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domingo, 29 de noviembre de 2015

Irresponsables personales.

Superhéroe frente al mundo, borracho de porquería en su vida personal.
En el último tiempo he visto proliferar a mi alrededor un cierto tipo de personaje que ignoro si es una especie animal nueva, o una especie de celacanto que siempre estuvo ahí, y yo no había detectado todavía. Me refiero al tipo que es mortíferamente eficiente en su trabajo, pero que en su vida personal es un completo irresponsable. Un caso paradigmático de esta clase de persona podría ser Gregory House, el protagonista de la ya terminada serie House, que diagnosticando y curando males hipocráticos es un campeón, pero que es incapaz de relacionarse con otras personas con un mínimo de normalidad. Otro posible caso es todo héroe de acción de los últimos treinta años que no tiene rival cargándose comunistas, árabes o narcotraficantes, pero que es divorciado, tiene una pésima relación con su hija adolescente, y no consigue tragar a su prospecto de yerno, como John McClane en la cuarta de Duro de matar. Y entre las chicas, puede corresponderse con el estereotipo de chica que es joven profesional muy competente en lo suyo, pero cuya vida personal es un desastre en buena medida por las propias estúpidas decisiones que toma, algo que exploramos con cierta profundidad en nuestro histórico posteo Cinco modelos negativos para mujeres. Es decir, el irresponsable personal ya casi ha adquirido carta de ciudadanía en la cultura popular.

Estos tipos a los que me refiero, son jóvenes aspiracionales que hoy en día rondan la treintena o están al filo de la cuarentena, que están ganando buenos sueldos en sus trabajos y tienen vida sentimental, pero que no quieren ninguna clase de ataduras y compromisos. En algunos casos no llegan a abandonar mentalmente la infancia, y se transforman en blogueros, o peor aún, en esa especie que por mímesis consigue pasar por artista o intelectual, y que aquí en la Guillermocracia hemos llamado el Cool Cultureta Corporativo.

Este nuevo sujeto ha ido reemplazando a cierto otro personaje que se encuadra un poco más dentro del modelo estilo Homero Simpson. Todos sabemos cómo se las gasta Homero Simpson: es un irresponsable en su trabajo, y una especie de niño crecido en la casa. Uno podrá decir muchas cosas en contra de Homero Simpson, pero nadie podría acusarlo de falta de coherencia: es irresponsable allí en donde haga falta ser irresponsable.

Mi teoría personal, es que esto se relaciona con un cambio en la presión sobre los individuos. La sociedad de la segunda mitad del siglo XX, con el crecimiento de amplios estados del bienestar, permitió reducir la presión sobre el trabajo. Bruscamente, por primera vez desde los buenos tiempos de la plutocracia industrial del siglo XIX, el desempleo dejó de ser un problema. Una persona podía incluso aspirar a no tener estudios superiores, ingresar a un trabajo cumpliendo la mayoría de edad, y permanecer en el mismo hasta la edad de jubilación. Hoy en día el panorama es distinto, por supuesto. Por un lado, las empresas se preguntan para qué pagar contratos de trabajo, si bajo el sucio subterfugio del trabajo a honorarios se ahorran todas las prestaciones laborales, y externalizan fuentes laborales a mansalva. Por el otro lado, los propios profesionales se han vuelto ambiciosos, y ya no se conforman con una casita en los suburbios y unas buenas onces familiares; ahora, hasta el más zarrapastroso de los patipelados aspira a sus buenas vacaciones en Cancún o Europa "porque yo lo valgo". En ese ambiente, la competencia laboral se ha vuelto dura, y el umbral de eficacia necesario para prosperar, o simplemente sobrevivir, se ha elevado.

Lo interesante del caso es que este súbito descubrimiento de la responsabilidad laboral, que es positivo, no se ha traducido en una responsabilidad a nivel social. El individualismo campea a sus anchas. Incluso en la Guillermocracia hemos tratado el tema de manera tangencial, a propósito de otros tópicos: crece el número de personas imposibles (Personas imposibles), la gente espera ser reverenciada sin ellos reverenciar a nadie (Do ut des: Sobre la reciprocidad), todos se sienten especiales (Nadie es un zombi en el apocalipsis zombi)... En resumen, una sociedad en donde a nadie le importa nadie, nadie se preocupa por nadie, y nadie ama a nadie.

Un ejemplo me servirá para ilustrar el particular. Una chica que fue mi novia hace muchos años atrás, se atrasaba de manera crónica en nuestras citas, y lo hacía casi a propósito, porque cuando yo me acostumbraba a que se atrasara una relativa cantidad de tiempo y yo mismo ajustaba mi reloj, ella se las ingeniaba para retrasarse todavía más. En una ocasión le pregunté si siempre llegaba igual de atrasada a su trabajo, a sabiendas de que dicho trabajo implica una coordinación de horarios entre varias personas, de modo que su propia jornada de trabajo estaba estructurada de manera tal que si no cumplía con lo suyo a una determinada hora, ya no podría hacerlo sino hasta el día siguiente. Ante mi pregunta, ella guardó silencio. Evidentemente, a su trabajo sí que se esforzaba en llegar a la hora porque se le iba la paga y el puesto en ello; pero como ése no era el caso conmigo, pues...

Hay en esto como una especie de relajamiento de la moral personal. El irresponsable personal utiliza varios argumentos para no tener que hacerse responsable de su vida personal. Pero todos ellos se reconducen siempre a alguna variante de criticar el mundo ancho y opresivo a su alrededor, que conspira a niveles cósmicos para impedirles cumplir. Cierta otra chica con la que salí durante un tiempo, tenía la mala costumbre de cancelar citas porque siempre había alguien más que a última hora le decía que no se fuera todavía, que esperara, que mejor se juntara con ella... Al último instauró el "no sé si pueda, mejor yo te llamo". Después de la tercera o cuarta vez que no llamó porque "resulta que mi papá..." o "resulta que mi amiga..." o "resulta que mi compañero de trabajo...", opté por no hacer más caso. De hecho, en los últimos años solamente había sabido de ella para los saludos protocolares de cumpleaños, y este último año 2.014, ni siquiera por eso. Yo siempre he tenido por filosofía que si me comprometo con alguien, ese tiempo está dedicado a ese alguien con preferencia, y cancelo el compromiso únicamente ante situaciones graves o urgentes. El punto es que para esta chica era más o menos lo mismo... solamente que todas las situaciones eran siempre graves y urgentes. ¿Por qué? Porque ella veía que el mundo entero siempre la forzaba en la dirección que no quería, y eso era la excusa perfecta para eximirse de toda clase de responsabilidad por sus compromisos.

He observado en círculos de incluso menor edad, un fenómeno más interesante todavía. Entre las actuales generaciones de universitarios, es decir entre los veinteañeros, se ha producido una separación entre el estudio y el trabajo. Muchos de ellos trabajan a una escala que los actuales treintañeros, cuando tenían veinte, ni siquiera se lo pensaban. Y coinciden en que son preocupados por sus trabajos... hasta que se van. Es decir, cumplen y son responsables, pero si no les gustan, renuncian. Hasta ahí, nada que objetar. En cuanto a los estudios, por el contrario, tienden a ser bastante más flojos y patanes. Es decir, en la responsabilidad profesional se ha exacerbado el espíritu de la ganancia inmediata por encima de los proyectos a largo plazo. Y en lo personal, lo de irresponsables personales se ha transformado casi en un sobreentendido... pero ellos mismos tampoco se exigen demasiado entre sí porque han adoptado dicha cultura de la irresponsabilidad personal como un verdadero modus vivendi por defecto; son de filosofía vive y deja vivir, pero no por verdadera tolerancia personal, de la que tienen más bien poca, sino más bien porque el primero que se le ocurra ponerse exigente, o sea pondrán exigentes de vuelta con él, o lo aislarán y transformarán en un paria. Y la muerte social en esta era de interconexión a través de redes sociales, es mucho peor de lo que solía serlo antes de Internet.

¿Irá a producirse en algún minuto un rebote? ¿Se producirá un sentimiento de asco hacia el exceso de irresponsabilidad y volverá el péndulo hacia el otro lado, hacia una mayor búsqueda de responsabilidad personal? Es de desear que sí. Todo nuestro sistema democrático se basa en la idea de conjugar derechos individuales con responsabilidades sociales. Tenemos varios nombres no demasiado graciosos para una cultura de derechos sin responsabilidad: anarquía, caos, guerra civil. Porque es cierto que en un mundo estilo Mad Max, todos tienen derechos sin ninguna responsabilidad... pero también tienen por delante como expectativa, una vida demasiado breve para disfrutar de ese paraíso.

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