martes, 14 de julio de 2015

Bastión Esperanza - "Los héroes que ayudan a otros".


Numerio se encontraba meditabundo. ¿El, un héroe? Le estaban exigiendo demasiado. ¡El era apenas un niño de nueve años! Y sin embargo... la supervivencia de Esperanza estaba en juego. No podía cruzarse de brazos, si es que podía aportar su granito de arena a la victoria final.

– ¿Estás bien, Numerio? – preguntó Alba.

– Sí... estoy bien, gracias – dijo Numerio, tratando de sonreir, pero sin conseguir disimular la tristeza que se asomaba a sus ojos.

– Es que pareces... no sé... un poco triste – dijo Alba, sonriendo también, pero tratando de ser cauta.

– Alba... ¿Por qué me elegiste? – preguntó Numerio.

– ¿Cómo? – preguntó Alba, pestañeando, algo perturbada.

– O sea... Yo para ti era apenas otro alumno más. Y bueno, no sé, me acerqué, nos acercamos... después, lo de Ganímedes, cuando me conseguiste los permisos para entrar acá a la nave...

Alba asintió con la cabeza. Luego, prefirió desviar el tema de conversación. Y respondió riendo:

– Oye, no te preocupes tanto... Lo vas a hacer bien. Es sólo una entrevista, qué tan difícil puede ser...

– ¡Alba, yo no soy un héroe! Yo...

Alba se agachó, apoyando una rodilla en tierra, para estar a la misma altura de Numerio.

– Numerio... No todos los héroes son grandes tipos fanfarrones y pesados, y... bueno... algunos héroes lo son por eso, pero otros... otros lo son porque saben ser algo más grande que ellos mismos. Están los héroes que salvan al mundo, y están también los héroes que ayudan a otros a salvarlo... ¿me entiendes?

– Sí – dijo Numerio, asintiendo, y sonriendo claramente aliviado. – Gracias, Alba.

Y Numerio, sin más ceremonias, se dirigió nuevamente hacia el instrumental de Ganímedes. Sentía una curiosidad devoradora por entender cómo funcionaba. Aquella tecnología estaba mucho más avanzada de lo que la Humanidad hubiera podido construir, y sin embargo, los contenedores tenían comida humana y las pantallas monstraban signos humanos. Ganímedes había sido construido por seres humanos, o al menos por alguien para seres humanos, pero... ¿por quién?

Alba, por su parte, se quedó meditabunda, contemplando a Numerio jugar al científico. Había conseguido animar a Numerio, pero ella misma tenía serias dudas. No era más que una asistente de laboratorio saliendo de la adolescencia; le gustaba la vida tranquila, su vida era ir del laboratorio a su departamento y de regreso... y de pronto se encontraba en el centro de una invasión alienígena, siendo ella la única persona conocida capaz de controlar a la única nave espacial capaz de repeler al enemigo. Sentía que las palabras dichas a Numerio eran bonitas, pero le costaba creerlas ella misma.

Y entonces Alba deseó con todo el corazón, que los científicos encontraran la manera de replicar su conexión con Ganímedes, para que un verdadero soldado se hiciera cargo de la nave, y la aliviara para siempre de su tarea, para regresar así a los laboratorios desde los cuales nunca debería haber salido.

OxxxOxOOOxOxxxO

El quinteto liderado por Lincopán estaba engullendo las primeras provisiones que les llegaba desde que hubieran librado la batalla. Paparizou había comenzado a contar en tono humorístico, una historia acerca de una chica que lo había rechazado, y estaba haciendo reir a sus compañeros.

En ese minuto, Escalante llamó aparte a Lincopán. Ella se levantó, se cuadró, y siguió a su superior.

– Señorita Lincopán, necesito pedirle un favor especial – dijo Escalante. – Bien, en realidad es una orden, pero... es una orden un tanto atípica. Necesito que vigile a un niño.

– ¿Señor? – preguntó Lincopán, perpleja.

– ¿Usted vio al renacuajo que acompaña a Alba para todas partes? – preguntó Escalante. – Bueno, el Alto Mando ha determinado que él va a ser el nuevo héroe de Esperanza.

– Y cómo encajo en eso yo, señor...

– El chico es un pollerudo. Una rata cobarde. Por eso, usted paséese por ahí, eche un ojo, vigile. El chico se lleva bien con Alba, pero Alba es una civil. Quiero que haya una militar dando vueltas. De preferencia mujer, por supuesto.

Lincopán intentó protestar, pero ante la mirada determinada de Escalante, se cuadró, limitándose a un escueto y algo débil “sí señor”. Y cuando Escalante se retiró, Lincopán suspiró. Toda una soldado, una de los pocos que habían conseguido pilotar a un golem... reducida al papel de niñera. Qué desperdicio.

OxxxOxOOOxOxxxO

Numerio estaba preparándose para la entrevista que iba a presentarlo como el nuevo héroe de Esperanza, la cual iba a ser emitida vía menterminal. Alba lo estaba ayudando. Y entonces apareció Lincopán. Al verlo, ella intentó sonreir, con éxito apenas mediano.

– Así es que tú eres nuestro pequeño gran héroe – dijo Lincopán. – Oye, me llamo Ayelén.

– Ah – dijo Numerio, retrocediendo un poco. – ¿Escalante te envió a vigilarme, o algo?

Lincopán se echó hacia atrás, perpleja. Pero luego, reflexionando que lo mejor era ganarse la confianza del chico, respondió con lo que en realidad era una media verdad y una media mentira:

– Sí... Escalante me envió para eso. Bueno, yo... Yo pedí que me asignaran, porque quería conocerte.

– Y por qué.

– Porque tengo una hermana que tiene más o menos la misma edad que tú – dijo Lincopán. – Se llama Millaray. Y, bueno, no sé... me recuerdas un poco a ella. Ambos despiertos, activos...

– ¡La comunicación se va a abrir! – dijo un técnico. – ¡Numerio, prepárate!

Mientras Numerio iba a hablar, Alba se llevó a Lincopán a un costado, y bajó el tono de voz para que sólo ella pudiera escucharla.

– No sé qué se propone Escalante o qué te propones tú – dijo Alba, muy tranquila y calmada, pero con una severidad inusual en ella. – Pero quiero que dejen al chico tranquilo. Es un buen niño, está muy complicado por todo esto, y no necesita más problemas, ¿está claro?

– Alba, estamos del mismo lado – dijo Lincopán. Y añadió: – Mira, no se me dan mucho los niños, pero... creo que soy mejor opción que el mismo Escalante, ¿verdad...?

Alba se quedó pensativa por un instante. Lincopán tenía razón, después de todo.

– Hola, Numerio. Me llamo Greta, y te estoy hablando desde Esperanza, por el Noticiario Central – dijo una periodista, dando por iniciada la entrevista.

– Buenas noches – dijo Numerio, con una seriedad que resultaba algo cómica en alguien de nueve años.

– Dime, Numerio... ¿cómo es ser el primer niño que vuela a bordo de Ganímedes?

Numerio sintió el bombardeo de imágenes e instrucciones vía menterminal, que Chu le enviaba. Cierta información debía permanecer como secreto militar. No podía revelar, por ejemplo, que Alba era la única capaz de pilotar a Ganímedes, o de lo contrario, pensaba el Alto Mando, podía surgir el pánico en la población, ante el evento de que algo le sucediera a Alba misma.

– Eh... Bien... Es... se siente bien – farfulló Numerio, mientras sentía que se ponía rojo.

– Ahora bien, cuéntanos del despegue.

– Estooo... yooo... esteee... no... no puedo. Secreto militar – dijo Numerio.

– Ah... ya veo... ¿Y en qué cosas están trabajando ahora...?

– Yo, estoooyyy... eeeh... ¿En... dar... esta entrevista...?

En la trastienda, Lincopán se dirigió por lo bajo a Alba, con voz algo sarcástica:

– Veo que no necesitábamos preocuparnos del chico. Ni el enemigo podría sacarle algo.

El Presidente Kulkov, mientras tanto, sonrió, y le envió un mensaje a su secretaria por menterminal:

– ¿Qué piensa de esto, Karla?

– El chico se ve tierno – respondió Karla, por el mismo conducto.

– ¿Verdad que sí? El Comandante Luca tuvo buen ojo para escogerlo.

La entrevista siguió de igual manera, con un Numerio cada vez más cortante, e incluso hostil. Todo ello para frustración tanto de Greta como de sus jefes a cargo del Noticiario Central. Hasta que después de media hora, como gran final, Greta anunció:

– ¡Y ahora, Numerio, te tenemos una sorpresa! ¡Mira quiénes te van a saludar!

A través de la menterminal llegaron las imágenes de varios chicos de la edad de Numerio, quienes saltaban y reían, y con toda su garganta gritaban toda clase de saludos y bromas a Numerio.

– ¡Mira, Numerio! ¡Son tus compañeros de clase en el internado! ¡Ahora eres su héroe, y...!

– ¡Váyanse a...! – gritó Numerio, completando la frase con una procacidad muy poco civilizada. Y, cerrando la conexión por la menterminal, salió corriendo a perderse.

– ¡Numerio! – gritó Alba, saliendo detrás de Numerio, con Lincopán haciendo lo propio, tras suspirar.

– Bien, eso... – dijo Greta, perpleja, y recobrando la compostura, añadió: – Esa fue la entrevista...

OxxxOxOOOxOxxxO

En otro rincón de Ganímedes, y después de haber buscado por varios lugares, Alba finalmente consiguió dar con Numerio. Lincopán la seguía. El chico estaba llorando. Al ver a Alba, Numerio se arrojó a sus brazos. Alba la abrazó.

Lincopán preguntó qué estaba sucediendo, con la mayor calma que pudo para no empeorar la situación. Alba dudó un instante en responder, pero luego, pensando en que de todos modos el trabajo de Lincopán era vigilar la situación, prefirió explicarle. Después de todo, si Lincopán respondía de manera prepotente, Alba misma defendería a Numerio.

– Conocí a Numerio en el Internado General de Ciudad del Progreso, cuando me enviaron a reemplazar a un profesor de ciencias que se había enfermado – dijo Alba. – Y, bueno... Numerio siempre estaba muy solo allá. Numerio era bueno para los estudios, era curioso, se sacaba buenas notas, y... bueno, ya sabes cómo cae eso entre los chicos de su edad.

– Pobre Numerio... Oye... Mira... Lo siento, ¿sí? – dijo Lincopán, agachándose para estar al mismo nivel del chico.

Numerio, recobrando fuerzas, se apartó de Alba, enjugó las lágrimas, y asintió.

– Tengo un mensaje para ti – dijo Lincopán, sonriendo. – ¿Quieres abrir la menterminal?

Numerio asintió, abriéndola para recibir, pero no para emitir. Y llegó un mensaje.

– ¡Hola, Numerio! Me llamo Millaray, y mi hermana Ayelén me dijo que está contigo... Me gustó tu entrevista, y que estés allá en el espacio, y creo que eres muy valiente por estar allá peleando contra los malos... Oye, cuando vengas de regreso, ¿quieres que nos juntemos? Mi hermana podría... eso.

Numerio quedó tan sorprendido, que sólo atinó a reirse. Y luego, mirando a Lincopán, asintió con la cabeza. Al ver esto, ahora fue Alba quien se quedó perpleja. Pero Numerio, al menos, estaba sonriendo.

つづく

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