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domingo, 15 de noviembre de 2015

Setenta años de la UNESCO en el mundo.

 "Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz" - Preámbulo de la Constitución de la UNESCO.
Este año 2.015 que está terminando, vio los setenta años del final nuclear de la Segunda Guerra Mundial. El mundo ya nunca sería el mismo. Por un lado, múltiples potencias quedaron reducidas a naciones de segunda clase, y vetustos imperios coloniales como Inglaterra y Francia empezaron a resquebrajarse y hundirse, todo ello en beneficio de los dos grandes vencedores que fueron Estados Unidos y la Unión Soviética. Pero por el otro lado, el concierto internacional se volvió más complejo. Antes era cuestión de naciones viéndose las caras con naciones, pero por primera vez, hubo una conciencia de que la Humanidad se había desarrollado demasiado como para seguir dejándolo todo a los gobiernos parroquiales repartidos por el planeta como retazos cosidos a una manta. Y así es como surgieron los organismos internacionales, nacidos de la voluntad de los países para colaborar en aquellas causas que eran demasiado grandes para un simple Estado de los clásicos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es la más importante, y obró como paraguas para varias otras: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), o la Organización Mundial de la Salud (OMS). Algunas de ellas eran más antiguas que la ONU, particularmente la OIT, pero bajo el imperio de la Liga de las Naciones, su margen operativo era mínimo o inexistente. Ahora, por primera vez, hubo una bien engrasada red de organismos supranacionales con potestades efectivas para el mejoramiento de la condición humana a lo largo y ancho del vasto planeta Tierra. Y entre estas organizaciones, está la UNESCO, cuyo rol clave en la preservación de la cultura y el patrimonio universal de la Humanidad, amerita que acá en la Guillermocracia le dediquemos un posteo, en atención a su aniversario número 70, que se celebra mañana 16 de Noviembre de 2.015.

La UNESCO es la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y Diversificación, la Ciencia y la Cultura, y cuyo nombre en inglés es United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization; esto es importante señalarlo porque como verán, UNESCO es la sigla en inglés, mientras que en castellano sería ONUEDCC. Usar términos ingleses en castellano es de esnobs, pero por una vez en la vida, se justifica, si es que queremos llegar hasta la tercera edad sin hacernos trizas el hioides. Sus cometidos son amplísimos: educación, ciencias naturales y sociales, cultura, e información y comunicaciones. No es menor. La filosofía detrás de la UNESCO es que promover la cultura, las artes, la educación, las ciencias, y el conocimiento en general, permite erradicar la pobreza, elevar los estándares de vida de la población, y en general, darle más oportunidades a cada ser humano de la Tierra para que crezca y se desarrolle sin verse limitado en su potencial. La verdad, se me ocurren pocas causas más nobles que ésta, si es que alguna.

En realidad, el embrión de la UNESCO está en la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual, fundada en 1.925, al alero de la Liga de Naciones. Relacionados con la misma, estaba la flor y la nata de la intelectualidad mundial: físicos como Albert Einstein o Madame Curie, filósofos como Henri Bergson, escritores como Thomas Mann, compositores como Béla Bartók... Desafortunadamente, todos sabemos que la Liga de Naciones se caracterizaba por su inoperancia, y de hecho, luego del estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1.939, dejó de funcionar, y con ella, la Comisión en cuestión, cuya labor por otra parte no pasó de discreta. Pero la semilla ya estaba sembrada.

Una de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial fue, por supuesto, la aniquilación del sistema educativo de las naciones ocupadas por el Tercer Reich, sea por la destrucción de las escuelas, sea por el exterminio de los profesores. Por eso, ya en 1.942 se planteaban los Aliados la necesidad de acordar mecanismos con los cuales reconstruir el sistema educativo. Surgió así la Conferencia de Ministros Aliados de Educación, o CAME, que es su sigla en inglés. El tema preocupaba principalmente a Europa, por razones obvias, pero la iniciativa tuvo tanto éxito, que Estados Unidos también decidió sumarse a pesar de que en la fecha, eran racistas con escuelas segregadas para negros, y contribuir así a la causa de la alfabetización mundial.

El Jardín de la Paz en los cuarteles generales de la UNESCO en París. Fotografía de 2010 por Michel Ravassard.
Se suele considerar el 16 de Noviembre de 1.945 como el día de nacimiento de la UNESCO, porque en tal fecha se aprobó su Constitución; esto, a pesar de que técnicamente, se necesitaban veinte países para que ésta comenzara a operar, y tales veinte suscripciones vinieron a reunirse recién el 4 de Noviembre de 1.946, es decir, casi un año después. Entre las naciones hispanoamericanas, tres de ellas tuvieron el honor de contarse entre las veinte de la fama: México, Brasil y República Dominicana. Días después, durante ese mismo Noviembre, dentro del mundo hispanoamericano también se sumaron Bolivia, Haití y Perú y Venezuela, en ese orden cronológico aparte de alfabético, por curiosa coincidencia. A partir de entonces, nuevas naciones comenzaron a sumarse. Algunas de ellas se sumaron y luego se retiraron, como por ejemplo Sudáfrica, que durante una cantidad de años recibió críticas por el apartheid, y decidió retirarse porque los gobernantes sudafricanos consideraron que eso era interferencia con sus asuntos internos; andando el tiempo y acabada esa vergüenza humana, Sudáfrica regresó. En la práctica, en la actualidad, todos los países de la ONU son miembros de la UNESCO, con la excepción, por alguna razón, de Liechtenstein, mientras que salvo error u omisión de mi parte, la posible membresía de Kosovo está en discusión. Ciudad del Vaticano en sí no es miembro de la UNESCO, pero la Santa Sede, que es un ente jurídico diferente a la Ciudad del Vaticano, sí que lo es. Algunos otros entes no estatales también tienen membresía en la UNESCO.

Contra mi costumbre, y a sabiendas de que puede ser algo tedioso, pero con la convicción de que lo explica mejor de lo que cualquiera podría hacerlo, me arriesgaré a que sea la propia Constitución de la UNESCO, y en concreto el artículo I, la que explique de qué se trata su cometido:
"La Organización se propone contribuir a la paz y a la seguridad estrechando, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la colaboración entre las naciones, a fin de asegurar el respeto universal a la justicia, a la ley, a los derechos humanos y a las libertades fundamentales que sin distinción de raza, sexo, idioma o religión, la Carta de las Naciones Unidas reconoce a todos los pueblos del mundo.
"2. Para realizar esta finalidad, la Organización:
"a) Fomentará el conocimiento y la comprensión mutuos de las naciones prestando su concurso a los órganos de información para las masas; a este fin, recomendará los acuerdos internacionales que estime convenientes para facilitar la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen;
"b) Dará nuevo y vigoroso impulso a la educación popular y a la difusión de la cultura:
"Colaborando con los Estados Miembros que así lo deseen para ayudarles a desarrollar sus propias actividades educativas;
"Instituyendo la cooperación entre las naciones con objeto de fomentar el ideal de la igualdad de posibilidades de educación para todos, sin distinción de raza, sexo ni condición social o económica alguna;
"Sugiriendo métodos educativos adecuados para preparar a los niños del mundo entero a las responsabilidades del hombre libre;
"c) Ayudará a la conservación, al progreso y a la difusión del saber:
"Velando por la conservación y la protección del patrimonio universal de libros, obras de arte y monumentos de interés histórico o científico, y recomendando a las naciones interesadas las convenciones internacionales que sean necesarias para tal fin;
"Alentando la cooperación entre las naciones en todas las ramas de la actividad intelectual y el intercambio internacional de representantes de la educación, de la ciencia y de la cultura, así como de publicaciones, obras de arte, material de laboratorio y cualquier documentación útil al respecto;
"Facilitando, mediante métodos adecuados de cooperación internacional, el acceso de todos los pueblos a lo que cada uno de ellos publique".
Como puede verse, no son objetivos modestos. En realidad, los mismos son un enorme salto adelante en la Historia de la Humanidad. Nunca antes en la Historia, había existido un organismo internacional de tanta extensión y poder, empeñada en estas tareas y con estos objetivos en particular. Existían gremios, universidades, tratados internacionales, y otros proyectos de semejante naturaleza, pero no una organización que manejara todos estos objetivos de manera unificada, y menos a escala planetaria.

Enumerar las labores en que se desempeña la UNESCO, es de nunca acabar. Ha luchado en contra de la discriminación en la educación. Ha hecho lo propio contra la discriminación racial. Ha impulsado la educación para adultos. Se ha preocupado del estudio y preservación de las lenguas e idiomas que debido a la desaparición de sus hablantes, peligren de extinción. Se ha preocupado del manejo responsable del agua. Ha creado el Programa Memoria del Mundo para luchar contra la pérdida de fuentes históricas y documentales, y así nunca más tengamos que escribir posteos como Lo que (no) sabemos de los griegos. Ha emprendido campañas para salvar tesoros culturales inavaluables, la más importante de las cuales probablemente sea el rescate de los templos de Abu Simbel en Egipto, cuando la construcción de la Represa de Asuán amenazó con dejarlos sumergidos bajo el agua en 1.970. Ha defendido activamente la libertad de expresión. Se ha preocupado de catalogar el software libre. Se ha preocupado de impulsar traducciones de obras de unos a otros idiomas, casi como dignos herederos de la Escuela de Traductores de Toledo, pero a escala mundial. Y eso, en apretadísimo resumen. Si la Humanidad ha crecido hasta un punto en el cual sus comunicaciones pueden ser consideradas como el sistema nervioso de la Tierra, entonces la UNESCO es lo más parecido al equivalente de un neocórtex o corteza cerebral de ambos.

Las colosales estatuas de Ramsés II son reensambladas durante el traslado del Templo de Abu Simbel, en Egipto. Fotografía de 1.967 por Per-Olow Anderson.
Quizás la labor más famosa de la UNESCO, es el catálogo de sitios que son Patrimonio de la Humanidad. Los primeros sitios fueron incorporados en 1.978, y para 2.015, ya suman 1.031; un programa de televisión que se emitiera de lunes a viernes y que le dedicara un capítulo a cada sitio, sin repetir ni uno y sin saltarse ni un día de emisión, se tardaría algunos días menos que cuatro años completos y cabales en terminarlos todos... y al cabo de esos quedaría desfasado, porque todos los años la UNESCO incorpora otros sitios adicionales en la lista. En el mundo hispanoamericano, mencionando apenas unos poquitos, forman parte de la lista Agave en México que es el hogar ancestral del tequila, varios sitios mayas, Brasilia, la Amazonia Central, el campus central de la UNAM, Chavín una de las primeras civilizaciones andinas, las iglesias de Chiloé, las ciudades de Cuzco, Potosí y Quito, la Ciudad Universitaria de Caracas, las islas Galápagos, los centros históricos de Lima y Ciudad de México, las ciudades mesoamericanas de Teotihuacán y Monte Albán, el barrio histórico de Valparaíso, Machu Picchu, las salitreras del norte de Chile, el Parque Nacional Iguazú, los geoglifos de Nazca, las fortificaciones de La Habana vieja, el Pantanal, el Camino del Inca, Río de Janeiro, Tiahuanaco... la lista es simplemente interminable.

Desafortunadamente, no siempre estar incluido en la lista es garantía de conservación. El casco histórico de Valparaíso fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2.003, y después, el casi nulo interés por las autoridades, sumada a la característica desidia chilena que lastra a los propios habitantes de la ciudad, ha hecho bien poco por realzar su valor histórico, turístico y arqueológico. Pero quizás el episodio más negro de todos se vivió en 2.015, cuando un montón de fanáticos religiosos volaron en pedazos varios templos de Palmira, que habían sido declarados Patrimonio de la Humanidad en 1.980, so pretexto de que eran lugares en donde antaño se adoraron a dioses que no eran los propios de tales fanáticos. De todas maneras, Creative Commons lanzó una iniciativa para recopilar imágenes sin copyright de Palmira, y así intentar reconstruir su aspecto digitalmente y en 3D, a lo menos, en otra prueba más de que al final del camino, con voluntad y decisión, la luz y el conocimiento pueden doblarle la mano a la ignorancia y el oscurantismo. Quizás los templos dinamitados ya no estén ahí, pero las nuevas tecnologías, creadas por el genio del racionalismo humano y no por los fanáticos, han conseguido mantener algo de su legado para que lo disfruten generaciones futuras que, ojalá, estén más libres del odio y la sinrazón que la nuestra.

La idea y concepto de la UNESCO puede parecer algo utópico. Vivimos en un mundo en donde los grandes y poderosos intentan apoderarse de cada vez más recursos y generar más dinero, sin respeto por el patrimonio histórico o por el equilibrio con el medio ambiente. Un mundo en donde mucha gente prefiere vivir en su metro cuadrado con sus comodidades del Primer Mundo, en vez de abrir la ventana y mirar hacia afuera. Y sin embargo, la mera existencia de la UNESCO nos recuerda la importancia del conocimiento y de la integración de los seres humanos que somos los portadores de dicho conocimiento, y nos recuerda que el mundo no se va a salvar por sí solo, sino que requiere el compromiso activo de todos nosotros quienes habitamos en él. Por eso, estos setenta años que está cumpliendo la UNESCO por estos días es más que una celebración puntual: es, además, un pequeño hito y recordatorio acerca de la parte más noble de aquello que, si fuéramos religiosos, llamaríamos el alma humana.



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