domingo, 15 de marzo de 2015

¿A las puertas de una invasión japonesa contra Hollywood...?


Hace un tiempo atrás, en una reunión de amigos, saltó un interesante tema de conversación. El asunto partió con el estreno a finales de 2.014, de la película Grandes héroes (Big Hero 6), la entrega Disney del año. En lo que va del siglo XXI, el canon Disney ha experimentado algunas interesantes fluctuaciones, algunas para bien y otras no tanto. Así, hemos tenido historias de princesas algo aggiornadas para los nuevos tiempos (La princesa y el sapo, Enredados, Frozen), historias de espíritu retro (Tierra de osos, Vacas vaqueras), comedias de Ciencia Ficción (Lilo y Stitch, Chicken Little, La familia del futuro), y aventura pura y dura (Atlantis: El imperio perdido, El planeta del tesoro, Bolt). Grandes héroes puede marcarse como un híbrido entre la comedia de Ciencia Ficción y la aventura pura y dura, en una de las peripecias más raras en que se han embarcado los estudios. De hecho, y no mucha gente ha reparado en esto, Grandes héroes está basado en un cómic de la Marvel, porque ya sabemos lo que pasó con ese paquete de derechos. De manera que es poco probable que veamos una versión de estos personajes para el Universo Cinemático Marvel, o no lo haremos en un futuro próximo por lo menos, ahora que Disney ha decidido procesarlos por cuerda separada.

Pero el detalle interesante, y sobre el cual recayó la conversación, es la enorme influencia que puede percibirse en Grandes héroes, del anime procedente de Japón. Partiendo porque el universo dentro del cual transcurre la historia, no parece ser nuestro futuro, ni siquiera un futuro veinte minutos del presente, sino una realidad alternativa en que Estados Unidos, de una manera u otra, ha sido colonizado por Japón, o al menos está bajo su hegemonía. Siguiendo porque uno de los personajes es un robot, y la relación entre el robot y su dueño le debe más que un poco a otras historias similares procedentes de Japón; en lo que a mí se refiere, el final de Grandes héroes (sin spoilers, aunque si conocen la referencia, algo adivinarán) me recordó sobremanera al último capítulo del remake de Iron Man 28 de 1.992 a 1.993. Y terminando porque el tratamiento de los héroes y villanos se aleja bastante del esquema occidental clásico, dándole al villano motivaciones tan profundas, que parece más un villano de shonen japonés que un clásico villano Disney.

En muchos sentidos, la idea de un Estados Unidos colonizado cultural o quizás políticamente por Japón, insinuada en Grandes héroes, se recibe con un cierto escalofrío por parte de quienes hemos deglutido Ciencia Ficción durante años. La película puede verse como una especie de versión liviana de El hombre en el castillo de Philip K. Dick, que partía de una premisa similar, aunque de manera bastante más oscura, como no podía ser menos tratándose del mencionado. Otro referente que parece inevitable es Neuromante, la novela de William Gibson que codificó el Cyberpunk tal y como lo conocemos, y en donde las empresas ya no responden al modelo corporativo occidental de un montón de trabajadores llenando de dinero los bolsillos de los accionistas debido al mutuo interés en el trabajo, sino a los principios éticos propios del zaibatsu: dominio estricto, colectivismo, lealtad a la firma, honor ante todo, pero un honor que no impide cometer algunas acciones horribles en la sombra, concepción de la empresa como una gigantesca familia capaz de abarcar toda la vida del individuo, etcétera. Y en el plano estético, es imposible ver Grandes héroes sin acordarse de Blade Runner.

Más o menos en la misma idea de crear blockbusters con sello japonés, ya en 2.013 tuvimos otro caso de cinta comercial que homenajea al cine clásico japonés. Nos referimos en concreto a Pacific Rim, que en el fondo es un kaiju o película de monstruos japonesa, pero hecha con alto presupuesto, y por y para occidentales. Los parecidos entre la premisa de Pacific Rim y los del clásico japonés Neon Genesis Evangelion no pasaron desapercibidos: en ambos casos tenemos la invasión de monstruos lovecraftianos procedentes desde nadie sabe bien dónde, que son combatidos con gigantescos mechas, que a su vez son controlados por pilotos que deben sincronizarse entre sí y con sus máquinas. Un referente más antiguo que Neon Genesis Evangelion podría ser Magne Robo Gakeen (1.976 a 1.977), exhibida en Latinoamérica como El Supermagnetrón, y que partía de una premisa también muy similar. La empresa de rodar en Hollywood un kaiju de alto presupuesto fue coronada por el éxito, en taquilla a lo menos, recaudando por encima de los 400 millones de dólares, y con una secuela anunciada, al momento de escribir estas líneas, para 2.017; recuérdese que la vez anterior en que se intentó lo mismo, el Godzilla de 1.998, los resultados fueron bastante más gélidos.

Lo que plantea una cuestión intrigante. ¿Acaso el futuro del cine en Hollywood pasa por el manga y el anime? ¿Es que veremos pronto una invasión japonesa contra Hollywood?


Esto sería una ironía suprema, si se considera que, de concretarse, sería casi una vuelta de mano. Porque hoy en día, el manga y el anime nos parece una expresión casi suprema de la cultura japonesa... olvidándonos de la enorme deuda que la tradición del manga y el anime le debe al cine y la televisión de Hollywood. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la cultura de Japón era reclusa y aislacionista, pero luego de la ocupación militar del país por Estados Unidos, que duró hasta 1.951, resultó inevitable que la cultura occidental penetrara en el mundo japonés como ráfagas de aire fresco.

Es un secreto a voces que el patriarca del manga, Osamu Tezuka, tuvo a Disney como una gran inspiración, algo irónico si se recuerda todo lo que comentamos acerca de Grandes héroes. Aunque Tezuka codificó el actual manga tal y como lo conocemos, lo cierto es que enfrentarse al mismo desde la actualidad genera una sensación extraña, porque si bien el dibujo es japonés, la influencia de la Disney es bastante patente. Compárese por ejemplo el dibujo de La princesa caballero con historias Disney como Blancanieves y los siete enanitos o La bella durmiente, y se descubrirá que Tezuka parece un dibujante mucho más occidental que sus epígonos ya directamente japoneses. Astro Boy por su parte le debe más que un poco a la Ciencia Ficción occidental de la Edad de Oro, apareciendo un poco como la versión japonesa de las clásicas portadas de robots de Amazing Stories de Gernsback o el Astounding Stories de Campbell.

Y la influencia de Hollywood en el manga y el anime no se detiene ahí. Otro ejemplo clásico es el género de las magic girls. El gran codificador de las guerreras mágicas hoy en día es Sailor Moon, aunque considerando lo zafado de algunos sucesores como Card Captor Sakura o Pretty Cure, Sailor Moon aparece incluso como un tanto adocenado. Lo interesante es que Sailor Moon es un spin-off de Codename: Sailor V, que a su vez sigue una interesante tradición de chicas mágicas progresivamente más empoderadas dentro del género magical girl en Japón. ¿Y cuál fue el codificador de las chicas mágicas en Japón? La princesa Sally, manga y anime de las décadas de 1.960, y que llegó a exhibirse en Latinoamérica en las décadas de 1.970 y 1.980. ¿Y cuál fue la inspiración para La princesa Sally...? Si no lo sabían, sorpréndanse: La hechizada. En efecto, eso deja a Elizabeth Montgomery y su recordada bruja Samantha Stephens como antecesora lejana de Usagi Tsukino y sus guerreras mágicas con traje de marineras.

En realidad, haciendo historia, el interés de Hollywood por franquicias procedentes desde Japón no es actual, e incluso puede rastrearse hasta la década de 1.990. Claro que en esa época, hablar de adaptar algo procedente de Japón implicaba hablar de videojuegos. Se nos viene a la memoria la hilarante Street Fighter de Jean-Claude van Damme, por ejemplo. Ya en la década de 2.000, es que vimos algunas adaptaciones ya no de videojuegos, sino directamente de manga o anime. Hubo al menos dos intentos por crear blockbusters a partir de celebradas franquicias japonesas. Una de ellas es Dragonball: Evolution, que en realidad es una versión de Dragon Ball sólo de nombre, lo que es una lástima considerando que el físico de Emmy Rossum está clavado a Bulma, y James Masters se da un festín interpretando a Piccolo. Aunque a partir de ahí, nada que rescatar; los fans abominan de esta versión hollywoodense, y por una vez en la vida, con plena y absoluta razón.


La otra adaptación es, por supuesto, Meteoro, basada en el clásico anime de la década de 1.970. Iba a ser el nuevo punto de partida de los hermanos Wachowski a una década de haber tocado el cielo con Matrix, y a media de haberse despeñado con sus dos secuelas. La película fue hecha de manera intencional para reflejar el valor camp de la serie original, y del anime de la época en general, con sus carreras de automóviles totalmente salidas de madre y su estética chillona y colorista, e incluso con sus defectos de animación. Aunque sea sólo por esto, la película es más que meritoria, aunque la audiencia no parece haberlo entendido así, y pasó de ella. No ayudó que fuera el mismo año de Iron Man y The Dark Knight, lo que marcó un giro del cine hacia la oscuridad y el tenebrismo, en donde el carácter ligero y festivo de Meteoro simplemente no tenía lugar. Además, Iron Man y The Dark Knight poseen un discurso social un tanto ambiguo, que puede leerse y de hecho han sido leídas como una exaltación del capitalismo rampante (algo con lo que acá en la Guillermocracia no estamos necesariamente de acuerdo), mientras que Meteoro, así como toda la producción de los Wachowski, poseen una inspiración ideológica más cercana al anarquismo. Meteoro podría haber marcado el inicio de la invasión japonesa, pero su relativo fracaso la dejó aparcada como una nota menor en la historia de los blockbusters, y los Wachowski debieron esperar hasta Cloud Atlas para su gran regreso. Y cuando ésta fracasó, hasta El destino de Júpiter. Y cuando ésta fracasó, hasta... quién sabe cuándo. Si es que llega un nuevo cuándo, dadas las circunstancias, porque Hollywood suele ser muy propenso al "ya has sobrepasado tu utilidad" antes de despedir por la escotilla a la gente que no hace dinero.

Un aspecto fundamental a entender dentro de todo el tema de si Japón se tomará a Hollywood por asalto, es el clásico desfase de veinte años entre la industria de Hollywood, y los fenómenos sociales. Es decir, para que cualquier fenómeno social sea atestiguado por Hollywood, deben pasar las dos décadas necesarias para que los niños y jóvenes influidos por dicho fenómeno social, crezcan hasta ocupar posiciones de responsabilidad en el mundo del cine, y con una visión más fresca de las cosas, decidan que ha llegado el momento de arriesgarse.

Respecto de lo mismo, debemos entender que el manga y el anime son recién llegados en Estados Unidos. En Latinoamérica tuvimos la suerte de ver, desde la década de 1.980 a lo menos, una copiosa cantidad de anime. Para muchos estadounidenses, Robotech fue la primera exposición al género mecha, y hablamos de una serie que era un conglomerado de otras tres series japonesas reunidas para ser vendidas como un solo paquete, pero en Latinoamérica ya habíamos tenido oportunidad de ver Mazinger Z, y un montón de otros sucedáneos. De manera similar, para muchos estadounidenses la primera exposición al shonen fue Saint Seiya (Los Caballeros del Zodíaco), ya bien entrada la década de 1.990, mientras que en Latinoamérica ya habíamos visto bastante shonen, partiendo desde la legendaria Sam el rey del judo hacia adelante. En ese sentido, el manga y anime como fenómenos sociales en Estados Unidos son mucho más recientes que en el resto del mundo, datan apenas de la década de 1.990, y por ende, recién es en la década de 2.010 que han pasado los veinte años necesarios para que tanto los ejecutivos de Hollywood como los padres que pagan las entradas al cine de los hijos, le presten atención al fenómeno hasta un punto que valga la pena rodar blockbusters inspirados en el mismo.


Otro problema que plaga a estas adaptaciones, es la diferencia ética entre el manga y anime por un lado, y la tradición superheroica de Estados Unidos. No todo el manga y anime son shonen, pero las principales franquicias sí que tienden a serlo, y son las más populares en el mundo occidental. Piénsese en Dragon Ball o Saint Seiya, o más modernamente, en Bleach, Naruto o One Piece. Detective Conan y Slam Dunk, aunque no responden al modelo de shonen de combate, siendo detectivesca una y de deportes la otra, siguen la misma línea, con un gran éxito. Incluso Sailor Moon, que técnicamente no es un shonen, incorpora muchos elementos propios de la tradición shonen. Entonces, el grueso de las adaptaciones a Hollywood probablemente pasen por el shonen, simplemente por un tema de rentabilidad, de tener la franquicia vendida de antemano.

Ahora bien, la ética del héroe shonen es diferente a la ética del superhéroe estadounidense. Esto significa que la manera de ver la vida que tiene Gokú, por ejemplo, es muy diferente a la de Superman, lo que hace algo hilarante el comentario (que comparto) de que El Hombre de Acero de 2.013 es la mejor adaptación que Hollywood ha rodado de Dragon Ball Z. Superman y el grueso de los superhéroes parten de la base de que el héroe suele ser más poderoso que el villano. El villano puede tener el triunfo en la primera ronda, pero lo es por su mayor inteligencia o por alguna estrategia nueva y sorprendente; el héroe sólo debe entonces encontrar la manera de contrarrestar esto, y asunto arreglado. Incluso Darkseid en sí no es más poderoso que Superman, y si representa una amenaza tan temible, es porque posee todos los recursos de Apokolips férreamente organizados a su alrededor. En el shonen, en cambio, las cosas son diferentes. En éste, suele ser el villano quien es más poderoso que el héroe, y en la primera ronda, el villano barre con el héroe únicamente porque es más fuerte. El héroe persiste en la lucha no porque tenga una oportunidad de derrotar al enemigo, sino por pura y simple determinación. Y al final, tanta determinación produce el resultado de que el héroe recibe un upgrade, que le permite obtener mayor poder y derrotar al villano.

Esto lleva a algunas consecuencias interesantes. En el entorno superheroico de Estados Unidos, los superhéroes no se van volviendo más poderosos a medida que pasa el tiempo, mientras que en el shonen sí que hay una progresión desde los orígenes humildes del héroe, en donde todo y todos lo golpean a gusto, hasta un punto en que son tan superpoderosos que son verdaderos dioses caminando sobre la tierra. Piénsese en Gokú, casi derrotado de manera humillante por Yamcha en los primeros capítulos de Dragon Ball, versus el Gokú capaz de sobrevivir a la explosión de Namek en Dragon Ball Z; esta clase de progresión no la encontramos en ningún superhéroe de Estados Unidos, o por lo menos, no en los más canónicos. Otra consecuencia es que el superhéroe de Estados Unidos tiende a ser más calmado y racional, porque en definitiva se requieren estas características para encontrar la estrategia con la cual derrotar al villano, versus el héroe del shonen que tiende a ser más del tipo idiota cabeza caliente que no atiende a razones, porque es esta característica psicológica la que le proporciona la determinación suficiente para ir a librar peleas en principio perdidas en contra del villano.

Y esto tiene una consecuencia nefasta, de cara a cualquier adaptación: hacer una versión de un shonen japonés para Hollywood implica por definición, desnaturalizar su ética para hacerlo aceptable a los gustos del consumidor de Estados Unidos. Meteoro de los hermanos Wachowski trataba de conservar la ética del shonen y resultó un sonoro fracaso; Dragonball: Evolution lo americanizó y resultó una estupidez. Cambiar la ética del shonen implica liquidar todo lo que hacía especial al shonen en primer lugar. Ya hemos visto esto antes. Cada adaptación de la Guerra de Troya por parte de Hollywood, rematando en la nefasta Troya de 2.003, intenta transformar a los personajes en héroes y villanos, perdiendo de vista que para Homero, todos los personajes tenían sus grandezas y sus flaquezas, y por ende, ninguno era más héroe que otro per se. Pero el cine de Hollywood está marcado por la ética cristiana de los buenos muy buenos y los villanos muy villanos, y tiende a sentirse incómodo con estructuras éticas que no responden a dicho patrón. El shonen responde a conceptos éticos que para el espectador promedio occidental resultan alienígenas, y por tanto, adaptarlo en el cine para Hollywood es de una dificultad extraordinaria. Y quizás ésta sea la mayor barrera para que, en algún minuto, Japón consiga asestarle finalmente un golpe de katana a Hollywood.



4 comentarios:

Cidroq dijo...

Quiero ser optimista y pensar que hollywood adoptará ese estilo, pero luego me acuerdo de como deforman lo que tocan y se me pasa un poco jeje.

Guillermo Ríos dijo...

Por lo mismo, ése es el tema. En Estados Unidos son incapaces de ver una película extranjera si no hacen un remake para ellos, hablado en su idioma, con actores reconocibles para ellos, y cambiando todos los aspectos éticos, sociales y culturales que ellos no entienden de los extranjeros. Es lo mismo que los bebés: la única manera de alimentarlos con una delicatessen de comida francesa es metérselo a la juguera y dárselo hecho papilla, con toda la pérdida que ello supone desde el punto de vista gastronómico.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Muy interesante texto tuyo como siempre y cuyo desarrollo me impresionó por la manera de cómo abordaste los problemas gringos para adaptar el espíritu nipón. Por mi parte "6 Grandes Héroes" me gustó mucho y en cuanto a "Meteoro", la encontré tan mala, que ni la terminé (en cuanto a "Dragon Ball: Evolution" ya me pareció ofensiva).

Guillermo Ríos dijo...

Meteoro no me pareció tan mala, y si de verdad se ponen en Hollywood con adaptaciones de material japonés, es posible que termine adquiriendo estatus de película de culto, signifique eso lo que signifique en los tiempos actuales en donde el propio concepto de culto se ha diluído su resto gracias a la difusión de material vía internet. Grandes héroes la encontré quizás un poco simple de argumento, pero es emocionalmente muy potente, además de mezclar muy bien temas tradicionales de Estados Unidos con la influencia japonesa. Y yo creo que, muy en el fondo de nuestros corazones, todos querríamos olvidar que alguna vez se rodó una Dragon Ball en Estados Unidos que hace ver a la película coreana, con su presupuesto de porquería, como una obra maestra. ¿O era la china? No sé, alguna de las dos vi, pero no recuerdo cuál era.

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