domingo, 8 de noviembre de 2015

En la red: Relaciones sociales robóticas.


Aunque esto se trata de redes sociales, nuestra historia de hoy principia en el mundo real, el que vemos en 3-D. Todo partió con un encuentro en la calle con una amiga a la que no veía hace tiempo, y de la cual no sabía nada más aparte de lo que ella postea en Facebook. Que no es poco, porque la ciudadana cuya identidad no revelaremos para proteger a los inocentes, se inscribe dentro de la clase de usuarias que escribe en Twitter, retuitea a Facebook, y creo que también tiene un Tumblr. El caso es que por una vuelta u otra de conversación salió al ruedo el tema de los cumpleaños, y ella, sorprendida, me deseó un feliz cumpleaños, a continuación de lo cual me hizo el comentario de oro: "¡Pero no vi que estuvieras de cumpleaños en Facebook!".

A riesgo de quedar como mala gente, le tuve que puntualizar dos cosas. En primer lugar, que mi cumpleaños pasó hace un tiempo ya. Y no, no voy a revelar la fecha por este canal. Y en segundo lugar, le expliqué una manía personal que tengo. Quienes me conocen, saben que tengo una cierta alergia a los protocolos y convenciones sociales. Por lo tanto, me fastidia la costumbre que tienen las personas de acordarse de uno para las fechas significativas, pero mantenerlo a uno en el olvido todo el resto del año. Quiero decir, se supone que las personas son importantes por lo que son, ¿no? Entonces, ¿por qué van a ser más importantes el día de su cumpleaños o en la Navidad, que en los otros 363 ciclos circadianos de la Tierra? Así es que, las personas que de verdad son importantes son las que se mantienen juntas todo el año, no las que se juntan por el compromiso que significa saludar a alguien para su cumpleaños o para Navidad. Aunque se vean una sola vez cada seis meses; lo importante es hacerlo sin necesidad de que sea una fecha especial. Por lo tanto, en Facebook elevé al rango de "privado" mi fecha de cumpleaños, para que nadie más la vea. Los que se acuerden, los que pregunten, los que se preocupen, ésos en definitiva me saludarán; son pocos, pero al menos sé que esos pocos son fieles.

(Tampoco voy a dar mi dirección de Facebook por este canal. Y si me encuentran y envían una invitación, lo más probable es que la rehuse, así es que háganse un favor, ahórrense un minuto o dos de sus vidas, y ni siquiera se tomen la molestia).

Ella puso mala cara, pero no dijo nada. Nos despedimos con amabilidad, aunque sospecho que pasará un tiempo antes de que vuelva a saber de ella. Quizás más tiempo del que pasó desde la última vez que supe de ella por un canal que no fuera Facebook.

Toda la parrafada anterior era en realidad la introducción a un tema que considero mucho más importante: cómo las redes sociales han trivializado nuestras relaciones humanas, hasta el punto de volverlas banales. Me refiero a Facebook, a Twitter, a Tumblr que funciona mitad como microblogging y mitad como red social, a lo que en su tiempo fue Bananity antes de perecer por falta de impacto social, etcétera.

En la era anterior a las redes sociales, que los jóvenes no alcanzaron a conocer pero los que ya tenemos cierta edad sí, las comunicaciones interpersonales eran más difíciles. Si uno quería hablar con alguien, debía llamar por teléfono o ir de visita. En definitiva, debía adoptar un rol activo. Relacionarse con otras personas como amigos, colegas de trabajo, compañeros de estudio, etcétera, implicaba salir de la poltronería, levantarse del sillón, e ir a buscar físicamente a esa persona. En la actualidad, las redes sociales han hecho mucho más sencillas las comunicaciones, pero justamente por ser más automáticas, las relaciones se han degradado un resto. Por decirlo más claro, las relaciones humanas nunca fueron tan... robóticas.

El ejemplo de los cumpleaños es excelente. Antaño, si uno quería felicitar a una persona por el onomástico, uno debía llamar por teléfono, para lo cual debía acordarse del número, o tenerlo anotado en una agenda. Además uno debía memorizar la fecha del cumpleaños, o bien a lo menos marcarlo en la agenda. Por supuesto, uno puede decir que se puede hacer lo mismo respecto de los contactos en Facebook o en Google+. Pero no es exactamente lo mismo. Dichas redes sociales están programadas con un mecanismo de "anota y olvídate". Ingresaste el número de teléfono de tu contacto, o su correo electrónico, y nunca más debes anotarlo; antiguamente debías hacerlo más de una vez, al botar la agenda de un año y comprar la del año siguiente. Peor aún, la fecha del cumpleaños ahora viene automatizada, de manera que Facebook te manda un recordatorio de cuándo tu amigo está de cumpleaños. En resumen, antes debías darte un trabajo mínimo para festejar a la gente que te importaba, mientras que ahora es fácil y cómodo saludar. El resultado final es que, al no costar nada, el saludo protocolar se ha banalizado, se ha vuelto más protocolar que nunca.

Así, el interactuar con otras personas se ha banalizado. Siempre han existido relaciones de conveniencia y gente que interactúa con otras para quedar bien, pero creo que esta tendencia se ha ido agudizando con las facilidades que para ello dan las redes sociales.

Incluso la propia condición de amigo es hoy por hoy relativa. En Facebook se llama amigo a la persona que antes de las redes sociales llamábamos un conocido. Esto no es gratuito, por supuesto. El interés supremo de las redes sociales es generar conectividad porque con ello sube el valor agregado de la red social como un todo. Y una estupenda manera de generar conectividad es hacer que las personas se sientan más cercanas de lo que en realidad están. Así, llamar amigo a un conocido hace que esos dos conocidos se sientan más cercanos, más motivados para interactuar, y en definitiva alimenten los números bursátiles de la red social. Pero eso tiene un costo para el usuario: el convencimiento de que las relaciones sociales en la red son más profundas de lo que parecen.

No puedo evitar pensar en el fenómeno de los divos de internet. Me refiero a la gente que exhibe su vida entera en línea. Creo que eso tiene que ver con el automatismo de las relaciones humanas en las redes sociales. Es tan fácil subir fotos propias, hacer comentarios al aire o mostrarse de cuerpo entero, que la gente siente la tentación de expresarse a sí misma. En casos extremos tenemos un caldo de cultivo idóneo para las personalidades histéricas, lo que en Psicología se llama trastorno histriónico de la personalidad. Me refiero a esas personas superficiales, teatrales, de emociones exacerbadas, que buscan desesperadamente una conexión con otras personas para ser el alma de la fiesta. Los drama queen, por ser más claros. Para los drama queen, el espejismo de una conexión más íntima con los demás de lo que pareciera, es casi una trampa perfecta; y una tortura para quienes tenemos la desgracia de ir pasando por ahí cual cometas por el cosmos, y caer dentro de la prisión gravitatoria de esos tipos que a uno lo agarran, y ya no lo sueltan más.

Por desgracia, no es fácil determinar si en efecto las redes sociales están banalizando nuestras relaciones humanas o no. Una posibilidad es que sí, que trasladar parte de nuestra vida social a los perfiles de internet nos ha vuelto más superficiales y menos comprometidos con nuestros amigos, conocidos y familiares. Pero otra posibilidad es que simplemente se haya producido un sesgo, una selección natural entre los usuarios. En este segundo caso, es muy posible que la gente más activa en las redes sociales sean también los superficiales, los cómodos, los que desde siempre han visto las relaciones humanas con frivolidad; ellos no fueron influidos por las redes sociales, sino que encontraron en esta nueva herramienta su vehículo ideal para expresarse en toda su banalidad. Las otras gentes, las que sí valoran las relaciones humanas, serían esa proporción silenciosa de la población que es silenciosa justamente porque no tienen un perfil en redes sociales, o si lo tienen, muestran desinterés o derechamente lo abandonaron, prefiriendo las relaciones menos automatizadas, las de toda la vida. Este último vendría siendo mi caso, el de otras personas que conozco, y sospecho que el de muchos más, resistiendo ahora y siempre al invasor en forma de publicidad, o de artículos periodísticos hablando de lo cool que es pertenecer a una red social, y relacionarse con la gente frívola de la que por desgracia es imposible librarse del todo.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails