domingo, 29 de marzo de 2015

Abril en la Guillermocracia: Maratón de entradas dobles.


En el antiguo calendario, el año comenzaba en Abril. Porque en el Hemisferio Norte, que desde siempre ha mandado, es cuando comienza la primavera. Es decir, el período en donde toca sembrar, alegrarse por lo que viene el resto del año... y pagar impuestos. Y en el Hemisferio Sur comienza el otoño, el recogimiento... y pagar impuestos. En otro ejemplo de cómo los sureños imitan todo lo malo y nada de lo bueno. Por eso andan como andan. No como la Guillermocracia, que por ser un país sin territorio, no pertenece a ningún hemisferio y a ambos a la vez.

Es por eso que hemos elegido Abril para darle curso a cuatro de esos posteos tan extensos, que nos vemos obligados a dividirlos en dos partes. Que se nos han extendido como la peste dentro de la Guillermocracia, por lo demás.

De manera que a lo largo de Abril lo haremos de la siguiente manera: cada semana será dedicada a un posteo en dos partes en particular, la primera mitad el día Miércoles en su horario habitual, y la segunda el día Domingo, también en su horario habitual.

En cuanto a la temática... la selección es variada. Creo que los lectores habituales de la Guillermocracia no saldrán decepcionados en modo alguno.

Así es que, una vez más, sed bienvenidos a la Guillermocracia. Abril os espera.

miércoles, 25 de marzo de 2015

"Sobre las aguas del abismo".

Cosmic Energy, por Wolfepaw, en DeviantArt.
Cuando sientas que la tarde cae y no habrá un mañana,
Cuando encuentres la madera mojada y no haya fuego,
Cuando pienses en las aves migrando como una esperanza vana,
Cuando seas mutilado de todo aquello que se te ha hecho apego
En lo más hondo de la fosa y lo más profundo de la quebrada
Ascenderá el aroma del sacrificio como bengala al aire lanzada,
Y todo aquel mundo que una vez buscaste destruir
Será erizado de nuevas alas que tan solo buscan vivir
En el seno de las corrientes cósmicas de las verdades divinas,
Regocijo oculto que se vierte como cascada de gemas tan finas...
Tu carne ya no es tu carne, ahora acero en fibras,
Sólido algodón que sólo puede ser medido en libras,
Te inficciona en plata, en oro, en pura energía,
Se arroja hacia el universo y quiebra la apatía...
Es el sentimiento del viaje cósmico en tu interior,
Es la llamada que viene desde el mundo inferior,
Y por un instante has dejado de ser tú mismo
Y puedes caminar por milagro sobre las aguas del abismo.
El resto del mundo ha desaparecido
En un trance que se ha desvanecido
Y no importa la humanidad ya más
Porque hacia ellos no has de volver jamás...

NOTAS ADICIONALES (ENERO DE 2.015): La figura de las aguas del abismo arranca del Génesis, por supuesto. Pero ése fue sólo el punto de partida, ya que el desarrollo del poema va en una dirección diferente. O eso creo yo, a lo menos.

Este posteo fue publicado por primera vez en el blog Tribu de Plutón, el Viernes 3 de Agosto de 2.007.

domingo, 22 de marzo de 2015

Las influencias tras "El destino de Júpiter".


Hace poco tuvimos en los cines la película El destino de Júpiter (Jupiter Ascending), el regreso triunfal de los hermanos Wachowski a la primera línea del cine comercial. O eso se esperaba, a lo menos. Porque los resultados al último fueron bastante discretos. Las trompetas que saludaban al desfile triunfal, resultaron estar un tanto oxidadas, para que nos entendamos. Después de todo, la película estuvo a apenas unos pocos millones de recuperar sus costos de producción, lo que significa que ni siquiera llegó a generar ganancias. Tampoco fue bien recibida por la crítica. En prácticamente todos los sentidos, El destino de Júpiter acabó por ser una película fracasada. Entonces, ¿por qué perder el tiempo con ella?

Si lo que se busca es espectáculo casual, puro y duro, El destino de Júpiter no tiene mucho desde donde escarbar. Visualmente, la película es apabullante. Pero por desgracia, éste es el decorado para un guión que sufre de dos plagas graves: demasiado cliché, y demasiado cliché. Pero desde un punto de vista del análisis más a fondo, El destino de Júpiter reviste un cierto interés en cuanto homenaje al cine de Ciencia Ficción de toda la vida. Se ha descrito la película como una especie de Matrix ambientada en un universo estilo Star Wars, lo que parece lógico si se considera que los Wachowski fueron quienes crearon Matrix, obviamente, pero desde luego que éstas no son las únicas influencias. En realidad, El destino de Júpiter puede leerse como una pequeña mezcla de homenajes afectuosos a varios clásicos de la Ciencia Ficción fílmica. Y en ese sentido, El destino de Júpiter funciona relativamente bien. A continuación, acá en la Guillermocracia, repasaremos algunas influencias que hemos conseguido encontrar en El destino de Júpiter, por si deciden darle una oportunidad y son fanáticos del género del espacio y las naves interplanetarias.

La guerra de las galaxias.

Esto es obvio y cae de cajón. La guerra de las galaxias no inventó la Space Opera, pero ha resultado tan influyente, que incluso resucitó el género en una época de carestía para el mismo, hasta el punto que no hay Space Opera actual que no le deba algo. Y así ocurre con El destino de Júpiter. El paralelo más obvio es el contraste entre un mundo subdesarrollado y basuriento que se ubica en el patio trasero del universo, versus un gigantesco imperio galáctico lleno de lujo y decadencia. En La guerra de las galaxias, ésta era la tensión social entre Tatooine y otros mundos rebeldes por un lado, y el Imperio por el otro; acá dicho contraste se establece entre la Tierra y la enorme sociedad galáctica que es dueña de los mundos. Por suerte, El destino de Júpiter presenta algún rasgo de originalidad al apartarse de su modelo en un aspecto crucial: la sociedad galáctica no es presentada como un imperio militarizado estilo Tercer Reich en el espacio, sino como una suerte de anarcocapitalismo plagado de corporaciones que reclutan mercenarios para sus operaciones sucias. Algo muy en la vena de la filosofía política de los Wachowski, hemos de decir.

Dune.

Si La guerra de las galaxias es la obra definitoria de la Space Opera, Dune muy en particular en su versión fílmica de 1.984 por David Lynch es el gran referente a seguir, tratándose de universos de estética retrofuturista. Son pocos, porque conseguir una estética barroca cuesta un dolor en términos de animación por computadora, pero hay ejemplos: Las crónicas de Riddick de 2.004 sin ir más lejos. En ese sentido, la estética de las naves espaciales, de los escenarios, etcétera, le deben más que un poco a la visión que David Lynch le imprimió a su adaptación de la novela de Frank Herbert. E incluso, yendo un poco más lejos, hay un paralelo de El destino de Júpiter tanto con la película como con la novela original. En ambas, el verdadero poder no está en la autoridad política, que en Dune son poco más que marionetas felizmente hundidas en la falta de conciencia de su poder, misma autoridad política que en El destino de Júpiter brilla por su ausencia; el verdadero poder, por el contrario, se mueve en la trastienda, en los poderes que regulan la economía del universo. Porque la actitud de la gente vinculada a las megacorporaciones de El destino de Júpiter, es muy similar a la clásica frase hecha del mundo de Dune: "la especia debe fluir"...

Terminator.

El argumento básico de El destino de Júpiter, en su primera mitad a lo menos, es prácticamente Terminator en el espacio. En ambas películas, la heroína parte en un trabajo ubicado en lo más bajo de la escala social, aunque de manera inadvertida para ella, en ella está el destino completo de la Tierra, en el futuro tratándose de Terminator y en el espacio tratándose de El destino de Júpiter. Por lo mismo, los villanos inician un plan que implica enviar asesinos a liquidarla, aunque aparece un mercenario para rescatarla que, promediando el argumento, acabará enamorándose de ella. Incluso el proceso de endurecimiento de Júpiter es más o menos paralelo, aunque menos extremo, que el proceso de Sarah Connor entre Terminator y Terminator 2: El juicio final. De todas maneras, es necesario tener presente que el argumento de la princesa en apuros y el héroe de pecho broncíneo dispuesto a salvarla del terrible dragón, es lo que podríamos llamar un argumento estándar no sólo de la Ciencia Ficción, sino de la tradición cultural humana en general. Incluso La guerra de las galaxias tiene más o menos el mismo argumento, de los héroes al rescate de una princesa Leia atrapada en las manos de Darth Vader. Por eso, aunque los paralelos en este caso son evidentes, es algo disculpable.

Blade Runner.

Los paralelos de El destino de Júpiter con Blade Runner, película muy libremente basada en una novela de Philip K. Dick, son más sutiles, pero están igualmente presentes. Después de todo, aunque el aspecto más conocido de Philip K. Dick como autor es su deconstrucción de nuestra percepción de la realidad, no debe olvidarse que otro leit motiv recurrente de su obra es el poder opresivo del Gobierno o de las transnacionales, o de ambos, sobre el ser humano del presente y el futuro. Al igual que en Blade Runner y otras películas de inspiración dickiana, los seres humanos en El destino de Júpiter son apenas poco más que marionetas dentro de las manipulaciones corporativas que se mueven a una distancia sideral de los humanos que caminan a nivel de calle. Incluso, tratando de comentar esto sin mandarme un spoiler, si la Humanidad llegara a descubrir cuál es su verdadero rol dentro del universo de El destino de Júpiter, acabarían por estar en una posición ética y moral muy similar a la de los Nexus 6 como el Roy Beatty de Blade Runner. Y a no olvidar, claro está, el aspecto estético. Aunque Blade Runner bebe de la estética noir del cine negro de la década de 1.940, y El destino de Júpiter bebe a partes iguales de lo gótico, lo barroco y el Modernismo catalán estilo Antonio Gaudí, la idea de que el futuro será retro es un aspecto común a ambas películas.

John Carter de Marte.

En apariencia, no hay muchas similtudes entre John Carter, tanto la película como la saga de novelas en que se basa, y El destino de Júpiter, partiendo porque pertenecen a dos subgéneros distintos de la Ciencia Ficción: El destino de Júpiter es Space Opera clásica y tradicional, y la saga de John Carter y su película de 2.012 son Romance Planetario. Pero el parecido está en la estructura. John Carter, película denostada de manera injusta porque es un homenaje extraordinario a las novelas originales de Edgar Rice Burroughs, tiene una estructura episódica. Esto es por supuesto herencia del carácter pulp de la obra original. Siendo una historia publicada por episodios en las revistas pulp, las novelas de John Carter carecen de una estructura narrativa sólida, y funcionan más bien por acumulación de incidentes: apenas se resuelve uno, debe generarse de inmediato otro para que la aventura no decaiga. Esto significa que, al igual que el folletín, es mejor disfrutar de estas obras episodio a episodio, que en formato único de libro. Respecto de esto, El destino de Júpiter sigue más o menos la misma estructura, de tener una trama general muy básica, y rellenar el resto con aventuras que se abren y se cierran de manera sucesiva, a manera de episodios de un folletín, o de seriales dominicales de matiné de la década de 1.940, a las que homenajea abiertamente. Sólo que en naves espaciales hundidas en la atmósfera de Júpiter, en vez del planeta Marte. Incluso, puede que no sea coincidencia. Después de todo, la última aventura de John Carter de Marte escrita por Edgar Rice Burroughs ya ni siquiera se ambienta en Marte, como su propio título lo aventura: Los hombres esqueletos de Júpiter...

Matrix.

Este apartado es la obviedad encarnada en texto. Porque los hermanos Wachowski no pierden tiempo en hacer referencias a la que en la actualidad puede ser considerada su obra maestra. Incluso, mirado de cierto modo, El destino de Júpiter puede pasar como un remake de Matrix, pero como Space Opera en vez de Cyberpunk. En ambas historias tenemos a un personaje que trabaja en los lindes del sistema, pero que posee la clave para cambiar el mundo, sólo que en El destino de Júpiter, ella es mujer. En ambas historias, la realidad que conoce el ser humano es apenas una ilusión, y la horrible verdad es mucho más siniestra: incluso hasta la revelación misma es similar, porque en ambas historias, el ser humano carece de otro propósito sino servir a potencias superiores que los mantienen con vida no por amor o devoción hacia el género humano, como el Dios Judeocristiano de toda la vida, sino por motivos bastante más egoístas, e incluso siniestros. En ambos casos, el héroe, o heroína tratándose de El destino de Júpiter, obtiene aliados con los cuales se rebela y parte a la búsqueda de su destino, lo que implica salir de la propia realidad hacia lo que podríamos concebir como una realidad ampliada (no confundir con realidad aumentada, que es otra cosa), realidad ampliada que abarca tanto la realidad que conocía de antemano como una nueva que le sirve de marco o referencia. El rol de las máquinas en Matrix es cumplido acá por los hermanos villanos, y el del agente Smith, por los mercenarios que van tras la protagonista. Y finalmente, en ambas historias el enfrentamiento final ocurre en una metáfora simbólica del infierno (el regreso al interior de la realidad virtual en Matrix, la nave espacial del villano en El destino de Júpiter). Y el gran final en ambos casos es que el protagonista se empodera finalmente y se transforma en el salvador de toda la especie humana, frente a quienes buscan explotarla, destruirla, o ambas cosas. Aunque por supuesto, Matrix también bebía de una fuente anterior: el famoso derrotero del héroe codificado por, una vez más, La guerra de las galaxias.



miércoles, 18 de marzo de 2015

"Lex Universalis".

Frozen Spinning Wheel, por Wolfepaw, en DeviantArt.
Siente la ley universal infiltrarse en tus venas, dominarte
Siéntela encontrando y aniquilando tu antigua moral rampante
Llevándote consigo hacia lo más alto de lo más alto
Construyendo en tu interior un templo duro como el basalto.
Cero tolerancia debe ser desplegada contra la anarquía,
De la ley universal, sólo de ella es la completa soberanía
Sobre los mares y las tierras que son continentes en tu interior,
Que son la base de la economía de la espiritualidad, de lo superior,
Del mundo que se abre en portales hacia el universo
Abrazando la justicia infinita, acorralando su reverso.
Siente la ley universal infiltrarse en tus venas, enfriarte,
Exterminar tus insultantes bajas pasiones y reacondicionarte,
Tomándote como metáfora de la heroicidad innata,
De la sufriente suprahumanidad todavía nonata...
Invocada, intuida por los siglos y las generaciones,
Siempre a salvo y con esfuerzo de las depravaciones
De quienes buscan corromperla y exterminarla,
Acomodarla a sus intereses, de a poco deslavarla...
Ma'at, Verbo, Isonomía, Lex Universalis, Iustitia,
Una búsqueda eterna que a nosotros ya no nos desquicia.
Hace tiempo que nosotros nos separamos de la grey
Y en nuestro corazón mora eternamente la verdadera ley...

NOTAS ADICIONALES (ENERO DE 2.015): La inspiración de este poema vino a partir de un tópico recurrente en los diecisiete tomos de Estudio de la Historia de Arnold J. Toynbee: la idea de que tanto las personas como las sociedades sólo pueden crecer a través de un movimiento de transferencia desde el microcosmos interior hacia el macrocosmos universal. Aunque nadie espere que va a entender mejor este poema si lee a Toynbee (es una mera inspiración, no un basado en, después de todo). Lo que no quita que por el camino, me haya encontrado con algunas interpretaciones bastante sorprendentes de esta pieza. Mi favorita (por lo desencaminada) es una chica poetisa que me creyó un apologista del Comunismo. Y pensar que Toynbee era anglicano...

Este posteo fue publicado por primera vez en el blog Tribu de Plutón, el Viernes 3 de Agosto de 2.007.

domingo, 15 de marzo de 2015

¿A las puertas de una invasión japonesa contra Hollywood...?


Hace un tiempo atrás, en una reunión de amigos, saltó un interesante tema de conversación. El asunto partió con el estreno a finales de 2.014, de la película Grandes héroes (Big Hero 6), la entrega Disney del año. En lo que va del siglo XXI, el canon Disney ha experimentado algunas interesantes fluctuaciones, algunas para bien y otras no tanto. Así, hemos tenido historias de princesas algo aggiornadas para los nuevos tiempos (La princesa y el sapo, Enredados, Frozen), historias de espíritu retro (Tierra de osos, Vacas vaqueras), comedias de Ciencia Ficción (Lilo y Stitch, Chicken Little, La familia del futuro), y aventura pura y dura (Atlantis: El imperio perdido, El planeta del tesoro, Bolt). Grandes héroes puede marcarse como un híbrido entre la comedia de Ciencia Ficción y la aventura pura y dura, en una de las peripecias más raras en que se han embarcado los estudios. De hecho, y no mucha gente ha reparado en esto, Grandes héroes está basado en un cómic de la Marvel, porque ya sabemos lo que pasó con ese paquete de derechos. De manera que es poco probable que veamos una versión de estos personajes para el Universo Cinemático Marvel, o no lo haremos en un futuro próximo por lo menos, ahora que Disney ha decidido procesarlos por cuerda separada.

Pero el detalle interesante, y sobre el cual recayó la conversación, es la enorme influencia que puede percibirse en Grandes héroes, del anime procedente de Japón. Partiendo porque el universo dentro del cual transcurre la historia, no parece ser nuestro futuro, ni siquiera un futuro veinte minutos del presente, sino una realidad alternativa en que Estados Unidos, de una manera u otra, ha sido colonizado por Japón, o al menos está bajo su hegemonía. Siguiendo porque uno de los personajes es un robot, y la relación entre el robot y su dueño le debe más que un poco a otras historias similares procedentes de Japón; en lo que a mí se refiere, el final de Grandes héroes (sin spoilers, aunque si conocen la referencia, algo adivinarán) me recordó sobremanera al último capítulo del remake de Iron Man 28 de 1.992 a 1.993. Y terminando porque el tratamiento de los héroes y villanos se aleja bastante del esquema occidental clásico, dándole al villano motivaciones tan profundas, que parece más un villano de shonen japonés que un clásico villano Disney.

En muchos sentidos, la idea de un Estados Unidos colonizado cultural o quizás políticamente por Japón, insinuada en Grandes héroes, se recibe con un cierto escalofrío por parte de quienes hemos deglutido Ciencia Ficción durante años. La película puede verse como una especie de versión liviana de El hombre en el castillo de Philip K. Dick, que partía de una premisa similar, aunque de manera bastante más oscura, como no podía ser menos tratándose del mencionado. Otro referente que parece inevitable es Neuromante, la novela de William Gibson que codificó el Cyberpunk tal y como lo conocemos, y en donde las empresas ya no responden al modelo corporativo occidental de un montón de trabajadores llenando de dinero los bolsillos de los accionistas debido al mutuo interés en el trabajo, sino a los principios éticos propios del zaibatsu: dominio estricto, colectivismo, lealtad a la firma, honor ante todo, pero un honor que no impide cometer algunas acciones horribles en la sombra, concepción de la empresa como una gigantesca familia capaz de abarcar toda la vida del individuo, etcétera. Y en el plano estético, es imposible ver Grandes héroes sin acordarse de Blade Runner.

Más o menos en la misma idea de crear blockbusters con sello japonés, ya en 2.013 tuvimos otro caso de cinta comercial que homenajea al cine clásico japonés. Nos referimos en concreto a Pacific Rim, que en el fondo es un kaiju o película de monstruos japonesa, pero hecha con alto presupuesto, y por y para occidentales. Los parecidos entre la premisa de Pacific Rim y los del clásico japonés Neon Genesis Evangelion no pasaron desapercibidos: en ambos casos tenemos la invasión de monstruos lovecraftianos procedentes desde nadie sabe bien dónde, que son combatidos con gigantescos mechas, que a su vez son controlados por pilotos que deben sincronizarse entre sí y con sus máquinas. Un referente más antiguo que Neon Genesis Evangelion podría ser Magne Robo Gakeen (1.976 a 1.977), exhibida en Latinoamérica como El Supermagnetrón, y que partía de una premisa también muy similar. La empresa de rodar en Hollywood un kaiju de alto presupuesto fue coronada por el éxito, en taquilla a lo menos, recaudando por encima de los 400 millones de dólares, y con una secuela anunciada, al momento de escribir estas líneas, para 2.017; recuérdese que la vez anterior en que se intentó lo mismo, el Godzilla de 1.998, los resultados fueron bastante más gélidos.

Lo que plantea una cuestión intrigante. ¿Acaso el futuro del cine en Hollywood pasa por el manga y el anime? ¿Es que veremos pronto una invasión japonesa contra Hollywood?


Esto sería una ironía suprema, si se considera que, de concretarse, sería casi una vuelta de mano. Porque hoy en día, el manga y el anime nos parece una expresión casi suprema de la cultura japonesa... olvidándonos de la enorme deuda que la tradición del manga y el anime le debe al cine y la televisión de Hollywood. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la cultura de Japón era reclusa y aislacionista, pero luego de la ocupación militar del país por Estados Unidos, que duró hasta 1.951, resultó inevitable que la cultura occidental penetrara en el mundo japonés como ráfagas de aire fresco.

Es un secreto a voces que el patriarca del manga, Osamu Tezuka, tuvo a Disney como una gran inspiración, algo irónico si se recuerda todo lo que comentamos acerca de Grandes héroes. Aunque Tezuka codificó el actual manga tal y como lo conocemos, lo cierto es que enfrentarse al mismo desde la actualidad genera una sensación extraña, porque si bien el dibujo es japonés, la influencia de la Disney es bastante patente. Compárese por ejemplo el dibujo de La princesa caballero con historias Disney como Blancanieves y los siete enanitos o La bella durmiente, y se descubrirá que Tezuka parece un dibujante mucho más occidental que sus epígonos ya directamente japoneses. Astro Boy por su parte le debe más que un poco a la Ciencia Ficción occidental de la Edad de Oro, apareciendo un poco como la versión japonesa de las clásicas portadas de robots de Amazing Stories de Gernsback o el Astounding Stories de Campbell.

Y la influencia de Hollywood en el manga y el anime no se detiene ahí. Otro ejemplo clásico es el género de las magic girls. El gran codificador de las guerreras mágicas hoy en día es Sailor Moon, aunque considerando lo zafado de algunos sucesores como Card Captor Sakura o Pretty Cure, Sailor Moon aparece incluso como un tanto adocenado. Lo interesante es que Sailor Moon es un spin-off de Codename: Sailor V, que a su vez sigue una interesante tradición de chicas mágicas progresivamente más empoderadas dentro del género magical girl en Japón. ¿Y cuál fue el codificador de las chicas mágicas en Japón? La princesa Sally, manga y anime de las décadas de 1.960, y que llegó a exhibirse en Latinoamérica en las décadas de 1.970 y 1.980. ¿Y cuál fue la inspiración para La princesa Sally...? Si no lo sabían, sorpréndanse: La hechizada. En efecto, eso deja a Elizabeth Montgomery y su recordada bruja Samantha Stephens como antecesora lejana de Usagi Tsukino y sus guerreras mágicas con traje de marineras.

En realidad, haciendo historia, el interés de Hollywood por franquicias procedentes desde Japón no es actual, e incluso puede rastrearse hasta la década de 1.990. Claro que en esa época, hablar de adaptar algo procedente de Japón implicaba hablar de videojuegos. Se nos viene a la memoria la hilarante Street Fighter de Jean-Claude van Damme, por ejemplo. Ya en la década de 2.000, es que vimos algunas adaptaciones ya no de videojuegos, sino directamente de manga o anime. Hubo al menos dos intentos por crear blockbusters a partir de celebradas franquicias japonesas. Una de ellas es Dragonball: Evolution, que en realidad es una versión de Dragon Ball sólo de nombre, lo que es una lástima considerando que el físico de Emmy Rossum está clavado a Bulma, y James Masters se da un festín interpretando a Piccolo. Aunque a partir de ahí, nada que rescatar; los fans abominan de esta versión hollywoodense, y por una vez en la vida, con plena y absoluta razón.


La otra adaptación es, por supuesto, Meteoro, basada en el clásico anime de la década de 1.970. Iba a ser el nuevo punto de partida de los hermanos Wachowski a una década de haber tocado el cielo con Matrix, y a media de haberse despeñado con sus dos secuelas. La película fue hecha de manera intencional para reflejar el valor camp de la serie original, y del anime de la época en general, con sus carreras de automóviles totalmente salidas de madre y su estética chillona y colorista, e incluso con sus defectos de animación. Aunque sea sólo por esto, la película es más que meritoria, aunque la audiencia no parece haberlo entendido así, y pasó de ella. No ayudó que fuera el mismo año de Iron Man y The Dark Knight, lo que marcó un giro del cine hacia la oscuridad y el tenebrismo, en donde el carácter ligero y festivo de Meteoro simplemente no tenía lugar. Además, Iron Man y The Dark Knight poseen un discurso social un tanto ambiguo, que puede leerse y de hecho han sido leídas como una exaltación del capitalismo rampante (algo con lo que acá en la Guillermocracia no estamos necesariamente de acuerdo), mientras que Meteoro, así como toda la producción de los Wachowski, poseen una inspiración ideológica más cercana al anarquismo. Meteoro podría haber marcado el inicio de la invasión japonesa, pero su relativo fracaso la dejó aparcada como una nota menor en la historia de los blockbusters, y los Wachowski debieron esperar hasta Cloud Atlas para su gran regreso. Y cuando ésta fracasó, hasta El destino de Júpiter. Y cuando ésta fracasó, hasta... quién sabe cuándo. Si es que llega un nuevo cuándo, dadas las circunstancias, porque Hollywood suele ser muy propenso al "ya has sobrepasado tu utilidad" antes de despedir por la escotilla a la gente que no hace dinero.

Un aspecto fundamental a entender dentro de todo el tema de si Japón se tomará a Hollywood por asalto, es el clásico desfase de veinte años entre la industria de Hollywood, y los fenómenos sociales. Es decir, para que cualquier fenómeno social sea atestiguado por Hollywood, deben pasar las dos décadas necesarias para que los niños y jóvenes influidos por dicho fenómeno social, crezcan hasta ocupar posiciones de responsabilidad en el mundo del cine, y con una visión más fresca de las cosas, decidan que ha llegado el momento de arriesgarse.

Respecto de lo mismo, debemos entender que el manga y el anime son recién llegados en Estados Unidos. En Latinoamérica tuvimos la suerte de ver, desde la década de 1.980 a lo menos, una copiosa cantidad de anime. Para muchos estadounidenses, Robotech fue la primera exposición al género mecha, y hablamos de una serie que era un conglomerado de otras tres series japonesas reunidas para ser vendidas como un solo paquete, pero en Latinoamérica ya habíamos tenido oportunidad de ver Mazinger Z, y un montón de otros sucedáneos. De manera similar, para muchos estadounidenses la primera exposición al shonen fue Saint Seiya (Los Caballeros del Zodíaco), ya bien entrada la década de 1.990, mientras que en Latinoamérica ya habíamos visto bastante shonen, partiendo desde la legendaria Sam el rey del judo hacia adelante. En ese sentido, el manga y anime como fenómenos sociales en Estados Unidos son mucho más recientes que en el resto del mundo, datan apenas de la década de 1.990, y por ende, recién es en la década de 2.010 que han pasado los veinte años necesarios para que tanto los ejecutivos de Hollywood como los padres que pagan las entradas al cine de los hijos, le presten atención al fenómeno hasta un punto que valga la pena rodar blockbusters inspirados en el mismo.


Otro problema que plaga a estas adaptaciones, es la diferencia ética entre el manga y anime por un lado, y la tradición superheroica de Estados Unidos. No todo el manga y anime son shonen, pero las principales franquicias sí que tienden a serlo, y son las más populares en el mundo occidental. Piénsese en Dragon Ball o Saint Seiya, o más modernamente, en Bleach, Naruto o One Piece. Detective Conan y Slam Dunk, aunque no responden al modelo de shonen de combate, siendo detectivesca una y de deportes la otra, siguen la misma línea, con un gran éxito. Incluso Sailor Moon, que técnicamente no es un shonen, incorpora muchos elementos propios de la tradición shonen. Entonces, el grueso de las adaptaciones a Hollywood probablemente pasen por el shonen, simplemente por un tema de rentabilidad, de tener la franquicia vendida de antemano.

Ahora bien, la ética del héroe shonen es diferente a la ética del superhéroe estadounidense. Esto significa que la manera de ver la vida que tiene Gokú, por ejemplo, es muy diferente a la de Superman, lo que hace algo hilarante el comentario (que comparto) de que El Hombre de Acero de 2.013 es la mejor adaptación que Hollywood ha rodado de Dragon Ball Z. Superman y el grueso de los superhéroes parten de la base de que el héroe suele ser más poderoso que el villano. El villano puede tener el triunfo en la primera ronda, pero lo es por su mayor inteligencia o por alguna estrategia nueva y sorprendente; el héroe sólo debe entonces encontrar la manera de contrarrestar esto, y asunto arreglado. Incluso Darkseid en sí no es más poderoso que Superman, y si representa una amenaza tan temible, es porque posee todos los recursos de Apokolips férreamente organizados a su alrededor. En el shonen, en cambio, las cosas son diferentes. En éste, suele ser el villano quien es más poderoso que el héroe, y en la primera ronda, el villano barre con el héroe únicamente porque es más fuerte. El héroe persiste en la lucha no porque tenga una oportunidad de derrotar al enemigo, sino por pura y simple determinación. Y al final, tanta determinación produce el resultado de que el héroe recibe un upgrade, que le permite obtener mayor poder y derrotar al villano.

Esto lleva a algunas consecuencias interesantes. En el entorno superheroico de Estados Unidos, los superhéroes no se van volviendo más poderosos a medida que pasa el tiempo, mientras que en el shonen sí que hay una progresión desde los orígenes humildes del héroe, en donde todo y todos lo golpean a gusto, hasta un punto en que son tan superpoderosos que son verdaderos dioses caminando sobre la tierra. Piénsese en Gokú, casi derrotado de manera humillante por Yamcha en los primeros capítulos de Dragon Ball, versus el Gokú capaz de sobrevivir a la explosión de Namek en Dragon Ball Z; esta clase de progresión no la encontramos en ningún superhéroe de Estados Unidos, o por lo menos, no en los más canónicos. Otra consecuencia es que el superhéroe de Estados Unidos tiende a ser más calmado y racional, porque en definitiva se requieren estas características para encontrar la estrategia con la cual derrotar al villano, versus el héroe del shonen que tiende a ser más del tipo idiota cabeza caliente que no atiende a razones, porque es esta característica psicológica la que le proporciona la determinación suficiente para ir a librar peleas en principio perdidas en contra del villano.

Y esto tiene una consecuencia nefasta, de cara a cualquier adaptación: hacer una versión de un shonen japonés para Hollywood implica por definición, desnaturalizar su ética para hacerlo aceptable a los gustos del consumidor de Estados Unidos. Meteoro de los hermanos Wachowski trataba de conservar la ética del shonen y resultó un sonoro fracaso; Dragonball: Evolution lo americanizó y resultó una estupidez. Cambiar la ética del shonen implica liquidar todo lo que hacía especial al shonen en primer lugar. Ya hemos visto esto antes. Cada adaptación de la Guerra de Troya por parte de Hollywood, rematando en la nefasta Troya de 2.003, intenta transformar a los personajes en héroes y villanos, perdiendo de vista que para Homero, todos los personajes tenían sus grandezas y sus flaquezas, y por ende, ninguno era más héroe que otro per se. Pero el cine de Hollywood está marcado por la ética cristiana de los buenos muy buenos y los villanos muy villanos, y tiende a sentirse incómodo con estructuras éticas que no responden a dicho patrón. El shonen responde a conceptos éticos que para el espectador promedio occidental resultan alienígenas, y por tanto, adaptarlo en el cine para Hollywood es de una dificultad extraordinaria. Y quizás ésta sea la mayor barrera para que, en algún minuto, Japón consiga asestarle finalmente un golpe de katana a Hollywood.



miércoles, 11 de marzo de 2015

"Kosmokrator".

Pule la Palabra, busca la esencia,
encuentra el camino, al fin di:
"¡Fiat Lux!".
Todo estalla a tu alrededor en cataratas alucinógenas
Y el reinado del universo principia.
Las mareas del cosmos se dirigen hacia los antros de la vida
Encuentran las ausencias cósmicas, la verdad ya definida
El imperio en el cual se desparrama como la cesta volcada
La luz nacida en las vertientes de la eterna alborada,
La regeneración del designio divino,
El poder de refundir el Sello del Destino,
El universo reestrurado en naciones,
Las profetas al fin viendo veras visiones.
Este es el esqueleto de un sistema arquetípico,
El hálito del nous irradiándose en el mundo físico,
El ciclo en el cual el todo ha de oscilar,
Aquello que en justicia nadie puede negar...
Se abre en los infinitos mundos y los incontables soles
La alfombra que lleva hacia el trono del universo,
Y en él contemplas la imagen de la totalidad,
Lo que siempre soñaste y siempre evocaste...
Puro recuerdo y pura grandeza... Kosmokrator...

NOTAS ADICIONALES (ENERO DE 2.015): Algunas veces me han preguntado qué significa realmente este poema, partiendo por el título. Kosmokrator (κοσμοκράτωρ) significa Señor del Universo en griego. Fue un concepto utilizado a veces en el Cristianismo antiguo para referirse a Dios, y muy en particular al Dios de una herejía llamada el Marcionismo; éstos creían que el Dios del Antiguo Testamento no podía ser el verdadero Dios, debido a ser un dios egoísta y celoso, no el Dios lleno de Amor del Nuevo Testamento. Pero cuando escribí este poema, no tenía en mente ni el Marcionismo ni ninguna otra rama del Cristianismo; para mí tiene asociaciones más poderosas con el misticismo oriental, o si se quiere estirar un poco el elástico, con las doctrinas de Nietzsche. Pero ésa es mi opinión personal; lo que en definitiva signifique, queda entregado a la libre interpretación del lector.

Este posteo fue publicado por primera vez en el blog Tribu de Plutón, el Viernes 3 de Agosto de 2.007.

domingo, 8 de marzo de 2015

La mejor serie de posteos de 2.014: Resultados para la eternidad.


Ya saben los lectores de la Guillermocracia que no solemos recurrir a votaciones ni algo similar. La Guillermocracia es un despotismo ilustrado y no una democracia, después de todo. Pero de todas maneras, a inicios de este 2.015 rompimos la regla y nos embarcamos en una votación de ésas. Para elegir la mejor serie de posteos de 2.014. La lista de candidatos, admitámoslo, resultó algo peregrina. Son las series que publicamos, pero... digámoslo así, nadie diría que no hay variedad en los temas que elegimos para nuestras series de posteos. Vean por ustedes mismos:
  • 24
  • Batman 75 años.
  • 5 trucos para pagar menos impuestos en Chile.
  • El Tiempo Pasa: Versión 2.014.
  • Generación GM.
  • Grunge: Auge y caída.
  • Synth80s.
Porque nos encanta mezclar en una misma lista Música, Historia y Derecho Tributario. Quizás esta nación debió llamarse con un nombre más psicodélico, algo así como Guillermofúmatesteporrito en vez de Guillermocracia. Aunque si algún día entramos a la Organización de las Naciones Unidas, quería algo impresentable. Piensen en lo que sucedería pasando lista: "Georgia... Ghana... Granada... Grecia... Guatemala... Guillermofúmatesteporrito... Guinea... Guinea Bisáu...". Impresentable, ¿verdad? Por eso nos quedamos como Guillermocracia, gracias.

Y en cuanto a los resultados, éstos quedaron de esta manera, ordenados por orden de votación:

Triunfador absoluto: Ex aequo, con siete votos cada uno:
El resto quedó repartido así:
  • 5 votos: Synth80s.
  • 1 voto: Grunge: Auge y caída.
  • 1 voto: 5 trucos para pagar menos impuestos en Chile.
  • 0 votos: 24.
  • 0 votos: El Tiempo Pasa: Versión 2.014.
Este es el momento en donde los lectores están preguntándose en qué puede haber cambiado esto la ruta de la Guillermocracia. O dicho de manera más cruda: ¿Qué me importa todo esto a mí? Y la respuesta es... esto ha tenido un impacto directo en las series de posteos que vendrán. Porque hemos hecho algunos cambios en lo futuro, que ya podemos ir anunciando porque son líneas de trabajo que verán en los siguientes meses, a lo largo de 2.015. De esta manera, música de trompetas y redoble de tambores por favor...
  • La serie Marvel 75 años, prometida en su día, y que estuvo a punto de ser cancelada debido a que nadie votó por Batman 75 años en los primeros días, al final resulta que sigue vigente como proyecto, pero para el segundo semestre de 2.015. O sea, después del quinto aniversario de la Guillermocracia.
  • Que El Tiempo Pasa no obtuviera ningún voto significó el hachazo definitivo para una nueva versión 2.015. Nótese que ya habíamos avisado, pero en algún minuto, en las ominosas reuniones del Ministerio del Interior de la Guillermocracia, estábamos por reevaluar esa decisión. Ahora, eso no ocurrirá. Y es más, también significa la puesta indefinida en hiato del proyecto sobre la década de 1.990. Dicho proyecto fue anunciado a finales de 2.014, pero como estaba siendo escrito en un estilo similar a El Tiempo Pasa, pues, bueno... El proyecto no está cancelado, sólo hay que reformularlo, y es probable que eso lleve una cantidad de tiempo.
  • No más posteos de Derecho Tributario. Prometido. Poochie volvió a su planeta, y murió por el camino. Oleado y sacramentado.
  • Aunque no habrán más seriales de Música por el minuto, los votos de Synth80s han asegurado que intentemos tener más o menos un posteo mensual sobre cantantes, bandas, grupos, etcétera. Aunque eso está supeditado al calendario general, claro está. Que para 2.015, a estas alturas, ya está bastante apretado.
  • Y el anuncio más importante de todos, para el final. El exitazo de Generación GM ha significado darle fast track al proyecto de escribir una precuela que abarque el cambio de siglo. Es decir, esa beatífica época en donde el siglo XX era bello y nuevo, la mismísima época que se vino abajo con la Primera Guerra Mundial. En la misma veremos desfilar reyes autoindulgentes, chiflados impresionistas, adustos científicos, chalados del automóvil, chalados todavía más chalados por la aviación, etcétera. Dicha serie no tiene título todavía, pero ya estamos trabajando en ella a toda prisa. Cambiará la manera de alinear el material, eso sí, algo que se hará notorio cuando lo lean y (esperamos, ¡glup!), lo disfruten.
De manera que ésas son las novedades en la Guillermocracia, para los diez meses que restan de 2.015. Tened paz y salud, y seguimos reuniéndonos aquí, porque Wir sind ein Volk unter einem Wilhelm


miércoles, 4 de marzo de 2015

Sobre "Audioficciones" de Lluvia Acida.


Audioficciones es un disco salido de la pródiga creatividad de Lluvia Acida, el dúo electrónico de Punta Arenas sobre el cual hemos hablado en otras ocasiones, en particular a propósito de su antología Elemental: 1996-2006. Audioficciones es posterior, y es el último a la fecha, aunque viene otro más en camino, según posteamos oportunamente en Tribu de Plutón. [NOTA: Este posteo data de 2.007]. Este disco es un tanto complejo, pero de buena calidad, así es que por tanto merece sobradamente una reseña.

Partamos diciendo que Audioficciones es un disco conceptual. A diferencia de los discos que son una suma de canciones y nada más (aunque hasta para hilar las canciones se requiere cierto método), los discos conceptuales siempre hacen referencia a algo más allá de ellos mismos, tanto en su orden como en el planteamiento de los temas, y por eso es más complicado acceder a ellos. En Audioficciones se trata de la Ciencia Ficción chilena. El duo conformado por Rafael Cheuquelaf y Héctor Aguilar ha sentido desde antiguo la fascinación por la Ciencia Ficción, algo bien explicable si se considera que en sus inicios fueron una banda EBM más o menos estándar, antes de evolucionar hacia diversas experimentaciones sónicas. El tema Sol verde, sin ir más lejos, era un homenaje a Cuando el destino nos alcance, la película futurista de la década de 1.970 levemente basada en la novela ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! de Harry Harrison, en la cual se describía una sociedad crujiendo por todas las junturas, debido a la superpoblación que amenaza con romper el saco. Pero ésta es la primera vez que se atreven a convertir esta afición en el tema completo de un disco conceptual.

Ya de entrada, la estructura del disco es rara. Porque cada tema se basa en un cuento o texto de Ciencia Ficción chileno. Ya es extraño tener un disco entero sobre Ciencia Ficción, y además el que fuera sobre Ciencia Ficción de un país tan reacio a lo fantástico como Chile, es aún más raro. De este modo, cada tema reproduce el título del trabajo de algún autor del género (Sergio Alejandro Amira, Néstor Flores, Gabriel Mérida, Luis Saavedra, Jorge Baradit, Sergio Meier, Oscar Barrientos). De manera que se debe tener a lo menos una familiaridad somera con los textos, para apreciar un poco más en forma el trabajo, debido a la conexión extramusical del mismo. Algo subsanado, de todos modos, por el hecho de que el CD viene también con los cuentos, en formato PDF, para poder ser leídos en el computador.

Si piensan que entonces el disco es una especie de banda sonora sobre la Ciencia Ficción chilena, entonces van por el camino correcto. Porque, en una opción aún más arriesgada, Lluvia Acida decidió que cada tema sería completamente instrumental. Esta opción no es asombrosa en Lluvia Acida, que ha diseñado temas instrumentales antes, algunos de una calidad más que notable, pero sí que lo es tratándose de un disco que no tiene letras ni vocalista por ninguna parte. En forma adicional, una de las influencias confesas de Lluvia Acida (como lo expuso el propio Rafael Cheuquelaf en el lanzamiento de La segunda Enciclopedia de Tlön) fueron las bandas sonoras de las películas de Ciencia Ficción. Pero no los soundtracks orquestales que se hicieron comunes en el género a partir de la por otra parte brillante -y manoseada- partitura de John Williams para La guerra de las galaxias, sino de la música anterior, la que se hacía con primitivos sintetizadores, y que podía verse en películas como El día en que la Tierra se detuvo (conocida en España como Ultimátum a la Tierra) y especialmente Planeta prohibido, considerada no sólo una banda sonora experimental para la época, sino que hasta el día de hoy sigue siendo una rareza en el campo de los soundtrack; estilo musical que no desapareció sino hasta la década de 1.980, con trabajos como los de John Carpenter, quien como hombre orquesta de sus propias películas, no sólo las dirigió sino que también compuso la banda sonora (La cosa, por ejemplo), o dejando a Carpenter de lado, la banda sonora de la película Terminator de James Cameron. En Audioficciones, Lluvia Acida rinde homenaje a todo ese legado electrónico más o menos inexplorado. El disco entero suena a ratos como música ambiental sumamente moderna, y a ratos incorpora los clásicos ruidos y pitos propios de las películas con platillos voladores de la década de 1.950, una mezcla extraña y difícil de digerir en una primera sentada, pero que con cada escucha se torna cada vez más entendible. Eso es tomar riesgos y hacer un trabajo de calidad.

No se crea por esto que Lluvia Acida se limita a ser una mera antena retransmisora de música antigua. Porque también hay pinceladas sutiles que reflejan otras influencias que Lluvia Acida ha ido acumulando con el tiempo. Hay por aquí y por allá algunos coros femeninos, proporcionados por Verónica Gallardo, colaboradora habitual de Lluvia Acida, que le dan una textura ciertamente gótica o dark, deudora del primer Lluvia Acida. Se incorporan también ciertos sones y matices de raíz indígena, un rescate de lo folklórico nativo chileno que es también propio del Lluvia Acida de los últimos años. Ciertamente debió ser trabajo hercúleo conseguir que todas estas influencias cristalizaran en un disco tranquilo en donde el concepto predominara por sobre la música, sin que la llegara a opacar, y sin que nada chirríe por el camino. En ese sentido es aún más loable el resultado. Puede decirse que Audioficciones es un trabajo redondo, en donde nada sobra y nada falta, en donde cada segundo cuenta, y que vale tanto por el concepto general como por cada uno de los temas musicales. ¿De cuántos trabajos musicales pueden ustedes decir lo mismo?

ALGUNAS NOTAS ADICIONALES (ENERO DE 2.015): Con el paso de los años, se ha reafirmado mi opinión de que Audioficciones es uno de los puntos álgidos de la discografía de Lluvia Acida. Es posible que el disco sobreviva incluso más allá del mismísimo material que le sirvió de base. Si les gusta la música electrónica, dénle una oportunidad.

Este posteo fue publicado por primera vez en el blog Tribu de Plutón, bajo el simple título de Audioficciones, el Lunes 22 de Octubre de 2.007.



domingo, 1 de marzo de 2015

6 cosas que los actuales escolares no sufren en sus investigaciones.


Por lo general, el período que abarca una generación, o lo que llamaríamos un recambio generacional, se mide en 30 años, tiempo suficiente para que una persona nazca, crezca, madure, se case, y tenga hijos a su vez. A veces sucede que el plazo se alarga a 40 años, como le pasó a Moisés, pero ésa era la edad de los patriarcas, en donde un Matusalén podía vivir 969 años y todos tan contentos aunque no había Libro de Record Guinness en la época. Aunque considerando lo precoces que están los chicos hoy en día, podríamos hablar de generaciones de 15 años, porque si la hija sale suelta, una madre también suelta a los 30 ya puede ser abuela. Pero en fin... treinta años. ¿Cómo era el mundo de la investigación escolar hace treinta años? En ese tiempo, los profesores enviaban trabajo para las casas, y los sufridos escolares debían llegar al colegio cargando con una copia física del mismo. En los treinta años intermedios llegó Internet, y con ello, la manera de hacer estas investigaciones cambió de manera radical. No sé si para mejor. Porque las nuevas generaciones están cada vez más acostumbradas a que la electrónica lo haga todo, en vez de usar la vieja regla de cálculos, la querida tabla de logaritmos, el ábaco, la pluma de ganso...

Por eso, a continuación, un repaso sobre esas seis torturas que eran el pan cotidiano de cada día de un estudiante de hace treinta años atrás, pero que el actual no debe afrontar a la hora de hacer un trabajo de investigación.

Y valga una nota, porque es de bien nacidos ser agradecidos. Este posteo vino en buena medida einspirado por sendos posteos de El Cuchitril de Cidroq, uno sobre las máquinas de escribir y otro sobre los mecanorma. Ojalá que esa serie sobre los objetos del pasado que ya no son, siga adelante y no se quede estancada como cierta otra serie que iba a repasar las últimas décadas de año en año, y desde 1.986 que no pasa nada... Desde la publicación referida a 1.986, no desde el año 1.986 propiamente tal, por supuesto, valga la aclaración, porque después no falta la gente despistada que cree lo contrario. Y ahora, sin darnos más vueltas...

1.- El viaje a la biblioteca.

Si el profesor se le ocurría mandar una investigación sobre los animales poiquilotermos, o sobre los manieristas, o sobre el debate entre culteranos y conceptistas, las cosas podían ponerse bastante ácidas para el estudiante. ¿De dónde iba a sacar información sobre el particular? En la actualidad es fácil: basta con meterse a Internet y guglear. O copiar y pegar desde la Wikipedia en español, aunque la propia mecánica de la Wikipedia tiende a expulsar a los buenos escritores y preservar a los mediocres. Pero hablamos de la década de 1.980, y allí no había Internet; en esa época los computadores servían apenas para matar figuritas abstractas en 8 bits que, se suponía, representaban enemigos comunistas comeniños de Occidente. Por no existir, no se había inventado ni siquiera la mítica Enciclopedia Encarta. Algo podía hacerse, si se tenía la suerte de estar al alero de un pater familias preocupado por la cultura, o que al menos hubiera coleccionado los 487 tomos de la Enciclopedia Larousse por fascículos que se publicaba en tal o cual diario en eras anteriores a las fotos de chicas con siliconas. Pero, ¿y si no? En ese caso, no quedaba más remedio que ir a la biblioteca. La primera era la biblioteca del colegio, por supuesto. La cual solía ser insuficiente porque el colegio compraba libros un poco al buen tuntún, más por instinto que por verdadero criterio pedagógico. De manera que la segunda escala solía ser la biblioteca municipal. Que también solía ser insuficiente porque la biblioteca municipal compraba libros un poco al buen tuntún, más por instinto que por verdadero criterio pedagógico; o eso, o había contubernio con tales o cuales editoriales. De manera que, raspando de dos o tres libros medio cayéndose a pedazos, había que armar algo. Así es como uno terminaba extrayendo información sobre el planeta Venus de un manual de la década de 1.950 con imágenes en huecograbado, en donde se explicaba que tal mundo era un pantano carbonífero repleto de dinosaurios, en la feliz ignorancia de que tales informaciones ya estaban por completo desactualizadas. La buena fortuna es que el profesor no solía estar mucho más actualizado. Considerando lo poco que vale actualizarse para un profesor, es una fortuna que ellos tengan un retraso de apenas diez años respecto de la punta del conocimiento en su área específica.

2.- El tipear el trabajo a máquina.

El tipeo no ha desaparecido, porque las eternas promesas de que llegarán computadores que escribirán al dictado frente al micrófono, no han terminado de cuajar del todo, a inicios de 2.015 por lo menos. Este posteo, por lo menos, se está escribiendo en un QWERTY de toda la vida. Pero hay una diferencia entre escribir un trabajo en computador, y hacerlo a máquina, cual era la expresión utilizada respecto a las viejas máquinas de escribir o máquinas mecanográficas. Repasemos las varias ventajas que tiene hacer un trabajo en la actualidad, versus la sufrida máquina de escribir. Primero, la autocorrección, en que si uno mete la pata tipeando, el propio computador se corrige. Segundo, el subrayado en rojo de las palabras que el computador no reconoce (incluyendo, dentro de este posteo, los términos autocorrección, tipeando y posteo). Tercero, el redactar un párrafo entero de nuevo simplemente tipeando más. ¿Y cómo eran las cosas en la era de las máquinas de escribir? Autocorrección un sorbete: o uno sabía cómo se escribía una palabra, o tenía un buen diccionario al lado, o de lo contrario, a rogar que el profesor tuviera mala ortografía (lo que en esa época, a diferencia de ahora, era un casi imposible). Y si uno erraba la redacción, no había más remedio que escribir la página entera de nuevo. En la época era frecuente escribir el trabajo dos veces, primero a lápiz sobre un cuaderno o sobre hojas sueltas, y hacer ahí todos los borrones y enmendaduras que fuere menester, y luego traspasarlo a máquina. Por supuesto, si uno metía la pata con una tecla, siempre quedaba el líquido corrector, la celebérrima botellita de Typp-Ex, que hoy en día parece haber desaparecido de escena. Pero tampoco se podía abusar demasiado del Typp-Ex: entregar un trabajo lleno de manchones blancos no era la mejor manera de causar buena impresión.

3.- El tener que copiar párrafos letra por letra.

En todo trabajo académico llega el momento en que se debe citar. El texto original lo explica tan claro y bien, que no vale la pena redactarlo por uno mismo. Hoy en día eso es fácil: se copia y pega desde la fuente, y asunto arreglado. Pero hablamos de la era de las máquinas de escribir. En la época, la única alternativa válida era tipear letra por letra. Si el texto a copiar era un párrafo entero, había que leer palabra por palabra, tipear palabra por palabra, vigilar que no hubiera un solo error... una pesadilla. Uno podía casi sentir la presión física y psicológica de los copistas medievales cuando escribían la Biblia completa en sus escritorios, armados únicamente con sus plumas de ganso... y en latín. Por supuesto, esto obligaba a ser mucho más selectivo con lo que se copiaba, porque copiar era un esfuerzo. Es decir, nada de fusilarse la página entera pertinente de la Wikipedia, copiarla y pegarla, y entregarla sin más. Por supuesto, había una ventaja correlativa: si uno sacaba una información de un libro que el profesor no conocía, no había manera de que éste se enterara de algún eventual plagio. Incluso gente profesional podía mandarse las partes: fue muchos años después que me enteré de que el connotado historiador sueco Carl Grimberg, cuya historia universal me leí entera dos veces cuando todavía no salía del colegio, una buena parte del Imperio Romano se la redactó fusilándose a Suetonio a veces casi palabra por palabra. De todas maneras, hablamos de una época en que por cada materia había cuatro libros y nada más que cuatro libros, así es que existía una buena probabilidad de que el profesor se los conociera todos, de todas maneras. Hoy en día, en cambio, el copiar y pegar vale en ambas direcciones. Para el alumno, por descontado. Pero también para el profesor que a su vez copia y pega, luego busca la expresión en Google, y el plagio sale nítido y diáfano. Los tiempos antiguos podían ser terribles para la actividad intelectual, pero también tenían sus ventajas.

4.- El recortar las figuritas de los libros.

Los profesores parecían saber mejor que uno. Después uno crece y descubre que no es necesariamente así. Pero más sabe el zorro por viejo que por zorro, y tenían una noción y conciencia clara acerca del origen de las figuritas que los estudiantes pegaban en sus trabajos. En la época no existía el formato JPG ni el PNG. Ni siquiera el tosco y primitivo GIF. En la época, los computadores eran únicamente de texto; la tecnología estaba tan en pañales, que un juego de 8-bits en donde se reconociera la figura que uno tenía delante, ya era un prodigio. En esas condiciones, las imágenes debían salir por fuerza de... los libros. Esos que siempre han sido caros de recortar. Las casas de la época tenían siempre a lo menos una o dos enciclopedias, a veces de bonito papel cuché, con evidencia de haber pasado las tijeras por ahí. Para ira y desesperación de los padres. Pero ya en la época existía la economía del emprendimiento, y a la ristra salieron las láminas recortables, y las salvadoras láminas de Mundicrom. Estas venían en sobres de plástico y traían, o bien una lámina recortable, o bien varias estampas sueltas. A estas sacrificadas estampas se debe la salvación de numerosas enciclopedias de la época. Que hoy en día están desactualizadas, de todas maneras.

5.- El insertar los mecanorma.

Si el trabajo en cuestión debía tener algún aspecto gráfico, había que apañárselas en solitario para dibujar una buena letra. Se hiciera como se hiciera, el alumno afrontaba siempre la frustración de que nunca, jamás, iban a quedar igual que un cartel publicitario. A veces, se tenía algún compañero que se demoraba horas en escribir algo con grandes letras góticas, pero pedirle que hiciera lo propio por uno era imposible. En particular, no si él había desarrollado la afición por la caligrafía luego de haber hecho un curso de especialización en dibujar el logotipo de Metallica anterior al Black Album, y uno todavía escuchaba... las cosas que escuchaba en ese tiempo. Frente a eso, la única salvación posible eran los mecanorma, unas tiras de plástico con letras pegadas; uno aplicaba la tira sobre el papel, raspaba con un lápiz, y la letra pegada se transfería mágicamente. Los mecanorma, habitantes habituales de las librerías de la época, fueron desapareciendo con rapidez a medida que por los computadores fueron pasando el WordStar primero, el WordPerfect después, y el Microsoft Word de Windows al último. Cuando Internet hizo posible descargarse cientos y cientos de archivos TTF (True Type Font) y disponer por lo tanto de un rosario hasta la fecha desconocido de letras con las cuales trabajar en el computador, aquello fue el clavo final. Descansen en paz, benditas mecanormas.

6.- El tener que entregar una copia física al profesor.

¿Y qué se hace cuando el trabajo está por fin listo? En la actualidad es sencillo, basta con convertirlo en un archivo PDF, o incluso guardarlo como un DOC de toda la vida, y se envía por correo electrónico. El cual sigue teniendo alguna utilidad, a pesar de estar bastante de capa caída frente a los Guasáp o la mensajería de Facebook. Pero en la época no había correo electrónico. Es más, no había Internet. Cada computador era una isla solitaria y aislada, sin conexión en red, una Isla de Pascua informática en medio de una Polinesia de computadores. De manera que se debía tipear el trabajo a máquina, lo ya dicho. Luego, la opción fácil era agarrar la perforadora, meter un par de agujeros a cada hoja, que uno ya había dejado con un generoso margen para la contingencia, e introducirlo dentro de una carpeta con archivadores. Y si realmente había presupuesto, y ganas de dejar mal parado al resto de los compañeros y sus humildes carpetas, podía mandarse anillar. Aunque ésta era opción para millonarios, porque, ¿para qué gastarse un dineral en anillado, cuando por ese mismo dinero uno se podía comprar una decena o veintena de fichas para meterlas en las máquinas arcade y jugar al Bubble Bobble? El día de la entrega venía el espectáculo en la mesa del profesor, de una veintena o treintena de carpetas apilándose, todas ellas forradas en un plástico tan resbaloso que el montón amenazaba con venirse abajo con cualquier movimiento brusco. El aspecto positivo es que se hacía visible el trabajo que iba a tener el pobre profesor en leer todo ese montón de marranadas escritas a última hora con visibles atentados incendiarios a la gramática y ortografía interesantes y esforzados trabajos de investigación hechos con todo esmero y dedicación. Mientras que hoy en día, al viajar los archivos por Internet, todo ese trabajo se hace invisible, y es más fácil olvidar todo lo que los profesores se sacrifican por los alumnos.

Eran otros tiempos, en definitiva.

Y eso que hace 30 años, ya se había desterrado la bendita palmeta.

Luego se preguntan por qué las nuevas generaciones están saliendo como están saliendo.



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