jueves, 12 de noviembre de 2015

007x25 (4 de 5) - Más allá de la Guerra Fría.

Pierce Brosnan como James Bond en Goldeneye.
A mediados de la década de 1.980, la franquicia de James Bond parecía encontrarse en un equilibrio inestable. Roger Moore estaba pasando a los cuarteles de invierno, y con él, en cierta medida, toda una manera de entender y concebir al personaje. No en balde, Roger Moore había sido James Bond durante doce años, frente a los nueve de Sean Connery sin contar Nunca digas nunca jamás o el interludio de Lazenby, y por ende, se encontraba tan asociado al personaje, a lo menos entre los espectadores más noveles, y para bien o para mal, que encontrarle un reemplazo sería difícil. Pero era también la posibilidad de darle un golpe de timón al personaje, de adaptarlo por completo a la década de 1.980, algo que habían intentado con En la mira de los asesinos, pero con un Moore demasiado otoñal como para entrar en el juego. Así, entraba Timothy Dalton, en una brevísima etapa de apenas dos películas en donde trataron de darle un nuevo rumbo al personaje, pero que quedó abortada cuando la saga atravesó por su segunda crisis más profunda.

Después de las dos entregas de Dalton, hubo cambios cataclísmicos. En el frente externo, casi de la noche a la mañana, la aparentemente invencible Unión Soviética se vino abajo. De pronto, la relevancia de un agente como 007, tan asociado a la mecánica del mundo bipolar, quedó en entredicho. James Bond podría haber capeado el temporal con dignidad si hubiera estrenado una película cada dos años, adaptando al personaje... pero la siguiente entrega, que sería Goldeneye tardaría seis, tiempo suficiente como para que los espectadores lo arrojaran al olvido como otro subproducto cultural encasillado en la Guerra Fría, al lado de Red Skull o los chistes de Mafalda sobre Vietnam. Pero es que, además, resurgió el viejo fantasma de las querellas judiciales, ahora por los beneficios de la franquicia, ya que los cambios en el control corporativo de los estudios tras Bond ocasionaron que la misma entrara en pausa. Para colmo, en esos seis años un montón de gente clásicamente asociados a 007, salieron del escenario por un motivo u otro: el compositor John Barry, Maurice Binder el hombre de los créditos con siluetas de chicas desnudas, el guionista Richard Maibaum que en mayor o menor grado había participado más o menos en los guiones desde la mismísima Dr. No, Scott Glen el director de cinco películas Bond oficiales en una racha, y el mismísimo productor Albert Broccoli. Cuando Bond finalmente arribó a los cines de nuevo con Goldeneye en 1.995, fue un regreso glorioso, no cabe duda... pero también el inicio de un Bond bastante diferente a lo visto con anterioridad.

16.- The Living Daylights (1.987).
  • Títulos varios: 007: Alta tensión (España), 007: Su nombre es peligro (Latinoamérica).
Para la nueva entrega Bond, que iba a coincidir con los veinticinco años de la franquicia en el cine, los productores estaban determinados a remecer a un respetable medio adormecido por dos entregas, Octopussy y En la mira de los asesinos, que habían sido recibidas como apenas otras dos adiciones más. Primero que nada, jubilar a Roger Moore, que si hubiera rodado Su nombre es peligro, hubiera empujado el récord de interpretar a Bond a 59 años. Los productores quisieron a Timothy Dalton, y cuando éste no estuvo disponible, se volvieron hacia Pierce Brosnan, entonces cesante porque se había cancelado su programa Con temple de acero; sin embargo, el mismo fue renovado en la hora undécima para una quinta temporada, Brosnan tuvo que bajarse, y Dalton, que en el intertanto había quedado disponible, aceptó subirse a bordo, después de que por un motivo u otro no fue Bond en Al servicio secreto de Su Majestad... ni en Los diamantes son eternos... ni en Sólo para sus ojos... ni en Octopussy... ni en En la mira de los asesinos, en espectaculares dieciocho años en que Dalton fue candidato tan eterno a Bond como Borges para el Nobel. En el camino se quedaron también como potenciales Bond un entonces novel Mel Gibson... y Sam Neill... y Lambert Wilson... y ¡Sean Bean!, y Christopher Lambert, famoso este último en la época por Highlander. En el casting entró Caroline Bliss como la nueva Moneypenny, y la chica cumplía bien con el perfil de secretaria hot de la década de 1.980, pero falló en entablar con Dalton una dinámica tan rica como la de Lois Maxwell con Connery o Moore en las catorce entregas previas, y después de dos apariciones como Moneypenny, Bliss no volvió a aparecer en el rol. Joe Don Baker por su parte interpreta a un villano escrito intencionadamente como el opuesto de megalómanos como Blofeld, Drax o Zorin, y cuyas motivaciones para el crimen son de lo más mundanas; después, el actor sería contratado en Goldeneye y El mañana nunca muere, pero en otro rol, el de un agente de la CIA amigo de 007. Por una vez en la vida, hay una sola chica Bond, interpretada por Mariam d'Abo. Para el rol del General Pushkin fue contratado John Rhys-Davies, hoy en día famoso como el enano de El Señor de los Anillos, pero en esa época mejor conocido como Sallah, el amigo de Indiana Jones en Los cazadores del Arca perdida. John Barry regresa para la banda sonora, mientras que la canción Bond fue The Living Daylights por a-Ha, pero es notorio que iba a ser inicialmente Where Has Everybody Gone de The Pretenders, porque la banda sonora entera se estructura en torno a dicha melodía. En ese minuto no se sabía ni se planificó así, pero esta intervención de John Barry en la saga iba a ser la última, lo que hace todavía más emotivo el que, después de catorce partituras para 007, Barry por fin obtiene un cameo, apareciendo como el director de orquesta en el concierto al que asiste Bond, al inicio de la película.


"¡Eres increíble! ¡Somos libres!" (Kara Milovy a 007, luego de escapar de una celda). "Kara, estamos dentro de una base aérea rusa en el medio de Afganistán" (la flemática respuesta de 007).
Gibraltar, España dependencia inglesa de ultramar desde 1.713. Un grupo de agentes británicos arriba para un ejercicio, y se los cargan sin mucha ceremonia; los productores, para añadir injuria al dolor, y de manera similar al inicio de Vive y deja morir, contrataron a dos actores parecidos a George Lazenby y Roger Moore, para hacer creer a la audiencia que en realidad uno de ellos era Bond. En el ejercicio hay un asesino infiltrado, y corresponde al nuevo Bond, ahora con las facciones de Timothy Dalton, darle caza, lo que hace con una espectacular escena de lucha arriba de un camión. Con esta secuencia de precréditos, además de presentarnos a un Dalton a tope, nos dicen lo que debemos esperar de la saga en adelante: acción más adrenalínica todavía que con Moore, más cable a tierra, y con el nuevo Bond seduciendo mujeres como siempre, ahora a una sofisticada chica en bikini bandeau arriba de un yate, que se queja de lo de siempre, que ya no quedan hombres. Secuencia de créditos, y salto a Bratislava, ciudad en la cual 007 debe participar en una operación para rescatar a un defector del bloque soviético, que porta consigo mucha información potencial. Y la misma es una bomba, metafóricamente hablando: Pushkin, el nuevo jefe de la KGB, está a punto de desatar un programa secreto de asesinato selectivo de espías occidentales a lo largo y ancho del mundo. James Bond tiene sus dudas: Pushkin le simpatiza, y una operación de exterminio masivo le parece muy poco propio de él. Pero parte a la misión, una en donde va a descubrir que todo es parte de una conspiración mucho más enredada de lo que cree, y en donde están enredados hasta los Freedom Fighters de Afganistán...

Si lo que se proponían los productores era sacudir la saga un poco, puede decirse que lo lograron. La inversión desde En la mira de los asesinos subió de los 30 a los 40 millones de dólares, y la recaudación subió de 152 millones a 191. En cuanto a la película misma, es quizás una de las mejores entregas de Bond, gracias a un guión algo más elaborado que lo habitual, y del cual es difícil comentar demasiado debido a incurrir en spoilers. Quizás el único detalle es que no se entiende mucho para el espectador sin otra información, es que Bond se preocupe tanto por Pushkin, el jefe de la KGB, hasta que uno repara en que el personaje iba a ser inicialmente el General Gogol, que había aparecido en todas las Bond oficiales desde La espía que me amó, y con el cual se había entablado una cierta dinámica de rivalidad noble, sólo que el actor Walter Gotell no pudo volver sino para apenas un brevísimo cameo (que sería su última aparición en la saga, por lo demás), y fue creado un personaje completamente nuevo, el General Pushkin, para ocupar su lugar. También a sus escenas de acción muy bien rodadas, que nos trajeron a un Bond no tan superheroico o extravagante como el de Moore, sino uno más terrenal. Esta película además sería la última en que 007 se enfrenta a elementos de la Unión Soviética, ya que Licencia para matar giraría en torno al narcotráfico, y Goldeneye ya se ambientaría en la Rusia postcomunista. Es una lástima que hoy en día, Su nombre es peligro sea una película Bond más o menos olvidada, considerando que hizo para la saga lo mismo que Casino Royale veinte años después: darle nuevo vigor eliminando los aspectos más chirriantes, y devolviendo a 007 al terreno propio del thriller de espías más físico y terrenal. Las comparaciones con Casino Royale se vuelven más humorísticas, si se piensa que un primer guión, luego descartado, narraba como un joven 007 obtenía su licencia doble cero...

17.- Licence to Kill (1.989).
  • Títulos varios: Licencia para matar (título en Argentina y España), 007: Con licencia para matar (título en México).
Para 1.989, casi sin previo aviso, la Unión Soviética parecía menos temible, y como no parecían haber enemigos a la vista de Occidente, los productores decidieron que el narcotráfico haría un buen villano. En un primer borrador del guión, la historia se ambientaba en China, pero el gobierno chino puso tantas restricciones al cerdo imperialista lacayo de los enemigos del proletariado espía más famoso del mundo, que los productores decidieron cambiar por Latinoamérica, movimiento impensable hoy en día, en que los productores de Hollywood ensayan activamente el kowtow para hacerse del lucrativo mercado chino. Esta fue la primera película Bond que no fue rodada en Inglaterra, debido a un cambio en las leyes tributarias que resultó perjudicial para EON Pictures; los míticos estudios Pinewood fueron usados sólo para postproducción. Robert Davi fue contratado para interpretar a Franz Sánchez, el villano, y dice la rumorología que incluso fue llevado ante la presencia de un verdadero jefe de cartel porque a éste le había encantado su interpretación. Como chicas Bond aparecen Talisa Soto como la amante latina del villano, y que después actuaría en Mortal Kombat, y Carey Lowell como una agente de la CIA; las dos recibieron ofertas de Playboy para posar ventiladitas de ropa, pero ambas rehusaron. El matón del villano, por su parte, es interpretado por un jovencito de 21 años de quien quizás algún día llegue a saberse, un tal Benicio del Toro. Se ofreció a John-Rhys Davies regresar en un cameo como el General Pushkin, pero éste declinó, ocupado como estaba en rodar Indiana Jones y la última Cruzada. La banda sonora corrió a cargo de Michael Kamen, en la que terminaría siendo su única entrada dentro de la franquicia, porque ya no volvería antes de fallecer en 2.003.


Te lo ganaste. Quédatelo” (James Bond después de que un matón le hace una suculenta oferta monetaria, y segundos antes de que 007 lo sirva como sushi a unos tiburones hambrientos).
Hay campanas de boda: se casa Felix Leiter, el agente de la CIA que es amigo de James Bond y que con ésta son siete películas en las que aparece, pero interpretado por seis actores distintos, quizás para que nadie lo reconozca. Pero en su noche de bodas recibirá la especial visita de Sánchez, un narcotraficante brutal que tiene cuentas pendientes con Leiter, y usará como cobradores a unos escualos de apetito muy saludable. Leiter sobrevive, pero sólo para enterarse de que su señora ha sido ultrajada y asesinada, y a saber si en ese orden. Para James Bond esto es demasiado, no en balde también a él le mataron la señora el mismo día de la boda, y se embarca en su propia misión de venganza. El problema es que al Servicio Secreto, esto no le parece demasiado bien, porque muy en el fondo, en todo el tinglado no está comprometido el interés nacional de Inglaterra. Y como el Servicio Secreto está a punto de arrestar a Bond para que no termine ocasionando un incidente internacional, éste escapa y se lanza a su propia cacería. Una que lo llevará hasta el Panamá de Noriega la República de Isthmus, en concreto Ciudad de Panamá Isthmus City, y a enfrentarse al poderoso cartel del narcotráfico que lidera Sánchez, tan tóxico que hasta televangelistas tiene en la nómina.

Esta película fue recibida con cierta displiscencia. Sánchez es uno de los villanos más brutales contra los cuales se ha enfrentado Bond, pero rompe una tendencia: la de que los enemigos de 007 sean tipos refinados y con gusto. Aunque poderoso y cruel, muy en el fondo Sánchez es un rufián que usa camisas estilo Miami Vice, mientras que el James Bond más refinado de otras películas se transforma ahora en un ejército de un solo hombre que busca una mera venganza personal, dejando por tanto de lado toda la sofisticación que suele ser la seña de fábrica de una película Bond. O sea, lo que tenemos es como una película de Charles Bronson con un argumento sacado de Miami Vice. El grado de violencia, siguiendo la tónica de la época en materia de thrillers, espantó a muchos que consideraban que eso no era Bond, aunque el propio 007 en Dr. No, con menores niveles de violencia, había sido considerado el colmo a ese respecto en su minuto. La película no fue un fracaso económico, pero estuvo lejos de ser un éxito, en buena medida porque el verano de 1.989 fue reñido a más no poder. Así, Licencia para matar, y Viaje a las Estrellas V, fueron las grandes damnificadas en un choque de colosos contra Indiana Jones y la última cruzada, Batman, Volver al futuro II, Arma mortal II, Cazafantasmas II, y La sirenita. De hecho, en adelante, todas las películas Bond han sido estrenadas hacia finales de año, lejos de la temporada de blockbusters, precisamente para volver a evitar esto. Enseguida comenzaron los planes para una tercera película Bond con Timothy Dalton; la misma hubiera tomado el título de un cuento corto llamado The Property of a Lady, hubiera llevado a Bond entre Escocia, Hong Kong y Japón, y hubiera tenido algo que ver con nanotecnología. Pero en medio vinieron una serie de problemas legales que retrasaron durante bastante tiempo el rodaje de una nueva película de 007. Finalmente, en 1.994, vencido su contrato, Timothy Dalton se bajó. Un nuevo Bond iba a tomar el legado, inaugurando una nueva era que, mejor o peor, sí que iba a ser diferente para el personaje.

18.- GoldenEye (1.995).
  • Títulos varios: 007: Goldeneye (título en México).
En el intertanto desde Licencia para matar, se había venido abajo la Unión Soviética. Bruscamente, parecía que no había lugar en el mundo para un espía a quien la nueva jefa mujer de James Bond llama en esta película "un dinosaurio sexista y misógino, una reliquia de la Guerra Fría"; incluso se barajó un regreso como un reboot ambientado en la década de 1.960 un poco estilo X-Men: Primera generación, o una 007 mujer al estilo Modesty Blaise, o un James Bond negro, ideas que terminaron aparcadas por suerte. Aún así, la abortada etapa de Timothy Dalton dio paso a un nuevo giro de timón, un regreso a los aspectos esenciales de la saga. Partiendo por contratar a un nuevo Bond; como ahora Pierce Brosnan sí que estaba disponible, lo subieron alegremente al carro, lo que genera el escenario de que si consideráramos a Mamá por siempre como una película Bond, entonces la señora Doubtfire interpretada por Robin Williams sería una villana Bond... Entre los potenciales Bond que se quedaron en el camino figuran Ralph Fiennes, que pasaría a interpretar a M en Skyfall, Liam Neeson, y Hugh Grant, que en esos años se dejaba lamer las partes a espaldas de su novia Elizabeth Hurley. Curiosamente, el guión debió ser reescrito por una casualidad: era muy parecido al de Mentiras verdaderas. El resultado es que se trata de la primera película Bond con un guión enteramente original, tanto en título como en argumento; el título viene del sobrenombre que Ian Fleming le puso a la casa que se compró en Jamaica, y en donde escribió las historias de James Bond. Un detalle que distancia a Goldeneye de sus tres sucesoras con Brosnan, es que fue escrita con Timothy Dalton en mente; por eso, Goldeneye es más seria y oscura que las tres siguientes, las que incorporan elementos más camp que las acercan un resto al Bond de Moore. Es también la primera vez que vemos a James Bond directamente en la Unión Soviética, en la escena de precréditos, y luego en Rusia, en el cuerpo de la película. El avance de la técnica nos dio también la primera escena en CGI para una película Bond: nada menos que el mítico inicio a través del cañón de la pistola. Como villano fue contratado Sean Bean, que como ya hemos dicho, fue considerado para reemplazar a Moore como Bond; irónicamente, su personaje parte como un agente doble cero... Como chicas Bond fueron contratadas Famke Janssen, que después calificaría como una de las más exitosas, al interpretar a Jean Grey en X-Men y secuelas, además de, hilarantemente... a una transexual, en Nip Tuck; la otra chica Bond fue Izabella Scorupco, que después no tuvo tanto éxito. La nueva M es Judi Dench, la primera jefa mujer de James Bond, algo extrañísimo para la época, pero que haría tan suyo el rol, que lo interpretaría a lo largo de siete películas al hilo, sobreviviendo incluso al reboot de la franquicia con Casino Royale, en una paradoja temporal digna de Terminator. Y la nueva Moneypenny es... Samantha Bond, por elegir un apellido cualquiera. Joe Don Baker fue contratado como Jack Wade, agente de la CIA que en dos películas cumplió más o menos el rol que hacía Felix Leiter, antes de que éste acabara como ceviche para los tiburones. En cuanto a la dirección, entró Martin Campbell en su primer aporte para la franquicia. La banda sonora estuvo a cargo de Eric Serra, en su único trabajo para la saga; éste era el compositor habitual de Luc Besson, y por tanto, el hombre que compuso la música de Azul profundo, Nikita, El perfecto asesino y El quinto elemento. La canción Bond fue interpretada por Tina Turner y compuesta por Bono y The Edge... después de que se cayera una canción de Ace of Base. Y por último... fue la primera película Bond producida al completo por Barbara Broccoli y Michael G. Wilson, en lo que es un verdadero cambio de reinado luego de la jubilación de Albert Broccoli.


¿Por Inglaterra, James?” (el villano, a punto de ser lanzado radiotelescopio abajo por James Bond). “No. Por mí” (James Bond, lanzando al villano radiotelescopio abajo). Mención de honor para: “Siempre le gustaron los apretones” (James Bond después de cargarse a Xenia Onatopp).
En la escena de precréditos, vemos a James Bond y un agente colega, infiltrándose en una base rusa. La operación sale casi por completo bien, excepto por un detalle: el otro agente es aparentemente muerto. Salto en el tiempo al presente, al de mediados de la década de 1.990: ahora James Bond está coqueteando con una chica que tiene aura de peligro. Esta es la conexión que se necesita cuando se descubre un plan para secuestrar un helicóptero con tecnología especial. El secuestro sale bien para los villanos, y 007 se queda con un palmo de narices, para irritación de la nueva M, una mujer que no tiene buenos ojos para el agente, pero que viéndose obligada por las circunstancias, debe enviarlo para investigar una nueva situación, relacionada con satélites soviéticos reliquias de la Guerra Fría llamados Goldeneye. James Bond es mirado con cierto recelo por la nueva administración rusa, pero muy en particular por un general ruso traidor, que trabaja en alianza con un consorcio que opera en el mercado negro de armamentos, llamado Janus, y que es liderado, por, sorpresa... Ahora, James Bond debe impedir que los villanos usen el satélite Goldeneye que sobrevive, para lanzar un devastador ataque terrorista contra Occidente. O sea, Los diamantes son eternos, pero con armas en vez de diamantes, con un satélite robado por los villanos, en vez de construidos por los villanos, y con robo de helicóptero en vez de avión, esto último como en Operación Trueno.

La película fue un exitazo sin precedentes, y de hecho, sobrepasó a Moonraker como la más taquillera de la saga. Ayudó mucho que la historia logra equilibrarse entre dos aspectos antagónicos pero siempre presentes en la franquicia: la acción geopolítica por un lado, y la extravagancia tecnoespacial por el otro, en un punto intermedio entre el realismo más sucio y emocional de Timothy Dalton, y el entretenimiento para todo público de Roger Moore. El trabajo de Martin Campbell para revitalizar a James Bond y volver a ponerlo en el mapa de la cultura popular, al servicio de una sólida presentación de Brosnan como el nuevo Bond, lo hicieron ser el primer director de película Bond que se repitió el plato desde la década de 1.980, cuando en 2.006 hizo lo mismo por Daniel Craig en Casino Royale. El único aspecto que, podemos decir, fue abiertamente criticado, es la banda sonora de Eric Serra, un montón de electrónica que muchos consideraron como no demasiado parecido a lo que se supone es el sonido Bond; a partir de la película siguiente, y por una racha de cinco entregas en total, componer la banda sonora quedaría entregado a las manos de David Arnold. Esta película pasó también a la historia porque en ella, James Bond se carga a 47 pobres infelices, el conteo más alto de víctimas que había hecho Bond hasta la fecha.

19.- Tomorrow Never Dies (1.997).
  • Títulos varios: El mañana nunca muere (título en Argentina y España), 007: El Mañana nunca muere (título en México), El demà no mor mai (título en catalán).
Después de que todos daban por muerta a la franquicia, y que el regreso triunfal con Goldeneye probó lo contrario, la vara había quedado más que un poco alta. ¿La respuesta? Elevar el conteo de muertos hasta unos impresionantes 187, traer de regreso a los villanos megalómanos, y meter gadgets a destajo. El título iba a ser Tomorrow Never Lies, o sea, El Mañana nunca miente, aludiendo a que el periódico del villano se llama así, pero alguien cambió una letra, y se quedó con el título actual, que bien mirado es un sinsentido, por mucho que el periódico del villano siga llamándose El Mañana. La historia original iba a ser sobre el paso de Hong Kong de manos británicas a chinas, pero luego de convencerse de que la película quedaría irremisiblemente asociada con un año específico, fue reescrita de manera frenética. En la dirección, después de que Martin Campbell se negara a rodar dos películas Bond al hilo, fue contratado Roger Spottiswoode, quien hizo un trabajo tan discreto como lo es el resto de su filmografía. El villano iba a ser interpretado por Anthony Hopkins, que ya tenía experiencia interpretando a rufianes porque no en balde había sido Hannibal Lecter y Nixon, pero renunció a los tres días porque el caos era tan grande, que el guión no estaba terminado, y se iban entregando copias de las escenas cada mañana; terminó interpretándolo Jonathan Pryce. La canción Bond fue elegida por concurso, en donde participaron Pulp y Saint Etienne, entre otros, pero al final ganó el tema de Sheryl Crow. Para la banda sonora intentaron llamar de regreso a John Barry, pero cuando le impusieron como condición el no meterse con la canción de Crow, se marchó indignado, recordando la experiencia negativa que había tenido con a-Ha en la materia, en 1.987. Fue contratado David Arnold, quien había llamado la atención de los productores con un disco de remezclas de antiguos temas Bond; si bien no un compositor tan competente o icónico como John Barry, David Arnold supo cumplir con su trabajo lo suficiente como para quedarse en la franquicia a lo largo de tres películas con Brosnan y dos con Craig. A Arnold también le dijeron que dejara en paz el tema de Sheryl Crow. Su respuesta: componer su propia canción Bond, Surrender interpretada por k.d. lang, meterla en los créditos finales, y basar toda la banda sonora alrededor de ella.


"Ponen en prensa cualquier cosa por estos días" (James Bond, después de arrojar a un pobre diablo a una prensa).
En una feria de intercambio de armas, obviamente ilegal, irrumpe James Bond. La intervención del típico jefe idiota pone en peligro a Bond, quien no consigue evitar que un villano se lleve cierto artefacto electrónico. Más adelante, ya en la película misma, ocurre un incidente en las aguas de China, incrementando las tensiones entre China e Inglaterra. Pero hay una pista: un periódico llamado el Mañana, publicó la noticia horas antes de que se hiciera pública, haciendo buena la cuestión de cómo se enteraron. Y hay una ayudita: una antigua chica Bond es ahora la esposa del magnate dueño del periódico, y de un imperio de las comunicaciones. Bond trata de seducir a la chica, lo logra, y con eso, sólo consigue que el villano acuda para matarla. Ahora, todo se ha hecho más personal, en una misión que llevará a James Bond hasta Asia para evitar que estalle la guerra total entre China e Inglaterra.

Mientras que Goldeneye se sujetaba al retrato de Bond hecho por Timothy Dalton, pero interpretado por Pierce Brosnan, El mañana nunca muere se escribió en un tono algo más suave, para encajar mejor con la elegancia brosnaniana. El resultado es una película que fue recibida como OK... pero poco más que eso. Michelle Yeoh se ganó el respeto de todos como chica Bond, y más aún cuando se supo que ella hacía sus propios stunts, hasta el punto que se la consideró para protagonizar un spin-off que no llegó a ser; pero a cambio, Teri Hatcher es quizás una de las chicas Bond menos populares de todas. La idea de tener una antigua chica Bond rechazada era en sí misma muy buena, pero se frustró porque, primero, debieron en efecto haber contratado a una chica Bond antigua con la cual el público hubiera tenido alguna conexión emocional para reforzar el efecto, y segundo, porque la matan tan rápido, que todo ese tema queda inmediatamente de lado. Quizás el principal problema de esta película es que quería ser un regreso al Bond más extravagante, en la línea de Roger Moore, pero tomándose a sí misma demasiado en serio. El mismo concepto permearía la siguiente entrega, pero ya con más desenfreno; quizás El mundo no basta no sea mejor película, pero al menos, es más entretenida.

20.- The World is not Enough (1.999).
  • Títulos varios: 007: El mundo no basta (título en Argentina y México), El mundo nunca es suficiente (título en España), Amb el món no n'hi ha prou (título en catalán).
Después del caos que había sido la última entrega de la franquicia, la siguiente debía apretarse un poco. Y lo hicieron. Dieron con una historia bastante interesante, y eligieron el título por el lema familiar de los Bond. De todas maneras, era evidente que los productores todavía no tenían claridad acerca de qué hacer con la franquicia, como que entre los directores barajados estaban Peter Jackson y Joe Dante, luego de que Roger Spottiswoode decidiera no repetirse el caos tipo plato con explosión de tallarines. La filmación tuvo sus propios problemas, incluyendo cancelar el rodaje en Turquía debido a problemas políticos en el país. Como supuesto villano principal fue contratado Robert Carlyle, famoso en la época por Trainspotting; eso, hasta que se descubre que en realidad no es el villano principal sino el matón, por supuesto. Como chicas Bond fueron contratadas Sophie Marceau como Elektra King, actriz famosa en ese entonces por Corazón valiente, y Denise Richards, con enormes... talentos, como física nuclear. La alternativa quizás no era mejor: para el rol de la física nuclear se barajó a Tifanny Thiessen. Aunque la opción alternativa para Elektra King era más apetecible: Sharon Stone. Esta película marca también la última aparición de Desmond Llewelyn como Q, que había aparecido en todas las películas Bond desde la segunda, Desde Rusia con amor, la friolera de 36 años antes; su última escena lo muestra parado en una rampa de automóviles que desciende hasta sacarlo de vista, algo particularmente doloroso de ver si se piensa que, poco después, el actor de 85 años murió precisamente en un accidente automovilístico. Para la banda sonora regresó David Arnold, y la canción Bond fue interpretada por Garbage, en un cierto alejamiento de su estilo habitual de influencias más indies, industriales y darkies.


"Siempre ten un plan de escape" (las últimas palabras de Desmond Llewelyn como Q).
Así como El mañana nunca muere se abría con James Bond entrando en una feria de criminales y traficantes, y Otro día para morir también se abrirá en un encuentro de criminales y traficantes, en ésta vemos que James Bond tiene una reunión con otra clase de criminales y traficantes: con banqueros. Y como esto es 007 y no La amenaza fantasma, no nos hacen sufrir con los entretelones de política económica corporativa, sino que pasamos rápidamente a la acción, con James Bond tratando de recobrar un maletín con dinero. Aquí debía venir la secuencia de créditos, pero como la audiencia en las pruebas preliminares la encontró con gusto a poco, la postergaron para la siguiente pieza de acción: el maletín está comprometido, estalla en plenos cuarteles del Servicio Secreto, y en general todo es un caos y una vergüenza nacional. Y después de perseguir a la matona sexy de turno, ahora sí que viene la secuencia de créditos. James Bond es asignado para cuidar de Elektra King, la mujer que es hija de un banquero asesinado por la explosión en cuestión. Sin embargo, igual que Kevin Costner en El guardaespaldas, sucederá lo inevitable entre Bond y ella. Empero, la persecución contra Renard, el terrorista en apariencia responsable del atentado, desenterrará una dolorosa historia del pasado de M, Elektra King está metida en el asunto mucho más de lo que se piensa, y en general, todo deriva hacia un complot para apoderarse del mercado del petróleo en el centro de Asia. Con la chica de Criaturas peligrosas como física nuclear.

La película fue recibida con algo entre la tibieza y la frialdad. La idea de que por primera vez, la gran villana fuera una mujer y el matón fuera su enamorado, en vez de al revés, era completamente jugada, y venía bien a tono con la imagen de mujeres más fuertes que la franquicia trataba de proyectar desde Goldeneye. Pero en el debe, a Denise Richards nadie se la creyó como física nuclear, algunas escenas bordeaban en el camp más descarado, y el ambiente en general era de más o menos mantener la misma fórmula, sin sacudirla demasiado, en particular a lo relativo del plan malvado de turno, que insiste en la idea de controlar un monopolio ya presentada en la entrega anterior, pero ahora sobre el petróleo en vez de los medios de comunicación. De hecho, es la primera película Bond en llevarse un Premio Razzie... a la Peor Actriz, por Denise Richards. Con todo, acabó siendo la película Bond más taquillera después de Goldeneye, y viniendo la centuria siguiente en un par de años, quedó como la más taquillera del siglo XX en su conjunto. Para quienes les gusta esta película, es mejor sucesora de Goldeneye que El mañana nunca muere, mientras que para sus detractores, es otro peldaño de descenso al infierno. Pero todavía faltaba por llegar el aniversario número 40, y con él, Otro día para morir, vilipendiada hasta tal punto, que la única jugada que se les ocurrió a los productores fue seguirla con un reboot.

Próxima entrega: James Bond contra el Terror.

3 comentarios:

Cidroq dijo...

A partir de Golden eye también Bond invadio otro mundo, el de los videojuegos, aunque salvo el primer juego, no le fue muy bien.

Martín dijo...

Para la trivia: Carey Lowell, la otra señorita Bond de "Licence to Kill", fue después la señorita Ross, abogada y después jueza en la famosa serie "Law & Order".
Y no sé bien por qué, pero la trama de "Tomorrow Never Dies" la encuentro la más plausible de todas las Bond.

Guillermo Ríos dijo...

@Cidroq, en realidad videojuegos de James Bond ya existían desde la década de 1.980. Aunque de todos modos, es con Goldeneye que la cosa prendió. Bueno, más o menos.

@Martin, ignoraba el dato, pero me alegra que a la Lowell le haya ido bien después. Suele pasar con las chicas Bond que las contratan porque se vean bonitas, y después sus carreras actorales tienden a ir a los tumbos, o peor, de manera que es agradable saber de una que sí tuvo un buen futuro después.

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