¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

¡La Guillermocracia te llama a las filas! ¡Vota, expresa tu opinión, cuáles son los mejores artículos que se han publicado en estos (casi) siete años de vida en línea! La encuesta se encuentra en la parte inferior de esta columna. ¿Más detalles? Pincha aquí. ¡Haz oir tu voz!

martes, 7 de julio de 2015

Bastión Esperanza - "Nuestro pequeño héroe".


Las costumbres y tradiciones son algo que no pueden echarse por la borda de cualquier manera. La menterminal había posibilitado que dos o más personas pudieran comunicarse e intercambiar datos de cerebro a cerebro, prácticamente inventando la telepatía. Pero aunque las personas ya no necesitaban verse cara a cara para conferenciar, aún así las conferencias más importantes seguían efectuándose en persona. Como la programada entre Grigori Kulkov, el Presidente de Esperanza, el Comandante Albert Rubik, el jefe supremo de las fuerzas militares de Esperanza, y el General Alessandro Luca, quien de hecho había dirigido la defensa de Esperanza durante la invasión alienígena.

– Primero que nada... – dijo el Comandante Rubik, con la voz quebrada. – Señor Presidente, quiero hacer efectiva mi renuncia a mi puesto. Motivos de salud, ya sab...

No pudo terminar de hablar, víctima de un enorme acceso de tos.

El General Luca contempló al Comandante Rubik, lamentando con la cabeza. Admiraba al Comandante Rubik, debido a la manera implacable con la cual había contenido a la Rebelión Mendeliana, en los primeros años de la colonización de Esperanza. Ante la ineficiente labor del entonces Comandante Melvin, más político que verdadero militar, el entonces Capitán Rubik había tenido las agallas de tomar las medidas necesarias para destruir la rebelión. Ahora, el Comandante Rubik estaba quebrantado por la muerte púrpura, una enfermedad nativa de Esperanza convertida en crónica por los médicos, pero contra la que no existía todavía cura conocida.

– Comandante, pero necesitamos de su experiencia... – dijo el Presidente Kulkov.

El Comandante Rubik movió negativamente la mano, exhibiendo la palma de la misma, tratando de hacerlo con vigor y fracasando en el intento.

– Me quedé en el puesto porque usted me lo pidió, señor Presidente.

El Presidente Kulkov asintió. Tenía razón: en parte era su culpa, por insistir en mantener en su puesto a un hombre quebrantado, y entrando ya a la fase terminal de la enfermedad.

– El General Luca se ha destacado – dijo el Comandante Rubik. – Póngalo a cargo. A él.

– Bien... que así sea – dijo el Presidente Kulkov. – Comandante Rubik... Acepto la renuncia. Con pesar, por cierto, debido a todo lo que Esperanza le debe a usted. Y... General Luca, queda usted a cargo de la Comandancia Suprema de las Fuerzas Armadas de Esperanza, en calidad de interino.

– Muchas gracias, señor Presidente – dijo el ahora Comandante interino Luca, asintiendo con gravedad.

El Comandante retirado Rubik llamó, y dos edecanes aparecieron; éstos le ayudaron a levantarse de su asiento. Cuando ya se lo estaban llevando, el Comandante retirado Rubik les hizo una seña para detenerse. Los edecanes obedecieron. Entonces, el Comandante retirado Rubik hizo un último saludo militar al Presidente Kulkov. Este se levantó de su asiento y, a su vez, respondió el saludo. El Comandante retirado Rubik asintió, y con gesto apesadumbrado, le señaló a los edecanes que volvieran a su labor de sacarlo de ahí.

Una vez que el Comandante retirado Rubik hubo salido, el Presidente Kulkov y el Comandante interino Luca siguieron conversando. El Comandante interino le informó entonces al Presidente con lujo de detalles, la delicada situación a bordo de Ganímedes: no podían hacerla regresar por el riesgo de epidemia, ni podían mantenerla en órbita por el riesgo de estrellón contra la superficie.

– Bien, contener la potencial epidemia será entonces nuestra primera prioridad – dijo el Presidente Kulkov. – Comandante... voy a necesitar su ayuda para contener a la población civil.

– Ya estamos desarrollando los planes para la ley marcial, señor, y...

– Sí, sí, la verdad es que no he ordenado implementarla todavía por... política, ya sabe. Hay que maniobrar con el Senado. En los hechos, ya he dado órdenes ejecutivas para proceder, aprovechando un vacío legal en... en... Bueno, eso lo manejan los abogados. El caso es que necesito un favor adicional por parte suya. Necesito que usted me proporcione un héroe. Uno a quien la población de Esperanza pueda admirar, uno que represente el valor, la convicción, la emoción...

– Bueno, tengo muchos soldados que han combatido con gallardía y valor, y...

– ¿No podría ser un civil?

– ¡Un civil! – se ahogó el Comandante interino Luca. – ¡Pero, señor...!

– Un civil es alguien con quien la población civil de Esperanza se sentirá más identificado. Mientras más simpático, mundano, mejor. Alguien que le diga a la gente: “Yo soy como tú, y voy a luchar hasta el final por Esperanza. ¡Ven a luchar conmigo!”.

– Un pobre diablo, en definitiva – dijo el Comandante interino Luca, azorado. – Bien, si lo que necesita es un pobre diablo, entonces, creo que podemos buscarlo...

OxxxOxOOOxOxxxO

A bordo de Ganímedes, Alba y Numerio estaban merendando. El personal médico del Coloso que había evacuado a Ganímedes durante la batalla, habían revisado algunas vituallas a bordo de Ganímedes que pudieran ser comestibles a pesar de haber estado a lo menos diez años congeladas. Habían descartado algunas cosas, y habían autorizado el consumo de otras. Era una gran cosa: entre preparar la cuarentena e inspeccionar los alimentos, el personal médico estaba sobrecargadísimo de trabajo.

– Nuestra primera comida en el espacio, ¿te das cuenta? – se rio Numerio, con toda la inocencia de sus nueve años.

– Ajá... – dijo Alba, sonriendo, por toda respuesta.

A lo lejos apareció Escalante, con algunos tarros de comida.

– Les traigo unos... ¡Ah, ya están comiendo! – dijo, y por el tono de voz, parecía decepcionado.

– Sí, el capitán Chu nos envió algunas provisiones – dijo Alba. – Porque ahora es capitán, ¿no?

– Lo es, de manera interina – dijo Escalante. – Ahora que el capitán Abascal ya no está, alguien debe hacerse cargo. Seguro que el alto mando en Esperanza está evaluando qué pasará con nosotros. Allá afuera, el tema de la reestructuración de la cadena de mando es un caos.

– Habrán ascensos – dijo Alba, y con el tono, parecía sugerir que a Escalante podía tocarle uno.

– Sí – dijo Escalante, de manera algo sombría.

– Lo siento por tus compañeros. Quiero decir... los que pelearon, y... y... – dijo Alba, buscando las palabras más adecuadas para no ofender a Escalante.

– Y murieron – dijo Escalante, irritado. – Esa es la palabra, Alba. Murieron.

– Bueno... lo siento – dijo Alba.

– Yo también... lo siento – dijo Numerio.

– Gracias, chico – dijo Escalante, ahora sin el menor asomo de emoción en la voz.

De pronto, se abrió la comunicación por menterminal. Era el Comandante interino Luca. Como deferencia, a pesar de que en sentido estricto no era su asunto, el profesor Higgins había sido invitado a la conferencia; no en balde, Alba trabajaba para él.

– Alba... Numerio... – dijo el Comandante interino Luca. – Miren, la situación es la siguiente. La guerra contra el enemigo no se libra solamente con armas, hombres o recursos. Es también una batalla moral. Quiero que tengan bien en claro eso. Y por esto mismo es que quiero a Numerio conmigo. Numerio, chico... Necesitamos que te transformes en nuestro pequeño héroe.

– ¡Pero yo no soy un héroe, señor! – dijo Numerio, desconcertado.

– Vas a tener que serlo, chico. Toda Esperanza te necesita – dijo el Comandante interino Luca.

– Numerio... – dijo el profesor Higgins, sabedor del talante brusco de los militares y tratando de aportar algo de conciliación. – Sabemos que es una responsabilidad grande, muy grande, para un chico de tu edad. Pero el punto es que el General Luca...

– Comandante. Comandante Luca – corrigió éste, molesto.

– El Comandante Luca... – se corrigió el profesor Higgins, con la voz neutra y sin tomarse la corrección en forma personal. – Lo cierto es que el Comandante Luca tiene razón. Estamos librando una guerra desesperada contra un enemigo que nos supera en recursos, del cual no sabemos absolutamente nada, y el cual probablemente volverá. No sabemos qué sacrificios tendremos que hacer, qué cosas tendremos que pedirle a la población de Esperanza que aguante. Ustedes mismos ahora tienen que soportar una cuarentena. Numerio... sé que es difícil, es muy difícil, porque vas a ser el foco de atención. Te van a hacer entrevistas y te van a promocionar por todas partes, y tienes que mostrarte valiente. Eres el chico que ayudó a que Ganímedes volara, y... Lo que quiero decir es que tú, solamente siendo tú, con tu alegría y optimismo, puedes hacer mucho más que cualquier soldado individualmente considerado...

– Sí, sí – interrumpió el Comandante Luca, molesto por la implicancia de que cada militar por separado podía valer menos que un civil. – Bien, el profesor Higgins ya te lo explicó, Numerio. ¿Lo harás?

Numerio miró a Alba. Ella, por toda respuesta, le pasó la mano suavemente por el pelo.

– No te preocupes, Numerio – dijo Alba. – Yo te voy a ayudar.

Numerio, por toda respuesta, se apretó contra Alba. Ella le respondió abrazándolo.

Escalante movió negativamente la cabeza. ¿Cómo era posible que el niño de nueve años fuera tan poco hombrecito? Si eso iba a ser el héroe de Esperanza, entonces la esperanza está derrotada, reflexionó.

– Lo voy a hacer – dijo Numerio.

Alba le destinó una enorme sonrisa de ternura y comprensión.

– Chico con suerte – masculló Escalante, cuidándose mucho de que alguien lo escuchara.

OxxxOxOOOxOxxxO

Mucha incertidumbre se había acumulado en torno a lo sucedido. Los militares, el Gobierno, y el estamento científico involucrado con ambos, todos ellos tenían una relativa noción de lo sucedido. Y las noticias se habían propagado antes de que hubieran llegado instrucciones hacia abajo de guardar absoluta reserva sobre la situación, de manera que corrían rumores inenarrables acerca de los invasores alienígenas, de la batalla librada, de la cantidad de muertos, etcétera.

Finalmente, después de mucho pensar y reflexionar, el Presidente Kulkov abrió su menterminal para lanzar un discurso oficial, el cual iba a estar acompañado de numerosas imágenes, videos e informes varios, a través de los cuales la población de Esperanza iba a enterarse de la versión oficial de los acontecimientos.

– Gentes de Esperanza, seré breve. Debo cumplir una misión muy ingrata el día de hoy. Soy la primera autoridad política en la Historia de la Humanidad que debe realizar el anuncio que haré. Debo decirles que es efectivo el hecho de que una fuerza militar alienígena ha atacado a Esperanza. Dos de nuestras ciudades, Libertad y Alegría, han sido aniquiladas por completo. Estamos buscando sobrevivientes, hasta el minuto sin mayores resultados. Disponen ustedes vía menterminal de la información de búsqueda y rescate, y el estimado de muertos. Con acuerdo del Senado, he declarado la ley marcial sobre Esperanza, y estamos realizando nuestros mayores esfuerzos para estudiar a los invasores, y encontrar las mejores estrategias para combatirlos y rechazarlos, y proteger a Esperanza de sus crueles intenciones. Es posible que en el futuro, debamos prepararnos para los mayores sacrificios. Lo único que puedo decirles es nuestro compromiso inquebrantable con luchar y defendernos. Hemos llegado a Esperanza para iniciar una nueva vida, lejos del Sistema Solar en donde estuvimos a punto de aniquilarnos. No dejaremos que nos arrebaten esa luz. Hemos llamado Esperanza a nuestro planeta por una razón, y honraremos ese nombre hasta las últimas consecuencias. Esa es mi promesa, y con esa promesa, venceremos en esta guerra que ni hemos declarado ni buscado, pero a través de la cual renovaremos nuestro compromiso con nuestra vida futura, nos fortaleceremos, y sobreviviremos para ver días nuevos, mejores y con mayor gloria de la que nunca antes soñamos. Gentes de Esperanza... no dejemos que ésta sea destruída. En vez de eso, lucharemos sin tregua, sin descanso, sin fin, sin detenernos ante nada menos que la victoria completa y final, y entonces nos habremos ganado el derecho a seguir adelante, crecer y prosperar. ¡Viva Esperanza!

つづく

No hay comentarios:

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

Related Posts with Thumbnails