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domingo, 4 de octubre de 2015

El cine ya no quiere héroes.

Jason Clarke como John Connor en Terminator: Génesis (2.015).
Era una idea o concepto que venía rondando en mi mente desde hacía mucho tiempo, pero que terminó de cristalizar por completo después de ver la película Terminator Génesis. A estas alturas del partido, gracias a haber sido incluido en el trailer e incluso en el afiche de la película, todo el mundo sabe que John Connor termina transformado en un cyborg. Es un giro interesante de trama, por supuesto, ya que sirve para remecer un poco las constantes de la saga, con independencia de si la película ha gustado o no; en lo personal, vaya por delante, a mí Terminator Génesis me aburrió hasta las lágrimas, pero este posteo no es para hacer alabanza o crítica de la película en sí, sino para tratar este aspecto de la cinta en particular, cual es John Connor convertido en villano. De pronto, conectando los puntos, me acordé de la chica con la cual fui al cine a ver Iron Man 2. Ella en la fecha no había visto la Iron Man original, pero le había dicho que la actuación de Robert Downey Jr. estaba bien; a la salida del cine, justo una de las cosas que a ella menos le gustó de Iron Man 2 es que lo encontró un prepotente y un pesado. Haciendo la conexión entre ambos puntos, y acordándome de otros ejemplos, terminé por caer en la cuenta de una interesante verdad: hoy por hoy, el cine de Hollywood odia a los héroes.

Siendo más explicativos, diré que la cuestión gira en torno a que Hollywood hoy en día está promoviendo como héroes, a personajes cuyas características difícilmente cuentan como heroicas, o al menos, como lo que consideraríamos el heroísmo clásico. Me refiero a que los héroes modernos del cine tienden a ser prepotentes, abusivos, matonescos, armas de destrucción masiva ambulantes, etcétera. El héroe del cine actual tiende también a ser egoísta y egotista, preocupado únicamente de sí mismo y lo bien que le queda el uniforme. Y como eso no vende demasiado porque a nadie le gustan los pesados, entonces lo justifican tratando de retratarlos como tipos oscuros y atormentados, buscando una redención que nunca llega. En definitiva, son tipos cínicos y desencantados. Ahora bien, esto no tiene por qué ser un problema cuando hablamos de héroes realmente actuales. Jason Bourne, por ejemplo, aunque sus novelas datan de la década de 1.980, dio el salto al cine recién a comienzos del siglo XXI, y es más un antihéroe que otra cosa, y tiene todas estas características de los héroes modernos; sin embargo, de Bourne no esperamos otra cosa porque él, desde el comienzo, fue presentado de esa manera. Lo mismo con la Selene interpretada por Kate Beckinsale en Inframundo, por mencionar otro ejemplo. Pero el asunto cambia cuando se aplica la misma receta a los héroes antiguos, que al ser actualizados a los tiempos modernos, se los despoja de todas las características que los han hecho heroicos en primer lugar, para reemplazarlos por versiones que son ellos, pero sólo de nombre. Es casi como el capítulo de Los Simpsons del Campamento Krusty en donde a los niños les prometen que viene Krusty, y al final quien llega es el borracho Barney malamente disfrazado; es Krusty, pero sólo de nombre, y además no engaña a nadie, o al menos, a nadie que conozca y aprecie al Krusty original. Si el cine quiere crear personajes nuevos que sean como Barney, no hay ningún problema en ello; el crimen no está en presentar a Barney como un payaso adorable, sino presentarlo como si fuera tu Krusty de toda la vida, y además esperar que te lo tragues. Aunque hay otro crimen peor: que las audiencias se lo tragan igual.

En este punto, no me vengan con la monserga de que existen distintos tipos de héroes y distintas maneras de ser heroico. Para cualquier persona con la brújula moral bien puesta, hay ciertas características asociadas a los héroes, y ciertas características que no. El héroe es una persona desprendida, generosa y empática, que protege a los suyos y hace todo lo posible por minimizar el sufrimiento ajeno. No tiene por qué ser necesariamente un tipo tan enfermo de bondad, que va a tenderle la mano a un villano para salvarlo; habrá héroes que adscriban a un código de no matar ni siquiera al villano, y otros que estarán dispuestos a dar ese paso en nombre del bien común. Pero lo que un héroe jamás debería hacer, es ser prepotente de manera gratuita y por amor a la chulería, o poner sus propios intereses por sobre el resto, o peor aún, hacer pasar sus propios intereses como los intereses mundiales sin más. De ahí lo muy poco heroico que resulta Tony Stark en Iron Man 2 cuando dice: "He privatizado la paz mundial". La misma película en donde Tony Stark es millonario gracias a que su padre se lucró con sus inventos, mientras que el villano es el hijo del colega de su padre que fue deportado a la Unión Soviética por haber querido lucrarse con sus inventos... Y esto queda en evidencia cuando, en Avengers: La era de Ultrón, su privatización de la paz mundial lleva a la creación del robot genocida Ultrón precisamente, con las consecuencias catastróficas que son de prever, considerando que usamos la palabra genocida aquí. Y peor aún: a lo largo de la película, no vemos a Tony Stark demasiado arrepentido por haber sido el causante de tanto dolor, sufrimiento, miseria y daños colaterales, y para peor, la película quiere que empaticemos con su punto de vista y lo disculpemos porque, muy en el fondo, tenía buenas intenciones el pobrecillo.

Este maltrato a los héroes clásicos no es tan reciente como podría parecer. El ejemplo más remoto que se me ocurre, es el de Jim Phelps, protagonista clásico de la saga Misión Imposible. El personaje fue interpretado por el actor Peter Graves en la serie televisiva original, tanto en la década de 1.960 como en su breve revival de 1.988. La serie televisiva original seguía una estructura tan formulaica, que incluso la comentamos en nuestro clásico posteo Siete programas clásicos de televisión que son pura fórmula, acá en la Guillermocracia. En la misma, el equipo era llamado para una misión que involucraba disfraces y engaños varios, siempre sin violencia. Pero en Misión Imposible de 1.996, el equipo es masacrado ya en la primera escena; sólo Ethan Hunt, interpretado por Tom Cruise, sobrevive, en una salida narrativa hecha para mayor gloria del actor y su ego. En la película, Cruise opera casi como un agente en solitario, ensamblando poco a poco al equipo, en lo que resulta una traición al concepto original de la serie. Y si es por maltratar conceptos originales se trata, ¿por qué no seguir más lejos? Dicho y hecho: contrataron a John Voight para interpretar a Jim Phelps, y lo hicieron el villano. Así, tal cual. Peter Graves se enojó tanto, que hizo declaraciones mandándose de manera intencionada el gran spoiler para criticarlo, y con razón. Convertir a Jim Phelps en un villano es una de las maniobras más gratuitas que hemos visto en adaptaciones de series de televisión para el cine, y eso que hemos visto unas cuantas cosas. En el resto de la saga, es Ethan Hunt, o sea Tom Cruise, quien toma su relevo como cabeza del equipo. ¿Alguien se imagina en un futuro de la franquicia, contratar a otro actor para interpretar a Ethan Hunt y convertirlo en el villano? No, ¿verdad? Pero con Jim Phelps lo hicieron, y con eso se cargaron a un héroe clásico televisivo hasta el punto que el mismo yace actualmente en el más profundo de olvidos.

El heroico Jim Phelps al final era el villano.
Pero, más allá de la vanidad de Tom Cruise para apropiarse de una saga clásica y convertirla en su darling complaciente particular, ¿por qué el público lo aceptó tan bien, que sólo quienes vimos la serie original todavía nos acordamos del vergonzoso marrón que fue todo eso? Quizás porque Jim Phelps representaba otra escala de valores: una relacionada con el uso de la calma, el intelecto y la razón para resolver sus casos. Y el público actual odia esas cosas; el público actual prefiere un héroe de acción que piensa poco y usa mucha adrenalina para resolver los casos. Por supuesto, Ethan Hunt difiere también en otro aspecto de Jim Phelps: si bien Phelps trabaja al margen de lo oficial, y si él o sus hombres son capturados entonces "el Gobierno negará conocimiento de sus acciones", al último hay un vínculo de lealtad entre el Gobierno y Phelps. En cambio, en casi todas las películas con Ethan Hunt, vemos que él y su equipo son cazados por el mismo Gobierno, mientras que a ellos, conceptos como el bien o la justicia les traen al buen pairo, contentándose con cumplir sus misiones únicamente por un tema de supervivencia, lo que por supuesto es mucho menos heroico que hacer las cosas por un gran ideal, como era en la serie original. Con independencia de lo más o menos entretenidas que sean las películas, y esto lo escribe alguien que se disfruta a tope el tema A Man, A Plan, A Code, Dubai que compuso Michael Giacchino para la cuarta entrega, lo cierto es que desde el punto de vista moral, la saga ha bajado varios enteros echando por la borda al Jim Phelps original y poniendo a Ethan Hunt al centro y adelante.

Otro ejemplo de lo anterior es James Bond. No es que el hombre haya sido el tipo más heroico del mundo en sus orígenes. Las audiencias de 1.962 quedaron impactadas con Doctor No, la primera película de la franquicia, en donde el héroe baleaba impunemente a los villanos en vez de apresarlos, y retozaba alegremente con chicas en vez de mantenerse casto y puro. En su época, las películas de Sean Connery mostraban a un supermacho dirigiendo el asunto, pero para las audiencias de hoy, cambiada la sensibilidad de los tiempos, el trato a las mujeres se antoja sexista hasta límites irritantes. Está claro que hoy en día no se podría rodar una película de James Bond presentando al personaje con la misma ética sexual de 1.962, pero... ¿qué hicieron con él? Ya en Su nombre es peligro de 1.987 lo hicieron hombre de una sola mujer, opción bastante razonable en plena era del SIDA, y que no es incongruente con el personaje, toda vez que 007 incluso había contraído matrimonio antes, en la película Al servicio secreto de Su Majestad de 1.969. Luego le pusieron una jefa mujer que critica su machismo, en Goldeneye de 1.995, lo que sigue siendo una manera interesante de actualizar al personaje a una sensibilidad que ya no estaba para machismos anacrónicos.

Pero luego, con el reboot de la franquicia iniciado por Casino Royale, y que siguió con Quantum of Solace y Skyfall, el personaje fue distorsionado hasta lo irreconocible. En Casino Royale, James Bond vive un tormentoso romance con una chica que, sorpresa, termina trabajando para los villanos, al tiempo que comete un montón de errores que al menos se justifican porque se presenta a un 007 novato; luego, en Quantum of Solace, se presenta a un James Bond culpógeno y atormentado que ni siquiera se queda con la chica, y sus motivaciones para hacer el bien son cuando menos un tanto mezcladas; y remata finalmente en Skyfall, en donde se nos muestra que James Bond es un tipo machista e insensible porque en el fondo es un pobre huérfano herido que encontró un lugarcito en el mundo al dejarse reclutar por el servicio de espionaje británico. Es decir, la trilogía de películas en cuestión le quitó a James Bond todo lo cool que significa ser un espía que viaja con smoking y toma martinis. Vale que Daniel Craig es un excelente Bond, y dos de las tres son en general buenas películas de acción (Quantum of Solace, en cambio, es un asco), pero el personaje en sí, está distorsionado más allá de todo lo reconocible, y no para hacerlo más cool sino lo contrario, para emascularlo transformándolo en lo que el Bond clásico de Sean Connery o Roger Moore nunca fue: un tipo atormentado y autoflagelante que odia su trabajo y casi, casi, odia su propia vida.

James Bond en Skyfall: Disfrutando la muerte.
Y hablando de reboots. Los grandes codificadores de lo que es un reboot en el siglo XXI, fueron Casino Royale por un lado, y un año antes, Batman inicia. En el caso del Batman de Christopher Nolan, es difícil hablar de un personaje despojado de su heroísmo, porque el propio personaje original era en sí mismo bastante oscuro. El personaje sólo puede ser considerado como pervertido para peor en su heroísmo sólo por quienes crecieron con el Batman de Adam West, y el proceso de oscurecerlo había comenzado de todas maneras con la dupleta conformada por Batman y Batman regresa, de Tim Burton, que en todo caso eran mucho más fieles a los cómics oscuros de la época que la versión adamwestiana. Y aún así, Christopher Nolan se las arregló para robarle heroísmo a Batman. Porque, tal y como defendimos con lujo de detalles en el posteo La trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan acá en la Guillermocracia, en realidad la misma es una deconstrucción del ideario heroico. En la mencionada trilogía, la cruzada de Batman al final tiene bien poco de heroico: Batman es presentado como un tipo inmaduro que se forja su identidad superheroica para no tener que madurar, es acogido por Ciudad Gótica únicamente por lo corrupto de la ciudad, sus acciones superheroicas sólo tienen por resultado el provocar una escalada de muerte y destrucción, el propio Bruce Wayne sufre horrorosas lesiones a cuenta de su cruzada, y al final Bruce Wayne termina descubriendo que el único camino para salir del infierno es renunciar a su identidad superheroica (sea que interpretemos el final como que Batman murió, o como que Batman sobrevivió, pero desapareció para siempre). La trilogía es mortíferamente efectiva en su habilidad para demostrarnos que el vigilantismo en realidad no arregla nada, y es una excelente deconstrucción del mito superheroico, pero desde luego que Batman mismo queda en un pie horroroso.

Ya que estamos en los reboots como vía para imaginarse versiones modernas de personajes clásicos, resulta ineludible hablar de Star Trek. Y lo que encontramos aquí es otro caso de trapeado de piso con los héroes clásicos. Dentro de la parte de la franquicia formada por la serie televisiva de 1.966 y de las primeras seis películas, veíamos como grandes héroes al trío de oro conformado por Kirk, Spock y McCoy. Los tres tenían características marcadamente heroicas: Kirk era el tipo idealista siempre dispuesto a dar la buena batalla por causas nobles, Spock era el hombre flemático y señorial que usaba todo el poder del intelecto para encontrar las soluciones más racionales posibles, y McCoy era el hombre lleno de sentido común que prefería las soluciones humanitarias. Pero luego vino el reboot de J.J. Abrams conformado por Star Trek de 2.009, y Star Trek: En la oscuridad de 2.012. So pretexto de viaje en el tiempo y cambio en la línea temporal, J.J. Abrams nos presentó sus versiones propias de los personajes. Ahora Kirk es un tipo chulo y prepotente que tiene un talento especial para tomar decisiones catastróficas detrás de decisiones catastróficas, y Spock es un tipo con un serio problema de control de impulsos; irónicamente, el Doctor McCoy es presentado de manera bastante más fiel al personaje original de la serie, y como recompensa por esta fidelidad, ha sido degradado casi a la condición de extra. Además de eso, sacaron a la Teniente Uhura de su rol de secundaria de lujo en la franquicia original para hacerla casi una coprotagonista, lo que está muy bien por supuesto y es fiel al espíritu de la serie original, bastante vanguardista en temas de feminismo para su tiempo aunque para el espectador moderno pueda parecer a veces lo contrario, pero a cambio, la aplomada oficial de comunicaciones del puente del Enterprise original ahora es una hembra hormonal que se la pasa poniendo mohínes de disgusto y teniendo discusiones sentimentales en los momentos más imposibles. El pretexto aquí es que son las versiones jóvenes de los personajes, y se supone que después madurarán hasta transformarse en los héroes que aprendimos a conocer, pero si ésos eran los personajes adolescentes, entonces ya podíamos irnos ahorrando de haberlos conocido. Porque si así fueron los héroes de Star Trek siendo adolescentes, tanto mejor que la serie original haya comenzado con ellos siendo ya adultos.

Abandonando los reboots, nos encontramos con un caso en donde se fusilaron a los héroes presentados por ellos mismos en una misma franquicia. Dentro del Universo Cinemático Marvel nos encontramos con una ración aparte de mancillar a los héroes. La Fase 1 en general es bastante idealista. Tony Stark, Iron Man, se nos presenta como un tipo cool, el adorable inmaduro que poquito a poco asume el rol de héroe y debe ajustarse al mismo, mientras que el Capitán América se nos presenta como un muchacho idealista dispuesto a luchar por el bien simplemente para que el mundo sea un lugar mejor. Son retratos que, en general, con sus más y sus menos, se corresponden más o menos con la visión clásica de los personajes. Pero luego viene la Fase 2. En la misma, Tony Stark sigue manteniéndose como un tipo conflictivo y prepotente, mostrando que nunca aprende nada, y desatando finalmente en Avengers: La era de Ultrón una catástrofe definitiva al crear al mentado Ultrón. La metida de pata es tan grande, que al final el propio Tony Stark decide abandonar a los Vengadores y marcharse por su cuenta. Eso, mientras que el Capitán América primero debe empezar a ajustarse a vivir en el mundo más cínico y desangelado de setenta años después de la Segunda Guerra Mundial, sólo para transformarse en un caballero sediento de batallas, para quien, según vimos en Avengers: La era de Ultrón, su pesadilla definitiva es que ya no hayan más guerras que librar. El chico humilde y justiciero de Brooklyn en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial ha desaparecido, y lo que tenemos en su reemplazo es un yonki adicto a las guerras, casi como si estuviéramos frente al protagonista de The Hurt Locker, en vez de una película de superhéroes.

¿Y qué decir de lo que hicieron con Superman en El Hombre de Acero? Tradicionalmente, Superman siempre ha sido un tipo luminoso y simpático. Tiene sus momentos de oscuridad, como por ejemplo cuando muere Lois Lane en el Superman de 1.978, pero en general, es el boy scout volador siempre dispuesto a dar la gran pelea por la libertad, la democracia y el estilo de vida americano. Si eso no te gusta, entonces perfecto, nadie te obliga a ser fanático de Superman ni mucho menos, pero el personaje en sí, se ha inscrito siempre dentro de esas coordenadas optimistas e idealistas; su personalidad e ideario siempre se han inscrito dentro del cuadrilátero de su herencia alienígena superior, sus valores morales made in Smallville, su cosmopolitismo democrático de Metrópolis, y su decisión consciente de vestir capa, mallas y calzoncillos para luchar contra los supervillanos que quieren apoderarse del mundo, o destruirlo. ¿Y qué hacen en El Hombre de Acero? Presentan a un Superman traumado, conflictuado, lleno de dudas, sin una verdadera brújula moral, y en realidad sin demasiados ideales. Para el Superman de El Hombre de Acero, su guerra contra Zod y sus acólitos no es un tema de salvar a la Humanidad o a los buenos y nobles ciudadanos de Metrópolis, sino una cuestión de supervivencia, porque es el número 1 en la lista negra de blancos para ser asesinados por Zod. Y para peor, asumido que el enfrentamiento contra Zod lo convierte en el policía de la Tierra, para colmo se pone a llorar como una nenaza cuando lo mata, como si no se hubiera tratado de una guerra, y como si en las guerras no murieran soldados de cada bando. Un personaje como Superman, lo puedes presentar de dos maneras: como un tipo que no mata sino que envía a los villanos a la cárcel, como hace con Lex Luthor en el Superman de 1.978, o como un tipo que mata sin ascos porque es una cuestión de él o yo y el bien superior exige desprenderse de algunas monsergas morales, como hace con el mismo Zod en el Superman II de 1.979, y eso después de que Zod ha conquistado a Estados Unidos y lo ha convertido en su feudo particular. Se puede crear una historia acerca de un superhéroe conflictuado que mata a un enemigo y después llora porque no quería matarlo y se vio forzado en el nombre del bien superior, pero ese personaje no es Superman aunque lo llamen así por una cuestión de derechos o de mercadeo.

El boy scout volador que transmite alegría, optimismo y esperanza al mundo.
Y si el Superman de El Hombre de Acero es el tipo que sufre por exceso de poder, el Mad Max de Mad Max: Furia en el camino es todo lo contrario. En la película, Mad Max se ve reducido al papel de mero comparsa de Imperator Furiosa, que en realidad es la verdadera protagonista de la película. Conste que la película me parece una excelente película de acción, y uno de los mejores estrenos de 2.015, y que el personaje de Imperator Furiosa es una de las mejores heroínas que ha producido el cine en los últimos años. Pero todo esto es al precio de haber emasculado a Mad Max, y haberlo convertido en un secundario de lujo dentro de su propia película. Dentro de esas coordenadas, tanto más valía que no hubieran incluido a Mad Max desde el comienzo, y hubieran llamado a la película como Imperator Furiosa a secas. El problema es que no hubiera vendido nada, por supuesto, ya que el gran gancho publicitario era el regreso de Mad Max al cine después de tres décadas de sequía en la franquicia. Pero nuevamente: por muy buena que sea la película, lo cierto es que el tipo interpretado por Tom Hardy en la película es Mad Max sólo de nombre, porque el Mad Max original de Mel Gibson, si bien no era un superhéroe, y de hecho en la primera entrega de la franquicia incluso le rompen la pierna, bajo ninguna circunstancia era tan inoperante como el supuesto protagonista de esta entrega.

Y así llegamos hasta nuestro punto de partida, hasta John Connor. Porque hemos visto en Jim Phelps a un héroe que traiciona su condición de héroe, en James Bond a un héroe que ha pasado a odiar el ser un héroe, en Batman a un héroe superado por la presión social que ha desatado su propio heroísmo, en Tony Stark a un héroe que es héroe por el egocentrismo y la publicidad, en el Capitán América a un héroe muerto de miedo de un mundo que no necesite más de los héroes, en Superman a un héroe que se avergüenza de serlo, y en Mad Max a un héroe impotente para serlo. Pero con John Connor damos un paso adicional: el héroe que ha dejado de serlo por una cuestión ontológica. Todos los ejemplos anteriores son tipos que, de una manera u otra, y odiando lo que significa ser un héroe, aún así siguen siéndolo; sólo Jim Phelps reniega del heroísmo y pasa a ser un villano. Pero Jim Phelps al menos lo hace por una decisión consciente, discutible o no, pero lo hace desde una perspectiva ética y moral: pasa a ser un villano porque eligió hacer el mal, pero bien podía haber elegido hacer el bien, quedándole el potencial para ello. ¿Es posible destruir todavía más a un héroe? Por supuesto: es posible convertirlo en un villano dentro de la más absoluta impotencia, como agarrar a un animalito y amaestrarlo para ser perro guardián o similar. Entra aquí John Connor, como decíamos, que es capturado por Skynet y convertido en un cyborg villano; el líder máximo de la resistencia humana, quizás el ser humano más importante de toda la Historia Universal, termina resultando por completo impotente para evitar ser convertido en un peón de ajedrez dentro de la partida genocida de Skynet. Si Jim Phelps al menos quería ser un villano, John Connor ni siquiera tiene motivaciones: las ha perdido por completo, se ha deshumanizado tanto, que ahora es apenas una máquina, la boca muerta a través de la cual habla Skynet. Es casi como si los guionistas odiaran de entrada a John Connor, y hubieran querido darle el destino más salvaje posible para deshacerse de él con injuria. El giro de trama en sí no está mal: es una manera tan válida como cualquier otra de interpretar el personaje, y mantener en circulación una franquicia veterana con ya cinco películas a cuestas. Pero podría haber sido manejado un poquito mejor, para que así conserváramos siquiera algo de admiración hacia John Connor el personaje. Aunque, pensándolo bien, sí que podemos seguir admirando a John Connor: basta con etiquetar mentalmente Terminator Génesis como fuera de la continuidad, borrar otras dos o tres de paso, y quedarnos con el Terminator de 1.984 como única entrada válida de la franquicia, y quizás con Terminator 2 si les gustan los remakes con esteroides.

Y ya que estamos, mencionemos también lo que Terminator Génesis hizo con Kyle Reese. En la película de 1.984, Kyle Reese es un soldado extremadamente competente, que llega hasta un 1.985 que nunca ha visto y que apenas conoce por referencias, y llega además desnudo y sin armas, y aún así se las arregla como un campeón para encontrar a Sarah Connor, y mantenerla a salvo una y otra vez durante 48 horas a salvo de las embestidas de un cyborg imparable contra el cual no puede usar tecnología del futuro que no ha podido traer, ni tecnología del presente que no puede adquirir. Es comprensible entonces que la Sarah Connor interpretada por Linda Hamilton se haya enamorado de Kyle Reese: porque hemos visto que el héroe es en realidad un tipo extraordinario, digno de admiración y respeto. Salto a 2.015, y nos encontramos con un Kyle Reese llorón y desorientado, incapaz de adaptarse a 1.985 o a 2.017, y necesitado de ser salvado una y otra vez por Sarah Connor. Vale que en esta nueva continuidad, Sarah Connor aprendió el oficio gracias a un Terminator viejo que le enseñó, y de hecho es un soplo de aire fresco ver a una Sarah Connor que ya no es una damisela en desgracia que debe aprender el duro oficio de sobrevivir a las máquinas procedentes desde un mundo posterior a un apocalipsis robótico, pero no quiere decir que Kyle Reese haya tenido que ser transformado en una nenaza. Viendo a ese Kyle Reese cercano a la incompetencia, se explica muy bien que esta Sarah Connor pase casi por completo de él, y su romance final sea tan forzado. El Kyle Reese de la película original era un tipo admirable no porque fuera el más guapo, el más fuerte o el más cool, sino simplemente por su voluntad inquebrantable de luchar sin descanso contra un enemigo vastamente superior, y salirse con la suya, mientras que el Kyle Reese de Terminator Génesis en cambio es un pobre idiota que tiene tanto manejo de la situación como una pelota de ping pong dando botes de un lado a otro de la mesa.

Dos contra el crimen.
Y finalmente, una reflexión adicional. Hasta el minuto nos hemos referido a los héroes clásicos. Si hoy en día aparece una película con un héroe nuevo que no sea demasiado heroico, está perfecto. Proponer nuevos héroes a los cuales admirar es negocio lícito, y de hecho, es saludable que ocurra una renovación en los modelos heroicos. Los Guardianes de la Galaxia, por ejemplo, no tienen mucho de heroico en realidad, ya que tienden a ser incompetentes, conflictivos y egocéntricos, y el verdadero héroe que es Saal, nosotros acá en la Guillermocracia fuimos los únicos que quebramos una lanza por él. Pero además de que la película sea entretenida y esté muy bien hecha, funciona porque no teníamos versiones anteriores para contrastar, como no sea en el cine, porque los cómics, en realidad casi nadie se los ha leído. Pero, ¿qué pasa cuando los héroes protagonistas abrazan definitivamente los antivalores?

Entran en escena los minions. En sentido estricto, éstos habían aparecido como secundarios graciosos en la película Mi villano favorito de 2.010, y su secuela. La propaganda de su época enfatizó que la película estaba protagonizada por un villano, pero al final, la sangre no llegó al río: resulta que el protagonista, Gru, al final no era tanto un villano sino un tipo simpático con maldades de postín y ademanes de opereta que nunca había tenido la oportunidad de mostrar su lado más amable, lo que sí sucede cuando descubre los lazos afectivos, y además se enfrenta a un supervillano todavía más retorcido en su maldad. Pero luego, quienes recibieron película propia fueron los minions, los esbirros de Gru, cuya característica más distintiva es tener que buscarse un villano al que servir, como razón de ser de su existencia. Piénsenlo por un instante. El modelo de personaje admirable que se le está vendiendo a la audiencia infantil de 2.015, es un grupo de personajes sin mucha personalidad propia, carentes casi por completo de conciencia moral, inocentones como niños, y cuya máxima felicidad es servir a los villanos, cuya característica más distintiva es... que son gente destructiva. En definitiva, mientras que los héroes antiguos están siendo víctimas de un asesinato masivo de imagen, los héroes nuevos de los niños son tipos que son felices siendo esclavos de gente nefasta, que sólo se rebelan en circunstancias extremas y sólo para encontrarse otro amo igualmente nefasto, y carentes de toda profundidad de análisis e incluso de voluntad para luchar por el bien y la justicia. Es decir, tu nuevo héroe es el equivalente del vecino facho pobre que trabaja por el sueldo mínimo para un sistema que apenas lo mantiene en el nivel de supervivencia, y aún así está feliz de seguir a la masa de manera acrítica porque pensar aniquila todo tu mundo de certezas y certidumbres.

Existen muchas maneras posibles que concebir a nuestros héroes. Podemos concebirlos de manera cínica o idealista. Podemos concebirlos como gente feliz o conflictuada. Podemos concebirlos como sociables o solitarios. Pero sí hay una manera en la que son inconcebibles: la manera en la que son concebidos por el cine de la actualidad.

Servir de manera sumisa y acrítica a los villanos es cool.

3 comentarios:

Martín dijo...

Demoledora entrada... No quiero pensar en lo que vendrá (que no me pase lo mismo que con el Axé, que pensé que no podía haber nada peor, y apareció el reguetón).

Luis Valenzuela M. dijo...

Totalmente de acuerdo. Más aún alarmante veo el hecho de que hoy en día sobran demasiadas series y peliculas populares que ponen a gente malvada e inmoral como personajes "cool". Obvio, muchas series y películas saben que sus protagonistas son los villanos de turno pero el punto sigue siendo el hecho de que los pintan no tanto como personas despreciables sino como una especie de antihéroes carismáticos que alrededor suyo las reacciones más que de repudio son de hecho de admiración y respeto.

Hay demasiado iluso que ve películas como Scarface y hasta fantasean con ser como ellos sin tomar en cuenta un factor importante: casi ninguna película de mafiosos tiene un final feliz y el protagonista por lo general o acaba muerto o lo pierde todo.

Mi crítica constante siempre fue esa pero es hasta ahora que pongo atención que ahora el héroe no es héroe si no carece de alguna cualidad contradictoria. Supongo que a que a veces eso es en parte reflejo de la vida: los malvados a veces no son tan malos como parece a simple vista y a la hora de la verdad los buenos en realidad no son tan buenos.

Excelente post.

Guillermo Ríos dijo...

@Martín, creo que lo que vendrá, será un rebote, en donde la carrera por ver quién hace la película con héroe más cínico, torturado, egotista, over-the-top, va a saturar a las audiencias, lo que hará que, en algún minuto, alguien ruede una película en donde tengamos de regreso a los héroes de verdad, y... creo que ya se entiende mi punto aquí.

@Luis_Valenzuela_M., discutía el tema desde otro ángulo en el posteo Nadie es un zombi durante el apocalipsis zombi, y argumentaba que los pobres pringaos que admiran al Imperio en Star Wars, lo hacen porque consideran cool ser como Darth Vader y ahorcar personas con la Fuerza, sin pararse a pensar de que ellos, siendo ellos, si vivieran en el Imperio, lo más probable es que no fuera Darth Vader ahorcando pobres infelices, sino que más bien serían los pobres infelices ahorcados por Darth Vader. Lo mismo pasa con Dexter o Hannibal, que todos se imaginan siendo ellos en vez de, lo que sería lo más probable, la triste víctima semanal de uno u otro. Y es que la gente tiende a valorarse a sí misma mucho más de lo que sería realista hacerlo.

Ahora bien, es cierto que el héroe es tanto más creíble si, por supuesto, tiene un defecto. Un héroe sin defectos no es un personaje sino un pedazo de cartón. Además, ser el héroe y tener un defecto, arroja más juego dramático. Pero eso es un tema distinto a desnaturalizar héroes consagrados, vía despojándolos de todas sus cualidades heroicas.

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