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martes, 8 de diciembre de 2015

Bastión Esperanza - "La sombra de los arzawe".

(fuente).
El aluvión de datos obtenido al precio de la destrucción del Shai Hulud, había cambiado en mucho los análisis de la guerra. Los altos mandos civiles y militares en el planeta Esperanza ahora ya no sólo especulaban sobre los arzawe, sino que estaban reunidos para conversar con datos concretos y duros.

La base que los arzawe están construyendo en la cara oculta de la Luna Mayor, tiene un estimado preliminar de algo más de mil kilómetros cuadrados de superficie – explicó el profesor Higgins. – No sabemos si hay ramificaciones hacia el subsuelo, como... como un búnker o un hormiguero, podríamos decir, pero en la superficie tiende a ser más o menos plana. Los análisis preliminares indican que las construcciones en ningún punto superan los quince metros de altura. Y lo más interesante de todo...

Ante la pausa del profesor Higgins, el Comandante Luca insistió con sequedad:

– Prosiga, profesor.

– No hemos detectado rastros de maquinaria de construcción. Ni grúas, ni andamios... Nada.

– ¿Y entonces cómo construyeron todo eso en tan poco tiempo? – preguntó el Presidente Kulkov.

– Nuestra teoría, basada en las imágenes infrarrojas que hemos tomado, es que... trataré de explicarlo lo mejor que pueda... La base entera podría ser una especie de organismo viviente.

– ¿Qué? ¡Imposible! – bramó el Comandante Luca. – ¡No hay seres vivos de ese tamaño!

– No que conozcamos – dijo el profesor Higgins. – Pero eso no lo hace imposible. Además, sería congruente con la observación que rescató Alba desde los bancos de memoria, según la cual, cuando en el Sistema Estelar del Sol capturaron a una nave arzawe y obtuvieron la tecnología para fabricar a Ganímedes, en la nave arzawe no encontraron tripulación ni cadáveres, ni absolutamente nada.

– Lo que usted quiere decir, profesor Higgins, es que no había tripulación ni cadáveres porque la nave no los necesitaba. La nave arzawe en sí es un organismo viviente, ¿eso es? – preguntó el Presidente Kulkov. – Pero, si fuera el caso... ¿Qué pintan los bichos decápodos? Porque durante la Batalla de la Orbita, las naves enemigas soltaron a los decápodos que estuvieron a punto de destruir a Ganímedes.

– Nuestra teoría es que los arzawe no son seres por completo individuales, así como lo somos nosotros. Nuestra teoría es que están conectados biológicamente, a través de feromonas u otro mecanismo similar. Si estamos en lo correcto, entonces podrían ser engendrados, utilizados, y luego reabsorbidos. Los arzawe funcionarían como un gigantesco colectivo.

– Si usted está en lo cierto, profesor, entonces ellos actúan en coordinación por defecto. O sea, ya estábamos en una posición difícil, y ahora se vuelve peor – masculló el Comandante Luca.

– Por el contrario, podría hacerse más sencillo – afirmó el profesor Higgins. – Los arzawe han mostrado tener un poder devastador en batalla, y una enorme capacidad de construcción, pero puede que tengan un talón de Aquiles. Comandante Luca, Presidente Kulkov, dejaré que el resto lo explique mi asesora en la parte biológica, ella ha estado desarrollando la teoría. Señorita Nair...

– Gracias, profesor. Comandante, Presidente, buenos días – dijo la señorita Nair, muy respetuosamente. Los aludidos respondieron al saludo, el Presidente con mayor interés que el Comandante. La señorita Nair siguió: – Si los arzawe funcionan como un organismo colectivo, entonces son mucho más dependientes que nosotros los humanos de sus propias comunicaciones. Un ser humano separado del resto de los humanos es capaz de sobrevivir por su cuenta... el Comandante Luca debe saber mucho más sobre el potencial de un humano bien entrenado para sobrevivir, me imagino.

Ante la velada alusión al entrenamiento militar, el Comandante Luca sonrió como un gato satisfecho.

– Nosotros pensamos que un arzawe separado de su colectivo es en realidad un organismo mucho más débil, y además el colectivo mismo se debilita, al perder ese protoplasma... esa materia vital... a su disposición. Todo eso significa que la clave para derrotar a los arzawe, es destruir su red interna de comunicaciones.

– ¿Esos rayos lásers que intercambian las naves espaciales arzawe, y que observamos antes de su primer ataque? – preguntó el Presidente Kulkov.

– Suponemos que esos lásers son su medio de comunicación – explicó el profesor Higgins. – Hablamos de seres vivientes que en el espacio no pueden comunicarse de viva voz, mientras que la luz normal podría no ser vista. Un láser de baja potencia enviada de una nave a otra puede transmitir información concentrada en pulsos, como un equivalente a nuestro código morse. Por eso, las naves arzawe tendrían cubiertas transparentes: para permitir la entrada de dichos lásers en su interior y procesarlos.

– Bien, bien, todo eso está bien, pero vamos al grano. Cortar la red de comunicaciones de los arzawe, ese plan me gusta – dijo el Comandante Luca. – Pero la cuestión es cómo hacerlo.

– Estamos trabajando en ello – dijo la señorita Nair. – El principal problema es que no sabemos en donde está su centro neurálgico de procesamiento de información... su cerebro, diríamos... o si es que acaso tienen un cerebro en primer lugar.

– Deben tenerlo, de lo contrario no podrían coordinarse – dijo el Comandante Luca, fastidiado.

– Una posibilidad es que tengan un cerebro único escondido en alguna parte, en la base o en alguna de las naves – dijo la señorita Nair. – Si ése es el caso, entonces es tan sencillo, o tan difícil, no sé los aspectos militares del problema... con destruir o al menos volver inoperante ese cerebro. Es como cortarle la cabeza a un vertebrado. Pero existe otra posibilidad... digamos que no tienen un sistema único de control neurológico, sino varios repartidos a lo largo de toda su estructura, como una red de ganglios nerviosos interconectados... lo que tendríamos entonces sería algo parecido a la menterminal que usamos nosotros, que tiene su centro en todas partes y su exterior en ninguna. O al sistema nervioso de los insectos. Comandante, Presidente... ustedes saben que si se le corta la cabeza a un insecto, el mismo puede seguir funcionando a lo menos durante un rato, ¿verdad?

– Sí, es cierto... – dijo el Comandante Luca.

– Eso es porque el cuerpo del insecto es controlado por una red de ganglios nerviosos repartidos a su través, y ésos siguen operativos cortando la cabeza. Si el superorganismo arzawe funciona igual... la única manera de destruirlos sería aniquilar a la base y todas sus naves, sin dejar escapar ni una.

– Es una pesadilla – dijo el Comandante Luca. – Profesor Higgins... según los reportes que Alba se trajo desde el banco de memoria de Ganímedes, la flota arzawe con la que luchamos no es la única en el cosmos, y habrían varias otras, quizás en el Sistema Estelar del Sol, y también varias otras yendo a destruir al resto de las colonias humanas, ¿no?

El profesor Higgins lo confirmó con un monosílabo, y todos se quedaron en silencio por un momento. Sabían lo que eso significaba: destruir a todas las naves arzawe y a su base en la cara oculta de la Luna Mayor no iba a ser ni con mucho el final de la pesadilla. Si los arzawe estaban decididos a arrasar con la Humanidad, por el motivo que fuera, entonces la única manera de asegurar la supervivencia de la raza humana era desarrollarse tecnológicamente, salir al universo, y emprender el exterminio sistemático y total de todos los arzawe, hasta el último que quedara vivo.

– Esperemos que esa cosa entonces tenga un cerebro – dijo el Presidente Kulkov, pero por su tono lapidario de voz, resultaba claro que no estaba convencido de ello.

OxxxOxOOOxOxxxO

La Capitana Araújo bebió otro sorbo de café, en silencio. Estaba sola en su departamento, pero conectada vía menterminal con el Capitán Bruni. Ambos ahora compartían una historia común: habían sido los capitanes de una misma nave espacial destruida, el Shai Hulud. Después de la Batalla de la Orbita, el Capitán Bruni había recibido licencia por estrés postraumático, superado por las responsabilidades del mando en su primera batalla real, y la Capitana Araújo había sido ascendida para reemplazarlo, sólo para que el Shai Hulud fuera destrozado en la misión alrededor de la Luna Mayor. Había casi un silencio cómplice, entre los dos.

– ¿Y para cuándo va a ser el consejo de guerra? – preguntó el Capitán Bruni, con cautela.

– No habrá consejo de guerra – dijo la Capitana Araújo. – Desde arriba, el Comandante Luca dijo que todo el asunto había sido una misión suicida, y que la pérdida del Shai Hulud era inevitable.

– Salvada de un plumazo. Bien, bien – dijo el Capitán Bruni, tratando de fingir alegría, aunque la Capitana Araújo pudo leer algo de amargura entre líneas. – ¿Te darán el mando de otra nave?

– Estoy en amarillo – dijo la Capitana Araújo, usando la antiquísima jerga marítima británica referida a los oficiales promovidos a almirantes de la Royal Navy sin asignación de mando de alguna nave, y por lo tanto, se quedaban en yellowing, en el color de la arena de la playa. – Ya sabes, nadie esperaba la invasión arzawe, y no habían planes para fabricar nuevas naves espaciales; las que teníamos era para contener eventuales rebrotes de disidencia como la Rebelión Mendeliana, no para una invasión alienígena a gran escala. Ahora las están fabricando a toda prisa, tienen a toda la maquinaria robótica en eso, pero... Lo siento, sólo te estoy diciendo lo que todos sabemos, en realidad.

– Dicen que lo hiciste muy bien allá arriba – dijo el Capitán Bruni.

– Perdí mi nave – replicó la Capitana Araújo, algo seca. – Yo debería haberme hundido con ella. De no haber sido por... el condenado de Azócar...

– No seas tan dura contigo misma, Danuza – dijo el Capitán Bruni. – Quizás hubieras hecho lo mismo por mí, cuando tú estabas bajo mi mando, ¿no?

– No lo sé – dijo la Capitana Araújo, ahora sonriendo con tristeza.

– Además, tu perdiste tu nave porque te la destruyeron en una misión suicida que trajo información suficiente como para barrer a los arzawe del universo. Yo la perdí porque... bueno... ya sabes.

– La verdad es que me contacté contigo porque te quería pedir consejo – dijo la Capitana Araújo. – No sé qué hacer. Sé que el resultado era lo esperado, la misión fue un éxito... Pero el Shai Hulud era mi nave, mi responsabilidad, ellos eran mis hombres...

– Danuza... El psicólogo firmó un documento que básicamente dice que no estoy capacitado para afrontar esas responsabilidades, ¿y vienes a pedirme consejo a mí? – soltó el Capitán Bruni, con una ironía suave y algo amarga.

– Pensé que, como habías afrontado antes... Olvídalo, tienes razón. Lo siento – dijo la Capitana Araújo, y se calló la boca llevando otra vez la taza a sus labios para tomar otro sorbo.

– Danuza... Yo no creo que vuelva al servicio. Me ascendieron demasiado rápido, y al final resulta que no sirvo para la guerra – dijo el Capitán Bruni. – Tu eres distinta. Tu misión no era salvar la nave ni a los tripulantes, tu misión era dar la vuelta a la Luna Mayor y traer tanta información como se pudiera, acerca de lo que estén haciendo los arzawe allá. Y eso lo hiciste bien. Así es que... no hagas como yo y no le des más vueltas, ¿bien? Porque no quieres ser carne de manicomio tan joven, ¿verdad?

En la imaginación de la Capitana Araújo se formó la imagen del Capitán Bruni amarrado con una camisa de fuerza, como los textos históricos decían que era en los antiguos tiempos, y no pudo evitar reirse. Y después, se sintió un poco más ligera. Quizás eso era todo lo que la Capitana necesitaba: reir un poco ante lo que, desde cierto punto de vista, quizás sólo era el absurdo cotidiano de la guerra.

OxxxOxOOOxOxxxO

A bordo de la nave espacial Ganímedes, Numerio conversaba vía menterminal con Millaray. En los últimos días, ambos habían hecho muy buenas migas. Apenas se levantara la cuarentena sobre Ganímedes y la nave pudiera descender, Numerio podría ir a hacerle una visita a su nueva amiga. En verdad, Numerio se sentía feliz. Nunca antes se había sentido tan querido y aceptado, y desde luego, jamás se había sentido así en el internado.

De pronto, Numerio sintió algo en el rostro. Se llevó la mano a las fosas nasales, y en sus dedos descubrió un líquido algo espeso: miró, y era sangre.

– ¿Numerio? – preguntó Millaray. – ¿Numerio, qué pasa?

– No, nada. Estoy bien, y... – dijo Numerio, e intentó completar la frase con algo que fuera gracioso, para que Millaray no se preocupara. Pero de pronto, el cerebro no parecía querer responderle. El mundo entero a su alrededor se fue a negro, incluyendo su conexión vía menterminal.

– ¡Numerio! ¡Numerio! – gritó Millaray, y luego, frenética con la energía de sus nueve años, intentó contactarse vía menterminal con su hermana. Luego de pasar los controles militares de rigor, breves pero que dadas las circunstancias se le hicieron eternos, le habló a Lincopán, casi al borde de la histeria: – ¡Ayelén, Ayelén, algo le pasa a Numerio! ¡Por favor, anda a verlo!

つづく

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