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martes, 28 de julio de 2015

Bastión Esperanza - "宇宙 戦艦 物語".


El crucero de guerra Monogatari había maniobrado para entrar en la misma órbita de Ganímedes, y de esta manera, gracias a las cuidadosas instrucciones de rumbo que daba el Capitán O'Hara, se sincronizó de manera tal que ambas parecían estacionarias una respecto de la otra en el espacio, volando a la par.

– Aquí el Capitán O'Hara del crucero de batalla Monogatari a Ganímedes. Estamos en posición, y pedimos permiso para abordar.

– Aquí el Capitán Chu de Ganímedes – respondió éste, vía menterminal, en la Sala de Intercambio Militar de Asuntos Comunes. – Permiso concedido, puede proceder. Le recuerdo que las instalaciones de cuarentena han sido reforzadas a Nivel 6 en la Escotilla 4.

– Muchas gracias, Capitán – dijo el Capitán O'Hara, y se puso a dar las indicaciones necesarias para tender el puente, y abrir así la conexión parte a parte.

Debido a la cuarentena impuesta a la nave espacial Ganímedes, tras la Escotilla 4 se había construido una amplia sala de controles, sellada y esterilizada, a disposición del personal del Monogatari, y con dos salidas: una hacia la escotilla misma, y la otra a través de un túnel, la zona de descontaminación, por el cual la gente del Monogatari podrían pasar a Ganímedes usando trajes NRBQ.

– Espero que al fin traigan comida de verdad – soltó Paparizou.

– Basta – dijo Lincopán. – Para todos es difícil estar aislados aquí.

Al poco rato, con sus trajes NRBQ color gris acorazado, parte del personal médico y técnico de Monogatari cruzó los portales de la zona de descontaminación, y empezaron a trabajar al otro lado. A través de la SIMAC, los médicos del Monogatari recibieron información de los enfermeros y médicos a bordo de Ganímedes, y empezaron sus primeras evaluaciones acerca de los pacientes.

– ¿Y bien, doctor Wilkinson? – preguntó O'Hara al jefe del personal médico del Monogatari.

– Capitán O'Hara, a bordo de Ganímedes y entre los hombres han descubierto varios agentes patógenos. Con los análisis que les aplicaremos, es altamente probable que descubramos incluso más. Hasta el minuto los mantienen controlados con antibióticos que encontraron a bordo de Ganímedes, así como con algo de terapia genética para reparar daños en tejidos y órganos. Podemos asumir que la situación está por el minuto bajo control, pero aún es temprano para levantar la cuarentena.

El Capitán Chu estaba escuchando todo vía menterminal, por supuesto. Y suspiró.

– Esto va a ser largo – dijo el Capitán Chu para sí. – Mis hombres están entrenados para la guerra, pero estar aquí varados sin hacer nada, esperando una epidemia que quizás nunca llegue...

Y entonces el Capitán Chu reparó en un batallón de otros hombres. Vestían uniformes negros, con las insignias rojo y negro del ESIE.

– ¿Capitán O'Hara? ¿Qué está haciendo el Escuadrón aquí? – preguntó el Capitán Chu.

– El Gobierno insistió – dijo el Capitán O'Hara. Y luego, abriendo vía menterminal un nuevo canal de comunicación privado con el Capitán Chu para charlar aparte, añadió: – Por mí les abriría una escotilla y los mandaría a volar al espacio. Pero no puedo hacer eso.

– ¡Aquí Jaana Särkkä, teniente del Escuadrón de Seguridad Interior de Esperanza, reportándose, Capitán Chu! – dijo de pronto la líder, irrumpiendo a través de una tercera sala vía menterminal, porque ella, no perteneciendo a las Fuerzas Armadas, no tenía acceso a los canales militares. Y sin esperar respuesta, añadió: – Capitán Chu, iré directo al grano. Traemos órdenes del Gobierno de Esperanza para recolectar y hacer análisis de datos de las cajas negras del personal a bordo de Ganímedes. Es...

– ¿Qué? – estalló el Capitán Chu. – ¿Está loca? ¡Ustedes son civiles! ¡El Gobierno no tiene jurisdicción aquí, ésta es una nave militar!

– Ganímedes es una nave civil, en lo que al Gobierno de Esperanza concierne – dijo Jaana Särkkä, con frialdad. – Podemos discutir sobre el personal militar, pero estoy en el entendido de que hay civiles a bordo, y sobre ellos los militares no tienen ninguna jurisdicción.

El Capitán Chu estaba tan sorprendido, que se quedó sin palabras.

– Atenderemos la situación – dijo el Capitán Chu.

– Bien – dijo Jaana Särkkä. – Mientras tanto iremos a...

– Irán a quedarse en la zona de descontaminación – dijo el Capitán Chu, con frialdad. – ¡Nakamura! ¿Ha estado al corriente de lo que está pasando ahora?

– ¡Sí, señor, entiendo la situación perfectamente y aguardo órdenes, señor!

– ¡Bien! Si los del ESIE se mueven más acá de la zona de descontaminación y llegan a poner un solo pie dentro del resto de Ganímedes, arréstelos bajo el párrafo 46 del Código de Seguridad Militar.

– ¡Capitán, usted no puede...! – lanzó Jaana Särkkä.

– ¡Puedo y lo haré! Voy a consultar esta situación con el Comandante Luca, a ver qué sucede. Pero por mientras tanto, se lo diré una sola vez: no me ponga a prueba, señorita Särkkä. ¿Está entendido?

OxxxOxOOOxOxxxO

Ante la situación, y siendo Alba y Numerio los blancos más probables, que civiles que eran, Escalante fue a buscarlos, seguido por Lincopán. Descubrieron a Alba un tanto inquieta.

– ¿Es cierto lo que dicen, que el ESIE va a acceder a nuestras cajas negras? – preguntó Alba.

– El Capitán Luca está tratando de que eso no ocurra – dijo Escalante, muy serio.

– Pero... no entiendo nada – dijo Numerio.

– Esta es una nave militar – dijo Escalante, y por una vez en la vida, estaba hablándole a Numerio sin un tono hostil. – Como agencia de seguridad civil, el ESIE no tiene jurisdicción aquí.

– Pero, Alba... – preguntó Numerio. – Ganímedes no puede ser una nave militar... Ganímedes lo descubrieron los civiles, ¿no?

– Según me dijo el profesor Higgins, están peleando allá abajo en el planeta por eso – dijo Alba. – El Gobierno dice que es civil porque fue descubierta por los civiles, y las investigaciones militares son mera asesoría. Los militares dicen que es militar porque ha sido requisada para entrar en guerra.

– Deberían ponerse de acuerdo – dijo Numerio.

En ese minuto, otras dos figuras aparecieron en el lugar. Ambas venían con los correspondientes trajes NRBQ. A través de los cascos semitraslúcidos podían verse sus rostros serenos y pétreos. Escalante se quedó especialmente impactado.

– ¡Sandrine!

– Eso es todo, Davidson, gracias – dijo Sandrine, despidiendo al hombre que la había acompañado como guía. Este respondió de manera afirmativa, y se retiró. Luego, Sandrine se dirigió al grupo. – Bien, de manera que ustedes son la gente controlando a Ganímedes, ¿no?

Alba se quedó mirando a Escalante, extrañada de que conociera a Sandrine. ¿Quién era ella?

– Sandrine era la esposa del Teniente White, un compañero a bordo del Coloso – explicó Escalante. – Sandrine, ella es Alba. Trabaja... en... asesora a un científico.

– ¡Ah, qué bien! Soy especialista en robótica, y vine acá para hacerme cargo de la ingeniería de Ganímedes. Parece que trabajaremos juntos... La puedo llamar Alba, ¿verdad?

Alba asintió. Y ambas se quedaron mirando de manera fría. Alba, a pesar de ser alta y espigada, todavía tenía algunos rasgos físicos de adolescente, mientras que Sandrine, aunque de apariencia joven, se veía ya como una mujer adulta. En la mirada de Alba había algo de cautela, mientras que en la de Sandrine podía intuirse algo indefinido entre el desprecio y la condescendencia.

– Siento lo de su marido – dijo Alba, tratando de romper el hielo.

Aún no lo han encontrado – dijo Sandrine con frialdad. – Muerto o vivo, no lo han encontrado.

– Entiendo – dijo Alba, mordiéndose inconscientemente los labios.

– Bueno... el tiempo es oro, no sabemos cuándo esos invasores del espacio van a volver, así es que... ¿nos ponemos a trabajar? – preguntó Sandrine, sin una gota de simpatía en la voz.

Ambas abrieron respectivos canales de menterminal para compartir toda la información que tenía Alba acerca de Ganímedes. Alba invitó también, siempre vía menterminal, a Numerio.

– ¿Este chico también? – preguntó Sandrine, sorprendida.

Numerio sintió que comenzaba a odiar a la mujer especialista en robótica.

– Conmigo, él es quien mejor entiende la estructura interna de Ganímedes – explicó Alba.

– Ah – dijo Sandrine, sin dejarse convencer demasiado. – Ya veremos, entonces. Ya veremos.

OxxxOxOOOxOxxxO

En Ciudad del Progreso, en la superficie de Esperanza, el Comandante Luca y el Presidente Kulkov discutían tan a viva voz como puede considerarse de viva voz algo que viaja por menterminal.

– Maldito infeliz – decía para sí el Comandante Luca. – Estos civiles y su afán de embrollarlo todo con sus derechos ciudadanos. ¡Estamos en guerra, maldita sea!

– Está enojado porque la Constitución le impide acceder a las cajas negras, y eso nos da a los civiles una ventaja – decía para sí el Presidente Kulkov. – Pero no puedo dejar que se meta en la cabeza de los ciudadanos así como así. Esa ventaja debe quedar en manos civiles.

En ese minuto, Karla anunció al Presidente Kulkov que el profesor Higgins quería sumarse a la conversación. El Presidente Kulkov asintió, con desgana.

– Señor Presidente... creo que podemos alcanzar una solución de compromiso – dijo el profesor Higgins. – Como puede advertir, he pedido a Alba que nos acompañe en la charla.

– Como están, señor Presidente, Comandante Luca... – dijo Alba.

– Y ahora qué – soltó el Comandante Luca.

– Señor Presidente... yo no entiendo mucho de cuestiones legales, sobre si el ESIE puede pedir las cajas negras de los civiles o de los militares o de nadie a bordo de Ganímedes... Pero creo que no hay problema si un civil renuncia a su derecho de privacidad, ¿no? – planteó el profesor Higgins.

– ¿Y quién va a renunciar? – preguntó el Comandante Luca, molesto porque alguien se atreviera a desobedecer órdenes.

– Yo – dijo entonces Alba, sumándose de pronto a la conversación, invitada por el profesor Higgins. – El profesor y yo estuvimos charlando hace un rato, y ambos creemos que, dadas las circunstancias, es lo mejor. Es posible que yo misma, así como Numerio, hayamos pasado información esencial por alto. Y si soy yo la única que puede conectarse a Ganímedes, entonces mi información es irreemplazable.

Tanto el Presidente como el Comandante se quedaron meditando por unos instantes.

– Que el ESIE investigue en mis recuerdos – dijo Alba. – Quizás así podamos encontrar la clave para entender por qué soy la única persona capaz de conectarse con Ganímedes.

– Si logramos determinar la naturaleza de esa conexión, entonces quizás podamos replicarla con alguna otra persona – dijo el profesor Higgins. – Y además de eso... puede ser que por fin podamos acceder a los mismísimos bancos de datos de Ganímedes, y eso nos lleve a descubrir quién la fabricó, y por qué, y entender la tecnología necesaria para fabricar más naves como esa. Esencialmente, investigar esa conexión puede ser la llave que nos lleve a la victoria final, señores.

つづく

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