jueves, 10 de diciembre de 2015

Block40busters (1 de 6).


Es muy probable que blockbuster sea, promediando, la palabra más odiada por los cinéfilos. El concepto evoca muchas sensaciones negativas: películas con aventuras pasadas de roscas, guiones con agujeros lógicos, personajes planos, y ninguna profundidad filosófica. Cine hecho para golpear a las audiencias, dejarlas knock out, y sustraerles el dinero de los bolsillos, para que cuando éstas despierten, se encuentren con un riñón menos, el cual va camino a Amsterdam o Bangkok, como parte del mercado negro de órganos con que les birlaron el precio de la entrada. Casi como el truco de los centavos que cargan en cada cuenta telefónica, en que nadie reclama por los mismos porque sale más caro reclamar que aceptar la pérdida, pero todos esos centavos suman una fortuna para la compañía; lo mismo pasa con la suma de todos los precios de entradas al cine de un blockbuster. Incluso la etimología de la palabra es nefasta, ya que blockbuster significa literalmente revientamanzanas, entendiendo como tales las manzanas de casas, y es el sobrenombre que se le daba a las bombas de destrucción masiva arrojadas sobre dichas manzanas de casas durante la Segunda Guerra Mundial. Así, preguntarle a alguien si fue al cine a ver el último blockbuster, es casi como preguntarle si marchó en dirección hacia el blanco de un bombardeo enemigo.

Y sin embargo... los blockbusters, para bien o para mal, forman parte de nuestra vida cotidiana. Todos reconocemos frases tales como "yo soy tu padre", "veo gente muerta", o "¡¡¡ESTO... ES... ESPARTA!!!". Los personajes de los blockbusters, de los mejores blockbusters por lo menos, nos han emocionado con sus esfuerzos por superarse a sí mismos, por luchar contra el mal, o por conquistar el corazón de la dama de turno. Puede que el esquema de los blockbusters en general sea tan simplón que incluso hasta pudimos describir su guión arquetípico (de hecho ya lo hicimos, pueden ustedes leerlo en Blockbusters genéricos: El guión tipo, aquí en la Guillermocracia), pero congregar semejantes pasiones en el público no es un mérito que deba tomarse a la ligera. Después de todo, la vida es para ser feliz, y si un blockbuster está lo suficientemente bien hecho como para ser más que un simple producto de usar y tirar, entonces, ¿por qué encajonarse dentro de una actitud estirada que descalifica a estas películas cuyo único objetivo es entretener durante un par de horitas a la audiencia? Es cierto que el noventa por ciento de los blockbusters son basura, pero por otra parte, es también muy cierta la Ley de Sturgeon según la cual el noventa por ciento de cualquier cosa es basura, incluyendo ese otro cine, el hecho con ínfulas y pretensiones artísticas. Preciosos ridículos hay en todas partes, incluyendo en un cine a la vuelta de su esquina.

Es por eso que, acá en la Guillermocracia, hemos decidido emprender una serie acerca de los blockbusters. Lo hemos hecho ahora en 2.015, para aprovechar el aniversario número 40 de la primera película que puede considerarse como un blockbuster propiamente tal: Tiburón de Steven Spielberg. No es que el cine antes fuera artístico, signifique lo que signifique esa palabra, y de pronto con Tiburón se volvió algo estúpido y descerebrado. No. La idea de crear películas grandilocuentes para desplomar las mandíbulas de la audiencia y saquear sus bolsillos es tan antigua por lo menos como Los diez mandamientos de Cecil B. DeMille, de 1.956. O Lo que el viento se llevó de Victor Fleming y dos o tres pares de manos más, de 1.939. O incluso El nacimiento de una nación de David W. Griffith, de ¡1.915! Pero lo que cambió con Tiburón fue otra cosa: el modelo de distribución. Antes, las películas se soltaban con poquitas copias que rotaban por varios cines de Estados Unidos y el extranjero, en períodos de tiempo que a veces podían ser de años. Tiburón, en cambio, fue distribuida de otra manera: se lanzaron masivamente y al mismo tiempo una tonelada de copias para copar todos los cines al mismo tiempo. La jugada fue tan exitosa, que Tiburón se transformó en la película más taquillera de 1.975, creando así el actual modelo de distribución de blockbusters, que en 2.015 cumple por lo tanto 40 años.

Para efectos, hemos seleccionado 72 películas blockbusters, o que no siéndolo en sentido estricto, a lo menos pueden ser consideradas de manera limítrofe como tales, todas ellas desde 1.975 en adelante. El criterio de selección ha sido muy sencillo: las hemos incluido por la influencia que hayan generado en futuros blockbusters, y en el desarrollo del cine en general. No las hemos seleccionado ni por su calidad, ni por su taquilla (aunque la mayoría son taquilleras), ni por su capacidad para generar memes. Es por eso que ustedes no encontrarán acá, adelantamos, películas como La profecía de 1.976, o Los cazafantasmas de 1.984, o Volver al futuro de 1.985, por ejemplo. Todas éstas son blockbusters notables, películas clásicas e icónicas allí donde las haya, pero lo que ellas no hicieron, es generar escuela, o al menos, una escuela que vaya más allá de las películas italianas baratas de imitación. Mientras que otras películas sensiblemente mediocres o inferiores, sí que generaron imitaciones o pusieron sobre el mapa tales o cuales conceptos, motivos por el cual están incluidos en este listado. Y, sin más preámbulos, partamos ahora con nuestra breve historia de 40 años de blockbusters, en 72 películas y seis posteos... porque publicarlo así es épico, es decir, la esencia misma de un blockbuster.

1.- Tiburón (1.975).

La idea de lo que iba a ser el blockbuster en términos narrativos, que no de distribución como ya comentamos, estaba ya esbozándose en fecha tan temprana como Desde Rusia con amor, la segunda entrega de James Bond, con su filosofía de hacerlo más grande y mejor que Dr. No, que en cambio parece más bien un thriller hitchcockiano. O con El Padrino, con la gigantesca escala épica de su argumento. Pero desde un punto de vista técnico, el primer blockbuster es Tiburón, por una razón muy sencilla: es la primera película que no fue sacada a los cines con pocas copias que se iban rotando, sino que éstos fueron inundados todos al mismo tiempo con un sinfín de copias que coparon todas las salas, esquema de distribución que ha seguido existiendo hasta ahora, para suplicio de quienes vamos a un multicine y nos encontramos en una sala con Jurásico y Furioso de Marvel doblada en una sala, Jurásico y Furioso de Marvel subtitulada en otra, Jurásico y Furioso de Marvel doblada y en 3D en una tercera, y Jurásico y Furioso de Marvel subtitulada y en 3D en una cuarta. Por eso, visto desde esa perspectiva, Tiburón es un blockbuster un tanto extraño. El común de los blockbusters son películas de aventuras, y su tono tiende a ser ligero y optimista. Si la idea es que el respetable se relaje y pase un buen rato, no puede vendérsele pesados y sesudos dramas existenciales. Por eso, Tiburón es una película tan rara: el conflicto principal gira en torno a la lucha contra una fuerza natural ciega e irracional, una máquina de matar que todo lo que hace es "nadar y comer y hacer pequeños tiburoncitos, y eso es todo", como dice el personaje de Hooper, y frente a esa fuerza irracional, la comunidad de gentes no son adorables civiles en peligro sino un montón de imbéciles felices de correr el riesgo de que algunos turistas sean sushi para tiburones a cambio de mantener sus ganancias, y los propios cazadores del tiburón tampoco son demasiado heroicos. Es decir, aunque planificada como una película de acción más o menos ligera para los estándares de la época, y haciendo uso de varios resortes narrativos de extracción hitchcockiana, muy en el fondo Tiburón sigue siendo un drama de denuncia social, tal y como se los hacía en la década de 1.970 a paladas. Por supuesto, luego vendría La guerra de las galaxias, que enseñaría otra cosa: los blockbusters oscuros y grises pueden vender mucho, pero los luminosos y maniqueos, venden aún más.

2.- Rocky (1.976).

A poco que uno vea la saga completa de corrido y con un poco de ojo crítico, resulta sorprendente la enorme distancia que existe entre la primera Rocky, y sus secuelas, en particular Rocky III y Rocky IV. Así, quienes estén familiarizados con Rocky Balboa debido al camp inherente de la tercera y cuarta entrega de la saga, con un discurso muy acorde con el espíritu triunfalista e individualista de la década de 1.980, regresando a la primitiva Rocky de 1.976 se encuentran con un sórdido drama social acerca de un boxeador viviendo en la mugre y condenado a ser apenas otro perdedor del sueño americano, y que de milagro logra la oportunidad de su vida cuando Apollo Creed, casi por puro azar, le ofrece un match de exhibición sobre el ring. Tampoco debemos olvidar que en Rocky, y viene spoiler del final aquí por si no la han visto... el protagonista ni siquiera gana la pelea, que los jueces le conceden a Apollo Creed por puntos, y que el gran triunfo moral de Rocky Balboa es apenas haber aguantado los quince rounds sin que lo hayan mandado a morder la lona. Y aún así, Rocky es la gran codificadora de las historias de autosuperación personal en donde, si te esfuerzas lo suficiente y nunca te dejas doblegar tu espíritu, podrás triunfar y salir adelante. La influencia de Rocky como película se siente en cada blockbuster en el cual el protagonista parte por ser un perdedor, y de pronto se encuentra en posición de hacer algo único, por lo general salvar a la galaxia entera o algo así. Aunque muchas veces se dice que películas como Guardianes de la Galaxia o Cómo entrenar a tu dragón imitan a La guerra de las galaxias, en realidad y en el concepto del perdedor que sale adelante con pura voluntad y con la determinación de que algo le importe, se siente una vibra mucho más cercana a Rocky Balboa que a Luke Skywalker. Además, Rocky vino un año antes.

3.- Carrie (1.976).

Otra película a mitad de camino entre la maduración del cine crítico y oscuro de la década de 1.970, y aquello que podríamos llamar el proto blockbuster, y una de las películas claves en definir el género de terror moderno, tal y como lo entendemos. Quizás más que El exorcista, y no que Carrie sea mejor, sino que simplemente, su mezcla entre conflicto estudiantil y horror sobrenatural, además de varios de sus mecanismos narrativos, han sido mucho más imitados y parodiados después. Basada en la novela de Stephen King, Carrie es la historia de una chica que, criada en un ambiente de fanatismo religioso cristiano, es objeto constante de bullying por parte de sus compañeras de curso, hasta que de pronto, sobreviene la venganza en forma de una brutal exhibición de poderes paranormales. Hoy en día, la película es mucho menos efectiva que en sus días, debido a haber sido imitada hasta la saciedad, por no hablar de que la traca verdaderamente paranormal viene recién al final, y la práctica totalidad del derrotero hacia allá en realidad tiene más de drama psicológico que de terror sobrenatural. Pero sí que ha dejado su huella en un tópico propio del cine posterior de terror, que después sería la savia del Slasher y de muchas películas de actividad paranormal desatada: el grupo de adolescentes estúpidos y miserables que, bien mirado, dentro de la narrativa no tienen otro propósito útil que acumular la inquina del espectador, hasta que lo paranormal se desata y los aniquila a todos.

4.- La guerra de las galaxias (1.977).

Durante un par de años, el modelo a seguir en materia de blockbusters era claramente el Tiburón de Steven Spielberg, pero luego llegó cierta saga galáctica creada por un tal George Lucas. En la época, el cine tenía que ser oscuro, y con cierta dosis de angustia y depresión; es decir, The Dark Knight no inventó realmente nada. La idea de tener una película ligera en donde existen buenos muy buenos enfrentándose a villanos muy villanos, parecía algo risible; es bien sabido que para conseguir el financiamiento, George Lucas renunció a las ganancias de la película a cambio de llevarse todas las utilidades del mercadishing, y los estudios FOX aceptaron, creyendo que estaban haciendo tonto al pobre imbécil. Y después sucedió lo que sucedió. La gente hacía colas en los cines para entrar a ver las peripecias de Luke Skywalker convirtiéndose en héroe mientras luchaba contra el Imperio y cierto tipo de máscara negra y respiración de traje de buceo. Todos los estudios sacaron entonces dos importantes lecciones. En primer lugar, que películas como Tiburón pueden llevar a mucha gente a los cines, pero si eliminamos el factor angustia, o al menos lo mantenemos controlado e inspiracional, podemos llevar más gente todavía; de hecho, La guerra de las galaxias codificó en cierto modo, el tipo de argumento que ya hemos explicado en nuestro ya mencionado posteo Blockbusters genéricos: El guión tipo, aquí en la Guillermocracia. En segundo lugar, que el dinero no está en las películas sino en el mercadishing, algo más vital hoy en día que nunca, considerando el crecimiento de los canales informales, llamémoslos así, de distribución de películas. Tiburón fue la película que creó el modelo de lo que debe ser un blockbuster, pero La guerra de las galaxias lo perfeccionó hasta transformarlo en la fórmula que ha venido azotándonos de manera regular durante las siguientes cuatro décadas y contando.

5.- Fiebre de sábado por la noche (1.977).

Uno de los géneros más prototípicamente cinematográficos, es el musical. Después de todo, la experiencia de la música envolvente y las coreografías es algo que no se puede reproducir al ciento por ciento en la casa todavía, ni siquiera con las modernas pantallas de plasma ni los sistemas de sonido revientamascotas de la actualidad. Pero en la década de 1.970, los musicales iban un poco a su aire. En la década anterior, a pesar de los triunfos de La novicia rebelde, Mi bella dama o Mary Poppins, lo cierto es que el género musical parecía haberse estancado en una retórica propia de diez a veinte años antes. Los estrellones de Hello Dolly!, Doctor Doolittle, Adios Mr. Chips o El Hombre de la Mancha, probaron el punto. Luego vinieron los musicales oscuros: Cabaret, Jesucristo Superestrella (muy cínico a pesar de quien es el personaje protagónico), The Rocky Horror Picture Show... Dentro de ese ambiente, la película que creó el concepto de musical moderno terminó siendo irónicamente una firmemente enclavada en la oscuridad de su década, igual a como Rocky, la película que creó la moderna película de deportes, era tres cuartos de lo mismo. Hoy en día, Fiebre de sábado por la noche tiende a ser recordada como una película camp en donde John Travolta hace algunos movimientos un tanto ridículos sobre una pista de baile, pero si uno se sienta a mirarla con detenimiento, resulta que se trata de un muy sórdido drama en la vena del cine serio de la década de 1.970, acerca de un joven sin futuro y al cual le refriegan el sueño americano en la cara sin que de verdad pueda ser parte de él. El punto quedaría claro si es que Tony Manero, el protagonista, se hubiera puesto a escuchar Punk, que era la opción más lógica, pero en vez de eso, se desfoga con números de baile en la discoteca, con música Funk, Disco y Latina, subgéneros que en la época eran vistos con tanto asco como el Reggaeton hoy en día; de hecho fue esta película, la que hizo que tal música saltara directamente hacia el mainstream anglosajón, y por extensión y derrame, del resto del mundo. Y se quiera o no, el grueso de los musicales adolescentes han imitado más o menos el modelo implantado por Fiebre de sábado por la noche, de un joven con problemas adolescentes que encuentra en su pasión por el baile o la música en general, la vía de salida para resolver sus problemas. Que la crítica social inherente a Fiebre de sábado por la noche se haya quedado por el camino, es sólo una baja colateral, por supuesto; la idea es crear blockbusters, no cuestionar la sociedad, después de todo.

6.- Encuentros cercanos del tercer tipo (1.977).

Después de Tiburón, Steven Spielberg abandonó en definitiva el cine más independiente de sus inicios, y abrazó con entusiasmo las superproducciones. Su siguiente gran esfuerzo en esa línea sería Encuentros cercanos del tercer tipo, que a diferencia de Tiburón, sí era una historia original guionizada especialmente por él. El argumento bebe del auge que en esos años experimentaba el movimiento de quienes alegaban haber sido abducidos por alienígenas, y de la conexión de éstos con la filosofía New Age, para referir la historia de un personaje que, luego de haber avistado a unos extraterrestres, empieza a comportarse de manera obsesiva, descubriendo finalmente que los alienígenas han implantado una idea en su cabeza, idea que es una invitación para un contacto en persona. Esta película remeció por completo las nociones de lo que era un extraterrestre en la ficción. Hasta el minuto, éstos venían siendo presentados siempre como hostiles, o a lo menos como perjudiciales, un poco usándolos como espantajos en la ficción para exorcisar los miedos de los estadounidenses hacia la Alemania Nazi o la Unión Soviética Comunista. La historia de Spielberg va en otra dirección, una que puede referirse como armonía o comunión universal, con extraterrestres quizás algo atropelladores o zumbones, pero en general, por lo visto, bienintencionados y amistosos. El alienígena hostil e incendiario no desapareció del escenario, claro está, pero en adelante, debió empezar a convivir con ese segundo perfil, algo que se abrió camino de manera glamorosa hacia el cine infantil de la siguiente década, e incluso en algunos casos después.

7.- Superman (1.978).

¿Había triunfado La guerra de las galaxias porque la gente de verdad quería cosas más ligeras, divertirse y pasarla a lo grande, o porque la película en sí tenía la magia y no habrían otras? Las dudas se disiparon al año siguiente, cuando arribó a los cines otro blockbuster en la misma línea de entretenimiento ligero y operático, pero en un género fílmico diferente, esta vez la fantasía superheroica en vez de la fantasía galáctica: el Superman dirigido por Richard Donner, y protagonizado por Christopher Reeves. En realidad no se trataba de la primera película sobre el personaje; después de todo, Superman ya había conocido versiones en los cómics, la radio, el cine y la televisión. Pero sí que era la primera producción de alto presupuesto que se basaba en un superhéroe. El lema publicitario suena cursi hoy en día, pero era el sentido de la maravilla mismo en esos tiempos: "Creerás que un hombre puede volar". Aunque en géneros distintos, La guerra de las galaxias siendo Space Opera con elementos fantásticos y Superman una película de superhéroes con elementos de Ciencia Ficción, en ambos casos tenemos historias ligeras, primarias y fantásticas, con héroes muy heroicos, villanos reforcilándose en su villanía, y el mundo o el universo en la estacada. Superman probó que lo de La guerra de las galaxias no era casualidad, y que la gente de verdad estaba ávida de historias de esa clase; y lo seguiría estando a lo largo de las siguientes cuatro décadas y contando. Y lo más importante: prácticamente inventó el moderno cine de superhéroes. El camino seguido por Superman, de referir los orígenes del personaje, sus primeras misiones, y su primer enfrentamiento con su primer supervillano, es el que seguirían de manera monótona casi todas las historias superheroicas, hasta el punto que casi ninguna película de superhéroes que no sea secuela, parte con el héroe ya instalado, siendo el Batman de 1.989 la excepción más significativa.

8.- Colegio de animales (1.978).

Ya para 1.978, se estaba produciendo un quiebre profundo en el cine de Hollywood. El cine de comentario y crítica social establecido a comienzos de la década por el Nuevo Hollywood, estaba cada vez más en retirada, cediendo paso al nuevo cine de entretención pura y dura. Dentro de este contexto debe entenderse Colegio de animales. Irónicamente otra vez, esta película también nace un poco desde la crítica social que tan profundamente permeó a la década de 1.970... ambientándola a inicios de la década de 1.960, en otra maniobra muy clásica de lo que es la crítica social, que es alejar a la crítica de lo criticado con el socorrido argumento de "no estamos criticando, si es otra época y otro lugar, ¿ven?". El argumento es bastante simple: a lo largo de la película seguimos a una fraternidad de estudiantes universitarios preocupados del sexo y la cerveza, en eterna guerra con las autoridades académicas. Un argumento hoy en día cliché, pero que en esa época fue la bomba. Interesantemente, la inspiración para la misma vino de las propias experiencias universitarias de los guionistas, y por lo tanto tiene una cierta vibra de que con la represión estábamos mejor. Además, aunque los héroes son los universitarios, la película muestra bien claramente que son un montón de desadaptados buenos para nada, y por lo tanto, por una vez, las autoridades tienen más de una justificación para perseguirlos. Estamos por lo tanto ante una película claramente de transición, una que pretendía al mismo tiempo burlarse de la excesiva gravitas del cine de su época, pero sin abandonar la crítica social inherente al mismo, corrigiéndolo con un sentido del humor absurdo y animal... creando un subgénero que bien pronto abandonó dicha crítica para centrarse únicamente en la comedia gamberra por el amor a la comedia gamberra. En realidad, nadie esperaba que esta película tuviera éxito, hasta el punto que Donald Sutherland, que interpretaba a un profesor, prefirió el cheque en vez de un porcentaje de los beneficios que produjera la película; cuando la misma llegó tercera en la recaudación de 1.978, sólo por detrás de Grease y Superman, el padre de Jack Bauer tuvo más que sobrado tiempo para azotar sus neuronas contra el muro.

9.- Halloween (1.978).

El concepto de asesino en serie es tan viejo como M el vampiro de Dusseldorf de Fritz Lang, por lo menos, aunque el primer slasher digno de ese nombre, en que un asesino cruel y tocado de la cabeza se dedica a repasar con cuchillo a sus víctimas, probablemente sea Psicosis de Alfred Hitchcock. Pero en Hitchcock, el asesino todavía se mueve un poco en la penumbra, y además, aparece recién en la segunda mitad de la película. John Carpenter era otro de las manadas de cineastas que imitaron los recursos narrativos hitchcockianos, aunque de Carpenter cabe decir que lo hizo a su estilo, a diferencia de Brian de Palma por ejemplo, que se limitaba a copiar y pegar, aunque con estilo por lo menos. Con Halloween, Carpenter hizo un hallazgo nuevo. El centro absoluto de la historia en Carpenter es Michael Myers, el psicópata, presentado por primera vez como una figura más allá de la humanidad, como un ser humano sólo de nombre, puesto que en realidad opera como poco más que una máquina de matar pura y bruta. Fundando así el moderno slasher, tal y como lo conocemos. Habrán todavía otras imitaciones de Hitchcock en la materia (Vestida para matar de Brian de Palma, o la primera Martes 13, antes de que sus secuelas fueran por otro lado), pero Halloween y su Michael Myers marcan la transición y la fundación definitiva del género.

10.- Alien (1.979).

Si tuviéramos que elaborar un listado con las diez películas más influyentes de todos los tiempos, La guerra de las galaxias estaría si no en la cima, por lo menos muy cerca de la misma. Una de las consecuencias colaterales de la misma, fue engendrar una fiebre por películas en el espacio, de manera que vinieron Viaje a las Estrellas: La película, El abismo negro, Saturno 3, Atmósfera cero, Moonraker, Los siete magníficos del espacio... Y entre todas ellas, Alien. En realidad, bien mirado, el concepto de Alien no es exactamente original. Se trata de la viejísima historia del grupo de personajes atrapados en una casona gótica y a merced de un fantasma, sólo que la casona gótica es una nave espacial y el fantasma es un bicho alienígena, y todo eso en el espacio en vez de la Inglaterra dieciochesca o la América profunda. Lo que resultó percutante de Alien, y la salvó de la quema hasta un punto que el grueso de la gente tiende a sacarla del listado de películas que fueron rodadas en clónico a La guerra de las galaxias, fue por un lado la ajustadísima dirección de un Ridley Scott en una de sus horas más gloriosas, y los espectaculares diseños de H.R. Giger para el monstruo, cuyas reminiscencias fetichistas, fálicas y sexuales le dieron una enorme cantidad de connotaciones nuevas e inquietantes a la premisa. De esta manera, Alien quedó tan incrustada en la conciencia popular, que las películas de perdedores en el espacio a merced de un monstruo que se los quiere merendar, se transformó en un subgénero por derecho propio; el hecho de que ninguna de sus secuelas, precuelas o cruces haya siquiera llegado a arañar la reputación o perfil de la película original, algo debería decir.

11.- El horror de Amityville (1.979).

El cine de terror vivió una época de bonanza en la década de 1.970, un poco en la ola del éxito de El exorcista. Lo que era natural, considerando que el horror en el cine tiende a florecer en épocas en la que están larvándose crisis sociales que no llegan del todo a estallar, como una manera de catalizar el miedo que no se puede expresar de manera abierta sin exponerse al ridículo. Por supuesto, había una cierta dosis de crítica social en este tipo de cine, aunque en este caso, desde la óptica conservadora, porque como bien argumentaba Stephen King, el terror como género es inherentemente conservador, ya que se trata de una existencia cotidiana y establecida siendo amenazada por una fuerza imparable y desconocida que viene desde el exterior a cambiarlo todo, supuestamente para mal. Quizás el gran eslabón perdido entre lo antiguo y lo moderno, entre el terror clásico con ciertas pretensiones de qualité y el terror contemporáneo más gamberro, sea El horror de Amityville. La película se basa en un libro sobre fenómenos paranormales en una casa embrujada, supuestamente basado a su vez en hechos reales; de hecho, tal libro fue promocionado con el siguiente tagline: "¡Más horriblemente espantoso que El exorcista porque de verdad sucedió!". En muchos aspectos, con su tratamiento algo más bombástico del género, El horror de Amityville ya trata de escaparse hacia lo que será el cine futuro de terror. Con todo, hay un elemento de crítica social todavía larvado: esta película inventó, o al menos hizo popular, el concepto de la casa construida sobre cadáveres de nativos americanos, una profunda metáfora acerca del complejo de culpa de los estadounidenses que, muy en el fondo, saben que ganaron el país a punta de rifle y viruela contra sus legítimos primeros ocupantes. La película fue la segunda más taquillera de su año, superada sólo por Kramer vs. Kramer, y recaudando más que Rocky II, Apocalipsis ahora, Alien y Moonraker; y eso por no hablar de la infernal cantidad de secuelas rodadas después. Con todo, es seguro afirmar que los conceptos de El horror de Amityville fueron refinados después, y actualizados en definitiva a la década de 1.980, por Poltergeist.

12.- ¿Y dónde está el piloto? (1.980).

Y cerramos esta primera entrega en que repasamos cuarenta años de los blockbusters más influyentes, con la película que sepultó en definitiva todo un subgénero del cine: las películas de desastres, y muy en particular, las de desastres en aviones o aeropuertos. Todo partió cuando los ZAZ, la sigla con la que son conocidos Jerry Zucker, Jim Abrahams y David Zucker, buscando material para sus rutinas cómicas en los programas de trasnoche grabaron por accidente una película antigua de desastres llamada La hora trágica, de 1.957, y decidieron que el material era perfecto para una parodia, de manera que compraron los derechos para hacer un remake... y lo rodaron, pero metiéndole un estilo de humor basado en el chiste rápido, el gag visual escondido, los diálogos absurdos, un estilo de humor surrealista, y todo eso rodeado con una seriedad que partía desde la muy épica banda sonora de Elmer Bernstein, hasta la interpretación mortalmente seria de un Leslie Nielsen contratado precisamente porque en la época sólo hacía roles serios, y verlo haciendo esa misma clase de roles en una comedia, haciendo un vívido contraste entre su seriedad batmanesca y el absurdo caos a su alrededor, era el más grande chiste de todos. Por supuesto, vista desde la actualidad, esta película parece un tanto añeja, por la misma razón de siempre: los imitadores no siempre a la altura, terminaron por matar la originalidad del original. Incluyendo a los propios ZAZ, que se superaron a sí mismos dándole al mismo Leslie Nielsen el rol protagónico de Frank Drebin en la trilogía que partió con ¿Y dónde está el policía? en 1.988. Hoy en día, ¿Y dónde está el piloto? es claramente la película que fundó el género de la parodia cinematográfica moderna, y de hecho, fue la cuarta película más taquillera del mismo año en que se estrenó El Imperio contraataca. Y a propósito de El Imperio contraataca, ¿adivinan ustedes con qué película vamos a partir la segunda entrega de Block40busters...?

3 comentarios:

Cidroq dijo...

Otra excelente serie comienza, y tuvo muy buen arranque, entender el porque del cine comercial actual, es interesante

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Excelente idea la de revisar el tema y a través de filme tan icónicos como los mencionados. Lamentablemente no he visto "Escuela de Animales". Espero con ansias las siguientes entregas.

Guillermo Ríos dijo...

@Cidroq, gracias por las felicitaciones, y bueno, esa es la intención, de manera que si genera esa comprensión, quiere decir que cumplirá su objetivo.

@Elwin_Alvarez_Fuentes, gracias por las felicitaciones. Las siguientes entregas están en elaboración por el minuto, aunque estoy haciendo algunos ajustes en el calendario. Pero de venir, vienen.

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