miércoles, 4 de febrero de 2015

Sexta temporada de "24": La hora del piloto automático.


Hace rato que quería hablar de 24, serie que para mi es el paradigma de lo que es el siglo XXI post 9-11, eso para bien o para mal. 24 ha tenido la enorme gracia de poner mantenerse no sólo durante seis temporadas, sino que además, lo ha hecho en plena forma. Ha pasado una década desde que a la agente Dana Scully le detectaron cáncer, en la tercera o cuarta temporada de Los Expedientes X, y aún se me revuelve el estómago de recordar el giro imbécilmente melodramático, a pesar de lo cual se permitieron el lujo de llegar a la novena, a la rastra, rengueando, y con mucha gente ya a esas alturas fuera del barco (me incluyo). Y eso por no hablar de Lost, que después del segundo o tercer episodio de la segunda temporada, es un muerto ambulante catódico. No puede decirse lo mismo de 24, que hasta la quinta temporada, por lo menos, se mantuvo con bastante adrenalina.

"Mantuvo", digo, porque a pocos capítulos de terminarse la sexta temporada, en la cadena FOX, la verdad es que la serie nunca hizo tanta agua por tantas partes, hasta el punto que si bien mantiene una buena base de fanáticos, mucha gente apuesta porque ya ha saltado el tiburón.

Repasemos. 24 debutó en el cable a comienzos del 2.002, con el tema de la guerra contra el terror por entonces fresco, y debutó con un formato adrenalínico (el clásico "una hora en tiempo real"), plagado de cliffhangers, y con la cualidad especial de que los chicos buenos caían como moscas, igual que los malos, y por lo tanto, si algún personaje se metía en un lío, no era tan cierto eso de que iba a salir caminando sobre sus pies, causa principal del relajo en otras series supuestamente dramáticas. Debido a eso, uno le perdonaba cosas tales como que durante tres o cuatro horas la esposa del protagonista Jack Bauer padeciera un ataque de amnesia, o las imbecilidades que perpetraba la no demasiado inteligente Kim Bauer (bueno, a ella también se le perdonaba, porque venía en el envoltorio de Elisha Cuthbert). Cuando uno escuchaba la introducción de Jack Bauer diciendo: "mi nombre es Jack Bauer, y hoy día será el día más largo de mi vida", uno podía preguntarse si el programa iba a aguantar una segunda temporada, porque es difícil que un agente contraterrorista, por muy Jack Bauer que sea, pueda tener dos "días más largos" en su vida. La primera temporada había partido de medianoche a la medianoche siguiente, pero para la segunda se permitieron un poco más de flexibilidad, ya que si bien partió a la medianoche, era medianoche en Corea, y después de una breve escena allá, saltó a Los Angeles, en donde eran las ocho de la mañana, simultáneamente. Ya en la tercera temporada, al partir a la una de la tarde, se sacaron el lastre de ir "de medianoche a medianoche". Además, aunque con un ritmo inferior a la primera, porque la amenaza principal de detonar una bomba nuclear en Los Angeles desaparecía a mitad de temporada, y el resto era pura intriga política, la segunda temporada consiguió mantener el estándar. En la tercera, la amenaza era un arma bacteriológica, y por lo tanto, se permitió mucho más juego, ya que a diferencia de la bomba nuclear, en este caso sí se permitieron liberar el agente patógeno dentro de un hotel, aportando mucho más suspenso. La cuarta temporada, estructurada como una seguidilla de ataques terroristas, era un tanto rocambolesca, porque si a Osama Bin Laden le tomó tantos años planear lo de los aviones contra las Torres Gemelas, entonces el villano tenía que ser un genio terrorista para planear todo lo que había planeado ahí. Y la quinta temporada llegó mucho más lejos que nunca, ya que ahora el propio Gobierno de los Estados Unidos era parte de la conspiración, algo que no es tan impensable si se considera cómo Richard Nixon intrigó de lo lindo desde la Casa Blanca, o cómo más recientemente George W. Bush sirvió de testaferro a las petroleras para apoderarse por la fuerza de Irak.

De esa manera llegamos a la sexta temporada. Y aquí es donde todo empieza a hundirse. Vale que no esperábamos que fuera a ser la mejor temporada de todas, en particular porque el suspenso de la quinta era duro, porque se habían cargado a casi todos los personajes principales, y porque el final en cliffhanger de la quinta (Jack Bauer siendo secuestrado por los chinos y llevado ilegalmente a China) dejaba muy difícil de preparar las cosas, además de que ha sido cábala que las temporadas buenas son las impares, y la que venía era una temporada par. Pero no esperábamos que fuera... Pues bien... Esto.

Todo parte cuando los chinos traen de vuelta a Jack Bauer, a través de negociaciones no especificadas, porque Jack debe prestar un último servicio a su patria: será entregado a un terrorista árabe a cambio de información para acabar con un líder terrorista que ha estado perpetrando varios atentados terroristas contra Estados Unidos en las últimas semanas. Era una partida poderosa, porque es la primera vez que vemos a Estados Unidos tan hundido en la serie: hay terror ciudadano, y los halcones de la Casa Blanca están montando campos de concentración para que todo árabe o sospechoso de serlo sea desactivado. También pedirle al protagonista el sacrificio supremo da mucho jugo de sí, y eso lo explotaron bien (Jack Bauer está más grande que nunca, cuando acepta ser sacrificado porque, según explica, conoce la diferencia entre morir por algo y morir por nada). El problema es que después de seis temporadas, sabemos que debía venir una vuelta de tuerca, y ésta fue predecible: el verdadero malo no es el tipo al que estaban tratando de cazar, sino el tipo al que entregaron Jack Bauer. Y Jack se entera de una manera caricaturesca, casi como Flash Gordon diciéndole a Ming el Despiadado: "pero antes de morir, quisiera saber...", y el villano en respuesta, en vez de matarlo pura y limpiamente, le cuenta todo su plan. Naturalmente que Jack se libera, en una de las escenas más sanguinarias de la serie, y parte a rescatar al otro árabe, el que todos creen es el malo y es realmente el bueno.

Hasta ahí, todo va aceptablemente, a pesar de algunas subtramas idiotas, como por ejemplo la familia americana acorralada por un chico terrorista al que creían un buen chico (nótese que la madre de familia venía interpretada por la gran Megan Gallagher, bien conocida por el fandom por haber sido la esposa de Frank Black en la mítica serie Millennium, y que aquí era desperdiciada en un rol de adorno casi sin diálogos). O la subtrama de la hermana del Presidente de Estados Unidos como una abogada activista pro-derechos civiles, cuyo novio es un árabe que va a dar, cómo no, a un campo de concentración. O las escenas con el Presidente Wayne Palmer, con un halcón y una paloma asesorándolos, secuencias que por momento parecían una parodia involuntaria de aquellos cortos de Tom y Jerry en los cuales un Tom bueno y un Tom malo se ponían cada uno en un hombro de Tom y le sugerían consejos benignos o malvados según correspondiera. Y a propósito, ¿cómo ese idiota llegó a ser Presidente? En la tercera temporada sus chulerías estuvieron cerca de costarle la presidencia a su hermano David Palmer, y en la quinta fue apenas una ayudita menor para Jack Bauer. Bien, por otra parte, es creíble que los estadounidenses hayan elegido al hermano tonto de un gran Presidente, si en 2.000 eligieron (y en 2.004 reeligieron) al hijo tonto de un Presidente mediocre. Todo eso se lo perdonamos, porque cuando Jack Bauer volvía a escena, todo estaba bien: había acción y disparos, y su cuota de tortura.

El problema vino después de la cuarta hora. La acción había ido creciendo poco a poco, hasta que los productores, presionados por un tema de "¿y ahora cómo lo hacemos más grande?", detonaron una bomba atómica y liquidaron de golpe y plumazo a 12.000 personas en el norte de Los Angeles (y supuestamente a varios miles más, a pesar de que dijeron que la nube radiactiva se fue en otra dirección por el viento). Lo que prueba que estos chicos no siempre aprenden: ¿no se acordaban que después de detonar una bomba nuclear en la segunda temporada, la temporada se fue en picado? Al menos, aquella vez fue a mitad de temporada, pero aquí lo hicieron rápido. ¿Cómo le podían meter más suspenso a la historia?

Buscaron la salida fácil. Tan fácil, que se dispararon en un pie con todo lo que duramente habían tratado de construir. El villano principal de la quinta temporada había quedado suelto, y tan suelto, que de él no se conocía ni siquiera el nombre. Además, tenía presencia: era un tipejo medio calvo, odioso sólo de presencia, que no hacía nada, sino que todo lo dirigía a través de su teléfono celular. Una bonita imagen para detestar, y un villano de altura. En la sexta temporada reaparece, pero en familia, y sólo para ser acorralado por su hermano Jack. Porque ésa era la gran revelación: el peor de los villanos que había visto la serie 24, era hermano de Jack. Además, no impone presencia ni nada. Dicho en sencillo: se cepillaron al mejor de sus villanos, de una manera estúpida, y lo que es peor, gratuita, porque nada se ganó con eso. Después, resultó que el villano trabajaba para su padre (o sea, para el padre de Jack). Para meterle un poco de drama, resulta que Jack no había visto a su padre desde el funeral de su esposa (la que, recordemos, falleció en la primera temporada, asesinada por una chica que a su vez fue asesinada por Jack en la tercera). O sea, la acción pura y dura quedó reemplazada, de un plumazo, por una soap opera cuyo nivel de truculencia e inverosimiltud haría enrojecer de vergüenza en su tumba a Aaron Spelling. Ya saben qué temporada de 24 van a adaptar en México, si es que deciden hacerlo (¿y por qué no? Después de todo, si hicieron la versión mexicanota de Los ángeles de Charlie)...

Las tramas paralelas, por su lado, no ganan nada. Los giros sorpresa de la trama, que eran una marca de fábrica de la serie, ya no existen, no porque no lo intenten, sino porque ya no son sorpresas. Por enésima vez, la CTU es infiltrada. Por enésima vez, altos funcionarios del Gobierno están involucrados en una conspiración para derrocar al Presidente de los Estados Unidos, culpable del crimen de gobernar como se corresponde y no como los conspiradores quieren. Por enésima vez, Chloe salva el día haciendo magia con la computadora y demostrando la ignorancia de los demás. Por enésima vez, para Jack Bauer es personal (antes fue su esposa, su hija, su amante, su novia, y ahora son su hermano y su padre). Por enésima vez Jack Bauer dice "¡negro!", sus jefes dicen "¡blanco!", meten la pata en grande, y después de meterla y darse cuenta de que es negro, hacen lo que Jack les dice que hagan. Como alguien observó en un foro, la serie se llama 24, y no "Jack Bauer", "CTU" o "Presidente Palmer", así es que podrían sobradamente prescindir de esos elementos, aunque fuera por unos pocos capítulos, para inyectarle aire fresco a la saga.

No quiero que se piense de estas críticas, que la serie está acabada. Se diga lo que se diga, la sexta temporada de 24 sigue manteniendo un buen ritmo, y la trama principal de la conspiración tiene interés. Con eso, está a años luz de productos hiperinflados como Lost, o de tanques que devinieron en autitos de juguete como Prison Break. Además, los productores tuvieron las agallas de reconocer públicamente que la sexta temporada fue débil, y no se escudaron detrás de excusas como el día de la semana, la publicidad o la carta astral para justificar lo injustificable, y por ende, bien podrían para la séptima temporada levantar de nuevo el programa. Pueden hacerlo, y lo han hecho antes. Después de terminada la segunda temporada, uno esperaba la tercera con el miedo a lo que podría venir, y les quedó estupenda. La cuarta temporada flaqueó visiblemente en varios puntos (con el dispositivo terrorista para fundir simultáneamente un centenar de reactores nucleares en todos los Estados Unidos, los malos podían irse de parranda con el Doctor Doom y apostar quién pagaba los tragos), pero después entregaron una soberbia quinta temporada. Aunque claro, puede que ahora hayan ido demasiado lejos, y la serie definitivamente se hunda. Aún así, dejaría como legado cinco sólidas temporadas, de lejos lo mejor que ha producido la televisión desde Buffy la Cazavampiros (hubiera contado Millennium, pero la cancelaron en la tercera temporada).

La buena noticia es que tengo todo el tiempo del mundo para mirar cómo termina la sexta temporada de 24. Después de todo, lo obtuve renunciando a seguir con Lost, después del episodio en el cual papá corazón arroja a Locke ventana abajo (hablando de soap opera)...


ALGUNAS NOTAS ADICIONALES [ENERO DE 2.015]: Este posteo fue publicado como comentario después de haber terminado la sexta temporada de 24, y antes de la película 24: Redención, las temporadas 7 y 8, y la miniserie 24: Vive un nuevo día. De hecho, dudé en republicarlo porque ya le habíamos dedicado en la Guillermocracia una serie de posteos a 24, y me parecía redundante. Pero sirve de maravillas para rellenar espacio, y además el material quizás sea de interés para los fanáticos completistas de 24, que siempre los hay, o incluso de la Guillermocracia, que también es posible que los haya. Por cierto, dicho sea de paso, con el paso del tiempo la sexta temporada quedó como el gran marrón de la serie, mientras que lo que vino después, aunque irregular y no al nivel de las primeras temporadas, mejoró mucho lo presente.

Este posteo fue publicado por primera vez en el blog Tribu de Plutón, el Lunes 20 de Agosto de 2.007.

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