jueves, 29 de octubre de 2015

007x25 (3 de 5) - El espía camp.

Roger Moore como 007 en Octopussy.
Durante casi una década, James Bond había vivido de acuerdo a su estilo particular: peligrosamente. En peligro de que cancelaran la franquicia, eso es. Con sus constantes intentos de mantenerse actualizado a las nuevas tendencias de la década de 1.970, el agente secreto no conseguía sino hacer un poquito el ridículo en el cine. Y desde luego que ya no imponía el respeto ni el afán de emulación de la década de 1.960. Pero el exitazo de La espía que me amó significó una rehabilitación completa de James Bond en el cine. ¿El secreto del éxito? Simplemente una suerte de regreso a los orígenes, a los villanos megalómanos, a los planes de dominación mundial, a los matones desopilantes. Después de años de andar buscando el éxito a manotazos, por fin James Bond parecía haber encontrado su rumbo.

Y sin embargo, iba a perderlo de nuevo. No a los extremos delirantes de las dos primeras películas de Roger Moore, eso sí, pero en general, y con la excepción de Sólo para tus ojos, las cuatro películas restantes de Moore son recordadas más bien por su valor camp, que por ser verdaderas joyas del cine de espías. En cierta medida, estas películas marcaron una cierta metamorfosis del personaje, que se había movido más o menos dentro de los márgenes de lo que llamaríamos acción para adultos, con su machismo, su incorrección política y sus niveles de violencia elevados para la época, y se empezaba a deslizar hacia un estilo de cine más familiar; era, en realidad, lo esperable si se considera que estaba naciendo una nueva era del cine de entretención, la era del blockbuster, y James Bond iba a tener que adecuarse a la misma, si es que quería sobrevivir. Y una vez más, 007 cumplió con el desafío. Algo magullado, es cierto, pero su franquicia siguió viva durante la completa década siguiente a La espía que me amó, hasta que después de 1.989, los problemas de copyright estuvieron a punto, otra vez, de cancelar la franquicia.

11.- Moonraker (1.979).

  • Títulos varios: Moonraker: Misión espacial (título en México).

Al final de La espía que me amó, salía un cartel diciendo "James Bond regresará en... Sólo para tus ojos". Sin embargo, de por medio llegó el exitazo de La guerra de las galaxias, y de pronto, todos los estudios quisieron tener su propia película espacial, para llevarse una parte del pastel. Ni corto ni perezoso, Albert Broccoli se sumó a la moda, y el resultado fue Moonraker. Basada en una novela del mismo título escrita por Ian Fleming, de la cual tomaron apenas el título y poco más. Con un presupuesto generoso, tan generoso que es superior al utilizado en todas las seis primeras películas Bond juntas. Hugo Drax, el villano Bond, es interpretado por Michael Lonsdale, después de que se cayeran los nombres de James Mason nada menos, así como de un otoñal Stewart Granger, y Louis Jourdan. Regresa Richard Kiel como Jaws, el único matón de villano que se repite el plato si no consideramos como tal al señor White en Quantum of Solace. Para las chicas Bond reclutaron a Lois Chiles, famosa por su rol de víctima miserable en Muerte en el Nilo de 1.978, y que ya había sido considerada como chica Bond en la entrega anterior. Y Corinne Cléry, que anteriormente le había dado como aporte a la historia del softcore una película de azotes llamada La historia de O. Walter Gotell por su parte repite haciendo un cameo como el General Gogol. Y en una nota triste, es la última aparición de Bernard Lee como el M clásico, ya que entre esta entrega y la siguiente, el actor falleció víctima de un cáncer estomacal, a los 73 años de edad, y después de haber sido jefe de Bond durante once películas al hilo. Para la banda sonora regresa John Barry más inspirado que nunca, reutilizando por última vez el tema 007 que no usaba desde la era de Sean Connery, mientras que Shirley Bassey aparece por tercera vez y final para interpretar el tema Moonraker, que cuenta con una sentida versión soul para el opening, y otra funky discotequera para el closing. Aunque, interesantemente, se barajó el nombre de Frank Sinatra tanto para la canción Bond, como para interpretar al villano... Por cierto, dirige Lewis Gilbert, en su tercer, último y más indigno aporte directorial a la franquicia, después de haber dirigido Sólo se vive dos veces y La espía que me amó.


"u-i-a-u-á..." (la secuencia de notas de Encuentros cercanos del tercer tipo, es la contraseña para abrir la cerradura electrónica del laboratorio del villano, sin duda uno de los momentos más de vergüenza ajena de la franquicia).
La película se abre cuando un transbordador espacial Moonraker, que es llevado a lomos de un Boeing desde Estados Unidos a Inglaterra por... alguna razón... es secuestrado. El honor nacional británico está en juego, y James Bond parte a Estados Unidos para entrevistarse con Hugo Drax, el industrial que ha construido al Moonraker. Ahí, Bond descubre que hay algo raro con Drax, y decide investigarlo más de cerca. Luego de pasearse por Venecia y Brasil, James Bond descubre varias cosas: Jaws el matón de la película anterior ahora trabaja para Drax, se está elaborando una toxina que, liberada en el aire, mata a los seres humanos pero deja intacta a la fauna, y Drax posee una base escondida en Sudamérica. ¿El plan maligno? Drax ha construido una estación espacial en órbita alrededor de la Tierra, y desde ella gaseará al planeta entero para exterminar a la Humanidad, y repoblar el mundo con algunos pocos Ubermenschen arios elegidos, mantenidos a salvo en dicha estación. Para detener este plan, Bond deberá viajar al espacio, y librar con los secuaces de Drax, una batalla con vistosos rayos lásers en órbita. Así, como suena; el tema musical del soundtrack en esa escena incluso se llama Space Lazer Battle, por decirlo alto. En realidad, como se desprende del resumen anterior, Moonraker es prácticamente un remake de La espía que me amó, pero con estación orbital en vez de base submarina como escondrijo del villano. Por cierto, spoiler grueso del final aquí... ésta es la única película Bond en la cual el matón del villano al final se redime, y lo hace por amor más encima, lo que fue un cambio de guión debido a la tonelada de correo postal recibida por Lewis Gilbert, de niños que preguntaban por qué Jaws no podía ser bueno en vez de malo. Ay, volver a ser niño otra vez...

Aunque hoy en día la premisa de James Bond viajando al espacio es considerada una de las cumbres del camp en la saga, y de hecho, no es una actividad en la que visualicemos al Bond de Craig por ejemplo, lo cierto es que Moonraker se forró: batió el récord de ser la película Bond más taquillera, y lo mantuvo durante década y media, hasta ser desbancada por Goldeneye en 1.995. A la película no le faltan méritos, incluyendo ser la primera presentación en la ficción moderna, de un transbordador espacial, dos años antes del lanzamiento del primero de ellos, el Columbia, en la realidad. De hecho, se pensaba hacer coincidir el lanzamiento real con la película, pero la NASA postergó el mismo durante un par de años. También juega a su favor la excelente banda sonora de John Barry, que le da mucha seriedad al concepto un tanto ridículo de astronautas buenos versus astronautas malos dándose laserazos en órbita. Pero en definitiva, el guión es débil y tiene algunos problemas bastante importantes, incluyendo que nos traguemos la existencia de un dispositivo que permite mantener oculta la estación espacial en órbita sin que nadie en la Tierra la detecte, o le haya seguido la pista a los lanzamientos durante la fase de construcción. No ayuda tampoco que el humor de la película es bastante tontorrón. Pero lo que nadie le puede disputar a esta película, es ser uno de los pocos cruces rodados entre el cine de espías y la Ciencia Ficción, valga eso lo que valga.

12.- For Your Eyes Only (1.981).

  • Títulos varios: Sólo para sus ojos (título en Argentina), 007: Sólo para tus ojos (título en México), Només per als teus ulls (título en catalán).

En general, la idea de darle al público dos sendas extravaganzas (La espía que me amó, y Moonraker) parecía haber funcionado bien, pero olfateando que la naciente década de 1.980 iba a ser mucho más dura, con un cowboy como Ronald Reagan instalado en la Casa Blanca, Broccoli decidió que la franquicia debía volver al realismo y la geopolítica. Había incertidumbre sobre si Roger Moore regresaría al rol, porque el trato inicial era por tres películas (Vive y deja morir, El hombre del revólver de oro, y La espía que me amó), y por tanto, en adelante cada nueva película podía ser que viniera con Moore de nuevo, o no; pero al final, Bond se embarcó por quinta vez en el personaje. Como en el intertanto de esta película había fallecido Bernard Lee, el mítico M, Broccoli decidió rendirle un tributo silencioso no utilizando al personaje; en su reemplazo apareció el Ministro de Defensa, Frederick Gray, interpretado por Geoffrey Keen, quien envía a Bond en misión. La chica Bond principal es Carole Bouquet, como una hija buscando vengar la muerte de sus padres, en la nueva estela de chicas Bond fuertes siguiendo el modelo de Anya Amasova en La espía que me amó. Otra chica Bond es Lynn-Holly Johnson, una patinadora olímpica que se había hecho notar interpretando a una patinadora en Castillos de hielo, y aquí interpreta a... una patinadora, otra vez. Para la trivia, aparece Cassandra Harris como chica Bond, que en la época era esposa de un futuro Bond, Pierce Brosnan... pero que no llegó a ver a su marido como 007, porque falleció trágicamente joven, víctima del cáncer, algunos años después. También se subieron a bordo Topol, famoso por El violinista en el tejado y Flash Gordon, y Julius Glover, algo irónico si se piensa que en su minuto, Glover fue candidato él mismo para ser Bond. John Barry no pudo volver a la banda sonora debido a que no vivía en Inglaterra por temas relacionados con la ley tributaria inglesa, y por lo tanto fue reemplazado por Bill Conti, que previamente había compuesto la música para Rocky, incluyendo el mítico Gonna Fly Now por supuesto; el soundtrack de Conti, huelga decirlo, es enormemente divisivo porque es en general bastante fiel al estilo de Barry, pero incorpora elementos de funky y disco que lo hacen un poco camp, además de que para 1.981, ya estaban pasados de moda en cualquier parte que no fueran las discotecas del Mediterráneo europeo, aunque considerando que la película se ambienta en Grecia... El tema Bond era For Your Eyes Only, interpretado nada menos que por Blondie, pero el mismo fue descartado, y habría que esperar hasta A View to a Kill de Duran Duran para tener un nuevo tema Bond rockero; la canción sin usar acabó en el disco llamado The Hunter que, como si de una maldición se tratara, acabó siendo el último de Blondie antes de disolverse por algunos añitos. Finalmente, la canción Bond fue otro For Your Eyes Only distinto, interpretada por Sheena Easton. Es también el estreno en la dirección de John Glen, antiguo editor y director de segunda unidad; con su racha de cinco películas Bond oficiales consecutivas, la más larga entre todos los directores de la franquicia, Glen iba a darle forma al 007 de toda la década de 1.980.


"No espero que lo entiendes, eres inglés, pero yo soy mitad griega, y las mujeres griegas como Electra siempre vengan a sus amados" (Melina Havelock, explicándole a 007 que va a hacer llover el infierno sobre la tierra para vengar la muerte de sus padres... años antes de que apareciera una chica Bond llamada Elektra King, hilarantemente).
007 visita la tumba de su esposa, y hasta ahí va a buscarlo un helicóptero. Sorpresa: todo es un complot de cierto personaje calvo y con un gato blanco, al que no llaman Blofeld para no terminar recibiendo una llamada amenazante de los abogados, pero que se ve como Blofeld, actúa como Blofeld y tiene la alopecia de Blofeld... El villano que no es Blofeld, señores abogados, atrapa a Bond en el helicóptero y lo maneja a su antojo, pero luego Bond rompe el dispositivo de control, agarra al hombre calvo, y se deshace para siempre de él, en un enorme e implícito jódanse a los titulares de los derechos sobre Blofeld, dándole cierre de paso a la subtrama de Bond vengando a su esposa, y mandándole el recado a la audiencia de que los tiempos de 007 luchando contra supervillanos han quedado atrás, y lo que viene es... diferente. Entonces viene la secuencia de créditos, con la melosa balada de Sheena Easton, y la película en sí. En el Mar Jónico, una nave británica choca con una mina y se hunde, y un equipo de espionaje, el ATAC, se extravía. Bond tiene que encontrarlo antes de que un grupo de guerrilleros griegos le eche la mano encima y venda el aparato a los rusos, encabezados una vez más por el General Gogol interpretado por Walter Gotell. Y 007 cumplirá su misión aunque tenga que hacerlo... montado en una citroneta, en otro mensaje para la audiencia: los autos glamorosos como el Lotus de La espía que me amó, también han quedado atrás. Escrito lo anterior muy en serio. Por cierto, y viene un spoiler aquí, esta es una de las pocas películas Bond en que el villano no viene definido desde el comienzo, ya que a mitad de la historia se descubre que el aliado de Bond en realidad es el traidor, y el traidor en realidad es el aliado; aunque los más sabidillos, seguro que lo ven venir, considerando que el traidor viene interpretado por Julius Glover, que ha sido villano en Star Wars e Indiana Jones. Interesantemente, y hablen todo lo que quieran de doble moral aquí, el concepto básico de Sólo para tus ojos es el mismo que Desde Rusia con amor, pero en reversa: en ésa, 007 debía obtener una máquina decodificadora de la KGB, el Lektor, y llevarla a Inglaterra, mientras que aquí 007 debe recobrar una máquina decodificadora propia, el ATAC, e impedir que la KGB le eche las manos encima, e incluso hasta la ubicación de la trama en ambas películas en los Balcanes parece un guiño deliberado.

La película fue un exitazo enorme. Los estudios United Artists atravesaban momentos muy críticos, debido a que el estreno de La puerta del cielo en 1.980 los había dejado derechamente en la bancarrota; la venta de UA acabó en su fusión con Metro Goldwyn Meyer, naciendo así MGM/UA. Había sido una operación arriesgada, debido a que el pozo económico de United Artists era realmente insondable; que Sólo para tus ojos hubiera rendido tan bien económicamente, fue la gran tabla de salvación, consolidada después con Octopussy. La franquicia Bond iba a estar asociada entonces a MGM durante las siguientes dos décadas, hasta que a su vez, MGM afrontara la bancarrota, de la cual pudo librarse gracias a, entre otras cosas, entregarle a Sony los derechos de distribución de Skyfall y SPECTRE... 007 ha peleado contra supervillanos capaces de montarse rayos láser en órbita para destruir el mundo, pero con los abogados y el mundo corporativo ha tenido más problemas que con el mismísimo grupo Quantum.

13.- Never Say Never Again (1.983).

  • Títulos varios: Nunca digas nunca jamás (en todo el mundo hispanoamericano).

Ciertas batallas han cambiado el curso de la Historia. La Batalla de Kadesh, entre el Imperio Egipcio y el Imperio Hitita. La Batalla de Kursk, en la Segunda Guerra Mundial. O los diez desastres navales que determinaron el curso de la Historia. Y, por supuesto, la Batalla de los Bonds. Resuelto que los derechos sobre Bond pertenecían a Broccoli y su banda, pero los de Operación Trueno, SPECTRE y Blofeld a Kevin McClory, éste decidió producir... un remake de Operación Trueno, por supuesto. Como no podía contar con los habitués de la saga Bond, llamó de regreso a Sean Connery, que por cierto ya había pasado la cincuentena, convenciéndole con el mejor argumento del mundo: un cheque con una sebosa sedosa cantidad de dinero. Siendo la séptima vez que interpretaba a 007, Connery marcó el récord en el personaje, sólo igualado y no superado por Roger Moore con En la mira de los asesinos, aunque en el caso de Moore, las siete películas suyas son oficiales, y en el caso de Connery, en principio sólo seis. McClory llamó a un viejo candidato a Max von Sydow, que en su minuto había sido candidato para interpretar al Doctor No, para interpretar ahora a Blofeld, luego de que se cayera el nombre de Orson Welles, mientras que el villano principal al servicio de Blofeld fue interpretado por Klaus Maria Brandauer, un actor de cierto pedigrí en el cine europeo de la época. Contrató también a dos chicas que entonces eran dinamita: Barbara Carrera, y una entonces ascendente Kim Basinger. Intentó convencer a John Barry, pero el compositor se negó por respeto a Albert Broccoli; otro que se quedó en el camino, por culpa de Sean Connery que no lo quería componiendo para la película, fue un jovencito que comenzaba a dar de qué hablar, un cierto James Horner... La banda sonora terminó a cargo de Michel Legrand, que tenía su prestigio por la música de Los paraguas de Cherburgo, además de sendos Oscares por The Windmills of your Mind, el tema de Sociedad para el crimen de 1.968, y la banda sonora de El verano del 42, y en 1.983 iba a sumar otro por Yentl. Y a producir, que son dos días. Con Rowan Atkinson, Johnny English mismo, haciendo un cameo en su rol debut.


"¡Ahora escribe esto: 'El más grande deleite de mi vida me fue entregado en un bote en Nassau por Fatima Blush', y fírmalo 'James Bond, 007'!" (Fatima Blush en plan sicótica, a punto de matar a James Bond, interpretada por una Barbara Carrera que claramente estaba disfrutando el papel).
Por supuesto que, siendo Nunca digas nunca jamás un remake de Operación Trueno, el guión es esencialmente el mismo. Incluso más que en otras películas Bond, las cuales, admitámoslo, suelen escribirse con plantilla. Al igual que sucedía con Operación Trueno, y como prueba de que Skyfall es menos novedosa de lo que parece, vemos a un James Bond médicamente acabado por las responsabilidades del trabajo, algo a lo que un entonces cincuentón Sean Connery da una triste credibilidad. Bond termina en una clínica en donde es testigo de los escarceos fetichistas de una Barbara Carrera en sus años de posar desnuda para Playboy. En paralelo, Blofeld y SPECTRE llevan a cabo un plan por el cual se apoderan de un par de misiles nucleares, con los cuales extorsionan al mundo libre. Ahora, Bond debe emprender el viaje al Caribe para detener a Sebastian Largo, el matón de Blofeld, que mantiene a su lado a Kim Basinger en sus años de posar desnuda para Playboy. Lo dicho: es Operación Trueno de suelo a techo, y no podía ser otra cosa, por supuesto.

De cara a la posteridad, esta película adquirió una triste fama por ser algo aburridona, con un Sean Connery demasiado otoñal para su propio bien, con su propio elemento de camp en la escena del videojuego de dominación mundial, y con una banda sonora firmemente enclavada en los elementos más lisérgicos y lounge de la década anterior; a pesar de esto, tuvo un éxito económico bastante envidiable, considerando que no tenía a ninguno de los actores o equipo productor de las películas oficiales. Y andando el tiempo, aunque esta película no es oficial porque no es producida por EON Pictures, los fanáticos han tendido a revalorizarla un resto, aunque sea por presentar a un Bond más serio que las mamarrachadas en las que solía caer el 007 de Roger Moore en la época. Y más todavía, considerando que muchos años después, MGM terminó comprando de regreso los derechos sobre los elementos de Operación Trueno, incluyendo a Blofeld, SPECTRE, y con Nunca digas nunca jamás en el paquete, lo que a la larga pavimentaría el camino para rodar precisamente SPECTRE en 2.015. En el camino se quedó uno de los intentos de película Bond más extraños: en la década de 1.990, Kevin McClory intentó producir una tercera versión del mismo argumento (después de Operación Trueno y Nunca digas nunca jamás), que se iba a llamar Warhead 2000, y en el cual Bond iba a ser interpretado por... Sean Connery, Roger Moore y Timothy Dalton, los tres en ese entonces ya jubilados como 007 oficiales, pero regresando para realmente un último golpe, haciendo buena la teoría clásica de que Bond ha tenido varias caras porque en realidad son varios agentes que comparten un mismo nombre código. Warhead 2000 por supuesto hubiera sido una película memorable y digna de verse... o una vergüenza al nivel de Casino Royale de 1.967. Pero como no pasó de la fase de proyecto, eso nunca lo sabremos, por supuesto.

14.- Octopussy (1.983).

  • Títulos varios: 007: Octopussy contra las chicas mortales (absurdo título en México, porque las chicas mortales trabajan para Octopussy), Octopussy: 007 contra las chicas mortales (título en Perú).

Mientras se preparaba una película Bond alternativa, Nunca digas nunca jamás, Broccoli se ponía nervioso. No es que hubiera mucho espacio para la competencia si ésta sólo podía sacar el argumento de Operación Trueno una y otra vez, por lo que la posibilidad de montar una franquicia paralela era remota en el mejor de los casos, pero aún así, 007 había estado un resto a los bandazos durante la última década, y después de la debacle de United Artists, la franquicia no podía permitirse ni la más mínima derrota. De esta manera, aunque no se sabía si Roger Moore iba a volver o no como Bond, lo contrataron por todo lo que hiciera falta. Para el rol de Octopussy, la única chica Bond que le ha dado título a su propia película, llovieron las posibilidades: Sybil Danning, Faye Dunaway, que fue considerada muy cara, Barbara Carrera, quien como puede adivinarse por lo ya escrito rechazó el rol para ir a la competencia Nunca digas nunca jamás, y Persis Khambatta, la chica de Viaje a las Estrellas: La película. Al final, en un movimiento inédito, el rol fue para Maud Adams, quien ya había sido chica Bond en nada menos que la despreciada El hombre del revólver de oro. Por su parte, aparece un nuevo M, interpretado por Robert Brown. John Barry volvió una vez más para la banda sonora, en su antepenúltimo trabajo para la franquicia. El tema musical fue la melosa balada All Time High, que como de costumbre fue un éxito, pero que fue flor de un solo día, porque para la época, ese estilo musical ya estaba pasado de moda.


"¡Debes estar bromeando! ¿007 en una isla poblada exclusivamente por mujeres? ¡No lo veremos hasta el amanecer!" (Q, mientras vigila el refugio de Octopussy y sus chicas letales).
Luego de una escena de precréditos en la Cuba castrista, riéndose un poco del revolució o muehte chicou, pasamos a la Alemania dividida en dos países, en donde luego de una breve secuencia de acción, vemos como el agente 009 es encontrado muerto, vestido de payaso, y con un huevo fabergé, en lo que debe ser uno de los inicios más ridículos de película Bond. En paralelo, vemos como el beligerante general soviético Orlov expone un malvadísimo plan por el cual detonarán un artefacto nuclear táctico en Alemania Occidental, haciéndolo pasar por un accidente en una base nuclear de la OTAN, para así promover el desarme unilateral de las decadentes y divididas democracias occidentales, y lanzar entonces la aplanadora del Ejército Ruso desde el Vístula hasta el Ebro, ganando la Guerra Fría y terminando con el independentismo catalán de paso si es que queda un huequito en la agenda; el incombustible General Gogol interpretado por Walter Gotell se opone, por supuesto. Ignorante de todo esto, Bond sigue la pista a los huevos fabergé hasta relacionarlos con un villano de la India, interpretado por Louis Jourdan, a quien ya mencionamos que se quedó en el camino en el casting de Hugo Drax para Moonraker. A su vez, este tipo está relacionado con una misteriosa chica llamada Octopussy, y que por supuesto, están conectados de alguna manera con un circo y con el artefacto nuclear. Como puede observarse, el argumento guarda ciertas sospechosas semejanzas con Los diamantes son eternos, sólo que con huevos fabergé en vez de diamantes, con una bomba termonuclear en vez de un satélite artificial con rayos láser en órbita, y con un general soviético renegado en vez de SPECTRE. Incluso hasta la idea de insertar escenas de circo, está reciclada de Los diamantes son eternos, pero con menos clase si es que cabe, porque si hay algo que querías ver en una película Bond, es a Roger Moore interpretando a 007 vestido como un payaso.

Al final, dentro de la Batalla de las Bond, ésta fue la ganadora. Es debatible si es mejor película que Nunca digas nunca jamás, pero sí hizo más taquilla y más ruido. El paso del tiempo, eso sí, no la ha tratado bien, en paricular por su humor algo mazacote, que la convierte en otra película camp de 007. Porque si hay algo peor que ver a 007 literalmente de payaso, es ver a 007 deslizándose por lianas en la India y gritando a lo Tarzán, un cuarto de siglo antes de que el hijo de Indiana Jones hiciera una bobada similar.

15.- A View to a Kill (1.985).

  • Títulos varios: En la mira de los asesinos (título en Argentina), 007: En la mira de los asesinos (título en México), Panorama para matar (título en España).

Roger Moore volvió para un último golpe: fue su séptima película Bond, batiendo el récord de Sean Connery en el rol, además de que sus doce años en el papel superan a los once del escocés, en ambos casos si dejamos fuera a Nunca digas nunca jamás como película oficial Bond. Moore tenía la provecta edad de 57 años a la edad de su retiro del personaje; de hecho, Moore era más viejo que la madre de Tanya Roberts, la chica Bond buena de la película. También es el fin de una era en otro sentido: después de haber estado en las catorce películas Bond oficiales como Miss Moneypenny, Lois Maxwell se retiró del rol: había partido en él con 35 años, y lo dejaba al igual que Moore, también con 57. La retirada de Maxwell dejó a Albert Broccoli, el productor, como la única persona que había trabajado en Dr. No que aún seguía en la franquicia. Como el villano Max Zorin, reclutaron a Christopher Walken, lo que por supuesto ayuda a que esta película se vea todavía más firmemente enclavada en la década de 1.980; previamente, David Bowie había sido considerado, pero éste prefirió ir a rodar Laberinto, y también fueron considerados Lee van Cleef y Rudger Hauer. Una vez más, Walter Gotell hace un cameo como el General Gogol. La chica Bond mala fue Grace Jones como May Day, quizás la única chica Bond que literalmente se viola a 007; como muestra de algo que guarda cierta resemblanza con el progresismo social, aunque la chica Bond mala es negra, al final se pasa al lado de los buenos y se redime sacrificando su vida para impedir el plan del villano. La chica Bond buena es Tanya Roberts, exitosa por Los ángeles de Charlie y El señor de las bestias, y que aquí alcanzó la cúspide de su carrera, antes de despeñarse en roles eróticos de tercera. Se pensó en traer de regreso a Anya Amasova, pero Barbara Bach declinó volver al rol, de manera que el personaje fue reescrito como Pola Ivanova e interpretado por otra actriz, Fiona Fullerton. John Barry vuelve para su penúltima banda sonora Bond, trabajando codo a codo con... Duran Duran, de todas las bandas, quienes lanzaron su hit A View to a Kill, incluyendo un videoclip en donde su vocalista hace una pulla, presentándose al final como "Bon... Simon LeBon". En la trastienda, Albert Broccoli se hizo acompañar por otro productor, Michael G. Wilson; después del retiro de Broccoli, Wilson seguiría en labores hasta SPECTRE inclusive. Y para ponerse bien a tono con los tiempos... es la primera película Bond que tuvo su propio videojuego.


"Por siglos, los alquimistas trataron de hacer oro a partir de metales básicos. Hoy en día, hacemos microchips de silicón, lo cual es arena común, pero mejor que el oro. Ahora, por muchos años, hemos tenido una lucrativa asociación, ustedes como fabricantes, mientras yo he adquirido y les he pasado información industrial que los hace competitivos y exitosos. Ahora estamos en una posición única para formar un cartel internacional para controlar no solo la producción, sino también la distribución de esos microchips. Hay sólo un obstáculo: Sillicon Valley en San Francisco" (Pinky y Cerebro Max Zorin explicando su malvado plan para conquistar el mundo... de las microcomputadoras).
A diferencia de las dos películas anteriores, en las cuales las escenas de precréditos eran secuencias de acción aisladas del resto de la trama, aquí la misma es un prólogo en forma: vemos a 007 en el Artico, tratando de recuperar un chip. Después de la secuencia de créditos con infaltables siluetas de chicas desnudas, vemos que el chip se relaciona de alguna manera con las empresas de un personaje llamado Max Zorin, interpretado con su habitual aura escalofriante por Christopher Walken. Luego viene una serie de incidentes en relación a meterle drogas a los caballos de carreras, en lo que parece ser una reelaboración de los huevos de fabergé de la entrega anterior, pero más aburrido si es que cabe; todo esto lleva a los intentos de Max Zorin por matar a Bond, por supuesto, con Grace Jones como chica Bond mala a cargo del asesinato, incluyendo una adrenalínica secuencia de acción en la Torre Eiffel. Esto enoja mucho al General Gogol, porque en realidad, Max Zorin es el producto de los delirios febriles del guionista experimentos biológicos de un antiguo científico nazi trabajando para la KGB para fabricar superespías que sean genios diabólicos, lo que por supuesto, tratándose de Christopher Walken, desde el principio no auguraba nada bueno. Encomendándose entonces a los manes de Auric Goldfinger, Lex Luthor Max Zorin expone a unos inversionistas su plan diabólico, que consiste no en detonar una bomba nuclear en Fort Knox, sino en destruir Silicon Valley con un terremoto. Como puede apreciarse, la primera mitad de la película sigue en líneas generales el argumento de Octopussy, y la segunda, el argumento de Superman Goldfinger.

Si las películas Bond anteriores todavía presentaban un cierto espíritu lounge de finales de la década de 1.970, más propio del Miami de Julio Iglesias que de una época en donde la electrónica comenzaba a hacerse omnipresente, con En la mira de los asesinos se produce de verdad el cambio de década en la franquicia. Para bien o para mal. Tener a una chica Bond machorra como Grace Jones o a una banda andrógina como Duran Duran a cargo del tema Bond, es algo muy característico de la ambigüedad de la década, lo que es un plus o un contra a según los gustos. Pero a cambio, lo que le falta a En la mira de los asesinos es glamour. Christopher Walken interpreta con su mortífera eficacia a Max Zorin como uno de los villanos más monstruosos de la franquicia, de eso no cabe duda, pero a cambio tenemos que parte de la película transcurre en un San Francisco en el que no hay rastros de la sórdida y gozosa cultura disco que le dio tanta personalidad, que la chica Bond buena es insípida y deslavada, que la trama de los caballos con doping no puede ser más aburrida. El propio guión era incluso más ridículo: en su primer borrador, Max Zorin intentaba destruir Sillicon Valley... desviando el Cometa Halley. En la mira de los asesinos tiende a ser mejor valorada por aquellos para quienes fue una de sus primeras aproximaciones a las películas de James Bond, pero no cabe duda de que se han rodado mejores. Por suerte, Albert Broccoli tomó nota, y para la siguiente entrega, ya con Roger Moore jubilado, James Bond ya se asentaría firmemente en la década de 1.980. Ya era hora: la misma estaba por terminar.

Próxima entrega: Más allá de la Guerra Fría.

2 comentarios:

Cidroq dijo...

Va muy bien la saga de bond, ya se acerca a la etapa cuando conoci a este personaje con golden eye.

Guillermo Ríos dijo...

Para la próxima, toca la brevísima etapa de Timothy Dalton, y casi todo Pierce Brosnan. Creí que ese posteo no iba a resultar, pero poniéndolo contra el telón del desplome de la Cortina de Hierro, quedó mucho más cohesionado de lo que pensaba a primera vista...

Related Posts with Thumbnails