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domingo, 31 de mayo de 2015

"Ojos de gato": Atrapar a las ladronas.


Hace poco tuve ocasión de ver Ojos de gato, un anime japonés bastante antiguo, ya que sus 73 episodios fueron exhibidos entre 1.983 y 1.985. No tengo memoria de que haya sido exhibida por estos lares en aquellos años, pero considerando que el doblaje tiene algunos tics y manierismos propios de la época, partiendo por la manera melodramática en que recitaban los diálogos, presumo que en efecto debió exhibirse en alguna parte del mundo hispanohablante. Existe una versión para el cine de 1.997, con actrices de carne y hueso, interpretada por Yuki Uchida, Izumi Inamori y Norika Fujiwara, que como sólo conozco por referencia, no comentaré aquí.



La premisa de la serie es bastante sencilla. Se trata de tres hermanas, dibujadas con mucho cariño, que atienden un café durante el día, y son ladronas de guante blanco durante la noche. Por supuesto, tratándose de un anime, las tres son despampanantes, aunque cada una a su manera. La hermana mayor es Rui, cerebral y de una sensualidad calculada, y que es la encargada de planificar los golpes; la del medio es Hitomi, de una belleza algo más inocente y personalidad más suave; y la menor es Ai, una adolescente algo machorra que a veces se pasa de audaz y no calcula del todo los riesgos que asume. Eso sí, ellas no roban por motivos tan sórdidos como el lucro o la adrenalina, sino con un propósito más noble, ya que sus objetivos se limitan sólo a la colección Heinz, un conjunto de pinturas y otros objetos valiosos repartidos por todo Japón, que fueron coleccionados por el mencionado Heinz durante la Segunda Guerra Mundial, y que, sorpresa, es el desaparecido padre de las tres chicas. Así, éstas llevan a cabo los robos como una manera de llamar la atención de su padre, si es que aún está vivo, y conseguir que éste las contacte. Eso sí, ellas siguen siendo ladronas y por lo tanto técnicamente serían las villanas, pero la serie arregla este problema haciendo que las pinturas y obras estén siempre en manos de gente mala de verdad, incluyendo mafiosos, asesinos o políticos corruptos; en un caso rompen la regla porque la dueña es una adorable viejecita, pero ella les regala la joya porque sí, porque ella tiene mucho dinero y puede desprenderse de la joya por pura y simple simpatía hacia las protagonistas, de manera que las chicas no caen en la maldad de robarle a una viejecilla indefensa.

Frente a las chicas están los policías. Como corresponde en la más rancia tradición de las historias de robo de guante blanco estilo Arsenio Lupin, los policías son un montón de inútiles. El protagonista es Toshi, un tipo torpe y atolondrado, que aún así se queja de que el jefe lo reta todo el tiempo por su incompetencia. Toshi es el novio de Hitomi, la hermana del medio, ignorante por supuesto de que su novia en realidad es la ladrona a la que debe atrapar. Lo que genera un triángulo amoroso digno de Superman, pero con los sexos cambiados, porque Toshi está enamorado de su novia, pero al mismo tiempo está fascinado con la ladrona, sin saber que la ladrona es en realidad la identidad secreta de su novia. Ya no era gracioso cuando Superman se la pasaba bailándole a Lois Lane con su identidad secreta, y aquí, siendo una chica la que se lo hace a un chico, sigue sin ser gracioso. Por supuesto, Toshi no tiene idea de que las chicas aprovechan el noviazgo para tirarle la lengua, y así contar con información interna de los próximos movimientos que emprenderá la policía. Eso sí, la serie nos deja ver, las chicas no son tan despiadadas como para tener a Toshi en plan usar y tirar, y muy en el fondo, les gustaría ver a Toshi y Hitomi reunidos y casados; además, para aligerar esta parte tan fea del proceder de las chicas, resulta que Rui sabe leer los labios, y como su café está frente a la estación de policía y ella cuenta con un par de binoculares...

El resto de los policías son el jefe, cuyo principal rol es retar al protagonista, y que vive un poco en la nebulosa respecto de todo lo demás, como una especie de Comandante Lassard en versión gritona. Y Asaya, una chica policía muy competente que es asignada al caso, y que nada más llegar, se vuelve tan tarada como el resto del cuerpo de policías. De todas maneras, digamos en beneficio de Asaya que es la única que consigue hacer conexiones y llega a sospechar que la novia de Toshi es una de las ojos de gato; los (escasos) episodios en los cuales Asaya pone a las ladronas contra las cuerdas, se cuentan entre los mejores de la serie.


Y terminado el repaso panorámico sobre la idea de la serie, es el momento de decir que la pobre ha envejecido un tanto mal. La premisa era buena, pero la serie en sí, la despilfarra a veces de manera criminal. Tengo entendido que el manga que le sirve de base, elabora varios puntos de la trama y la riza un tanto, pero como no lo he leído, no puedo confirmar este punto. En cualquier caso, uno de los principales problemas de la serie es que, pasados unos primeros capítulos estupendos en donde sientan las bases para cosas grandes por venir, termina decantándose en una estructura episódica con historias autoconclusivas que generan un status quo, del cual la serie ya no se apartará más. Algunos pocos episodios son historias en dos partes, pero son los menos, y tampoco acarrean consecuencias para lo sucesivo. Esto quiere decir por supuesto que a lo largo de la serie, las chicas no avanzarán nada en su investigación acerca de lo que sucedió con su padre, mientras que los policías tampoco se acercarán mucho más a descubrir la identidad de las ojos de gato.

A mediados de la serie hay como un intento de romper esquemas. A la altura del episodio 36, que termina la primera temporada, las chicas descubren efectivamente una pista acerca de su padre, que las lleva a Europa. Parece obvio que dicho episodio estaba proyectado como final original de la serie, con gancho para una eventual secuela, con una conclusión estilo ...y la aventura continúa. La serie incluso coquetea con la idea de que las nuevas aventuras de las tres chicas ya no serán en Japón, sino a lo largo y ancho de Europa, siempre persiguiendo la pista de su padre. Pero en el episodio siguiente aparece una falsa ladrona ojos de gato en Japón, las chicas regresan para limpiar su nombre, y la serie sigue igual que siempre. A la altura del último episodio intentan repetir la jugada, con un capítulo que sirva al mismo tiempo como final, y que deje arrojado el guante para una nueva tanda de eventuales episodios, pero éstos no llegaron. No voy a revelar cómo termina la serie, pero con todo lo dicho, ya se podrán imaginar por dónde van los tiros.

En cuanto a las historias en sí, están más o menos. Algunos capítulos son hilarantes, incluso brillantes, mientras que otros pesan como un plomo. Y a medida que se acumulan los capítulos y se acaban las ideas, los segundos empiezan a pesar más que los primeros. Por contrapartida, en el cambio de temporada se hace obvio que le inyectaron más presupuesto a la serie, toda vez que el dibujo mejora de manera ostensible.


No ayuda mucho para el aprecio de la serie, que la misma acumula algunas memeces sin ton ni son. Una de las más flagrantes es que el café de las tres chicas está frente al cuartel de policía, como lo decíamos, y su nombre es... Ojos de Gato. De cómo la policía o alguien más no hacen la conexión entre las tres chicas que tienen un café llamado Ojos de Gato, y un grupo de ladronas mujeres que se hacen llamar también Ojos de Gato, es algo que desafía la lógica. Otras cosas también son artificios propios del cómic, como por ejemplo que las chicas siempre hacen llegar a la policía su tarjeta anunciando cuál va a ser su próximo robo, en vez de dar golpes discretos e inesperados. Y el asunto alcanza niveles surrealistas cuando las tres hermanas abandonan Tokio y viajan a alguna otra localidad de Japón e incluso al extranjero, y de pronto, de manera misteriosa, por pura coincidencia, precisamente en esos lugares y no en otros, es en donde las ojos de gato perpetran un nuevo golpe, de la misma manera en que a Spiderman siempre se lo ve allí donde va Peter Parker, aunque sea Australia o el Polo Norte, y nadie suma dos más dos y termina por descubrir su identidad secreta.

Otro problema de la serie es la cantidad alarmante de villanos que descubren su identidad secreta. Cada tantos capítulos aparece un villano que se entera de la identidad de las ojos de gato con una facilidad pasmosa, habida cuenta de la incompetencia supina de la policía para lograr lo mismo. E incluso, aunque en la mayor parte de las veces los villanos terminan muertos para que el secreto se vaya a la tumba con ellos, en unos pocos casos dichos villanos son arrestados, y uno puede suponer que, de manera muy deportiva, ellos resuelven ser buenos perdedores y guardarse el secreto en vez de, digamos, acogerse a la posibilidad de colaboración eficaz y denunciar a las ladronas a cambio de una rebaja de condena. Los propios villanos, por su parte, parecen poseídos por esa maldad de cartón piedra que los empuja a hacer maldades sólo porque son lo que son, es decir, los villanos. Varios malos de la serie son respetables políticos o empresarios a los cuales uno puede suponer con conexiones dentro del sistema, pero en vez de utilizar esto para combatir a las ojos de gato, terminan confiándose a los matones armados de pistola. Y por supuesto, no faltan los villanos que quieren forzar a las chicas a vejaciones que la moral victoriana hubiera descrito como un ultraje peor que la muerte. Aunque sin nada explícito, eso sí: el secuestro como sustituto de referirse a acciones más abominables.

Por su parte, resulta irrisorio el contraste entre la marcada sensualidad con la que dibujan a las protagonistas, incluyendo algunas fugaces y agradecidas escenas de desnudo en la ducha, y la moralidad gazmoña que se desprende de la misma. Porque Hitomi y Toshi son novios, pero resulta que cada vez que él quiere besarla, ella lo abofetea con un enorme: "¡Atrevido!". No hablamos de sexo sadomasoquista con máscaras de cuero aquí, sino simplemente de un besito, de un contacto labio con labio, nada más, pero eso es tratado dentro de la serie como un atrevimiento rayano en la perversión sexual. Uno puede entender que tales cosas eran convenciones del género dentro del anime de la época, pero no puede decirse que sea un aspecto que haya envejecido demasiado bien.



En definitiva, Ojos de gato resulta ser un anime demasiado lastrado por las convenciones de su época. Los capítulos autoconclusivos, el desfile de villanos implacables en su maldad, la incompetencia de los policías, los clichés propios de una revista de cómic, todas esas cosas podemos considerarlas como algo inevitable, considerando el tiempo en que la serie fue hecha, y es necesario mirar a la serie un poco a través del filtro de la nostalgia. Pero son convenciones que no han envejecido bien, y que de cara al público actual, hacen mucho por echar abajo una serie que podía haber dado mucho más de sí.



2 comentarios:

Cidroq dijo...

No conozco esta serie, suena interesante para una visita arqueológica

Guillermo Ríos dijo...

Hasta donde he investigado, fue exhibida en España y en Chile. El canal ETC TV la exhibió completa, pero no parece haber planes de reponerla, quizás porque al canal le llegaron mamporros vía Twitter hasta en la cédula de identidad por exhibirla en vez de, digamos, Dragon Ball, Caballeros del Zodíaco, Sailor Moon, Inuyasha o Slayers.

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