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jueves, 15 de octubre de 2015

007x25 (2 de 5) - James Bond quizás no regresará.

Roger Moore en The Man with the Golden Gun.
Las cinco primeras películas de James Bond con Sean Connery, porque debemos excluir la Casino Royale televisiva de 1.954, o la parodia Casino Royale de 1.967, forman una era clásica para el agente 007 en el cine, la época en donde se formaron todos los tópicos de lo que después va a ser la franquicia. Y por qué no decirlo, los tópicos que definirán a toda un ala del cine de espionaje, el cine de espías de smoking y martinis, que serán interpretados después tanto de manera correcta como parodiados hasta la saciedad. Incluso una película como la xXx de Vin Diesel, de 2.002, en su intento por construir lo que el tagline llamaba un nuevo tipo de héroe, toma al James Bond de Sean Connery como el referente de todo aquello que querían evitar con su franquicia, lo que algo dice, porque en definitiva, como dicen los ingleses, demasiado al este es oeste, y demasiado tratar de evitar algo hace que el resultado acabe pareciéndose un poco a ese algo, si no en el estilo, sí en la substancia.

Pero James Bond estaba por entrar en aguas muy oscuras. Después de Sólo se vive dos veces, Sean Connery estaba cansado del personaje, y de hecho, renunció al mismo. Comenzó así una edad oscura en donde James Bond anduvo a los tumbos, los productores se agarraron por los pelos entre sí, hubo un baile de actores en el rol, la calidad de los guiones descendió de manera brutal, y en general todo se transformó en un desastre. Desde la actualidad, considerando que Skyfall, la película que marcó los cincuenta años del héroe en el cine, fue la película más exitosa de la franquicia y llegó a coronarse como una de las películas más taquilleras de todos los tiempos en su minuto, resulta casi hilarante observar que en la primera mitad de la década de 1.970, James Bond estuvo a punto de desaparecer de los cines. Y sin embargo, así fue. Por eso, aquí en la Guillermocracia, en esta serie de posteos que hemos llamado 007x25, corresponde repasar esa época turbulenta en donde James Bond estuvo a punto de colgar el smoking y, suponemos, a beber como carretonero hasta fallecer de una intoxicación hepática. Una era en donde James Bond se pasea por los estudios que escenificaron el alunizaje del Apolo 11, o se mete en peleas de karate, o se enfrenta directamente contra el vudú... Sí, señores. Así de terrible fue la época que estamos a punto de reseñar aquí.

6.- On Her Majesty's Secret Service (1.969).
  • Títulos varios: Al servicio secreto de su majestad en Argentina, 007 al servicio secreto de su majestad en España, 007: Al servicio de su majestad en México para distribución en DVD, 007 al servei secret de sa majestat en catalán.
Finalmente, Sean Connery renunció a ser James Bond. Se barajaron nuevos nombres, incluyendo a Roger Moore, aunque él estaba involucrado con la serie El Santo, y por tanto no pudo ser. De momento. También a un tal Timothy Dalton, que declinó por ser joven, apenas 22 años, mientras que Connery al asumir el personaje tenía 31, y tampoco pudo ser. También de momento. Le ofrecieron el rol también a Adam West, fresco su éxito en Batman, pero él declinó, sintiendo que Bond debía ser interpretado por un británico y no un estadounidense. La búsqueda de un nuevo actor británico para encarnar al personaje llevó hasta un modelo... australiano. Llamado George Lazenby. Hubo preocupación porque el público aceptara al nuevo Bond, e introdujeron una subtrama en donde 007 era sometido a cirugía plástica; al final esto fue descartado, aunque en un minuto de la película en donde al agente se le escapa la chica, Lazenby lanza un jovial y sutil (y penoso) jab al cambio de casting: "esto no le hubiera pasado al otro tipo"... También reemplazaron a Blofeld, quien ahora es interpretado por Telly Savalas, algunos años antes de hacerse famoso como el detective amigo de los chupetines, en la serie televisiva Kojak, en parte porque los productores querían a un Blofeld más... físico, por decirlo de alguna manera. La chica Bond aquí es Diana Rigg, salida de Los Vengadores igual que Honor Blackman, y que tiene el honor de ser la única que ha conseguido llevar a 007 al altar; y va a pagar su precio por eso, claro está, que Bond no deja de ser un tanto tóxico, en lo que a relaciones sentimentales se refiere. Para la banda sonora repitió John Barry. Luego de Desde Rusia con amor, tenemos otro tema Bond instrumental, el segundo y último a la fecha, porque no había cómo meter la frase completa On Her Majesty Secret Service en la letra sin que sonara ridículo, en esas eras anteriores al rap o al Black Metal. Aunque con el paso del tiempo, el tema de cierre (We Have All the time in the World, la última canción grabada por Louis Armstrong antes de fallecer) ha sido elevado a canción Bond honoraria, entre los fanáticos.


Está bien. Está todo bien, en realidad. Ella está descansando. Vamos a seguir pronto. No hay prisa, mira. Tenemos todo el tiempo en el mundo” (James Bond, después de que los agentes de SPECTRE le matan a la señora).
Esta fue la primera vez en la franquicia, y habrían algunas más, en donde los productores ensayaron un back-to-basics. Tratando de que no se les fuera la pinza con la extravanganza, después de presentar asaltos contra Fort Knox, secuestros de bombas nucleares, bases enemigas en volcanes apagados y cápsulas espaciales secuestradas en órbita, recurrieron a un argumento más terráqueo, por así decirlo. En esta película, James Bond debe ganarse la amistad de un jefe mafioso para que éste revele el paradero de Blofeld. A su vez, dicho jefe tiene un problema con su hija, que es rebelde y levantisca y por supuesto necesita de un hombre que la domestique, faltaba más, de manera que pone como condición, que James Bond se case con su hija. Sucede que Bond se enamora sinceramente de la chica y todo. Luego, con la información del jefe mafioso, Bond se lanza a la caza de Blofeld y SPECTRE, que en el intertanto ha desarrollado un plan que involucra guerra bacteriológica para arruinar los cultivos y el suministro de alimentos en Inglaterra. Al final de la película, Bond termina contrayendo matrimonio con la chica, pero ya se sabe lo que sucede con las chicas Bond, de manera que Blofeld termina matándola. Y una ironía macabra: Irma Bunt, la matona de Blofeld, luego de haber ayudado a la muerte de la esposa de Bond, escapa sin ningún castigo, pero la actriz que la interpretó, Ilse Steppat, falleció a los 52 años de un ataque cardíaco, apenas una semana después del estreno de la película...

Contra la leyenda popular de que esta película fue un fracaso, en realidad fue un taquillazo bastante importante, y fue la décima película más taquillera del año, aunque tuvo menos beneficios que las películas de Connery. Aún así, la película pasó a la historia con más oprobio que gloria, en buena medida por ser la más larga película Bond hasta Casino Royale de 2.006, y la desmayada dirección de Peter Hunt, en su debut y despedida de la franquicia, que se estrenaba en el oficio después de haber sido editor en películas Bond anteriores. George Lazenby por su parte pasó a la historia como una especie de chiste ambulante, gracias a ser el Bond que no era Sean Connery; incluso fue materia de pullas en Pinky y Cerebro, de todos los lugares posibles. De manera algo injusta, porque en realidad, por alguna razón, los tabloides británicos se cebaron con Lazenby, montando toda una campaña en su contra; un inocente comentario de Diane Rigg según la cual ella iba a almorzar cebollas, los tabloides lo deformaron hasta hacer creer a la gente que ella odiaba tanto a Lazenby, que masticaba cebollas antes de sus escenas de amor con el actor. Los productores por su parte sí querían que Lazenby siguiera como Bond, hasta el punto de ofrecerle un trato por siete películas, pero éste pensaba que James Bond pertenecía al pasado, y que el futuro eran dramas sociales rebeldes y cine hippie como El graduado o Busco mi destino. Hoy en día es fácil reirnos del pobre infeliz porque sabemos cómo se desarrollaron las cosas, pero en 1.969, dadas las circunstancias, era una decisión tan buena como la opuesta, de manera que no podemos culparlo. En su etapa de decadencia, terminó actuando en películas de Emmanuelle, y hagan lo que quieran con este dato. Por cierto, es posible que esta película experimente una revalorización en los últimos años, ahora que un James Bond más emocionalmente comprometido y con supervillanos menos bombásticos se han puesto de moda de nuevo, gracias al Bond de Daniel Craig.

7.- Diamonds are Forever (1.971).
  • Títulos varios: Los diamantes son eternos en Argentina, Diamantes para la eternidad en España, 007: Los diamantes son eternos en México.
A pesar del desastre de relaciones públicas que significó George Lazenby como Bond, los productores quisieron seguir con él, y le enviaron el adelanto por su rol en la nueva entrega de 007, que él ceremoniosamente devolvió. Varias otras opciones se cayeron: Burt Reynolds en su época de oro, John Gavin que ya había hecho cine de espías, Adam West otra vez, Michael Gambon que años después sería... ¡Dumbledore! Desesperados, los productores se volvieron una vez más a Sean Connery, y le ofrecieron un millón y cuarto de dólares; en la época, ningún intérprete de Hollywood había recibido un millón o más por una película... salvo Elizabeth Taylor en Cleopatra. Hubo planes para recontratar a Gert Fröbe como el hermano gemelo de Goldfinger, movimiento que por suerte no llegó a puerto; al final, se contrató otra vez a otro actor para interpretar a Blofeld, que fue Charles Gray, justificado mediante cirugía plástica al personaje. El que sí regresó desde Goldfinger fue el director Guy Hamilton, en la segunda de sus cuatro direcciones para 007. Entre las chicas Bond, fue contratada Jill St. John como la principal, la primera chica Bond de Estados Unidos, luego de que se cayeran Raquel Welch, Jane Fonda y Faye Dunaway como opciones. También Lana Wood, gracias a un método de casting infalible para estos casos: los productores vieron una sesión suya de fotitos para Playboy. Dicho sea de paso, Lana Wood es hermana menor de otra actriz más célebre: Natalie Wood. El incombustible John Barry volvió otra vez para el soundtrack. Mientras que la canción Bond, Diamonds are Forever, es interpretada por una carta segura: Shirley Bassey, que ya interpretara la icónica Goldfinger, se repite el plato, con una de las canciones Bond más depresivas de todas, en que la chica se queja de que no necesita el amor, porque los diamantes nunca le mienten...


"¡Dónde está Blofeld!" (frase repetida por James Bond a varios pobres diablos que se cruzan en su camino, en la secuencia de precréditos).
Para el argumento, se inventaron una historia más o menos estrafalaria que hiciera caso omiso del estilo algo más naturalista de Al servicio secreto de Su Majestad. La película se abre con James Bond persiguiendo a Blofeld, no se menciona por qué para dejar más o menos en el olvido la película anterior, aunque el espectador avisado sabe que es por haberle matado a la señora. Finalmente, Bond atrapa a Blofeld y lo mata de una manera bastante cruenta... o eso parece. Su siguiente misión es investigar una operación de contrabando de diamantes entre Sudáfrica y Holanda. 007 une fuerzas con Tiffany Case, una contrabandista internacional con la que llega a Estados Unidos, y muy en concreto a Las Vegas; esto fue una maniobra de los productores para tratar de ganarse al público de Estados Unidos, país en donde Al servicio secreto de Su Majestad había resultado decepcionante en la recaudación. Al poco tiempo, Bond descubre que todo se relaciona con un millonario recluso estilo Howard Hughes; se dice que Hughes estuvo tan satisfecho de que un personaje a imitación suya fuera incluido en la película, que les permitió rodar en sus casinos a cambio sólo de tener una copia en 16 milímetros de la película final. El caso es que cuando Bond visita al millonario recluso parecido a Hughes, se encuentra con una sorpresa: ¡Blofeld sigue vivo! Descubre al mismo tiempo cuál es el verdadero propósito de Blofeld, al contrabandear los diamantes: utilizarlos para el espejo de un gigantesco cañón láser en órbita alrededor de la Tierra, con el cual llevará a cabo el clásico plan supervillanesco de tomar al planeta como rehén, obtener un gran botín, etcétera. Lo de siempre. Por cierto, en medio de todo el tinglado, descubrimos que Blofeld ha reclutado a una pareja de matones demasiado amanerados como para no ser homosexuales, por un lado, y a otra pareja de matonas demasiado marimachos como para no ser lesbianas. James Bond, ese ícono del progresismo social...

Esta película fue recibida con cierta displiscencia, y se ha transformado en una de las Bond menos favoritas de todas. En parte porque tratan de hacer un híbrido entre el Bond sesentero, y adecuarse en algunas cosas a la nueva cultura de la década de 1.970, y fallando un poco en ambos respectos. Las películas de James Bond no eran inmunes del todo al camp, aspecto éste que ha proporcionado incontables toneladas de combustible a las parodias de Bond, pero las de la década de 1.960 en general tenían una cierta seriedad, mientras que en ésta, el presentar ideas cada vez más extravagantes cada vez, la han perjudicado. Y por extravagancia nos referimos a cosas tales como que Bond, en un minuto de la película, descubre por accidente el estudio en donde se falsificaban los alunizajes de la NASA... Por cierto, debido al problema de los derechos sobre Operación Trueno, ésta será la última película en donde Blofeld y SPECTRE aparecerán de manera oficial, hasta SPECTRE de 2.015 por lo menos, salvo por Nunca digas nunca jamás, así como por el cameo en Sólo para tus ojos.

8.- Live and Let Die (1.973).
  • Títulos varios: Vivir y dejar morir en Argentina, Vive y deja morir en España, 007: Vive y deja morir en México.
Tercera película Bond en una racha, que es interpretada por un 007 distinto. Sean Connery se negó a regresar, a pesar de que estaban dispuestos a más que cuadruplicarle el salario. Empezó otra vez el baile de nuevos candidatos. Entre otros, se barajó a Julian Glover, de quien ya publicamos un posteo entero aquí en la Guillermocracia. United Artists, la distribuidora, quería un Bond estadounidense, y los nombres de Burt Reynolds, Paul Newman y Robert Redford se barajaron. Incluso le ofrecieron el rol a ¡Clint Eastwood!, aunque él declinó porque sentía que el personaje debía ser para un británico; ese mismo año, Eastwood hizo entrar en escena a su propio personaje de dispararle a los hombres y agarrarse a las mujeres, que fue Harry el Sucio en la película del mismo nombre. Al final primó el criterio de Albert Broccoli debía ser un británico, y Roger Moore fue contratado para el papel; con sus 45 años en la fecha, es el Bond más viejo que ha asumido el rol. El rol del villano fue para Yaphet Kotto, actor negro prominente de la época, quizás más conocido hoy en día por ser el negro de Alien. El rol de Solitaire, la chica Bond principal, fue para Jane Seymour, en su debut actoral, y cerca de década y media antes de ser la protagonista de la serie televisiva Doctora Queen: La mujer que cura. Se barajó que el rol fuera para Diana Ross, pero luego se descartó porque en ciertos mercados, que el héroe mantuviera un romance entre blanco y negra era tabú, mercados como Japón o Sudáfrica, por más señas... Y por primera vez en esta serie de posteos 007x25 aquí en la Guillermocracia, escribo que John Barry no musicalizó ésta; de la banda sonora se hizo cargo George Martin, en su único aporte a la franquicia. La canción Bond por su parte fue encargada a Paul McCartney and Wings, toda una ironía si se considera que en Goldfinger, James Bond dice de la champaña tibia: "Es tan mala como escuchar a The Beatles sin orejeras"... El resultado fue Live and Let Die, un notable tema rockero que se aparta de la tradicional balada lounge sesentera que era propia de la franquicia, pero que hoy en día es más conocido por el cover que grabó Guns 'n' Roses.


Los nombres son para las lápidas, nene” (Kananga, interrumpiendo a Bond cuando éste le va a soltar el clásico “Bond, James Bond”).
Aparece un hombre de terno en Nueva Orleans, que ¿es el nuevo James Bond? No, porque se lo cargan. En una sesión de la ONU, matan a un embajador, y... ¿aparecerá el nuevo James Bond? No, porque tenemos un salto a la isla de Saint Monique en donde vemos a un hombre de terno amarrado en un ritual vudú, y, ¿es el nuevo James Bond, que se liberará y...? No, porque lo matan. ¿En dónde está el verdadero James Bond entonces? En su apartamento, gozando con una agente italiana, interpretada por Madeline Smith, una habitué de las películas de terror de la Hammer. Bond es enviado a investigar el asunto de la ONU, y a poco de andar, descubre que todo parece formar parte de un asunto relacionado con el tráfico de heroína por parte de los afroamericanos de Estados Unidos. James Bond, ese ídolo del multiculturalismo. El caso es que James Bond se lía con la primera chica Bond negra de la Historia, interpretada por Gloria Hendry, que resulta ser una agente de la CIA, pero como eso podía ser demasiado progresista, al final resulta que la chica es una traidora que trabaja para el villano. Y éste, por su parte, descubre el más grande complot de la Historia para apoderarse del mercado de heroína en Estados Unidos, e inundar el país con droga barata.

Esta película fue en muchos sentidos, un intento por sacudir la fórmula Bond; los resultados son interesantes, pero también discutibles. Ya con pie firme en la década de 1.970, con menos psicodelia, los supervillanos con planes de dominación mundial quedaron atrás, en beneficio de la geopolítica y el crimen organizado. Por otro lado, trataron de hacer la acción un poco más pie en tierra, descartando la presencia de Q... aunque éste regresó en futuras películas, por demanda popular. También fue un intento por subirse al carro de la blaxplotation, aunque tratándose de James Bond, no podemos esperar progresismo aquí: todos los negros en esta película son tontos, villanos o traidores. La película tampoco gana enteros por ser la única en la franquicia que, interpretada de cierta manera, pareciera acreditar la existencia de lo sobrenatural, y más en concreto, da a entender que en el universo Bond, la clarividencia y el vudú funcionan de verdad, lo cual por supuesto es un what the... en toda regla. En otros respectos, la aparición de Quarrel Jr. fue un homenaje a Doctor No, aunque luego el personaje fue el favorito de nadie. Hubo un intento de crearle a Bond un sidekick estadounidense que no fuera el agente de la CIA Felix Leiter, personaje recurrente de la saga, pero el obtuso, redneck y racista sheriff J.W. Pepper no gustó a nadie, y con razón, hasta el punto de ser casi el Jar Jar Binks de las películas Bond. Todos estos cambios parecen haber molestado a las audiencias, que lentamente empezaron a considerar a James Bond como un personaje desesperado por mostrar que todavía era relevante.

9.- The Man With the Golden Gun (1.974).
  • Títulos varios: El hombre del revólver de oro en Argentina, El hombre de la pistola de oro en España, 007: El hombre del revólver de oro en México.
Mirado en retrospectiva, resulta hilarante pensar que, a mediados de la década de 1.970, se consideraba que la franquicia de 007 estaba en sus últimas zancadas. Los diamantes son eternos había sido demasiado camp, y Vive y deja morir había tratado demasiado de mostrar que James Bond todavía era relevante. Además, los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman acumulaban diferencias cada vez mayores: Saltzman pensaba que la franquicia debía mantener su identidad, volviendo a los elementos que la habían hecho exitosa en la década de 1.960, mientras que Broccoli pensaba que el camino era mantenerla actualizada con lo que fuera la moda del día. En medio de esto, rodaron la película basada en la última novela de la saga literaria. Al menos, para el villano Francesco Scaramanga contrataron a Christopher Lee, algo más de una década después de que él declinara ser el Doctor No... y eso, después de que se cayera la opción de Jack Palance. Para el matón del villano contrataron, por alguna razón, a Hervé Villechaize; todos los que tenemos cierta edad lo recordamos con cariño por haber interpretado a Tatoo en La isla de la Fantasía junto a Ricardo Montalbán, pero como villano Bond, Villechaize es un error de casting absoluto. Como chica Bond contrataron a Britt Ekland, famosa entonces por El culto siniestro, y que iba para el rol de la amante del villano antes de que los productores la vieran en bikini y decidieran darle el rol de la chica Bond buena; la chica Bond mala por su parte fue interpretada por Maud Adams, una de las poquísimas chicas Bond que se repitió plato, porque interpretó después nada menos que a Octopussy en... Octopussy, naturalmente. Llamaron a bordo una vez más a John Barry para la banda sonora, quien hizo un trabajo mediocre e indigno de su talento. Siguiendo con la idea de tener un tema Bond rockero, llamaron a la cantante británica Lulu; las canciones Bond no han estado exactamente libres de sugestiones y dobles sentidos, pero The Man With the Golden Man es probablemente la canción Bond menos fina y más picante y vulgar de todas las producidas. A un lado quedó una canción también llamada The Man With the Golden Gun, ofrecida a los productores y rechazada por éstos, y compuesta por... Alice Cooper.


"Quiero decir, señor, ¿quién pagaría un millón de dólares para matarme?" (pregunta cándida de James Bond a su jefe). "¡Maridos celosos! ¡Chefs enrabiados! ¡Sastres humillados! ¡La lista es interminable!" (la británica respuesta de M).
La película se abre cuando a las oficinas del servicio secreto británico llega una bala de oro. Es la tarjeta de presentación del mítico Francesco Scaramanga, un asesino tan misterioso, que nadie conoce su rostro, algo mucho más fácil entonces que ahora, con tanto personaje tomándose selfies a lo bestia por el mundo. Parece ser que Scaramanga va tras Bond, y éste, que estaba en misión, es sacado de la misma y enviado a la cacería de Scaramanga. Pero luego de viajar aquí y allá, resulta que Scaramanga también tiene un interés en la misión de Bond, por lo que éste es reasignado: ahora deberá cumplir su misión original, y matar a Scaramanga de paso. ¿Dicha misión original? Obtener y proteger una nueva tecnología que permitirá solucionar la crisis energética mundial. Por supuesto, Scaramanga es un asesino tan bueno que podría matar a James Bond cuando quisiera, y por supuesto, Scaramanga respeta tanto profesionalmente a Bond, que en vez de liquidarlo, crea una serie de juegos mortales para él. Uno que incluye, entre otras mamarrachadas, una secuencia entera en Bangkok, con artes marciales, posiblemente para demostrar que los productores estaban al corriente tanto de las películas de Bruce Lee, como de los escarceos softcore de la señorita Sylvia Kristel...

Esta vez, la debacle fue generalizada. El hombre del revólver de oro es una de las películas Bond menos taquilleras de todas, y fue recibida con rechiflas por casi todo el mundo. El guión era una memez, volvía a aparecer el irritante sheriff Pepper de la película anterior, ahora en Bangkok, so pretexto de estar en vacaciones, hay apenas seis muertes en lo que se supone debería ser una percutante película de aventuras y tiros, siendo el más bajo conteo de bajas en una película Bond a la fecha, y el matón del villano era tan penoso, que es el primer matón de villano que resulta capturado en vez de muerto. Por su parte, la tecnología energética que sirve de macguffin a la película, luego de ser comercializada, debería haber cambiado el universo de James Bond hasta convertirlo en uno de Ciencia Ficción, algo que obviamente no veremos en las secuelas. De hecho, con esta película, parecía que la franquicia estaba muerta. El bochorno fue tan grande, que Harry Saltzman decidió no producir ninguna película Bond más (ayudado por problemas familiares y personales, eso sí), y vendió su parte de EON Productions a Albert Broccoli, que en adelante siguió como productor único de la franquicia. A Guy Hamilton, por su parte, no lo volvieron a poner a cargo de una película Bond nunca más, y eso que el hombre había dirigido cuatro, entre ellas la mítica Goldfinger. Hoy en día, la única razón por la que el grueso del público suele considerar que vale la pena ver esta entrada, es porque el villano es Christopher Lee, con su habitual talento para robarse todas las escenas en que aparece. O para los más morbosos, porque el sheriff Pepper termina arrestado por la policía tailandesa, y como no volvemos a verlo en la franquicia, lo mismo podemos suponer que ha estado pudriéndose todos estos años en un calabozo tailandés en compañía de un montón de pedófilos internacionales...

10.- The Spy Who Loved Me (1.977).
  • Títulos varios: La espía que me amó en prácticamente toda Latinoamérica y España, 007: La espía que me amó en México para su distribución en DVD, L'espia que em va estimar en catalán.
Desde los orígenes mismos de la franquicia, la misma había sido producida por la combinación de Albert Broccoli y Harry Saltzman, pero la renuncia de este último dejó a Broccoli como monarca absoluto. Y decidió jugárselo al todo por el todo, en una película Bond que le devolvería la grandeza a la saga. Basta de asuntos mundanos como el tráfico de heroína o la crisis energética; era hora de que apareciera otro gran supervillano con planes de dominación mundial. Y como en esos años estaba de moda la Distensión, en que Estados Unidos y la Unión Soviética estaban más amistosos que en la década anterior, nada mejor que (a)parear a una espía soviética con James Bond, contra un enemigo común. Broccoli dio también el paso de, por primera vez, crearse una historia original. Las películas Bond anteriores habían fluctuado entre adaptaciones muy fidedignas, y otras que tomaban apenas un par de elementos y listo, pero siempre había una base literaria, mientras que en este caso, lo único tomado del relato original fue el título, además del propio 007 por supuesto, que incluso en la historia original es apenas un secundario que aparece apenas al final. Broccoli no se cortó, y gastó 13 millones de dólares, el mayor presupuesto para una película Bond en la época; ayudó que, pese al declive de la franquicia, habían empresas interesadas en product placement, lo que ayudó al financiamiento. Para la dirección intentaron llamar a un joven director que parece prometer a futuro, el muchacho, un tal Steven Spielberg, porque había rodado un interesante thriller llamado El duelo, pero decidieron esperar a ver qué hacía con cierta producción de monstruos llamada Tiburón... y después del éxito de esa película, Spielberg se había hecho demasiado caro como para ser contratado. Para el rol de Jaws, el matón del villano, fue contratado Richard Kiel, en lo que fue un papel muy sufrido para él, toda vez que las prótesis bucales eran tan dolorosas, que sólo podía rodar en secuencias de quince a veinte segundos antes de verse obligado a quitárselas. Para las chicas Bond no se recataron: Anya Amasova fue interpretada por Barbara Bach, futura señora de Ringo Starr, y la chica Bond mala fue interpretada por Caroline Munro, que al igual que la Bach, ambas tenían cierto pedigrí en la serie B y softcore de Europa. Walter Gotell fue contratado por su parte para interpretar al General Anatoli Gogol, el líder de la KGB, que sería un personaje recurrente en otras películas Bond, y con su mezcla de profesionalismo, amabilidad y espíritu deportivo, se hizo lo suficientemente popular como para sobrevivir incluso al colapso de la Unión Soviética: en Goldeneye, la última aparición canónica del personaje, lo veremos como político en la nueva Rusia. Para la banda sonora, John Barry se hizo a un lado por segunda vez, y entró Marvin Hamlisch, que le dio aires frescos a la música Bond, componiendo una versión disco del tema principal, llamado Bond '77. La canción Bond fue una balada disco lounge a la moda de la época, que por primera vez no se llamó igual que el título de la película, ya que el título es Nobody Does It Better; por cierto, la melodía principal tiene más que un cierto parecido con el segundo movimiento del Concierto para Piano número 21, de Wolfgang Amadeus Mozart, y si no me creen, prueben a cantar con la letra de la canción, sobre dicho movimiento de dicho concierto, y verán que más o menos calza.


"Bien, bien... Un agente británico enamorado con una agente rusa. Distensión, en verdad" (Stromberg, el villano, tomándose a guasa la premisa del argumento).
Al comenzar la película, el agente 007 se encuentra en Austria, cuando de pronto es emboscado por hombres de la KGB; escapa por los pelos, a punta de cargarse a unos cuantos espías enemigos. En paralelo, misiles balísticos soviéticos y británicos están desapareciendo. James Bond sigue una interesante pista: un dispositivo de rastreo relacionado con el tema, está a la venta en Egipto. Allí, tiene sus primeros choques con Jaws, un matón con mandíbulas capaces de romper acero, porque siempre debes escoger bien a tu dentista. También por ahí ronda Anya Amasova, una agente soviética que allí donde esté ella, que se quite Black Widow, y cuyo nombre clave es Triple X, para que vean que Vin Diesel no inventó el concepto. Ambos unirán fuerzas para enfrentarse a Stromberg, un misterioso villano que ha construido una base submarina llamada Atlantis, y que ha diseñado un plan digno de Blofeld: lanzará los misiles nucleares para destruir Moscú y Nueva York, hará pensar a las superpotencias que se han atacado mutuamente, y desatará la Tercera Guerra Mundial, en lo que es una mezcla de los planes malvados de Operación Trueno y Sólo se vive dos veces, en definitiva. A dicha Tercera Guerra Mundial, Stromberg sobrevivirá en su base submarina, desde la cual emergerá para conquistar el mundo y configurarlo a su imagen y semej... la megalomanía de costumbre. Los villanos iban a ser Blofeld y SPECTRE, de hecho, antes de que saliera una vez más a la palestra el sempiterno tema de los derechos sobre ambos aspectos de la franquicia Bond. Por cierto, ¿ya mencionamos que el amante de Anya Amasova, fue uno de los pobres diablos a quienes Bond se cargó en la secuencia inicial, y que ella va a estar muy enojada cuando se entere que está trabajando junto con el asesino de su fuente de calor para los inviernos rusos...?

La película fue recibida con aclamación prácticamente universal, siendo saludada como la mejor película Bond desde la era de Sean Connery, o mejor dicho, desde la era clásica de Connery, dejando fuera a Los diamantes son eternos. Al día de hoy, suele ser considerada como la mejor película Bond de Roger Moore, y una de las más serias candidatas a mejor película Bond de todas. La banda sonora de Marvin Hamlisch resultó un trabajo tan excelente que se ganó una nominación a los Premios Oscares; y probablemente hubiera triunfado de no ser porque apareció en el mismo año un tal John Williams, que compuso cierta banda sonora para cierta peliculilla de aventuras espaciales, y... ustedes ya pueden deducir el resto. Nobody Does It Better, por su parte, resultó un exitazo en el mundo discográfico. En general, puede decirse que La espía que me amó reposicionó a James Bond en el mundo de la cultura popular. Por desgracia, la franquicia después entraría en una nueva fase de decadencia, no tan severa como la anterior, pero que entregaría algunas películas que oscilarían entre lo entretenido, y lo más o menos olvidable.

Próxima entrega: El espía camp.

2 comentarios:

Cidroq dijo...

Muy interesante este recorrido de la historia de este icónico espía británico

Guillermo Ríos dijo...

Gracias. En la próxima entrega, terminamos el recorrido por la era Moore.

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