domingo, 18 de octubre de 2015

En el año 2.115.

Panorama postapocalíptico, por Jonas de Ro (fuente).
Ahora a finales de Julio de este 2.015, la Guillermocracia cumple cinco años. Media década en línea. No deja de ser una cantidad astronómica de tiempo, considerando lo rápido que muchos blogs se toman y se dejan. Y más aún después del espectacular encogimiento de la blogósfera. La cual, seguimos sosteniendo, no se encuentra muerta ni va a morir, sólo ha mutado en otras maneras de manifestarse. Los que hemos quedado en los blogs tradicionales, somos los corredores de largo aliento. Tan largo aliento como el salto que nos mandaremos en el tiempo. Porque en apenas cinco años se han producido varios cambios de importancia. Estados Unidos parece más debilitado. La crisis económica ya no parece crisis puntual, sino un nuevo sistema económico que parece haber llegado para quedarse. De la Primavera Arabe, poco parece quedar. Si en cinco años ha cambiado el mundo, ¿cómo no van a cambiar en los cien venideros? Es cosa de pensar que hace apenas cien años se vivía una época tan prehistórica, como lo era una Primera Guerra Mundial en donde no existía electrónica, penicilina o voto femenino. Por eso resulta estimulante para el intelecto el preguntarse: ¿cómo será el mundo en el año 2.115...?

Desde luego que profetizar el futuro es siempre negocio complicado. Los profetas de la Ciencia Ficción suelen concebir la sociedad más o menos como la actual, sólo que con más cacharros tecnológicos. Es decir, la Ciencia Ficción de la década de 1.940 muestra un futuro como la sociedad de 1.940, pero con automóviles voladores. La Ciencia Ficción de la Nueva Ola mostraba un futuro hippie, pero con automóviles voladores. Y así sucesivamente. Nosotros vamos a tratar de apostar por algo diferente. Tratando de aplicar las lecciones que nos ha dejado la Historia, intentaremos avizorar hacia dónde avanzará la sociedad, a grandes rasgos generales. ¿Se habrá impuesto un gobierno único? ¿Estaremos todos empadronados como una especie de Facebook obligatorio en donde estaremos inscritos a punta de pistola? Es más, ¿existirá todavía el ser humano como tal, o los cyborgs y programas computacionales ya esperarán ser considerados como humanos...?

Puestos a adivinar el curso general de los próximos cien años, es casi jugar a la segura el apostar a que las tres fuerzas modeladoras de la siguiente centuria probablemente serán el progreso tecnológico por un lado, particularmente en el campo de la integración entre soportes electrónicos y nuestra estructura biológica, en segundo término el avance hacia un Gobierno Unico Mundial de corte autoritario que va a reemplazar progresivamente a la ONU, y en tercer lugar el colapso ecológico que sufrirá la biósfera a nivel masivo, en algún punto del siglo XXI.

La mezcla entre lo biológico y lo electrónico va a ser difícil. La base misma de ambas es muy distinta. La biología basada en el carbono y el material genético es mucho más lenta en términos de procesamiento de datos, pero es mucho más versátil; lo electrónico por el contrario es mucho más rápido procesando información, pero a cambio su base sobre el silicio apesta en términos de versatilidad. La razón es muy simple: lo biológico se basa en el carbono, una molécula capaz de generar redes tridimensionales gracias a la estructura de tetraedro que asumen sus átomos al mezclarse en moléculas, y a su capacidad de mezclarse consigo mismo. El silicio en cambio sólo puede hacerlo en láminas bidimensionales. El resultado es que lo biológico es como un espadachín y lo electrónico como el forzudo del circo: es claro cuál de los dos puede desarrollar más potencia, pero a veces la agilidad cuenta más.


La solución debería venir por el lado de la nanotecnología, pero ésta se va a desarrollar a una velocidad mucho más lenta de lo que quieren los profetas del siglo XXI, por la barrera de siempre: la economía. Frente a todas esas ficciones en que nanorrobots se vuelven locos y se comen la biósfera, transformándola en una pasta verde o gris, lo cierto es que fabricar esos nanorrobots cuesta todavía un ojo de la cara, y seguirá siendo así durante mucho tiempo. No ayuda que en su composición entran metales llamados tierras raras, que reciben su nombre precisamente por eso, por raros. La nanotecnología es la clave de la integración entre lo biológico y lo electrónico, pero será una clave que no terminará de estar por completo abierta en 2.015.

Por el otro lado, el Gobierno Unico Mundial es inevitable; la única interrogante es qué forma asumirá. En este respecto, nos podemos hacer eco de las especulaciones de Oswald Spengler y Arnold J. Toynbee. Según Spengler, en La decadencia de Occidente, a una fase de gobierno corporativo y plutocrático viene una reacción ciudadana que instala gobiernos de corte autoritario y, si se nos permite emplear vocabulario político moderno, populista. Este fenómeno lo desarrolla también Arnold J. Toynbee en su monumental Estudio de la Historia, bajo el rótulo de el triunfo de la igualdad y el despotismo.

Según Toynbee, cuando un imperio universal genera una casta de oligarcas inamovibles, ubicados más allá del bien y del mal, la reacción ciudadana correspondiente permite el ascenso de caudillos militares que bajo las banderas de crear una sociedad más igualitaria, instalan gobiernos dictatoriales que cercenan las libertades cívicas, instituyendo autocracias en donde toda la vida cotidiana esté regulada, y en donde de manera paradójica los poderosos sean sometidos a la misma autoridad que las masas ciudadanas. El ejemplo supremo de esto es la gran rebelión de los proletarios contra los optimates y de las provincias contra Roma bajo el Imperio Romano, entre 235 y 284, y que llevó desde el gobierno más o menos suave del Principado, hasta la dictadura de Diocleciano y su nuevo régimen político llamado el Dominado. Este es exactamente el mismo fenómeno que se vivirá a escala planetaria, cuando los problemas ocasionados por la diferencia de riquezas entre los que tienen muchos por un lado y los condenados de la Tierra por el otro, supere un cierto nivel que lleve a estos últimos a la rebelión, simplemente porque tengan mucho que ganar, y nada que perder. A escala nacional, ya estamos viendo eso en el auge de los populismos en el Tercer Mundo; es cuestión de tiempo antes de que dicho populismo llegue al Primer Mundo, y se transforme en la antesala de un gobierno mundial con economía regulada por decreto, y que de manera paradojal se ponga al servicio de una mayor igualdad... al precio de un empobrecimiento de la sociedad como un todo.

Los romanos en la decadencia del Imperio. Pintura por Thomas Couture (1.847).

Y el tercer factor será el colapso estruendoso que sufrirá la biósfera durante el siglo XXI. Entendámonos bien en esta materia. La vida planetaria seguirá más o menos como siempre. Habrá y de hecho ya hay una extinción masiva de especies animales y vegetales, pero lo cierto es que la base de los ecosistemas no está en los animales masivos sino en los pequeños gestores del medio ambiente: los insectos o los microorganismos. Es como cuando un país invade a otro: la casta gobernante entera y en masa, o se adapta o es fusilada, pero para los campesinos suele ser apenas un cambio de amos por otro, y los negocios y la vida en general, pasada la invasión y más o menos restaurado el orden, o un simulacro de éste a lo menos, sigue más o menos como siempre. El único problema es que la Humanidad está atrapada en el lado de arriba de la biósfera, y por lo tanto el colapso masivo que dejará a la mayor parte de la naturaleza intocada, esa mayor parte conformada por criaturas de menos de 100 gramos de peso, a nosotros que excedemos esa medida nos devolverá a un estándar de vida más cercano a la temprana Modernidad que al actual.

La culpa de ello es el calentamiento global. Aunque detengamos en seco las emisiones de combustibles fósiles, ya hemos entrado en un ciclo de retroalimentación positiva. La vegetación tiene capacidad para absorber el dióxido de carbono, pero ésta es limitada, simplemente porque ésta no ha tenido tiempo de evolucionar para aprovechar esta capacidad. A la larga y por pura presión evolutiva, sucederá que aparecerán vegetales y bacterias capaces de absorber todo ese dióxido de carbono y ese metano, pero eso tardará cientos o miles de años; en el intertanto, nosotros pagaremos las consecuencias. Los ecosistemas están cambiando, el clima planetario en general está cambiando, y esto alterará los equilibrios políticos mundiales. Poblaciones de países enteros de pronto quedarán sin agua, o grandes planicies agrícolas que son el granero del mundo, se quedarán incluso sin poder bastarse a sí mismas. La crisis humanitaria que ya vivimos, se agudizará hasta el punto de la guerra civil en vastas regiones de la Tierra. Y la gente que huya de tales lugares, inundará el Primer Mundo y llevará la guerra hacia ellos.

Ahora bien, lo interesante del caso es que las tres líneas de desarrollo convergen y se potencian todas unas con otras. El determinante va a ser el medio ambiente y la ecología. Podremos comprarnos unos añitos todavía gracias al desarrollo tecnológico, pero más tarde o más temprano vendrá la crisis. No es algo que sucederá gradualmente. Esta clase de cambios funciona como hacer hervir el agua: la temperatura sube a lo tonto un grado primero y otro después, calentándose gradualmente, y de pronto emerge el vapor en toda su gloria. Vapor que nos hervirá de golpe y porrazo. Habrá dos o tres años de anomalías climáticas, se generará una crisis alimentaria, y de pronto el mundo se encontrará abocado a movimientos migratorios y un resquemor generalizado. La gente se preguntará cómo es que nadie lo ha visto venir. La respuesta es simple: porque no demasiada gente ve los cambios graduales, sino sólo el estallido y la crisis.

La consecuencia de lo anterior será la pérdida de puestos de trabajo, la pérdida neta de riqueza, y el resentimiento de la economía como un todo. Los menos perjudicados serán quienes tengan sus activos en números dentro del sistema financiero, porque dichos activos en sí no perderán valor, al ser números ficticios dentro de redes computacionales, sólo representativos de bienes y servicios y sometidos en su valor más a las leyes de la especulación financiera que a otra cosa. Es decir, la crisis ecológica en general sólo incrementará la desigualdad social, y por ende, acelerará los cambios políticos que llevarán a la instauración de un Gobierno Unico Mundial.

Lo sentimos. El estilo de vida que usted ha ordenado, se ha agotado.

Esto se producirá porque los privilegiados no querrán ceder en sus derechos. Como esto no sucederá, habrá sublevaciones dentro del Primer Mundo. Al inicio se acallarán por los medios habituales: a disparo limpio. Pero luego, serán los propios soldados proletarizados los cuales se pasarán de bando. Esto no será un fenómeno histórico nuevo ni mucho menos, porque en los hechos ha ocurrido antes: en la Revolución Francesa, cuando la Guardia Nacional se pasó del bando de Luis XVI al de los revolucionarios, antes de la toma de la Bastilla, y también en el Imperio Romano, cuando la guardia pretoriana se transformó en una hacedora de emperadores. En Estados Unidos, asumirá un perfil similar a los soldados de la película La roca de Michael Bay, pero a escala nacional. Todo esto llevará al colapso de la democracia, a la supresión de las libertades civiles, y a la formación del Gobierno Unico Mundial.

Las mejoras en el terreno de la integración de lo electrónico con lo biológico ayudarán sensiblemente a la gestión del Gobierno Unico Mundial. La integración de datos permitirá tener a toda la población debidamente empadronada. En la actualidad, dicho control se ejerce vía vigilancia de correos electrónicos y redes sociales; en la segunda mitad del siglo XXI, se ejercerá a través del implante de chips en la piel. ¿Y cómo conseguirán que la gente acepte tales chips? Sencillo: en el momento de la gran crisis que lleve a la instauración del Gobierno Unico Mundial, éste comenzará a asignar beneficios económicos a las personas, beneficios que en medio de la crisis, serán demasiado substanciales para ser rechazados, pero que a cambio implicarán aceptar la aplicación de los chips en cuestión, para efectos de acreditar a las personas y llevar la contabilidad. Si usted no acepta el chip será libre, pero estará expuesto a lo que le caiga encima, sin Seguridad Social, trabajo o rentas que le respalden. Al último, la única vida que quedará para los que no acepten el chip, será la delincuencia en los márgenes del sistema.

Además, si se consigue que tales chips se integren a las redes neuronales, entonces las personas tendrán acceso a una realidad aumentada. Las personas estarán en línea 24 horas al día. Llegará un minuto en que si no te implantas el chip, quedarás atrás. En la actualidad eso ya sucede: tu móvil ya no es un teléfono celular para hablar, sino una herramienta para mantenerte conectado a Internet allí donde vayas. En la segunda mitad del siglo XXI ya no tendrás a Internet en tu móvil, sino implantado dentro de tu propio cerebro, a través de los chips en cuestión. Ríanse de los chistes acerca de que las redes inalámbricas generan cáncer: ustedes serán sus propias redes inalámbricas. Si todos adoptan el chip, entonces ya no podrás quedarte al margen para recibir beneficios tales como un monitoreo constante de tu salud, o transferencias bancarias sin necesidad de conectarte con dispositivos móviles, etcétera. Incluso tu propia visión ya no será la actual, sino que podrá implantarse dentro de tu cornea un posicionador GPS que te proporcione una visión estilo Robocop, viendo la realidad con constantes subtítulos.


De esta manera, irónicamente, la sociedad del año 2.115 será una bastante más igualitaria que la actual. Habrán ricos y pobres, pero la brecha será mucho más reducida que en la actualidad, esencialmente porque el colapso ecológico provocado por el calentamiento global habrá hecho que la sociedad entera sea más pobre como un todo. El desarrollo tecnológico se verá ralentizado en primer lugar porque habrá menor inversión en investigación y desarrollo, y en segundo lugar porque el mercado planetario ya no crecerá más. La colonización de la Luna o Marte estará en mantillas porque el Gobierno Unico Mundial no tendrá mayor interés en enviar colonos a otros mundos, y la empresa privada, constreñida por leyes económicas restrictivas, no tendrá incentivos para montarse tales aventuras por su cuenta. La población, los que sobrevivan al gran colapso de la segunda mitad del siglo XXI, serán gentes más aborregadas, menos ciudadanos y más masas. Serán menos consumistas sencillamente porque habrá menos bienes que consumir, y menos poder adquisitivo para consumir. Las clases bajas tendrán remuneraciones quizás incluso más bajas que las actuales, pero el Gobierno Unico Mundial les proporcionará pan y circo en términos incluso más liberales que en la actualidad, no por un genuino interés en su nivel de vida, sino para mantenerlos quietos y controlados.

Por su parte, no se habrá conseguido llegar hasta las Inteligencias Artificiales autoconscientes ni se llegará a un escenario de singularidad tecnológica no por falta de capacidad, sino por desinterés de esta nueva sociedad. La ciencia estará batiéndose en retirada, y variados movimientos religiosos tomarán su lugar, movimientos religiosos que serán tolerados y fomentados en cuanto se preocupen por un lado de predicar el quietismo social a las masas, y además en cuanto monten redes de asistencia económica para sus propios fieles, bajo la forma de caridad, que complemente a la austera ayuda del Gobierno Unico Mundial. La economía estará regulada hasta límites impensables hoy en día. No llegaremos al extremo de la planificación centralizada con planes quinquenales de modelo estalinista, pero sí que habrá regulación de precios, y por lo tanto, un floreciente mercado negro en los márgenes. Como la moneda física ya no existirá, reemplazada por un flujo de números entre chips, ésta podrá ser devaluada a voluntad, por lo que la inflación será galopante. Pero eso sí, con los salarios que ya serán de miseria, la asistencia social del Gobierno Unico Mundial, y el diezmar de los magnates del sistema financiero actual, la pérdida de poder adquisitivo de la moneda será un tema mucho menos acuciante para ellos que para nosotros.

Puede parecer un panorama deprimente, pero si hay una lección que nos han enseñado los siglos pasados, es que la Historia tiende a repetirse. El escenario que he descrito, no me lo he sacado de la manga ni es producto de haber leído demasiada Ciencia Ficción. Por el contrario, se basa muy liberalmente en lo sucedido en el devenir del Imperio Romano, muy en particular en la gran guerra civil que se libró a lo largo del siglo III. Otro escenario similar es el colapso del Imperio Bizantino y su reemplazo por el más autoritario Imperio Otomano, sobre Asia Menor y los Balcanes, en los siglos XIV y XV, que en lo social presentó características similares. Un tercer escenario similar es el reemplazo de los señores de la guerra omeyas por el Califato Abasida, en el siglo IX, que en lo social significó el derrocamiento de los campamentos militares de origen árabe a manos de soldados criados en una mentalidad imperial que podríamos llamar cosmopolita en sus términos. Y guardando las distancias, la supresión de los señores de la guerra andinos por parte del Imperio Inca en el siglo XV, y luego su reemplazo por el Virreinato del Perú en el siglo XVI, son fenómenos sociales que marchan en la misma dirección: eliminación de castas locales en beneficio de un gobierno único y centralizado con vastos sistemas de asistencia social a los más pobres. A todo lo anterior basta aplicarle la contracción económica provocada por un colapso ecológico similar al que azotó a los vikingos en Groenlandia o a los mayas en el Yucatán, y que nos amenaza en el presente, se aplica las mejoras tecnológicas derivadas de la integración de lo informático y lo biológico, y se obtiene un escenario muy similar al que ya he descrito.

Aunque hay otra lección que también proporciona la Historia: el ser humano ha sido antes capaz de dar sorpresas. Siempre cabe la posibilidad de algún descubrimiento impensado o un desarrollo inesperado. En el siglo XII, nadie hubiera dicho que en medio milenio, Europa iba a superar a China, y ya ven. O que el Medio Oriente, entonces la región más floreciente del planeta, iba a sufrir el enorme colapso que acabó por sufrir. Esto hace difícil predecir el futuro... pero también lo hace un reto mucho más interesante. E incluso, el hacer estos ejercicios de especulación pueden inspirar a las gentes del presente y el futuro para encontrar soluciones a través de las cuales estos mismísimos escenarios puedan acabar por ser evitados, y reemplazados por otros mejores. Porque si el precio por un mejor escenario a nivel planetario en los próximos cien años es que la presente especulación prospectiva acabe por ser un ejercicio de risible pesimismo, debemos convenir que sería un precio bastante pequeño para pagar.



4 comentarios:

Cidroq dijo...

Sombría pero realista predicción, coincido con lo que comentas, estos ensayos pueden ayudar a que el ser humano recapacite y tome otros rumbos, aunque parezca poco probable, creo que ya pasó en tiempos cercanos , o si no ya estariamos todos viviendo el invierno nuclear, bueno, no todos, mas bien unos pocos.

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, puede pasar como con el Y2K, que se armó una batahola porque los computadores se iban a apagar, Internet iba a colapsar, los aviones se iban a caer, las centrales nucleares iban a explotar, y al final no pasó nada... y nosotros nos quedamos sin saber si no pasó nada porque todo era falsa alarma y tremendismo, o si porque la actividad de los programadores para poner al día a los equipos computacionales le puso coto al desastre. Si llegamos a vivir en un 2.115 utópico que haga parecer a nuestra época como una mezcla de medieval con las cavernas, entonces nadie sabrá a ciencia cierta si artículos como éste eran de catastrofismo apocalíptico, o si de verdad jugaron un rol en impedir la destrucción de nuestra sociedad civilizada.

Cidroq dijo...

Esperemos que sirvan de algo esta clase de artículos, muy buena tu entrada por cierto.

Asi como para complementar tu cita del año Y2K, habiendo estudiado yo acerca de estas chivas, puedo comentarte que fue mucho más propaganda alarmista para poder vender actualizaciones innecesarias más que otra cosa, el verdadero potencial desastre vendrá en el Y2k38, pero nadie hace caso, porque como suele aplicarse mucho, "que se preocupen los que vivan entonces".

Guillermo Ríos dijo...

Algo he escuchado sobre lo que se viene el 2.038, pero no tengo mucha idea de eso, la verdad. De todos modos, si por cualquier motivo llega un colapso computacional masivo, el esqueleto mismo de la civilización se viene abajo. No es que vamos a terminar como Mad Max, por supuesto, pero ése bien podría ser el colapso que acabaría con nuestro actual sistema sociopolítico, y podría dar paso a un gobierno único planetario.

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