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jueves, 7 de mayo de 2015

24: Siete años y contando.


ADVERTENCIA: El presente artículo contiene una multitud de spoilers acerca de la serie televisiva 24.

Jack ha vuelto. Con las pilas cargadas. O algo así. En el cable, en Enero pasado, ha empezado la agitada séptima temporada de 24. Mantener una serie vigente siete años después es toda una proeza, y eso los productores de 24 lo saben. Una serie de circunstancias provocó que la serie cayera en picada, pero como no hay que matar la gallina de los huevos de oro, tiraron el último manotazo de ahogado. Repasemos un poco.

La quinta temporada de 24 fue brillante. 24 siempre se las arregló para ser una serie políticamente incorrecta. Los demócratas podían odiarla porque su personaje principal torturaba a mansalva, en pos de un bien superior, y los republicanos también porque los villanos no solían ser tanto las amenazas exteriores, como las oscuras conspiraciones fácticas que trataban de manejar al Gobierno, o simplemente apoderarse de él, para cumplir con sus ambiciones secretas. Todo eso alcanzó un peak en la quinta temporada, en que el villano era nada menos que el Presidente de los Estados Unidos, Jack Bauer pronuncia su frase "vamos a derrocar al Presidente de los Estados Unidos" al final de un capítulo, y vemos impagables escenas de acción, como por ejemplo una planta de gas explotar, o el intento por tomar un submarino y lanzar misiles sobre Los Angeles. ¿Qué podía venir para la sexta temporada entonces?


La respuesta: un fiasco. Probablemente nadie esperaba que la sexta temporada superara a la quinta, pero tampoco nadie esperaba que fuera tan inenarrablemente mala. En el primer episodio, Jack Bauer regresa a Estados Unidos después de haber estado prisionero en China, sólo para ser sacrificado, pero con una vuelta tontísima de guión, concretamente un malvado confesándose abiertamente como el malvado al peor estilo de villano de opereta de James Bond, Jack Bauer descubre la conspiración, se salva a sí mismo completamente atado con la muy gore escena de masticarle la yugular a un terrorista, y se libera. Los primeros cuatro capítulos, al menos, se defendían porque venía un ataque nuclear, y de hecho, una periferia de Los Angeles es volada con una explosión nuclear al final del cuarto capítulo. Hasta ahí íbamos bien. De ahí empezó el desastre.

En primer lugar, ya una bomba nuclear había detonado en territorio de Estados Unidos, en la segunda temporada, aunque en descampado, y no hay señales de que nadie recuerde eso en la sexta. En segundo lugar, el Presidente de Estados Unidos era Wayne Palmer, el hermano del bienamado Presidente David Palmer, en uno de los giros más penosos de la serie, porque no creo que haya fanáticos que defiendan a Wayne Palmer como un personaje medianamente interesante. En tercer lugar, después de mostrar una explosión atómica al comienzo, es poco lo que se puede hacer para levantar una trama cada vez más alicaída. En cuarto lugar, metieron con calzador a personajes de temporadas previas, y su aparición en realidad no aportó nada. En quinto lugar, a la altura del episodio 20 habían terminado toda la historia, y para seguir rellenando el asunto hasta el capítulo 24, tuvieron que cerrar la subtrama de los chinos. Y en séptimo lugar, pero no al último, resultó que los malvados de la quinta temporada, que controlaban todo ominosamente desde las sombras, y que se atrevían a darle órdenes al Presidente de los Estados Unidos además de mandar matar a un ex-Presidente, al bienamado David Palmer, resulta que eran el padre y el hermano de Jack Bauer, así es que pasamos automáticamente al terreno Melrose Place.

Para colmo, la séptima temporada fue demorada por la huelga de guionistas, en un año. ¿Alguien iba a estar dispuesto a esperar un año por una serie que iba arrastrándose de manera tan penosa?


Los productores decidieron aprovechar el tiempo haciendo un telefilme de 24 que estuvo no demasiado brillante. El telefilme no tenía la chispa ni suspenso de la serie televisiva, y para colmo, las subtramas del mismo ni siquiera se reunían en algún punto, lo que debe ser bastante fastidioso para el espectador casual que no tiene intenciones de bancarse la séptima temporada entera para ver cómo se reunían esas historias. Pero al menos 24 no estaba muerta, había voluntad de continuarla, y los productores estaban conscientes de lo que se jugaban.

En la séptima temporada, la serie entera fue reformateada. No mucho tampoco, porque no pueden alejarse del patrón preestablecido, y así vemos que muchos cambios son en realidad cosméticos, meras variantes de lo ya visto. Pero al menos lo hicieron bien. Veamos un poco.


Jack Bauer está al inicio de la séptima temporada en Washington. Está siendo juzgado por el Senado, debido a que éstos, en un inusitado intento por defender los derechos humanos, han ordenado el cierre de la CTU y están investigando a Jack Bauer por el delito de pasársele la mano en los interrogatorios (¡que torturaba gente, vamos!). En medio de la audiencia, Jack Bauer es sacado por instrucción del FBI, para que los ayude con una crisis terrorista: el CIP, un firewall del Gobierno de Estados Unidos, ha sido hackeado por un terrorista. La ayuda de Jack Bauer es fundamental porque el terrorista es nada menos que Tony Almeida, antiguo compañero de Jack Bauer, y uno de los personajes más carismáticos de la serie, y que desde la quinta temporada se le suponía muerto. Jack Bauer es emparejado, profesionalmente hablando, con la agente Renee Walker, una agente de campo del FBI fastidiada con sus superiores porque a diferencia de la CTU, en el FBI respetan la legalidad y los derechos humanos, mientras que ella sabe que se deben romper las reglas a veces para obtener resultados. Ambos tratan de interrogar a un testigo, pero la presencia de un francotirador se lo impide. Siguiendo al francotirador, Jack Bauer encuentra a Tony Almeida, y logra capturarlo. A partir de ahí las cosas se pondrán más difíciles: Tony Almeida le revela subrepticiamente a Jack Bauer que algunos miembros de CTU, concretamente los personajes carismáticos de los cuales no se podía prescindir para que 24 siguiera teniendo algo de 24, siguen en clandestino combatiendo una amenaza terrorista, y que ésta, una vez más, ha extendido sus tentáculos profundo dentro del Gobierno. Ahora, Jack Bauer, una vez más aliado con Tony Almeida, traiciona al FBI y se transforma en agente fugitivo para combatir la nueva amenaza.

Hasta el momento, nada nuevo bajo el Sol. La reaparición de Tony Almeida es un tanto penosa, y nunca consigue hacernos creer que de verdad se ha vuelto un villano, por muchas caras de malvado que trate de poner, de modo que el gran giro el bueno se volvió malo pero seguía siendo bueno al final tiene bien poco suspenso. Pero por otra parte, nos revelan pronto su verdadero estatus, así es que no juegan con el suspenso de lo predecible en este aspecto. Ya no hay CTU, pero hay FBI, o sea, otra agencia gubernamental que hace más o menos lo mismo que hacía la CTU, pero más limpio. Otra vez hay enemigos de Estados Unidos tratando de crear amenazas terroristas, y otra vez hay gente dentro del Gobierno conspirando a favor de dichas amenazas. O sea, algunas cosas han cambiado en el universo de 24, pero se las han arreglado para que esos cambios sean más bien cosméticos, y la verdadera esencia de la serie, para bien o para mal, siga intacta.


Pero aún así, la serie tiene algunos hallazgos interesantes. El mejor de ellos es, por supuesto, la agente Renee Walker, interpretada por Annie Wersching. Como que intuimos que ella es el complemento perfecto para Jack Bauer, acaso su futura padawan, por su tendencia a sentirse asfixiada por las reglas y los procedimientos, y a saltárselos, salpimentados con un poco de tortura improvisada si es preciso, para obtener resultados más diligentes en situaciones de crisis. Por otra parte, aunque el FBI cumple más o menos el rol de la CTU en temporadas anteriores, el cambio de escenario permitió poner oficinas más luminosas y un aire más burocrático, reemplazando la cavernaria base de operaciones que la CTU tenía en Los Angeles. La nueva Presidente de los Estados Unidos, primera mujer al mando según la serie, se ha ido revelando poco a poco como todo un personaje, con su atenta preocupación por principios e ideales que van más allá de la política contingente. Y si bien hay acción, balaceras y choques de vehículos, han tratado en general de darle un aspecto un poco más realista que en las dos últimas sesiones.

En general, podemos decir que 24 ha tratado de adaptarse un poco a los nuevos tiempos. En las primeras temporadas, 24 jugaba mucho con el espíritu post 9-11, con el miedo al terrorismo como principal amenaza, y con la percepción ciudadana de que dentro de la Administración Bush habían oscuros poderes en la sombra manipulándolo todo por sus propios intereses. Jack Bauer resultó ser el héroe perfecto, un tipo que está dispuesto a la defensa cerrada de ciertos ideales, sin reparar en los métodos, y esto lo hacía muy de esa época. Pero ahora, con Barack Obama en la Casa Blanca, con un discurso público dirigido ahora no contra el terrorismo sino contra las corporaciones, y en medio de una crisis financiera de proporciones, no mucha gente quiere seguir oyendo hablar de los terroristas. En medio de este ambiente, 24 ha traído al primer plano, dentro de su universo narrativo, las preocupaciones por los derechos humanos, por los límites de lo correcto, y por las complicadas relaciones entre la política, los negocios y el terrorismo, todos elementos que alguna vez hicieron grande a esta serie, y le dieron una categoría superior a la de un mero thriller de acción. En ese sentido, si bien no puede decirse que la séptima temporada de 24 sea la mejor o la más brillante de todas, ni siquiera que sea tan impredecible y tensionante como otras más antiguas, al menos es un esfuerzo digno y honesto por mantener la serie a flote, y que además funciona. Se viene rumoreando con fuerza que la serie se acabaría en su octava temporada, y si la octava temporada es tan buena como lo que va de la séptima, entonces será un más que digno final para una serie que marcó como ninguna otra lo que significó la década de 2000 y el universo post 9-11.

Annie Wersching.


NOTAS ADICIONALES (MAYO DE 2.015): Después de la octava temporada no hubo renovación oficial para Jack Bauer. Sin embargo, pasados algunos años, la cadena FOX decidió darle paso a una minitemporada de doce episodios, en concreto 24: Vive un nuevo día. En cualquier caso, con la perspectiva que da el tiempo, resulta claro que la séptima y octava temporada fueron una mejora respecto de lo presentado en la inenarrable sexta, que hasta los propios productores deploran. Al momento de escribir estas líneas, hay luz verde para todavía más 24, aunque se ha anunciado que esta vez habrán personajes secundarios a cargo, y que Jack Bauer aparecerá sólo de manera tangencial. Sí, y yo me lo creo.

Este posteo fue publicado por primera vez, en una versión ligeramente editada, en el blog Tribu de Plutón, el lunes 6 de Abril de 2.009.

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