domingo, 31 de mayo de 2015

"Ojos de gato": Atrapar a las ladronas.


Hace poco tuve ocasión de ver Ojos de gato, un anime japonés bastante antiguo, ya que sus 73 episodios fueron exhibidos entre 1.983 y 1.985. No tengo memoria de que haya sido exhibida por estos lares en aquellos años, pero considerando que el doblaje tiene algunos tics y manierismos propios de la época, partiendo por la manera melodramática en que recitaban los diálogos, presumo que en efecto debió exhibirse en alguna parte del mundo hispanohablante. Existe una versión para el cine de 1.997, con actrices de carne y hueso, interpretada por Yuki Uchida, Izumi Inamori y Norika Fujiwara, que como sólo conozco por referencia, no comentaré aquí.



La premisa de la serie es bastante sencilla. Se trata de tres hermanas, dibujadas con mucho cariño, que atienden un café durante el día, y son ladronas de guante blanco durante la noche. Por supuesto, tratándose de un anime, las tres son despampanantes, aunque cada una a su manera. La hermana mayor es Rui, cerebral y de una sensualidad calculada, y que es la encargada de planificar los golpes; la del medio es Hitomi, de una belleza algo más inocente y personalidad más suave; y la menor es Ai, una adolescente algo machorra que a veces se pasa de audaz y no calcula del todo los riesgos que asume. Eso sí, ellas no roban por motivos tan sórdidos como el lucro o la adrenalina, sino con un propósito más noble, ya que sus objetivos se limitan sólo a la colección Heinz, un conjunto de pinturas y otros objetos valiosos repartidos por todo Japón, que fueron coleccionados por el mencionado Heinz durante la Segunda Guerra Mundial, y que, sorpresa, es el desaparecido padre de las tres chicas. Así, éstas llevan a cabo los robos como una manera de llamar la atención de su padre, si es que aún está vivo, y conseguir que éste las contacte. Eso sí, ellas siguen siendo ladronas y por lo tanto técnicamente serían las villanas, pero la serie arregla este problema haciendo que las pinturas y obras estén siempre en manos de gente mala de verdad, incluyendo mafiosos, asesinos o políticos corruptos; en un caso rompen la regla porque la dueña es una adorable viejecita, pero ella les regala la joya porque sí, porque ella tiene mucho dinero y puede desprenderse de la joya por pura y simple simpatía hacia las protagonistas, de manera que las chicas no caen en la maldad de robarle a una viejecilla indefensa.

Frente a las chicas están los policías. Como corresponde en la más rancia tradición de las historias de robo de guante blanco estilo Arsenio Lupin, los policías son un montón de inútiles. El protagonista es Toshi, un tipo torpe y atolondrado, que aún así se queja de que el jefe lo reta todo el tiempo por su incompetencia. Toshi es el novio de Hitomi, la hermana del medio, ignorante por supuesto de que su novia en realidad es la ladrona a la que debe atrapar. Lo que genera un triángulo amoroso digno de Superman, pero con los sexos cambiados, porque Toshi está enamorado de su novia, pero al mismo tiempo está fascinado con la ladrona, sin saber que la ladrona es en realidad la identidad secreta de su novia. Ya no era gracioso cuando Superman se la pasaba bailándole a Lois Lane con su identidad secreta, y aquí, siendo una chica la que se lo hace a un chico, sigue sin ser gracioso. Por supuesto, Toshi no tiene idea de que las chicas aprovechan el noviazgo para tirarle la lengua, y así contar con información interna de los próximos movimientos que emprenderá la policía. Eso sí, la serie nos deja ver, las chicas no son tan despiadadas como para tener a Toshi en plan usar y tirar, y muy en el fondo, les gustaría ver a Toshi y Hitomi reunidos y casados; además, para aligerar esta parte tan fea del proceder de las chicas, resulta que Rui sabe leer los labios, y como su café está frente a la estación de policía y ella cuenta con un par de binoculares...

El resto de los policías son el jefe, cuyo principal rol es retar al protagonista, y que vive un poco en la nebulosa respecto de todo lo demás, como una especie de Comandante Lassard en versión gritona. Y Asaya, una chica policía muy competente que es asignada al caso, y que nada más llegar, se vuelve tan tarada como el resto del cuerpo de policías. De todas maneras, digamos en beneficio de Asaya que es la única que consigue hacer conexiones y llega a sospechar que la novia de Toshi es una de las ojos de gato; los (escasos) episodios en los cuales Asaya pone a las ladronas contra las cuerdas, se cuentan entre los mejores de la serie.


Y terminado el repaso panorámico sobre la idea de la serie, es el momento de decir que la pobre ha envejecido un tanto mal. La premisa era buena, pero la serie en sí, la despilfarra a veces de manera criminal. Tengo entendido que el manga que le sirve de base, elabora varios puntos de la trama y la riza un tanto, pero como no lo he leído, no puedo confirmar este punto. En cualquier caso, uno de los principales problemas de la serie es que, pasados unos primeros capítulos estupendos en donde sientan las bases para cosas grandes por venir, termina decantándose en una estructura episódica con historias autoconclusivas que generan un status quo, del cual la serie ya no se apartará más. Algunos pocos episodios son historias en dos partes, pero son los menos, y tampoco acarrean consecuencias para lo sucesivo. Esto quiere decir por supuesto que a lo largo de la serie, las chicas no avanzarán nada en su investigación acerca de lo que sucedió con su padre, mientras que los policías tampoco se acercarán mucho más a descubrir la identidad de las ojos de gato.

A mediados de la serie hay como un intento de romper esquemas. A la altura del episodio 36, que termina la primera temporada, las chicas descubren efectivamente una pista acerca de su padre, que las lleva a Europa. Parece obvio que dicho episodio estaba proyectado como final original de la serie, con gancho para una eventual secuela, con una conclusión estilo ...y la aventura continúa. La serie incluso coquetea con la idea de que las nuevas aventuras de las tres chicas ya no serán en Japón, sino a lo largo y ancho de Europa, siempre persiguiendo la pista de su padre. Pero en el episodio siguiente aparece una falsa ladrona ojos de gato en Japón, las chicas regresan para limpiar su nombre, y la serie sigue igual que siempre. A la altura del último episodio intentan repetir la jugada, con un capítulo que sirva al mismo tiempo como final, y que deje arrojado el guante para una nueva tanda de eventuales episodios, pero éstos no llegaron. No voy a revelar cómo termina la serie, pero con todo lo dicho, ya se podrán imaginar por dónde van los tiros.

En cuanto a las historias en sí, están más o menos. Algunos capítulos son hilarantes, incluso brillantes, mientras que otros pesan como un plomo. Y a medida que se acumulan los capítulos y se acaban las ideas, los segundos empiezan a pesar más que los primeros. Por contrapartida, en el cambio de temporada se hace obvio que le inyectaron más presupuesto a la serie, toda vez que el dibujo mejora de manera ostensible.


No ayuda mucho para el aprecio de la serie, que la misma acumula algunas memeces sin ton ni son. Una de las más flagrantes es que el café de las tres chicas está frente al cuartel de policía, como lo decíamos, y su nombre es... Ojos de Gato. De cómo la policía o alguien más no hacen la conexión entre las tres chicas que tienen un café llamado Ojos de Gato, y un grupo de ladronas mujeres que se hacen llamar también Ojos de Gato, es algo que desafía la lógica. Otras cosas también son artificios propios del cómic, como por ejemplo que las chicas siempre hacen llegar a la policía su tarjeta anunciando cuál va a ser su próximo robo, en vez de dar golpes discretos e inesperados. Y el asunto alcanza niveles surrealistas cuando las tres hermanas abandonan Tokio y viajan a alguna otra localidad de Japón e incluso al extranjero, y de pronto, de manera misteriosa, por pura coincidencia, precisamente en esos lugares y no en otros, es en donde las ojos de gato perpetran un nuevo golpe, de la misma manera en que a Spiderman siempre se lo ve allí donde va Peter Parker, aunque sea Australia o el Polo Norte, y nadie suma dos más dos y termina por descubrir su identidad secreta.

Otro problema de la serie es la cantidad alarmante de villanos que descubren su identidad secreta. Cada tantos capítulos aparece un villano que se entera de la identidad de las ojos de gato con una facilidad pasmosa, habida cuenta de la incompetencia supina de la policía para lograr lo mismo. E incluso, aunque en la mayor parte de las veces los villanos terminan muertos para que el secreto se vaya a la tumba con ellos, en unos pocos casos dichos villanos son arrestados, y uno puede suponer que, de manera muy deportiva, ellos resuelven ser buenos perdedores y guardarse el secreto en vez de, digamos, acogerse a la posibilidad de colaboración eficaz y denunciar a las ladronas a cambio de una rebaja de condena. Los propios villanos, por su parte, parecen poseídos por esa maldad de cartón piedra que los empuja a hacer maldades sólo porque son lo que son, es decir, los villanos. Varios malos de la serie son respetables políticos o empresarios a los cuales uno puede suponer con conexiones dentro del sistema, pero en vez de utilizar esto para combatir a las ojos de gato, terminan confiándose a los matones armados de pistola. Y por supuesto, no faltan los villanos que quieren forzar a las chicas a vejaciones que la moral victoriana hubiera descrito como un ultraje peor que la muerte. Aunque sin nada explícito, eso sí: el secuestro como sustituto de referirse a acciones más abominables.

Por su parte, resulta irrisorio el contraste entre la marcada sensualidad con la que dibujan a las protagonistas, incluyendo algunas fugaces y agradecidas escenas de desnudo en la ducha, y la moralidad gazmoña que se desprende de la misma. Porque Hitomi y Toshi son novios, pero resulta que cada vez que él quiere besarla, ella lo abofetea con un enorme: "¡Atrevido!". No hablamos de sexo sadomasoquista con máscaras de cuero aquí, sino simplemente de un besito, de un contacto labio con labio, nada más, pero eso es tratado dentro de la serie como un atrevimiento rayano en la perversión sexual. Uno puede entender que tales cosas eran convenciones del género dentro del anime de la época, pero no puede decirse que sea un aspecto que haya envejecido demasiado bien.



En definitiva, Ojos de gato resulta ser un anime demasiado lastrado por las convenciones de su época. Los capítulos autoconclusivos, el desfile de villanos implacables en su maldad, la incompetencia de los policías, los clichés propios de una revista de cómic, todas esas cosas podemos considerarlas como algo inevitable, considerando el tiempo en que la serie fue hecha, y es necesario mirar a la serie un poco a través del filtro de la nostalgia. Pero son convenciones que no han envejecido bien, y que de cara al público actual, hacen mucho por echar abajo una serie que podía haber dado mucho más de sí.



jueves, 28 de mayo de 2015

Ver la Segunda Guerra Mundial (2 de 12): Los veinte protagonistas.


La Segunda Guerra Mundial involucró de manera directa o indirecta a todo el mundo. Sin embargo, los grandes actores fueron Alemania, Japón e Italia por un lado, e Inglaterra, Francia, la Unión Soviética y los Estados Unidos por el otro. En cada una de estas naciones hubo líderes que dejaron caer todo el peso de su actuación sobre la guerra. Ellos son los veinte grandes protagonistas que, de una manera u otra, fueron guiando la guerra hasta su resultado final, y después.

IV.- Los rostros del Eje.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Eje estuvo conformado por Alemania, Italia y Japón, más algunas cuantas naciones menores. En los primeros tiempos del Nazismo, Hitler buscó inspiración en el régimen fascista de Benito Mussolini, aunque andando el tiempo las tornas se invirtieron, y terminaría siendo Mussolini el segundón de Hitler. Al primitivo pacto entre Hitler y Mussolini se sumó después Japón, formando así el núcleo del Eje en 1.937. En forma posterior se sumaron al Eje países tales como Croacia, Rumania, Hungría y Bulgaria, y otros de Africa y Asia. La característica común de los diversos países del Eje, era su adscripción a regímenes autoritarios o totalitarios, su repugnancia por las democracias occidentales, a las que calificaban de plutocráticas, su relativo anticomunismo, y un acendrado nacionalismo.

21.- Adolfo Hitler (1.889 - 1.945). Retrato de Adolfo Hitler de 1.937. El Führer (Caudillo, Líder o Dirigente) de Alemania fue elegido en 1.933. A partir de entonces llevó a cabo su programa de fortalecimiento de la economía e industria alemanas, fomento de la cultura e identidad nacionales, y persecusión de la intelectualidad y de las etnias que consideraba inferiores.
22.- Benito Mussolini (1.883 - 1.945), el Duce (líder) de Italia. Luego de que Italia saliera en mala situación de la Primera Guerra Mundial, a pesar de estar en el bando de los vencedores, Mussolini dio un golpe de estado en 1.922 y se adueñó del poder. Su régimen puede ser descrito como un autoritarismo pragmático, sin la carga ideológica del Nazismo.
23.- Hideki Tojo (1.884 - 1.948), Primer Ministro de Japón. Durante su gobierno, bajo el reinado del Emperador Hirohito, Tojo dirigió personalmente las Fuerzas Armadas, incluyendo el ataque contra Pearl Harbor, y la mayor parte del devenir de la Segunda Guerra Mundial en el frente pacífico. Fue ejecutado en la horca, luego de ser condenado por crímenes de guerra, por el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente.
24.- Hirohito (1.901 - 1.989), Emperador de Japón. Durante su reinado de sesenta y dos años y fracción, lideró el Imperio Japonés, guerreó la Segunda Guerra Mundial, afrontó la ocupación y la reconstrucción, y presenció un Japón económicamente renacido. Su rol durante la guerra sigue siendo controvertido: algunos lo ven como un criminal de guerra, y otros como un simple monigote de la casta militar.
25.- Hermann Göring (1.893 - 1.946), alto jerarca del Tercer Reich. Brazo derecho de Hitler, participó en el Putsch de 1.923, fundó la Gestapo, dirigió la Luftwaffe (la Fuerza Aérea Alemana), y fue el principal encargado de la economía del Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Se suicidó en su celda, la noche antes del día programado para su ejecución, después de los Juicios de Nüremberg.
26.- Joseph Goebbels (1.897 - 1945), fotografiado por Heinrich Hoffman. Goebbels fue el encargado de manejar la maquinaria propagandística del Tercer Reich, cumpliendo así un rol fundamental en mantener engañada y apaciguada a la población alemana, respecto de los crímenes de guerra de los nazis.
27.- Heinrich Himmler (1.900 - 1.945), uno de los principales jerarcas del Tercer Reich. Uno de los hombres más poderosos del régimen, fue el principal arquitecto de la Solución Final, el Holocausto que exterminó a millones de judíos en los campos de concentración.
28.- Erwin Rommel (1.891 - 1.944), mariscal de Alemania. Apodado el Zorro del Desierto, fue probablemente el más capaz y competente de los generales alemanes, combatiendo a los ingleses en la Campaña del Desierto, y preparando a Alemania contra el Desembarco de Normandía. Luego del complot para matar a Hitler en 1.944, en el cual Rommel apareció involucrado como potencial reemplazo a la cabeza del Tercer Reich, y debido a su popularidad entre las tropas, se le ofreció y aceptó cometer suicidio en vez de ser juzgado y ejecutado en vergüenza pública.
29.- Galeazzo Ciano (1.903 - 1944), Ministro de Relaciones Exteriores de Italia. Yerno de Mussolini, mantuvo una tensa relación con éste porque pensaba que Italia no estaba preparada para la guerra. Su voto contribuyó a la caída de Mussolini en 1.943. Cuando Mussolini volvió al poder, Ciano fue arrestado y fusilado (fuente).
30.- Philippe Pétain (1.856 - 1.951), Jefe de Estado de Francia durante la República de Vichy. Antiguo héroe de la Primera Guerra Mundial, el octogenario militar dirigió la llamada República de Vichy, el régimen colaboracionista instalado por el Tercer Reich sobre Francia durante su ocupación. Después de la guerra fue condenado a muerte, pero el general De Gaulle, por su anciana edad y su pasado militar, lo indultó y conmutó su pena por presidio perpetuo.

V.- Los rostros Aliados.

Después de la Primera Guerra Mundial, las naciones vencedoras consideraron que habían conseguido la paz mundial. Algunos pocos se dieron cuenta de que las cosas no iban a ser tan sencillas, y empezaron a prepararse para una nueva guerra, que juzgaban inminente. Inglaterra y Francia se dedicaron a tratar de contener a Hitler a través de la diplomacia, mientras que la Unión Soviética intentó industrializarse a marchas forzadas, y Estados Unidos se sumergió en el aislacionismo. Con todo, cuando estalló la guerra, los políticos a favor de la idea de destruir al Eje mostraron una tenacidad sin precedentes. En principio presentaron su guerra como la lucha de la democracia y la libertad en contra de la tiranía y la opresión de Hitler, aunque a este respecto, la alianza que entablaron por un lado Estados Unidos, Inglaterra y Francia, naciones democráticas las tres, y por el otro el régimen de la Unión Soviética, un totalitarismo similar al Tercer Reich en su intensidad, ayudó a deslucir un poco este escenario.

31.- Franklin Delano Roosevelt (1.882 - 1.945). El único Presidente de Estados Unidos elegido para gobernar por un total de cuatro períodos, ejerció desde Enero de 1.933 hasta su muerte en el cargo, en Abril de 1.945. En la imagen aparece firmando la declaración de guerra contra Japón, el 8 de Diciembre de 1.941.
32.- Winston Churchill (1.874 - 1.965), Primer Ministro de Inglaterra entre 1.940 y 1.945. De cualidades discutibles como estratega, supo sin embargo galvanizar a los británicos en su guerra contra el Tercer Reich. En esta imagen esboza la V de la Victoria, el 5 de Junio de 1.943.
33.- Joseph Stalin (1.878 - 1.953), Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética. La máxima figura de su país desde la muerte de Lenin en 1.922 hasta la suya propia, Stalin fue el líder absoluto del país que se llevó el mayor peso de la guerra en contra del Tercer Reich.
34.- Charles de Gaulle (1.890 - 1.970), general francés y líder de la Francia Libre. Luego de la caída de Francia en manos del Tercer Reich, organizó la resistencia bajo el nombre de Francia Libre, y luego de la liberación de su país, se transformó en uno de sus principales líderes.
35.- Georgi Zhukov (1.896 - 1.974), mariscal de la Unión Soviética. Uno de los más grandes generales de todos los tiempos, y el más condecorado en la historia rusa, fue el estratega genial detrás de las victorias soviéticas sobre los alemanes en Moscú, Stalingrado, Leningrado, Kursk, y Berlín. Imagen del 1 de Septiembre de 1.941.
36.- Douglas MacArthur (1.880 - 1.964), general cinco estrellas de Estados Unidos. MacArthur fue el arquitecto militar de la guerra de Estados Unidos contra el Imperio Japonés en el Océano Pacífico. Después, siguió en activo hasta la Guerra de Corea, en la cual cayó en desgracia en medio de acusaciones de querer escalar el conflicto hasta una guerra nuclear total contra China (fuente).
37.- Dwight Eisenhower (1.890 - 1.969), general cinco estrellas de Estados Unidos. Tuvo una participación decisiva en la Campaña de Africa, y fue la autoridad máxima a cargo del Desembarco de Normandía, en Julio de 1.944. Fue Presidente de Estados Unidos entre 1.953 y 1.961.
38.- Chiang Kai-shek (1.887 - 1.975), principal líder político y militar de China durante el segundo cuarto del siglo XX. Enfrentó la invasión militar japonesa de 1.937, y lideró la guerra contra la ocupación, en relaciones no siempre cordiales con los Aliados. Luego de la guerra, en 1.949, fue derrocado por Mao Tsé Tung, retirándose a Taiwán, isla que se separó entonces políticamente de China continental (fuente).
39.- Harry Truman (1.884 - 1.972), Presidente de Estados Unidos entre 1.945 y 1.953. Luego del fallecimiento en el cargo de su predecesor, Franklin Delano Roosevelt, Truman debió lidiar con el remate de la guerra, incluyendo la rendición de Alemania, el uso de la bomba nuclear contra Japón, y el sentar las bases de la construcción del nuevo orden mundial que emergió de la conflagración (fuente).
40.- Robert Oppenheimer (1.904 - 1.967), científico a cargo de los laboratorios en Los Alamos, que como parte del Proyecto Manhattan, desarrollaron las investigaciones que remataron en la fabricación de las primeras armas atómicas.

Próxima entrega: La guerra de broma.


martes, 26 de mayo de 2015

Bastión Esperanza - "Ganímedes desencadenado".

Fuente.
La situación entera parecía como salida de una pesadilla. Diez años atrás habían descubierto una nave espacial alienígena semienterrada en el planeta Esperanza, repleta de estatuas humanoides de diez metros de alto llamadas golems. Y ahora que Esperanza era atacado por invasores alienígenas salidos de vaya uno a saber donde y con una potencia de fuego devastadora, repentinamente la nave semienterrada, bautizada Ganímedes, parecía haber vuelto a la vida por sí misma y estaba despegando. Y con Alba y Numerio prisioneros en su interior.

– ¡Alba! ¡Alba! – dijo el profesor Higgins por menterminal, recordando que su asistente estaba en el interior de Ganímedes. – ¿Te encuentras bien?

– ¡Sí, profesor! – dijo Alba. – ¡Numerio y yo estamos bien! Pero, la nave... ¡Estamos despegando!

Ganímedes se había deshecho de toda la escoria y material geológico alrededor, como si se hubiera sacudido una costra de barro seco. Ahora se estaba levantando de manera inequívoca. No parecía tener ventanas de ninguna clase hacia el exterior, por lo que Alba y Numerio no sabían qué ocurría.

– Alba, esta cosa debe poder controlarse de alguna parte. ¿No hay un puente de mando o algo...?

– Sí, Numerio, creo saber dónde – dijo Alba, hurgando en los chips de su memoria hasta dar con la información. Y la encontró. – ¡Por aquí!

– ¿Pero el puente no debería estar adelante? – dijo Numerio, señalando en dirección contraria a la que Alba pretendía marchar.

– No, porque esta nave no necesita visualizar la sección delantera del espacio. Esta nave se controla por pantallas visuales, infrarrojas, etcétera, desde el centro de control, que está... hacia el centro de la nave.

Alba y Numerio corrieron y corrieron, y...

– ¿Qué tan grande es esta cosa? – preguntó Numerio.

– Según los escáneres que le hicieron... unos veinticinco kilómetros.

– ¿Cuánto? – estalló Numerio. – ¡No es en serio!

– Sí lo es. Pero si la nave fue diseñada para estos golems, es posible que fuera más adecuada a su tamaño. De todas maneras... aquí está.

Alba y Numerio habían llegado a una gran habitación en donde habían numerosas cápsulas de forma redonda, incrustadas contra la pared. Cada una de esas cápsulas tenía sus buenos diez o doce metros de diámetro. Antes de que Numerio pudiera decir cualquiera cosa, Alba lo arrastró a una de esas cápsulas.

– ¿Cómo se activan estas cosas? – preguntó Numerio.

Instantáneamente, la boca de la cápsula se cerró. Y comenzaron a moverse. Era el sistema de transporte centralizado de Ganímedes, por supuesto, única manera de moverse rápido en una nave tan gigantesca.

Al cabo de un viaje considerablemente largo, de varios minutos, y de dar la impresión de haber girado varias veces en varias direcciones, la cápsula se abrió. Alba y Numerio salieron, y se encontraron justamente con lo que Alba esperaba: una sala con un montón de pantallas de forma circular, apelotonándose unas encima de otras en algo que sólo podía ser descrito como caos organizado.

– ¿Y ahora qué, Alba?

– No lo sé. Nunca nadie ha estado en esta parte de la nave – dijo Alba, y ante la expresión interrogante de Numerio, explicó: – Secciones enteras de esta nave estaban enterradas en escoria, las puertas no se podían abrir... Sólo sabemos de ellas por los escáneres, pero todo es especulativo.

– ¿Y ahora qué vamos a hacer, Alba...?

– No lo sé. Sin ver lo que pasa allá afuera, no tengo idea de qué hacer.

Y en ese mismo instante, algunas de las pantallas se reagruparon, flotando en el aire, hasta crear entre todas un completo cuadro de la situación, tal y como se hubiera visto por un ventanal hacia el exterior, pero acompañada de múltiples otras informaciones en varias secciones del espectro electromagnético. Había también mucha información de toda clase.

– Alba, trata de pensar...

– No sé que quieres decir, Numerio, yo siempre pienso...

– Quiero decir... cuando quieres que pase algo... pasa. A lo mejor se controla con el pensamiento.

Ante la perspectiva, Alba sintió que un hilo frío recorría su espinazo.

– ¡Alba, esta nave no fue construída por alienígenas! ¡Esta nave fue construída por seres humanos! ¡Mira las letras, los caracteres, la información! – repuso Numerio.

Alba de pronto reparó en el detalle. Todos los caracteres mostrados en las pantallas, eran caracteres del alfabeto latino. Y de hecho, podían leerse como el idioma que se utilizaba en la Tierra antes de que los colonos la hubieran abandonado. Aunque con algunos matices y variaciones.

– Tienes razón, Numerio. ¡Ganímedes fue construída por seres humanos! Pero... los humanos no poseemos ni de lejos toda esta tecnología. Esto es... es... – dijo Alba, asombrada. Y luego, recordando que estaba ante el más fenomenal descubrimiento tecnológico de la Historia, intentó comunicarse con el laboratorio por menterminal: – ¿Profesor Higgins? ¿Profesor Higgins? ¿Está viendo esto...?

Pero era inútil. Sólo había estática alrededor. Estaban demasiado profundo dentro de la nave como para comunicarse de manera efectiva.

– ¡Eso no importa ahora, Alba! ¡Tenemos que ver cómo podemos usar...! Alba, los invasores nos están aniquilando. Si podemos usar a Ganímedes para luchar... Ganímedes te hace caso, de alguna manera. ¡Tienes que luchar, Alba!

– ¡No puedo! – dijo Alba, cada vez más nerviosa. – ¡Numerio, yo soy una asistente de laboratorio! ¡Yo nunca he luchado una guerra, yo no puedo matar a nadie! ¡Numerio, yo...!

– Alba – dijo Numerio, con una madurez que ocasionaba un efecto algo cómico, considerando que se trataba de un chico de nueve años. – Primero deberíamos ver si el Coloso está bien o no. Es la nave más poderosa que tenemos, si conseguimos salvarla, a lo mejor tenemos una posibilidad. ¡Alba, si controlamos a Ganímedes, podemos salvar a Esperanza!

Bruscamente, Alba recordó que Escalante estaba a bordo del Coloso. Supuesto de que el Coloso siguiera en una sola pieza, y no hubiera sido aniquilado por los invasores alienígenas, como parecía ser el caso, considerando que se había perdido el contacto.

– Vamos a rescatar al Coloso – dijo Alba, con una voz suave, pero determinada. Y luego, como para darse un poco más de valor, añadió: – Vamos.

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En el Cuartel General del Alto Mando Militar, el General Luca había cruzado los dedos, con la débil esperanza de que Ganímedes pudiera cambiar la balanza. Era una ventaja por completo inesperada, salida de ninguna parte, pero ahora, por fin, tenían una posibilidad de ganar la batalla espacial.

La mejor manera de describir la forma de Ganímedes, era llamándola un paralelepípedo de color negro. Sus dimensiones aproximadas tenían una relación matemática cercana a uno a cuatro a nueve; es decir, tenía aproximadamente dos kilómetros de altura, por once de ancho, por veinticinco de largo. Sin embargo, no era un paralelepípedo perfecto, bajo ninguna circunstancia. En varios lugares, de manera asimétrica, y aparentemente dispuestas al azar, tenía protuberancias y salientes de formas cúbicas, la mayor parte de ellas más chatas que prolongadas. No había ningún ángulo en la nave que no fuera recto, de noventa grados, fuera cóncavo o convexo. La mayor parte de dichas salientes se agrupaban en la parte superior de la nave, mientras que la inferior era casi plana, a excepción de cuatro grandes rectángulos que parecían servirle de soporte. Todo ello daba una impresión de cierta exhuberancia hacia la parte superior, si es que la palabra exhuberancia podía aplicársele a una nave de estas características.

– Es la maldita Arca de Noé – murmuró el General Luca, recordando brevemente las estampas que ilustraban la Biblia de su infancia.

– ¡General! – dijo el profesor Higgins. – ¡Mire, es un milagro!

En las pantallas, pudo visualizarse el Coloso. Estaba seriamente destrozado, pero se mantenía en su órbita. Además, salían comunicaciones desde su interior.

– ¡Aquí el Capitán Abascal! – recibieron una comunicación. – ¡Hemos conseguido sobrevivir, pero la mayor parte de los mecanismos, incluyendo el sistema de dirección, están fuera de combate! ¡He ordenado la evacuación total del Coloso!

– ¡Maldita sea, Capitán! – gritó el General Luca, dejando caer un puñetazo sobre el escritorio desde el cual contemplaba la acción. – ¡Embista a la nave enemiga! ¡Hágalo!

– ¡Pero, señor, no podemos controlar la naveg...!

– ¡Si abandona el Coloso, lo único que conseguirá es que caiga en manos enemigas! ¡Destrúyalo, y cárguese a una nave enemiga con él! ¡General Luca, fuera!

Pasaron algunos tensos segundos. El Coloso no hacía amago de moverse.

– Está demasiado dañado – dijo el profesor Higgins.

– Orden general a toda la flota. Reúnanse todos en la órbita del Coloso para un ataque en conjunto y masivo – dijo el General Luca. Y luego añadió, medio para que lo escucharan los demás, y medio para convencerse a sí mismo de que estaban siguiendo la estrategia correcta: – Esperemos que ahora Ganímedes sea de alguna utilidad.

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Ganímedes por su parte no se tardó demasiado en salir a la sección exterior de la atmósfera de Esperanza, en donde Coloso flotaba a la deriva.

– ¡Aquí, Alba Dunsany, comunicándose con el Coloso! ¡Capitán! ¿Me escucha...? ¿Capitán...?

– Aquí el Capitán Severo Abascal. Llegan justo a tiempo para rescatarnos.

– Capitán... Yo no tengo idea de cómo se controla esta cosa – dijo Alba. – Solicito instrucciones.

– Trate de fijar el Ganímedes en una trayectoria similar a la del Coloso, para que ambas naves nos mantengamos a la misma distancia sobre la órbita. Nosotros haremos el resto.

Mientras todo esto ocurría, la nave enemiga que había dejado gravemente fuera de combate al Coloso había optado por no rematar la tarea, y en vez de ello había ido a socorrer a su compañera, cuya órbita estaba decayendo de manera peligrosa. Pero sin embargo, al acercarse Ganímedes al Coloso, la nave rescatadora parecía haber cambiado de opinión, y había comenzado a ganar altura, alejándose de su compañera, que siguió cayendo cada vez más como un plomo hacia la superficie de Esperanza.

El Capitán Abascal había comenzado a las maniobras de evacuación desde el Coloso hacia el Ganímedes, cuando uno de sus subordinados lanzó una advertencia:

– ¡Señor, la nave enemiga está soltando el mismo patrón de ondas de ataque de hace un rato! ¡Nos van a lanzar una segunda descarga!

– Gracias, Chu. ¡Alba! – gritó el Capitán Abascal. – ¡Nos van a mandar una segunda andanada, y si es igual de fuerte que la anterior, nos harán pedazos! Nuestras armas están casi por completo fuera de combate. Si Ganímedes tiene poder de fuego, úselo.

– ¡Pero, señor, yo no soy una militar! Yo... yo...

– ¡Señorita Alba, por favor! ¡Las vidas de todos nosotros depende de que descubra cómo operar las armas de Ganímedes, y ataque! ¡Por favor, señorita Alba...!

Alrededor de la nave enemiga comenzó a formarse el campo de energía, preparándose para atacar.

つづく  

domingo, 24 de mayo de 2015

Qué fue de los tipos que rescataron al soldado Ryan.


En la película, el qué fue en realidad no fue nada. Se los cargaron a la mayoría. Porque la guerra es un infierno, sólo por si no entendías el punto. Pero, ¿y en la realidad...? ¿Qué ocurrió con los actores de marras? Hace poco tiempo atrás tuve el gusto de reencontrarme con la película Rescatando al soldado Ryan, o Salvar al soldado Ryan, a según el país es el título. La había visto en el cine en su tiempo, me la había repetido en el cable, pero durante muchos años se transformó en otra película del listado de clásicos que uno ha visto en el jurásico de la vida cinéfila particular. Hasta que Cinemark la repuso como parte de un ciclo de clásicos. Pude constatar así que, lejos de mis temores iniciales de que la película hubiera podido envejecer de mala manera como a veces sucede, en realidad se mantiene muy bien. Me pregunto si La delgada línea roja, que también vi en esos años, y que era la otra película de guerra estrenada al mismo tiempo, resistiría de la misma manera el paso del tiempo.

Pero dejando de lado los tópicos más artísticos o profundos de la película, que de ésos hay varios posteos notables por ahí, una de las cosas que me llamó la atención es el elenco. Al verla por primera vez en 1.998, la gran cara conocida era Tom Hanks, además de un jovencito Matt Damon. Pero al verla de nuevo, me encontré con más de algún actor cara conocida que por esas fechas empezaba a brillar, trataba de brillar, o dejaba de brillar. Hay algo de simpático, y también de triste, en seguirle el rastro al elenco principal de la película. Por eso es que acá en la Guillermocracia, haremos un pequeño posteo farandulero, y mencionaremos qué sucedió finalmente con los actores que le dieron vida a los soldados miembros de la patrulla de salvamento que integran la película. Rematando con el mismísimo soldado Ryan, por supuesto.

Tom Hanks.

La superestrella de la película. En la década de 1.980 había hecho varios roles de comedia, antes de consagrarse con su tríada de roles dramáticos en Filadelfia, Forrest Gump, y Apolo 13. Haberle dado a Tom Hanks el rol del Capitán John Miller, en retrospectiva, fue la mejor decisión del mundo, si se considera que las primeras opciones eran Mel Gibson y Harrison Ford, buenos actores ambos, pero sin la vibra de hombre como tú y yo que Hanks le da al personaje. Ni qué decir, después de la película el hombre siguió acumulando éxitos: interpretó a Woody por tercera vez en Toy Story 3, fue el náufrago de Náufrago, le dio vida (es un decir...) a Robert Langdon en las dos adaptaciones de novelas de Dan Brown (El Código da Vinci, y Angeles y demonios) y viene una tercera en camino (Inferno, porque parece que la adaptación de El símbolo perdido está en el congelador). De los varios actores que formaron la patrulla infernal de esta película, no sólo era el más exitoso, sino que siguió siéndolo.

Tom Sizemore.

Este es un caso algo triste. Porque Tom Sizemore es la clase de actor que muy probablemente no ubiques por nombre, pero lo ves en la pantalla y sabes que es él. Su rostro, al menos, es inconfundible. Su presencia escénica es también notable. Pero él mismo, por desgracia, ha estado envuelto en un millón de problemas. Su adicción a las drogas es tan conocida, que apareció incluso en el programa televisivo Celebrity Rehab; además, salió a la luz pública un video suyo pasándosela del uno con un grupo de chicas desnudas. Es decir, la clase de comportamiento que ha hecho tanto por descarrilar carreras promisorias en el cine. Su excelente rol en Rescatando al soldado Ryan, como el sargento Mike Horvath, segundo al mando detrás de Hanks, debería haberlo consolidado, y de hecho fue llamado para dos blockbusters bélicos más (Pearl Harbor, y La caída del Halcón Negro), pero luego, su estrella terminó por apagarse. Y para peor, estuvo a punto de no estar en Rescatando al soldado Ryan tampoco: estaba tan drogado, que Steven Spielberg le lanzó el ultimátum de que iba a hacerle control antidoping todos los días, y si daba positivo en uno, apenas uno, lo iba a despedir y reemplazar por otro actor diferente. Ya lo saben, chicos: las drogas son malas, dí no a las drogas.

Edward Burns.

Edward Burns, el actor interpretando al soldado Richard Reiben, que en la película es el más rebelde del batallón, fue otro caso de actor que no consiguió capitalizar la fama. Con su rol en la película, había conseguido llamar la atención del mundillo en Hollywood, y de hecho parecía ser una superestrella promisoria. De manera que le tuvieron por fin la confianza suficiente para darle el protagónico en la película 15 minutos, un thriller en donde un par de terroristas extranjeros se dedicaban a matar gente porque en Estados Unidos todos tienen y merecen sus 15 minutos de fama. Y para dejar bien asentado que era una nueva estrella que venía con padrinazgo, lo pusieron al lado de Robert de Niro. La película no era especialmente mala, pero su afán de meter un mensaje con pretensiones le jugó en contra. Los propios estudios no parecían tenerle confianza al resultado final, porque la película fue rodada en 1.999 para ser estrenada en 2.000, y luego, por alguna razón, la pospusieron un año completo, hasta 2.001. Recaudó poco más de lo que costó, lo que significa que resultó un fracaso comercial en toda regla. A partir de entonces, ningún estudio volvió a confiar en el potencial de Edward Burns para protagonizar una película, y se quedó relegado a roles secundarios. Su rol posterior más reconocible es el detective de Una llamada perdida, remake de 2.008 de una cinta de terror japonesa.

Barry Pepper.

Y llegamos al fondo del barril. El caso más lamentable de estrellón que nos ha legado Rescatando al soldado Ryan. Para quienes vimos la película, uno de los personajes más recordados es el francotirador que se pone a rezar mientras dispara, el soldado Daniel Jackson por más señas. Pero si era un rol tan carismático, ¿por qué el nombre de Barry Pepper no te suena de ninguna parte? Haber actuado aquí le consiguió roles para Enemigo público con Will Smith, y para Milagros inesperados también con Tom Hanks, antes de conseguir su primer protagónico. Ahora, traguen saliva. El protagónico en cuestión es Campo de batalla: La Tierra, o Batalla final: Tierra, a según el país, de 2.000. Interpretando al cromañón que se subleva contra los extraterrestres, por más señas. Ya saben para donde va, ¿verdad? En realidad, el proyecto entero era para mayor gloria de la vanidad de John Travolta, quien se reservó el rol de villano. No había lugar para el estrellato de Pepper, aunque fuera el protagonista. De todas maneras, fiel a la filosofía de si sale cara gano yo y si sale sello pierdes tú, entonces la inmundicia lo salpicó lo mismo, y sus oportunidades de convertirse en el siguiente gran fenómeno de Hollywood se esfumaron, probablemente para siempre. Aún así, aunque su carrera ha ido a los tumbos después, ha conseguido algunos buenos secundarios, incluyendo La conquista del honor de Clint Eastwood, y el remake de Temple de acero de 2.010, que no son malos créditos allí donde se los mire.

Adam Goldberg.

El caso del señor Goldberg es curioso. Para los que tengan curiosidad por estas cosas, por supuesto. Rescatando al soldado Ryan debería haber ayudado a posicionarlo en el mapa, y de hecho es con esta película que empezó a ser un rostro más o menos reconocible, por encima del montón, por más que su rol como el soldado Stanley Fish Mellish no hace mucho más que ser otro del pelotón. En cualquier caso, era factible considerar que alguien se iba a fijar en él, y tratar de darle un protagónico. Después de todo, si Barry Pepper lo logró, ¿por qué no él? Y... no sucedió. ¿Desinterés? ¿Falta de buenos roles? ¿Agente incompetente? ¿Pura y simple mala suerte? Quién lo sabe. Como sea, se la pasó la década siguiente siendo ese tipo al que no le conoces el nombre, pero hace de secundario prominente y más o menos reconocible a poco que prestes atención, en varias películas más o menos recordadas de la época: Una mente brillante, Cómo perder a un chico en diez días, Deja Vu, Dos días en París, Zodíaco. Así de caprichoso es el destino en Hollywood, después de todo.

Jeremy Davies.

El técnico Upham, el cartógrafo e intérprete cuya madera para la guerra puede calificarse de corcho para balsas, fue interpretado por otro tipo que tampoco llegó mucho más allá. No ayuda mucho que su rol suele ser bastante despreciado por el público que ha visto la cinta. Con injusticia, porque el personaje es un pobre diablo que nunca ha visto realmente la acción de la batalla, pero considerando que al público le gustan los héroes... en cualquier caso, el rol más reconocible de Jeremy Davies después de Rescatando al soldado Ryan, es un rol recurrente en Lost. ¿Cuál? No lo menciono porque para mí es apenas un nombre y un apellido, no en balde me bajé de Lost a la tercera temporada, y eso fue dos temporadas en exceso después.

Giovanni Ribisi.

El técnico Wade, el médico del grupo, era otro que en su minuto parecía que iba a conocer el estrellato. Apareció a la luz pública luego de ser el monstruo de la semana en un episodio de Los expedientes secretos X. ¿Cuál? Investiguen ustedes, no esperen que yo les dé todo masticado. El caso es que Rescatando al soldado Ryan debería haberlo consagrado. Como de hecho lo hizo, porque comenzaron a llegar ofertas de roles protagónicos. El problema es que cada una de esas películas iba a romperla, sea como blockbuster, sea como clásico filme de pretensiones artísticas ligeras y con conciencia de Hollywood. Y cada una de esas películas se estrelló a lo bruto. Patrulla juvenil, que también hizo lo suyo por dejar en el pantano durante años a una entonces ascendente Claire Danes, que debió esperar hasta Homeland para rehabilitarse. O El informador, un intento de rodar un Wall Street juvenil, cuyo fracaso fue tanto más ignominioso porque el personaje que inspiró la película, Stratton Oakmont, es el tipo cuya autobiografía sirvió años más tarde para la gloriosa El lobo de Wall Street con Leonardo DiCaprio. De manera que no tuvo madera para protagónicos, y debió conformarse con personajes secundarios. Como por ejemplo la olvidada 60 segundos. ¿Y alguien recuerda que él era el marido de Scarlett Johansson en Perdidos en Tokio? ¿No? Yo sí me acordaría de eso porque es de la guapa Scarlett que hablamos, así es que gracias por corroborar mi punto. ¿Tampoco lo recuerdan como secundario de Avatar? Esto corrobora lo definitivo: actuó en la película más taquillera de todos los tiempos, y todos se acuerdan del elenco en masa, excepto de él. Porque, y esto es algo triste de decir, Giovanni Ribisi ha terminado transformándose en el Doctor Zoidberg del cine. Hasta que un Harold Zoid lo recupere, al menos.

Vin Diesel.

Sorpresa. En la época, nadie que vio Rescatando al soldado Ryan apostaba un duro, perdónenme el juego de palabras fácil, por un actor cuyo personaje, el soldado raso Adrian Caparzo, fue puesto en la película básicamente para ser el Wolverine o el Worff del asunto. Ya saben: el tipo grandote y macizo que se la lleva cruda al comienzo de la película para que veamos que el peligro es real. Incluso más, Vin Diesel siguió a Giovanni Ribisi dentro de las procelosas aguas del elenco de El informante, y por lo tanto debió haberse hundido con él, y con más plomo aún, porque entre Ribisi y Diesel, el actor es Ribisi, por supuesto. Pero poquito después se estrenó una película con aires de serie B, que no debería haber llegado a ninguna parte: Eclipse mortal. Resultó que la película en sí, más allá de algunas patadas a la ciencia y a la lógica a partes iguales, era mejor de lo esperado, y el personaje del antihéroe Riddick acabó galvanizando al público. Al año siguiente se ganó otro exitazo con Rápido y furioso. Y luego vino su rol en xXx. Andando el tiempo, Diesel quiso zafarse y hacerse un nombre por sí mismo en vez de amarrarse a una franquicia. Craso error. La secuela de xXx con otro actor resultó un fiasco en regla, pero eso ya no es problema del señor Diesel, ¿verdad que no? Pero luego de que sus ambiciosos planes no terminaran de concretarse, incluyendo un proyecto de llevar al cine la vida de Aníbal el Cartaginés, optó por la decisión más sensata de la Historia del Cine: regresar a las secuelas de Rápido y furioso. Convirtiéndose así, si bien no el actor más reconocido de quienes rescataron al soldado Ryan, sí al menos en el más rentable. De las películas más taquilleras de la Historia, al momento de escribir esto en Abril de 2.015 por lo menos, Vin Diesel estuvo en la cuarta película más taquillera de todas, Rápidos y furiosos 7, y de las tres que están más arriba, el único que ha llegado es Giovanni Ribisi en Avatar, y como dijimos, de él en esa película nadie se acuerda.

...y Matt Damon.

Y terminamos con una guasa. Ya hemos mencionado a los actores que conformaron la patrulla de rescatistas, y no seguiremos con varios secundarios adicionales que también tienen cartel (Ted Danson, Paul Giamatti, Dennis Farina, ¡Bryan Cranston!, ¡¡Nathan Fillon!!), pero no podemos dejar de mencionar al mismísimo soldado Ryan. Aunque sea para reirnos por la poca visión de Steven Spielberg para contratarlo. Porque Spielberg tenía el cuento claro: quería que Ryan fuera un actor de cara bonita y ningún reconocimiento, para que en el fondo todo el público pudiera empatizar con ese simpático estadounidense promedio que es como tú y yo. Y contrató a Matt Damon, un perfecto desconocido... el mismo año en que Matt Damon, mientras rodaba Rescatando al soldado Ryan, en paralelo se hacía famoso gracias al estreno de En busca del destino, que le valió un Oscar, aunque como guionista, y compartido con Ben Affleck. Y como no era cosa de echar pie atrás, Spielberg siguió con Damon y en vez de tener a un chico promedio como soldado a rescatar, tuvo otra superestrella de Hollywood en la plantilla. Sobre lo que pasó después con Damon, no vale ni la pena decirlo; no en balde, todo el mundo lo conoce. Descontando a Tom Hanks, que ya tenía una larga carrera por detrás, lo cierto es que si Vin Diesel acabó transformándose en el actor más rentable de los que salvaron al soldado Ryan, es seguro afirmar que el actor que terminó obteniendo a la larga más reconocimiento artístico, es justo el mismísimo soldado Ryan. Lo que hace algo hilarante la por otra parte trágica escena final en donde, después de la escabechina generalizada de protagonistas, al soldado Ryan le dicen: "Hágase merecedor de esto"... Y por cierto, si vieron la película, ¿recuerdan a quién fueron a rescatar los astronautas de Interestelar, en 2.014...? Porque vivimos en un universo tetradimensional, tres dimensiones espaciales y una temporal, pero el cine presenta múltiples y desconocidas dimensiones de las cuales nosotros nada sabemos, y quizás nunca lleguemos a saber.

La edad no fue demasiado misericordiosa con el soldado Ryan, ¿no es así...?


jueves, 21 de mayo de 2015

Ver la Segunda Guerra Mundial (1 de 12): El camino hacia la guerra.



Con el presente posteo, y con ocasión de los setenta años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, le damos inicio a una nueva serie acá en la Guillermocracia, en donde haremos un repaso visual de la conflagración más devastadora que ha vivido la Humanidad. A lo largo de doce posteos, en cada uno de ellos rescataremos veinte imágenes que, en conjunto, conformarán una historia visual del conflicto que se llevó por delante las vidas de 60 millones de personas, más o menos el tres por ciento de la población total de la Humanidad en 1.939. De manera que, desde este Jueves y durante cada Jueves en lo sucesivo, quedan invitados a esta nueva serie, Ver la Segunda Guerra Mundial, acá en la Guillermocracia.

I.- Alemania aplastada.

El final de la Primera Guerra Mundial significó el desastre para Alemania. Los vencedores intentaron humillarla por todos los medios, haciéndola responsable de una guerra que, en estricto rigor, los alemanes no habían comenzado. Por el Tratado de Versalles, los alemanes se comprometieron a una indemnización económica que, de haber sido pagada, hubiera significado enviar a Alemania de regreso a la Edad Media. El antiguo régimen del Kaiser fue sustituido por la República de Weimar, que de inmediato debió contender con dos enemigos extremistas: los espartaquistas de izquierda por un lado, y los movimientos nacionalistas de derecha por el otro. La República pudo defenderse, pero lo tuvo más crudo frente a la economía. Para pagar la deuda, que se expresaba en marcos alemanes, devaluó la moneda, y desató una de las peores hiperinflaciones de la Historia. La década de 1.920 fue muy sombría para Alemania, y resultó el caldo de cultivo perfecto para el resentimiento y el revanchismo. Bastaba que surgiera un nuevo líder populista que les prometiera la venganza, el poder y la victoria, y los alemanes se embarcarían otra vez en la guerra frontal, directa y total en contra de sus enemigos. En las durísimas condiciones de victoria de la Primera Guerra Mundial, se habían sembrado las semillas para la Segunda Guerra Mundial.

1.- Edición en inglés de 1.919, del Tratado de Versalles. Los tratados posteriores a la Primera Guerra Mundial redibujaron los equilibrios geográficos, políticos, económicos y sociales de Europa, pero lo hicieron de una manera torpe y egoísta, sembrando así las semillas del revanchismo que, al germinar, iban a llevar a la Segunda Guerra Mundial.
2.- La firma de la paz en el Salón de los Espejos, en Versalles, el 28 de Junio de 1.919. Recreación pictórica de la firma del Tratado de Versalles, por Sir William Orpen.
3.- Afiche contra el movimiento espartaquista; la leyenda dice Espartaco en su trabajo, y muestra a un espartaquista asesinando a una familia. Después de la Primera Guerra Mundial, la extrema izquierda simpatizante del Comunismo cobró mucha fuerza, formando el movimiento espartaquista, contra el cual a su vez reaccionaron los grupos de extrema derecha como el Nacionalsocialismo.
4.- Un billete válido por un millón de marcos, en 1.923. La hiperinflación de Alemania, desatada por la devaluación de la moneda disparada para pagar las indemnizaciones de guerra, es una de las peores registradas en la Historia Universal.
5.- Fotograma de Metrópolis, de Fritz Lang. Entre otras cosas, esta película alemana de 1.927 representó la opresión de la vida moderna y mecanizada sobre los individuos. Irónicamente, aunque su director Fritz Lang huyó de Alemania al advenimiento del Tercer Reich, Hitler consideró a Metrópolis como una de sus películas favoritas.
6.- Ollas comunes para los desempleados durante la Gran Depresión en Berlín, 1.931. Esta en particular ha sido organizada por un templo protestante, y gestionada por soldados. La crisis económica jugó un rol fundamental en darle combustible al movimiento nazi, que se ofrecía como respuesta a todos los problemas de la época.

II.- El ascenso del Nazismo.

Durante la Primera Guerra Mundial, Adolfo Hitler había sido apenas un cabo dentro del ejército alemán. Con cierto talento pictórico, pero una formación intelectual deficiente, alimentada por libros seleccionados a través del filtro de su fanatismo nacionalista y antisemita, Hitler era apenas otro de los tantos fracasados que pupulaban durante la República de Weimar. Pero se las arregló para ingresar al movimiento nacionalsocialista, un grupo de derecha que aspiraba a instaurar una dictadura en Alemania, y que comenzaba a germinar en esos años. En 1.923, los nazis dieron su fracasado golpe de estado, el llamado Putsch de Münich; Hitler pagó su intentona con cárcel. Allí escribió su libro Mein Kampf, la Biblia del Nazismo. Con el paso del tiempo, la oratoria de Hitler y su avasalladora presencia le abrieron puertas. A inicios de la década de 1.930, en medio de la crisis económica provocada por la Gran Depresión, Hitler comenzó a perfilarse como un líder populista. La derecha conservadora le dio una oportunidad, pensando que iba a ser un monigote fácil de manipular. Estaban muy equivocados. Hitler ganó las elecciones para Canciller en 1.933. Poco después, aprovechando un artículo de la Constitución de Weimar, consiguió ser investido con poderes extraordinarios. Lo siguiente que hizo, fue abolir la Constitución, e instaurar el Tercer Reich.

7.- Tropas golpistas nazis durante el fracasado Putsch de Münich, el 9 de Noviembre de 1.923. Después del golpe, la alta cúpula nazi incluyendo a Adolf Hitler serían apresados, juzgados y encarcelados. En prisión, Hitler aprovechó el tiempo para escribir su manifiesto, el célebre Mein Kampf.
8.- El libro Mein Kampf (Mi Lucha) de Adolf Hitler, en una edición de 1.926 o 1.927. Escrito en la cárcel luego del fracaso Putsch de Münich en 1.923, el libro vertebra el pensamiento político de Hitler, y traza las líneas programáticas de lo que vendrá a ser la ideología nazi.
9.- Adolfo Hitler saludando a miembros del Sturmabteilung, el ala paramilitar del Partido Nazi, en Brünswick, en 1.932. El ascenso al poder de Hitler se verificó en general dentro de los mecanismos de la democracia, pero a su vez, Hitler se apoyó en unidades paramilitares para infundir el miedo en sus oponentes.
10.- Adolfo Hitler en 1.933, el año en que fue elegido Canciller de Alemania. Hitler llegó al poder por la vía democrática, aunque ayudó el hecho de que los comunistas y socialistas corrieran por separado en las elecciones, ya que ambos en conjunto obtuvieron más votos que Hitler.
11.- Adolf Hitler habla ante el Reichstag, el Parlamento de Alemania, a propósito de la Ley Habilitante que le concede poderes extraordinarios, el 23 de Marzo de 1.933. En la ocasión, Hitler prometió respetar al Parlamento, al Presidente Hindenburg, y a los poderes estatales en general. Pero después de la muerte de Hindenburg en 1.934, merced a sus poderes extraordinarios, Hitler abolió la República de Weimar, y asumió el poder absoluto en Alemania.
12.- Manifestación del Partido Nacionalsocialista en la ciudad de Nüremberg. Buena parte del prestigio del Nazismo surgía del uso adecuado de las armas de la propaganda, el gigantismo, y el manejo de las emociones del público a través del control de masas.
13.- Afiche de la película El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl (1.935). Presentada como un documental sobre el Congreso de Nüremberg de 1.934, la película fue pionera en el uso de modernas técnicas de propaganda audiovisual, al servicio de un mensaje de exaltación del Tercer Reich. En la actualidad, se considera a esta película como una de las más influyentes en la Historia del Cine.
14.- Quema de libros instigada por los nazis. El Tercer Reich buscó depurar la cultura aria, eliminando libros de procedencia judía, así como de doctrinas científicas y políticas consideradas perniciosas por el régimen.

III.- Lebensraum.

Las metas de Hitler podían agruparse en dos: por un lado, fortalecer de manera interna tanto la economía como la sociedad de Alemania, y en segundo lugar, buscar la expansión territorial. No sólo se trataba de rearmar a Alemania como superpotencia europea, sino además anexarse territorios que significaran recursos y hombres para la guerra que era vista como inminente, si Hitler seguía adelante con sus planes. A esto, el Tercer Reich lo llamaba el Lebensraum (hábitat, literalmente espacio vital), la esfera geopolítica a la que Alemania tenía derecho, con prescindencia de los pueblos que fueran sometidos a su férula, pueblos carentes de derechos, inferiores como eran a los alemanes, según la doctrina nazi. Las sucesivas anexiones del Sarre, de Austria y de los Sudetes en Checoslovaquia, fueron empujando a Europa cada vez más cerca de la guerra total. En 1.938, en la Conferencia de Münich, Inglaterra y Francia negociaron diplomáticamente con Hitler. Lo consiguieron, al precio de cederle parte de Checoslovaquia. Al año siguiente, Alemania y la Unión Soviética firmaron un pacto de no agresión. Una semana después de dicho pacto germanosoviético, Hitler invadía Polonia, dando inicio así a la Segunda Guerra Mundial.

15.- Afiche nazi refiriéndose al Lebensraum en Africa. La doctrina nazi se basa en la idea de la raza aria como suprema, y por ende, merecedora de un espacio vital más amplio, a costa de naciones y razas consideradas inferiores.
16.- Reasentamiento de alemanes desperdigados por Europa, dentro del Lebensraum de la Gran Alemania. Mapa producido por el Comisionado del Reich para la Consolidación de la Nacionalidad Alemana (Reichskommissar für die Festigung deutschen Volkstums).
17.- El Tercer Reich envió contingentes militares a luchar por el bando franquista en la Guerra Civil Española (1.936 - 1.939). Este memorial está en el Cementerio de la Almudena en Madrid. El texto en alemán dice: "Aquí descansan aviadores alemanes caídos en la lucha por una España libre".
18.- Policías alemanes y austríacos desmontan un puesto fronterizo entre ambos países, como parte del Anchluss, el 15 de Marzo de 1.938. El Anchluss fue la anexión de Austria al Tercer Reich, y duró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
19.- Neville Chamberlain, el Primer Ministro de Inglaterra, exhibe el papel firmado por Hitler y por él mismo en la Conferencia de Münich, a su regreso a Inglaterra el 30 de Septiembre de 1.938. Más tarde ese mismo día, con ingenuidad, Chamberlain proclamó: "Mis buenos amigos, por segunda vez en nuestra Historia, un Primer Ministro de Inglaterra ha regresado desde Alemania trayendo paz con honor. Creo que es la paz para nuestro tiempo. (...) Vayan a casa y descansen tranquilos".
20.- Stalin el Primer Ministro de la Unión Soviética, y Joachim von Ribbentrop el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, el 23 de Agosto de 1.939, luego de la firma del tratado de no agresión entre ambos países. Un protocolo secreto anexado a dicho tratado, incluía repartir a Polonia en dos esferas de influencia. Una semana después, Alemania invadió Polonia, y estalló la Segunda Guerra Mundial.

Próxima entrega: Los veinte protagonistas.
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