¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

jueves, 25 de junio de 2015

Ver la Segunda Guerra Mundial (6 de 12): La guerra en la estepa.


A pesar de la imagen que la propaganda quiera inspirar, lo cierto es que ninguno de los dos bandos de la guerra, los Aliados o el Eje, era monolítico; dentro de cada uno de ellos, cada país tenía sus propios intereses, que se avenían a veces de muy mala gana con los de sus compañeros. El caso máximo de esto era la Unión Soviética: resulta irónico que tanto Hitler como Churchill, enemigos enconados en el campo de batalla, eran anticomunistas. La Unión Soviética bajo Stalin era un país grande y con población y recursos numerosos. Pero también era un país lastrado por el gobierno totalitario de Moscú, que había efectuado extensas purgas entre el campesinado, los intelectuales, e incluso dentro del mismísimo Ejército Rojo, y que por lo tanto se había debilitado profundamente, ya que la paranoia terminaba por llevar a la inacción. Así, teniendo más que ganar con la paz que con la guerra contra Alemania, Stalin había firmado el Pacto Ribbentrop-Molotov de 1.939. En los dos años siguientes, enredado en la guerra con Occidente, Hitler también tenía más que ganar con la paz. Pero su ideología anticomunista se impuso, y cometió el error fatal de abrir todavía otro frente de batalla, invadiendo a la Unión Soviética cuando aún no había liquidado la guerra en Inglaterra, el Atlántico, los Balcanes y Africa. A la larga, la Campaña de Rusia se transformaría en la más dura y sangrienta de todo el conflicto, y la fiera resistencia de la Unión Soviética se transformó en el pivote alrededor del cual giró la rueda de molino que acabó por arrojar al Tercer Reich al fondo del pozo en que acabaría por estrellarse.

XIV.- Operación Barbarroja.

El 22 de Junio de 1.941, el Tercer Reich emitió la orden: "¡Alzad las banderas al viento del este!". Eran las palabras claves destinadas a gatillar la Operación Barbarroja, la invasión militar a gran escala de la Unión Soviética, por parte de Alemania. Este gesto cambió el curso de la guerra para siempre; Alemania estaba ahora embarcada en una guerra total en dos frentes, el oriental y el occidental. Con todo, una traición de esta naturaleza podía considerarse como esperada. Ya desde los tiempos de su libro Mein Kampf, Hitler había argumentado sobre la pretendida superioridad de la raza aria sobre los eslavos, y Stalin no podía ser tan ingenuo como para pretender que fuera pura retórica, habida cuenta de los antecedentes de su incómodo aliado de 1.939. En términos más pragmáticos, y salvo por la Unión Soviética, el mundo eslavo era un mosaico de repúblicas y monarquías noveles, muchas de ellas creadas apenas después de la Primera Guerra Mundial, y ayunas por parte de Inglaterra y Francia, las superpotencias que les habían permitido independizarse en primer lugar, de todo otro apoyo que no fuera las meras declaraciones de buenas intenciones; era inevitable que sus voraces vecinos, Alemania y la Unión Soviética, terminasen por colisionar en su búsqueda de crearse una esfera de influencia en la región. Sea como sea, la Operación Barbarroja involucró a cuatro millones de tropas alemanas, apoyadas por 600.000 tanques y una cantidad similar de caballos, lanzados sobre un frente de batalla de 2.900 kilómetros de largo: de esta manera, Barbarroja se transformó en probablemente la más grande operación militar de todos los tiempos.

101.- Soldados alemanes avanzando hacia la Unión Soviética, en Junio de 1.941. La Operación Barbarroja movilizó a cuatro millones de soldados alemanes en contra de la Unión Soviética. Para el grueso de ellas, su destino final acabaría por ser patibulario.
102.- Un soldado alemán marcha en dirección hacia un tanque soviético BT-7 ardiendo, en los primeros días de la Operación Barbarroja. Gracias a su empuje inicial, los invasores alemanes consiguieron llegar hasta las mismísimas puertas de Moscú.
103.- Ciudadanos de Leningrado huyendo bajo la sirena de aviso de bombardeo aéreo, el 24 de Junio de 1.941. El asedio alemán contra Leningrado fue uno de los más largos de la Historia Universal: comenzó el 8 de Septiembre de 1.941 y culminó el 27 de Enero de 1.944, durando un total de 872 días (fuente).
104.- Mujeres escapando del bombardeo alemán en Kiev, Ucrania, el 23 de Junio de 1.941. Los ucranianos estaban bajo dominio soviético, pero de buena gana se hubieran revuelto contra Stalin; sin embargo, las atrocidades cometidas por el Tercer Reich en su contra les hicieron unir fuerzas con el régimen de Moscú. Fotografía de K. Lishko (fuente).
105.- Soldados rusos en Smolensk, armados con subfusiles PPSh-41 y rifles Mosin-Nagant. Parte importante de la victoria final soviética en la campaña rusa, puede resumirse en una frase: tener incontables reservas. Fotografía de P. Bernstein (fuente).
106.- Un grupo de ancianos y de mujeres excava trincheras alrededor de Moscú, para detener a los tanques alemanes invasores. Los trabajos forzados y conscripciones a punta de fusil eran rutina cotidiana en la Unión Soviética, de manera que resultó sencillo movilizar a cerca de 100.000 personas para realizar estas labores de contención.
107.- Dos soldados de la Wehrmacht al oeste de Moscú, en Diciembre de 1.941. A finales de año llegó el invierno a Rusia con temperaturas que rondaban muchas veces los 25 a 30 grados bajo cero. Y con él, la desesperación de los mal preparados invasores alemanes; se suponía que la invasión iba a terminar antes del invierno, y por ende, el grueso de los suministros de ropa y botas eran para verano, con las trágicas consecuencias que son de imaginar.
108.- Soldados caídos del Ejército Rojo. A pesar de la profunda penetración de las tropas alemanas, Hitler insistió en una guerra de movimientos envolventes, en vez de entrar directamente contra Moscú y Leningrado, lo que le dio a los soviéticos la oportunidad de montar resistencia. Fotografía de Enero de 1.942 por Richard Muck.

XV.- La Gran Guerra Patriótica.

Ayudados por el factor sorpresa, con una maquinaria bélica más organizada, y con soldados más cohesionados y con mejor moral, los alemanes consiguieron entrar profundamente en las llanuras ucranianas y rusas. Por un tiempo pareció que Alemania iba a derribar a la Unión Soviética tan fácilmente como lo había hecho con otros países, y que Hitler iba a triunfar allí donde antaño Carlos XII de Suecia y Napoleón Bonaparte habían fracasado. En la estratégica cuenca del Río Volga, se apoderaron de Stalingrado (actual Volgogrado). Con todo, nunca consiguió apoderarse de las dos más importantes ciudades rusas: Leningrado (actual San Petersburgo) y Moscú. Andando los meses, apareció el temible y temido General Invierno. Stalin movilizó por su parte toda la maquinaria propagandística soviética, vendiendo el conflicto como la Gran Guerra Patriótica. En esto fue ayudado irónicamente por los propios alemanes, quienes, pudiendo haberse presentado como libertadores de la dictadura de Stalin y ganado a etnias como los ucranianos o los bielorrusos para su causa, prefirieron enajenárselos exterminándolos en calidad de Untermenschen; como resultado, dichos pueblos terminaron haciendo causa común con la Unión Soviética. A la larga, las llanuras rusas demostraron simplemente ser demasiado extensas como para que la Blitzkrieg funcionara de manera tan fulminante como en países más pequeños como Polonia o Francia; esto permitió el contragolpe de la Unión Soviética. Luchando en su propio país, con el clima a su favor, disponiendo de una incontable población civil de reserva a la que movilizar, y además apoyados con materiales y suministros bélicos proporcionados por Estados Unidos vía Alaska y Siberia, poco a poco la Unión Soviética fue empatando a Alemania, y doblándole la mano después. Aún así, desangrándose por el esfuerzo bélico, Stalin exigía cada vez que podía, la apertura de un segundo frente en Occidente que le aliviara la carga de la guerra. Cuando dicho frente fue abierto por el Desembarco de Normandía, el destino de Alemania quedó sellado: ahora nada pararía a la maquinaria rusa en su venganza contra los invasores, la que resultaría implacable.

109.- Civiles fusilados por soldados alemanes en Babi Yar, Ucrania, a finales de 1.941 o inicios de 1.942. La política de exterminio sistemático de los alemanes en contra de las etnias rusas, le enajenó aliados claves al Tercer Reich, y al final, sólo ayudó a Stalin a vender mejor el reclamo publicitario de la Gran Guerra Patriótica (fuente).
110.- Cañón antiaéreo soviético M1939 de 37 mm., en Leningrado, durante el asedio alemán contra la ciudad, el 1 de Marzo de 1.942. El asedio de Leningrado duró dos años, cuatro meses, dos semanas y cinco días, hasta que la resistencia rusa dio sus frutos y consiguió repeler en definitiva a los alemanes (fuente).
111.- El puerto de Sebastopol, destruido en Julio de 1.942, después del asedio al que fue sometido por los alemanes. El mismo comenzó el 30 de Octubre de 1.941, y terminó con la rendición completa de las fuerzas soviéticas defensoras de la ciudad, el 9 de Julio de 1.942.
112.- Francotirador alemán armado con un fusil alemán Mauser 98k, con una mira telescópica rusa. Esta curiosa combinación de armamento alemán y ruso no era tan inusual como pudiera parecer. Fotografía de Septiembre de 1.942.
113.- Soldado alemán portando un subfusil soviético PPSh-41, en una factoría de Stalingrado, en Octubre de 1.942. Los soldados alemanes preferían muchas veces las armas rusas para el combate en espacios cerrados.
114.- Un soldado ruso agita la bandera roja soviética, cerca de la plaza central de Stalingrado, en 1.943. El asedio soviético para recobrar la ciudad de manos alemanas comenzó el 23 de Agosto de 1.942, y terminó con la rendición completa del Sexto Ejército Alemán, el 3 de Febrero de 1.943. Dicha rendición, contraria a las órdenes de Hitler, fue el principio del fin para los alemanes en el frente ruso, y fue quizás el gran punto de giro en la guerra europea.
115.- Soldados alemanes capturados por los soviéticos en Stalingrado, en 1.943. Debido al talante del régimen de Stalin, sumado a la odiosidad despertada por los alemanes por sus exacciones contra la población rusa, el destino general de los prisioneros alemanes en los campos de concentración rusos fue cualquier cosa, menos amable.
116.- Soldados soviéticos disparando un cañón antiaéreo DShK en Leningrado, el 9 de Octubre de 1.942. Las operaciones de bombardeo no surtían tanto efecto en el frente ruso debido a la enorme extensión del mismo, que obligaba a vuelos más largos por parte de los aviones bombarderos. Fotografía de Anatoli Garanin (fuente).
117.- Tanques alemanes Panzer VI marchando durante la Batalla de Kursk, a mediados de 1.943. Después de la rendición del Sexto Ejército Alemán en Stalingrado, el Tercer Reich necesitaba con urgencia una operación militar a gran escala que diera vuelta las tornas en el frente ruso; la Batalla de Kursk, que se prolongó por mes y medio, fue dicho intento desesperado.
118.- Tanques soviéticos KV-1 durante la Batalla de Kursk, a mediados de 1.943. La misma involucró a aproximadamente 3.000 tanques alemanes y 5.000 soviéticos en su primera fase, y cuando recrudeció, la cifra alcanzó a más de 10.000 entre ambos bandos, transformándose así en la más grande colisión de tanques contra tanques en la Historia Universal.
119.- Artillería autopropulsada alemana Wespe (Avispa), armada durante la Batalla de Kursk, en Junio de 1.943. El Wespe fue desarrollado a partir del chasis del Panzer II. La artillería autopropulsada fue desarrollada de manera experimental durante la Primera Guerra Mundial, pero fue la doctrina militar alemana de la Blitzkrieg, la que acabó por darle carta de naturaleza dentro de la guerra moderna con preferencia a la artillería movida por medios de arrastre.
120.- Soldados soviéticos avanzando detrás de un tanque T-34, durante la refriega en Orel, en medio de la Batalla de Kursk, a inicios de Agosto de 1.943. La contundente victoria soviética en la Batalla de Kursk acabó para siempre con el poder bélico alemán en el frente ruso; a partir de entonces, para los alemanes sería retirada tras retirada, hasta acabar en Berlín (fuente).

Próxima entrega: A través del Océano Pacífico.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

Vaya, parece que realmente lo que venció a los nazis fue la arrogancia

Guillermo Ríos dijo...

Pienso exactamente eso. Para mí, simpatías o antipatías a un lado, la derrota del Tercer Reich es un puro y simple caso de morder más de lo que se puede tragar.

Martín dijo...

Algo que me ha estado rondando mucho últimamente, es que en el History Channel - un medio no precisamente rusófilo, que digamos - se transmitieron unos documentales sobre la segunda guerra mundial, y el dato que me "hizo ruido" fue que Stalin propuso a los occidentales, antes de que empezara la guerra, hacer exactamente el mismo papel que cumplió en el conflicto: contener a Hitler mientras los aliados le daban por el otro lado, lo que habría desembocado en una guerra más corta y menos cruenta. Pero no le habrían dado ninguna esférica, y por eso Stalin firmó el trato Ribbentrop-Molotov, ya que era lo único que tenía sobre la mesa. ¿Tienes datos que confirmen o rechacen esa aseveración?
Por otro lado, ese pacto de no agresión, ¿puede considerarse como una alianza con todas las de la ley?

Guillermo Ríos dijo...

Mayores datos sobre el entresijo de las negociaciones diplomáticas no manejo, pero tengo entendido más o menos lo mismo. En la época, Maxim Litvinov era el Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, y veía a la Alemania Nazi como la peor amenaza externa. De manera que intentó cortejar a las naciones occidentales para hacer un gran cerco contra Alemania. Pero a los occidentales no les gustaba una alianza con los soviéticos porque le tenían un miedo cetrino a que los simpatizantes bolcheviques dentro de sus fronteras, que hacían nata entre los intelectuales y en el mundo sindical, terminaran por hacer la Revolución en sus propios países, de manera que preferían cortejar a los nazis; Goebbels mismo vendía el Nazismo en el exterior como la única salvación posible contra el monstruo comunista. Litvinov se apuntó algunos triunfos: el reconocimiento del gobierno soviético por Roosevelt, y la entrada de la Unión Soviética a la Liga de las Naciones. Pero al último, luego de una ronda de conversaciones en 1.939, su política terminó fracasando. A Litvinov le hizo una visita el NKVD, y Molotov se hizo cargo del asunto, inclinándose hacia Alemania, con los resultados de todos conocidos. En cuanto a Litvinov, no hay que sentirse demasiado mal por él: ya durante la guerra, fue embajador de la Unión Soviética ante Estados Unidos.

El pacto de no agresión fue eso, un pacto de no agresión, y no más allá. Todo lo más, al respecto establecía deber de consulta mutuo sobre asuntos de interés común. Si me preguntan mi opinión personal, considerando que el pacto en realidad no modificaba demasiado el status quo internacional, el verdadero alcohol del cóctel era el protocolo secreto por el que, bajo el eufemismo de "en caso de reordenación política o territorial", establecieron sus respectivas áreas de influencia. Se puede leer el texto del pacto (es cortito) en inglés, en la siguiente dirección:

http://legacy.fordham.edu/halsall/mod/1939pact.html

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?