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jueves, 22 de octubre de 2015

Marvel 75 años (4 de 6): Colosalismo.

Spiderman obtiene el traje de Venom, en la portada del número 8 de Secret Wars.
46. En general, puede decirse que el tránsito de la década de 1.970 a la de 1.980, para la Editorial Marvel y su cerca de treintena de cómics al mes, era auspicioso. Las ventas se habían recuperado un resto de la crisis de la década anterior. Ayudados en parte, eso sí, por la Implosión DC. La libertad de editar cuantos títulos quisieran, ganada en 1.968, llevó a la Marvel a ir aumentando la cantidad de los mismos; DC Comics se propuso batirlos en el mismo terreno y lanzó la Explosión DC. El resultado fue cataclísmico: resultó que en un mercado en contracción como lo era el de cómics, ya Marvel había ganado la posición dominante y DC Comics en el minuto carecía del talento o potencial para dar vuelta las tornas, de manera que en 1.978, comenzó la cancelación de títulos a lo bestia, en lo que se llamó con sarcasmo la Implosión DC. En términos creativos, aunque el grueso del Universo Marvel parecía encontrarse algo estancado, aún así, ahí estaba Chris Claremont escribiendo los guiones de X-Men. Y las políticas de Jim Shooter a cargo de la labor editorial, parecían haber dado un buen resultado, en cuanto a disciplinar a los trabajadores de Marvel Comics; pero por supuesto, siempre estaba la inquina de los creadores en contra de un régimen que se les antojaba demasiado opresivo.

47. En Marzo de 1.980, con Epic Illustrated número 1, empezó también un nuevo proyecto: la línea Epic. En realidad, éste era un esfuerzo por parte de la Editorial Marvel, de subirse a un nuevo mercado que parecía floreciente: el cómic para adultos. En la época estaba publicándose un cómic europeo con bastante más sexo y violencia que el mainstream estadounidense, llamado Metal Hurlant (algo así como Metal aullante), aunque en su edición para Estados Unidos se llamaba Heavy Metal Magazine. A través de la línea Epic se intentó emular dicho espíritu del cómic europeo. Pero hubo un detalle importante: en vez de cancelar una suma por página y adueñarse del material, pagaba derechos de autor y reconocía la propiedad de la obra al creador. Esto iba a preludiar un cambio en la sensibilidad respecto del tema de las regalías. Sin embargo, no iba a contagiarse fácilmente al Universo Marvel clásico. Después de todo, una cosa era la explotación limitada del material Epic, para un público muy específico, y con regalías cuyos montos podían más o menos cuadrarse en caja, y otra muy distinta el pago masivo de regalías que Marvel debería hacer a los creadores de Spiderman, Thor, Hulk, etcétera, por toda la explotación desde década y media atrás. Algo después, en 1.982, Marvel se hizo con otra lucrativa franquicia, al firmar un pacto con Hasbro Industries: de esta manera, comenzó a publicar los cómics de ciertos muñequitos llamados G.I.Joe. Dicha serie tuvo tanto éxito, que en 1.984 la editorial empezó a publicar otro cómic adicional, basado en otros juguetes licenciados por Hasbro: los Transformers. Y como dato para la trivia, y probando que la editorial iba a por todos los palos, mencionemos un nuevo intento por sacar cómics religiosos, labor por la que Marvel ya había estado en la década de 1.950. En 1.980 vio la luz un cómic basado en la biografía de Francisco de Asís, en 1.982 uno sobre Juan Pablo II, por entonces Papa, y en 1.984 un tercero sobre Teresa de Calcuta...

48. Jim Shooter estaba bien consciente de que no podían quedarse estancado en el legado de Stan Lee. Los cómics debían adaptarse a la sensibilidad de los nuevos tiempos para seguir vendiendo. Y teniendo muy en particular a la mano los números de ventas de los cómics de KISS, siguiendo un pacto con la discográfica Casablanca Records, Marvel se subió al carro de la música disco, y comenzaron a diseñar un nuevo personaje que pudieran explotar, y que inicialmente se iba llamar Disco Queen, una superheroína con onda disco. Al proyecto no le faltaban ambiciones: Marvel Comics iba a producir el cómic, Casablanca Records iba a lanzar a alguna estrella que cantara las canciones de Disco Queen, y además de eso, habían planes para producir una película. Se pensó incluso en Donna Summer para darle voz a Disco Queen, aunque el dibujo del cómic se basó en Bo Derek, nombre que se barajó muy en serio para protagonizar la película. Piensen en lo que hubiera podido ser: una película tipo Fiebre de sábado por la noche, protagonizada por una chica con superpoderes, interpretada por Bo Derek cantando canciones interpretadas por Donna Summer. Por desgracia para los interesados, se esforzaron tanto por producir lo mejor de lo mejor, que en el intertanto la música disco pasó de moda. El personaje fue rediseñado como Dazzler, intentaron dejar el trasfondo disco un tanto de lado, y finalmente vio la luz en 1.980, en Uncanny X-Men número 130. El personaje era una mutante capaz de transformar el sonido en poderosas descargas de luz, y... ése era su superpoder. De todas maneras, la Editorial Marvel hizo publicidad muy agresiva con Dazzler, dándole su revista propia y haciendo aparecer a varios otros valores de la casa como invitados en la misma. Normal que las ventas se dispararan; para Diciembre de ese año, la revista Dazzler estaba vendiendo 400.000 copias, batiendo de lejos a The Savage She-Hulk número 1, que había sido considerado un éxito superlativo con apenas 250.000. Por supuesto, Dazzler acabó siendo moda de un solo día. A la vuelta de algunos años, el personaje terminó cayendo en el listado de secundarios del Universo Marvel, e incluso, podría decirse, en la casi completa oscuridad, más allá de los fanáticos por supuesto.

Uncanny X-Men número 130, con la primera aparición de Dazzler.
49. En realidad, la verdadera revolución estaba larvándose en otra parte del Universo Marvel. Daredevil era un superhéroe que había comenzado sus andadas en 1.964, pero aunque su revista se había mantenido firme, nunca había sido un superventas. El superhéroe que era ciego, pero con sus otros sentidos ampliados por intoxicación con desechos químicos, y que era abogado de día y justiciero enmascarado de noche, tendía a ser visto como una especie de Spiderman de rebajas, con una galería de villanos sin mayor carisma. Para la editorial, daba más o menos igual quién se hiciera cargo del título, y así es como un novato veinteañero acabó dibujándolo: su nombre era Frank Miller. El dibujo de Miller para Daredevil no se parecía a nada de lo visto antes; yendo contra la corriente de la época, que favorecía el dibujo de ínfulas más o menos realistas, Frank Miller prefería dibujar una Nueva York más bien expresionista, de tonos muy cargados, angulosa como un fotograma de cine negro. Ya en la década de 1.970 habían aparecido antihéroes que se ensuciaban las manos, como The Punisher o Wolverine, que habían encontrado un éxito resonante, pero nadie había llevado la oscuridad hasta los extremos de Miller. Y la gente enganchó. Mientras que el resto del Universo Marvel seguía mostrando a una Nueva York estancada en los tiempos de Marilyn Monroe o el temprano Woody Allen, pero con moda afro, Frank Miller empezó a mostrar la vida criminal, las mujerzuelas, los chulos, las alcantarillas, y en general toda una Nueva York funkie y delictiva, muy en consonancia con el auge del hedonismo y la criminalidad de aquellos años. Ayudó que el propio Frank Miller utilizó a Daredevil como una manera de exorcisar algunos demonios personales, incluyendo uno en particular: había sido asaltado dos veces en Nueva York a punta de cuchillo desde que se había hecho cargo de la serie, lo que contribuyó al tono oscuro de la misma. En otro título con más visibilidad, el viraje a negro de Frank Miller con Daredevil le hubiera significado el despido, o al menos un severo corte de alas, pero como el mercadishing alrededor del personaje no era mucho, pudo salirse con la suya; para cuando la editorial se fijó en lo que estaba pasando, ya era demasiado tarde como para intentar atajar y hacer más blando el cómic, que se estaba vendiendo bien, después de todo. De hecho, Frank Miller pasó de hacerse cargo sólo del dibujo, a ser también el guionista. Y a través de las páginas de Daredevil, Frank Miller consolidó un estilo que lo iba a revolucionar el mundo del cómic, a ser en algunos años más y junto con Alan Moore, uno de los verdugos de la Edad de Bronce de los cómics, para inaugurar la Edad Oscura de la década de 1.990.

50. Frank Miller había introducido a varios personajes secundarios en Daredevil, y había elevado a la condición de supervillano principal, a un rey del crimen llamado Kingpin; hasta la fecha, el mismo era un villano secundario de Spiderman, pero Frank Miller supo sacarle tanto partido, que quedó asociado de manera indeleble con Daredevil. Pero la principal creación de Frank Miller fue un nuevo interés romántico, una asesina llamada Elektra, que apareció por primera vez en Daredevil número 168, de Enero de 1.981. Frank Miller basó al personaje en Lisa Lyon, una fisicoculturista que se cuenta entre las primeras que alcanzó la prominencia dentro de su rubro, en los Estados Unidos, y que era apenas unos cuatro años mayor que Miller. Y Frank Miller decidió correr un riesgo adicional: impactar a la audiencia matando a Elektra. Al saber las intenciones de Miller, Jim Shooter se puso nervioso, pero le pidió a Miller que le contara su proyecto; luego, con toda la información en la mano, le dio su bendición a la nueva historia. Así, Elektra terminó siendo asesinada por Bullseye, en Daredevil número 181, de Abril de 1.982. La reacción de los fanáticos fue lo suficientemente hostil como para que Frank Miller, angustiado, llevara parte de la correspondencia recibida en la Marvel a las oficinas del FBI... por si acaso.

51. Mientras tanto, a un costado de Editorial Marvel, la misma empezó a recibir fuego desde una dirección distinta: el eterno tema de las regalías. Steve Gerber, creador de Howard el Pato, que ahora ya no trabajaba para Marvel, y Jack Kirby, que ahora tampoco trabajaba para Marvel, habían lanzado un cómic independiente llamado Destroyer Duck. No es que este sucedáneo zafado de Howard el Pato fuera el gran éxito, pero les dio visibilidad, y esa fue la plataforma que aprovechó Kirby para empezar a atacar el tema de las regalías. Stan Lee defendió el punto de vista empresarial, por supuesto: eran trabajos por encargo, se pagaban una sola vez, y el uso que se les diera después, era cosa de la editorial y no de los autores. Pero ya no eran las décadas de 1.960 y 1.970, y había allá afuera una legión de fanáticos que habían crecido respetando a sus autores y en algunos casos venerándolos como superestrellas, y las editoriales comenzaban a verse como el villano de la película, en lo que al tema de las regalías se refiere. Y fue ahora DC Comics quien se lanzó adelante: ofreció un plan por el cual, si un cómic superaba los 100.000 ejemplares de venta, cabría entonces un 4% de los beneficios totales para los guionistas y dibujantes, dividiéndose ese porcentaje entre ellos. Era poco, sin duda, pero era mucho mejor que la nada existente hasta el minuto. Marvel Comics, temiendo que sus mejores hombres emigraran a la competencia, implementó un plan similar, aunque eludió la palabra regalías, de temibles concomitancias legales, y en vez de ello, utilizó el concepto de incentivos, que eran esencialmente lo mismo, pero asociado a la productividad en vez de al derecho de autor. Pero cualquiera fuera el nombre que se les pusiera, en realidad casi todas las revistas de Marvel superaban los 100.000 ejemplares de tiraje, por lo que el trato seguía siendo bastante bueno para guionistas y dibujantes.

La muerte de Elektra a manos de Bullseye en Daredevil número 181, uno de los momentos decisivos del Universo Marvel.
52. Curiosamente, la guerra entre Kirby y Marvel pasó a librarse en otro frente: los muñequitos articulados. Aunque Marvel Comics tenía los derechos sobre los cómics de Star Wars, era Kenner la empresa que tenía los derechos sobre los muñequitos articulados de la franquicia galáctica... y ahora Kenner estaba por cerrar un trato con DC Comics. Y para cuadrar el círculo, DC Comics invitó a Jack Kirby para hacer los diseños de los muñequitos, pagándole beneficios por las utilidades que se obtuvieran de las ventas. Era un trato demasiado bueno, y en Marvel Comics entraron en pánico: si los muñequitos de DC Comics se vendían bien, podrían ser una punta de lanza para erosionar la supremacía de los cómics de Marvel en el mercado. Pero había otro interesado en el asunto: Mattel, empresa cuyo gran éxito por ese entonces era su línea de muñequitos llamada He-Man and the Masters of the Universe. Mattel no quería que Kenner se hiciera con los derechos sobre los personajes de la Marvel y copara el mercado de los muñequitos de superhéroes, de manera que pujó para ella misma llegar a un trato. El mismo era muy ventajoso para Marvel: se llevaría un buen porcentaje de utilidades, y su única obligación sería crear un cómic que sirviera de publicidad para respaldar el lanzamiento de los muñequitos en cuestión. Eso, y que el cómic se llamara Secret Wars, no por ningún prurito artístico, por supuesto, sino porque los estudios de mercado mostraban que a los niños les fascinaban ambas palabras, y por tanto, un cómic que se llamara así, debería venderse solo. Y como si de una tormenta ciclónica se tratara, resultó que también desde más arriba de la Marvel hubo interés en un evento semejante. En la época, Marvel había sido adquirida por Cadence Industries Corporation, pero esta empresa a su vez era objeto de una compra hostil, por lo que sus altos ejecutivos habían tenido que endeudarse para salir a la bolsa y básicamente comprarse a sí mismos. La maniobra financiera había tenido éxito, pero ahora necesitaban que el dinero saliera de alguna parte, para pagar las deudas. De un evento en los cómics que hiciera caja, y rápido, por ejemplo.

53. La dinámica de trabajo alrededor de Secret Wars iba a ser algo diferente a todo lo visto en el Universo Marvel. No era el primer evento crossover, por supuesto. Desde la década de 1.960 que los personajes de un cómic pasaban a otro, e incluso terminaban acampando en tierras diferentes a su origen: Kingpin había partido como villano de Spiderman, y había devenido en la némesis de Daredevil, por ejemplo. No era tampoco el primer megaevento de la editorial, una historia que se prolongara durante meses y reclutara a muchos personajes a un tiempo: ya en 1.971, el guionista Roy Thomas y los dibujantes Sal Buscema, Neal Adams y John Buscema le habían dado vida a La guerra Kree-Skrull, uno de los primeros eventos de dimensiones cósmicas en el Universo Marvel, y que había involucrado a la plana mayor de los Vengadores, entre los números 89 y 97 de The Avengers. Pero siempre había existido un sentido de vinculación entre determinados autores y personajes, asignados un poco a dedo por la editorial, pero que funcionaban un poco como feudos con cierta independencia. En los hechos, como una especie de práctica de cortesía corporativa, cuando un guionista quería importar un personaje que estaba a cargo de un colega, solía preguntarle por los planes que pudiera tener para ese personaje, y si podía estar más o menos libre para integrarlo en su propia historia, sin producir así problemas con la continuidad. Pero ahora sería diferente. Los creativos tras Secret Wars serían designados específicamente para el evento, con separación de las revistas en las que estuvieran trabajando, y Secret Wars de hecho se publicaría como un cómic aparte de las líneas regulares de los personajes que aparecieran en el evento. En cuanto al equipo... no era uno de superestrellas precisamente. El guión estaría a cargo del mismísimo Jim Shooter, y los dibujantes serían Mike Zeck y John Beatty, ya que las auténticas superestrellas, o estaban ocupadas como era el caso de John Byrne, o habían terminado por marcharse, como había sido el caso de Frank Miller, cuyos bonos habían subido como la espuma después de su éxito en Daredevil, y había obtenido un jugoso contrato por parte de DC Comics.

54. Por ironía del destino, cuando Secret Wars salió a la venta, la Mattel que había presionado por tener un cómic que apoyara su línea de juguetes, no estaba lista con dicha línea. Pero el cómic salió de todas maneras. En la edición de Abril de las series regulares, los distintos personajes eran convocados en el Central Park de Nueva York, y desaparecían. En Mayo, todos los personajes regresaban, pero cambiados: Hulk con una pierna rota, los Cuatro Fantásticos con Hulka en vez de la Cosa, Spiderman con un traje negro... ¿Por qué? Para enterarse, había que empezar a leer Marvel Super Heroes Secret Wars, cuyo número 1 fue publicado en Mayo, y se extendió durante un total de doce, un año completo de publicaciones. El argumento en sí, era de una sencillez suprema: un ser llamado el Todopoderoso (the Beyonder) había secuestrado a un equipo de héroes y uno de villanos, casualmente aquellos cuyos muñequitos iban a ser vendidos por Mattel en primer lugar, y los hacía enfrentarse en un lugar llamado creativamente como el Mundo de Batalla; nada de la perspicacia psicológica que había caracterizado a la Marvel, sólo un pretexto para montar una historia de pelea tras pelea tras pelea. El simplista argumento ni siquiera puede decirse que fuera original, puesto que ideas similares habían sido escenificadas en episodios de Viaje a las Estrellas tales como Arena o Los jugadores de Triskelion. Pero era funcional para lo que interesaba: vender muñequitos, puesto que se suponía que los niños iban a comprarlos para replicar las peleas presentadas en la miniserie. Aún así, Secret Wars significó una revolución en el mundo de los cómics de superhéroes. Este evento probó que los mismos podían ser exitosos; un par de años después, DC Comics produciría uno propio, Crisis en las Tierras infinitas, aunque con un propósito distinto, cual era limpiar años de continuidad, y ya el mundo de los cómics no volvería a ser igual. La espita había sido abierta, y los eventos anuales invadirían los cómics de Marvel y DC Comics por base regular durante el siguiente cuarto de siglo, y más allá. También marcó un cambio de foco significativo, desde los dibujantes y guionistas estrellas, hacia los personajes en sí. Curiosamente, uno de los principales perjudicados por el evento Secret Wars, fue el propio Jim Shooter. El evento ha sido visto, ya en la época y también en retrospectiva, y probablemente no sin su grano de razón, como una muestra de la megalomanía del editor a cargo. Después de todo, es difícil no encontrar paralelos entre el concepto de un ser supremo llamado el Todopoderoso que utiliza a los personajes Marvel como sus gladiadores privados, y el propio Jim Shooter teniendo todas las decisiones editoriales en un puño y forzando a los guionistas y editores a seguir un rumbo predeterminado.

El número 1 de Secret Wars, de Mayo de 1.984.
55. Hacía algún tiempo que Jim Shooter tenía un proyecto personal: un Big Bang. Su idea era que veinte años de continuidad de los cómics de la Marvel eran demasiados para que alguien los pudiera manejar, y podía espantar a las nuevas audiencias. Su concepto era simplemente un reboot masivo de todos los personajes, o a lo menos, de los menos significativos. Que la continuidad de Marvel Comics estaba volviéndose una pesadilla, se hacía evidente por dos publicaciones de la época. En 1.982, con el cómic de G.I.Joe, se había comenzado a publicar un dossier para cada personaje, con su imagen, nombre real, nombre clave, y habilidades especiales, algo muy útil para lo que en esencia eran revistas destinadas a vender muñequitos. Pero la idea fue lo suficientemente buena como para aplicarla al Universo Marvel en sí. De esta manera, con fecha enero de 1.983 vio la luz el número 1 de The Official Handbook of the Marvel Universe. Su primer volumen tuvo quince números, y cada ficha del dossier incluía una imagen de cuerpo entero, estadísticas vitales, una breve biografía, explicación para sus poderes, y detalle del armamento. El título resultó muy popular, y recibió una segunda edición de veinte números en 1.985, una actualización de ocho en 1.989, y una nueva edición de mastodónticos 36 números en 1.990. A esta idea siguió The Marvel Saga, cuyo primer número salió con fecha Diciembre de 1.985. Esta era una serie limitada de 25 números, escrita por Peter Sanderson, historiador de los cómics. Lo que hizo Sanderson fue una labor titánica de selección de viñetas claves sobre sucesos importantes dentro del Universo Marvel, las cuales reordenó y publicó en orden cronológico. Este material fue tan bien recibido, que en 1.989 fue publicada The Wolverine Saga, y en 1.991, The Spider-Man Saga. Ni qué decir, todos estos esfuerzos hacían bueno el punto de Jim Shooter, de que en efecto, la continuidad del Universo Marvel era simplemente demasiado pesada para el lector casual.

56. Por esos años, a las alicaídas ventas de la revista Thor llegó Walter Simonson. Este puso en práctica un concepto similar al reseteo del personaje, que predicaba Jim Shooter; Simonson tuvo el talento para darle al personaje una épica que no se le veía desde los tiempos del Rey Kirby. La idea de resetear personajes, entonces, tenía potencial. Algo similar ocurrió con Spiderman a consecuencias de Secret Wars, en donde Shooter, inspirándose en una idea comprada a un fan, estrenó a un Spiderman con traje negro que, andando el tiempo, se revelaría como un alienígena simbionte llamado Venom. Sin embargo, la plana de guionistas y dibujantes bajo Jim Shooter odiaban el concepto de reiniciar a los personajes. En realidad, estaban cada vez más molestos con las intromisiones de su superior jerárquico al mando, que consideraban como más propias de alguien que quiere hacerse notar, y demostrarle a todo el mundo que el genio verdadero era él. Una de las principales líneas de fractura se produjo entre Jim Shooter y Chris Claremont, una de las principales anclas de la Editorial Marvel, toda vez que había conseguido mantener de modo sostenido el éxito de los X-Men durante prácticamente una década. Después de varios desencuentros, Jim Shooter ordenó a Claremont resucitar a Jane Grey... a quien el mismo Shooter, recordemos, había ordenado matar. Al final, el hilo se cortó por lo más delgado, y Chris Claremont abandonó la franquicia mutante y a Marvel Comics, después de haberle dado una forma que hasta el día de hoy es reconocida como más o menos la definitiva para los personajes. Frank Miller, por su parte, que había vuelto un tiempo a Daredevil, volvió a marcharse. Otro que desertó fue John Byrne, que a lo largo de casi una década se había consolidado como uno de los principales creadores en Marvel Comics, y que terminó largándose a DC, en donde crearía una de sus obras maestras: el relanzamiento de Superman como personaje, en 1.986. Como puede verse, Jim Shooter podía tener buenas ideas, pero estaba enajenándose a los creativos que hubieran podido llevar éstas a buen puerto.

57. Y en estos minutos estuvo a punto de producirse un evento que hubiera revolucionado la industria de los cómics para siempre. Desde la Implosión DC, que la editorial andaba a los tumbos. Y entonces, desde Warner Publishing, dueña de DC Comics, llegó hasta las oficinas de Marvel Comics la oferta más asombrosa del mundo: considerando que los muñequitos de los personajes DC se vendían muy bien, pero los cómics en sí no, le ofrecían licenciar los derechos en cómic para Superman, Batman, Wonder Woman, Green Lantern, New Teen Titans, The Legion of Superheroes, y Justice League of America. Era un sueño dorado para Marvel Comics: hubieran liquidado a la competencia, y además, hubieran absorbido a todos esos lucrativos personajes dentro de su propia continuidad. Piensen por un minuto en lo que hubiera significado ese trato, si es que hubiera llegado a concretarse: Superman, Batman o Wonder Woman hubieran compartido aventuras de manera canónica y oficial con los Vengadores, con los X-Men, con Spiderman o con los Cuatro Fantásticos. El trato estuvo en caliente, pero en la hora decisiva, una editorial independiente llamada First Comics presentó una demanda contra Marvel Comics, acusándola de prácticas monopólicas en la impresión y distribución. El trato con DC Comics no tenía nada que ver con el asunto, por supuesto, pero la absorción de los personajes más canónicos del Universo DC en su propia continuidad se habría visto como la consolidación de un monopolio, y por lo tanto, prudentemente, Marvel Comics se echó atrás.

El número 1 de Psi-Force, una de las revistas lanzadas como parte del Nuevo Universo.
58. Mientras tanto, Jim Shooter seguía con sus planes de un Big Bang, de reiniciar el Universo Marvel desde cero o poco menos; el año 1.986 parecía propicio, ya que el evento podría ser vendido con ocasión del aniversario número 25 de los Cuatro Fantásticos y del inicio del moderno Universo Marvel. Pero sus planes se toparon con resistencia desde arriba, de los dueños de Marvel Comics, que lo veían como algo demasiado radical: ¿para qué arreglarlo, si no se veía estropeado? Con todo, autorizaron a Shooter para lanzar un segundo universo con personajes nuevos. El resultado fue el Nuevo Universo, que pronto Jim Shooter, de manera privada, empezó a llamar el Shooterverso. El rasgo distintivo es que sería un mundo realista... pero con superhéroes. Es decir, uno en donde la sola existencia de los superhéroes generaría el asombro entre los ciudadanos, igual a como ocurriría en el nuestro. "El mundo que hay al otro lado de tu ventana" era, de hecho, el eslogan oficial. No habría magia, alienígenas, o tecnología ficticia, salvo por los paranormales, gente que desarrollaba superpoderes debido a un evento cosmológico; es decir, un concepto similar al que explotaría la serie televisiva Heroes, dos décadas después. El mundo antes del evento cosmológico sería exactamente igual al nuestro, y a partir de 1.986, se produciría la divergencia entre el Nuevo Universo y el nuestro, como una especie de ucronía o realidad alternativa Además, se suponía que los cómics no tendrían línea de tiempo flotante, con sus personajes viviendo en un eterno presente, sino que se publicarían en tiempo real, de manera que entre un número y otro de un cómic mensual, transcurriría un mes en la cronología interna del Nuevo Universo.

59. Los primeros títulos del Nuevo Universo salieron a la venta en Julio de 1.986, y vendieron cerca de 150.000 copias, una cantidad decepcionante desde todo punto de vista. En retrospectiva, la idea de crear un universo secundario con su propia continuidad se probaría correcta, década y media después, cuando Marvel Comics el experimento con la línea Ultimate. Pero el Nuevo Universo no era el Universo Ultimate, con versiones nuevas de los personajes Marvel clásicos. Los habitantes del Nuevo Universo eran tipos que no le interesaban a nadie, y además el concepto de un universo más realista parecía fracasar por falta de atrevimiento. En el mismo 1.986, iba a ser DC Comics quien iba a hacer noticia. Acababa de terminar la limpieza de su mitología privada que había sido el gran evento Crisis en las Tierras infinitas, que inauguraba una nueva continuidad, Alan Moore le había dado una gran despedida al Superman de la Edad de Plata con el cómic ¿Qué le pasó al Hombre del Mañana?, John Byrne había montado una celebradísima actualización de Superman a la actualidad de 1.986, George Perez que había comenzado con Marvel Comics a cargo de los Vengadores y que había sido una de las mentes detrás de Crisis en las Tierras infinitas, se aprestaba a su celebrado relanzamiento de Wonder Woman para 1.987, Frank Miller le estaba dando nueva forma a Batman con The Dark Knight Returns y Batman: Año Uno, que mostraban el distante final y el nuevo inicio del personaje, y Alan Moore por su parte revolucionaba el mundo de los cómics para siempre con Watchmen. Con todo eso sucediendo más o menos en paralelo, en DC Comics, ¿qué competencia podía oponer el interesante pero insípido Nuevo Universo de Jim Shooter? Para colmo el otro flanco, el cinematográfico, tenía un pronóstico sombrío. En 1.986 llegó a los cines la primera adaptación de alto presupuesto de un cómic Marvel: Howard el Pato. Sin embargo, esta película producida por George Lucas resultó un sonoro fracaso, y de hecho, uno de los personajes más exitosos de la Marvel en la década anterior terminó desprestigiándose hasta el punto de caer en la más completa oscuridad, cuando no era materia de chistes burlescos entre los cinéfilos frikis. Para colmo venían otras dos potenciales adaptaciones, una de Spiderman y otra del Capitán América, pero ambas en manos de la Cannon, la misma productora de las películas de Chuck Norris, y que de hecho, en 1.987 iba a hundir a plomo a Superman en el cine durante casi dos décadas completas, con la muy triste Superman IV.

60. Por ese tiempo, los dueños de Marvel Comics estaban muy interesados en vender la editorial. Parecía que la misma había tocado techo, iba perdiendo en todos los frentes, y eran los corporativistas ochentas en donde lo que contaba era comprar barato, vender caro, comprar otra vez caro, y vender más caro aún. Y finalmente, encontraron un comprador. Se trataba de New World Pictures, unos jóvenes recién llegados al barrio. Había nacido apenas en 1.983, de las cenizas de la productora de Roger Corman, y con un agresivo modelo de negocios basado en conseguir crédito a lo bestia y venta de futuros, se había capitalizado y expandido brutalmente. La idea era comprar algo con superhéroes, por supuesto, para aprovechar su valor como franquicia, e idealmente llevarlos al cine. ¿Cuánto era ese valor, o qué hacía especiales a esos superhéroes en vez de otros superhéroes? Qué más daba. Lo importante era tener una franquicia que aprovechar para hacer caja, y eso, como fuera. Se dice que Bob Rehme, el Presidente de New World Pictures, llamó por teléfono a uno de sus subordinados para avisar con orgullo que acababa de comprar a Superman, y cuando su subordinado le corrigió porque Superman pertenecía en realidad a DC Comics y lo que acababan de comprar era a Spiderman, Rehme soltó un sonoro juramento porque los derechos de Spiderman estaban en la Cannon... Esta era la gente que ahora estaba a cargo de Marvel Comics, y con esta gente iba a tener que entenderse ahora Jim Shooter. O no. Porque esta adquisición, fue el principio del fin; el imperio de Jim Shooter estaba a punto de acabar. Y poco después, Marvel Comics iba a atravesar la crisis más aguda de su existencia.

Próxima entrega: Cataclismo.

Jim Shooter en una entrevista para The Comics Journal número 60, de Noviembre de 1.980.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

Va muy bien la serie, yo en esa época, finales de los 80s solo conocia a algunos pocos personajes de marvel por la caricatura el hombre araña y sus sorprendentes amigos

Guillermo Ríos dijo...

En realidad yo lo mismo. Ni sabía que existían los X-Men (y eso que Magneto apareció de invitado en el programa del Hombre Araña con la chica de fuego y el hombre de hielo), y tenía apenas una vaga noción de que Iron Man, el Capitán América y los Cuatro Fantásticos compartían universo gracias a los dibujos animados de la década de 1.960. Pero por el camino uno aprende, por supuesto. Si alguien le hubiera dicho a mi yo de hace un cuarto de siglo atrás, que terminaría escribiendo una serie de posteos acerca de la Marvel, el espectáculo de verme partiéndome de la risa hubiera sido épico, creo yo...

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡Adoro al Daredevil de Miller, a los X-Men de Claremont. al Thor de Simonson, al Hulk y al Spiderman de Peter David...! Todos estos verdaderas maravillas de esos años por parte de Marvel. No sabes cuánto me has entretenido (y educado) con esta serie de posteos tuyos. Por si no sabías, algo he escrito al respecto sobre esta época dorada de Marvel, como en el siguiente texto: http://elcubildelciclope.blogspot.cl/2014/10/la-primera-gran-aventura-de-wolverine.html

Guillermo Ríos dijo...

En general, esos años fueron una época dorada para la Marvel. El tiempo anterior al condenado decompressive storytelling, en donde cada número hacía avanzar en efecto la historia, y a veces contaban una historia completa. Tiempos que no tienen atisbos de volver, parece ser...

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