domingo, 29 de noviembre de 2015

Irresponsables personales.

Superhéroe frente al mundo, borracho de porquería en su vida personal.
En el último tiempo he visto proliferar a mi alrededor un cierto tipo de personaje que ignoro si es una especie animal nueva, o una especie de celacanto que siempre estuvo ahí, y yo no había detectado todavía. Me refiero al tipo que es mortíferamente eficiente en su trabajo, pero que en su vida personal es un completo irresponsable. Un caso paradigmático de esta clase de persona podría ser Gregory House, el protagonista de la ya terminada serie House, que diagnosticando y curando males hipocráticos es un campeón, pero que es incapaz de relacionarse con otras personas con un mínimo de normalidad. Otro posible caso es todo héroe de acción de los últimos treinta años que no tiene rival cargándose comunistas, árabes o narcotraficantes, pero que es divorciado, tiene una pésima relación con su hija adolescente, y no consigue tragar a su prospecto de yerno, como John McClane en la cuarta de Duro de matar. Y entre las chicas, puede corresponderse con el estereotipo de chica que es joven profesional muy competente en lo suyo, pero cuya vida personal es un desastre en buena medida por las propias estúpidas decisiones que toma, algo que exploramos con cierta profundidad en nuestro histórico posteo Cinco modelos negativos para mujeres. Es decir, el irresponsable personal ya casi ha adquirido carta de ciudadanía en la cultura popular.

Estos tipos a los que me refiero, son jóvenes aspiracionales que hoy en día rondan la treintena o están al filo de la cuarentena, que están ganando buenos sueldos en sus trabajos y tienen vida sentimental, pero que no quieren ninguna clase de ataduras y compromisos. En algunos casos no llegan a abandonar mentalmente la infancia, y se transforman en blogueros, o peor aún, en esa especie que por mímesis consigue pasar por artista o intelectual, y que aquí en la Guillermocracia hemos llamado el Cool Cultureta Corporativo.

Este nuevo sujeto ha ido reemplazando a cierto otro personaje que se encuadra un poco más dentro del modelo estilo Homero Simpson. Todos sabemos cómo se las gasta Homero Simpson: es un irresponsable en su trabajo, y una especie de niño crecido en la casa. Uno podrá decir muchas cosas en contra de Homero Simpson, pero nadie podría acusarlo de falta de coherencia: es irresponsable allí en donde haga falta ser irresponsable.

Mi teoría personal, es que esto se relaciona con un cambio en la presión sobre los individuos. La sociedad de la segunda mitad del siglo XX, con el crecimiento de amplios estados del bienestar, permitió reducir la presión sobre el trabajo. Bruscamente, por primera vez desde los buenos tiempos de la plutocracia industrial del siglo XIX, el desempleo dejó de ser un problema. Una persona podía incluso aspirar a no tener estudios superiores, ingresar a un trabajo cumpliendo la mayoría de edad, y permanecer en el mismo hasta la edad de jubilación. Hoy en día el panorama es distinto, por supuesto. Por un lado, las empresas se preguntan para qué pagar contratos de trabajo, si bajo el sucio subterfugio del trabajo a honorarios se ahorran todas las prestaciones laborales, y externalizan fuentes laborales a mansalva. Por el otro lado, los propios profesionales se han vuelto ambiciosos, y ya no se conforman con una casita en los suburbios y unas buenas onces familiares; ahora, hasta el más zarrapastroso de los patipelados aspira a sus buenas vacaciones en Cancún o Europa "porque yo lo valgo". En ese ambiente, la competencia laboral se ha vuelto dura, y el umbral de eficacia necesario para prosperar, o simplemente sobrevivir, se ha elevado.

Lo interesante del caso es que este súbito descubrimiento de la responsabilidad laboral, que es positivo, no se ha traducido en una responsabilidad a nivel social. El individualismo campea a sus anchas. Incluso en la Guillermocracia hemos tratado el tema de manera tangencial, a propósito de otros tópicos: crece el número de personas imposibles (Personas imposibles), la gente espera ser reverenciada sin ellos reverenciar a nadie (Do ut des: Sobre la reciprocidad), todos se sienten especiales (Nadie es un zombi en el apocalipsis zombi)... En resumen, una sociedad en donde a nadie le importa nadie, nadie se preocupa por nadie, y nadie ama a nadie.

Un ejemplo me servirá para ilustrar el particular. Una chica que fue mi novia hace muchos años atrás, se atrasaba de manera crónica en nuestras citas, y lo hacía casi a propósito, porque cuando yo me acostumbraba a que se atrasara una relativa cantidad de tiempo y yo mismo ajustaba mi reloj, ella se las ingeniaba para retrasarse todavía más. En una ocasión le pregunté si siempre llegaba igual de atrasada a su trabajo, a sabiendas de que dicho trabajo implica una coordinación de horarios entre varias personas, de modo que su propia jornada de trabajo estaba estructurada de manera tal que si no cumplía con lo suyo a una determinada hora, ya no podría hacerlo sino hasta el día siguiente. Ante mi pregunta, ella guardó silencio. Evidentemente, a su trabajo sí que se esforzaba en llegar a la hora porque se le iba la paga y el puesto en ello; pero como ése no era el caso conmigo, pues...

Hay en esto como una especie de relajamiento de la moral personal. El irresponsable personal utiliza varios argumentos para no tener que hacerse responsable de su vida personal. Pero todos ellos se reconducen siempre a alguna variante de criticar el mundo ancho y opresivo a su alrededor, que conspira a niveles cósmicos para impedirles cumplir. Cierta otra chica con la que salí durante un tiempo, tenía la mala costumbre de cancelar citas porque siempre había alguien más que a última hora le decía que no se fuera todavía, que esperara, que mejor se juntara con ella... Al último instauró el "no sé si pueda, mejor yo te llamo". Después de la tercera o cuarta vez que no llamó porque "resulta que mi papá..." o "resulta que mi amiga..." o "resulta que mi compañero de trabajo...", opté por no hacer más caso. De hecho, en los últimos años solamente había sabido de ella para los saludos protocolares de cumpleaños, y este último año 2.014, ni siquiera por eso. Yo siempre he tenido por filosofía que si me comprometo con alguien, ese tiempo está dedicado a ese alguien con preferencia, y cancelo el compromiso únicamente ante situaciones graves o urgentes. El punto es que para esta chica era más o menos lo mismo... solamente que todas las situaciones eran siempre graves y urgentes. ¿Por qué? Porque ella veía que el mundo entero siempre la forzaba en la dirección que no quería, y eso era la excusa perfecta para eximirse de toda clase de responsabilidad por sus compromisos.

He observado en círculos de incluso menor edad, un fenómeno más interesante todavía. Entre las actuales generaciones de universitarios, es decir entre los veinteañeros, se ha producido una separación entre el estudio y el trabajo. Muchos de ellos trabajan a una escala que los actuales treintañeros, cuando tenían veinte, ni siquiera se lo pensaban. Y coinciden en que son preocupados por sus trabajos... hasta que se van. Es decir, cumplen y son responsables, pero si no les gustan, renuncian. Hasta ahí, nada que objetar. En cuanto a los estudios, por el contrario, tienden a ser bastante más flojos y patanes. Es decir, en la responsabilidad profesional se ha exacerbado el espíritu de la ganancia inmediata por encima de los proyectos a largo plazo. Y en lo personal, lo de irresponsables personales se ha transformado casi en un sobreentendido... pero ellos mismos tampoco se exigen demasiado entre sí porque han adoptado dicha cultura de la irresponsabilidad personal como un verdadero modus vivendi por defecto; son de filosofía vive y deja vivir, pero no por verdadera tolerancia personal, de la que tienen más bien poca, sino más bien porque el primero que se le ocurra ponerse exigente, o sea pondrán exigentes de vuelta con él, o lo aislarán y transformarán en un paria. Y la muerte social en esta era de interconexión a través de redes sociales, es mucho peor de lo que solía serlo antes de Internet.

¿Irá a producirse en algún minuto un rebote? ¿Se producirá un sentimiento de asco hacia el exceso de irresponsabilidad y volverá el péndulo hacia el otro lado, hacia una mayor búsqueda de responsabilidad personal? Es de desear que sí. Todo nuestro sistema democrático se basa en la idea de conjugar derechos individuales con responsabilidades sociales. Tenemos varios nombres no demasiado graciosos para una cultura de derechos sin responsabilidad: anarquía, caos, guerra civil. Porque es cierto que en un mundo estilo Mad Max, todos tienen derechos sin ninguna responsabilidad... pero también tienen por delante como expectativa, una vida demasiado breve para disfrutar de ese paraíso.

jueves, 26 de noviembre de 2015

007x25 (5 de 5) - James Bond contra el Terror.

Daniel Craig como James Bond en Casino Royale.
A punto de entrar al siglo XXI, James Bond volvía a estar en la picota. La pausa de seis años entre Licencia para matar y Goldeneye le habían hecho mella, en particular por el final de la Guerra Fría, y de pronto, no poca gente se preguntaba si 007 seguiría siendo relevante como ícono de la cultura popular. Entonces llegó Goldeneye, que fue saludada como un regreso en gloria y majestad, sólo para que sucediera un poco lo mismo que con La espía que me amó, en su minuto, que en vez de haber iniciado una segunda edad de oro para la franquicia, fue apenas una pausa entre películas mediocres. Porque con El mañana nunca muere y El mundo no basta, la franquicia estaba diluyéndose otra vez. Y en medio de esto, llegó el aniversario número 40, en 2.002, que los productores celebraron con la entrega número 20 de la franquicia oficial, 21 en nuestro conteo porque hemos incluido a la no oficial Nunca digas nunca jamás, y con ello, la ocasión de rodar una entrega Bond particularmente salvaje, y memorable. La intención era ésa, al menos, porque la verdad es que Otro día para morir fue saludada con befas y cuchufletas por todas partes.

Si hay algo que ha caracterizado a los productores de películas Bond, es de ir tomando notas acerca de qué funciona en determinadas épocas y subirse a los carros. Esta vez, notaron el éxito de la franquicia de Jason Bourne, particularmente de La supremacía de Bourne de 2.004, además del concepto de reboot que venía ventilándose con Batman inicia, la verdadera detonante de esa moda. De manera que decidieron aplicar un reboot a James Bond, eliminando los aspectos más camp de la franquicia, y volviendo a lo básico y esencial. El resultado son las cuatro películas que Daniel Craig ha rodado entre 2.006 y 2.015 en el personaje, y que sin lugar a dudas, son las más divisivas dentro de la franquicia, porque ninguna otra etapa ha resultado tan combativa entre quienes las adoran, quienes las odian, y quienes las encuentran que sí pero no, o no pero sí. Pero lo que nadie discute, es que el Bond de Craig en definitiva no se parece a ningún Bond fílmico anterior, salvo en cierta medida al de Timothy Dalton, y para quienes han leído las novelas... es el primer James Bond fílmico que sí más o menos se parece, en cuanto a carácter, al Bond de las novelas.

21.- Die Another Day (2.002).

  • Títulos varios: Otro día para morir en Argentina, 007: Otro día para morir en México, Muere otro día en España (la franquicia estuvo a punto de morirse el mismo día, lo que hubiera sido irónico).

Siguiendo la tónica de una película Bond nueva cada dos años, la sucesora de El mundo no basta debería haberse estrenado en 2.001; sin embargo, fue postergada hasta 2.002 para coincidir con los cuarenta años de la franquicia, y los cincuenta años de la publicación de Casino Royale, la primera novela de James Bond. Hubo rumores acerca de que el argumento iba a ser significativo para Inglaterra, incluyendo la idea de que 007 iba a ir al rescate del Primer Ministro de Inglaterra, secuestrado en Irlanda; al final, esto no llegó a ser. Pierce Brosnan regresó por cuarta y última vez al rol, mientras que Toby Stephens fue contratado como el villano. Una de las chicas Bond es Halle Berry como Jinx, una poco convincente agente de la CIA, aunque su bikini naranja terminó siendo un momento icónico de la saga; su casting generó una curiosa situación de trivia cuando se transformó en la primera chica Bond en ganar un Oscar de manera simultánea a estar rodando una película Bond: lo hizo por Cambio de vida. La otra chica Bond es Rosamund Pike, más famosa hoy en día como la psicopática esposa de Perdida, de David Fincher. A veces se acredita a Madonna como chica Bond, atendido a que es la primera cantante de una canción Bond que hace un cameo en la película. John Cleese, presentado en la entrega anterior, ahora pasa a ser el nuevo Q, aunque sólo por esta película, debido a que en la siguiente entrega, Casino Royale, los gadgets serían arrojados por la ventana, y Q con ellos. Es también la última película en que Samantha Bond, la Moneypenny de todo el período de Pierce Brosnan, interpreta al personaje. Por ende, Judi Dench como M es la única actriz que siguió interpretando su rol en el reboot Casino Royale. En la dirección estuvo Lee Tamahori, quien había llamado la atención desde su Nueva Zelanda nativa con El amor y la furia en 1.994, y que sufrió el destino de tantas jóvenes promesas que llegan a Hollywood, rodando la rutinaria Mullholland Falls, la interesante Al filo del peligro, y la mediocre Telaraña; después de Otro día para morir, terminaría de despeñarse con xXx: Estado de emergencia y El vidente. En la banda sonora repitió David Arnold, mientras que Madonna interpretó la canción Bond, y en este caso usamos la palabra canción como una mera formalidad, porque este montón de chirridos electroclash es seria candidata a peor canción Bond de todas.


"Tenías una cápsula de cianuro" (M, cuestionando a Bond por dejarse capturar). "La arrojé años atrás" (respuesta de 007, irónica si se piensa que ésta es la última Bond de Brosnan).
La película se abre en Corea, otra vez con Bond infiltrado en una turbia operación comercial, sólo para variar un poco. Alguien sospecha, lo identifican, y James Bond tiene que salir escopetado. Luego de una persecución por todo lo alto, vemos lo nunca visto: ¡la escena de precréditos termina con Bond capturado! Luego, al ritmo de la mencionada horrible canción electroclash de Madonna, uno de los puntos más negros en la música de la saga bondiana, lo repetimos para remachar el concepto, vemos como Bond es torturado con hielo y escorpiones, o algo así. Catorce meses después, Bond es liberado en un intercambio de rehenes al estilo Puente de espías. M lo suspende, pero Bond está convencido de que alguien dentro del Servicio Secreto lo ha traicionado, y se lanza a investigar por su cuenta. Todo lo va a llevar hasta una oscura conspiración que involucra a Corea del Norte, un millonario megalomaníaco, y por supuesto, no podía ser menos tratándose de un hito tan icónico como la película veinte en el cumpleaños cuarenta... un satélite artificial como arma de destrucción masiva. Acompañado por la agente de la CIA llamada Jinx, siguiendo los denodados esfuerzos de la franquicia por presentar chicas Bond fuertes, y por Miranda Frost, agente británica interpretada por Rosamund Pike, y que desata uno de los spoilers más adivinables en toda la historia de la franquicia.

La idea y conceptos de la película, acerca de un Bond capturado y torturado, y por lo tanto no plenamente confiable a su regreso porque podría haber sido convertido en un agente manchuriano (como de hecho ocurre en la última novela de Ian Fleming, en otro contexto) no parecían malos a priori, pero en su afán por llevar la acción Bond al máximo, se pasaron algunos pueblos. En esta película vemos a James Bond haciendo surf, algo no demasiado propio del personaje, además de un automóvil invisible, un castillo de hielo, y manipulación genética que aparentemente funciona con magia; huelga decir, todos estos elementos cubrieron de ridículo a la película. También, el intento de crear un híbrido entre el James Bond más geopolítico, con una intriga centrada en las dos Coreas, con el James Bond más extravagante, con un satélite artificial utilizado como arma de destrucción calorífica, fue algo que no terminó de cuajar bien del todo. En Corea del Sur, la película fue recibida con rechiflas, irónicamente si se considera que los surcoreanos en ella son los buenos, contra los malvados norcoreanos: que los soldados surcoreanos sean presentados como patiños de los estadounidenses, o que Bond al final de la película elija un templo budista para hacer gimnasia erótica con Jinx, algo ayudó a eso. La película lo hizo bastante bien en cortar boletos, siendo de hecho la sexta película más taquillera de 2.002, superada sólo por Las dos torres, Harry Potter y la cámara de los secretos, Spider-Man, El ataque de los clones y Hombres de negro II, pero para todo el mundo, productores incluidos, resultaba claro que la primera película Bond del siglo XXI todavía olía excesivamente a siglo XX, y que si iban a seguir manteniendo la franquicia con vida, debían tirar hacia otros rumbos. De todos modos, se planificó un spin-off con Jinx, pero después de los relativos fiascos de Los ángeles de Charlie: Al límite, y de Lara Croft: La cuna de la vida, al proyectado spin-off le cortaron el cable de alimentación. Nunca sabremos si Halle Berry hubiera hecho el ridículo o no, pero al menos, por un tema de agenda, quizás no habría estado disponible para rodar Gatúbela en 2.004, porque ya sabemos en qué acabó eso.

22.- Casino Royale (2.006).

  • Títulos varios: 007: Casino Royale en México.

Después del relativo bochorno de Otro día para morir, se imponía un cambio, algo que se hacía más desesperado considerando que el hiato de cuatro años fue el más larga desde la espera de seis años para Goldeneye. Pero los productores tenían un as bajo la manga, nunca mejor dicho tratándose de una película con casino en el título: en 2.000, se habían hecho con los derechos de Casino Royale, la primera novela de James Bond, única que había quedado fuera de la adquisición del personaje por Albert Broccoli en su día porque sus derechos ya habían sido vendidos para el programa televisivo Climax de 1.954. Quedó decidido: la siguiente película de 007 iba a ser un reboot en donde se narraría cómo Bond llegó a ser Bond, y se basaría en esa novela. Acto seguido, Brosnan fue despedido esencialmente por viejo, y la búsqueda de un nuevo Bond llevó hasta Daniel Craig, actor que algo se había hecho notar gracias a Lara Croft: Tomb Raider, Camino a la perdición y Munich, además de por No todo es lo que parece, película esta última que le garantizó el rol de Bond. En el camino quedaron cerca de 200 actores, incluyendo a Julian McMahon, Dominic West, Gerard Butler y Henry Cavill (sí, Superman), mientras que Hugh Jackman... lo rechazó. Un síntoma del recambio: Craig es el primer actor que interpreta a Bond, y que nació después de 1.962, el año en que empezó la serie de películas. El propio Craig no estaba convencido de tomar un papel que en la época era tan formulaico, pero cambió de idea tras leer el guión. Para el rol, Craig tuvo que subir siete kilogramos de masa muscular, y que por preparación no se quede, habló con agentes del Mossad y del Servicio Secreto británico que habían prestado asesoría en Munich. Apenas se supo del casting, las críticas arreciaron, en parte por ser rubio, lo que le ganó el apodo de James Blond... y más aún cuando Daniel Craig apareció en una presentación pública en una lancha con chaleco salvavidas, aparentemente porque la gente es demasiado estúpida como para distinguir al personaje, que desayuna peligro mezclado con trinitrotolueno, con el actor, que sí debe cuidarse un resto, aunque sea para que se quede quieta la aseguradora; ya vendría la película para taparles a todos la boca. El villano Bond fue interpretado por Mads Mikkelsen, en el rol que lo catapultó a la fama, y algo menos de una década antes de interpretar a Hannibal Lecter. Jeffrey Wright fue contratado para interpretar al primer Felix Leiter negro; el personaje aparece en la novela, pero acá sirve para remarcar que es un reboot porque en la continuidad original, recordemos, Leiter había acabado como bufete para tiburones, en Licencia para matar. La chica Bond aquí fue Eva Green como Vesper Lynd, en el rol que la lanzó a la fama; la actriz dejó en el camino a Cecile de France y Audrey Tautou, ambas buenas actrices y también francesas, pero... algo menos favorecidas, digámoslo así. Otras descartadas de otras nacionalidades fueron Aishwarya Rai, Jennifer Connelly, Rachel McAdams y Olivia Wilde. En la dirección reapareció Martin Campbell, director de Goldeneye, el primero en repetirse el puesto desde Scott Glen casi dos décadas antes; así, Campbell ayudó a salvar dos veces a Bond, primero rodando la primera y mejor película de Brosnan, y ahora rodando la primera y mejor película de Craig. De paso, no habría Q ni Moneypenny, sólo para remachar más el punto de que es un nuevo comienzo; Judi Dench, eso sí, siguió como M porque su interpretación le gustaba mucho a Campbell, por lo que al final la buena señora apareció en ocho películas Bond (aunque en Spectre lo hace apenas en video). Otro que sobrevivió a la escabechina generalizada fue David Arnold, quien se hizo cargo de la banda sonora por cuarta vez en la franquicia, mientras que la canción Bond cayó en las manos de Chris Cornell, porque nada dice más recambio que contratar a un antiguo vocalista grunge, género musical que partió contestatario al sistema, para darle voz a una canción Bond, defensor del capitalismo por antonomasia.


"Vodka martini" (James Bond, después de que se le ha ido una mano millonaria). "¿Batido o revuelto?" (el cantinero, por supuesto). "¿Me veo como alguien a quien eso le importe un carajo?" (Bond mostrando que todavía no es completamente Bond).
En un escenario tan icónico de la Guerra Fría como lo es una Praga en blanco y negro, vemos como James Bond embosca a un pobre diablo que ha estado vendiendo secretos de los que no deben venderse porque son secretos, justamente. Luego de meterle bala al traidor, queda implícito que James Bond adquiere su licencia para matar, no explicando nunca cómo es que se obtiene la licencia para matar después de haber matado a un par de infelices, y no antes. Como sea, vemos en la siguiente secuencia a un James Bond más físico que nunca, persiguiendo a un fulano que está en alguna clase de relación con un tipo que mueve finanzas para el terrorismo internacional. Bond se carga al terrorista y ocasiona un incidente internacional, pero las pistas le permiten investigar a otro sujeto en las Bahamas, lo que lleva a evitar un atentado terrorista en Miami. Todo eso pone al descubierto a un sujeto llamado Le Chiffre, que se ha quedado sin finanzas, y ahora es perseguido por la organización para la que debe recaudar fondos. Por lo que recurre a una maniobra desesperada: una kermesse de colegio partida de póker con apuestas millonarias, en donde espera recuperar todo lo perdido. Partida a la que 007, financiado por el Servicio Secreto británico, deberá entrar, aún a riesgo de que si Bond pierde, el dinero del Gobierno británico habrá ayudado a financiar el terrorismo internacional...

Decir a estas alturas que la película fue saludada con honores y gloria, es una obviedad. Después de años con 007 más o menos navegando por las aguas de la intrascendencia, de pronto Bond era importante otra vez. Ayudó mucho, por supuesto, que la película logró un regreso a lo básico muy aceptable; en lo físico de la acción, en la implicación de la geopolítica internacional, y en el concepto de una organización siniestra manejándolo todo en las sombras, esta película invoca muchas vibraciones procedentes de Desde Rusia con amor. También, esta película aterrizó a James Bond muy bien dentro de un mundo envuelto en la llamada Guerra contra el Terror. Al mismo tiempo, su negativa persistente a no usar, o bien su uso subversivo de conceptos claves de la franquicia, ayudan mucho a su aroma de historia de los orígenes: vemos a Bond mejorando su gusto en trajes o fastidiándose porque le preguntan si un trago debe ser de tal o cual manera, Bond por una vez en la vida realmente se enamora (la otra es Al servicio secreto de Su Majestad), el villano prefiere métodos simples de tortura en vez de las sofisticadas trampas estilo Austin Powers, etcétera. También el casting de Daniel Craig resultó ser perfecto, probablemente el mejor Bond desde el mismísimo Connery, con perdón de Timothy Dalton, que lo hizo muy bien, pero que tuvo apenas dos películas para probarse, y una de ellas, Licencia para matar, no demasiado Bond durante la casi totalidad del metraje. Hubo críticas negativas, eso sí, incluyendo las que acusaron a la franquicia de imitar a Jason Bourne, y más lejanamente, a Jack Bauer en 24, las cuales siguieron con Quantum of Solace por supuesto, y la verdad es que razón no les falta. Sin embargo, sumando y restando, resultó que nuevamente la franquicia estaba caminando como un titán sobre sus dos pies. Pero sin embargo...

23.- Quantum of Solace (2.008).

  • Títulos varios: 007: Quantum of Solace en Argentina y España, 007: Quantum en México.

Casino Royale había significado el regreso de Bond en gloria y majestad. Sin embargo, dicho regreso había dejado la vara demasiado alta. Los productores decidieron arriesgarse con un concepto novedoso en la franquicia: la secuela directa. En las primeras películas Bond, en la era de Connery, puede alegarse que existe algo parecido a una continuidad, en particular entre Al servicio secreto de Su Majestad y Los diamantes son eternos, y películas posteriores han hecho guiños a entregas anteriores. Pero nunca se había rodado una película Bond que fuera continuación realmente directa de la anterior, y ésta lo es, hasta el punto que su primera escena transcurre apenas minutos después, dentro del universo narrativo, que la escena final de la anterior. Hubiera sido una buena idea... de no ser porque el guionista Paul Haggis acabó su labor apenas un par de horas antes de que comenzara el paro masivo de guionistas de 2.007, y las prisas al respecto le pasaron una pesada factura al resultado final; de hecho, la idea misma de que Bond está motivado por venganza, nuclear a la película... es una adición de último minuto entre Craig y el director. Después de esta película, y en vista de los resultados, Craig juró no volver a rodar nada que no tuviera un guión ya perfecto y acabado. Y hablando del sillín de director, Marc Forster reemplazó a Martin Campbell como director, y su idea de cómo es dirigir una película de acción fue seguir punto por punto el manual del cine de acción de esos años, incluyendo el horroroso abuso de la cámara en mano que era herencia de Rescatando al soldado Ryan y La caída del Halcón Negro entre otras, lo que incidió en el negativo resultado final. Mathieu Amalric interpretó a Dominic Greene, el villano, pero Marc Forster tenía la idea de que el principal oponente de Quantum debía carecer de rasgos distintivos para representar mejor el camuflaje de Quantum con el resto de la sociedad... olvidando que una de las características básicas de toda película Bond, es que el villano debe tener algún rasgo físico especial, aunque sea sutil. La chica Bond principal fue la boliviana Camille, interpretada por la ucraniana Olga Kurylenko, en uno de los errores de casting más absolutos de toda la franquicia, en particular considerando que existe plenitud de actrices latinas en Estados Unidos, no necesariamente bolivianas, que hubieran dado mucho más el tipo tanto en lo físico como en lo actoral. En la banda sonora repite David Arnold por quinta vez, mientras que Alicia Keys y Jack White interpretan Another Way to Die, otro serio contendor a peor canción Bond de la historia. Para la anécdota quedó el momento en el rodaje en pleno Desierto de Atacama en Chile, utilizado como locación para representar a Bolivia, en que una autoridad chilena intentó irrumpir en una camioneta, porque le era intolerable que el suelo chileno fuera utilizado como territorio de Bolivia; cómo Evo Morales no se colgó de alguna manera de ese incidente y no utilizó como antecedente en su demanda ante La Haya para demostrar que los chilenos son malos malísimos, es un misterio para las edades venideras.


"La primera cosa que debes saber sobre nosotros es... tenemos gente en todas partes" (el Sr. White, siendo interrogado acerca del grupo Quantum).
James Bond ha capturado al Sr. White, y lo lleva a sitio seguro para interrogarlo. Desafortunadamente, uno de los agentes que custodian al Sr. White en realidad trabaja para el enemigo, y siembra el caos. El agente en cuestión acaba muerto por Bond, mientras que el Sr. White desaparece, pero una pista en concreto lleva a Bond hasta Haití, hasta un asesino contratado para matar a Camille Montes, la chica que es amante del ambientalista Dominic Greene. Este personaje sigue la tradición propia de Hollywood, de que todos los empresarios que tienen conciencia ecológica en realidad son villanos hipócritas. Bond inicia entonces una persecución a través de varios continentes, siempre siguiendo la pista de Greene y Mr. White, quienes tienen alguna clase de relación con un oscuro grupo financiero llamado Quantum, que no pudo ser Spectre por problemas de derechos de autor, pero que muy en el fondo, ejerce el rol que en la continuidad anterior Bond, cumplía SPECTRE. En medio de todo esto, 007 se ve involucrado en un diabólico plan para privatizar el agua de Bolivia. Vista en Chile, buena parte del público se partió de la risa ante la ingenuidad desarmante de la película, que presenta semejante plan como un acto de villanía sin igual: en Chile, toda el agua ya está privatizada en beneficio de empresas españolas, lo que hace buena la pregunta de si el capitalismo financiero español trabaja o no para Quantum.

Quantum of Solace en general fue mal recibida. Demasiado oscura, demasiado dependiente de su carácter de secuela, y con un Bond que cuando al final de la película anterior por fin llegaba a ser el 007 de toda la vida, sigue pareciendo muy poco Bond, como un remake poco afortunado de Licencia para matar. Pero con todos sus importantes defectos, Quantum of Solace consigue algo inédito en las películas Bond: crear un terrorífico ambiente de paranoia internacional. En las películas Bond siempre se ha planteado que el sistema es más o menos perfecto, y los enemigos vienen siempre desde afuera para subvertirlo. El grupo Quantum podrá ser un sustituto de Spectre amigable con los abogados (se aplicará retrocontinuidad sobre esto en Spectre, por supuesto), pero en algo difiere: mientras que Spectre siempre operaba un tanto en los márgenes del sistema, creando el caos más bien desde el exterior, Quantum por el contrario lo ha conseguido infiltrar hasta el punto en que puede gritarse Heil Hydra!!! sostenerse que Quantum de una forma u otra, si no es el sistema, al menos tiene un enorme grado de control sobre el mismo. Quantum of Solace se las arregla para proyectar una paranoia muy real a comienzos del siglo XXI: que es muy posible que la democracia y nuestros sistemas políticos ya no nos pertenezcan, sino que hayan sido secuestrados por un sistema financiero internacional que no tenga muchas intenciones de dárnoslo de vuelta.

24.- Skyfall (2.012).

  • Títulos varios: 007: Operación Skyfall en toda Latinoamérica.

Después de la recepción más bien gélida de Quantum of Solace, la franquicia tuvo problemas serios en encarrilarse, que venían de otra parte: la estrepitosa quiebra de MGM, que privó de financiamiento a la por ese entonces llamada Bond 23. Pero 007 es una gallina cuyos huevos de oro son demasiado dorados, de manera que el polvo se asentó bastante rápido, lo suficiente como para que entrara una nueva película en producción; aún así, los cuatro años entre Quantum of Solace y Skyfall son tan largos como el reboot que significó Casino Royale. Y es revelador que Skyfall termina siendo no una secuela directa como Quantum of Solace, sino que incluso deja por completo de lado la subtrama del grupo Quantum, para centrarse en un villano completamente diferente, a lo menos hasta que Spectre en 2.015 nos revele que Silva, de alguna manera, sí tenía conexiones con Quantum. Había también un motivo adicional para apurar la secuela: estrenarla en 2.012 la hacía coincidir con los 50 años de la franquicia en el cine. Como director fue llamado Sam Mendes, que si bien había rodado algunas escenas que califican como de acción, tiende a ser un director contemplativo, lo que lo hace una elección extraña; se puede discutir sobre el resultado final, pero es innegable que el ritmo algo más pausado y la peculiar cinematografía son cosas que no se habían probado en una película Bond. En el rol del villano fue contratado Javier Bardem como Silva, y su interpretación resultó... divisiva, en realidad, considerando que con él, regresó una buena cuota del camp que había sido dejado de lado con Casino Royale y Quantum of Solace. Esta entrega marcó también el regreso de dos personajes clásicos, aunque reimaginados para los nuevos tiempos: Moneypenny, interpretada por Naomi Harris un poco más como una chica de acción y ligeramente más sexualizada, y Q, interpretado por Ben Whishaw como un adorable y joven nerd. La banda sonora recayó ahora en Thomas Newman, colaborador habitual de Sam Mendes; la canción Bond por su parte sería interpretada por Adele, de manera tan gloriosa que le mereció uno de los poquísimos Premios Oscar que se ha ganado la franquicia.


"Estoy asustada porque a nuestros enemigos ya no los conocemos. Ellos no existen en un mapa. Ellos no son naciones, sino individuos. Y miren alrededor de ustedes. ¿A quiénes temen? ¿Pueden ver una cara, un uniforme, una bandera? ¡No! ¡Nuestro mundo no es más transparente ahora, es más opaco! Está en las sombras. Es en donde debemos batallar. Así es que antes de que nos declaren irrelevantes, pregúntense a ustedes mismos, ¿cuán seguros se sienten?" (M, en audiencia ante un comité).
En Estambul, James Bond está a la caza de un mercenario que se ha robado un disco duro con una nómina de agentes secretos repartidos por todas partes, lo que lo lleva a una estrambótica escena de acción en un tren que, pese a estar bajo ataque, por alguna razón no se detiene. Se libra una batalla decisiva entre 007 y el blanco enemigo sobre el techo del tren, y M decide irse a la segura y hacer que una agente femenina dispare un tiro. Por accidente, el mismo llega hasta Bond, que cae a un río y se lo da por muerto, aunque por supuesto, siendo la franquicia sobre 007, en realidad no está muerto. Poco después, el Servicio Secreto de Inglaterra sufre un devastador ataque terrorista, que pone a éste y a su jefa M bajo el escrutinio de los políticos. En este minuto es cuando 007 hace su reaparición. Tras una serie de exámenes físicos que demuestran la incapacidad de Bond para el servicio, aún así M lo pone en el campo de nuevo, y lo envía a Shanghai, probando una vez más que sale más a cuenta caerle bien a los superiores que sacarse buenas notas en este mundo. Comienza así la persecución de Silva, un peligroso ciberterrorista que, según se revelará, tiene cuentas pendientes con M.

A pesar de tener sus detractores, lo cierto es que Skyfall resultó un bulldozer en todos los respectos: la crítica la adoró, y el público la encumbró hasta la película Bond más taquillera del primer medio siglo de la franquicia, ajustes por inflación inclusive, la primera en pasar la barrera de los mil millones de dólares de recaudación, y siendo superada sólo por Los Vengadores en la taquilla de 2.012. Algo bastante raro si se piensa que, desde cierto punto de vista, Skyfall no es exactamente una película Bond típica. El villano es un terrorista informático que siembra el caos a su alrededor, pero su objetivo no es el dominio mundial sino una venganza privada. Tampoco tiene a disposición una base de operaciones demasiado aparatosa ni incontables reservas de matones, aunque en la siguiente película se especifica que está conectado con Spectre, que parece estarlo financiando. El villano es capturado a mitad de película, y después el problema es en realidad qué hacer con él, también otro argumento inusual en una película Bond. Toda la segunda mitad de la película transcurre en Inglaterra, la patria nativa de Bond, en vez de que éste viaje a otra locación exótica, como es lo habitual. Y la secuencia final, lejos de ser una aparatosa batalla final o un asalto contra la guarida del villano, presenta por el contrario una batallita en el hogar ancestral de James Bond, entre Bond, M y un tercer personaje por un lado, y un pelotón de mercenarios por el otro... con el villano obteniendo el triunfo final, aunque a un alto costo personal. En resumen, Skyfall es prácticamente una subversión del guión promedio de las películas Bond, tan gigantesca que cuesta creer que no la hayan escrito así a propósito. A la luz de todo esto, uno puede preguntarse cuánto en realidad es odiado el antiguo Bond en la actualidad, si una de las películas Bond recientes más aclamadas es una que da vuelta a la torera el grueso de los tópicos propios de la franquicia, en vez de seguirlos de manera canónica.

25.- Spectre (2.015).

  • Títulos varios: 007 Spectre en México, Spectre 007 en España.

Al igual que después de Casino Royale, Skyfall había dejado la vara alta para su sucesora, y más aún cuando se reveló que el título de la nueva película iba a ser Spectre, refiriéndose por supuesto a la mítica organización secreta contra la cual luchara el Bond de Connery. Por un minuto se barajó que Christopher Nolan la dirigiera, lo que hubiera resultado graciosísimo considerando lo mucho que Skyfall le debía a The Dark Knight. Otros nombres potenciales fueron Ang Lee (Hulk), David Yates (las últimas de Harry Potter), Danny Boyle (Sunshine) y Shane Black (Iron Man 3); pero finalmente, Sam Mendes decidió repetirse el plato. El rol del villano fue a dar a las manos de Christoph Waltz, después de que Gary Oldman lo declinara. La chica Bond principal fue Léa Seydoux, quien hilarantemente ya había sido asesina a sueldo en Misión Imposible: Protocolo Fantasma. Pero el verdadero ruido lo hizo el casting de Monica Bellucci como chica Bond a sus cincuenta bien cumplidos, superando la marca de 39 años de Honor Blackman, aunque luego resulte que la Bellucci aparezca apenas en dos secuencias; la propia Bellucci estaba tan sorprendida por el llamado, que pensó inicialmente que le estaban pidiendo interpretar a una nueva M, en reemplazo de Judi Dench y yo hubiera pagado por ver eso. Irónicamente, casi dos décadas antes, la Bellucci estuvo a punto de ser Paris Carver, la chica Bond de El mañana nunca muere, pero al final, como sabemos, el rol acabó siendo para Teri Hatcher... Para matón del villano fue llamado Dave Bautista, famoso por ser Drax en Guardianes de la Galaxia, aunque luego su personaje dice menos palabras que Groot, lo que es una clase de récord, y no estoy bromeando en esto. Jesper Christensen repite por tercera vez como el Sr. White, villano recurrente del Bond de Craig, vinculado a Quantum. Por segunda vez en una racha, Thomas Newman se hizo cargo de la banda sonora, mientras que la brutal y grotescamente sobreproducida canción Bond, titulada Writing's on the Wall, fue interpretada por Sam Smith.


"Un hombre vive dentro de su cabeza; ahí es donde está la semilla de su alma. James y yo estuvimos ambos presentes recientemente cuando un hombre fue privado de sus ojos, y la cosa más asombrosa sucedió, ¿no te diste cuenta? El ya no estaba más ahí. El se había ido a pesar de que estaba todavía vivo, así es que en ese breve momento entre la vida y la muerte, no había nadie dentro de su cráneo. Muy extraño" (Blofeld, en un clásico momento de psiquiátrico).
En la secuencia de precréditos, que recupera la apertura inicial con el disparo contra el cañón de la pistola, vemos a James Bond correteando por los tejados de Ciudad de México, dejando atrás a una chica para jugar con su arma en solitario perseguir y eventualmente meterle un tiro a un terrorista al que le va siguiendo la pista. Cuando está a punto de cargárselo, el grupito terrorista se da cuenta y dispara de vuelta. 007 inicia entonces una persecución que lo lleva hasta el helicóptero mismo en donde su oponente se está fugando, obteniendo por el camino un valioso anillo con un símbolo: un pulpo. En realidad, 007 ha estado siguiendo las instrucciones que la anterior M le ha dejado en un video, en orden a matar al sicario que ahora está muerto, e ir al funeral. El objetivo es la viuda del terrorista, una despampanante Monica Bellucci a la cual protegerá de un par de matones enviados a liquidarla porque sabe demasiado. Ella es la clave para ir al encuentro de una organización secreta llamada Spectre, dentro de la cual James Bond descubrirá un oscurísimo secreto de su pasado, aparte de iniciar la cacería del líder de la misma.

En cierta medida, Spectre encarrila de nuevo la franquicia dentro de cauces más tradicionales, luego de que tanto Casino Royale como Quantum of Solace y Skyfall exploraran otras posibles narrativas para 007, siendo la primera una historia de los orígenes del personaje, la segunda una en que 007 se vuelve un agente renegado para perseguir una venganza personal, y la tercera una en que tanto la utilidad y función de la sección doble cero en un mundo informatizado, y los mismísimos mecanismos narrativos de la franquicia, son examinados y cuestionados. Spectre por el contrario presenta más o menos el guión Bond estándar, y también un villano que es tambíen la némesis tradicional del agente secreto, o eso por lo menos hasta un acto tercero en donde todo se sale de madre, en realidad. Como sea, el clasicismo de esta entrega ha ocasionado que algunos cuestionen a la película porque temen que signifique negar lo que se perciben como avances que ayudan a sacarse la pesada carcasa de las convenciones narrativas antiguas, mientras que otros por el contrario la consideren un regreso más o menos saludable a lo que Bond quizás nunca debiera haber dejado de ser. De todas maneras, la taquilla ha respondido, y al momento de escribir estas líneas, Spectre va camino a convertirse en una de las entregas de mayor recaudación en la franquicia, en vías de romper el récord de Skyfall, además de haber sobrepasado a Misión Imposible: Nación secreta, película esta última mucho más bondiana de estilo clásico de lo que se quiere admitir, haciendo buena la decisión de los productores de esta última, de haber anticipado el estreno en medio año, o la recaudación quizás hubiera sido significativamente menor.

Pero sea que Spectre sea un saludable retorno a los orígenes o por el contrario el ponzoñoso regreso de una fórmula rancia, lo cierto es que con este comentario le ponemos término a este repaso de veinticinco películas Bond, que se han extendido a lo largo de más de medio siglo, y lo hacemos dejando a la saga en un punto muy alto. Porque para bien o para mal, James Bond es parte de la cultura popular, y si ha conseguido sobrevivir durante tantos años, es por la prolongada habilidad de sus productores para ir adaptando al personaje, a veces bien y a veces mal, a las nuevas modas, tendencias y eventos históricos que se han ido produciendo, en vez de permanecer anclados en la añosa receta de la década de 1.960 en que se originó la franquicia fílmica. El Bond de Craig a estas alturas no es sólo una prolongación de la saga sino una redefinición de la misma, y sus rasgos peculiares no son meros accidentes en el camino, sino transformaciones que hoy por hoy parecen irreversibles; si Bond va después en otra dirección, es seguro que no será hacia atrás, hacia el pasado, o si lo hace, será desde la perspectiva del presente, más o menos como lo hace Spectre. El 007 de Craig es en general tan válido como el de Connery o Moore; y quizás sea mejor apreciado por quienes crecieron viéndolo, en vez de haber crecido con el Bond de Brosnan o el de Moore, que también eran válidos, pero también muy diferentes. No cabe duda de que los defensores del actual Bond de Craig, cuando llegue uno nuevo con un rumbo diferente, abominarán de él porque su Bond es el craiguiano, y no el brosnaniano ni el mooriano. Estos debates y divisiones son muy saludables porque revelan que, en efecto, James Bond es más que una mera propiedad intelectual, y ahora es tan parte del folclor moderno como Superman, los mosqueteros de Dumas, los detectives privados de novela negra o Luke Skywalker. El tenso equilibrio entre la fórmula tradicional y la revisión periódica de la misma, es la savia misma desde la cual se ha alimentado la franquicia, y bien llevado, dicho tenso equilibrio seguirá siendo el motor de la misma, de manera que James Bond pareciera en definitiva tener todo el tiempo del mundo por delante.

martes, 24 de noviembre de 2015

Bastión Esperanza - "Alrededor de la Luna Mayor".


– Tenemos una visibilidad del veinte por ciento de la cara oculta de la Luna Mayor – reportó Azócar. La Capitana Araújo apretó inconscientemente las mandíbulas. Ahora comenzaba la parte más difícil de la misión: mantenerse vivos.

Al igual que la Luna respecto de la Tierra en el Sistema Estelar del Sol, en algún minuto del pasado geológico del planeta Esperanza, éste y la Luna Mayor, el más grande de sus satélites naturales, habían entrado en resonancia gravitacional; el resultado es que la fuerza mutua de mareas había trabado casi por completo la rotación de la Luna Mayor, haciendo que una cara mirara de manera perpetua hacia Esperanza, mientras que en millones de años más, lo mismo ocurriría con Esperanza. Por supuesto, eso hacía más difíciles las cosas para los humanos de Esperanza: si la Luna Mayor rotara sobre su eje a una gran velocidad, era cuestión de esperar a que dicha rotación avanzara para ver qué estaban haciendo los arzawe en la superficie. Sin embargo, no siendo así, a los alienígenas arzawe les había bastado esconderse en la cara oculta, y podían estar construyendo bases completas ahí, sin que nadie desde Esperanza llegara a enterarse, considerando la mortífera eficiencia que mostraban los arzawe en derribar cualquier sonda que se acercara demasiado a la cara oculta de la Luna Mayor.

– Detecto actividad sobre la superficie – dijo Azócar. Y luego, sin esperar instrucciones, se dirigió a la ingeniera de sensores: – Sasaki, en SIMAC.

Procesando los datos con rapidez, Sasaki vertió en la Sala de Intercambio Militar de Asuntos Comunes una proyección completa de la cara oculta de la Luna Mayor. La cantidad de información parecía reventar las menterminales de todos los miembros del puente del Shai Hulud.

– Es horroroso – murmuró Sasaki.

– Silencio, Sasaki – dijo Azócar, de manera suave, pero firme.

Era evidente que los arzawe se habían aplicado a la labor de una guerra total. Parecían haber creado bases en varios puntos de la cara oculta de la Luna Mayor. Y en una amplia llanura, estaban construyendo una base gargantuesca.

– Esa cosa debe medir sus buenos cuarenta kilómetros de diámetro – dijo la Capitana Araújo.

Las naves enemigas estaban a la vista; parecían estar flotando en órbita sincrónica sobre la Luna Mayor. Pero ante la presencia del crucero de batalla Shai Hulud, no manifestaban mayor reacción.

– Esto no me gusta – dijo Azócar. – Capitana... ¿Por qué cree que no nos han atacado todavía?

– Quizás tienen un arma sobre la superficie, una pieza de artillería o algo así – dijo la Capitana Araújo. – Volar a baja altura para esquivar la artillería enemiga puede no ser una buena idea, después de todo. Además, con el rumbo en que vamos, estaremos demasiado cerca de la base gigantesca ésa de los arzawe. Estaremos como en una galería de tiro al pato. Azócar, modifique la trayectoria en un ángulo de 65°. Vamos a tener que emerger al otro lado en las cercanías del Polo Sur de la Luna Mayor.

– Una trayectoria así podría llevarnos a perder la resonancia gravitacional con la Luna Mayor. Sin su asistencia gravitacional, es posible que nunca logremos llegar de regreso hasta Esperanza, Capitana.

– Si están preparándonos una sorpresa desagradable, no es que no llegaremos a Esperanza, es que ni siquiera abandonaremos la órbita de la Luna Mayor en una sola pieza, Azócar. Haga como le dije.

– Sí, señora.

Apenas empezaron a modificar la trayectoria orbital del Shai Hulud, una chica del puente de mando lanzó un grito histérico:

– ¡Capitana! ¡Los niveles de energía de las naves enemigas se están incrementando!

– Mantenga la calma, Yun – dijo la Capitana Araújo. – Azócar, prepare el lanzamiento de los M-61.

– Sí, capitana – dijo Azócar, y luego se comunicó con Ingeniería: – ¡Kamure! ¡Preparen los M-61 para lanzamiento! Estoy enviando la posición de los objetivos.

– Aquí Ingeniería – respondió Kamure vía menterminal. – M-61 preparados y esperando.

Azócar envió las posiciones de las distintas naves alienígenas que amenazaban con disparar. Frente a la desvastadora potencia de fuego enemiga, los misiles M-61 no tenían posibilidad alguna de alcanzar a sus blancos, y si por milagro llegaban a hacerlo, el daño eventual sería mínimo. Pero si las naves alienígenas disparaban sus descargas de energía, alcanzarían a los M-61 antes que a la Shai Hulud, y el magnetismo de la explosión de los M-61 ayudaría a disipar algo de la energía de los disparos enemigos.

– No están disparando todavía – observó la Capitana Araújo. – Azócar, después del lanzamiento de los M-61 pruebe a modificar en 3,5° nuestra trayectoria, según vectores 81, 88 y 104. A ver si eso les hace fallar algún tiro.

La Shai Hulud disparó los M-61. Los misiles eran pequeños, pero numerosos y ciertamente potentes, y por lo tanto, podían ser enviados en varias direcciones.

Las naves enemigas dispararon sus respectivas descargas de energía. Propagándose éstas a la velocidad de la luz, todo sucedió en apenas y literalmente un segundo. Los disparos alcanzaron a los M-61, que interferían en la trayectoria hacia el Shai Hulud, y sus respectivas detonaciones bajaron el poder de fuego. El cambio de trayectoria ayudó a impedir el impacto de algunas descargas enemigas. Pero varias de ellas, aunque debilitadas, lograron impactar de lleno al Shai Hulud. Todas las alarmas saltaron.

– ¡Capitana! – gritó Azócar. – ¡Secciones 17, 27, 51 y 85, comprometidas! Y... y... Perdimos las secciones 51 y 52.

– ¡Las perdimos! – gritó la Capitana Araújo, incrédula, y luego soltó un par de palabras demasiado recias como para ser consideradas parte del vocabulario formal.

– Capitana, ya no tenemos la protección de los M-61. La siguiente andanada...

– Lo sé – dijo la Capitana Araújo, ahora lívida. – Sasaki, empaquete y envíe la información, trayectorias de sonda vectores 12, 19 y 96. Azócar, orden de evacuación.

– ¡Sí, capitana! – gritó Azócar. Y luego, vía menterminal, dio la orden: – ¡A toda la tripulación! ¡Evacuar! ¡Efectivo de inmediato! ¡Repito la orden: Evacuar, efectivo de inmediato!

– ¡Señora! – gritó Sasaki. – ¡El disparo afectó los servomotores de las sondas! ¡No puedo destrabarlas!

– ¡Destrábelas según protocolo de emergencia, y luego evacúe! – gritó la Capitana Araújo.

– Capitana, debemos irn...

– ¡Yo no me voy, Azócar! ¡Es mi nave, y...!

Azócar, por toda respuesta, agarró a la Capitana Araújo violentamente por el brazo. Ella nunca hubiera esperado una reacción así de un subordinado, y no atinó a reaccionar; Azócar se la llevó casi a la rastra.

– Puede usted enviarme a corte marcial por insubordinación después, pero usted se larga – dijo Azócar, y empujando a la Capitana Araújo fuera del puente de mando, ingresó de nuevo en él, y se encerró, dispuesto a dirigir las últimas órdenes de evacuación que fuera menester.

– ¡Azócar, no sea idiota! – gritó la Capitana Araújo. Pero Yun se acercó por detrás de la Capitana.

– Vámonos, Capitana – dijo Yun, con calma suprema dadas las circunstancias, mientras guiaba a la Capitana Araújo hacia las cápsulas de escape.

– Azócar imbécil – dijo la Capitana Araújo, mientras las lágrimas estallaban desde sus ojos, y corriendo ahora con Yun, gruñó entre dientes: – Azócar imbécil, jamás va a sobrevivir para que lo muela a golpes por hacerme sobrevivir a mi propia nave.

OxxxOxOOOxOxxxO

– Logré destrabarlos. ¡Sondas lanzadas... Capit... Azócar...! – dijo Sasaki, haciéndose ella un buen lío con los grados militares, en buena medida por el estrés casi intolerable de la situación.

– Entonces evacúe, Sasaki, y... que tenga una buena vida – dijo Azócar.

– ¡Sí, señor! – se cuadró Sasaki militarmente, y luego de apretar los botones de seguridad del puente de mando, salió corriendo por los pasillos en busca de una cápsula de escape.

Azócar siguió impartiendo órdenes, ordenando así la evacuación, e introduciendo a las cápsulas de escape los nuevos códigos, para que sus trayectorias de lanzamiento se ajustaran a la nueva ruta seguida alrededor de la Luna Mayor por el Shai Hulud; de lo contrario, las cápsulas no se insertarían en la órbita de Esperanza, y jamás podrían ser rescatadas.

En ese minuto llegó la segunda andanada. Tal y como lo preveían, ahora el impacto había sido masivo. El costado entero del Shai Hulud fue volatilizado, y el aire al interior de la nave escapó como una tromba al vacío, quemándose el oxígeno en una fulgurante y breve llamarada. Azócar no alcanzó a reaccionar, cuando de pronto el puente de mando también estalló; la oleada de calor no dejó nada en estado sólido en su interior, salvo algunas piezas de metal, y algunos huesos del infortunado Azócar.

Al darse cuenta de que ya no había aire, Sasaki se tocó inconscientemente la máscara de oxígeno delante de su rostro. Se subió apresuradamente a su cápsula. Unas explosiones se sintieron al fondo; lo último que quedaba del Shai Hulud, estaba detonando. Frenética, Sasaki apretó el botón para lanzar la cápsula. No funcionó.

¿Qué había dicho la Capitana Araújo? Que habían instrucciones en papel impreso. Nerviosa, sacó los mismos y los revisó rápidamente. Sasaki apretó las secuencias de botones respectivas con el automatismo para el cual había sido entrenada. El panel se abrió. Sasaki reventó un minúsculo sello con los dedos, liberó así una pequeña palanca mecánica, y la bajó con todas sus fuerzas.

Los explosivos bajo la cápsula de escape estallaron, y la misma fue lanzada al espacio, con la trayectoria prevista en las instrucciones del papel impreso.

Al alejarse del Shai Hulud, Sasaki pudo ver a través de la ventanilla el espectáculo de varias cápsulas de escape diseminadas por el espacio. Al fondo, los cuatro fierros retorcidos que quedaban del Shai Hulud, terminaron por explotar. La nave ya era medio chatarra desde la Batalla de la Orbita, y ahora lo era por completo, sólo basura espacial flotando alrededor de la Luna Mayor.

Pero no importaba. Gracias a Sasaki, ahora las sondas con la información estaban marchando alrededor de la Luna Mayor, por tres trayectorias distintas. Bastaba que una de ellas saliera de la cara oculta y estuviera a la vista del planeta Esperanza, para transmitir su información, y entonces, los altos mandos que estaban conduciendo la guerra, tendrían el mapa de la cara oculta con todos los movimientos de naves, bases y efectivos de los arzawe.

Satisfecha, Sasaki se dio un minuto para hinchar su pecho con orgullo, por el trabajo bien cumplido. Volvió a ver a las cápsulas de escape. Los alienígenas no parecían tener interés en destruirlas; quizás no las detectaban, o acaso las consideraban demasiado insignificantes para acabarlas.

Y entonces... Sasaki vio la extraña trayectoria de ellas. Como un rayo, descubrió la verdad.

No eran las otras cápsulas de escape las que tenían una trayectoria rara, sino la suya propia. Frenética, revisó de nuevo el texto en material impreso, con las coordenadas que debía introducir... y un terror gélido recorrió su espinazo. Esas coordenadas habían sido impresas antes del cambio de trayectoria en la Luna Mayor. Todas las otras cápsulas habían sido alimentadas con la información actualizada, pero debido al fallo de su propía cápsula, y al hecho de tener que programarla manualmente, Sasaki había introducido las coordenadas previstas en la primera trayectoria; el automatismo de su entrenamiento militar, y el estrés de la batalla, la habían hecho olvidar el recalibrar las coordenadas. Usando los recursos de su propia menterminal, Sasaki calculó la nueva trayectoria.

Jamás lo lograría. La cápsula de Sasaki estaba en una trayectoria que la sacaría de la órbita de la Luna Mayor, como estaba previsto, pero no para llevarla a insertarse en la órbita del planeta Esperanza y ser rescatada, sino para ser lanzada en una trayectoria parabólica cerca del Polo Sur de la Luna Mayor, y luego a salir disparada del plano de la eclíptica del Sistema Estelar, más allá de todo posible rescate.

Al darse cuenta de que estaba condenada a morir de asfixia dentro de la cápsula, cuando se le acabara el oxígeno, Sasaki se quebró, y las lágrimas invadieron su rostro. Las conexiones vía menterminal ni siquiera estaban diseñadas con tanta potencia como para viajar entre Esperanza y la Luna Mayor, por lo que tampoco tendría opción de despedirse de nadie. A pesar de la pérdida del Shai Hulud, la misión había sido coronada con el éxito, pero para Sasaki ya no habría salvación, sino una muerte que caería lentamente como un velo negro encima de su rostro, hasta llevarse su último aliento.

つづく

domingo, 22 de noviembre de 2015

El nacimiento de la épica occidental: Siete puntos claves para entender a Homero.

Busto de Homero de la época helenística (siglos IV a I a.C.).
Si bien siempre es discutible el tema de qué escritor es el mejor en esto o aquello, pocas mentes eruditas dudarían en ubicar a Homero entre los diez más grandes autores de todos los tiempos. Las dos obras que hemos conservado de él, la Ilíada y la Odisea, son sendos monumentos de muchas cosas: de cómo se debe escribir una historia con aliento épico y personajes vivos, de cómo engarzar múltiples elementos narrativos en un todo cohesionado sin que la historia se caiga a pedazos, y de cómo dotar a toda esta arquitectura de una profunda filosofía de vida. Cada vez que alguien me dice que material shonen como Dragon Ball Z o Bleach no son meras historias de combate, sino que en el fondo se trata de historias con valores, sé que tengo adelante a un ignorante que jamás ha tenido a Homero entre las manos. Porque la Ilíada es el shonen definitivo, tanto por argumento como por profundidad espiritual, mientras que la Odisea es la narración de viajes definitiva; las dos obras prácticamente mataron al género en embrión, imponiéndose como modelos tan egregios que cualquier otra cosa posterior se siente como apenas una simple nota a pie de página.

Pero no es menos cierto que Homero es difícil de abordar para el lector moderno. Precisamente porque parece un shonen. Una lectura desatenta puede llevar al lector a preguntarse por qué tomarse la molestia, en vez de sentarse a ver Caballeros del Zodíaco. Lo que es un profundo error, por supuesto. Y es que los casi tres milenios que han pasado desde que se escribieron las obras claves de Homero, no pasan en vano. Homero escribía para una sociedad diferente a la nuestra, estructurada de manera distinta, con otra escala de valores, y con referentes culturales también diversos. Leer a Homero implica también hacer un esfuerzo mental por ponerse en la mente de aquellos primeros escuchas de los versos homéricos, que pensaban y veían el mundo de manera distinta a la nuestra. Y sin embargo, es un esfuerzo que trae aparejada una riquísima recompensa. Es por eso que acá en la Guillermocracia haremos un esfuerzo por explicar los aspectos claves para entender a Homero. Porque en definitiva, aunque algunos de sus rasgos literarios puedan ser casi alienígenas para nosotros, Homero habla de temas que en definitiva siguen siendo los nuestros: el honor, la amistad, la pasión, la esperanza, etcétera. Así es que, a continuación acá en la Guillermocracia, una breve introducción a Homero. Para que aprendan a darle a los maestros el respeto que se merecen.

1.- La ética de Homero es diferente a la ética cristiana.

Esto es una obviedad porque Homero escribió casi un milenio antes del origen del Cristianismo, y sin embargo, es sorprendente lo poco que se repara en esto. Aunque seamos cristianos a nuestra manera, agnósticos o ateos, la verdad es que seguimos muy influidos por las coordenadas éticas implantadas por el Cristianismo: así, cada vez que afrontamos una ficción, tendemos a identificarnos con el héroe y aborrecer al villano. Conceptos como sacrificio o redención, son medulares a nuestra ficción. Pero no para Homero. Porque él trabaja sobre la base de una ética distinta: la de la areté. Esto crea un efecto extraño en nosotros, ya que los personajes que son los oponentes del protagonista resultan a veces muy simpáticos, mientras que el propio protagonista a veces se comporta de una manera rampantemente odiosa, incluso maligna, para nuestros estándares actuales. Pero dentro de otras coordenadas éticas, las suyas propias, la manera que encuentra Homero para crear el drama es muy meritoria.

La apoteosis de Homero, pintura por Jean Auguste Dominique Ingres (1.827).
El concepto de areté (ἀρετή) puede traducirse de manera muy liberal como excelencia, y era el nervio principal de la mentalidad griega. Un hombre griego debía ser excelente en todo: como guerrero, como hombre de familia, como intelectual, y sí, también, como gimnasta. El filósofo Tales de Mileto, que vivió dos o tres siglos después de Homero, lo sistematizó de manera suprema: "τίς εὐδαίμων, "ὁ τὸ μὲν σῶμα ὑγιής, τὴν δὲ ψυχὴν εὔπορος, τὴν δὲ φύσιν εὐπαίδευτος" ("¿Qué hombre es feliz? El que posee un cuerpo saludable, una mente cultivada y una naturaleza dócil"). Esto contrasta con la virtud cristiana, que es puramente espiritual, y que además hace de la humildad y no la búsqueda de la gloria, el norte moral de las personas. Así, el conflicto en los héroes homéricos no radica en hacer el bien según los términos cristianos, sino en encontrar, defender y practicar la areté. Esto es lo que desata el conflicto de la Ilíada: la disputa por el botín de guerra entre Agamenón y Aquiles puede parecer mezquina, y los motivos de Aquiles para retirarse de la lucha mientras sus compañeros perecen en la batalla pueden parecer egoístas, pero de lo que se trata es de defender la propia areté. No es la renuncia de Aquiles a batallar sino su empecinamiento posterior frente al ruego de sus amigos de que regrese, lo que desata la tragedia: cuando el propio Agamenón le ruega volver a la batalla, Aquiles se niega, y esto es lo que lleva al encadenamiento de tragedias que es la muerte de Patroclo, la de Héctor, y el rescate de Príamo, que servirá para que Aquiles vuelva por fin en sí. A la vez, ni aqueos ni troyanos son buenos o malos bajo ningún concepto: son simplemente dos bandos enfrentados, ambos con sus respectivos héroes y su nobleza, y también cada uno con sus cobardes. Es decir, todo lo contrario a fantasías épicas de inspiración cristiana en donde hay un bando de héroes bien individualizados, frente a malvados puestos ahí sólo para ser carne de cañón, como El Señor de los Anillos por ejemplo. El concepto de areté es algo menos visible en la Odisea, en donde Odiseo lucha no contra hombres sino contra los elementos, pero aún así, la eterna devoción de Odiseo hacia su esposa (que no le impide tener sus aventuras sentimentales, eso sí), así como la conciencia de su responsabilidad como rey, ambos combustibles de su empeño para volver a Itaca, son el motor de la narrativa completa.

2.- Homero y la metáfora poética.

Hoy en día tendemos a leer a Homero en prosa. Y leído así, resulta un poco pastoso. Veamos el comienzo de la Ilíada: "Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves—cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles". Suena como engrudo, ¿verdad? El lector moderno puede preguntarse por qué no parte simplemente diciendo que Aquiles se enojó con Agamenón (el Atrida) por voluntad de Zeus, y esto dejó una hilera de cadáveres por el camino. Pero el punto es que Homero no escribía en prosa sino en verso, y en una forma muy particular: el llamado hexámetro dactílico, un tipo de verso de seis sílabas. En la época de Homero apenas había una tradición literaria escrita, e incluso es poco probable que el mismísimo Homero haya puesto los versos por escrito. Hasta donde podemos suponer, o lo dice la tradición, Homero era un aedo, o sea, un poeta que iba de ciudad en ciudad recitando sus versos. El lenguaje estirado era una necesidad: ayudaba a hechizar a la audiencia más o menos como los efectos especiales de las películas de hoy en día, además de favorecer la memoria, esto último esencial para alguien que recitaba sin leer.

Embajadores enviados por Agamenón para urgir a Aquiles a luchar, por Jean Auguste Dominique Ingres (1.801).
Sobre lo mismo incide una de las características más llamativas de la manera de escribir de Homero: los epítetos. Homero no se conforma con mencionar que está amaneciendo, sino que habla de la Aurora "de rosados dedos". O cuando se refiere a Héctor, no olvida mencionar que él es el "domador de caballos". Y así sucesivamente. En una novela moderna, escribir de esa manera es someterse casi al ridículo, pero considerando que la obra homérica era para ser recitada de viva voz y no leída, se explica. El epíteto cumple una doble finalidad: por un lado, ayuda a darle un perfil nítido a los personajes y situaciones, a caracterizarlos de una manera rápida y eficiente de manera que se muestren vivos en la mente, y en segundo término, la reiteración del epíteto permite a quien escucha el poema, incrustarse de mejor manera los personajes en el cerebro.

3.- El carácter primitivo de la sociedad que describe.

Uno de los pasajes más llamativos de la Odisea es el encuentro de Odiseo con Nausicaa (como pueden ver, Hayao Miyazaki no inventó el nombre femenino). Nausicaa es la hija de un rey, o sea una princesa, pero en su primera aparición está con sus amigas doncellas, lavando ropa en un río. ¿Cómo es posible que la mismísima hija de un rey esté rebajada a labores serviles? Simplemente porque el mundo de Homero es en general un mundo pobre. Incluso hasta la ciudad de Troya, considerada como opulenta dentro del universo homérico, es descrita como una ciudad bastante espartana. Esa es la razón también por la que los propios reyes van a la batalla incluso peleando a espadazo limpio en primera línea, en vez de operar como generales en la retaguardia: porque sus mentados ejércitos eran apenas hordas de soldados luchando unos contra otros. El universo homérico no es uno de lujo y esplendor versallesco, sino uno en donde apenas hay comercio o industria, y por tanto, casi no existe riqueza. Esto se ha visto confirmado por los testimonios arqueológicos. En general, la Grecia Clásica alcanzó estándares de riqueza mercantil recién más o menos en los siglos VII o VI a.C., o sea, bastante después de que Homero compuso sus poemas. Es decir, Homero describe una sociedad primitiva simplemente porque no conocía nada mejor.

Nausicaa por Frederic Leighton (hacia 1.879).
Esto es también evidente en la procedencia de muchas metáforas que usa Homero. Hoy en día, si una persona quiere ser entendida, hace comparaciones con elementos de la cultura popular tales como canciones, películas o series de televisión. Todos sabemos a lo que se refiere alguien cuando habla de "el lado oscuro de la Fuerza", o cuando canta "like a virgin". Pero el mundo de Homero era diferente: era un mundo de campesinos y ocasionales pastores de animales, y algún que otro pescador. Por eso, Homero debía espigar sus referencias en otra parte: en la naturaleza. Es por eso que en Homero, un guerrero cayendo al suelo, lo hace como un roble abatido por un rayo, por ejemplo. Entendiendo esto, es fácil admirar el talento que tenía Homero para conjurar imágenes vívidas en la mente de sus lectores. Hoy en día puede sonar algo melodramático, pastoril, o poco impresionante. Pero el verdadero talento consiste en la habilidad que tenía Homero para hurgar en el mundo natural a su alrededor, y convertirlo en poderosas imágenes narrativas.

4.- El Más Allá en Homero.

En alguna parte de Death Note, el protagonista Light descubre mediante el razonamiento que no existe un Más Allá: sobreviene la muerte, y no hay infierno, paraíso o ultratumba, sólo la disolución absoluta. Es algo chocante dentro de un universo narrativo en donde existen los shinigamis, los dioses de la muerte, aunque de eso se trata, porque es de Death Note que hablamos, después de todo. Pero lo chocante radica en que estamos acostumbrados a que nuestros mitos incluyan alguna especie de sobrevida. Incluso en Tolkien, en un universo en donde lo fantástico es parte de la realidad y por ende no justifica necesariamente una sobrevida como algo sobrenatural, existe la habitación de Mandos, una especie de benevolente Dios de la Muerte. Tenemos tan incrustada en nuestra mentalidad la idea de que la muerte no es el final, que esperamos encontrar ese concepto en nuestras narraciones. Eso también es la espina dorsal de nuestras historias sobre redención y sacrificio: esas cosas hacen sentido en nuestra narrativa porque el personaje que se sacrifica, resucita de una u otra manera, sea de manera simbólica como WALL-E, sea como fantasma como en Star Wars, o de manera literal como Neo en la primera entrega de Matrix. Después de todo, el héroe dudaría un poco más en sacrificarse si no hubiera una economía de la salvación de por medio, ¿verdad?

Homero arriba a las riberas del Hades, por Theodoor van Thulden.
En Homero, las cosas funcionan de manera distinta. Para Homero sí existe una vida de ultratumba, pero ésta es triste y desoladora. Los muertos, sean buenos o malos, se van a una especie de caverna subterránea en donde todo son sombras, y punto final. Los personajes de la Ilíada se refieren a esto varias veces, y en la Odisea, el protagonista desciende literalmente a los infiernos y conversa con sus antiguos camaradas de armas ya muertos. La escena es espeluznante: para conjurar a los muertos hay que derramar sangre, pero al hacerlo, éstos se abalanzan como vampiros, y están a punto de arrastrar al mismísimo Homero consigo. Este conocimiento cambia mucho de la moral de los personajes homéricos. Si ellos están dispuestos a afrontar los mayores peligros en busca de la gloria, es porque cualquier recompensa que puedan obtener, sólo la obtendrán en vida. En la muerte no hay nada que disfrutar ni que gozar. Aquiles prefiere incluso vivir una vida corta pero gloriosa, a vivir una larga y oscura, porque después viene otra vida todavía más larga y más oscura, la de la muerte. Y otro tanto pasa con los antagonistas. Los héroes homéricos tienden a ser egoístas, y no vacilan en matar a otros para cubrirse de gloria, es cierto, pero no es menos cierto que en realidad, si quieren algo en la vida, no tienen mayor alternativa, porque no hay un Paraíso con un San Pedro sosteniendo las llaves, para consolarse.

5.- Homero no escribe su historia de manera lineal.

Las versiones resumidas de Homero para colegiales siguen el viejo patrón de que el capítulo 1 refiere el inicio de la historia, los siguientes la desarrollan en orden cronológico, y el capítulo final es también la resolución del conflicto. Pero ésa no es la manera en la cual Homero cuenta su cuento, y esto por una muy buena razón: porque en Homero, las historias paralelas tienen también su importancia. Parte de la grandeza épica en Homero radica en su manera de jugar con la cronología interna del relato, trayendo a colación eventos en distintos lugares e incluso épocas en donde está el protagonista, y ampliando así el horizonte épico. El tema principal de la Ilíada, por ejemplo, no es la Guerra de Troya en sí, sino específicamente la cólera de Aquiles, como lo declara él mismo en los primeros versos de su poema, que citábamos más arriba. Pero para Homero, limitarse a esto hubiera sido un poco pobre. En realidad, la cólera de Aquiles es el pretexto que utiliza para hablarnos de un tópico mucho más general: el heroísmo. En la Ilíada, esto lo consigue injertando, a través de las conversaciones de los personajes, diversas referencias e incluso historias completas de otros personajes. Así, vemos que la cólera de Aquiles es sólo un episodio épico más de muchos, aumentando así el nivel de la epopeya.

Ulises y las sirenas, por John William Waterhouse (1.891).
Mientras que la Ilíada tiende a ser idealista al último, con un retrato positivo del heroísmo, la Odisea es algo más cínica e incluso a ratos, francamente existencial, por lo que sacarle jugo desde el punto de vista épico era más difícil. No en balde, las batallas son más épicas que las peripecias navales, por muchas tempestades y monstruos que se le meta al argumento. Esto, Homero lo soluciona con un giro elegante. Su historia parte con Penélope y su hijo Telémaco acosados por los pretendientes, y con un Telémaco ya casi adulto, marchando a buscar a su padre Odiseo. Recién entonces, la narración gira hacia Odiseo. Y no lo hace al comienzo de su viaje, sino que nos muestra la estancia de Homero entre los feacios y su bella princesa Nausicaa. Las aventuras previas de Homero con el cíclope Polifemo, con las sirenas, con Circe, etcétera, son narradas en flashback. Esto le permite a Homero una jugada maestra: no narra la historia completa de sus viajes, sino que selecciona lo más granado y mejor, metiendo bajo la alfombra el resto. ¿Cómo es posible que las peripecias de Odiseo, por muy largas que hayan sido, duren diez años? La respuesta: Porque Homero no nos ha contado todo, sino sólo aquello que es más relevante y espectacular. Como puede observarse, el juego de Homero con la cronología realza mucho la épica de una narración que, seguida en orden cronológico, hubiera sido quizás más aburrida. Cuando imitó a Homero con la Eneida, Virgilio no entendió demasiado este punto, siguió un esquema lineal, partió con el Caballo de Troya, las aventuras de Eneas con Dido, y las guerras de Eneas contra los latinos, pero no siempre consigue mantener el tranco ni el interés, precisamente por su obligación autoimpuesta de hilvanar el suceso C a partir del suceso B, y a su vez, a partir del suceso A.

6.- La estructura episódica en Homero.

Tan interesante como la estructura cronológica que sigue Homero para narrar su cuento, es la manera como arma y remata los episodios. Homero no se anda con filigranas. Es plenamente consciente de que sus audiencias esperan batallas, peripecias, acción. Como el esquema seguido por Homero es bastante episódico, esto obligaría a una serie de introducciones y epílogos que serían otras tantas trancas en el desarrollo de la narrativa. Esto, Homero lo soluciona de una manera maestra: limita la introducción de cada episodio al mínimo, y luego llena de carne tanto el desarrollo como la conclusión. Y a continuación de lo anterior, remata con un epílogo rapidísimo, dejando todo amarrado y bien amarrado, incluso de manera precipitada, para presentarnos el nuevo episodio. Esto evita que argumentos reiterativos lleguen a ser aburridos: a la Ilíada sigue siempre una batalla detrás de la siguiente, y en la Odisea se trata de una peripecia de Homero detrás de la otra. Es decir, todo lo contrario que Dragon Ball Z, por ejemplo, con todo su infame relleno antes, durante y después de las batallas.

Príamo pidiéndole a Aquiles el cuerpo de Héctor, por Alexander Ivanov (1.824).
Esta manera de introducir y despachar los episodios, pone de relieve también cuáles eran los énfasis que interesaban a Homero. Tanto la Ilíada como la Odisea tienen epílogos que al lector moderno pueden antojárseles larguísimos. Un escritor moderno hubiera rematado la Ilíada con Aquiles matando a Héctor, que es la gran escena de acción final, pero Homero sigue adelante: refiere el rescate del cuerpo de Héctor por Príamo, y luego los juegos funerarios en honor de Patroclo. Y otro tanto ocurre con la Odisea, que no termina con Odiseo masacrando a los pretendientes, que sería el gran final para el escritor moderno, sino que añade todavía otro episodio más, en donde Penélope y Odiseo por fin se reencuentran. Pero en Homero, esto tiene su razón de ser. Homero nunca pierde de vista que está tratando con personajes de carne y hueso, no con asesinos robóticos estilo Hollywood. Estas escenas sentimentales con las cuales cierra sus obras, tienen por objeto recordarnos qué ha sido lo que ha estado en juego a lo largo de toda la obra. El drama principal para Homero no es el conflicto del bien contra el mal, como ya detallamos, sino el conflicto interior de cada personaje; así, el conflicto final de Aquiles contra Héctor, o el de Odiseo contra los pretendientes, no representan el final sino el inicio de la resolución de la obra. El verdadero acento de la obra no está puesto en el conflicto entre personajes, sino en su vida interior. Curiosamente, el abrir y rematar con rapidez los episodios intermedios, pone aún más relieve este punto, al utilizarlo en finales algo lentos para la mentalidad moderna, pero muy significativos dentro suyo.

7.- La psicología de los personajes homéricos.

Muchos eruditos literarios piensan que la literatura psicológica es un invento del siglo XIX. Y esto es una mentira cochina. Los personajes de Homero no son meras máquinas brutas de matar, o héroes simplones de afrontar mil peligros con una sonrisa. Pero en una lectura casual, sí podría parecer que los personajes de Homero son planos porque Homero jamás se detiene a explicarnos qué es lo que están pensando. En vez de ello, lo que vemos es que cada personaje declama parrafadas a veces bastante largas, y recibe de respuestas otras parrafadas. En Homero hay algo de teatral, en que vemos la externalidad de los personajes. Homero pareciera no tener el concepto de vida interior, y no lo plasma en su obra... a primera vista.

La ira de Aquiles, por Jacques-Louis David (1.819).
Como dijimos, la obra homérica era para ser escuchada, no leída, por el auditorio. En estas condiciones, el autor no puede permitirse el lujo de ser demasiado abstracto. El lector debe conjurar imágenes en la mente de sus escuchas, y éstas deben ser bien concretas. De ahí que en Homero se presentan dos características muy interesantes. Por un lado, la teatralidad de la que hablábamos, y que es análogo al recurso del monólogo por el cual los actores del teatro explican a sus personajes frente a la audiencia. Y por el otro, el uso que hace Homero de los dioses. Porque en efecto, mucho de las interacciones de los personajes con los dioses sirve para hacer eco de la mentalidad de los personajes. Como Homero no explica la interioridad de éstos, no podríamos saber... pero sabemos gracias a que los personajes hablan de viva voz con los dioses. En la Ilíada, por ejemplo, en un minuto Aquiles es refrenado por Atenea invisible para matar a Agamenón; es posible que Homero lo escribiera de manera literal, pero leído en clave psicológica, es una manera de exteriorizar el conflicto interior de Aquiles, sin tener que abrir la caja negra de su mente. Y en la Odisea, la constante aparición de Atenea ayuda a que se nos perfile la interioridad de Odiseo, un personaje que por definición es un solitario, como único sobreviviente de su propia expedición. Es decir, los personajes de Homero sí tienen una psicología, pero la manera de expresarla es una adecuada para el público escucha de su época, no necesariamente para los lectores de la nuestra.

Estatua de Homero en la Biblioteca Estatal de Baviera (Bayerische Staatsbibliothek), en Münich. Fotografía de J Williams (2.006).

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