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domingo, 14 de junio de 2015

Adolf Hitler el pintor.

Almenas de castillo por Adolf Hitler.
Una de las ucronías o premisas de historias alternativas más recurrentes, es aquella en la cual Hitler gana la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ¿qué hubiera pasado si en vez de ello, Hitler jamás se hubiera embarcado en el negocio político? Hay al menos una novela que parte de dicha premisa, en concreto El sueño de hierro de Norman Spinrad, una delirante fantasía postapocalíptica en donde un héroe ario extermina a numerosos Untermenschen mutantes para salvar al mundo; el giro interesante del asunto es que la obra es presentada como una novela dentro de la novela, ya que viene acompañada de un prólogo en donde se nos refiere que el autor de la historia es un tal Adolf Hitler, un escritorzuelo que luego de la Primera Guerra Mundial viajó a Estados Unidos y ganó reputación como escritor de novelas pulp de Ciencia Ficción de la Edad de Oro... Lo irónico del caso es que un escenario de este calibre estuvo a punto de suceder, pero no con la Literatura sino con la Pintura. Porque pudo haber llegado a ser que Adolf Hitler hubiera hecho carrera como... pintor.

Al calor de lo que puede observarse con su obra, es poco probable que Hitler hubiera llegado a las alturas de un Botticelli, un Velásquez o un Renoir, o que la editorial Taschen le dedicara un tomo. De hecho, que Hitler se dedicara a la Pintura es hoy en día casi objeto de curiosidad. No ayuda tampoco para la valoración de su obra, que cualquier cosa asociada a Hitler es rechazada como la peste. Defender al Hitler pintor es casi ponerse a tiro de la etiqueta de partidario del Tercer Reich, lo que no tiene por qué ser el caso. Una cosa es la obra, y otra cosa el artista tras la obra. Hay obras muy buenas, y los artistas que las hicieron eran unos desgraciados, así como hay artistas muy buena gente que son incapaces de juntar letras o colores con un mínimo de tino. Lo ideal es que se junten las dos, pero si no se puede, al menos deberíamos quedarnos con la obra. Dicho lo cual, haciendo abstracción de la filosofía y praxis de Hitler el Führer, ¿qué tal era el Hitler el artista?

Ardooie en Flandes, por Adolf Hitler.

Hagamos un poco de historia. El joven Adolf venía de una familia bastante conflictiva, y es posible suponer que sus inclinaciones artísticas tuvieran algo de escapismo. En realidad Alois Hitler, el padre de Adolf, quería que su hijo fuera funcionario como él; Adolf por su parte ya había descubierto la Pintura, y quería ingresar a alguna academia. Las cosas mejoraron algo para el joven Adolf cuando falleció su padre Alois. Su madre le permitió marcharse a Viena, en donde Adolf, en su etapa de adolescente a adulto joven, se dedicó a vivir la vida bohemia. En ese tiempo, Adolf Hitler se hacía sus pequeños ingresos vendiendo acuarelas.

Adolf Hitler de hecho postuló dos veces a la Academia de Bellas Artes de Viena, y aquí es donde las cosas se pusieron interesantes. ¿Qué hubiera pasado si Hitler hubiera sido aceptado? ¿Acaso sus traumas de infancia se hubieran visto canalizados a través de la Pintura, transformándose en otro pintor que transforma sus demonios internos en arte? Quizás, pero eso es especulativo porque nunca sucedió; Hitler fue rechazado en ambas ocasiones en que postuló, con el brutal calificativo de ser inepto para la Pintura. Incluso le recomendaron, como solución, dedicarse a la Arquitectura, aunque tal posibilidad nunca llegó a ser por su educación secundaria incompleta. Uno puede preguntarse por cuánto el haber cercenado de esa manera el sueño de su infancia le habrá dado fuego de la rabia interior que Hitler después volcó en los actos posterioers y menos recomendables que son bien conocidos en la actualidad. En cualquier caso, aparece bien acreditado que fue en estos años que Hitler desarrolló en profundidad sus ideas racistas y antisemitas, y es muy posible que haya una conexión entre todo esto. Lo que es irónico si se piensa que se ha documentado que varios compradores de las obras pictóricas hitlerianas eran judíos, que no tenían manera alguna de suponer que, indirectamente, con sus compras estaban ayudando a salvar las finanzas mensuales del hombre que con el tiempo fundaría el Tercer Reich.

El patio de la Residencia Vieja en Münich, por Adolf Hitler (1.913).

El estudioso que se meta con la obra pictórica de Hitler, tiene un problema adicional: el artista tenía la tendencia de no datar sus obras. Lo que significa que ignoramos en qué orden pintó muchas de ellas. Como mencionábamos, Hitler pintaba muchas de sus obras para venderlas y adquirir fondos, y por ende, no estaba demasiado preocupado de la posteridad, y quizás ni siquiera de si su arte era realmente bueno. Que los historiadores del arte en el futuro se quiebren la cabeza tratando de armar una cronología; en el presente, Hitler estaba más entusiasmado con sobrevivir con monedas en el bolsillo para pagarse la comida. Este pragmático desinterés por su propia obra significa que es posible que la cantidad de obras de Hitler se empine a una cifra que se encuentre más o menos entre los cientos, incluyendo muchas obras que después, o se han perdido, o sus dueños por miedo u odio las han destruido, o bien, poseyéndolas, ignoran realmente quién las pintó o cuánto podrían valer de manera eventual en un remate.

Y hay todavía otro problema mayúsculo: no existe un catálogo completo de las obras de Hitler. Ni podría existirlo. Como Hitler no llegó a ser un artista reconocido en vida, ni siquiera en lo que podríamos llamar el underground del mundo artístico, es seguro afirmar que nadie se preocupó en exceso por llevarle la pista a sus obras. Ciertas asociaciones también son complicadas: si usted poseyera por cualquier motivo una obra de Hitler que hubiera llegado a sus manos, ¿declararía al mundo sin más que la posee, sin temor de que le acusaran de ser un nazi? Para colmo, muchas otras obras de Hitler fueron capturadas por los Aliados, y hoy en día las posee el Gobierno de los Estados Unidos, el cual por supuesto no pretende soltarlas, por el temor de que promover al Hitler artista se transforme en una puerta para promover al Hitler nazi.

Por supuesto que con todo lo anterior, mucho de la evolución de Hitler es especulativo. Pero aún así, es posible hacer algunas afirmaciones que quizás no sean demasiado aventuradas.

Tanque destruído, por Adolf Hitler (1.916).

Existe un primer Hitler artista, que sería el anterior a la Primera Guerra Mundial. La temática favorita de Hitler en estos años es el paisajismo y las construcciones, con una notoria ausencia de retratos de humanos u otras criaturas vivas. Hay un cierto aire bucólico en sus composiciones, una tranquilidad y sosiego que hacen vívido contraste con la sórdida realidad de su vida bohemia en Viena, época en la que Hitler se hospedaba muchas veces en hospicios de mala muerte y en compañía de sabandijas indeseables. La principal influencia pictórica que asimiló Hitler en esos años es el Impresionismo, lo que no deja de ser irónico si se piensa que dicha corriente artística fue la primera gran Vanguardia, y en años posteriores, Hitler fue enemigo declarado de las vanguardias posteriores al Impresionismo, llamándolas Entartete Kunst (arte degenerado). En cualquier caso, Hitler era cualquier cosa menos un academicista.

Resulta interesante observar el ojo clínico que poseía Hitler para las construcciones. Es posible que de aquí haya salido la idea de que Hitler estudiara Arquitectura, aunque como lo mencionamos más arriba, el asunto no llegó a mayores. Es sabido que Hitler nunca perdió el interés por estas temáticas. Ya en su época como Führer del Tercer Reich, puso un interés supremo en las construcciones. No en balde, llamó al arquitecto Albert Speer para que diseñara un plan completo de reconstruir Berlín prácticamente desde los cimientos, ya que la reconstrucción de Alemania bajo el Tercer Reich iba a ser acompañada por un nuevo y monumental Berlín que se transformara en capital del mundo, cultural por lo menos si es que no lograba a llegar a ser política.

Muro en el campo de batalla, por Adolf Hitler (1.918).

Una vez que estalló la Primera Guerra Mundial, su arte cambió. Resulta bastante obvio a través de sus obras, el impacto que tuvo la guerra en la psique de Hitler. Sin embargo, el arte de Hitler se quedó corto frente a los horrores de las trincheras. Hitler no llegó a incursionar en el Expresionismo para plasmar los horrores de la guerra, y desde luego que no era un William Orpen, uno de los grandes pintores de dicho conflicto. En vez de ello, Hitler se contentó con dibujar tanques en combate, sobre paisajes desolados y con árboles quemados o talados. Nuevamente vemos la reticencia de Hitler a dibujar seres humanos; sus pinturas de guerra tienden a mostrar sólo tanques y paisajes, casi sin soldados, lo que por supuesto significa que no veremos cadáveres, restos humanos u otras cosas similares.

En medio de la guerra, Hitler estuvo a punto de morir en una acción bélica, experiencia que le convenció de estar protegido por el Destino para grandes cosas. Se forjó entonces el delirio místico que le dio el empuje para adscribirse al Partido Nazi primero, adueñarse de Alemania después, y desatar y perder la Segunda Guerra Mundial al último. Pero las preocupaciones políticas hicieron que el Hitler artista se quedara en la cuneta.

El Teatro de la Opera en Münich, por Adolf Hitler.

Eso sí, Hitler nunca perdió interés en el arte, de todas maneras, como hemos mencionado. Se convenció de que existía una íntima relación entre el Judaísmo y el ya mencionado arte degenerado, y ordenó la completa destrucción del mismo. Las preferencias hitlerianas iban por el lado del arte grecorromano y del Neoclasicismo, en buena medida debido a que Hitler consideraba dicho arte como no contaminado por los judíos. Otra ironía más, el arte bajo el Tercer Reich buscaba deliberadamente el colosalismo, como una manera de impresionar a las multitudes, en abierto contraste con el tono más calmado de la obra paisajística de Hitler.

Es conocido también el entusiasmo de Hitler y de otros grandes jerarcas nazis por apoderarse de obras artísticas allí donde invadían las Panzerdivisionen. Y Hitler mismo quería reconstruir a Berlín, y también a Alemania. Después del Anchluss, en que Austria fue incorporada al Tercer Reich, Hitler decidió mantener la Academia de Bellas Artes de Viena que lo había rechazado, pero todos los profesores judíos debieron marcharse. Lo que lleva moraleja consigo: nunca rechacen a un artista de manera arbitraria, o éste podría transformarse en soldado, dedicarse a la política, convertirse en dictador, y dejarlos sin empleo. U otra moraleja diferente: nunca rechacen a un artista de manera arbitraria, porque nunca saben si luego, por haberse hecho famoso el artista en otro rubro, sus obras acaban avaluadas en cifras millonarias en los remates de las galerías de arte.

Nota adicional: Todas las pinturas incluidas en este posteo han sido extraídas del perfil de Adolf Hitler en la página de WikiArt, que pueden consultar pinchando el enlace.

Nocturno marítimo, por Adolf Hitler (1.913).

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