miércoles, 11 de febrero de 2015

Las cinco etapas del duelo sentimental: La verdadera tragedia es enamorarse.


A estas alturas del partido, es conocimiento común que todas las catástrofes y pérdidas de la vida nos hacen enfrentarnos a las llamadas cinco etapas del duelo sentimental. Incluso hasta las catástrofes y pérdidas de la vida que no nos hacen enfrentarnos a esas cinco etapas. Porque en Los Simpsons le han dado a las famosas cinco etapas no una sino dos veces; en una ocasión, en un capítulo en donde Lisa Simpson le explicaba a Bart acerca de las etapas, aplicándolo a un quiebre de su pareja, y en otro capítulo, en donde le anunciaban a Homero Simpson que se iba a morir. Y si sale en Los Simpsons, debe ser verdad, o al menos, debe serlo si sale en Los Simpsons cuando eran buenos. Lo cierto es que esas etapas han sido codificadas en la siguiente secuencia: primero negación, segundo ira, tercero negociación, cuarto depresión, y quinto aceptación. Sea cierto o no, el caso es que las famosas cinco etapas han encontrado aplicación en varias tragedias, incluyendo las rupturas sentimentales. Porque incluso cuando las cosas están tan complicadas como para terminar o matarse, hay algo que se pierde. Se echa de menos su calor. O bien, sus grandes pechos. O por otra parte se extraña... se extraña... lo que sea que yo extrañe de la primera chica con la que fuimos pareja, que quizás algo aparezca si me pongo a rastrillar en mi memoria. O incluso, cuando no hay nada que extrañar de la chica porque ella era un completo desastre más allá de toda posible redención, a lo mejor ella tenía una gata tricolor a la que da pena el no volver a ver jamás. Y al revés, seguro que vale lo mismo cuando se termina con un chico, supongo.

Pero esto es la Guillermocracia, y esto es un especial de No al Día de los Enamorados, que ya cuenta con dos entregas previas aquí (10 historias románticas que terminan muy mal, y 12 horripilantes mitos románticos y sexuales griegos), de manera que propondremos una teoría todavía más ultrista que la anterior. Porque la hipótesis que propondremos, es que la verdadera tragedia en una relación amorosa no es que ésta se termine por fallecimiento o separación, sino que ésta haya empezado en primer lugar. Un poco en la línea de que la única manera de ganar una batalla amorosa es no librándola en primer lugar.

Piénsenlo. De pronto conocen a esa persona especial, y pierden la cabeza. Se embotan como si les llegara una droga al cerebro. De hecho, en términos neuroquímicos, el romance funciona exactamente igual que una inyección de la buena. O dicho de otra manera, el romance es una droga legal. En los cines, las películas románticas deberían calificar R, porque las personas enamoradas, lo que están haciendo es drogarse; por qué si en la película el personaje se inyecta heroína a la vena, es una cinta para adultos, pero si se enamora puede ser incluso para todo espectador, es un misterio para las eras geológicas por venir.

¿Y por qué el amor es una droga? Simplemente porque estamos programados de manera evolutiva para enamorarnos. El enamoramiento crea un lazo a través del cual una pareja va a querer tener eso, y cuando lo tengan, embarazo viene. Los seres vivos hemos llegado a nacer a través de la selección natural. Si estás vivo, es porque quienes te parieron y dieron el ser, a su vez tuvieron a alguien que los pariera y les diera el ser... y así, hacia atrás, hasta el légamo primordial desde el cual se arrastró el primer procariota. Y los seres de los cuales desciendes, son aquellos que tuvieron más éxito al reproducirse. ¿Y qué garantiza más el éxito reproductivo que amarrarse en una relación de pareja porque se está enamorado...?

Si la reflexión anterior les parece demasiado cínica, les recordaré cuándo y en dónde están. El dónde es la Guillermocracia, el lugar en donde hemos posteado artículos insignes del género destrozando mentalidades idealistas como Personas imposibles, Sea mala persona: Piense positivo, o Los dos cinismos. Y cuándo es... faltando tres días para el Día de los Enamorados. Y la tradición del posteo antirromántico de ocasión no es para arrojarla por la borda de buenas a primeras. De manera que... aquí vamos. Por vez tercera, porque no hay segunda sin tercia. Y siguiendo la tradición de los posteos antirrománticos para el Día de los Enamorados, dedicados por supuesto a toda la gente que no está enamorada, o que está enamorada y lo está pasando mal... éstas son las cinco etapas del duelo sentimental después de la tragedia de haberse enamorado.

1.- Negación.
  • "¡Es la mejor pareja que he tenido jamás!".
Las personas que sabemos un poco sobre cómo funciona la evolución de las especies, tenemos conciencia de que el enamoramiento es esa jugarreta que en que nos mete el cerebro para que nos reproduzcamos. Las personas que lo ven con claridad, son aquellas que no están enamoradas. ¿Ustedes se han fijado alguna vez en lo ridículos que se ven los enamorados, diciéndose cosas cursis, haciendo cosas cursis, vistiendo ropa cursi, viendo películas cursis...? ¿Y qué es lo primero en que piensan cuando se han curado de una herida de amor? Algo en la siguiente línea: "¡Cómo fue posible que me comportara como un tonto(a), dejando caer así las babas por ese(a) sujeto(a) que, ahora que lo(la) veo bien, no tiene ningún rasgo que lo haga especial! ¡Qué bueno, haberme sacado las anteojeras!". Y lo segundo es: tanta cursilería para nada.

El estado de beatífico nirvana que es el no estar enamorado, dura hasta que una vez más, el siniestro triunvirato de genes, hormonas y química cerebral conspira para que nos agarremos de otra persona hasta el punto de llegar a sentir mariposas en el estómago. Por supuesto, ahora todas esas cosas cursis que uno miraba con ridículo, de pronto se antojan de los más entretenidas. Pero, como lo dijo el sabio Almirante Ackbar: "¡Es una trampa!". Tus genes están haciendo que tus glándulas secreten hormonas que pongan al encéfalo con la corteza cerebral dada vuelta, igual que las moléculas de alcohol etílico te quitan todo el sentido del ridículo en esa fiesta en la que tomaste unas copas de más.

Aquí es donde viene la negación. Es lo mismo que el borracho: "Nnnnoooo, compa'rito, zzzsssiii yyyooo... nnnnno'stoi borracho. Y pássseme las lla'es, que cura'o manejo mejó". Ustedes han escuchado a esa persona recién enamorada, ¿verdad?: "Nnnnoooo, compa'rito, zzzsssiii ella'ssspecial. Y pássseme las lla'es, que enamora'o manejo mejó".

¿Cuánto dura la negación? En algunos casos, toda la vida. Tu cerebro te hizo la jugada, e hizo que sacrificaras tu preciosa independencia para que tus genes se perpetúen en tu descendencia, que si hay mucho amor de por medio, será muy numerosa, tanto que puede llevarte a la quiebra financiera. En cualquier caso, puede que si hay paz y armonía, o siquiera una mentalidad de "contigo mal, pero sin ti peor", al final las cosas duren toda la vida porque, después de todos, ustedes son dos drogadictos terminales. Hasta que uno de los dos muera y el otro se quede sin su dosis, por supuesto. Pero si la negación se termina antes, entonces llega la fase de la...

2.- Ira.
  • "¡Meterme contigo es la decisión más estúpida de mi vida, eres lo peor que me ha pasado, ojalá que te mueras, te vayas al infierno y te despellejen y te cocinen vivo allá!".
Al igual que las borracheras se pasan cuando no entra más alcohol al sistema, y viene una resaca horrorosa a la mañana siguiente, a veces la química cerebral deja de funcionar en modalidad enamorado baboso, y entonces viene la rabia por muchas cosas: por haber sacrificado la independencia, por no tener espacio personal, porque la otra persona no es lo que uno espera, porque uno lo ha dado todo (o piensa que lo ha dado todo...) y la otra persona ha tenido genes más inteligentes que la han inclinado a la mezquindad y a dosificar el cariño para mantener el control de la relación igual que los jeques árabes cierran la llave del petróleo para ahogar a Occidente... En definitiva, la persona se enoja, enfurece, encapricha, e intenta por todos los medios de forzar a su pareja a que vuelva a proveerle de su dosis de droga. Ahora, la persona ve claramente que la otra persona no es su enamorado sino su proveedor de droga, y que la primera dosis era gratis, pero la cantidad que se debe pagar por las siguientes va a crecer, y mucho.

Toda la química del cuerpo humano está predispuesta para sobrevivir en la jungla darwiniana de la evolución de las especies. La ira no es sencillamente un mecanismo de desahogo igual al vapor saliendo de una olla hirviendo, como el común de la gente piensa. En realidad, los síntomas de la ira son producto de la transformación hormonal que está produciendo la adrenalina para preparar al cuerpo a la lucha. En este caso, la pareja se ha transformado en el enemigo que no se quiere doblegar. Aunque los humanos le hemos puesto empeño, diez mil años de civilización no bastan todavía para luchar contra un millón de años de evolución biológica humana.

Si la persona en cuestión es narcisista, o peor aún, una persona imposible, entonces ni la mayor de las borracheras hormonales puede con ella, y la fase de ira suele llegar rápido, lo que se dice muy rápido. Lo interesante del caso es que la fase de ira de uno de los dos puede activar en la pareja el software de lucha o huye, y en la inyección de adrenalina, la borrachera química se espanta, y lo que tenemos como resultado son dos personas iracundas mirándose fijamente, y listas a destrozarse porque cada una quiere la droga, pero ninguna quiere darla primero. Lo anterior está escrito en tono irónico, pero piénsenlo, los abogados especializados en violencia intrafamiliar se ganan el pan con esto. Puede suceder que la sangre llegue al río y termine con uno muerto y el otro en prisión, pero si la racionalidad se impone, entonces viene la...

3.- Negociación.
  • "Estábamos tan bien, lo disfrutábamos, ¿por qué no hacemos un último esfuerzo, por qué no lo intentamos una vez más?".
Todos hemos escuchado esos bonitos cuentos acerca de que conversando se entiende la gente. Lo que es una mentira cochina. En realidad, el que tiene el garrote más grande hace entender al que tiene el garrote más chico, y el más grande ni entiende un pimiento, ni tiene necesidad tampoco. Por algo, en el Ejército de los Estados Unidos decían con mucha sabiduría (y también mucho cinismo): "The beating will continues until moral improves!". Si en una relación sucede que uno está en negación y el otro en ira, el que está en negación es fácil de doblegar, porque basta con disimular la ira, recurrir a zalamerías, y lograr que el otro haga lo que uno quiere convenciéndolo a la vez de que en realidad es el otro quien quiere. Pero si ambos están en ira, y ninguno tiene el poder de hacer trizas al otro a dentellada limpia... empieza ese complejo proceso de manipulación emocional llamado negociar. Como toda negociación, el proceso está lleno de faroles y baladronadas. Frases como "Voy a cambiar" o "La próxima vez invito yo la cena" se vuelven recurrentes. La situación se transforma en una danza de engaños, para ver quién consigue romper la coraza emocional del otro primero. Es un juego difícil, porque es como el juego de la gallina: quien primero cede, termina de esclavo emocional del otro, pero si ninguno cede, la relación se va al demonio. Por tanto, el resultado inevitable de la negociación será la...

4.- Depresión.
  • "Las cosas ya no tienen remedio, soy tan infeliz, nadie quiere hacerme feliz a mí, porque yo lo valgo, mejor voy a comprarme un libro de autoayuda".
La cruda y dura verdad se impone. La relación se ha acabado. Ya no hay más droga. Lo que viene es el estado de abstinencia. En algunos casos tan grande, que la persona en cuestión se embarca en otra relación sin siquiera pensarlo, para seguir recibiendo su dosis de droga. En otros, la persona simplemente se hace un ovillo y empieza a pensar que la opción de morirse no está tan mal. Estos son los menos, porque los que llegan a concretar la amenaza de suicidarse o dejarse morir, tienen en promedio menos descendencia que quienes no concretan dicha amenaza, así es que los genes de los potenciales suicidas siempre permanecen un poco en la retaguardia.

Entra en juego entonces esa bella palabra que han tratado de imponer sicólogos y trabajadores sociales, para justificar sus trabajos: resiliencia. Esta es como un rebote: caes abajo y vuelves a levantarte. Parece arte de magia, pero no lo es: simplemente, tus genes te están impulsando a sobrevivir, y ojalá, seguir reproduciéndote, que al final de eso se trata todo. La vas a pasar mal durante un tiempo, pero luego de que tu química cerebral se ajuste, las cosas van a andar como la seda otra vez. Si sólo ese día llegara mañana, u hoy mismo, y así consiguiera la...

5.- Aceptación.
  • "Bueno, cosas que pasan, siga participando, ya encontraré a otra persona que me haga feliz a mí en vez de ser un egoísta malnacido que...".
Finalmente, todo ha quedado atrás. Los días de rehabilitación han culminado, y tenemos un antiguo drogadicto que se ha recuperado por completo. Lo único que se necesita para que siga siendo feliz, es simplemente no volver a recaer en el vicio. O sea, no volver a enamorarse. Por eso, si has pasado por toda esa ordalía, tu vida otra vez está ordenada, eres feliz, incluso llegas a irradiarlo, por lo que otras personas te encuentran simpático y se te acercan y... eh... ¡oye! ¿Para dónde vas? ¡Ven acá! ¡Espera! ¡Pero es que...! Oh, maldición, ibas tan bien... En fin, vuelta a iniciar el ciclo de nuevo. Sí, eres un drogadicto sin remedio. ¿Lo niegas, acaso? Bien, estás en negación, qué más se puede esperar. No se puede luchar con impunidad contra miles de millones de años de evolución biológica, después de todo. O planteándolo en las palabras de la inmortal filósofa italiana: "Si te deja no lo pienses más... búscate otro más bueno y vuélvete a enamorar"...

2 comentarios:

Seanna dijo...

Y lo peor es cuando los demás lo miran raro a uno porque no tiene pareja para celebrar en estas fechas.
Aunque habrá qué reconocerle al amor que gracias a él ha sobrevivido la especie.
En fin, me uno al espíritu del Grinch de la Guillermocracia porque esta fecha es más bien para comprar cosas. Gente que no se acuerda de uno en todo el año le da un abrazo y una paleta miserable...

Guillermo Ríos dijo...

Yo prefiero tomármelo con flema. Si me toca estar en pareja, qué bueno. Si otras personas a mi alrededor tienen con quién celebrar, bien por ellos. Lo que sí me saca de mis casillas, es la gente tarada que se deja llevar por la publicidad y se bota a consumista. Pero supongo que son los mismos que hacen lo propio con la Navidad, Halloween o el Día del Niño. A este paso voy a proponer celebrar el Día de la Guillermocracia, a ver si pasa.

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