de Tim Burton, papel que como sabemos, acabó en las manos de Jack Nicholson; a mí no me cabe ninguna duda de que, de haber aceptado, el Guasón de Bowie hubiera sido algo extrañísimo, y desde luego muy interesante de ver.



Y en vez de eso, ¿en qué quiso aparecer? Como amante de una vampira bisexual en El ansia, la primera película del malogrado director Tony Scott. O como el Rey Goblin de Laberinto, película tan rara para su época que resultó un fracaso. O un cameo tan serio como el mismísimo Batman, en Zoolander. Y eso por no hablar de su inquietante rol en El gran truco de Christopher Nolan, un rol pequeño pero memorable como Nikola Tesla porque es el momento de la película en donde lo que ha partido como un thriller de suspenso se transforma definitivamente en una extrañísima película de Ciencia Ficción... con Bowie metafóricamente abriendo el portal hacia ese otro lado que se nos revela a los espectadores. Y todo eso por no hablar de su rol de alienígena en El hombre que cayó a la Tierra. Sería exagerado afirmar que David Bowie era un gran actor, porque probablemente no lo era; lo que hacía memorable cada personaje de Bowie en el cine, era su avasalladora personalidad, el aura de extrañeza que conseguía conferirle a cada personaje, incluso a los más mundanos o banales.

Es por todo eso que David Bowie ha sido la desesperación de todos quienes han querido imitarlo. Marilyn Manson se puso un lente de contacto blanco para homenajearlo, y trató de mezclar Rock Industrial con Glam Rock al estilo de Bowie, y los resultados no han envejecido exactamente bien. No pocos rockeros han intentado por su parte revivir el sonido glam de Bowie, y no consiguen verse más que como tristes imitaciones. Lo que les falta a las bandas influidas por el sonido de Bowie, es la voluntad de ser camaleónicas, el no entender que lo especial de Bowie no era su fórmula, sino todo lo contrario, su falta de fórmula, su afán de romper con lo preestablecido para probar cosas siempre nuevas. En definitiva, lo que estos fanáticos no entienden... es que un verdadero imitador de David Bowie terminaría por no parecerse a David Bowie en lo absoluto.



Por supuesto, esta voluntad de ir experimentando y cambiando, en cierta medida, le pasó la cuenta. David Bowie sacó casi una treintena de discos de estudio, sin contar el material en vivo, las compilaciones y rarezas, etcétera. Pero escucharlos entero de corrido puede ser una experiencia algo plúmbea. Los discos de Bowie no siempre son tan brillantes como sus canciones. Es el precio a pagar por la voluntad experimental: algunos experimentos resultan bien, y otros no tanto. Si me apuran, con un criterio estrictamente personal, y a falta de haber escuchado su literalmente último trabajo que es Blackstar, diría que los discos más redondos de Bowie son The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, o Ziggy Stardust para sus amigos, que en 1.972 se transformó en casi el manual de referencia sobre cómo hacer Glam Rock, Scary Monsters (and Super Creeps) que en 1.980 y después de su muy experimental Trilogía de Berlín hace una especie de síntesis entre ésta y su material más popero, y 1. Outside, su incursión en las aguas de la electrónica industrial que, por lo mismo, no ha recibido toda la valoración que debería. Los otros discos de David Bowie tienen sus más y sus menos; lo ya dicho, las mejores canciones son realmente brillantes, mientras que el resto del material no siempre sabe estar a la altura. Aún así, esto es mejor que las bandas adocenadas de acuerdo a un sonido, cuyo catálogo entero es más o menos agradable de escuchar, pero que por lo mismo, se neutralizan hasta el punto de no sacar ninguna canción de la que podamos decir realmente que es una obra maestra.

Todo lo anterior hace un poquito triste el hecho de que David Bowie, en su lecho de enfermo y ya casi encomendando el alma a quienquiera sea el dios de los rockeros, haya decidido despedirse todavía con un último disco, Blackstar, el primero en tres años y el segundo en más de una década, en otra muestra del enorme afecto que sentía Bowie por su público, y más aún, de la devoción casi religiosa que tenía por su propio arte.



jueves, 14 de enero de 2016

Marvel 75 años: Un índice completo.


Durante el año pasado de 2.015, acá en la Guillermocracia publicamos una serie de posteos, que llamamos Marvel 75 años, en homenaje a los tres cuartos de siglo de la Editorial Marvel, precisamente. Que se cumplieron en 2.014, porque fue fundada como Timely Comics en 1.939, pero que postergamos para 2.015 porque en 2.014 privilegiamos otro aniversario, cual fue el de Batman, a la que dedicamos la serie de posteos Batman 75 años, sucesora a su vez de Superman 75 años de 2.013... El caso es que, ahora publicamos un índice completo y razonado acerca de la serie de posteos. Cada uno de ellos fue publicado con párrafos numerados de manera correlativa, 15 párrafos por cada posteo, o sea 90 párrafos en total. De esta manera, si ustedes quienes consultar e incluso citar, si les parece bueno el material, pueden hacerlo usando el número respectivo. Y sin más preámbulos, vamos al índice:

1.- Orígenes.

1. El Universo Marvel como mitología.
2. Martin Goodman y la fundación de Marvel Comics como Timely Comics.
3. La primera publicación de Timely Comics.
4. Las primeras aventuras de los héroes de la Marvel.
5. Llegada de Joe Simon y Jack Kirby.
6. La creación del Capitán América.
7. Llegada de Stan Lee.
8. La Segunda Guerra Mundial.
9. Multiplicación de los personajes de la Marvel.
10. Decadencia de los superhéroes después de la Segunda Guerra Mundial.
11. Diversificación más allá de los superhéroes.
12. Cambio de Timely Comics a Atlas Comics.
13. Campaña negativa contra los cómics y surgimiento del Comics Code Authority.
14. El trato de Atlas Comics e Independent News.
15. La crisis de 1.957.

2.- Explosión.

16. Unión de fuerzas de Stan Lee con Jack Kirby y Steve Ditko.
17. La génesis de los Cuatro Fantásticos.
18. Los Cuatro Fantásticos.
19. Hulk.
20. El sistema de trabajo bajo Stan Lee.
21. El desarrollo de la continuidad del Universo Marvel.
22. Los Vengadores.
23. Los superhéroes y las revistas de antología.
24. Spiderman.
25. El éxito de Marvel Comics a mediados de la década de 1.960.
26. Incorporación de Jim Steranko a Marvel Comics.
27. Adquisición de franquicias para su adaptación en cómic.
28. Primeras series de animación basadas en franquicias de Marvel Comics.
29. Incremento de las tensiones por la propiedad de los personajes.
30. Agudización del conflicto entre Jack Kirby y Marvel Comics.

3.- Bildungsroman.

31. Entrada de Marvel Comics a la década de 1.970.
32. Venta de Marvel Comics por parte de Martin Goodman.
33. El Universo Marvel como fenómeno sociológico.
34. Relativo estancamiento creativo del Universo Marvel.
35. Desafío de Marvel Comics contra el Comics Code Authority.
36. Nueva diversificación de Marvel Comics más allá de los superhéroes.
37. Alejamiento de Martin Goodman y Stan Lee de Marvel Comics.
38. La muerte de Gwen Stacy y la aparición de Ben Reilly.
39. Howard el Pato.
40. Los cómics de KISS y de Star Wars.
41. Entrada en escena de Jim Shooter.
42. Jim Shooter como editor en jefe de Marvel Comics.
43. Trabajo de Chris Claremont con los X-Men.
44. Segunda serie animada de los Cuatro Fantásticos.
45. Serie televisiva de Hulk.

4.- Colosalismo.

46. El paso de Marvel Comics a la década de 1.980.
47. La línea Epic y otros cómics aparte de los superhéroes.
48. Dazzler.
49. El trabajo de Frank Miller con Daredevil.
50. Daredevil y Elektra.
51. Problemas de Marvel Comics con el tema de las regalías.
52. La ruta hacia el evento Secret Wars.
53. Preparación de Secret Wars.
54. Secret Wars.
55. Problemas con la continuidad del Universo Marvel.
56. Problemas entre la visión de Jim Shooter y sus creativos a cargo.
57. Fracasada licencia de personajes de DC Comics a Marvel.
58. Creación del Nuevo Universo.
59. El Nuevo Universo.
60. Adquisición de Marvel Comics por New World Pictures.

5.- Cataclismo.

61. Cambios en el mercado de distribución de cómics.
62. Surgimiento de la subcultura de los frikis de los cómics.
63. Planes editoriales de New World Pictures.
64. Caída de Jim Shooter.
65. Aparición de Todd McFarlane.
66. Auge de los antihéroes.
67. Nuevos esfuerzos por adaptar personajes del Universo Marvel al cine.
68. Fracaso en llevar a Spiderman al cine.
69. Adquisición de Marvel Comics por Ron Perelman.
70. Gestación de la burbuja financiera de los cómics.
71. Exodo de creativos de la Marvel y fundación de Image Comics.
72. Conceptos ajenos a los superhéroes.
73. Nueva oleada de animaciones basadas en el Universo Marvel.
74. Estrategias editoriales para mantener la burbuja financiera creciendo.
75. Estallido de la burbuja y colapso de Marvel Comics.

6.- Eternidad.

76. Pérdida de la calidad de Marvel Comics.
77. La Saga del Clon.
78. Decisiones editoriales y empresariales catastróficas.
79. Oleada de despidos masivos.
80. Declaración de Marvel Comics en bancarrota.
81. Pugna contractual entre Marvel Comics y Stan Lee.
82. Llegada de Blade y los X-Men al cine.
83. Limpieza de derechos sobre Spiderman.
84. Nombramiento de Joe Quesada como editor en jefe.
85. Lanzamiento del Universo Ultimate.
86. El valor del Universo Marvel como franquicia.
87. Potenciamiento de los cómics para adultos.
88. Dependencia de los megaeventos.
89. El Universo Cinemático Marvel.
90. Aniversario número 75 de Marvel Comics.

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