miércoles, 21 de enero de 2015

Sobre "La segunda Enciclopedia de Tlön".


Referir la historia de La segunda Enciclopedia de Tlön tiene algo de numinoso: podría partir con un enunciado de tipo “según reza la arcana profecía que los antiguos alguna vez dijeron…”. En este caso se trata de Jorge Luis Borges, quien en su minuto dijo que habría una Enciclopedia de Tlön que invadiría nuestro universo real, que transformaría todos nuestros referentes aristotélicos en un mundo no-A llamado Tlön, en donde reglas básicas como el principio de identidad no se cumplen (para muestra, el celebérrimo experimento con las monedas, descrito en el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius). Lanzada la profecía, sólo quedaba esperar que ésta se cumpliera. Y ésta se cumplió. La coincidencia con el perfil mítico del viejo relato de la profecía cumplida, de los Hijos de la Promesa, llega casi hasta el ridículo, porque la verdad es que Sergio Meier Frei presenta más de algún rasgo que, si algún malicioso biógrafo algún día quisiera exagerar, podrían hacerle pasar por una suerte de Sonnenmensch (sólo que su campo de acción es esa suerte de Religión Aplicada que es la Literatura, en vez de la Redención pura y dura).

En lo de ser un universo paralelo o un universo alternativo, La segunda Enciclopedia de Tlön cumple sobradamente. Al igual que ésta debía invadir nuestra realidad, la temática básica de la novela de Sergio Meier es la invasión de un universo por otro. Existe una especie de realidad superior, anclada en un futuro más o menos cercano (un siglo de distancia en el tiempo desde nuestro presente, más o menos, una miseria considerando los 6000 años que nos separan desde el agricultor neolítico, y los miles de millones de años pasados desde el légamo primordial). Dentro de esta realidad, como un conjunto de cajitas chinas, existen varias otras realidades autocontenidas. Todas estas realidades encuentran una suerte de punto de colapso, un agujero negro, teorías alocadas en las cuales todo el entramado de la realidad debe fallar en algún punto, en el cual todo el universo queda irremisiblemente transformado. No es una idea nueva. La Ciencia Ficción viene explotando esta temática desde hace una respetable cantidad de años, eventualmente seguirá haciéndolo, y mangas o animés como Dragon Ball Z o Neon Genesis Evangelion, por mencionar dos bien diferentes y masivos, han explotado este concepto con relativo éxito. Lo nuevo aquí es un enfoque bastante novedoso y trascendente. Esto es Cyberpunk de realidades virtuales y universos en la máquina; es Steampunk de ambientaciones victorianas; es Retrofuturismo de historias pulpescas; es Space Opera de naves espaciales y corsarios galácticos; es una mezcla de todo eso, en una extraña alquimia, “vino nuevo que revienta odres viejos”…

La razón de esto es bien simple. Sergio Meier es un escritor chileno montado sobre la encrucijada cronológica ya no del siglo XX y del XXI, sino del Segundo y Tercer Milenio después de Cristo. Este dato cronológico no es menor. Nacido en 1.966, ha sido testigo de cambios a veces estridentes y poderosos, a veces tranquilos, pero no por ello menos importantes… y en muchos casos letales para muchos arcaicos memes que se niegan a morir. Mencionemos algunos de estos cambios. A nivel comunal es un habitante de Quillota, una ciudad ubicada en la periferia de muchas cosas, y que aún conserva una cierta impronta de pueblo soñoliento en donde las relaciones entre los patrones y el inquilinaje, por debajo de ciertas superficiales mutaciones, sigue siendo en esencia lo que era en tiempos de Gran señor y rajadiablos y otras novelas costumbristas sobre el campesinado chileno a comienzos del siglo XX –sólo que ahora con un grado algo mayor de alfabetización. A nivel nacional, vivió en la asfixiante atmósfera cultural de la dictadura militar, en la que una generación entera vertió su creatividad en una contracultura que, en definitiva, no llegó a ninguna parte, devorado por su propio éxito en imponerse como la cultura chilena. A nivel mundial, le tocó vivir (con el retraso propio de una nación como Chile, ubicada casi al caerse del borde del globo terráqueo) la resaca del movimiento iluminista de los ’60 del siglo XX, esa gran explosión de creatividad agnóstica, espiritualista, individualista e iconoclasta que fue progresivamente reducida a la nada por el auge del corporativismo religioso que se vive en esas latitudes. Es decir, Sergio Meier vivió una época de profundos cambios a todo nivel –quizás una nueva etapa en la historia de la Civilización Occidental.

Quizás no sea casual que Sergio Meier haya tomado a Jorge Luis Borges como modelo semiconsciente. La biografía de ambos presenta al menos un punto en paralelo: son personas reclusas, aisladas del mundo, viviendo en sus mundos particulares, bien refugiados en su propia biblioteca. Borges era un extranjero en Argentina, y Meier es un extranjero en Chile. En realidad, hilando un poco más fino, podríamos argüir, y con razón, que ambos son alienígenas dentro del planeta Tierra, porque se las arreglaron para crear verdaderas vías paralelas de desarrollo –quizás de agotarlas. Ambos, viendo un presente ominoso y un futuro quizás apocalíptico, se refugiaron en el pasado, y construyeron a su alrededor un mundo completo que es, en cierta medida, una ucronía cultural, un alter orbis profundamente enraizado en el pasado, pero que ha experimentado algunas raras mutaciones en el decurso de las eras. El discurso de Borges era canónico respecto a las sagas germánicas, pero profundamente heterodoxo en cuanto a su propia centuria, y lo propio ocurre con Sergio Meier, que en La segunda Enciclopedia de Tlön se muestra como un devoto penitente de las catedrales culturales del pasado, a la vez que un rabioso rebelde del presente.

Por supuesto que en ello influyen las circunstancias personales. Sergio Meier perdió a sus padres a temprana edad, y fue criado de una manera un tanto rígida, lo que sumado a una educación religiosa, lo incentivó a fugarse de la realidad, y construir su propio mundo de magia y ensueños. ¡Cuidado con estos personajes! Borges hizo lo propio, y ya ven hasta donde llegó. De Tolkien, perdido en sus ensoñaciones semicélticas, tres cuartos de lo mismo. El escritor prisionero de su propio mundo es el más peligroso de todos, porque estos mundos suelen estar cargados de subversión implícita, de dinamita social que incluso, a fuerza de distanciarse de los cánones y las convenciones, van directo a la médula, a lo esencial, al verdadero signo de los tiempos. El resto de los escritores, deberá conformarse probablemente con la señal de Jonás…

A lo largo de todo este texto ha vagado de manera subrepticia, y no podría ser de otra manera, la vieja idea filosófica del dualismo, de la realidad por encima de la realidad. Sergio Meier se construyó su propia realidad sobre su realidad, Sergio Meier vive en un Quillota que es un alter orbis con respecto a la realidad del resto del mundo, y por último, la novela de Sergio Meier se estructura en “niveles de realidad”. ¿Qué tanto de Borges hay en la novela? Según algunos, nada, y según otros, todo. En realidad, todas estas sucesivas inspiraciones no son sino un baile de máscaras, pero extraída la máscara, siempre es el mismo rostro que nos mira desde el abismo de los tiempos. Platón era dualista: hablaba de un “Mundo de las Ideas” más real que el mundo real. Kant, lo mismo, pero llamándolo “mundo numénico” o alguna otra expresión por el estilo. Desde luego que William Blake, referencia confesa de Sergio Meier para construir esta novela, incluso más que Borges, era lo mismo, con sus cosmogonías llenas de dioses que no son otra cosa sino metáforas o abstracciones psicológicas, metafísicas y cosmológicas, un entero macrocosmos abismal para graficar las fuerzas inconscientes del microcosmos. Y Borges, por supuesto, siempre acunado en el suave arrullo de las paradojas metafísicas y la dicotomía entre nuestro mundo real y el infinito en donde todas las puertas se abren para cabalgar por todos los caminos del universo.

Entonces, nada nuevo bajo el Sol, por una parte… salvo una actualización. Una muy necesaria actualización. ¿Cuántas novelas hoy en día abordan de una manera tan cruda la encrucijada del ser humano? Por un lado tenemos a la ingeniería genética que está remodelando por completo nuestros cuerpos, y por el otro, a la revolución computacional que está generando máquinas que piensan, sino con más ingenio, al menos con mayor velocidad que nosotros –y esa limitación, sólo por ahora. Nuestra era tiene un extraño sesgo de dualidad. Antaño, los personajes duales eran bichos extraños, outsiders del sistema como el Eric de la novela de Gaston Leroux, que para cometer todas sus trapacerías se enmascara tras el enigmático apelativo de “Fantasma de la Opera”, como el Edmundo Dantés que para poder cobrar venganza de sus enemigos se transforma en el Conde de Montecristo, o en una serie de vengadores enmascarados de folletín como el Zorro o la Pimpinela Escarlata (o su continuación lógica, los superhéroes como Superman o Batman); no importaba que obraran del lado de las fuerzas del bien o del mal, ya que su sola condición de seres duales, de seres que construían un alter ego que se soldaba a sus propias pieles, los convertía en criaturas fuera de todo posible orden social. Ahora, en la actualidad, esa dualidad es posible gracias a Internet. Cualquier Pepe Quintana o Lucho Pérez, armado de una conexión a la World Wide Web, puede transformarse por el arte de la internética en DarkDragon o en SamuraiWarrior, o en ambos, generando alias o nicknames que son otros tantos alter ego de ellos mismos. Y lo que es más significativo, son más sonoros e imponentes los DarkDragon que los Pepe Quintana, y los SamuraiWarrior que los Lucho Pérez. Ese universo de “el otro lado” ya existe, y Tlön es en verdad la invasión de las computadoras en nuestra vida privada, construyendo toda una realidad alternativa. Ahora es todo nuestro planeta Tierra íntegro, esta grosera materialidad a la que nos encontramos amarrados, el verdadero alter orbis. La Tierra ha sido por completo devorada: el mundo es un Tlön computacional. Y eso, la novela de Sergio Meier Frei se encarga de explicarlo muy bien. Quizás demasiado bien.

Guillermo Ríos Alvarez -- Junio de 2.006.

NOTAS ADICIONALES (ENERO DE 2.015): Desgraciadamente, lo que parecía ser una muy promisoria carrera literaria quedó trunca por el lamentable fallecimiento de Sergio Meier, acaecida el año 2.009, apenas superada la cuarentena. Dejó inconclusa una novela sobre el golem, sobre la cual no se ha sabido demasiado desde entonces, además de algunos otros textos. En cuanto a La segunda Enciclopedia de Tlön, por desgracia parece haber sido boom de un solo día, pero no llegó a crear todo el revuelo que debería haber levantado. Aún así, a la fecha y según tengo entendido, llegó a tener una segunda edición, todo un logro tratándose de Ciencia Ficción chilena.

Este posteo fue publicado por primera vez, en una versión algo diferente, en el blog de Sergio Meier, el 16 de Julio de 2.006 (leer aquí), y fue republicado con correcciones y en su versión definitiva en Tribu de Plutón, el Sábado 2 de Junio de 2.007. Esta segunda versión es la que hemos publicado aquí.

6 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Es una gran lástima la verdad su pronta partida y a quien tuve el gusto de conocer en mis primeros años de universidad. Creo me compraré y leeré gustoso esta novela.

Guillermo Ríos dijo...

Adelante, es un recomendado. En términos actuales, la describiría como una especie de cruce entre Matrix e Interestelar, aunque bastante más zafada en términos filosóficos y conceptuales; como de costumbre, la literatura puede permitirse profundidades intelectuales que el cine, por eso de ser un medio de masas, debe omitir para dirigirse al mínimo común denominador.

Luis Lauro Moncada Guajardo dijo...

¿Sabes si podría conseguir la novela en México?

Guillermo Ríos dijo...

Hmmm... Estuve revisando la página de la editorial Puerto de Escape, que la publicó, y no aparece rastro de la misma. No sé si la obra está descatalogada, si les retiraron los derechos, o qué, tendrías que preguntar directamente tú a la editorial.

Luis Lauro Moncada Guajardo dijo...

Muchas Gracias

Guillermo Ríos dijo...

De nada.

Si preguntas o averiguas, háznoslo saber, para resolver el misterio.

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