martes, 22 de septiembre de 2015

Cinco mentiras cochinas de Facebook.


La vida es la vida que la gente tiene, y los perfiles de Facebook es la vida que les gustaría tener. O lo que es lo mismo, una vida demediada. Porque a Facebook se suben las alegrías, pero se esconden las tristezas, se muestran los éxitos, pero se tapan los fracasos, se vociferan los halagos, pero se silencian las humillaciones, y en general, toda la gente procura mostrar que es más exitosa y feliz que tú. Aunque hay un aspecto positivo de todo ello: acá en la Guillermocracia hemos lucrado a lo bestia criticando, ironizando y en general quedando como entes superiores, respecto del espíritu posero que se anida en el corazón de todo feisbuquero promedio. Porque el día en que la gente sea honesta y decente, no tendré más material del cual escribir, y la Guillermocracia morirá de inanición.

El caso es que la gente miente en Facebook como un bellaco. Y lo que es peor, no parecen darse cuenta de que nosotros vemos transparentemente a través de sus mentiras. Porque ya conocemos un poco a la Humanidad para saber qué resortes son los que saltan tras determinadas conductas. Hay incluso ciertas mentiras que son arquetípicas. Tanto, que incluso los propios mentirosos en cuestión muchas veces se autoengañan hasta olvidarse de que están mintiendo en primer lugar. A continuación, acá en la Guillermocracia, reseñamos cinco de esas grandes mentiras tópicas que has leído en Facebook. O, peor aún... que tú mismo has escrito. Para que estés sobre aviso, si no te habías dado cuenta.

1.- "Estoy feliz".

Cada vez que leo eso en el perfil de Facebook de alguien, sé que no es verdad. O al menos, sé que no es ciento por ciento verdad. Porque la felicidad es ante todo un asunto interno, y tiene que ver con sentirse a gusto en la vida propia y personal. Dicho en otros términos, la felicidad no se comenta, sino que se vive. Déjenme explicarlo de la siguiente manera. ¿Recuerdan en Forrest Gump, que el protagonista decía algo en la línea de "estúpido es el que hace cosas estúpidas"? Es más o menos lo mismo con la felicidad: feliz está el que hace cosas que lo hacen feliz. No el que las dice.

La verdad verdadera: Una persona que vocea que "es feliz", quiere que los demás le hagan caso, y ese refuerzo positivo lo haga feliz. Pero una persona que ya es feliz, no piensa en acaparar más felicidad porque no necesita más de lo que tiene. Ese acaparar es codicia, y la persona codiciosa nunca es feliz porque siempre está deseando más.  Ergo, al momento de escribir "soy feliz", no lo es de verdad porque le falta algo substancial para serlo: el reconocimiento ajeno. Queda entonces demostrado.

2.- "La estoy pasando muy bien con mis amigos".

Si la estás pasando muy bien con tus amigos, ¿por qué pierdes tiempo entonces escribiendo cosas en Facebook? Supongamos que me voy de copas con unos amigos, y la conversación está entretenida. Entonces, lógicamente, yo no interrumpo la conversación entretenida para escribir algo en Facebook. No se trata en estricto rigor de un tema de respeto hacia los amigos sentados en mi misma mesa, aunque también eso es un tema, por supuesto. Se trata de asignación de prioridades: o conversas con tus amigos, o te conectas a Facebook. Una cosa o la otra. Lo que priorices más, te hace feliz. Si priorizas conectarte a Facebook, entonces no lo estás pasando tan bien con tus amigos. Así de simple.

La verdad verdadera: En realidad, no has ido para juntarte con tus amigos, sino que has ido para que tus amigos se junten contigo. Parece un truco dialéctico, pero ese matiz hace toda la diferencia del mundo. Hay gente que se refuerza a sí mismo siendo populares, y eso significa que los vean siempre acompañados. Reunirse con amigos interesantes es algo que uno puede hacer en público, en un pub o bar, o en la intimidad del hogar, porque lo interesante es la compañía. Reunirse para lucirse con la popularidad es algo que sólo puede hacerse en público, por razones obvias. Por eso, si estás en un pub, te refuerzas publicando en Facebook que estás en un pub, y si estás en una casa particular, es decir, en un territorio privado, lo vuelves público voceándolo en Facebook o subiendo las fotos. En última instancia funciona igual que el caso anterior: con tus amigos deberías tener toda la cuota de felicidad que necesitas en el minuto, por lo que si además de eso necesitas vocearlo en Facebook... ya adivinan hacia donde va el razonamiento.

3.- "Estoy terminando de escribir mi tesis".

Una de mis favoritas. Puede reemplazarse tesis por memoria de grado, tarea de colegio, papeleo del trabajo, etcétera, pero el asunto es el mismo. La cuestión es que si uno trabaja en algo que requiere escribir, se necesita una concentración absoluta. Las palabras interfieren unas con otras, y por lo tanto, si estás pendiente de los hilos de conversación de Facebook o Twitter o cualquier otra cosa, estás distrayendo recursos mentales de tu trabajo.

La verdad verdadera: No estás terminando de escribir tu tesis. Lo que estás haciendo es haraganear. Desconéctate de Facebook, y pasa del "estoy terminando de escribir..." al "ya la terminé". Prioridades son prioridades.

4.- "Estoy viendo una película buenísima".

La misma que la anterior, pero con cine. Veamos. Se puede escuchar música, y hacer otra cosa, porque la música funciona de manera omnidireccional: si uno está a la distancia necesaria del parlante, uno la escucha sin necesidad de estar mirando el parlante. Con el cine o la televisión, en cambio, debes mirar de manera fatal. Hay cosas que no necesitan mirarse necesariamente, como un programa de entrevistas, pero las películas no suelen ser entrevistas. Y si son entrevistas ficcionalizadas, al ser una película, no sólo se debe captar el diálogo, sino también los matices y gestos no verbales de los personajes. Pero, ¿qué estás haciendo? Estás poniendo tu vista en el QWERTY (el teclado, o los botones del Guasáp, cualquiera sea), no en la película. Si de verdad quieres comentar la película, espera a que termine, y luego lo voceas por Facebook.

La verdad verdadera: Tu autoestima anda baja por estos días, por cualquier razón, y estás reafirmándote. Ver tales o cuales películas no sólo es cuestión de gustos, sino también una señal de identidad: no es lo mismo decir que uno ve películas de acción, que de terror, que comedias románticas, que cine europeo postexistencialista. Lo que quieres en realidad es que la gente te responda, y así sentirte un poco menos solo en tu empresa de reafirmarte. Para eso, mejor no hubieras visto la película en primer lugar, y hubieras preferido juntarte con tus amigos, ¿no?

5.- "Ahora aprendí a ignorar a la gente que antes me afectaba".

Wittgenstein entra por la puerta trasera, señores. El núcleo de su trabajo filosófico radicó en el problema de lo que puede ser dicho (los límites del lenguaje), y lo que no puede ser dicho sino sólo mostrado. Para Wittgenstein, lo que sólo puede ser mostrado pero no dicho porque el lenguaje no lo puede expresar, es por definición un sinsentido. El problema con esto, es que siempre podemos inventar palabras para expresar lo inexpresable, y por lo tanto, no existen verdaderos límites del lenguaje, o al menos, no hay límites que podamos descubrir con nuestra mente, porque siempre podemos rebalsarlos si llegamos a suponerlos. ¿A dónde quiero llegar con esto? Que la persona supuestamente ignorada, en realidad no lo está siendo. Supongamos que la persona que antes me afectaba se llamaba Dolores de Barriga, porque está casada con un señor de apellido Barriga, por supuesto. Si yo digo "ahora estoy ignorando a Dolores de Barriga", entonces en verdad no la estoy ignorando, porque me estoy refiriendo a ella; en términos wittgenstenianos, ella no sólo puede mostrarse, sino que además estoy hablando de ella. La única manera de ignorar a alguien, es lisa y llanamente no decir nada de ese alguien. Podemos reemplazar a Dolores de Barriga con un término genérico como por ejemplo "falsos amigos", "gente en la que confiaba" o "gente que antes me afectaba", etcétera, pero el resultado sigue siendo el mismo. Al asignarles etiquetas, automáticamente les estoy dando una corporeidad en mi vida. Es como la paradoja de Harry Potter: tratan de no hablar de Voldemort, y para hacerlo recurren al eufemismo "El Que No Debe Ser Nombrado"... y lo único que consiguen es en realidad darle otro nombre a Voldemort para seguir hablando de él.

La verdad verdadera: Si necesitas hablar de esa gente que antes te afectaba, entonces es que te sigue afectando. El verdadero y único dejar atrás es el olvido. Es como la paradoja de las lenguas muertas: si existe a lo menos una persona capaz de hablarla y entenderla, entonces no está muerta por muy en desuso que haya caído. Lo que en realidad estás voceando, es que necesitas desesperadamente de ayuda para que otras personas te refuercen en salir de la adicción que te provocaban esas personas que te enfermaban. No tengas miedo: admitir que eres un adicto es el primer paso para la recuperación.

En conclusión...

Sé honesto contigo mismo, porque se te ve el plumero. Usa Facebook con responsabilidad. Y sobretodo... deja de utilizar las redes sociales como sustituto de la vida de verdad. Si quieres hacer algo, házlo en vez de vocearlo en Facebook. Si eres una persona de bien, entonces seguro que con eso, el mundo será a la larga un mejor lugar para vivir.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

Creo que todo se puede resumir en la obsesiva y enfermiza necesidad en la sociedad moderna de hacerse notar a toda costa, donde la individualidad y la privacidad se vuelven cada vez mas rara

Guillermo Ríos dijo...

Lo interesante del caso no es que la privacidad se esté volviendo cada vez más rara... Lo interesante del caso es que la propia gente está ávida de vender su propia privacidad por un plato de lentejas. A veces, es mejor no hacerse notar tanto, pero sí hacerse notar por la gente correcta.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡No puedo creer que el Padre de la Guillermocracia tenga FEISBUK! Bueno, creo que ya bien sabes que "me carga" esta red social, pues la encuentro sumamente morbosa, en cuanto al exhibicionismo que provoca y a su carácter simplista, como también escapista. Por eso nunca tendré una cuenta de este tipo y más ahora en que me has demostrado como nunca el grado de estupidez que provoca.

Guillermo Ríos dijo...

De tener cuenta de Facebook, la tengo. Pero no la uso casi nunca. En realidad, lo tengo casi como sustituto de la agenda telefónica, como un mecanismo para encontrar rápido a la gente si es que preciso hacerlo. Pero de ahí a hacer vida social por Facebook, definitivamente no.

Y las redes sociales en sí no son ni más ni menos estúpidas de lo que son sus usuarios. Depende de uno que sean herramientas útiles, publicando contenido de interés, y retroalimentando el contenido de interés que publican otros. Debe ser por eso que le presto más atención a la Guillermocracia que a Facebook: hay mejor caja de resonancia por esos lares, que en los andurriales de Zuckeberg y Compañía.

Related Posts with Thumbnails