martes, 30 de junio de 2015

Bastión Esperanza - "Intercambio de agentes biológicos".


El General Luca se impacientó. La nave espacial Ganímedes era la única carta de victoria para derrotar a los invasores alienígenas que se habían retirado temporalmente, y los científicos estaban diciéndole que debían mantenerla orbitando en vez de traerla de regreso a la superficie de Esperanza, para estudiar las nuevas tecnologías que pudieran extraer de ahí.

– ¡Sea directo, hable de una maldita vez! – estalló el General Luca.

– General... – tomó la palabra Alba, sabedora de que era positivo descargarle algo de responsabilidad al profesor Higgins, que debía lidiar con los militares todos los días. – ¿Usted está familiarizado con la historia de la Tierra, con la conquista de América por los europeos?

– Yo pensaba que lo de usted era la Ingeniería, no la Historia – masculló el General Luca.

– General – comenzó Alba, ignorando el sarcasmo. – Cuando los españoles llegaron a América, no lo hicieron solos. Trajeron la viruela consigo. Los españoles mataron a muchos americanos, pero la principal masacre la hizo el virus de la viruela. Los españoles tenían inmunidad natural porque habían coexistido con la viruela durante miles de años. Los indígenas no, y murieron por millones.

– ¿Le tiene miedo a los microbios que hayan traído los alienígenas? ¡Bah!

– Señor, con todo respeto, le recuerdo... – dijo Chu, y añadió: – Los bichos ésos atacaron tanto al Coloso como a Ganímedes, y ambas tripulaciones estuvieron expuestas. El riesgo es real.

– ¡No puede ser tan grande! Hagan cuarentena, conviertan al Ganímedes en un hospital, dejen pasar un poco de tiempo, y asunto arreglado.

– No es tan sencillo – siguió Alba, con la paciencia que la caracterizaba. – Los intercambios de patógenos son por regla general asimétricos. Los europeos llevaron la viruela al Nuevo Mundo, que casi arrasó con los indígenas, pero al revés, ellos llevaron la sífilis, que no causó ni de lejos tantos daños en Europa. Eso es porque la gente del mundo eurasiático eran más civilizaciones en contacto unas con otras, con una mayor reserva de enfermedades contra las cuales eran inmunes, y por lo tanto, tenían más con qué contagiar a los americanos, mientras que éstos tenían pocas enfermedades porque eran sociedades pequeñas, y no pudieron devolverles la mano en la misma medida.

– Prosiga – dijo el General Luca, ahora prestando una mayor atención.

– En este caso, estamos en la misma situación de los americanos expuestos a la viruela. La Humanidad es una civilización joven. Apenas salimos del Sistema Solar hace un siglo, colonizamos Esperanza y otros planetas, a velocidades inferiores a la de la luz, sin contacto entre las colonias... Cuando llegamos a Esperanza lo hicimos con toda nuestra batería de Medicina y de terapia genética, y aún así, un patógeno de Esperanza ocasionó la epidemia de muerte púrpura que en menos de un año eliminó al veinte por ciento de los colonos... – dijo Alba, y su tono de voz bajó: – ...incluyendo a mis padres.

– ¿Y los invasores serían como los europeos?

– Podemos suponer que, dominando tecnologías superiores a las nuestras, han conquistado y colonizado una cantidad mayor de planetas, y por lo tanto, han estado expuestos a decenas o cientos de ecosistemas y biosferas más que nosotros. Sus sistemas inmunológicos por lo tanto, es probable que sean mucho más fuertes y robustos. En definitiva, ellos tienen una mejor oportunidad de aguantar nuestras enfermedades, que nosotros las de ellos. En un intercambio de agentes biológicos, nosotros tendríamos las de perder.

– Y estando Ganímedes comprometido porque su tripulación y la del Coloso estuvieron expuestos a los atacantes, y hay cadáveres de bichos muertos por los corredores, y es posible que si descienden y llegan a Esperanza, alguna terrible epidemia nos masacre a todos, y los alienígenas ni siquiera tengan que librar una segunda batalla con nosotros para apoderarse del planeta – dijo el General Luca, ahora más pensativo. Y con algo casi parecido a la humildad, preguntó: – ¿Y qué se puede hacer contra eso?

– Primero que nada, mantener a Ganímedes en cuarentena, en órbita. Segundo, convertir a Ganímedes en un gran hospital, de manera que si estalla algún brote epidémico de alguna clase, podamos contenerlo sin que infecte a toda la tripulación. Y tercero... y esto es lo más arriesgado de todo... – dijo el profesor Higgins, y luego de una pausa en la cual eligió deliberadamente sus palabras: – ...debemos encontrar voluntarios que asciendan a Ganímedes y ayuden con las investigaciones médicas necesarias.

– Bien, bien. Si es por eso, podemos mantener a Ganímedes en órbita para siempre. Tanto mejor, así los esperamos en el espacio y evitamos que ataquen la superficie – dijo el General Luca, inesperadamente tranquilo por haber encontrado una solución tan fácil al problema.

– Tampoco – dijo el profesor Higgins.

– ¡Ahora qué! – restelló el General Luca.

– Ganímedes tiene veinticinco kilómetros de largo por once de ancho y dos de alto. No sabemos cuánta masa tiene, pero por su tamaño, es más grande que el meteorito que exterminó a los dinosaurios en la Tierra. Si Ganímedes es atacado o por cualquier otro motivo pierde la órbita y cae sin control sobre la superficie... nos enviará a la Edad de Piedra, con suerte, y si no la tenemos, será nuestra extinción en Esperanza – dijo el profesor Higgins, con su voz cada vez más gélida en tanto soltaba el reporte.

– Ganímedes es un peligro si permanece en la órbita y es un peligro si desciende – dijo el General Luca, con acritud. – Muy bien, ¿alguna otra mala noticia de que yo deba estar informado, cerebrito?

– Por el minuto no. Pero las habrá, eso se lo aseguro – dijo el profesor Higgins, ignorando el insulto.

– Bien. Empezaremos a ver el tema del... asunto de los microbios – dijo el General Luca. – Enviaremos un equipo médico para examinar lo que haya que examinar allá arriba. Hagan lo que tengan que hacer.

El General Luca cortó su menterminal, saliéndose de la conversación, y empezó a caminar con paso lento hacia la puerta de salida del Centro del Alto Mando. El profesor Higgins suspiró.

Lo que ni el profesor Higgins ni nadie podía suponer, ante la reacción del General Luca, era que éste maldecía para sus adentros. Las noticias caerían como una bomba ante el Comandante Rubik y el Presidente Kulkov, ante quienes debería reportarse. El Comandante debería estar hecho una furia porque sus tropas habían fracasado en evitar la muerte de cerca de 400.000 civiles, y el Presidente, por haber perdido a cerca de 400.000 de sus ciudadanos.

En un solo día de batalla, cerca de la quinta parte de la población total de Esperanza había sido lisa y llanamente exterminada, luego de que Ciudad del Progreso y Ciudad de la Libertad fueran vaporizadas por completo. Ese era el poder de destrucción de los alienígenas, y cuando volvieran, más valía que Ganímedes siguiera bastando para contenerlos, o que ocurriera un milagro. O de lo contrario, no quedaría ningún humano vivo sobre la superficie de Esperanza para escribir la crónica de la extinción.

¿Qué se proponían realmente los alienígenas? ¿Eran conquistadores espaciales que deseaban anexarse Esperanza? ¿Buscaban la aniquilación de la Humanidad? ¿Tenían acaso otro objetivo, y una vez cumplido éste, dejarían en paz a Esperanza y sus habitantes? Por el minuto no había manera de saberlo, y al reflexionar sobre ello, el General Luca hizo un chasquido de fastidio con los labios.

OxxxOxOOOxOxxxO

A bordo de Ganímedes, los grupos de soldados estaban tratando de reagruparse y reconstruir la cadena de mando, gravemente comprometida por la salvaje cantidad de bajas militares. Todo eso, en medio de un ambiente mortecino. Los soldados más veteranos habían combatido en la Rebelión Mendeliana, en los primeros años de la llegada de los colonos al planeta, y los había tan viejos que incluso les había tocado combatir en el Sistema Solar, antes de viajar los setenta años luz de distancia entre la Tierra y Esperanza; para los más jóvenes, por el contrario, había sido su bautismo de fuego. Pero nadie, absolutamente nadie entre ellos, había combatido jamás contra un alienígena, y menos todavía, contra bichos de diez patas capaces de moverse con tanta velocidad, e impasibles mutilando y descuartizando soldados con sus patas terminadas en garfios filosos e implacables.

Además, no tenían comida. Cuando Ganímedes había estado semienterrado en la superficie de Esperanza, los arqueólogos e ingenieros inspeccionando la nave habían instalado todo el apoyo logístico en cubículos armables en el exterior, los cuales por supuesto habían sido arrasados cuando Ganímedes se había sacudido de la corteza de Esperanza como un niño sacándose costras de barro. La gran reserva de comida había estado en el Coloso, nave que por supuesto había sido evacuada con celeridad y de la cual por lo tanto nadie había rescatado comida, medicinas, o cualquiera otra cosa que pudiera ser útil. En unas instalaciones dentro de Ganímedes, en la sección hasta hace algunas horas enterrada, habían encontrado una bodega con comida refrigerada, pero nadie sabía en realidad cuánto tiempo tenía esa comida ahí; Ganímedes había sido descubierto diez años atrás, y la comida estaba incluso desde antes.

Pero la presencia de comida era una señal de algo que Numerio ya había reparado: a pesar de su tecnología increíblemente avanzada, Ganímedes no había sido construido por alienígenas. Los constructores de Ganímedes eran seres humanos pertenecientes a la cultura humana, sea de otras colonias o sea del mismísimo Sistema Solar.

– Es casi como esas novelas policiales de cuarto cerrado – dijo una chica de facciones angulosas sobre un rostro de forma más redonda que alargada, pelo negro y lacio, ojos también negros y algo fríos, y rostro levemente moreno. Y como las otras cinco personas la miraran de manera interrogante, añadió: – En un misterio de cuarto cerrado, el cadáver aparece en un cuarto sellado perfectamente por dentro, de manera que sólo la víctima muerta pudo haberlo cerrado. El problema entonces es resolver cómo el asesino mató a la víctima y salió, o bien, cómo introdujo el cadáver.

– O sea, Ganímedes es lo mismo, Lincopán – dijo Escalante, que estaba a cargo del grupo. – Una nave de fabricación humana, que no debería estar aquí o ahora, porque ni otras colonias ni la Tierra tienen la tecnología para fabricarla, o el tiempo para hacerla viajar hasta Esperanza.

– A lo mejor la fabricaron acá mismo en Ganímedes – dijo un joven de facciones alegres, pelo negro, y nariz ganchuda que le confería una fisonomía muy reconocible.

– No seas tonto, Paparizou – dijo Lincopán. – ¿Por qué razón, si alguien la fabricó en Ganímedes, iban a estrellarla hasta dejarla tan enterrada en Esperanza, que los arqueólogos se la pasaron diez años desenterrándola, explorándola, luchando contra las trampas instaladas...?

– Un minuto... – dijo Escalante, suspirando. – Me voy. Me están llamando para discutir algunos asuntos del Golem Mayor. Los cerebritos todavía no saben cómo funciona eso de manejarlos con la mente.

Y Escalante se marchó. El quinteto de soldados se miró entre sí. Algunos se rieron.

– ¿Qué? – preguntó Paparizou.

– “Me están llamando” significa que los científicos lo necesitan, y muy en particular esa chica, ¿cómo es que se llamaba? Alba – soltó Lincopán, con sarcasmo en la voz. Y luego, dirigiéndose a la otra chica del grupo, una rubia de pelo ensortijado sobre facciones redondeadas y ojos azules, cuyo rostro se había ensombrecido un resto, añadió: – Pero eso no debería preocuparte, Ashcroft, porque de todas maneras nos tienen prohibido eso de los romances dentro de la tropa...

– ¡A mí no me interesa Escalante! – protestó Ashcroft de manera quizás demasiado enfática. Los tres varones del grupo soltaron ruidos de burla, y luego algunas risotadas. – ¡A lo mejor te interesa a ti!

– ¿A mí? No, ya sabes que tengo mi asunto en la superficie – dijo Lincopán, algo misteriosa.

– Si regresamos – dijo otro de los varones. Era un joven pelirrojo y ojos azules, mirada melancólica, y facciones delgadas y acusadas. – Con eso de que dicen que podríamos estar contagiados de quién sabe qué porquería espacial, quién sabe.

– No seas pesimista, Hilmarsson – dijo el quinto hombre, un bruto de dos metros de alto de mandíbula cuadrada, pelo negro, y ojos intensos y agresivos. – Está bien que tomen precauciones, eso es todo.

– Podrían sacrificarnos acá arriba, Brown – dijo Hilmarsson.

– No lo harán. Somos demasiado valiosos, aunque sea porque somos los únicos que hemos conseguido pilotar esos golems. Tienen que mantenernos vivos aunque sea para averiguar cuál es la conexión de nuestros cerebros con esas... máquinas... o cosas. Lo que sean.

– Bueno, si nos morimos, siempre pueden abrir nuestros cráneos, poner nuestros cerebros en jarras y estudiarlos – dijo Hilmarsson con amargura.

– Entonces así lo haremos – dijo Lincopán, con gravedad, tanta más cuanto su tono de voz había bajado hasta hacerse solemne. – Somos soldados. Obedecemos órdenes. Morimos por ellas si es necesario. Hay cientos de miles de personas en Esperanza que dependen de nosotros, y no podemos defraudarlos porque somos su única y última línea de defensa. ¿Está claro...?

– Sí, señor – dijo el resto de la tropa, tratando de darse ánimos.

つづく

domingo, 28 de junio de 2015

La Guillermocracia: Mes del quinto aniversario.

(fuente).
El próximo Jueves 30 de Julio, la Guillermocracia cumple cinco años. Media década en línea. Y lo vamos a celebrar con una serie de posteos especiales, cada Domingo de Julio; especiales porque nos adentraremos en algunos entretelones de la propia Guillermocracia, así como de la actividad literaria de Guillermo Ríos quien esto escribe.

Y para abrir el apetito, anunciaremos la maratón, que salvo eventos más allá de nuestra capacidad, será publicada tal y como sigue:

  • Domingo 5 de Julio: Siete blogs que leemos desde la Guillermocracia.- Como argumentábamos hace tiempo atrás, la Guillermocracia no existe en un vacío. Hay otros sitios y blogs alrededor que más o menos sobreviven a la debacle de la blogósfera, y que vale la pena visitar, y lo más importante para este propósito, ayudan a inspirar y seguir adelante a la Guillermocracia. En el quinto aniversario, es de recibo que este país la Guillermocracia haga los saludos protocolares hacia los siete de la fama.
  • Domingo 12 de Julio: La era de Quinto Evangelio.- Antes que la Guillermocracia, fue... Quinto Evangelio. Retrocederemos en el tiempo hasta la década de 1.990, en mi época de faneditor, para contar algunas anécdotas e impresiones de aquellos años de romanticismo editorial. Los que no fueron en vano, toda vez que si no hubiera sido por Quinto Evangelio, hoy en día la Guillermocracia quizás ni siquiera existiría.
  • Domingo 19 de Julio: Todos los caminos conducen a la Guillermocracia.- Haremos una recopilación de las más divertidas e hilarantes expresiones de búsqueda en Google que han aparecido en el sistema de estadísticas de Blogger, expresiones de búsqueda que han llevado a los internautas hasta la Guillermocracia, por supuesto.
  • Domingo 26 de Julio: Así se escribe un posteo de la Guillermocracia.- ¿Quieres transformarte en un bloguero tan bueno como yo? Probablemente no, considerando la cantidad ínfima (aunque constante, y lo mejor de todo, inteligente) de lectores que tiene la Guillermocracia. Pero si aún así quieres seguir esta ruta, pequeño padawan... publicaré la receta. No hay falsas promesas, no hay truco. La verdad de cómo se escribe un posteo en la Guillermocracia, por completo al desnudo.

El día Jueves 30 mismo haremos nuestro acostumbrado discurso a la nación. Eso significa que, durante una semana, nos saltaremos la entrega respectiva de Ver la Segunda Guerra Mundial. Así, la entrega número 11, que se titula La sombra nuclear, será publicada el Jueves 6 de Agosto, coincidiendo con el aniversario número 70 de la bomba nuclear sobre Hiroshima. Y la entrega número 12 y final, que se titula El día de la victoria, será publicada el día Jueves 13 de Agosto, coincidiendo con el cumpleaños de... creo que no le haré publicidad, porque no me consta que lea la Guillermocracia; además está llegando a la edad de la crisis de mitad de vida, así es que mientras más en puntillas pasemos el tema, mejor.

Y por su parte, la joya de la corona para este quinto aniversario, que es el éxito de Bastión Esperanza, seguirá como de costumbre, con un capítulo nuevo cada Martes.

Nos encontramos aquí en la Guillermocracia, durante el mes del quinto aniversario, y con un poco de suerte, también después. Y saludos a todos los lectores que con sus comentarios, sus felicitaciones y su constancia, han hecho esto posible, por supuesto.

jueves, 25 de junio de 2015

Ver la Segunda Guerra Mundial (6 de 12): La guerra en la estepa.


A pesar de la imagen que la propaganda quiera inspirar, lo cierto es que ninguno de los dos bandos de la guerra, los Aliados o el Eje, era monolítico; dentro de cada uno de ellos, cada país tenía sus propios intereses, que se avenían a veces de muy mala gana con los de sus compañeros. El caso máximo de esto era la Unión Soviética: resulta irónico que tanto Hitler como Churchill, enemigos enconados en el campo de batalla, eran anticomunistas. La Unión Soviética bajo Stalin era un país grande y con población y recursos numerosos. Pero también era un país lastrado por el gobierno totalitario de Moscú, que había efectuado extensas purgas entre el campesinado, los intelectuales, e incluso dentro del mismísimo Ejército Rojo, y que por lo tanto se había debilitado profundamente, ya que la paranoia terminaba por llevar a la inacción. Así, teniendo más que ganar con la paz que con la guerra contra Alemania, Stalin había firmado el Pacto Ribbentrop-Molotov de 1.939. En los dos años siguientes, enredado en la guerra con Occidente, Hitler también tenía más que ganar con la paz. Pero su ideología anticomunista se impuso, y cometió el error fatal de abrir todavía otro frente de batalla, invadiendo a la Unión Soviética cuando aún no había liquidado la guerra en Inglaterra, el Atlántico, los Balcanes y Africa. A la larga, la Campaña de Rusia se transformaría en la más dura y sangrienta de todo el conflicto, y la fiera resistencia de la Unión Soviética se transformó en el pivote alrededor del cual giró la rueda de molino que acabó por arrojar al Tercer Reich al fondo del pozo en que acabaría por estrellarse.

XIV.- Operación Barbarroja.

El 22 de Junio de 1.941, el Tercer Reich emitió la orden: "¡Alzad las banderas al viento del este!". Eran las palabras claves destinadas a gatillar la Operación Barbarroja, la invasión militar a gran escala de la Unión Soviética, por parte de Alemania. Este gesto cambió el curso de la guerra para siempre; Alemania estaba ahora embarcada en una guerra total en dos frentes, el oriental y el occidental. Con todo, una traición de esta naturaleza podía considerarse como esperada. Ya desde los tiempos de su libro Mein Kampf, Hitler había argumentado sobre la pretendida superioridad de la raza aria sobre los eslavos, y Stalin no podía ser tan ingenuo como para pretender que fuera pura retórica, habida cuenta de los antecedentes de su incómodo aliado de 1.939. En términos más pragmáticos, y salvo por la Unión Soviética, el mundo eslavo era un mosaico de repúblicas y monarquías noveles, muchas de ellas creadas apenas después de la Primera Guerra Mundial, y ayunas por parte de Inglaterra y Francia, las superpotencias que les habían permitido independizarse en primer lugar, de todo otro apoyo que no fuera las meras declaraciones de buenas intenciones; era inevitable que sus voraces vecinos, Alemania y la Unión Soviética, terminasen por colisionar en su búsqueda de crearse una esfera de influencia en la región. Sea como sea, la Operación Barbarroja involucró a cuatro millones de tropas alemanas, apoyadas por 600.000 tanques y una cantidad similar de caballos, lanzados sobre un frente de batalla de 2.900 kilómetros de largo: de esta manera, Barbarroja se transformó en probablemente la más grande operación militar de todos los tiempos.

101.- Soldados alemanes avanzando hacia la Unión Soviética, en Junio de 1.941. La Operación Barbarroja movilizó a cuatro millones de soldados alemanes en contra de la Unión Soviética. Para el grueso de ellas, su destino final acabaría por ser patibulario.
102.- Un soldado alemán marcha en dirección hacia un tanque soviético BT-7 ardiendo, en los primeros días de la Operación Barbarroja. Gracias a su empuje inicial, los invasores alemanes consiguieron llegar hasta las mismísimas puertas de Moscú.
103.- Ciudadanos de Leningrado huyendo bajo la sirena de aviso de bombardeo aéreo, el 24 de Junio de 1.941. El asedio alemán contra Leningrado fue uno de los más largos de la Historia Universal: comenzó el 8 de Septiembre de 1.941 y culminó el 27 de Enero de 1.944, durando un total de 872 días (fuente).
104.- Mujeres escapando del bombardeo alemán en Kiev, Ucrania, el 23 de Junio de 1.941. Los ucranianos estaban bajo dominio soviético, pero de buena gana se hubieran revuelto contra Stalin; sin embargo, las atrocidades cometidas por el Tercer Reich en su contra les hicieron unir fuerzas con el régimen de Moscú. Fotografía de K. Lishko (fuente).
105.- Soldados rusos en Smolensk, armados con subfusiles PPSh-41 y rifles Mosin-Nagant. Parte importante de la victoria final soviética en la campaña rusa, puede resumirse en una frase: tener incontables reservas. Fotografía de P. Bernstein (fuente).
106.- Un grupo de ancianos y de mujeres excava trincheras alrededor de Moscú, para detener a los tanques alemanes invasores. Los trabajos forzados y conscripciones a punta de fusil eran rutina cotidiana en la Unión Soviética, de manera que resultó sencillo movilizar a cerca de 100.000 personas para realizar estas labores de contención.
107.- Dos soldados de la Wehrmacht al oeste de Moscú, en Diciembre de 1.941. A finales de año llegó el invierno a Rusia con temperaturas que rondaban muchas veces los 25 a 30 grados bajo cero. Y con él, la desesperación de los mal preparados invasores alemanes; se suponía que la invasión iba a terminar antes del invierno, y por ende, el grueso de los suministros de ropa y botas eran para verano, con las trágicas consecuencias que son de imaginar.
108.- Soldados caídos del Ejército Rojo. A pesar de la profunda penetración de las tropas alemanas, Hitler insistió en una guerra de movimientos envolventes, en vez de entrar directamente contra Moscú y Leningrado, lo que le dio a los soviéticos la oportunidad de montar resistencia. Fotografía de Enero de 1.942 por Richard Muck.

XV.- La Gran Guerra Patriótica.

Ayudados por el factor sorpresa, con una maquinaria bélica más organizada, y con soldados más cohesionados y con mejor moral, los alemanes consiguieron entrar profundamente en las llanuras ucranianas y rusas. Por un tiempo pareció que Alemania iba a derribar a la Unión Soviética tan fácilmente como lo había hecho con otros países, y que Hitler iba a triunfar allí donde antaño Carlos XII de Suecia y Napoleón Bonaparte habían fracasado. En la estratégica cuenca del Río Volga, se apoderaron de Stalingrado (actual Volgogrado). Con todo, nunca consiguió apoderarse de las dos más importantes ciudades rusas: Leningrado (actual San Petersburgo) y Moscú. Andando los meses, apareció el temible y temido General Invierno. Stalin movilizó por su parte toda la maquinaria propagandística soviética, vendiendo el conflicto como la Gran Guerra Patriótica. En esto fue ayudado irónicamente por los propios alemanes, quienes, pudiendo haberse presentado como libertadores de la dictadura de Stalin y ganado a etnias como los ucranianos o los bielorrusos para su causa, prefirieron enajenárselos exterminándolos en calidad de Untermenschen; como resultado, dichos pueblos terminaron haciendo causa común con la Unión Soviética. A la larga, las llanuras rusas demostraron simplemente ser demasiado extensas como para que la Blitzkrieg funcionara de manera tan fulminante como en países más pequeños como Polonia o Francia; esto permitió el contragolpe de la Unión Soviética. Luchando en su propio país, con el clima a su favor, disponiendo de una incontable población civil de reserva a la que movilizar, y además apoyados con materiales y suministros bélicos proporcionados por Estados Unidos vía Alaska y Siberia, poco a poco la Unión Soviética fue empatando a Alemania, y doblándole la mano después. Aún así, desangrándose por el esfuerzo bélico, Stalin exigía cada vez que podía, la apertura de un segundo frente en Occidente que le aliviara la carga de la guerra. Cuando dicho frente fue abierto por el Desembarco de Normandía, el destino de Alemania quedó sellado: ahora nada pararía a la maquinaria rusa en su venganza contra los invasores, la que resultaría implacable.

109.- Civiles fusilados por soldados alemanes en Babi Yar, Ucrania, a finales de 1.941 o inicios de 1.942. La política de exterminio sistemático de los alemanes en contra de las etnias rusas, le enajenó aliados claves al Tercer Reich, y al final, sólo ayudó a Stalin a vender mejor el reclamo publicitario de la Gran Guerra Patriótica (fuente).
110.- Cañón antiaéreo soviético M1939 de 37 mm., en Leningrado, durante el asedio alemán contra la ciudad, el 1 de Marzo de 1.942. El asedio de Leningrado duró dos años, cuatro meses, dos semanas y cinco días, hasta que la resistencia rusa dio sus frutos y consiguió repeler en definitiva a los alemanes (fuente).
111.- El puerto de Sebastopol, destruido en Julio de 1.942, después del asedio al que fue sometido por los alemanes. El mismo comenzó el 30 de Octubre de 1.941, y terminó con la rendición completa de las fuerzas soviéticas defensoras de la ciudad, el 9 de Julio de 1.942.
112.- Francotirador alemán armado con un fusil alemán Mauser 98k, con una mira telescópica rusa. Esta curiosa combinación de armamento alemán y ruso no era tan inusual como pudiera parecer. Fotografía de Septiembre de 1.942.
113.- Soldado alemán portando un subfusil soviético PPSh-41, en una factoría de Stalingrado, en Octubre de 1.942. Los soldados alemanes preferían muchas veces las armas rusas para el combate en espacios cerrados.
114.- Un soldado ruso agita la bandera roja soviética, cerca de la plaza central de Stalingrado, en 1.943. El asedio soviético para recobrar la ciudad de manos alemanas comenzó el 23 de Agosto de 1.942, y terminó con la rendición completa del Sexto Ejército Alemán, el 3 de Febrero de 1.943. Dicha rendición, contraria a las órdenes de Hitler, fue el principio del fin para los alemanes en el frente ruso, y fue quizás el gran punto de giro en la guerra europea.
115.- Soldados alemanes capturados por los soviéticos en Stalingrado, en 1.943. Debido al talante del régimen de Stalin, sumado a la odiosidad despertada por los alemanes por sus exacciones contra la población rusa, el destino general de los prisioneros alemanes en los campos de concentración rusos fue cualquier cosa, menos amable.
116.- Soldados soviéticos disparando un cañón antiaéreo DShK en Leningrado, el 9 de Octubre de 1.942. Las operaciones de bombardeo no surtían tanto efecto en el frente ruso debido a la enorme extensión del mismo, que obligaba a vuelos más largos por parte de los aviones bombarderos. Fotografía de Anatoli Garanin (fuente).
117.- Tanques alemanes Panzer VI marchando durante la Batalla de Kursk, a mediados de 1.943. Después de la rendición del Sexto Ejército Alemán en Stalingrado, el Tercer Reich necesitaba con urgencia una operación militar a gran escala que diera vuelta las tornas en el frente ruso; la Batalla de Kursk, que se prolongó por mes y medio, fue dicho intento desesperado.
118.- Tanques soviéticos KV-1 durante la Batalla de Kursk, a mediados de 1.943. La misma involucró a aproximadamente 3.000 tanques alemanes y 5.000 soviéticos en su primera fase, y cuando recrudeció, la cifra alcanzó a más de 10.000 entre ambos bandos, transformándose así en la más grande colisión de tanques contra tanques en la Historia Universal.
119.- Artillería autopropulsada alemana Wespe (Avispa), armada durante la Batalla de Kursk, en Junio de 1.943. El Wespe fue desarrollado a partir del chasis del Panzer II. La artillería autopropulsada fue desarrollada de manera experimental durante la Primera Guerra Mundial, pero fue la doctrina militar alemana de la Blitzkrieg, la que acabó por darle carta de naturaleza dentro de la guerra moderna con preferencia a la artillería movida por medios de arrastre.
120.- Soldados soviéticos avanzando detrás de un tanque T-34, durante la refriega en Orel, en medio de la Batalla de Kursk, a inicios de Agosto de 1.943. La contundente victoria soviética en la Batalla de Kursk acabó para siempre con el poder bélico alemán en el frente ruso; a partir de entonces, para los alemanes sería retirada tras retirada, hasta acabar en Berlín (fuente).

Próxima entrega: A través del Océano Pacífico.

martes, 23 de junio de 2015

Bastión Esperanza - "Tratando de evitar la extinción".


El General Luca descargó su irritación en forma de puñetazos bien visibles contra un escritorio. Luego, como eso no terminara de satisfacerlo, le dio un par de recias patadas. Resopló como un toro de lidia por unos instantes, y luego, más tranquilo, aunque aún con el rostro rojo, se dirigió al profesor Higgins:

– Elimine esa estática a la brevedad. Quiero saber cómo está la situación en la órbita.

Pasaron algunos minutos angustiosos. Pero finalmente, pudieron atravesar la profunda estática.

– ¡Señor! – gritó el profesor Higgins. – ¡Las cuatro naves enemigas contra las cuales cargó el Arecibo, todas fueron destruidas! ¡Pero la quinta nave, la que estaba enganchada en combate contra el Coloso y contra Ganímedes, se encuentra en curso de colisión contra el Coloso!

– ¿Y el resto?

– Nuestras naves están arribando al destino – dijo el profesor Higgins. – Las naves enemigas... ¡Están abandonando la órbita, señor!

– ¿Van a bombardearnos de nuevo? – palideció el General Luca, antes revisar la información por la menterminal. – ¡No! ¡Están viajando hacia el espacio profundo! ¡Se están retirando de Esperanza!

Todos lo veían, pero cuando el General Luca lo puso en palabras, la sala completa de técnicos y militares estalló en vítores y hurras. Incluso el General Luca, aliviado, extrajo su pañuelo y se secó el sudor de la frente, al tiempo que soltó un resoplido, lo que era lo más cercano a una sonrisa que podría sacársele. Sólo quedaba una nave enemiga combatiendo, y aunque ésta acabara con el Coloso, era seguro que Ganímedes, sólo o con apoyo de las otras naves que estaban llegando al escenario del combate, se encargarían de ella.

Sólo el profesor Higgins permaneció sombrío y en silencio. Era demasiado fácil. Habían acabado con cinco naves enemigas, y si liquidaban a la todavía enganchada en combate, serían seis en total. Pero aún así, quedarían dieciocho. Estas no se iban al espacio profundo sino que habían adoptado una trayectoria que las pondría en órbita alrededor de la Luna Mayor de Esperanza. Y con el enorme poder de fuego que habían manifestado, sumado a la profunda desorganización táctica de los humanos durante la batalla, cabía preguntarse por qué se retiraban de lo que parecía una victoria tan fácil.

– Van a volver – dijo el profesor Higgins, para sus adentros, desconectando su menterminal por un instante para que nadie leyera sus pensamientos. – No se retiraron porque los hiciéramos correr. No sé por qué se retiraron, pero no fue por algo que hicimos nosotros. Y cuando resuelvan los problemas que tengan, cualesquiera que éstos sean, van a volver. Y cuando lo hagan... cuando lo hagan...

OxxxOxOOOxOxxxO

Mientras tanto, en órbita, la nave enemiga, atravesada de parte a parte por el disparo de Ganímedes, cargando consigo los restos del vacío cuántico generados por éste, embistió de lleno contra el Coloso. Este, aunque con los reactores Berserker Inferno operativos a media máquina, estaba demasiado dañado como para conseguir algo.

El impacto fue lento y pesado. La substancia de la cual estaba hecha la nave enemiga, cortó a través de las aleaciones del Coloso como la mantequilla. Un espantoso chirrido invadió a la nave.

– Llegó la hora – dijo el Capitán Abascal. – Ha sido un honor, y nos veremos en la otra vida, White.

– El honor ha sido mío, señor – dijo White, dejando a un lado su rifle con el cual, en el intertanto, había tiroteado a un decápodo que, de alguna manera, había conseguido abrirse paso hasta el puente de mando sólo para terminar acribillado hasta la muerte por un White implacable hasta el último.

En el exterior de Ganímedes, en el intertanto, Escalante y los suyos luchaban por entrar de regreso con sus golem a la nave. La colisión de la nave enemiga contra el Coloso eran muy malas noticias: cuando se produjera la detonación, la chatarra espacial iba a golpear de lleno la superficie de Ganímedes, y si alguno de los pedazos alcanzaba a los golem, los tripulantes en su interior serían acribillados sin misericordia. Escalante ya había perdido dos hombres con sus golem en vano; no quería perder otros adicionales. De manera ingresaban por las escotillas, uno a uno, rogando cada uno por que la explosión se demorara algunos segundos más, apenas algunos segundos...

Sobrevino una explosión gigantesca. El espacio se llenó de restos volando a velocidades hipersónicas. Uno de los golem fue alcanzado, y éste en conjunto con su tripulante salieron despedidos hacia el espacio infinito. A través de la menterminal resonaron los gritos y alaridos del pobre desgraciado. Ganímedes mismo retumbó con los pedazos y fragmentos de chatarra espacial que golpearon su casco.

Y luego, todo había terminado.

Escalante echó un vistazo rápido para contar a sus hombres. Nueve habían conseguido regresar a Ganímedes, incluyendo a él mismo. A medias aliviado, le dio mentalmente la orden al Golem Mayor, de que lo liberara. La especie de lodo de la que estaba hecho el golem, se abrió por el pecho, y Escalante se dejó medio caer hacia el exterior, tratando de no perder el equilibrio. Luego de que Escalante hubo salido, el Golem Mayor volvió a cerrarse. Otro tanto hicieron sus ocho compañeros, casi todos ellos sin dificultad, salvo por Paparizou.

– Si quiere un comentario, señor... Esto es casi mejor que tripular un caza – dijo Paparizou. Y añadió: – Dios, por qué no entré a la infantería.

– No está mal – dijo Escalante, pensativo y algo sombrío. – Sobrevivimos, supongo que eso cuenta.

Escalante había sobrevivido a la primera batalla real en su vida, que además había sido la primera batalla librada en contra de una potencia alienígena, y además lo había hecho dentro de un humanoide de una especie de lodo, de diez metros de alto, que nadie sabía como funcionaba, pero que parecía responder a las órdenes mentales, como si tuviera una especie de conexión telepática.

En otra parte de la nave, mientras tanto, Nakamura se dirigió hacia Chu:

– Usted es el oficial con mayor rango aquí, señor – dijo. – ¿Qué hacemos ahora?

– Conoce el protocolo, Nakamura. Examinar y curar a los heridos, hacer la lista de los caídos y los desaparecidos... Y prepararnos para regresar a Esperanza. Debemos estar listos para la siguiente batalla, porque una cosa le digo, Nakamura: esos bandidos van a volver.

OxxxOxOOOxOxxxO

En el centro de comando de Ganímedes, mientras tanto, Alba se encogió de rodillas con movimientos lentos y deliberados, y dejándose caer al suelo, se quedó allí, inmóvil, con los brazos cruzados sobre las rodillas. Numerio se le acercó.

– Alba – dijo Numerio, apenado.

Numerio se preguntó cómo era posible que él, un niño de nueve años, hubiera podido resistir, y Alba no. La respuesta se le antojó obvia: Alba era demasiado dulce y sensible para una guerra. Por desgracia, por el minuto a lo menos, era la única persona capaz de controlar a Ganímedes, nave espacial que a su vez era la única gran carta que habían podido jugar los humanos para defender a Esperanza.

Alba suspiró. Por un instante se olvidó de Numerio, de Ganímedes, de la guerra y de los muertos. Desconectó la menterminal, y su mente comenzó a vagar incluso fuera de su propia voluntad. No le gustaban las peleas ni los conflictos, y tener que comandar a Ganímedes la había superado. Su mente retrocedió hasta su más tierna infancia, hasta los confusos recuerdos que poseía de su padre. Por un instante, sintió su mirada de reproche. Su padre siempre había sido tierno con ella, por lo que contemplarle enojado era casi un sinsentido. Y sin embargo, ahí podía verlo disgustado. Alba se preguntó por qué había dejado de lado la Medicina y había terminado estudiando materias relacionadas con la Física y la Ingeniería. Alba siempre había querido salvar vidas, no matarlas, ni siquiera en una guerra. Siempre lo había querido desde que su padre y su madre habían caído víctimas de la epidemia de muerte púrpura que había azotado a los primeros colonos de Esperanza, al llegar desde la Tierra.

Cuando sintió calor corporal encima suyo, Alba regresó al mundo. La ensoñación desapareció. Numerio estaba abrazándola. ¡Pobre Numerio...! Era tan seguro, tan confiado, pero también tan ingenuo... Se movía como si fuera un hombre, pero seguía siendo sólo un chiquillo. Para él, todo esto no era más que una gigantesca aventura. Habían salido bien librado de la misma, por los pelos, pero si la guerra seguía, y lo más probable es que de verdad fuera a seguir...

– No te preocupes, Alba, yo te voy a cuidar – dijo Numerio, abrazando a Alba. Ella, sonriendo, extendió su brazo alrededor de Numerio, y soltó una risilla suave y llena de ternura.

– ¿Y qué te pareció tu gira por Ganímedes? – preguntó Alba, en tono de chanza.

– Guau – respondió Numerio, con voz de admiración.

Ambos rieron de buena gana. La guerra iba a seguir, pero de momento, se habían ganado su descanso.

OxxxOxOOOxOxxxO

Pronto se organizó una conferencia vía menterminal entre Chu, Nakamura, el profesor Higgins y el General Luca.

– ¿Y el Capitán Abascal? – preguntó el General Luca.

– Muerto... – dijo Chu, de manera maquinal, pero luego, conmovido, cambió la expresión: – Perdido en combate, señor. Yo estoy a cargo. Nakamura viene como asistente personal. ¿Y el Comandante Rubik?

– En su tratamiento – dijo el General Luca. – Yo estoy a cargo también.

– Militares – dijo el profesor Higgins para sí, moviendo la cabeza con resignación. Desde siempre le había parecido que los militares eran gente rígida e inflexible, con las cuales era difícil trabajar. La ciencia es labor de libertad creativa, de imaginación, de estar dispuesto a saltarse lo conocido si es que eso puede aportar nuevas visiones sobre la existencia, todo lo contrario de los valores militares.

– Podemos dar la batalla por terminada – dijo el General Luca. – Hemos destruido a seis de sus naves, y dieciocho de ellas ahora se encuentran en órbita alrededor de la Luna Mayor.

– Antes de seguir, deberíamos citar a Alba y a Numerio a la conferencia – dijo el profesor Higgins.

– ¿A esa mujer y su niño? – resopló el General Luca. – ¡Pero son civiles!

– Alba es la persona que controla a Ganímedes, aún no sabemos cómo, y Numerio es la persona que la ayudó a mantenerse en pie de guerra, y de encontrar algunas soluciones. Podemos decir que son los dos mayores especialistas que tenemos en este minuto sobre como funciona la única nave que fue capaz de cambiar el equilibrio de la guerra a nuestro favor.

– ¡Bien, bien! – soltó el General Luca, impaciente. – Que participen en esta conferencia.

Apenas Alba y Numerio se presentaron, porque ni Chu ni Nakamura sabían de ellos. Alba añadió:

– Escalante también debería participar. El es quien consiguió echar a andar al Golem Mayor.

– ¡Perfecto, transformemos esta reunión privada y altamente confidencial en una reunión del club de campo! – estalló el General Luca. – ¡Llámenlo, maldita sea, si los hace felices!

De esta manera, Escalante también acabó formando parte de la reunión.

– Bien, caballeros... – dijo el General Luca, de manera ampulosa. Tomó aire para generar un poco de efecto con sus palabras, y luego dijo: – Ganímedes es la mejor carta de triunfo que tenemos. Si podemos duplicar su tecnología en el resto de nuestras naves, tenemos ganada la guerra. Por eso debemos prepararnos para su regreso inmediato desde la órbita a Esperanza, y...

– No podemos – dijo de manera ominosa el profesor Higgins.

– ¿No? – saltaron todos. Alba añadió un: – ¡Pero, profesor...!

– Alba, sabes mejor que nadie de lo que se trata. Tus padres murieron por la muerte púrpura...

– Entiendo – dijo Alba, interrumpiendo con algo de brusquedad.

– ¡Yo no! – estalló el General Luca. – ¿Alguien puede explicarnos a los que no hablamos cientifiqués, de qué se trata todo esto?

– Estamos tratando de evitar la extinción de toda la población humana de Esperanza, General Luca – dijo el profesor Higgins.

つづく

domingo, 21 de junio de 2015

Lo que (no) sabemos de los griegos.

La Biblioteca de Alejandría, en una recreación para la serie televisiva Cosmos de 1.980.
Aprender Historia parece fácil, en un comienzo. Basta con agarrar un manual, y ahí están todos los hechos y procesos sociales, tan bien delimitados y explicados como sea el talento del escritor de marras. De tarde en tarde, para las áreas menos iluminadas por nuestro conocimiento histórico, aparecen algunas incertidumbres: datos no del todo precisos, la abreviatura "aprox." para ciertas fechas, algunas referencias a vacíos o lagunas en el registro histórico. Esto vale tanto para la historia antigua, en donde es más obvio, como para la historia reciente que no está del todo documentada. Un escritor cualquiera del siglo XX, por ejemplo, cuya importancia sea obvia en vida será también objeto de tantos estudios y análisis que lo sabremos casi todo de él, pero uno reconocido de manera póstuma será uno en que mucha información potencialmente vital para entenderlo, se habrá perdido en el tráfago cotidiano: cartas quemadas, actas y certificados destruidos, testigos que han fallecido... El conocimiento histórico, lo que sabemos de otros lugares y épocas, no es tan preciso como nos gustaría. Y para ello, nada mejor que referirnos aquí en la Guillermocracia a uno de los campos en apariencia mejor conocidos, como es el mundo griego, pero que en realidad está sometido a una serie de deformaciones. ¿Por qué? Porque mucha información desapareció en el camino. ¿Cuánta, de qué calidad? No lo sabemos. Ese es el problema.

Se suele considerar el origen de la cultura griega a la isla de Creta. Sobre la misma no sabemos nada que no sea por el registro arqueológico, siempre difícil de interpretar. Los cretenses poseían una escritura, pero no la hemos conseguido descifrar. Cuando decimos de algo que es como leer chino, olvidamos que podemos aprender chino y leerlo por muy difícil que sea. O chinos en plural, porque hay más de un idioma chino. El cretense, en cambio, se ha perdido quizás para siempre porque nadie se tomó la molestia de dejarnos un diccionario cretense-actualés; por tanto, nadie hoy en día en el mundo puede aprender cretense y leerlo. Quizás algún día aparezca un Champollion que descubra la clave del asunto, y leer cretense se transforme en algo tan sencillo y rutinario como leer, digamos, jeroglíficos egipcios, pero no hay miras de que esto vaya a suceder en el mediano plazo.

Luego vino otra cultura, la de los micénicos. Unos pueblos llamados los aqueos invadieron Grecia y crearon una serie de reinos, el más famoso de los cuales es el regido desde la ciudad de Micenas. Sobre sus reyes y su sociedad no sabemos casi nada. Textos históricos de la época, no nos queda ninguno. El grueso de lo que hemos podido reconstruir, es extrapolando a partir de los poemas escritos por un tal Homero, que se refirió a un incidente de los tiempos aqueos: la guerra de estos pueblos con un puerto mercantil llamado Troya. Pero Homero en primer lugar no era historiador, y sus poemas épicos buscan entretener a la audiencia, no enseñar Historia. Además, escribió cerca de tres siglos después de los eventos que describe, si no más. Casi todo lo que sabemos sobre el mundo micénico, en realidad es una laboriosa reconstrucción que mezcla los siempre inseguros testimonios arqueológicos, reinterpretaciones de mitos griegos antiguos, y un examen de la evolución de los nombres de ciudades y regiones para determinar qué sitios acabaron como la Tierra bajo los Invid, y qué sitios se libraron de ser invadidos. Hacia el siglo XII a.C. cayó sobre Grecia una invasión de un pueblo llamado los dorios, y lo único que quedó para la posteridad fueron los mencionados nombres geográficos, un puñado de leyendas, y algunos sitios arqueológicos dispersos por aquí y por allá. Es casi un milagro que sepamos cosas de ellos, con semejantes vacíos en nuestro conocimiento.

La época que viene después, es llamada con acierto la Edad Oscura. Sobre la historia de Grecia desde el siglo XII al siglo VIII a.C. no sabemos prácticamente nada. Podemos hacernos una idea de las costumbres, creencias y escala de valores de las gentes de esa época a través de los poemas de Homero (La Ilíada y La Odisea), y tener un vislumbre de la vida cotidiana campesina de esos tiempos gracias a la obra llamada Los trabajos y los días, un poema de Hesíodo, autor sobre el que no sabemos nada, sólo para variar un poco. Por cierto, La Ilíada y La Odisea formaban parte de un ciclo mitológico mucho más extenso, escrito por varios autores a lo largo de cerca de tres siglos, que fue compendiado por un erudito del siglo III a.C. llamado Zenódoto; dicho canon estaba conformado por catorce poemas épicos, pero de la mayoría de ellos no se conservan sino fragmentos, y en algún caso afortunado, algún autor romano posterior nos ha legado un resumen del argumento. Es como si de aquí a dos mil años más, la gente conociera el argumento de Lo que el viento se llevóCien años de soledad o Juego de Tronos únicamente porque un erudito en materias literarias escribió un resumen de mil o dos mil palabras sobre tales obras, dentro de una obra de erudición literaria mayor.

Aqueos luchando contra invasores dorios.
El período que vino después, está algo mejor documentado. Grecia entró en la red de comercio internacional que iba hasta el Medio Oriente, el nivel cultural se elevó, y surgió una pléyade de escritores que nos han dado una idea de en qué clase de mundo vivían. Por desgracia, de muchos de ellos se conservan apenas fragmentos, en algunos casos ni siquiera de primera fuente sino por citas de segunda mano. En los siglos VI y V a.C. florecieron varios eruditos que escribieron importantísimos tratados filosóficos y científicos, colectivamente conocidos como el Racionalismo Jónico, y sin embargo sólo sabemos de dichos eruditos, sus ideas y sus obras, gracias a recopilaciones posteriores. Si usted oye hablar cualquier anécdota sobre los llamados filósofos presocráticos, hay buenas posibilidades de que el autor esté haciendo copiar y pegar sobre un tratado de un historiador del siglo III a.C. llamado Diógenes Laercio, que es la casi la única fuente sobre varios de ellos; conociendo este dato, de pronto nos sentimos mucho más inseguros sobre lo que sabemos de los filósofos griegos. En cuanto a Diógenes Laercio mismo, siguiendo la tradición... tampoco sabemos nada de él, así es que cualquier sesgo de simpatía o antipatía hacia sus biografiados que hubiera podido tener, no lo podemos filtrar. Pero esta segunda información de segunda mano es lo que hay, de manera que no queda más remedio que trabajar sobre ella. En algunos casos hemos tenido una buena suerte casi cósmica: creíamos que la obra de la poetisa Safo de Lesbos se había perdido para siempre, salvo algunas citas casuales, hasta que la arqueología moderna encontró textos literarios de su autoría... copiados en papiros egipcios y conservados en Egipto. No es mucho, pero es que antes de eso no se tenía nada, salvo uno o dos versos citados por autores romanos. Ojalá hubiéramos esa misma suerte con otros poetas muy apreciados de esa época, pero cuyo gusto no podemos compartir porque no hemos leído ni podemos leer nada de ellos.

Del llamado Siglo de Oro de Pericles (siglo V a.C.) conservamos mucho más material. Del dramaturgo Esquilo por ejemplo conservamos siete tragedias, incluyendo una trilogía completa, la Orestíada. Nada mal, aunque si consideramos que su canon estaba conformado por 123 obras, como que sabe a poco; al menos entre las que conservamos está Prometeo encadenado, una de las obras seminales del canon occidental, y no por nada. Con Sófocles sucede otro tanto, aunque entre las que nos llegaron hasta la actualidad están las monumentales Edipo rey y Antígona. Existió en Atenas una vasta producción de comedias, tantas que había un festival de competencia con comedias de estreno todos los años; pero las únicas obras teatrales del género que nos han llegado desde esa época son las escritas por Aristófanes, once de ellas. Sobre cuánto se ha perdido, y sobre todo de qué calidad, es algo que sólo podemos especular. Pero piense usted en qué pasaría si de aquí a dos mil años más se conservaran sólo Coriolano y Las alegres comadres de Windsor, de un tal William Shakespeare, más la noticia de que el bardo inglés de marras escribió algunas cosas más que eran muy apreciadas por sus contemporáneos, y cuyos títulos parece que eran Romeo y Julieta, Hamlet, Julio César o El mercader de Venecia.

Durante los quinientos años posteriores al Siglo de Oro se produce una paradoja: conservamos más material del siglo I a.C. en adelante, que de los siglos IV a II a.C. ¿Por qué? Por puro accidente. Resulta que en el siglo V a.C., debido al predominio imperial de Atenas, el dialecto ático se transformó en el griego por excelencia, hasta el punto de desplazar al dorio (de Esparta y sus alrededores) o los dialectos jónicos (en los cuales escribían el grueso de los filósofos presocráticos). Cuando en la actualidad usted estudia griego antiguo, algo hoy en día más friki incluso que ser un otaku que estudie japonés, lo que está estudiando en realidad es principalmente griego ático, que es uno de los dialectos griegos, no el único en hablarse, y no el único en tener una literatura propia. Es como lo que pasó en España con el castellano versus el galaico-portugués; el castellano llegó a ser tan predominante sobre otros idiomas hispánicos, que ha pasado a ser el español por antonomasia. Hoy en día el Cantar de Mio Cid y el Quijote de la Mancha forman parte de los estudios escolares de todo el mundo hispanohablante, pero la poesía escrita en Galicia durante los siglos XII a XIV, un bastante grueso corpus literario, es material sólo para eruditos y ratones de biblioteca, no porque dicho material sea de inferior calidad, sino por el accidente de que el castellano fue el idioma de los conquistadores que construyeron el Imperio Español, mientras que el galaico-portugués falleció cuando Galicia y Portugal quedaron separados por una frontera política, y el idioma se escindió en dos nuevos, los actuales gallego y portugués precisamente.

El Partenón de Atenas.
Ahora bien, la expansión del comercio internacional en el siglo IV a.C. llevó a una corrupción del ático clásico, el que se mezcló con idiomas de todo el Mediterráneo Oriental hasta formar una lengua común, llamada en griego koiné. Por supuesto que muchos escritores de esa hornada dejaron de lado el ático clásico y empezaron a escribir en koiné, por la misma razón por la cual un escritor de castellano moderno utiliza el castellano moderno y no el castellano cervantino. Pero luego, cuando Grecia perdió su independencia política a manos del Imperio Romano, se produjo una reacción nacionalista en el campo cultural que llevó a revalorizar el antiguo ático, hasta el punto que los nuevos autores empezaron a escribir en un estilo que se llamó neoático, repudiando la koiné. Un buen puñado de esos autores neoáticos, incluyendo al satírico Luciano de Samósata (autor de Historia verdadera, el primer viaje a la Luna literario registrado, considerada por algunos como la primera novela de Ciencia Ficción) se han conservado, pero el grueso de los autores que escribieron en koiné se han perdido, porque los eruditos de la época copiaban los libros clásicos áticos, no las obras contemporáneas en koiné, para utilizarlas como modelo literario para sus propios textos. Y se gana usted un premio (metafóricamente hablando, no intente cobrarlo) si adivina qué obra literaria en koiné sí que se las ha arreglado para sobrevivir hasta hoy en día. Si dijo "ésta es fácil, me la sé... ¡ya lo tengo! ¡El Nuevo Testamento!", entonces acertó. Porque las partes del Nuevo Testamento escritas en griego son casi las únicas obras literarias de cierta extensión que han sobrevivido casi intactas hasta el día de hoy y que están escritas en koiné, y eso no porque los copistas apreciaran sus valores literarios (aunque los tenga, y de hecho los tiene), sino por su evidente valor religioso, por mucho que su estilo fuera el vulgar koiné y no el pedante neoático que se estilaba en la época.

Ya en la época de los eruditos griegos bajo el Imperio Romano, había comenzado la destrucción del antiguo material literario griego. Las obras en koiné fueron las primeras víctimas, pero siguieron otras. Muchas obras de la época fueron concentradas en la fastuosa Biblioteca de Alejandría. Pero durante la invasión de Julio César a Alejandría en 47 a.C., dicha Biblioteca ardió. No fue el golpe final, pero desde luego que muchos textos originales, incluyendo varias obras que los reyes alejandrinos habían comprado o directamente saqueado a Atenas, se perdieron. Luego vinieron los fanáticos cristianos. En tiempos del Emperador romano Teodosio, que consagró el Cristianismo como religión oficial del Imperio Romano a finales del siglo IV d.C., la Biblioteca de Alejandría ardió otra vez; el golpe final sobrevino con la invasión musulmana del año 640, cuando el califa Omar mandó quemar lo que quedaba de los rollos antiguos, so pretexto de que si estaban de acuerdo con el Corán eran superfluos, y si estaban en contra eran heréticos. Estos incendios fueron acompañados por diversas cacerías de libros paganos, y así mucho de la cultura clásica se perdió para siempre.

Créase o no, la cultura grecorromana no terminó de perderse del todo, como los fanáticos del Renacimiento nos quieren hacer creer. Es como el chiste de Piratas del Caribe en donde un pirata dice que donde va el villano no sobrevive nadie, y Jack Sparrow responde entonces que quién se encarga de propagar las historias sobre las fechorías del villano. Para que la literatura griega sobreviviera, en alguna parte debieron quedar libros que copiar. En Occidente, este lugar fue Irlanda. En el siglo IV o V d.C., la isla de Irlanda fue cristianizada a tiempo para que los monjes se llevaran allí numerosos textos antiguos clásicos, y se dedicaron a copiarlos; estos monjes trabajaron a salvo de las invasiones bárbaras porque para los germanos que atacaron Inglaterra (anglos, sajones y jutos), Irlanda quedaba demasiado lejos, y ni siquiera se tomaron la molestia de ir allá a invadir. En consecuencia, en los siglos venideros, y hasta bien pasado el Imperio Carolingio, los monjes irlandeses fueron los eruditos más sabios de toda Europa Occidental.

La versión medieval del actual copy-and-paste.
Pero había una trampa. En general, tendían a copiarse los textos más relacionados con la religión. Y esto significaba por supuesto copiar a los Padres de la Iglesia, fuera que escribieran en griego o latín, o bien a los filósofos paganos cuya filosofía hubiera servido de inspiración a esos Padres de la Iglesia, o al menos pudieran encajarse con sus doctrinas. Cualquiera diría, considerando que de Platón conservamos casi todo, que éste fue el filósofo más importante de su tiempo. En la realidad, Platón fue un filósofo intensamente criticado y combatido por sus contemporáneos, pero eso lo sabemos sólo por el testimonio de autores de segunda mano como el historiador antiguo Diógenes Laercio, ya que los textos de los autores contrarios a Platón se han perdido todos. ¿Por qué esta selección? Simplemente porque las teorías de Platón sobre el Mundo de las Ideas, sobre el dualismo entre la realidad material y el mundo filosófico, y sus exhortaciones a renunciar al mundo para buscar la vida filosófica, encajaban a las maravillas con las enseñanzas cristianas hasta el punto que Agustín de Hipona se inspiró en varias ideas platónicas para escribir La ciudad de Dios, mientras que los filósofos que cuestionaban a Platón eran considerados anticristianos, no se copiaban, y se perdieron. Una insigne víctima de este trato fue Diógenes el Cínico, que parece haber sido demasiado escéptico y pesimista como para gustarle a la Patrística cristiana y a los copistas posteriores.

De todas maneras, ésta era la situación en Occidente. En el Imperio Bizantino, créase o no, se conservó un importante cuerpo de obras procedentes del antiguo mundo griego. Todavía en el siglo X d.C., podían escribirse enciclopedias completas sobre los antiguos griegos, como por ejemplo la llamada Suda. Hoy en día, gracias a las herramientas del análisis crítico, sabemos que la Suda tiene muchas imprecisiones, pero aún así es una fuente secundaria importante sobre el mundo griego para nosotros porque los autores de la Suda tuvieron acceso a numerosos textos del antiguo mundo griego que nosotros no. ¿Qué pasó con esos textos en el intermedio, por qué los bizantinos no nos los legaron?

La culpa la tuvieron los venecianos. En 1.204, debido a las maquinaciones de Venecia, la Cuarta Cruzada se desvió de su objetivo de atacar Tierra Santa, y en vez de ello atacó a Constantinopla. El Imperio Bizantino fue destrozado y sus territorios fueron repartidos entre varios reinos feudales; fue reconstruido después por una dinastía llamada los Paleólogos, pero ya no fue lo mismo. Créase o no, los transeúntes en la Constantinopla de 1.204 todavía podían ver estatuas y pinturas griegas que tenían entre mil y mil quinientos años de antigüedad, en las calles y mansiones de dicha ciudad; eso es entre dos y tres veces el tiempo que ha transcurrido desde la Gioconda de Leonardo o la Piedad de Miguel Angel, que usted puede apreciar en los museos europeos, si es que consigue apartar brutalmente a las hordas de turistas que van más por decir yo estuve ahí y tomarse la selfie que por verdadera afición al arte. También los bizantinos podían leer libros antiguos en las bibliotecas; la copia más antigua que conservamos de la Ilíada es justamente un manuscrito ilustrado que data de los inicios del período bizantino, llamada la Ilíada Ambrosiana por encontrarse en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. A saber cómo llegó a dicha ciudad.

Entrada de los cruzados a Constantinopla en 1.204. Litografía de 1.877 por Gustave Doré.
El saqueo de Constantinopla de 1.204 fue tan apocalíptico, que el propio Papa condenó a los cruzados por tratar así a los cristianos (parece que ese nivel de destrucción estaba reservado sólo para el infiel sarraceno). Las estatuas griegas fueron decapitadas, muchas de ellas arrojadas al mar o llevadas a Venecia para utilizar sus restos como materias primas en la construcción. Los libros fueron quemados simplemente por ser inútiles y de ningún valor para un soldado ávido de saquear y matar y enriquecerse en el camino. Cuando en 1.453 la ciudad de Constantinopla cayó finalmente en manos de los turcos, algunos eruditos bizantinos escaparon a Florencia y fundaron academias en donde enseñaron el antiguo legado griego, ayudando al Renacimiento. Pero iban con lo poquísimo que habían conseguido salvar de la orgía de destrucción generalizada que significó el saqueo de 1.204.

De manera que mucho de lo que sabemos del mundo griego, en realidad está distorsionado por la enorme cantidad de fuentes que hemos perdido. Lo que hemos conservado no necesariamente es lo mejor, y lo que hemos perdido es sin lugar a dudas mucho. Un listado de textos que hemos perdido quizás para siempre, debe incluir el grueso de la poesía de Anacreonte o Arquíloco, vates de la pasión y el amor a la vida. O los textos que hicieron evolucionar la Tragedia griega antes de la monumental obra de Esquilo. O la práctica totalidad de los filósofos presocráticos, más allá de alguna sentencia suelta que hemos conservado de ellos. O la escuela filosófica de los cínicos. O la inmensa mayoría de los textos científicos griegos, incluyendo el revolucionario tratado astronómico de Aristarco en que afirmaba que la Tierra giraba alrededor del Sol, y que conocemos sólo por referencias. O la historia en varios volúmenes del griego Polibio en que describe el ascenso del Imperio Romano en la época de las Guerras Púnicas, obra de la que sólo disponemos de algunos trozos. O la comedia posterior a Aristófanes, que nos es casi por completo desconocida, salvo por Teócrito y otros autores sueltos. y en otras artes no sólo hemos perdido el grueso de las esculturas, o los brazos de ellas a lo menos, sino que hemos perdido la totalidad de la Pintura griega, de manera que sólo podemos saber que el pintor Apeles era un genio por lo mucho que lo apreciaban sus contemporáneos, sin que podamos ver sus pinturas para formarnos nuestra propia opinión.

Todo lo anterior debería alejar al lector de la idea de que el pasado histórico es tan absoluto o está tan bien conocido como querríamos. El estudio de la Historia es un territorio mucho más movedizo de lo que nos gustaría, y con frecuencia los historiadores deben hacer lo mejor que pueden con lo poco que tienen. Porque si ese poco es lo que sabemos de los antiguos griegos, una de las civilizaciones antiguas más documentadas que existen, imagínense los dolores de cabeza que supone trabajar con mesopotámicos, egipcios, celtas o mayas. La Historia es un negocio mucho más inseguro de lo que a muchos les gustaría hacernos creer, y siempre hay que tomársela con un grano de sal.

Platón y Aristóteles, por Rafael.


jueves, 18 de junio de 2015

Ver la Segunda Guerra Mundial (5 de 12): Guerra en mares y desiertos.


A finales de 1.940, Adolf Hitler podría haber terminado la Segunda Guerra Mundial con un triunfo resonante. Francia había colapsado, mientras que Inglaterra seguía en pie, pero sin capacidad real para intervenir militarmente en el continente. Estados Unidos no había entrado a la guerra, y la Unión Soviética sólo había combatido en frentes secundarios. Alemania se había anexado Escandinavia, el norte de Francia, y varios dominios antiguamente austrohúngaros, y tenía el poder militar necesario para conservarlos. Pero la guerra siguió. Y esto significaba controlar los nuevos frentes de batalla que se habían abierto con la expansión alemana. Por un lado, debería batallar por el control del Océano Atlántico, para cortar las comunicaciones entre Inglaterra y Estados Unidos. Por el otro estaba el frente mediterráneo y el africano, más o menos secundarios para los objetivos estratégicos hitlerianos, pero que infligirían un severo daño a la geopolítica mundial de los británicos, con intereses en el Canal de Suez. A eso se sumaría el frente balcánico, necesario para crear una ruta directa entre Alemania y el Mediterráneo. Entre 1.940 y 1.941, la multiplicación de los frentes de batalla iban a sobrecargar la maquinaria militar alemana. La decisión de seguir la guerra más allá de la caída de Francia fue el huevo de la serpiente: en la hora de triunfo y cúspide del Tercer Reich, empezaba a gestarse la cadena de acontecimientos que iba a rematar en su caída.

XI.- Guerra en el Océano Atlántico.

Aunque seguía en conflicto, Inglaterra no tenía manera alguna de intervenir en el continente, como lo había probado la desastrosa expedición militar que había culminado en la apresurada evacuación de Dunkerque. Pero su escuadra le permitía mantener una línea de suministros desde Estados Unidos. El grueso del país americano era aislacionista y reacio a intervenir en la guerra, pero su Presidente, Franklin Delano Roosevelt, estaba decidido a aprovechar el primer pretexto posible para intervenir defendiendo a sus aliados británicos y asegurando su propia hegemonía a nivel mundial. Por esto, si el Tercer Reich iba a seguir la guerra contra Inglaterra, ganar la Batalla del Atlántico iba a resultar clave. Para su desgracia, los británicos atacaron a los buques franceses anclados en Mazalquivir, Argelia, e inutilizaron su flota; años después, cuando el Tercer Reich intentó que el Gobierno de Vichy se la entregara, ellos decidieron mantener algún simulacro de independencia y hundieron los buques. Confiando sólo en sus propias naves, los alemanes estaban librando una lucha cuesta arriba por el control de un océano en donde los ingleses habían sido la fuerza militar suprema desde hacía dos siglos. La entrada de Estados Unidos a la guerra después de Pearl Harbor, en Diciembre de 1.941, terminó de sellar la suerte de Alemania en los mares: la posibilidad de convertir al Atlántico en un Mare Germanicum, nunca demasiado estimable de todos modos, acabó por desaparecer para siempre.

81.- El crucero de batalla francés Strasbourg, bajo bombardeo británico en el Combate Naval de Mers-el-Kébir (Mazalquivir, Argelia Francesa), el 3 de Julio de 1.940. Regida Francia por el Gobierno de Vichy, los británicos se resolvieron a hundir la escuadra francesa para evitar que fuera utilizada en su contra. La misma sufrió un severo golpe, y fue una señal para el mundo de que los británicos iban a seguir en la guerra (fuente).
82.- El acorazado alemán Bismarck en 1.940, el año en que fue botado al mar. Enviado a la misión de romper comunicaciones marítimas entre Estados Unidos e Inglaterra, se transformó en la pesadilla de la escuadra británica, hasta que finalmente los británicos consiguieron hundirlo en Mayo de 1.941.
83.- La última foto del crucero de batalla británico Hood. El mismo fue hundido por el Bismarck el 24 de Mayo de 1.941, en uno de los más resonantes triunfos navales alemanes, durante la Batalla del Estrecho de Dinamarca, al este de Groenlandia.
84.- El acorazado alemán Bismarck disparando su artillería durante la Batalla del Estrecho de Dinamarca, el 24 de Mayo de 1.941. Aunque el hundimiento del Hood significó una ventaja decisiva para los alemanes, los británicos redoblaron sus esfuerzos por cazar y hundir al Birmarck. Lograron su objetivo tres días después, el 27 de Mayo.
85.- El General francés Charles de Gaulle, mando supremo de la Francia Libre, con el general inglés Edward Spears, comisionado por Churchill ante la Francia Libre, ambos a bordo de la nave holandesa Westernland en ruta hacia Dakar, Africa, en Septiembre de 1.940. Las colonias francesas en el occidente de Africa fueron otro escenario bélico adicional, con la Francia Libre y el Gobierno colaboracionista de Vichy disputándoselas.

XII.- Nuevo frente de batalla en los Balcanes.

En estricto rigor, no había razón por la cual la guerra debiera haber alcanzado de manera directa al Mediterráneo, los Balcanes o el norte de Africa, pero una desgraciada concatenación de circunstancias hizo el milagro. Espoleado por las triunfales anexiones territoriales hitlerianas, Benito Mussolini se lanzó a la empresa de crearse un imperio italiano en los Balcanes. Su aspiración era reconstruir los imperios mercantiles italianos de la Edad Media, y más lejanamente, el Imperio Romano del cual el régimen del Fascismo se proclamaba sucesor y resucitador. Pero las mal preparadas tropas italianas se encontraron con dificultades frente a los partisanos albanos primero y griegos después, hasta el punto que Mussolini pidió ayuda directa a Hitler; en respuesta, éste invadió Yugoslavia y otros países balcánicos para abrirse paso hasta Grecia. Churchill por su parte, en parte afligido por su incapacidad de asestarle golpes directos a Alemania, optó por enviar ayuda militar a Grecia. Lo que era un conflicto localizado entre invasores italianos y defensores balcánicos se transformó así en otro escenario bélico de la gran guerra mundial, escenario que permanecería abierto hasta el mismísimo 1.945 en que terminó la guerra general.

86.- Tropas italianas desembarcando en Albania, en Abril de 1.939. Las aspiraciones mussolinianas de construirse un imperio colonial en el este del Mediterráneo y en Africa, chocaron de frente tanto con el accidentado terreno de combate, como con la voluntad nacionalista de los invadidos por defenderse, y la más o menos crasa incompetencia de los mandos superiores italianos, más preocupados de halagar al Duce que de hacer las cosas bien.
87.- Invasión contra Yugoslavia, tal y como fue presentada en la serie de documentales de propaganda Por qué luchamos, en 1.943. En realidad, los Balcanes fueron siempre un frente de batalla secundario para el Tercer Reich, y se embrollaron en el mismo únicamente por ayudar y salvar la cara ante su aliado Mussolini.
88.- Un tanque yugoslavo Renault M26, destrozado después de la invasión alemana contra Yugoslavia, en Abril de 1.941. La invasión del Tercer Reich contra Yugoslavia tuvo por objeto abrir un paso para las tropas nazis en Grecia, para acudir en ayuda de Benito Mussolini, atascado en una guerra con pocas probabilidades de victoria.
89.- Artillería alemana fabricada en Checoslovaquia, disparando durante la campaña de Grecia, en Abril de 1.941. Esta situación refleja el hecho común durante la guerra de que naciones ocupadas contribuían por la fuerza al esfuerzo militar alemán, en contra de otras naciones a las que se proyectaba ocupar.
90.- Tropas alemanas izan la bandera del Tercer Reich en la Acrópolis de Atenas, luego de ocupar la capital de Grecia, el 27 de Abril de 1.941. La ocasión es muy simbólica, debido a la admiración de los nazis hacia la antigua cultura grecorromana.
91.- Dos naves griegas fuera de combate: el Kilkis semihundido, y el Lemnos varado en la playa, en la isla de Salamina en Grecia, en Abril de 1.941 (fuente).
92.- Tropas alemanas aerotransportadas invaden Creta, en 1.941. La invasión alemana contra la isla griega de Creta es la primera operación de desembarco aéreo, o sea, paracaidistas enviados a tomar un objetivo militar enemigo, a gran escala en la Historia Universal. Terminó con la victoria alemana después de una semana de combates, aunque a un gran costo debido a la resistencia tanto a los Aliados como de los civiles.

XIII.- Guerra en el desierto.

En Septiembre de 1.940, los italianos invadieron Egipto, nación independiente sobre el papel, aunque en los hechos dentro de la esfera de influencia británica. La contundente respuesta de los ingleses prácticamente barrió a los italianos del mapa, por lo que Mussolini pidió ayuda a Hitler. Este, en respuesta, envió el Afrika Korps, bajo el comando de Erwin Rommel; muy pronto, su genio estratégico le ganaría el sobrenombre de Zorro del Desierto. La campaña del norte de Africa se libró con varios lances, que remataron tres veces con la conquista alemana casi total de Egipto, aunque ayudados en buena medida por la insistencia de Churchill en distraer hombres y recursos desde Africa para combatir en Grecia, para irritación de Bernard Montgomery, el comandante de las fuerzas británicas en Africa. Sin embargo, a pesar de todo, los británicos consiguieron finalmente mantener a raya a los alemanes. Después de su contundente victoria en la Segunda Batalla de El Alamein, librada a lo largo de casi tres semanas entre Octubre y Noviembre de 1.942, para los británicos fue sólo cuestión de empujar a los alemanes de asentamiento en asentamiento, hasta que en el primer semestre de 1.943, las últimas tropas del Eje se rindieron ante los Aliados, y el frente de batalla fue cancelado.

93.- Llegada de Erwin Rommel a Libia, el 12 de Febrero de 1.941. En el lugar fue recibido por las tropas italianas a las cuales Rommel y el Afrika Korps venían a apoyar (fuente).
94.- Emblema del Afrika Korps. El nombre completo de la fuerza expedicionaria era Deutsches Afrikakorps (DAK), y su lema era "Caballeroso en la guerra, vigilante para la paz" ("Ritterlich im Kriege, wachsam für der Frieden").
95.- El mariscal alemán Erwin Rommel conferenciando con los altos mandos italianos en El Agheila, Libia, el 12 de Enero de 1.942.
96.- Unidad alemana antitanques armada con una ametralladora de 37mm, en el norte de Africa. Debido a las características geográficas del terreno, en su mayor parte desértico salvo por la franja costera mediterránea, la guerra de Africa fue una de profundos movimientos, con avances y retrocesos.
97.- Un infante del Afrika Korps, con una máscara que le protege de las tormentas de arena propias del Desierto del Sahara. Fotografía de Abril de 1.941.
98.- Soldados australianos combatiendo bajo órdenes británicas en la Segunda Batalla de El Alamein, el 24 de Octubre de 1.942. A pesar de ser una nación independiente dentro de la Commonwealth, los australianos sentían un profundo nexo con Inglaterra como su Madre Patria, lo que los motivó a enviar contingentes militares a ambas guerras mundiales.
99.- El mariscal de campo británico Bernard Montgomery, comandante en jefe y máxima autoridad militar de las fuerzas británicas en Africa, contemplando el campo de batalla en Egipto, en Noviembre de 1.942. (fuente).
100.- Soldados británicos ejercitándose con un PIAT (Projector, Infantry, Anti Tank, arma antitanques que entró en servicio en 1.943), en Tunicia, el 19 de Febrero de 1.943. En Mayo, las últimas fuerzas del Eje activas en Africa se rindieron, y la Campaña de Africa fue dada por terminada de manera oficial (fuente).

Próxima entrega: La guerra en la estepa.
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