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miércoles, 22 de abril de 2015

Max von Sydow: El caballero sueco del cine (1 de 2).


Hay algo de ingrato en la afición al cine o la televisión. En el mundo literario, nadie suele desconocer el canon. Ninguna persona tiene el atrevimiento de admitir que nunca ha leído el Quijote o a Shakespeare; es de la clase de textos que siempre están en las bibliotecas, aunque sea aquellas misérrimas formadas a punta de puros textos escolares, pero son por lo general ediciones estudiantiles abreviadas, que ni aún así son leídas más allá de la prueba o examen de rigor. En cambio el cine clásico es algo que se olvida. Hay un tema generacional de por medio: la actual generación visita las películas con las que creció o está creciendo. Para los jóvenes, el cine comienza veinte años antes del presente, y para los adultos, el verdadero cine suele estar entre veinte y treinta años antes del presente; el cine anterior que es recordado con nostalgia por los adultos, suele ser considerado chochera. En 2.014, la fiebre por las películas de la década de 1.980 está empezando a remitir, y el cine de la década de 1.990 comienza a cobrar auge. El cine de la década de 1.970 ya está viejo, obsoleto; es igual de viejo El padrino e incluso La guerra de las galaxias que Casablanca o El nacimiento de una nación. Y otro tanto ocurre con los actores. Apuesto a que si revisan el posteo Los diez más grandes actores del cine anterior a 1.945 aquí en la Guillermocracia, al grueso de ellos los conozcan por foto, cuando mucho. Repasen sus películas, por lo menos sus mejores películas, y se sorprenderán de lo grandes que eran.

Es por eso que le dedicaremos el presente posteo a uno que es grande de por sí. Un actorazo que al momento de editar estas líneas, se empina sobre las ocho décadas y media, porque nació en Abril de 1.929, y que de hecho esperamos que no fallezca entre la edición de estas líneas y programación del posteo, y su correspondiente publicación. Uno que ha estado presente de una y otra manera tanto en el cine más comercial como en películas más artísticas. Y que se merece un artículo para él solito, por la diversidad y envergadura de los roles que ha emprendido. Y que ahora ha hecho noticia nada menos que por formar parte del elenco de la actualmente inminente Star Wars VII. Con ustedes, damas y caballeros, Herr Max von Sydow, el caballero sueco del cine.

1.- Antonius Block (El séptimo sello, 1.957).

Todos han visto alguna vez la célebre escena en donde un caballero medieval juega ajedrez con una figura encapuchada de negro, y que es evidentemente la Muerte. Poca gente más allá de los círculos más refinados, eso sí, asociarían dicha imagen con la película El séptimo sello, probablemente la obra maestra del director sueco Ingmar Bergman, clásica en donde las haya, por supuesto, pero quién se toma la molestia de revisar los clásicos hoy en día. Este no es el primer rol de Max von Sydow en el cine, pero sí el primero reconocible, y uno de los más icónicos aunque, lo ya dicho, hoy en día no mucha gente ve El séptimo sello más allá de los estudiantes de cine. En dicha película, von Sydow interpreta a Antonius Block, un caballero medieval que vuelve de las Cruzadas sólo para enterarse de que la Muerte anda a la siga suya y se lo quiere llevar. Antonius Block se las arregla para desafiarlo a una partida de ajedrez. Si la Muerte gana, se lo podrá llevar. La Muerte acepta la apuesta... pero es una cabronaza y se las arregla para ganar porque, después de todo, todos deben morir. La película tiene una enorme carga metafísica, y éste es sin lugar a dudas uno de los roles más penosos de von Sydow. No penoso de mal actuado o insoportable, sino penoso por despertar conmiseración por parte de la audiencia. La que llegue hasta el final, eso sí, porque esta película se encuentra en las antípodas de lo que el público reclama de un blockbuster actual de ambientación medieval estándar: El séptimo sello no tiene guerra, no tiene sangre, no tiene miembros cercenados por espadas, no tiene sangre falsa pintada por computadora, no tiene imponentes castillos dibujados por computadora, no tiene una protagonista de prominente delantera femenina, y para colmo, está rodada en blanco y negro.

2.- Henrik Akerman (Fresas salvajes, 1.957).

Las catástrofes personales son fuente inagotable de creatividad artística, porque cuando la vida es una plasta, siempre te queda el arte para consolarte. Fresas salvajes, una de las películas más optimistas de cierto sueco deprimente llamado Ingmar Bergman, fue escrita por éste mientras se encontraba en un hospital. El argumento es bastante sencillo: un profesor anciano viaja a recibir un reconocimiento honorífico universitario, y las peripecias que le van sucediendo en el camino. En pleno estilo bergmaniano, el viaje carretero es reflejo de un viaje existencialista a través del cual el protagonista se hace cuestionamientos metafísicos, revisa su existencia y su lugar en el mundo, descubre el amor hacia sus semejantes y crece como persona, etcétera. Woody Allen, reconocido saqueador de Bergman, homenajeó esta película de una manera enloquecida y algo paródica en Los enredos de Harry. Uno de los aspectos más tristes de la película es que para su protagonista, Victor Sjöström, fue su último rol en el cine. Pero volviendo a Max von Sydow, que aquí nos convoca. El entonces joven von Sydow tiene un rol pequeño como dueño de una gasolinera que, junto con su esposa, tiene una existencia sencilla y feliz. Es un rol breve, pero significativo, la bofetada en toda la cara que Bergman le propina a los delirios metafísicos salidos de madre, por los cuales de manera irónica y algo injusta el propio Bergman es conocido: la vida no es para cuestionársela, sino para vivirla. Y el joven von Sidow aporta su impecable actuación y presencia escénica para convertir a su propia secuencia en un momento brillante dentro de la película.

3.- Töre (La fuente de la doncella, 1.960).

Para los no enterados, puede resultar difícil entender la relativa popularidad de La fuente de la doncella entre los bergmanianos, no tanta como El séptimo sello o Persona por ejemplo, pero sí considerada entre las películas recias del director sueco. Y esto no es casualidad, porque mucho del impacto de la película se ha perdido con el tiempo. La fuente de la doncella narra una clásica historia de ese género que en años posteriores ha llegado a ser sistematizado como violación y venganza; hoy en día hemos sido saturados con cientos de esos productos, que apenas tienen novedad, pero para una época tan gazmoña como ésa, todavía bajo el imperio de hierro del Código Hays, esta película que llegaba desde Suecia era una de las cintas más perturbadoras que se habían rodado acerca de violencia sexual. La historia se ambienta en la Edad Media, lo que es obvio si se considera que está basado en una balada sueca medieval, justamente. Y se refiere a una chica de una familia pudiente, aunque lo que eso es en el campo medieval sueco viene a ser que puede usar vestidos algo más finos que el campesino promedio, y no mucho más que eso. Dicha chica es violada y asesinada; más tarde, sin darse cuenta, los asesinos terminan encontrando cobijo en la casa familiar de la chica; cuando el padre se entera de que sus huéspedes son los violadores y asesinos de su hija, lo que viene no es bonito. En particular porque el padre es interpretado por, adivinaron ustedes, Max von Sydow. Aunque como decíamos, la película luce algo pasada de moda en su argumento, y con la misma temática se han rodado cosas mucho más violentas y salvajes desde entonces, al menos permanece en su lugar gracias al ojo clínico de Bergman para la reflexión psicológica y la parábola metafísica, algo que las películas de violación y venganza posteriores no han conseguido emular.

4.- Jesucristo (La más grande historia jamás contada, 1.965).

Gracias a sus trabajos para Bergman, Max von Sydow había ganado fama y reconocimiento, y por lo tanto estaba suscitando la atención de los tentáculos de Hollywood. En algún minuto incluso se barajó su nombre para interpretar al Doctor Julius No en El satánico Doctor No de 1.962, lo que lo hubiera convertido en el primer villano Bond del cine, y el segundo en total si consideramos que Peter Lorre ya había interpretado a LaChiffre en el olvidadísimo telefilme Casino Royale de 1.954. Al final no fue, lo que es irónico si se piensa que muchos años después, von Sydow terminó interpretando a otro icónico villano Bond, aunque no diremos cuál para que ustedes sigan leyendo este posteo en vez de largarse a jugar Skyrim. El caso es que Von Sydow declinó el rol porque le ofrecieron otro incluso más substancioso: el de Jesucristo, en La historia más grande jamás contada. La película estaba basada no de manera directa en los Evangelios, sino en la novela del mismo título, olvidada hoy en día por ser demasiado piadosa para su propio bien, y a su vez basada en una radionovela que, a su vez, estaba basada en los Evangelios. El mejor crédito del novelista Fulton Oursler, por más señas, es haber sido editor de Selecciones de Reader's Digest, y hagan con este dato lo que quieran. La película empezó su rodaje en 1.962 y pretendía ser el epic definitivo sobre Jesucristo, pero tardó demasiado en ser terminada y estrenada, y llegó después de los dos notables fiascos de taquilla que fueron Cleopatra (1.963) y La caída del Imperio Romano (1.964), que marcaron el eclipse del cine épico a gran escala en Hollywood hasta su resurrección con Gladiador, ya en 2.000. La crítica se dividió, y el público respondió de manera tan débil, que la película ni siquiera recuperó sus costes. Ayudó que el mastodonte duraba sus buenas cuatro horas, un latazo reducido después a tres, e incluso a dos, y que tomaron la contraproducente decisión de meter cameos de cuanta estrella hollywoodense se puso a tiro, lo que distrajo a las audiencias de meterse en el argumento mismo de la historia. Una de las mejores partes de la película es precisamente la interpretación de Max von Sydow, cuya enorme presencia escénica consigue mantener a flote una película cuyo principal pecado es tomarse a sí misma demasiado en serio, guiada por la siempre malsana idea de que respeto religioso es igual a solemnidad aburrida. El propio Max von Sydow dijo que en el estudio tenía prohibido salirse de su personaje, lo que le significaba prohibición de fumar o ser afectuoso con su esposa, entre otras cosas. Aún así, Max von Sydow consiguió romper cierta clásica maldición según la cual, un actor interpretando a Jesucristo quedará marcado por el personaje y no volverá a interpretar otro rol de importancia en su vida. Ayudó que la película fuera un fracaso, por supuesto, hasta el punto que, siendo uno de los roles más importantes de su carrera, von Sidow tiende a ser reconocido por otros distintos en realidad. Pero de todas maneras, no cualquier actor se gana en su currículum el haber interpretado nada menos que al Redentor del Género Humano, ¿no?

5.- Otto Frank (El diario de Ana Frank, 1.967).

La historia de Ana Frank ha galvanizado a la opinión pública durante décadas; frente a la grandilocuencia de las historiografías que se refieren a leviatanes como Hitler, Stalin, Roosevelt o Churchill, la historia de una pequeña judía bajo la ocupación nazi, escrita en primera persona, es un interesante contrapunto que aporta nuevas sutilezas al escenario de horrores sin cuento que fue la Segunda Guerra MundialEl diario de Ana Frank es un libro que no ha estado exento de polémicas, claro está, pero eso... mejor dejémoslo así. Lo cierto es que dicho libro fue objeto de una adaptación para el cine en 1.959, pero no pasó una década antes de que la televisión se interesara por el material; el resultado es el telefilme en comento. En las adaptaciones de Ana Frank, siendo ella una niña, el plato fuerte en materia de actores no suele ir al protagónico sino a los secundarios, y este caso no fue la excepción, ya que de la joven Diana Davila no se supo mucho después. Pero en materia de secundarios, este telefilme reclutó a Donald Pleasence, Lilli Palmer y Marisa Pavan, todos actores conocidos en la época. Y para interpretar al padre de Ana Frank, nada mejor que llamar a Jesucristo en persona: Max von Sydow. Qué habrán querido decir.

6.- Coronel Kosnov (La carta del Kremlin, 1.970).

"Si te pierdes los cinco primeros minutos, te perderás un suicidio, dos ejecuciones, una seducción... y la clave para entender el argumento", rezaba el tagline de esta película, que pretendía llevar al máximo permitido en la época el movimiento de hacer comenzar la historia rápido, por oposición al moroso cine clásico en donde el verdadero argumento podía bien empezar inclusive una hora después, para darle tiempo al público que llegara al cine cuando se le antojara. Rodada un poco al calor de los últimos rescoldos de la moda del cine de espías impuesto por James BondLa carta del Kremlin se asemeja bien poco a éstos, porque es una cinta simple, directa y puñetazo en el estómago para los estándares de la época, por no hablar de uno de los finales más brutales rodados en el género. En la película, von Sydow presta su frialdad escandinava a un frío agente de contrainteligencia de la KGB, en medio de una compleja intriga de espías contra espías en donde nada es lo que parece, etcétera.

7.- Padre Lankester Merrin (El exorcista, 1.973).

La película El exorcista es por supuesto la madre de todas las películas de posesión satánica que se han rodado con posterioridad. Tanto, que no pocos adolescentes que piensan que el cine partió en el siglo XXI, la consideran como trillada y cliché. De ignorantes está hecho el mundo. La película, basada en una novela de William Peter Blatty que nadie ha leído, y la mayoría ni siquiera sabe que existe, fue un taquillazo monumental en su época. Tres tramas convergen en la misma: la familia de Regan, chica que empieza a jugar con una tabla ouija, terminando por suceder lo que sucede, la trama del padre Karras, en medio de una crisis de fe, y finalmente la historia del padre Merrin, quien descubre en una excavación arqueológica la estatuilla de un demonio al que ha combatido en el pasado, enterándose así de que el tiempo para una nueva conflagración ha llegado. Sin desmerecer al resto del elenco y equipo técnico, lo cierto es que von Sydow se echa al hombro buena parte de la película. Su retrato del padre Merrin, un hombre que viene de vuelta de todo, que lo único que desea es descansar, pero que tiene la nobleza y entereza suficientes como para plantar cara una vez más a un enemigo literalmente diabólico, que podría no sólo matarlo sino también llevarse su alma, es la viva demostración de lo que significa ser un héroe. La batalla final contra el demonio, después de un buen rato de dimes y diretes y vómito verde, no sería lo mismo si no fuera por el estoicismo supremo demostrado por Merrin en el cometido de su labor de nunca transar, nunca rendirse, y nunca acobardarse frente literalmente al Mal en su encarnación más pura. Aunque, por otra parte, hablamos del actor que interpretó a Jesucristo, el más enconado cazador de demonios de todos los tiempos, ¿no?

8.- Joubert (Los tres días del cóndor, 1.975).

Los tres días del cóndor es un bastante correcto thriller político de los que se producían a puñados durante la década de 1.970. En el mismo, Robert Redford es un funcionario de la CIA que no trabaja de agente en territorio extranjero, sino como analista de datos. En esencia, un ratón de biblioteca. Por alguna razón, su unidad entera es masacrada, él sobrevive de milagro, y después tiene que ponerse en fuga para evitar que lo liquiden también a él. Dentro de la película, Max von Sydow es Joubert, un asesino frío y despiadado de la CIA. Parte importante de la tensión dramática en Los tres días del cóndor deriva precisamente de la estupenda interpretación de von Sydow como Joubert. Vemos que para él, cargarse a un pobre desgraciado no es más que un trabajo, y se lo toma con la solfa y frialdad propias de un fontanero arreglando una gotera en la cañería. Es una desgracia que ya no hagan películas como ésta.

9.- Ortiz (El desierto de los tártaros, 1.976).

Eran otros tiempos, en definitiva. Tiempos en donde la gente se arriesgaba a adaptar cosas como El desierto de los tártaros, una novela de Dino Buzzati. La historia versa sobre un grupo de soldados que está de guardia en un puesto fronterizo para luchar contra los tártaros... los cuales nunca terminan de llegar. En efecto, la novela y la película en cuestión son menos una historia bélica que una reflexión acerca de la naturaleza humana, puesta frente a frente en contra de una adversidad que planea más como metafísica abstracta que como una amenaza concreta y real. Muy en el fondo, pareciera ser el mensaje de la película, nosotros mismos también somos soldados esperando la venida de unos tártaros que nunca terminan de llegar, sea lo que sea nuestros propios tártaros en primer lugar. Es decir, la clase de rol hecho aposta para Max von Sydow, que no en balde, ya lo hemos mencionado, se construyó de un nombre a las órdenes de Ingmar Bergman, y que en esta película tiene un rol secundario. Hoy en día sería imposible hacer un remake de esta película sin traicionar su espíritu trufándola de efectos especiales y escenas épicas, y dotándola de un sentido heroico que está en las antípodas del mensaje; hablamos del cine comercial que ha rodado tres o cuatro adaptaciones de Soy leyenda de Richard Matheson y que en ninguna ha podido dar en la tecla con el mensaje nihilista de la novela original, después de todo.

10.- Ming el Despiadado (Flash Gordon, 1.980).

Según dice la rumorología, George Lucas se embarcó en La guerra de las galaxias porque no lo dejaron rodar una adaptación para el cine de Flash Gordon. En respuesta a la moda galáctica, vino... una película de Flash Gordon. Sólo que el asunto no terminó de funcionar del todo bien. Flash Gordon era entretenida, muy entretenida. Tenía cosas muy camp, como por ejemplo las ambientaciones y decorados, y tenía cosas bastante más hardcore siendo una película infantil, como una escena en donde la Princesa Aura, interpretada por la vistosa Ornella Muti, es torturada a látigo limpio. Cine familiar, como pueden apreciar. Pero uno de los puntos más altos de la película es, sin lugar a dudas, haber fichado al actor sueco que nos ocupa, para interpretar al villano principal. Porque Max von Sydow clava medio a medio a Ming el Despiadado y hace el rol de villano tan suyo, que aunque vengan remakes posteriores, cuesta imaginarse uno que consiga superarlo. Por supuesto, que George Lucas haya tomado bastante inspiración del Flash Gordon de Alex Raymond para La guerra de las galaxias hace todavía más gracioso que Max von Sydow haya sido fichado para Star Wars: El despertar de la Fuerza, ahora en 2.015. Si además de eso llega a suceder que el rol en que lo fichen sea uno de villano...

11.- Mayor Karl von Steiner (Escape a la victoria, 1.981).

Escape a la victoria es una película rara, cuando menos. Hablamos de una película en donde los buenos son un Sylvester Stallone que ya era Rocky y todavía no era Rambo, y... Pelé, o rei do mondo. La historia va de un campo de prisioneros nazi en donde el gendarme del campo les hace un trato a los prisioneros: tendrán su libertad, si ganan un encuentro de fútbol a los gendarmes alemanes. Y hablamos del mismísimo fútbol, no de esa impostación lingüística que tratan de imponernos desde Estados Unidos, el fútbol americano, aunque ustedes ya lo adivinaron por la mención a Pelé. El jefe del campo de prisioneros es un nazi, pero a pesar de eso, es buena tela y le tiene simpatía a los presos, y a quién llamaron para interpretarlo... a Max von Sydow, por supuesto. Porque en una película en donde un estadounidense y un brasileiro unen fuerzas para luchar contra el Tercer Reich pase a pase y gol a gol, el germano oponente tenía que ser interpretado por un actor sueco, parece ser.

12.- Rey Osric (Conan el Bárbaro, 1.982).

El exitazo que en su día experimentó la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson, no debería hacernos olvidar que tradicionalmente la Fantasía Heroica ha sido siempre un poco el pariente pobre en el mundo del blockbuster hollywoodense. La idea de tener una película sobre Conan rondaba por lo menos desde la década de 1.970, amparado por el éxito que el cómic editado en esos años por la Marvel, había tenido entre los geeks y nerds ese nicho de audiencia, aunque hubo que esperar hasta el exitazo de La guerra de las galaxias para que Hollywood se dejara de padrinos y sérpicos, y se abocara por fin al espacio, las planicies bárbaras, los superhéroes y los robots. Conan el bárbaro de 1.982, película cuyo éxito engendró la no muy celebrada secuela Conan el destructor, marcó un antes y un después en el cine de bárbaros, mostrando a un héroe más grande que la vida, interpretado por Arnold Schwarzenegger en el apogeo de su poderío físico. Dentro del argumento de la película, Conan busca venganza contra el malvado Thulsa Doom, que años atrás ha masacrado a su familia. En el camino se encuentra con el rey Osric, quien le encarga el rescate de su hija, secuestrada por el mentado Thulsa Doom. Y para interpretar a un rey bárbaro de una alegre fantasía ariosófica, nada mejor que un actor sueco con cartel, de manera que llamaron a Max von Sydow. Por supuesto, dado que el personaje está puesto para ser el clásico poderoso que encarga al héroe una misión, no es que aparezca mucho. Pero de aparecer, aparece.

13.- Ernst Stavro Blofeld (Nunca digas nunca jamás, 1.983).

El año 1.983 fue el de la Batalla de los Bonds, ya que los productores oficiales estrenaron Octopussy con Roger Moore, mientras que el avispado productor Kevin McClory, teniendo los derechos sobre la historia Bond que sirvió de base para Operación Trueno, filmó un remake de esa película: Nunca digas nunca jamás, con un ya entonces otoñal Sean Connery. Al igual que en Operación Trueno, los villanos eran la organización terrorista SPECTRE, dirigida por Ernst Stavro Blofeld, interpretado por von Sydow, por supuesto. La película en sí está bastante bien, considerando que hizo de necesidad virtud, y no pudiendo contar con el personal que hacía las películas Bond, hizo lo posible por tener un sello distintivo. Aunque, siendo bastante honestos, nadie la recuerda porque von Sydow interpretó a un villano Bond; lo más recordado es probablemente ver a Barbara Carrera paseándose con un fetichista uniforme de enfermera, o encañonando a Sean Connery con la cara más lúbrica de su repertorio, y obligándole a escribir, antes de (intentar) ejecutarlo, algo similar a "nunca he tenido mejor sexo que con Barbara Carrera". En fin, como decíamos, actúa Max von Sydow como villano. Por eso la incluimos aquí. No por Barbara Carrera, definitivamente no. Porque éste es un blog serio y decente, por supuesto. No uno en donde ustedes llegen gugleando Barbara Carrera desnuda. O eso esperamos, a lo menos.

14.- Doctor Kynes (Dune, 1.984).

Reducir una novela que es un mamotreto de 700 páginas, incluyendo 50 páginas finales de apéndices y diccionario, a una película de apenas dos horas y un cuarto, puede parecer un despropósito, pero considerando lo ingente de la tarea, Dune de David Lynch merece bastante más crédito del que usualmente se le da. En ella, Max von Sydow le da vida al planetólogo Kynes, un investigador del planeta Dune que se pasea un poco de aquí para allá. En realidad, su rol no tiene mayor sentido y podría haber sido cortado de la película. En la novela es más substancioso, consecuencia lógica de tener una interminable cantidad adicional de páginas para rellenar de carne lo que son los huesos de la trama. Para explicar un poco: la verdadera intención del Doctor Kynes es convertir el planeta desértico Dune en un vergel, utilizando el agua capturada por el pueblo nómade de los Fremen para lograr el milagro. Esto en la novela está bien explicado, pero en la película por desgracia es pasado muy en puntillas, para no extender el metraje. Si viste la película y no sabías qué pintaba el personaje éste en ella, ahora ya lo sabes. Supuesto de que lo recuerdes. Porque, admitámoslo, lo que todo el mundo recuerda de la película son los gigantescos gusanos de arena creados por Carlo Rambaldi, el tipo que hizo efectos especiales para Alien y ET el Extraterrestre, sin ir más lejos. Y las criaturas le quedaron estupendas; el problema es que el fotomontaje está a la altura del Chapulín Colorado, pero eso ya no es culpa del señor Rambaldi. Ni de Max von Sydow tampoco, y como el artículo se trata de él...

Y en la segunda parte de este posteo, repasaremos algunos otros entretenidos roles de Max von Sydow. Que quizás no sean tan prominentes porque, después de todo, el actor estaba envejeciendo, y ya sabemos que los roles de verdad en Hollywood son para la juventud. Pero que no por eso dejan de tener chicha. Sigmund Freud, por ejemplo. Y eso no es broma. De manera que esperen nuestra segunda parte de este posteo dedicado a Max von Sydow, el caballero sueco del cine, pronto aquí en la Guillermocracia.

2 comentarios:

Pies dorados dijo...

Qué artículo tan bien escrito, Guillermocracio. Tu reseña hizo que me entraran ganas de ver todas las películas de Don Von Sydow.
Encontré tu blog por casualidad, a partir de ahora, lo seguiré leyendo de pura voluntad.

Guillermo Ríos dijo...

Gracias por los cumplidos, y bueno, si dan ganas de ver las películas en cuestión, entonces el artículo ha cumplido de sobra su objetivo.

Saludos.

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