domingo, 30 de noviembre de 2014

Quebrando una lanza por Saal.

Este posteo es sobre esta película, pero no es acerca de ninguno de ellos cinco.
Hacía tiempo, quizás años, que no me gustaba tanto un blockbuster. No terminaba de tenerle fe a Guardianes de la Galaxia, por muy película Marvel que fuera, pero el equipo de cinco adorables perdedores que le planta cara a Ronan el Acusador y salvan a la galaxia, ha sido una de las grandes sorpresas de la temporada fílmica 2.014. Todos quienes han visto la película tienen su héroe favorito, que usualmente es Rocket o Groot. Por si no han visto la película: el mapache que habla o el árbol que habla. Es esa clase de película. Por mi parte, habiéndole tomado mucho cariño a tales personajes, a la hora de repasar la película, me quedo con Saal, el héroe más grande e ignorado del reparto. Tanto, que rompiendo la costumbre de la Guillermocracia sobre no postear de películas o libros puntuales, haremos un breve comentario sobre el pobre Saal.

¿Quién?

A eso me refiero, cuando utilizo la palabra ignorado.

Lo que viene a continuación, está plagado de spoilers sobre la película. Si no han visto Guardianes de la Galaxia, ni se tomen la molestia de leer este posteo. Lo único que conseguirán es arruinarse la diversión. Y lo digo en serio: esta película es realmente divertida, de manera que arruinársela por mano propia es lo más cercano a un crimen fílmico susceptible de ser perpetrado por un espectador que se me ocurre.

La película entera gira en torno a la mala tirria que le cobra Ronan el Acusador al planeta Xandar porque dicho planeta son los buenos y Ronan el Acusador es el villano, lo que en una película de estas características, exime de profundizar mayormente en los posibles resortes psíquicos detrás de tanta bondad o maldad. Entre los defensores de Xandar están los Nova Corps, una especie de cuerpo policíaco planetario o interplanetario que, como todos los cuerpos policíacos planetarios o interplanetarios en las películas de estas características, son notorios por su ineficiencia, para que así los verdaderos héroes puedan lucirse parándole pies al mal. Y dentro de dicho cuerpo aparece el Denarian Saal, interpretado por Peter Serafinowicz. Y que, vayámoslo diciendo desde el comienzo, no es uno de los Guardianes de la Galaxia, o sea, no es en principio uno de los personajes llamados a ser tu nuevo grandioso y mejor amigo.

El Denarian Saal. No tan apuesto como Star-Lord, no tan sexy como Gamora, no tan aplastante como Drax, no tan gracioso como Rocket ni tan simpático como Groot, está condenado a jamás de los jamases llegue a ser tu héroe.
La película parte retratando a Saal como una especie de burócrata obstructivo, el que siempre debe existir en una de estas películas para que haya tensión dramática. En una de las pocas escenas en que aparece, está actuando con el policía bueno interpretado por John C. Reilly, y se muestra despectivo y sarcástico frente a los Guardianes. Es un pesado, es cierto, y es la opción narrativa clásica para que le cobremos antipatía porque le hace las cosas difíciles a nuestros héroes, pero... resulta que el grupo en cuestión está formado por un saqueador de tumbas estilo Indiana Jones, un mapache demasiado amigo de resolver los problemas a balazo limpio, un árbol cuya inocencia infantil no le impide sembrar muerte y destrucción a su paso, un ropero de tres cuerpos conocido por eliminar con gusto a criaturas muscularmente inferiores, y una fulana conocida por trabajar para El Malo. Es decir, Saal tiene toda la razón del mundo en adoptar la actitud prepotente que adopta: no en balde lo que tiene delante no son héroes sino escoria de lo peor del universo.

Después de varias peripecias, Ronan el Acusador se apodera del Artefacto Mágico de la Destrucción Infinita, cualquiera sea su nombre en esta película, y lanza su ataque contra Xandar, con una gigantesca nave espacial. Saal decide que, dadas las circunstancias, lo mejor es confiar en los Guardianes de la Galaxia, y bajo la mirada atenta de la mandataria de Xandar, se coordina con los Guardianes para una ofensiva desesperada contra Ronan el Acusador y su nave. No sin antes decir algo en la línea de que "para el registro, yo desaconsejo que ustedes intervengan en esto", o algo similar; nuevamente, después del caos que han desatado los mentados Guardianes, Saal tiene toda la razón del mundo. Al final, esto da lugar a uno de los momentos más hilarantes de la película: Rocket le está dando instrucciones, y Saal suelta un irónico y resignado "estoy recibiendo órdenes de un hamster". Es cómico, hasta que uno repara en la humillación suprema que sufre Saal. El es un miembro de alto rango de los Nova Corps, se supone que ha llegado hasta ahí siendo eficiente y haciendo carrera, y de pronto se encuentra con que la ofensiva final para la salvación del planeta que debe defender, está en las manos de un forajido cazarrecompensas a quien él mismo, en responsable cumplimiento de su trabajo, se ha encargado de tratar de pegarle y ojalá aplastarle con carpetazo.

Saal y los suyos, en uno de los momentos más épicos de la película, forman una red alrededor de la nave con sus propias navecitas pequeñas, atajándola un resto. A diferencia de los Guardianes de la Galaxia, que sacan su fortaleza de sus propias individualidades y de la suma de sus habilidades, y de saber sobrellevar su sinfín de taras psicológicas, todo sea dicho, los Nova Corps sacan su fortaleza justo de lo contrario: de su entrenamiento, su espíritu de equipo, su camaradería, y su entrega para colocarse en posición para actuar juntos y de manera coordinada contra el enemigo. No lo vemos, pero por el aspecto militarizado que tienen los Nova Corps, es algo que puede inferirse sin dificultades. Y todo ello, mientras los Guardianes hacen el trabajo de infiltración en la nave de Ronan, buscando cómo cargárselo.

Sólo que los Guardianes se demoran demasiado, lo que le da tiempo a Ronan para montarse un contraataque. La red empieza a fallar, gracias al poder desmesurado de Ronan. Lo que aconseja la estrategia militar entonces es retirarse, reagruparse, y buscar una táctica diferente para detener al rival. Pero Saal y su gente de los Nova Corps son héroes. No los héroes protagonistas de la película, no los héroes cuyos muñequitos van a pedir los niños en su Cajita Feliz... pero héroes de todos modos. Y Saal no cede su posición. Corre riesgo de muerte ante un poder vastamente superior a sus fuerzas, pero no se moverá simplemente porque hay demasiado en juego, y es su trabajo colocarse entre el peligro externo y la seguridad de los habitantes de Xandar.

Ves a los actores y sabes de inmediato cuál te va a simpatizar.
Y el riesgo se concreta, en una de las muertes más inmerecidas y crueles del Universo Cinemático Marvel. Hablamos de una franquicia en donde las muertes son algo reservado para los villanos o sus esbirros, porque hasta Bucky Barnes, que parecía muerto en Capitán América, resucita en Capitán América y el Soldado del Invierno. Es en esta franquicia en donde al final todos viven salvo en villano, en donde Saal, contra toda esperanza, junto a los suyos, mantiene la red porque cada segundo que detienen la nave de Ronan es un segundo ganado para Xandar, y para que los Guardianes culminen su misión. Pero el poder de Ronan comprime a las naves pequeñas, a sus cabinas... y a sus tripulantes. Y allí es en donde el pobre Gaal muere aplastado y triturado dentro de su propia cabina, antes de que su caza en sí explote. Ni siquiera se da el lujo de lanzar una última frase épica para la posteridad, su última palabra es un grito desesperado por ayuda: "¡Rocket...!".

El grupo de los Guardianes son tipos con variopintas taras psicológicas, pero también con vastas habilidades que sirven para compensar: el humano tiene interesantes recursos tecnológicos e ingenio para usarlos, el ropero de tres cuerpos es justo eso, un ropero de tres cuerpos, la guerrera letal es también eso, una guerrera letal, el mapache tiene implantes cibernéticos y el árbol ambulante es capaz de regenerarse. En cambio, Saal es un pobre tipo como tú o como yo, sin ninguna habilidad especial, que sólo depende de su entrenamiento militar para sobrevivir. Tiene mucha más gallardía enfrentarse al mal y plantarle cara siendo un pobre diablo, que teniendo habilidades o poderes por encima del promedio. Las reacciones de Saal son también muy humanas; mientras que los Guardianes muchas veces confían en la audacia para salirse con la suya, Saal es más prudente y analítico. Es todo un mérito que a pesar de ser más cerebral y por lo tanto calcular mejor los riesgos, Saal sea también un valiente capaz de arriesgar y finalmente entregar la vida en la línea del deber.

Y su gran recompensa por todo lo anterior es que casi nadie, y tú tampoco, se acuerde del pobre diablo. La vida a veces es injusta.

Un detalle de trivia. Se supone que el Denarian Saal en realidad es Garthan Saal, un Nova Corps que en los cómics, después de recibir una infusión de superpoderes, se vuelve loco. O algo así. Pero como la película no lo menciona por nombre, cabe la duda sobre si es él, es un pariente, o el apellido es un mero alcance. Denarian es un título y un rango militar dentro de los Nova Corps, no un nombre personal, aunque la película no menciona este detalle. Queda abierta así la cuestión sobre si el Denarian Saal es la versión fílmica del Garthan Saal de los cómics, o se están guardando el personaje para más adelante. Como sea, el Denarian Saal es uno de los grandes héroes de la película Guardianes de la Galaxia, y se merece más respeto y reconocimiento. Por el lado positivo, no están sepultando su popularidad a memes en Tumblr, como a Groot o a Rocket. Porque si aparece otra persona a hacer el enésimo meme de "I am Groot", le reviento el laptop en la cabeza. El suyo, no el mío. Porque el mío me costó dinero, por supuesto. Saal es un héroe, yo no.

Podrá no ser muy simpático, pero con esa cara de malas pulgas, definitivamente quieres que al combatir, lo haga de tu lado.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Capitán América contra el Imperio Secreto: Goebbels y el Universo Marvel.


Para nuestros tiempos cínicos y endurecidos, los cómics de las décadas de 1.960 y 1.970 tienen un cierto regusto inocente que los hace a veces poco atractivos para determinadas audiencias demasiado encallecidas de las que hay actualmente. Y sin embargo, ello no quiere decir que de tarde en tarde, los cómics de esa época no se dejaran caer con mazazos bastante serios. La saga de la lucha del Capitán América contra el Imperio Secreto es uno de éstos. Han pasado cuarenta años desde que la misma culminó, en Julio de 1.974, y su argumento sigue teniendo más actualidad que nunca. Tanto, que la película Capitán América y el Soldado del Invierno de este año 2.014 es más que un poco deudora de la misma.

Recapitulemos. En la época, el Capitán América había sido pareado con otro héroe, The Falcon, y la revista se conocía de hecho como Captain America and the Falcon. La saga del Imperio Secreto se extendió a lo largo de siete números, los que abarcan desde el 169 hasta el 175, con el número 176 funcionando a manera de epílogo; considerando que la publicación era mensual, esto significa que fue publicado entre Enero y Agosto de 1.974. Fiel al estilo culebronesco de la Marvel bajo Stan Lee, algunos elementos argumentales secundarios arrancan desde mucho antes, incluyendo el propio Imperio Secreto, así como un triángulo amoroso entre el Capitán América, Sharon Carter y Peggy Carter; además aparece a mitad de camino un cross over con los X-Men. Con todo, y a diferencia de las megacrisis de hoy en día, en donde es imposible enterarse de un pucho si el lector no se banca entre cincuenta y cien grapas distintas, la lectura de esos ocho cómics es suficiente para adentrarse en la historia.

Antes de seguir, una advertencia. Con miras a analizar el cómic en cuestión, vamos a destripar hasta el fondo el argumento de la saga. De manera que si ustedes no la han leído y quieren leerla, no sigan leyendo adelante. Si no saben donde encontrarla, repito: Captain America and the Falcon, números 169 a 175. Si incluye el número 176, tanto mejor. En dónde la publicaron en castellano, a mí no me pregunten. Yo la leí en un tocho en inglés que me facilitaron.

La trama arranca de una manera que consideraríamos como más o menos corriente, con el Capitán América enfrentando al villano del mes. Pero hay un elemento adicional: comienza una campaña de desprestigio hacia el Capitán América, en los medios de comunicación. En concreto se trata de avisos televisivos financiados por el Comité para la Recuperación de los Valores de América. O sea, Committee to Regain America's Principles en inglés, y aunque el texto no incluye ninguna sigla, hay sutileza en que ésta sea... C.R.A.P. Lean de nuevo con cuidado y fíjense. El caso es que los avisos pintan al Capitán América como un vigilante que toma la ley en sus manos, en muy tensas relaciones con S.H.I.E.L.D. (cierto en la época), y que no responde ante nada ni nadie respecto de lo que considera los enemigos de Estados Unidos. Al poco tiempo, nos enteramos de que el famoso Comité en realidad está empeñado en una campaña de mayor aliento, cuyo objetivo es destruir la reputación del Capitán América. La primera reacción de los ciudadanos es la propia de los habitantes del Universo Marvel: no importa cuántas veces sean salvados por los superhéroes, basta con que alguien grite la palabra mágica "¡ODIO!" y de inmediato se transforman en una turba de desagradecidos ávidos de clavar la cabeza del superhéroe de turno en la picota. Lo que les dura hasta la aparición del siguiente Galactus de turno, pero en este cómic no aparece ninguno.

El hombre que quiere apoderarse de Estados Unidos, pero no es capaz de contratar un modisto decente.
Las cosas se vuelven más espesas cuando el Comité arregla las cosas para dar la apariencia de que el Capitán América ha matado a un enemigo. Fiel a la ley, el Capitán América termina por no resistir al arresto. Pronto, un grupo de vigilantes decide tratar de sacar al Capitán América de la cárcel, incluso contra la voluntad de éste, que prefiere permanecer encerrado para así demostrar que es respetuoso de la ley. Eventualmente, el Capitán América descubre que los vigilantes también son parte de la conspiración, y desean convertirlo en un fugitivo. Todo remata en el Capitán América sufriendo una aplastante derrota a manos de Moonstone, que aparece así como el nuevo campeón del sueño americano. Y si pensaban que Moonstone también es parte de la conspiración... adivinaron.

Al final, con la ayuda del Profesor Xavier, Cíclope y Jean Grey, el Capitán América y Falcon descubren que detrás de todo hay una misteriosa organización llamada el Imperio Secreto, que busca infiltrar la sociedad de Estados Unidos. Y los héroes libran una desesperada batalla para impedir que el poderoso platillo volador del Imperio Secreto destruya la Casa Blanca, ayudado por un Moonstone que finge rendirse, y que terminará desacreditado luego de recibir una paliza más que satisfactoria para el lector, por parte del Capitán América. El final sorpresa es que Número Uno, la cabeza del Imperio Secreto... es en realidad un alto jerarca dentro de la Casa Blanca. No se dice quién es, pero la teoría más común es que sería el propio Presidente de los Estados Unidos, dando un autogolpe de estado para instaurar un régimen totalitario.

Los parecidos de la saga del Imperio Secreto con los eventos que estaban aconteciendo en Estados Unidos al mismo tiempo, son bastante profundos; de hecho la propia gente detrás de la saga ha manifestado opiniones distintas acerca de si intentaban representar los sucesos contemporáneos en clave superheroica, o es una simple historia de fantasía. En la época, el Presidente Richard Nixon estaba cada vez más embrollado dentro del escándalo Watergate, y de hecho se libró de un eventual impeachment únicamente renunciando. Eso, y obteniendo una amnistía total por parte de Gerard Ford, su Vicepresidente y sucesor, con el pretexto de siempre: hay ciertos personajes que no pueden ser tocados porque las instituciones no resistirían el desprestigio, etcétera. Otra manera de decir que cierta gente es demasiado grande como para caer. La Marvel no se atrevió a llegar hasta las últimas consecuencias, pero parece bastante obvio que el Número Uno es una alusión a Richard Nixon, o a lo menos a su administración. Después de todo, Richard Nixon apoyó varios golpes de estado alrededor del mundo, a la vez que hizo todo lo posible por obstruir las investigaciones de Watergate, o al menos, para que no escalaran hasta la Casa Blanca.

El Capitán América contra Moonstone.
Pero lo más insidioso del cómic es la descripción de las tácticas del Imperio Secreto. Su primera etapa es desacreditar a los símbolos de la decencia y confianza del ciudadano común. Para el Imperio Secreto, el Capitán América es un blanco no solamente por ser un superhéroe capaz de plantarles cara, sino también porque es un emblema de los valores democráticos de Estados Unidos, y por tanto, alguien que jamás apoyaría un autogolpe, por no hablar de su capacidad para galvanizar la resistencia patriótica a su alrededor. Por eso, el ataque contra el Capitán América no parte con una batalla abierta, sino con una intensa campaña pública para desacreditarlo primero. Una vez sembrada la desconfianza en el Capitán América, vienen los matones pagados por el Imperio Secreto, principalmente Moonstone, para completar el trabajo. Es decir, el uso de la publicidad de manera goebbelsiana dentro de una democracia, para que la gente odie a los defensores de la democracia y reciba como héroes a los miembros de la conspiración, sin que la opinión pública llegue a enterarse realmente de quién es quién.

La batalla final es un autogolpe en toda regla. El Imperio Secreto ha crecido como un cáncer, y se las ha arreglado para instalar a su propio héroe popular como defensor de Estados Unidos. Hay una crudeza especial en la escena en que Moonstone se sube al platillo volador del Imperio Secreto, mostrándose dispuesto a combatirlo, para salir después diciéndole a todo el mundo que es mejor rendirse porque el Imperio Secreto es demasiado poderoso para ser combatido. Todo es un contubernio, por supuesto, ya que Moonstone está en la nómina del Imperio Secreto desde el comienzo.

Pero el cómic no se queda en ello. Porque algunos argumentos que esgrime el Imperio Secreto en contra del Capitán América, tienen su mérito. Son tergiversaciones y exageraciones, es cierto, pero las acusaciones del Imperio Secreto contra el Capitán América tienen su grano de verdad. En efecto el Capitán América es un vigilante que se toma la ley en sus manos, porque en estricto rigor no es un agente de la ley y el orden sino un privado, en particular desde que ha roto relaciones con S.H.I.E.L.D. (dentro de la continuidad de la época). Poniendo así en el estrado el viejo problema ético que no todos los cómics de superhéroes logran sortear: ¿cómo se puede defender la democracia y los derechos a través del uso de la fuerza por parte de un privado? El Capitán América se mantiene fundamentalmente decente y dispuesto a cumplir con la ley aunque su situación sea injusta, pero, ¿y si algún día se le ocurriera cruzar la frontera por cualquier motivo y llegar incluso más lejos? Hemos visto algunos ejemplos en otras partes: la mafia de policías ejecutantes de mafiosos en Magnum 44 (secuela de la película Harry el Sucio que es más o menos contemporánea a la saga del Imperio Secreto), o de manera más reciente, la octava temporada de 24 con un Jack Bauer entregado a una violentísima venganza que lo hace perder el norte moral.

El Capitán América enterándose de que Estados Unidos ya no es lo que era, muchos años antes que la mayoría del mundo.
De hecho, el número 176 hace una completa revisión del problema, en un estilo que no parece exagerado compararlo incluso con el Prometeo encadenado de Esquilo, guardando las debidas distancias, siendo ambas obras en definitiva piezas de reflexión y debate filosófico, casi sin acción, sobre la naturaleza del orden en el mundo. El Imperio Secreto ha sido derrotado en el número anterior, y Número Uno se ha suicidado, pero el Capitán América se ha quedado traumatizado porque se encuentra con que ha defendido un sistema que ha permitido que alguien como Número Uno haya llegado hasta la Casa Blanca. Thor argumenta que la mayor gloria está en la lucha por lo que es correcto, ante lo cual el Capitán América replica que es el Capitán América y no Capitán Asgard, y en América no hay tanta nobleza como en Asgard. Iron Man trata de que el Capitán América descubra un nuevo sentido en sus antiguas hazañas, pero éste responde que dichas hazañas no tienen mayor sentido si la gente a la primera de cambio, impulsada por una campaña publicitaria cualquiera, le vuelve la espalda con ingratitud. Falcon le recuerda que los héroes son ejemplos morales, ante lo cual el Capitán América retruca que pueden haber buenos ejemplos morales, y también malos ejemplos morales. En un momento, el Capitán América dice textualmente: "¡Los americanos tienen muchas metas, algunas contrarias a otras! En la tierra de los libres, cada uno de nosotros puede hacer lo que quiera hacer, pensar lo que quiera pensar (...) Pero eso hace muchas versiones de lo que América debería ser". Finalmente, el Capitán América concluye que no puede representar más a los valores tradicionales de Estados Unidos, y renuncia a su identidad para transformarse en Nomad. Fiel al estilo Marvel, de que todo cambie un rato para que todo después siga igual, esto duró algunos números, hasta que volvió a tomar el manto del Capitán América de nuevo. Aún así, este número es una poderosa reflexión acerca de qué significa Estados Unidos, qué se supone que sea la democracia y la defensa de la democracia, y por qué no, qué es el heroísmo en sí. Y en un medio tan comercial, denostado y visto por encima del hombro como suele serlo el cómic.

A estas alturas, cualquiera que haya visto Capitán América y el Soldado del Invierno ya ha hecho las conexiones. A pesar de que el Soldado de Invierno como personaje apareció en 2.005 en la saga Out of Time (dejemos de lado el tema de las identidades secretas al respecto), la película hace varias referencias a la historia del Imperio Secreto. Entre ellas están la idea del Capitán América siendo perseguido por S.H.I.E.L.D., sólo que con Black Widow como compañera principal y Falcon un poco más en la trastienda, la idea de que la institucionalidad de los buenos ha sido infiltrada por los malos (en los cómics, el Imperio Secreto es un brazo de HYDRA), y la batalla final en Washington D.C. con tres portaaviones voladores en vez de un platillo volador como en el cómic.

Pero las diferencias son también significativas. En la película, la propia institucionalidad es Estados Unidos aparece intocada e intocable. Los infiltrados son una organización ficticia, S.H.I.E.L.D., y no Estados Unidos mismo. También, al eliminar al Imperio Secreto de la ecuación y hacer aparecer de inmediato a HYDRA como los villanos, es más fácil unir al mal con el enemigo externo, habida cuenta de que en la continuidad del Universo Cinemático Marvel, HYDRA fue creada por los nazis; por comparación, el mencionado número 176 menciona explícitamente la diferencia que significa para el Capitán América el combatir a los nazis por un lado, y al Imperio Secreto como enemigo interno por el otro. En definitiva, hay una inspiración en ideas ya presentes en la saga del Imperio Secreto, pero por el camino, el filo político del cómic original se ha perdido un resto en la película que ha tomado algunas ideas del mismo. Vistos desde la actualidad, los cómics de Stan Lee y su gente pueden parecer algo ridículos en su grandilocuencia y espíritu desaforado, porque palabras como minimalismo o sutileza no parecen haber entrado en el vocabulario leeano. Pero algo que nunca les faltó en esa época, fue valor para hacer un comentario sobre los movimientos políticos y sociales de su tiempo. Una obra de arte no es necesariamente mejor porque sea más o menos política, y de hecho el afán panfletario ha sido la perdición y tumba de muchas novelas y películas, pero la dimensión social de una obra es ineludible: pretender escapar de ella y entregar un producto más sanitizado termina redundando en empobrecer el material original de base. El Capitán América como personaje, siempre ha sido una reflexión acerca de los valores proclamados por Estados Unidos, y el cómo se viven en la práctica cotidiana del día a día; que el Capitán América del cine sea bastante menos filoso que el de un cómic en apariencia más ingenuo y tontorrón por ser de una época más inocente que la nuestra, algo debe decir.

El duelo final contra Número Uno, en inglés. No leer si no se quiere ser víctima de spoilers, por supuesto.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Batman 75 años (5 de 6): Sus enemigos.

Algunos enemigos de Batman, dibujados por Neal Adams.
61. Uno de los aspectos más celebrados de Batman como personaje, es el haberse rodeado de la que quizás es la más icónica galería de villanos de cualquier personaje de cómic. Todos sabemos que Lex Luthor es la némesis de Superman, Magneto la de los Hombres X, y ahondando un poco más lejos, que Malebolgia es la némesis de Spawn, pero aparte de los aficionados al cómic, pocas personas podrían mencionar a otro villano de tales personajes, aparte del archivillano principal. Pero cualquier persona, sin ser necesariamente aficionada a los cómics, puede reconocer a varios villanos de Batman: Joker, Catwoman, Penguin, Riddler... etcétera. De hecho, los villanos se han hecho una parte primordial de la mitología batmanesca, de manera tal que es posible concebir a otros superhéroes sin villanos fuertes, pero parece casi imposible concebir a Batman sin uno o varios de éstos. Entonces, cabe preguntarse acerca de cuál es la clave que ha permitido a los villanos de Batman adquirir un estatus tan icónico, que en ocasiones han llegado a ser incluso más populares que el héroe, lo que es por ejemplo el caso de Joker, en particular después de la película The Dark Knight de 2.008 (lean esto como prueba).

62. Una primera idea a tener en cuenta, es que los villanos de Batman pasaron por un durísimo proceso de selección darwiniana, y muchos de ellos quedaron por el camino. Los que conocemos y son recurrentes no son todos, sino apenas los llamados para la gloria que consiguieron enquistarse en la conciencia de los fanáticos; el resto han sido apariciones de una sola tira o poco más, y han entrado y desaparecido sin que nadie los extrañe demasiado. Así, la popularidad de los principales villanos no es compartida por, digamos, Amba Karidi, Penny Plunderer, Zebra-Man, Spinner, Eivol Ekdar... Respecto de lo mismo, vale la pena mencionar que Batman no luchaba inicialmente contra supervillanos, sino contra gángsters y delincuentes comunes y corrientes; los mismos solían aparecer sólo para ser despachados dentro de la misma historia, en plan villano de la semana. El primer gran supervillano que apareció fue Joker, que en el planteamiento inicial iba a ser otro villano más en ser despachado al final de su primera aparición; Bob Kane y Bill Fincher, eso sí, después de escribirlo y dibujarlo, descubrieron que tenían dinamita entre las manos, y aunque dieron a entender que Joker moría en su primera aparición, dejaron pistas de que quizás volvería a reaparecer. Este recurso narrativo en adelante se haría habitual en los cómics, siendo el Doctor Doom de la Marvel quizás el ejemplo más egregio de personaje que parece morir en la batalla, sólo para reaparecer intacto y de manera inexplicada algunos números después. Pero volviendo a Batman, resultó que Kane y Fincher tenían razón al dar a entender que Joker sobrevivía a su primer duelo con Batman, porque este archivillano se transformó en el más emblemático de los enemigos contra los cuales se ha enfrentado Batman.

63. Es muy posible que el criterio decisivo por el cual ciertos villanos de Batman han pasado a la inmortalidad y otros han mordido el polvo, radica en la propia dinámica del cómic. Al ser una deconstrucción de los superhéroes más clásicos y tradicionalesBatman se presenta como un arquetipo oscuro de éstos, en particular de Superman. Pero a su lado, los supervillanos más clásicos de Batman aparecen como arquetipos todavía más oscuros del propio Batman. Es decir, Batman al ser más oscuro que Superman es el antihéroe frente al héroe, mientras que los villanos de Batman al ser más oscuros que Batman mismo, son los villanos frente al antihéroe. Esto se ve potenciado porque si bien la lucha de Batman contra los villanos tiene un fuerte componente muscular, necesario para que el dibujante y sus lectores se recreen con puñetazos y explosiones, al último la batalla de Batman contra sus enemigos es principalmente un conflicto de mente contra mente, y esto es también una deconstrucción del enfoque más físico que usan los superhéroes más convencionales al estilo de Superman para luchar contra el mal. De ahí que los villanos más populares de Batman, tiendan a ser aquellos que reflejan un aspecto oscuro de éste. Además, esto genera una inesperada nueva veta dramática, muy bien reflejada en la película The Dark Knight de 2.008, y plasmada con algo más de torpeza pero no sin ingenio en el Batman de 1.989: la idea de que al tratar de erradicar el mal con el mal, Batman entra en una relación simbiótica con los villanos en que ambos se necesitan mutuamente para sobrevivir y autojustificarse, y que al presentarse como la oscuridad contra la oscuridad, Batman lo único que hace es alentar a nuevos villanos a atacar a Ciudad Gótica. De esta manera, es fácil analizar a los principales villanos de Batman como si fueran versiones alternativas de Batman, siendo esencialmente Batman con algún aspecto de su personalidad exagerado a niveles patológicos.

Heath Ledger como el Joker en The Dark Knight (2.008), una de las versiones más definitivas del personaje.
64. El más popular de los villanos de Batman es el Joker, por supuesto. Apareció por primera vez, y de manera muy apropiada, en Batman número 1, de la Primavera de 1.940. Armado de una enorme cantidad de armas, siempre peligrosamente impredecible, este payaso asesino es el niño símbolo de la sociopatía y la enfermedad mental. Pero lo que de verdad le ha dado longevidad al personaje, es que es un reflejo de las propias tendencias obsesivas e incluso de la psicosis latente en el propio Batman. ¿Cuánto hace falta para que Batman se quiebre mentalmente y se vuelva tan insano como el Joker? Hay una cierta insinuación de que esto ya ha ocurrido. En The Killing Joke, el Joker se refiere explícitamente a que todo lo que necesita una persona para volverse lunática, es un mal día. El Joker tuvo uno, y se transformó en el payaso asesino que ya conocemos; Batman tuvo otro, y se convirtió en el rudo vigilante enmascarado que conocemos. En muchos sentidos, el Joker es tal y como sería el serio, oscuro y formal Batman se desatara, desde la vestimenta hasta el afán puro y simple de vivir para la diversión, mórbida en el caso del Joker. En lecturas más recientes del personaje, se le ha dado al Joker una personalidad a través de la cual se siente románticamente desdeñado por Batman, creando lo que Frank Miller llamó en sus palabras "una pesadilla homofóbica", ya que el Joker es presentado como un verdadero acosador sexual en contra de Batman.

65. El Pingüino, por su parte, que apareció por primera vez en Detective Comics número 58 (Diciembre de 1.941), es tal y como sería Batman si el millonario Bruce Wayne, por una u otra razón, se hubiera dedicado al crimen. En el común de sus retratos, el Pingüino es una figura ligeramente ridícula en sus pretensiones nobiliarias; así, aparece como una especie de aristócrata frustrado frente al linaje puro y noble de Bruce Wayne. En el común de sus apariciones tendía a ser un petimetre ridículo, pero sucesivas versiones del personaje lo han ido oscureciendo un resto; el personaje ha adquirido un pathos algo trágico en buena medida gracias a que, a diferencia de otros villanos de la galería de Batman, no es en verdad un enfermo mental, sino una persona profundamente sola y abatida por el rechazo que ha provocado su figura algo deforme. Este retrato que lo pinta como un noble caído en desgracia, alcanzó cotas de verdadero lirismo y tragedia en Batman regresa, película que hizo mucho por construir el Pingüino tal y como lo conocemos, en Batman: La serie animada que profundizó aún más en sus sentimientos de sentirse un noble desposeído, y sobre todo en el magnífico cómic Penguin: Pain and Prejudice publicado entre 2.011 y 2.012, y que refiere la historia de cómo el Pingüino ha llegado a ser quien es.

66. Como parte de su personalidad que es pura contención y autocontrol, Batman ha entrado en interesantes relaciones con las villanas mujeres; y Catwoman es la más popular de todas, aunque desde el retrato lleno de patetismo que Tim Burton hizo de ella en Batman regresa, se ha desplazado más bien hacia el territorio del antiheroísmo. Introducida por primera vez en Batman número 1 (Primavera de 1.940), partió como una vulgar villana más, hasta que entró en el ojito de los lectores gracias a una dinámica muy peculiar con Batman, que replica la tensión sexual propia del Cine Noir de la época. Dentro de la dinámica de caracteres de estas películas, el detective privado, a pesar de ser un tipo bastante gris y ambiguo en lo profesional, se define como el héroe por su incorruptibilidad sexual, lo que queda de manifiesto frente a los avances de la femme fatale de turno que utiliza la seducción como arma de manipulación. Con esto, los buenos ciudadanos de la época estaban avisados acerca de los peligros de la sexualidad desatada y de la degeneración moral subsiguiente, muchos más peligrosos dentro de estos conceptos que, por ejemplo, la corrupción política. Este esquema del Cine Noir ha sido calcado a la letra entre Batman y Catwoman, sólo que en versión furrie porque, como se ha obesrvado, ambos personajes tienen un leit motiv animal; con el subtexto de que la gata puede depredar al murciélago, remarcando así el rol de la villana hipersexualizada como devoradora de hombres. Entonces, Catwoman es la versión femenina de cómo sería Batman si es que se rindiera a sus impulsos sexuales más primigenios. De manera muy interesante, en un Elseworld llamado Catwoman: Guardian of Gotham, Holly Robinson ocupa el lugar de Alfred y Catwoman el de Batman... y aquí es Catwoman la que aparece tensa y reprimida frente a un Batman que tiene a la vez el gancho de la lujuria y de la sangre... y también frente a las más que directas y cariñosas insinuaciones por parte de la mentada Holly Robinson.

Anne Hathaway como Catwoman en The Dark Knight Rises (2.012).
67. Algo más moderno es Ras' Al Ghul, en concreto desde Batman número 232 (Junio de 1.971), pero popularizado por Batman: La serie animada, y masificado por Batman Begins. Los paralelos entre ambos son bastante interesantes: ambos son millonarios que han dedicado sus vidas a lo que conciben como el bien, y conjuran a su alrededor un hálito místico a través del cual pueden moverse en las sombras e influir en el curso de las acciones humanas e incluso históricas. Pero a diferencia de Batman, que elige transformarse en un ejército de un solo hombre, Ras' Al Ghul decide convertirse en la cabeza de una sociedad secreta; en esencia uno eligió convertirse en hombre de acción y el otro en la conspiración en las sombras. Además, su ideario ecoterrorista significa violentar la única regla de Batman, puesto que Ras' Al Ghul considera el exterminio de la Humanidad en su conjunto, como un costo necesario para restaurar el balance de la Tierra. A diferencia de otros villanos, el ser un visionario con ideales, por muy retorcidos que éstos puedan resultar, ha infundido a Ras' Al Ghul un saludable respeto por Batman, a quien tiende a ver como un noble oponente en vez de una alimaña que deba ser exterminada para el logro de sus planes. Irónicamente, el propio Batman adoptará en algún minuto los métodos de Ras' Al Ghul, al tratar de crear una especie de franquicia superheroica con varios Batmen repartidos alrededor del mundo; si ustedes están pensando en Batman Incorporated, organización que surgió en 2.010, entonces asómbrense al enterarse de que esta idea data de fecha tan antigua como 1.955, cuando fue presentado Batmen of All Nations, con héroes como The Knight, the Musketeer... y el Gaucho y sus boleadoras. La Edad de Plata tiene sus cosas buenas, pero no se tiene ganada su cuota de oprobio sin un mínimo de razón.

68. Riddler, alias Edward Nygma, tenía todos los mimbres para ser un villano poco popular, debido a su aberrante obsesión por dejar pistas que terminan delatándolo; uno puede suponer que le iría mucho mejor en la vida si hiciera algo tan simple como pagarse una terapia psicológica. De hecho, no fueron los cómics sino la serie televisiva de Adam West el responsable de popularizarlo, gracias en buena medida a la carismática interpretación del actor Frank Gorshin. Pero Batman y Riddler son más parecidos de lo que podría pensarse. La necesidad patológica de Riddler por demostrar que es el más inteligente y superior, pareciera externalizar una pulsión que en Batman está soterrada, pero presente. Porque Batman también necesita casi de manera imperiosa ser el mejor, el que tenga siempre la mano ganadora, el vencedor; y también recurre a ello de preferencia a las armas de la inteligencia. El motivo de Batman, eso sí, es más noble, ya que Riddler es motivado únicamente por su egocentrismo. Pero considerando que Batman se la pasa siempre balanceándose al borde del abismo, uno podría preguntarse si es que, de perder la razón alguna vez, no podría acabar sufriendo la misma clase de degeneración psicológica y moral de Riddler.

69. Una de las pruebas más concluyentes de que los villanos de Batman son más populares cuanto más se ajusten al rol de reflejo oscuro del héroe, es Victor Freeze. En su época clásica, era apenas un villano temático, el Capitán Frío, cuyo rasgo distintivo era usar ataques de frío, y poco más; por poco distintivo, en la serie de 1.966 ni siquiera fue interpretado por un mismo actor de manera continua, aunque al menos en sus tres apariciones tuvo los rostros de los inmensos George Sanders, Otto Preminger y Elli Wallach, lo que suponemos que cuenta como premio de consuelo. Sin embargo, en Batman: La serie animada, se le dio un trasfondo bastante simpático, pasando a ser de otro enemigo monomaníaco de Batman a un villano trágico, ya que su villanía se relacionaba con sus intentos por salvar a su esposa congelada primero, viéndose espoleado por su desprecio nihilista hacia la sociedad en su conjunto. No es demasiado díficil reconocer estos rasgos en el mismo Batman: tanto Batman como Freeze tuvieron un mal día en que se les destruyó la vida para siempre, ambos perdieron a los seres que más amaban en este valle de lágrimas, ambos se han alienado del mundo, y ambos se han convertido en personas frías y racionales que tratan de mantener siempre sus emociones a raya. Pero Batman nunca deja que una emoción básica positiva, la compasión, desaparezca, y esto hace toda la diferencia con Freeze, que reacciona ante las personas con la más profunda indiferencia. Es decir, Freeze es más o menos como sería Batman si es que éste acabara de perder por completo la fe en la raza humana, y se volviera un nihilista absoluto; es decir, irónicamente, cada vez que Batman trata de ser ciento por ciento racional, se acerca un peldaño más a ser tal y como es Victor Freeze en su estado natural.

Victor Freeze en Heart of Ice, capítulo de Batman: La serie animada que redefinió para siempre al villano.
70. Two-Face es quien anteriormente fue Harvey Dent. La historia es conocida: Harvey Dent el fiscal de Gotham City es atacado con ácido, y pierde la mitad de la cara. El impacto psicológico produce una doble personalidad, y emerge así Two-Face, sin que Harvey Dent desaparezca por completo. En algunas continuidades, se ha reforzado la idea de que Two-Face es la representación externa y, diríamos, psicosomática, de lo que muy en el fondo sucede con el propio Batman. Porque también Bruce Wayne y Batman operan siendo en esencia dos personalidades distintas, y siendo Bruce Wayne probablemente un simulacro que utiliza Batman para relacionarse con el mundo exterior a nivel social, es fácil advertir que la personalidad de Batman ha ganado la partida. Es decir, Batman se ha posesionado de Bruce Wayne de manera casi tan completa como Two-Face ha tomado el control de Harvey Dent. Y considerando que las actividades de Batman son, en estricto sentido, al margen de la ley, entonces la línea divisoria entre ambos personajes no se encuentra tan clara como podría pensarse. Aunque una vez más, como hemos dicho a la saciedad en esta serie de posteos aquí en la Guillermocracia, esto depende mucho de la interpretación que sobre la personalidad de Batman haga el escritor o guionista de turno, por supuesto.

71. Scarecrow es lo que sucede cuando la principal arma de Batman es utilizada para el mal. Al igual que Batman, la meta de Scarecrow es provocar el terror en el corazón de sus oponentes. Esto no hace sino poner de relieve la ambigüedad moral de los métodos usados por Batman para combatir el crimen. Ocasionar miedo a otras personas es por lo general algo que calificaríamos de negativo, y sin embargo Batman utiliza esta arma como modus operandi habitual. Es decir, la figura del miedo combatiendo al mal que representa Batman, se enfrenta aquí al miedo combatiéndolo todo. Esto puede relacionarse a un nivel más profundo con un muy discutido aspecto de Batman: su rol como parábola fascista. Los diversos fascismos, como sabemos, buscan prosperar sembrando el terror en la gente, para que tales gentes se unan a su cruzada bajo un sistema de cuadros y masas. Batman en efecto pretende imponer una visión del bien, la suya propia, a través del terror; en ese sentido, Scarecrow es lo que podría suceder cuando un hombre individualista y capaz de infligir miedo, es capaz de cruzar la línea. Hasta el minuto, Scarecrow ha corrido por libre, pero ¿qué sucederá el día en que abrace el ideal fascista y, a través del miedo, empiece a formar cuadros de camisas pardas o negras? Frank Miller en The Dark Knight Returns esboza el tema respecto de los seguidores de Batman, aunque sin llegar a hincarle el diente, mientras que Alan Moore, de todos los posibles guionistas, es quien aborda el tópico con una enorme profundidad, en un cómic que no es de Batman, pero que cambiando el nombre de los personajes y algunas situaciones, bien podría ser un Elseworld del personaje: V for Vendetta.

72. Sin ser tan popular como otros villanos, Hugo Strange se ha ganado su propia parcela, debido a un modus operandi que no difiere tanto del propio de Batman. Una de las principales armas de Batman es elaborar perfiles psicológicos de sus oponentes, captar sus debilidades, y explotarlas para obtener la victoria. Hugo Strange por su parte tiene igual interés en la mente criminal. E irónicamente, esto es lo que lo lleva a chocar tantas veces con Batman. Porque al final del día, en su retorcida manera, Hugo Strange es capaz de captar un matiz que otros personajes no: que Batman en el fondo es una clase diferente de mal, un personaje potencialmente tan perturbado como los criminales a los cuales persigue. Que Batman sea para Hugo Strange un caso de psiquiátrico más, es bastante revelador acerca del estado mental de Batman, y de que éste, en última instancia, no se encuentra tan distante de los villanos a los cuales combate.

Poison Ivy.
73. Dentro de la teoría según la cual los villanos de Batman consiguen popularidad gracias a representar un aspecto sombrío de éste, Poison Ivy pareciera desafiar la corriente. Se ha transformado en muy popular a pesar de que, en primera instancia, no pareciera haber puntos de conexión más profundos entre ambos personajes. Poison Ivy es una persona físicamente tóxica, y que pretende por lo general desatar un apocalipsis vegetal que destruya a la Humanidad. Interesantemente, a medida que Catwoman ha ido transformándose de villana en antiheroína, e incluso en interés romántico legítimo en algunas continuidades en las cuales el amor redime, el rol de seductora y tentadora dejado atrás por la mencionada Catwoman ha sido tomado cada vez más por Poison Ivy; que ella tenga una piel venenosa realza todavía más su aspecto de femme fatale, de mujer capaz de seducir y destruir a los hombres, expresando con crasa biología lo que es la dinámica psicológica interior. Esto justifica seguir dándole un tratamiento de femme fatale propio del Cine Noir de Humphrey Bogart, en una época como la nuestra en donde la tentación y seducción sexual ya no tienen la misma carga de inmoralidad que se le adjudicaba en esos tiempos. Pero hay un nexo más: en ambos casos tenemos personajes disgustados por el mundo tal y como está. Eso sí, la respuesta es distinta: Batman pretende reformar a la sociedad, o a los criminales a lo menos, mientras que Poison Ivy en principio pretende destruirla para instalar una sociedad conformada únicamente por plantas. Es decir, el atractivo psicológico de Poison Ivy descansa últimamente en ser una mezcla de Catwoman y Ras' Al Ghul; eso, y ciertas relaciones con Harley Quinn como bonus adicional.

74. Pero con toda probabilidad, el supervillano de Batman que es el más fiel reflejo oscuro de éste, es Bane. Surgido en 1.993, Bane fue adaptado de manera vergonzosa en Batman y Robin, y luego de manera algo más fiel, aunque con importantes reservas, en The Dark Knight Rises. Pero el Bane de los cómics es prácticamente el equivalente de Batman: un personaje enmascarado con una enorme fortaleza física gracias a una toxina que lo convierte en un temible bruto, pero que además es un genio criminal capaz de hacer elaborados planes por adelantado. Su primer enfrentamiento con Batman revela el alcance de su inteligencia: simplemente orquesta una fuga de todos los supervillanos desde Arkham Asylum, deja que Batman se fatigue luchando contra todos ellos, y luego él va a por Batman, rompiéndole el espinazo en el proceso. Bane es el igual de Batman tanto en fuerza como en intelecto, y no tiene problemas psicológicos que sean un punto débil para él. Sin embargo, hay un sutil elemento diferenciador: el poder físico de Batman viene de un entrenamiento infernal, mientras que Bane obtiene el suyo de una toxina. En cierto sentido, esto hace de Bane un falso Batman, por decirlo de alguna manera, ya que si Batman ha llegado a los límites de la condición humana gracias a lo que llamaríamos una profunda ética del trabajo, Bane lo ha conseguido por medios químicos; es la misma diferencia ética que encontramos entre un atleta que gana una copa después de haber entrenado durante años, versus uno que se alza con la victoria gracias a esteroides y anabólicos. La diferencia ética entre el Batman y su única regla, versus el amoral Bane, encuentra así un equivalente en la manera en que ambos se han llevado a sí mismos a los límites de la personalidad humana.

75. De este repaso de la galería de villanos de Batman, por fuerza muy breve e incompleto, emerge una conclusión inquietante: en muchos sentidos es el propio Batman que alienta a los villanos a existir. Si los villanos son el arquetipo oscuro de Batman, puede decirse que al revés, Batman es el equivalente de los villanos en un aspecto clave: el individualismo. Todos los villanos de Batman son individuos que se rebelan contra el sistema, corrompido y decadente, pero sistema al fin y al cabo. Batman lucha por defender la sociedad, pero su cruzada es también una de autoafirmación personal. Como hemos dicho, Batman no confía en las instituciones ni utiliza su enorme fortuna personal para luchar contra el mal, sino que se vale de su propio individualismo; en última instancia, esto tiende a borrar la línea que lo separa de sus villanos. Pareciera ser que Batman no lucha tanto por la ley como por su ley, y que ésta sea la misma legalidad de la sociedad en su conjunto, es algo que a ratos se antoja más coincidencia que otra cosa. Así, los villanos de Batman son la cara oscura de éste en buena medida porque el propio Batman es la cara oscura de superhéroes más luminosos y legales, por decirlo de alguna manera. Por supuesto que el tema es muy espinoso, y ha originado las consecuencias que son de prever: en manos de malos escritores, Batman se ha transformado en un títere de la legalidad entendida sin más, o peor aún, en un fantoche parafascista, mientras que en las buenas historias de Batman, esta ambigüedad ha quedado muy bien plasmada, en el subtexto a lo menos, confirmando algo que ya hemos venido argumentando desde hace rato: que parte importante del atractivo y popularidad de Batman como personaje es que su relación cercana con los villanos es un recordatorio constante para todos nosotros los lectores y espectadores, de que no somos tan buenos ni nobles como muchas veces nos gustaría creer que somos. Que los villanos sean el lado oscuro de Batman, significa así que también son el lado oscuro que todos nosotros, de una u otra manera, poseemos.

Los villanos clásicos de la serie televisiva Batman de 1.966.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Al que mucho tiene más le será dado...

Un grabado anónimo de 1.712 en donde aparecen representados los tres sirvientes y el patrón, que protagonizan la Parábola de los Talentos.
Hay gente que considera a Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios, o a lo menos como un elevado maestro espiritual. Otros son de opiniones un poco más negativas sobre la figura. Lo que sí parece innegable, de creerle a los Evangelios, es que el personaje tenía una capacidad única para explicar tópicos religiosos tremendamente peliaguados en términos muy sencillos de comprender. Son las famosas parábolas: relatos cortos o comparaciones a través de las cuales Jesús de Nazaret explica sus ideas y concepciones acerca de Dios, el alma y el mundo, y todo lo demás. Algunas de ellas son tan conocidas, que han pasado a formar parte del habla popular: la Parábola del Buen Samaritano, la Parábola del Buen Pastor, la Parábola del Hijo Pródigo... Y luego está la Parábola de los Talentos, quizás una de las más desconcertantes de todas. Y también una que, leída con atención, resulta particularmente cruel.

Si ustedes quieren consultar de qué se trata, pueden leer las dos versiones que nos proporcionan los Evangelios, en Mateo 25:14-30, y Lucas 19:12-27. Pero si no quieren darse la molestia, la referiré más o menos aquí. Se trata de una comparación del Reino de los Cielos: "El Reino de los Cielos es como...", y empieza. Hay un hombre que es muy rico, y que debiendo partir de viaje, llama a sus sirvientes para entregarles su riqueza. A uno le entrega diez talentos, a otro dos talentos y a otro uno; valga la mención de que estoy refiriendo el cuento por Mateo, ya que en Lucas no son talentos sino minas. Luego, cuando regresa, le exige cuentas a los sirvientes. El que había recibido diez talentos había hecho negocios y había ganado otros diez talentos, así es que el amo lo recompensa. El que había recibido dos había hecho también sus propios negocios y había ganado otros dos talentos, de manera que el amo también lo recompensó. Pero el que había recibido uno, teniendo miedo de perder el dinero que no era suyo sino de su señor, prefiere esconderlo en la tierra, de manera que cuando el señor regresa, le presenta el único talento a salvo, pero sin ganancia.

El señor entonces se alegra mucho de que los otros dos le hayan rendido tanto, y los premia. Al tercero, en cambio, le lanza el siguiente discurso: "Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí; por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura. Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mateo 25:26-30).

La primera vez que leí este texto era todavía un niño, y no tenía mayor idea de por qué un talento como lo es el saber cantar o hacerle a la repostería, podía obtener ganancia o ser escondido en la tierra. Me lo tomé como una metáfora: está hablando del Reino de los Cielos, y por lo tanto es natural que Dios, siendo omnipotente, pueda darle o quitarle a alguien el talento para cantar o para cocinar buenos pasteles. La versión alternativa del Evangelio de Lucas me hacía un poco más de sentido a este respecto: a un sirviente le entregó diez yacimientos mineros, a otro dos, al tercero uno. Aunque seguía siendo un misterio de cómo una mina podía esconderse en la tierra: ¿acaso el sirviente había tapiado la boca de la mina o algo, para que no entraran bandoleros? Después hice lo que todo ciudadano debe hacer para saber en qué clase de mundo está parado, lo que significa aprender Historia (entre otras cosas), y entonces entendí.


Por si habían escuchado la parábola y no se habían detenido mayormente sobre ella, y lo desconocen todo sobre el sistema económico del Imperio Romano, les explico. Talentos y minas son lo que podríamos llamar unidades monetarias en la Antigüedad. Se los suele considerar moneda, y ciertamente eran unidades con valor de intercambio económico, pero no medían exactamente unidades monetarias como los pesos chilenos o mexicanos, los euros europeos o los dólares de Estados Unidos. En vez de eso, eran unidades de peso. Que se aplicaban a los metales preciosos, en particular al oro, y de ahí su valor económico. Es decir, entregarle a alguien un talento de oro no era necesariamente pasarle una cantidad de monedas acuñadas, sino una cantidad de oro cuyo peso equivale a una medida de peso llamada talento; esto sin perjuicio de que los reyes y gobernantes en efecto acuñaran moneda, pero no para darle un valor como unidad de intercambio comercial, sino para que su sello real sirviera como garantía de la ley del oro contenido en la moneda. La propia palabra talento deriva del griego τάλαντον (talantos), que designaba a las balanzas para medir el peso de las cosas, incluyendo por supuesto a las balanzas de los cambistas de moneda.

Explicado lo anterior, podemos preguntarnos cuánto dinero era un talento. La respuesta: una enormidad. Se concebía el talento como la cantidad de agua necesaria para llenar un ánfora; imagínense ustedes una cantidad de oro equivalente en peso a dicha cantidad de agua. La medida de un talento variaba de lugar en lugar y de tiempo en tiempo, pero en la época neotestamentaria equivalía a algo menos de 60 kilogramos. O sea, al sirviente que le entregaron un talento, en el fondo le entregaron casi 60 kilogramos de oro, al sirviente con dos talentos le entregaron algo menos de 120 kilogramos de oro, y al sirviente con diez talentos le entregaron más de media tonelada de oro en total. Eso es una brutalidad de oro hoy en día, y en esa época lo era todavía más.

Saquemos algunas cuentas más. El salario promedio de un obrero no calificado, por ejemplo el campesino labrando la viña de un terrateniente, era de un denario al día (Mateo 20:2, Juan 12:5). Aplicando este lindo convertidor de unidades, descubrimos que un talento es equivalente a casi 5.300 denarios. O sea, con un talento usted podía pagarle a un trabajador durante década y media trabajando de lunes a domingo y sin festivos. O bien conseguir que 5.300 trabajadores hicieran labores para usted durante un día completo. O si asumimos un trabajo de lunes a sábado, seis días a la semana, usted podía disponer de 16 trabajadores durante un año completo, y aún le sobraría una cantidad suficiente para pagarle a un trabajador número 17 adicional durante cerca de diez u once meses. Todo esto sin considerar impuestos, eso sí.

Abundemos todavía más. En Chile, el salario mínimo en 2.014 está fijado en 210.000 pesos (unos 400 dólares, considerando un tipo de cambio de 500 pesos el dólar, aunque el dólar en Chile durante 2.014 ha tenido un comportamiento bastante errático, cortesía de los misiles israelíes encajados en Gaza, y de los milicianos yihadistas en Irak). Sin aplicar descuentos, impuestos o imposiciones, y considerando seis días de trabajo a la semana de lunes a sábado, la remuneración mínima diaria es de 8.750 pesos (17,5 dólares). Es decir, un talento es equivalente a más de 46 millones de pesos chilenos (más de 92.000 dólares). Ahora es donde aparece en verdad lo que estaba en juego para los pobres sirvientes: al que le dieron menos, le dieron el equivalente a 46 millones de pesos actuales, al que le dieron un poco más le entregaron 93 millones y algo de pesos actuales, y al que le entregaron con alevosía, recibió casi 500 millones de pesos. No son sumas despreciables, tratándose de una época anterior a aquella en que los millonarios pueden comprarse helicópteros privados.



Por cierto, una nota etimológica. Ustedes a estas alturas estarán preguntándose por la coincidencia de que para un talento como saber cantar o preparar ricos pasteles, se utilice la misma palabra que para una antigua moneda, o más técnicamente, para una antigua unidad de peso con aplicaciones monetarias. No es una coincidencia. El uso de los talentos en una parábola le aseguró celebridad futura a la palabra en cuestión, toda vez que la Biblia se transformó en parte de la cultura europea durante una Edad Media en que no existía televisión para entretenerse, y en particular asociando la palabra con algo muy valioso; de ahí que se haya empezado a decir de las personas capaces de cantar bien o cocinar ricos pasteles, que son talentosas como sinónimo de ser valiosas.

Frente a esto, la parábola no puede ser menos que desconcertante. Jesús está comparando el Reino de los Cielos con un patrón que entrega talentos a sus sirvientes. Los sirvientes que utilizan los talentos para multiplicar la riqueza del Señor, sea el señor de la parábola o el Señor en los Cielos, tanto más da, son los que recibirán premio. Los sirvientes que se guardan la riqueza para sí, ésos no sirven y es más, serán echados afuera. Desde cierta perspectiva, parece justificado: si una persona no invierte aquello que le dio el Dios es Amor del Nuevo Testamento, en hacer feliz a sus semejantes, es muy posible que el calificativo de ser un mal cristiano o un cristiano a su manera le venga de cajón. Los dones, es la prédica cristiana, no son para beneficio personal sino para amar a los demás así como Jesús los ha amado.

Pero luego viene el castigo. El Dios de esta parábola es un Dios interesado: "Sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí", dice. El Dios de esta parábola es un tanto diferente al Dios Padre y al Dios es Amor predicado en otros pasajes. No es un Dios amoroso, solícito y comprensivo, sino uno que explota a sus sirvientes incluso cuando no está físicamente presente. Al Dios de esta parábola le interesan un bledo las buenas intenciones: él quiere resultados. El sirviente que escondió 46 millones de pesos en la tierra no lo hizo por maldad, sino que lo hizo por mejor, porque el dinero estuviera a salvo; el que tenía 460 millones de pesos irónicamente lo tenía más fácil, ya que tenía fondos de sobra para invertir en varios negocios a la vez, y así compensar las pérdidas con las ganancias, mientras que el que tenía 46 millones prefirió no apostar a ganar por temor a perder.


Más inquietante es la conclusión de la Parábola, según el relato bíblico. En Mateo, se trata acerca de la venida del Reino de Dios, momento en que los justos serán premiados como los sirvientes buenos, y los malos castigados como el sirviente malo. En Lucas, en cambio, la conclusión es mucho más perturbadora, ya que dice que los seguidores de Jesús deben traer a quienes se nieguen a seguirlo y reconocerlo como Rey, para que éstos sean degollados. Y dicho esto estando ad portas de entrar a Jerusalén en la serie de eventos que culminaron en su Crucifixión; si no me creen, lean el Evangelio por ustedes mismos y cerciórense. Me ahorro los comentarios para no sembrar más polémica de la que es propia de estos pasajes que estoy citando.

Ni qué decir acerca de las derivaciones económicas de esta parábola. Irónicamente, gentes de derecha y de izquierda la han utilizado para su propio bando. Los neoliberales la leen en el sentido de que está bien buscar la riqueza por cualquier medio, ya que cualquier riqueza que se obtenga es un favor divino: mientras más rico eres, es más lo que se complace Dios en tí. O sea, si tienes casi 500 millones y haces otros casi 500 millones, estás cumpliendo la voluntad de Dios. Riqueza por lo tanto es igual a salvación. Los más cercanos a visiones de izquierda por el contrario ponen de manifiesto la inequidad del señor, y también la falta de solidaridad de los sirvientes buenos, que no interceden por el sirviente malo: cada sirviente hace lo suyo por su cuenta, sin ponerse de acuerdo, y el resultado de esto es la debacle del sirviente malo. De esta última reflexión se pueden extraer también algunas interesantes y perturbadoras conclusiones para el mundo actual, en particular para cierta clase media arribista con mentalidad de yo primero, yo segundo, yo tercero y mi sombra en cuarto (y último) lugar.

Sea cual sea el resultado, la Parábola de los Talentos sigue siendo una fuente rica y fértil de ideas y conceptos, algunos muy interesantes e incluso para aplaudir, sumados a otros profundamente perturbadores.

domingo, 16 de noviembre de 2014

"La Princesa Caballero": Qué difícil es ser una princesa.

El manga y el anime japoneses ya tienen tanta presencia en el mundo occidental, que es fácil empezar a hablar de un manga y un anime old school, uno que sólo es recordado por los mayores, porque las generaciones menores empiezan a pasar de dicho material, menos sofisticado, quizás más ingenuo. El proceso es el mismo que en tantos otros campos: ciertas obras manga y animé old school han sido fundacionales porque han inspirado multitud de trabajos posteriores, pero cuando el público pasa de los trabajos posteriores al trabajo fundacional, se preguntan con perplejidad qué era lo grande que tenían en primer lugar. Porque ya no hay respeto con los maestros, sólo vale lo último y lo que está de moda, pareciera ser la consigna. Y uno de los que parecen haber caído bajo este eclipse es nada más y nada menos que Osamu Tezuka, el con justicia llamado Padre del Manga, cuyos hijos han salido demasiado revoltosos, y no siempre le dan todo el respeto que se merecen. La obra en comento aquí, La Princesa Caballero, es posible considerar que ha caído dentro de esto, y no saldrá hasta que algún iluminado decida hacer algún remake. Lo que promete mucha basura, porque muchas veces el remake, para hacerlo más vendedor, buscan hacerlo más oscuro, angustioso y al límite, matando de paso todo el encanto que tenía la obra original sólo para alimentar la incombustible caldera del angst de los fanáticos adolescentes.

El título original de La Princesa Caballero es Ribon no Kishi, literalmente El Caballero del Lazo; el nombre proviene de una identidad secreta que adopta la protagonista, que es la princesa Zafiro, aunque dicha identidad secreta no le dura demasiado. De todas maneras, siendo honestos, estoy hablando del manga de 1.963 a 1.966, que es la versión de la historia a la que tuve acceso y en la que me baso para escribir el presente artículo, y no de la historia original ni la serie televisiva. Porque esto merece algunas clarificaciones. La publicación original del manga de La Princesa Caballero fue entre 1.953 y 1.956. La obra conoció un éxito sin precedentes en Japón, y de hecho es considerada el primer shōjo propiamente tal; para los no enterados, shōjo es el tipo de manga cuyo target es el mercado de chicas adolescentes. Antes de La Princesa Caballero, las historias para público femenino eran cortas y autoconclusivas, y de hecho esta misma obra fue publicada en una revista (Shōjo Club) que se dedicaba al manga sólo de manera parcial. La Princesa Caballero fue el primer shōjo densamente serializado, con un extenso arco argumental, y esto resultó impactante en la época. Osamu Tezuka dibujó una secuela con los hijos de Zafiro, que fue publicada en Nakayoshi, revista dedicada al shōjo manga que había nacido en el intertanto, precisamente para capitalizar el éxito del nuevo subgénero que estaba naciendo con La Princesa Caballero.

El propio Osamu Tezuka después guionizó entre 1.963 y 1.966 un remake, dibujado por Hideaki Kitano, y que es la versión que tuve ocasión de leer, ya que fue publicado en español por Ediciones Glénat en 2.004. El remake sigue más o menos fielmente la historia del manga original, hasta donde llegan mis noticias, pero promediando su final, altera éste para introducir nuevas aventuras y alargarlo mucho más allá; además cambia algunos personajes, como por ejemplo Mefisto que deviene en Madame Hell. Poco después, entre 1.967 y 1.968, se realizó un anime en 52 episodios que llegó a Latinoamérica y tuvo cierta popularidad, en una época en donde al anime todavía era llamado monitos japoneses (se lo exhibió en el público hispanohablante como La Princesa Caballero, o como Choppy y la Princesa). Al igual que el remake, el anime toma la premisa inicial de La Princesa Caballero, pero la desarrolla con su propia continuidad, y con un final radicalmente diferente al original.

Abocándonos ahora al remake de 1.963, la historia parte en el Cielo, en el momento en que Dios está embarcando los niños por nacer, a bordo de un velero para enviarlos a la Tierra. En dicho momento es cuando los niños deben engullir un corazón azul (masculino) o uno rojo (femenino). Ahí es cuando interviene Tink (Choppy, según la versión televisiva), un ángel demasiado travieso para su bien, a consecuencia de cuya metida de pata, la princesa Zafiro termina engullendo un corazón masculino y uno femenino... a la vez. Después de una regañina monumental, Dios castiga a Tink enviándolo a la tierra con la misión de conseguir que Zafiro renuncie a su corazón masculino, para que pueda ser una mujer completa y cabal.

El anime de 1.967 - 1.968.
El nacimiento de Zafiro genera también un problema dinástico en el Reino de Plata. Resulta que el rey esperaba un hijo varón porque una mujer no puede heredar la corona, que pasaría a su hermano Duralmin, que es un villano, o el sobrino de Duralmin, que es un mentecato. Gracias a un equívoco, el rey y la reina consiguen crear la charada de que Zafiro en realidad es hombre. Por supuesto que Duralmín no se va a quedar tan tranquilo, y hará todo lo imposible para descubrir la verdad y desenmascarar a Zafiro como mujer para que ella no herede el reino.

La historia da un salto de quince años. Ahora Zafiro es una adolescente. Tink entonces se pone en marcha para conseguir que Zafiro renuncie a su corazón masculino. Las cosas no serán tan sencillas porque si bien Zafiro resiente el no poder mostrarse como verdaderamente es, como una mujer, por otra parte ha adoptado los modales imperiosos y decididos de un hombre, y se siente feliz siendo como es. De todos modos, cuando Duralmín y su secuaz Maese Nailon empiecen a mover las fichas, intrigando contra Zafiro, Tink se pondrá de lado de la princesa, e intentará defenderla a como dé lugar. Las cosas se complicarán todavía más cuando aparezca una nueva villana, Madame Hell, tan demoníaca ella como el nombre lo indica, quien aspira a apoderarse del corazón femenino para entregárselo a su hija, que por ser demonio como la madre carece de uno. Lo que vendrá después será una tonelada de aventuras incluyendo a varios personajes cruzados unos con otros alrededor de Zafiro, con sus respectivas agendas cruzadas. Tantas aventuras, de hecho, que el final de las aventuras provoca algo de fatiga, ya que uno de los principales conflictos se resuelve a mitad de camino, y la historia sufre un alargue con la aparición de un nuevo villano salido de la nada, y cuya identidad no voy a revelar aquí.

Parte importante del encanto de la obra radica en su excelente narrativa. La pretensión principal es crear aventuras que sean vertiginosas y siempre sorprendentes, y eso lo logra de manera superlativa. Dos recursos aparecen como claves para ello. En primer lugar, un guión que va directo al grano, que precipita rápidamente todas las situaciones, y las resuelve con elegancia y rapidez para que, un par de páginas más allá, los personajes estén en otra parte y haciendo alguna otra cosa. Cuando un determinado incidente o lance llega a su culminación, el guión lo resuelve de la manera más rápida que se puede, para descargar de inmediato lo que será el incidente o lance siguiente. De esta manera, la acción no proporciona ni un minuto de sosiego, y la historia termina resultando muy absorbente.

Osamu Tezuka.
En segundo lugar, la historia puede verse como un cruce muy inteligente de influencias de todo tipo. Se ambienta en un tiempo y territorios indeterminados en la Europa medieval, aunque una de corte más idealista, claramente inspirada en las animaciones de Disney al estilo de Blancanieves y los siete enanitos o La bella durmiente, más que la Edad Media histórica y real. El trasfondo de las aventuras incorpora muchas influencias folletinescas, en particular de la literatura y el cine de espadachines, como una especie de cruce entre los Tres Mosqueteros y las películas de piratas de Errol Flynn (uno de los personajes será un caballeresco capitán pirata de nombre igual a un personaje de Errol Flynn: Capitán Blood). El resto de la tramoya viene dada por la incorporación de elementos mitológicos, aunque sin mucho sentido de trascendencia, privilegiando la aventura por sobre el misticismo. Esto explica que puedan coexistir al mismo tiempo y dentro del mismo universo Dios en el Cielo por un lado, y la muy pagana diosa Venus dando vueltas en la Tierra por el otro. Es una excelente muestra de la maestría de este manga, que dicho desborde de imaginación e influencias puedan interactuar de manera muy armónica entre sí, creando una sensación envolvente alrededor del lector, de verse transportado a ese universo de aventuras lleno de espadachines y hechiceros.

Otro punto aparte son los personajes. Todos ellos resultan increíblemente carismáticos. La princesa Zafiro pasa por un montón de pellejerías con estoicismo y determinación que la hacen ser muy querible; a su lado Tink también resulta muy simpático, aunque en justicia como ángel se merezca una buena patada en salva sea la parte. El Príncipe del Reino Vecino resulta algo blando, puesto ahí para ser el interés romántico de rigor, mientras que el Capitán Blood resulta un excelente antihéroe. Los villanos por otra parte también están retratados con enorme viveza: el duque Duralmin como una serpiente rastrera, Maese Nylon como un tipo cuya cobardía y torpeza no le impiden ser increíblemente peligroso cuando se lo propone, Madame Hell con todo su terrorífico poder, y su hija como antivillana, una demonio muy atractiva y tierna que en realidad ni quiere ser demonio, ni quiere ser princesa, y en realidad le interesa un bledo el corazón femenino de Zafiro.

Un aspecto complicado de este manga o anime es su visión estereotipada de los roles, algo esencial si se considera que parte importante del conflicto deriva de cuál identidad terminará abrazando Zafiro, si la de hombre o mujer (¡o ambas!). En ese sentido debemos asumir que es un manga de Japón de la década de 1.960, y por lo tanto, peca de ser algo machista. Zafiro dentro de su rol masculino es fuerte, valiente, idealista y decidida, mientras que dentro de su rol femenino es hipersensible, asustadiza, y muy necesitada de alguien a su alrededor, idealmente varón, para que la rescate. Salvo por Zafiro, el peso de la historia recae de manera casi íntegra en protagonistas masculinos, y los escasos personajes femeninos que rondan por ahí, o son villanas, o son chicas seductoras, o son marimachos. Pero se le puede perdonar porque es un producto de su época, e incluso puede decirse que era bastante progresista para sus días. Después de todo la princesa Zafiro es una chica valiente y determinada, aunque sea por haberse engullido un corazón masculino, y eso no es algo que suela encontrar a menudo en el canon de las princesas Disney, y menos las de esa época. Además de eso, ella se siente a gusto siendo una mujer con características de hombre, es decir, reventando justamente los estereotipos de género en que la obra a ratos incurre.


Y a propósito de Disney. El estilo de dibujo es bastante desconcertante para los cánones actuales. Todos sabemos que el manga y anime desarrollaron un estilo de dibujo de características muy marcadas, tanto que incluso en Estados Unidos ha comenzado esa imitación consciente llamada americanime. Por eso sorprende reencontrarse con una obra de Osamu Tezuka ambientada en un universo muy Disney, en donde los personajes guardan un parecido más que sorprendente con la animación Disney más clásica. Y eso que la influencia de Disney en Osamu Tezuka es algo que aparece en todos los manuales. El dibujo puede ser algo que tire hacia atrás a los lectores más nuevos, porque le da a la obra en total una cierta apariencia de ingenuidad, no muy congruente con lo que esperaríamos de una historia en donde la protagonista es, después de todo, una espadachina.

Pero no se crea por ello que la historia es en verdad ingenua. A pesar de ser muy de su época en varios respectos, se las arregla para tratar temas bastante profundos, en particular el de la identidad propia. La princesa Zafiro es una heroína en particular por su tenacidad, su negativa a rendirse, y su permanente defensa de lo que ella es, en vez de conformarse con los estereotipos que la naturaleza, el destino o la sociedad le quieren imponer. El tema se plantea a través de la identidad de género, pero es fácilmente traducible a otra clase de determinantes de la identidad propia. A su vez, aunque la historia tiene un tono general de comedia, lo cierto es que no le falta épica cuando corresponde, o momentos terroríficos.

Hoy en día es fácil mirar un poco por encima a La Princesa Caballero. Es una historia con estereotipos de género algo pasados de moda, de un dibujo algo ingenuo, sin todo el angst que a ratos descarga el manga o anime más reciente, es decir un producto mucho menos extremo de lo que fue para su tiempo. Y tales críticas y consideraciones son justas. Pero leyéndola sin prejuicios, uno se puede encontrar con una historia llena de aventuras y emociones, repleta de personajes y situaciones muy imaginativos, y con un muy saludable sentido del humor. Existe una edad, la edad del angst adolescente, en donde toda historia debe reflejar el desgarrador dolor interno de ser un solitario e incomprendido en un mundo en el cual no tienes lugar; esta historia no es una de ésas. Para quienes hayan madurado de dicha edad y todavía tengan un corazoncito con el cual se puedan emocionar ante un libro de aventuras como las de toda la vida, entonces La Princesa Caballero es una excelente recomendación.

La colección completa en la edición Glénat de 2.004.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los yosiempre.


Entre los variados tipos humanos que incitan a encomendarse a los manes de Jonathan Swift o Arthur Schopenhauer, están los yosiempre. Me refiero a la clase de personas que tienen pegada a las fauces la muletilla "yo siempre...". Lo que viene a continuación de dicha frase puede variar, aunque por supuesto es siempre una autoalabanza. Nadie dice "yo siempre me castigo los dedos entre las puertas" o "yo siempre me siento un imbécil"; por el contrario, se les escucha más bien un "yosiempre tengo que estar ahí para salvar la situación", o "yo siempre veo la vida con optimismo", o alguna otra tontería semejante.

En realidad, por mucha vida de perros que uno tenga, cada persona tiene su minuto de estrellato. Todos hemos sido alguna vez Zeppos que hemos debido salvar alguna situación mientras todo el mundo estaba mirando hacia otro lado, o todos nosotros nos levantamos alguna vez irradiando optimismo por un glorioso nuevo día. Por lo que el énfasis del yosiempre es diferente, porque él siempre hace esas cosas, él siempre es así de espectacular. Y lo que es, es algo positivo. El mensaje implícito, aunque no demasiado enterrado en el subtexto, es que el yosiempre es lo mejor de lo mejor, y que deberíamos construirle un altar o algo similar.

No ayuda que el yosiempre utiliza un tono de voz nasal. Uno puede ver como su barbilla se alza levemente, como para alejar sus prístinas pupilas de nuestro nivel, adquiere un leve semblante a Mussolini, a la vez que sus manos se abren con el gesto acogedor del que va a ser saludado como mesías debajo de hojas de palma.

Una variedad especialmente agresiva del yosiempre es el que siempre estuvo ahí. Me refiero a la clase de persona que deja botados a sus amigos y conocidos, o bien que sólo tiene palabras críticas y ninguneos para la gente a su alrededor, pero que cuando una de esas personas prospera y se hace notar de manera positiva, va corriendo a la siga para decir "yo siempre estuve contigo", "yo siempre he sido su amigo", "yo siempre sabía que te iba a ir bien". La gente que no sabe, termina creyendo de manera sincera el autobombo, y ansiosos ellos mismos de subirse al carro, ayudan de paso al yosiempre a subirse al mismo; la gente que sí sabe, por su parte, como por lo general no quieren comprarse un conflicto, dejan al yosiempre hacer, y se transforman así en cómplices pasivos del mismo. En cuanto al triunfador arriba del carro, siendo su hora de gloria, no puede quedar malparado delante de su nueva audiencia, empujando a empellones lejos al yosiempre y quedando como un malagradecido. De esta manera, el yosiempre en cuestión se hace de fama y reconocimiento gratuitos e inmerecidos.

Aún peor es el yosiempre que se cuelga de los muertos. Un artista ha sido opacado, insultado o ninguneado en vida, pero apenas fallece, empiezan los reconocimientos. ¿Y qué hace el yosiempre? Empezar a afirmar que "yo siempre supe que el muertito era un genio", "yo siempre defendí su obra", etcétera. En casos especialmente afortunados, estos yosiempre acaban sentados en el directorio de la Fundación Artística Muertito, tomando toda clase de decisiones comerciales sobre la obra del muertito al que en vida ni siquiera le prestaban visitas de cortesía. Tocábamos de refilón el tema respecto de los subidos al carro de la muerte de Michael Jackson, aquí en la Guillermocracia hacia algunos años, pero se le puede aplicar a cualquier artista a quien los aromas de santidad le han venido de la sepultura.

Algunos yosiempre tratan de disimular su yosiempría, probablemente porque era demasiado obvio su desprecio por el muertito. Entonces, para evitar el yosiempreo, caen en lo contrario, en la confesión arrogante. Es decir, ya que no pueden decir "Yo siempre estuve a favor del muertito", dicen que "Yo estaba en contra del muertito, pero vi la luz y enderecé mi camino". Uno de los ejemplos más flagrantes en toda la Historia Universal es Pablo de Tarso, personaje que no hubiera podido decir un yosiempre porque era demasiado notorio que perseguía cristianos, lo cual no le impidió autoproclamarse y firmar sus cartas como apóstol por la gracia de Cristo (ver Romanos 1:1), porque ninguno de los apóstoles verdaderos lo había elegido; el único apóstol elegido por los otros fue Matías, no Pablo (ver Hechos de los Apóstoles 1:26).

En definitiva, lo desagrable del yosiempre es su esfuerzo permanente y narcisista por forzar a los demás a reconocerlos porque sí, sin ninguna razón realmente valedera. Porque el árbol bueno da fruto bueno y el árbol malo da fruto malo... pero el yosiempre dirá que "yo siempre he dado fruto bueno", obligando a los demás a reconocer eso, aunque sea por cortesía. Aunque los frutos sigan siendo lo que son.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Synth80s - 1989.


La Historia es como los culebrones: cambian los actores, pero se repiten las mismas tramas. En la ahora ya un tanto remota primera entrega de Synth80s, la que dedicamos a los antecedentes setenteros, veíamos que la música electrónica fue abrazada en primera instancia como reacción ante varios fenómenos de la época: la prevalencia del Funk y de la Música Disco, el almíbar del Rock Progresivo, el adocenamiento del Punk... La música electrónica ochentera entonces eran nuestros soldaditos rebeldes en contra del IMPERIO DEL CONFORMISMO MUSICAL. Pero como lo hemos visto a lo largo de estas entregas, la propia electrónica ochentera se transformó en la ley. Nos hemos divertido de lo lindo repasando algunos grandes hitos, otros no tan grandes, y algunos incluso risibles, pero que en conjunto describen un cuadro unívoco: el paso de la rebeldía al conformismo. Los antiguos rebeldes que luchaban por imponer una música nueva que creara conciencia, ahora eran material de discoteca para adolescentes medio sonámbulos. Ya el Grunge estaba en el horizonte, por supuesto, e iba a barrer con todo eso. Pero dentro de la propia música electrónica estaban comenzando a suscitarse dos reacciones, que conducirán de lleno a la electrónica noventera. Por un lado, el Techno y el House iban a empezar a derivar lentamente en los movimientos que iban a dominar la electrónica noventera, típicamente el Jungle, el Rave, etcétera. Por el otro, el ala más vinculada al mundo gótico underground iba a evolucionar en dirección hacia los diversos géneros electroindustriales que iban a crecer también en la década de 1.990, incluyendo la hibridación de metal y electrónica que va a ser el Metal Industrial. Cosas que en 1.989 pertenecen todavía al futuro, aunque de todas maneras... sin embargo... Como sea, bienvenidos a la penúltima entrega de Synth80s, acá en la Guillermocracia.

121.- Martika - I Feel the Earth Move.



En realidad deberíamos haber incluido este tema en 1.988, que es el año del disco debut de Martika (Martika, precisamente, porque no se quemaron la cabeza bautizándolo). El tercer single fue este tema que sí salió como tal, como single, en 1.989. Y es posible que a muchos de quienes crecieron en la década, permanezca asociado a Martika en vez de a su intérprete original, Carole King, porque en efecto, I Feel the Earth Move es un cover. La canción fue un exitazo en todo el mundo civilizado, y también en Estados Unidos, durante un tiempo a lo menos. Porque después vino el dantesco terremoto de San Francisco del 17 de Octubre de 1.989, y las radios de Estados Unidos prohibieron tocar la canción porque pensaron que sería algo sensible que los damnificados distrayéndose con la radio escucharan una letra que dice "Siento que la tierra se mueve bajo mis pies"... Chistes fáciles aparte, lo cierto es que contra lo que pudiera parecer, a Martika no se la tragó la tierra, aunque la extinción de su nicho musical ochentero le hizo bastante daño. Diez años después, estaba ganándose los dólares haciendo voces de fondo para otros cantantes. Pobre. La música de Martika seguro que no era Mozart o Gershwin, pero sin lugar a dudas, ella como intérprete se merecía un mejor destino artístico. Ahí tienen a Britney Spears con su voz nasal con una bolsa de millones de dólares... en otra prueba de que la calidad vocal en el mundo musical puede verse eclipsada por la calidad de otras presas corporales varias.

122.- Madonna - Express Yourself.



Otra a la que estaba a punto de acabársele el negocio. Mirado en retrospectiva pareciera que Madonna no se hubiera ido nunca a ninguna parte, pero haciendo un poco de memoria, si bien en la década de 1.980 había sido sin lugar a dudas la reina absoluta, Madonna estaba a punto de iniciar una travesía por el desierto: el relativo fracaso de la película Dick Tracy que sepultó su carrera actoral por años, el estrellón de su relación con Warren Beatty, el estallido en la cara que le significó pasarse de roscas con su libro Sex, el relativo bajo perfil del disco Erotica... hasta que agarró un segundo aire con el exitazo de su película Evita, y luego con el disco Ray of Light de 1.998, que quizás es el mejor de su carrera, cortesía de William Orbit como productor. Pero en 1.989, Madonna todavía era grande. Muy grande. Tanto, que podía sobrevivir provocando al Vaticano con su disco Like a Prayer, con un primer single en cuyo videoclip se insinuaba que le hacía cositas a un santo negro. O que podía permitirse el lujo de grabar este videoclip de tintes orwellianos para su tema Express Yourself, dirigido por un chico que después haría carrera en el cine, del que ya hemos hablado a propósito de Straight Up de Paula Abdul, quizás les suene, un tal David Fincher, ¿lo ubican? Lo que hacen preguntarnos qué hubiera pasado si Fincher hubiera dirigido a Madonna en Dick Tracy, en vez de Beatty. Eso es una ucronía, y no la enésima novela sobre qué habría pasado si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial.

123.- Debbie Gibson - Electric Youth.



Otra estrellita salida a la cola de la moda de las cantantes haciendo música electrónica discotequera bailable al estilo de Madonna o Kylie Minogue, o... unas cuantas más. Pero desde Estados Unidos, o sea, con el tono más de colegio de monjas propio del puritanismo mal entendido del Tío Sam. Porque en Europa, Samantha Fox o Sabrina Salerno tenían claro que los ritmos bailables eran un accesorio, y lo realmente vendedor eran los atributos lúbricos de generosa visual para la platea. Dinámica que se repetirá años después entre Britney Spears y sus clones, princesitas que juegan a la provocación, versus las chicas rusas de t.A.T.u. que iban al mordisco y a la pelea dura y directa. Por supuesto, el estrellato de Debbie Gibson fue breve. La electrónica ochentera iba en colisión contra la sólida muralla de la década que se venía encima, y subirse al carro era sacar boleto de primera fila para lo más duro del estrellón. Sólo los más fuertes o con una mayor identidad musical iban a sobrevivir, y Debbie Gibson no iba a ser el caso. Para el recuerdo quedó Electric Youth, del disco también y creativamente llamado Electric Youth. En la década siguiente, la Gibson iba a iniciar también su propia travesía por el desierto, de la cual, a diferencia de Madonna, ni ha regresado ni se la espera regresar tampoco. No mientras siga rodando películas para The Asylum como Mega Shark Versus Giant Octopus con Lorenzo Lamas, por lo menos.

124.- Selena - Contigo quiero estar.



Perdón. Mil perdones. Un millón de perdones. Sé que mis lectores me van a matar por incluir a Selena dentro de este repertorio. Pero es que resulta inevitable. Porque la electrónica ochentera lo permeó todo. Literalmente todo. Incluso la música ranchera mexicana. Los mexicanos tienen una larguísima tradición musical, con intérpretes como Jorge Negrete o María Félix siendo grandes en su día, hasta el punto que la ranchera al ser exportada pasó a ser casi parte del patrimonio común latinoamericano en pleno. Y por supuesto, no faltaron los iluminados que se preguntaron por qué no incorporarle teclados a los sones tradicionales mexicanos, para darle tonos más modernos. Dicho y hecho. Selena, el disco debut de la cantante Selena Quintanilla, mejor conocida ella como Selena a secas, incorporó esta mezcla. Con el paso del tiempo, sabemos lo que ocurrió. A Selena se la cargaron a balazos justo cuando estaba a las puertas de desatar la invasión latina a Estados Unidos media década antes que Ricky Martin. Y las desgracias no paran ahí. La historia de sangre y música llamó la atención de los productores que se montaron una película en donde le dieron el protagónico y lanzaron al estrellato a... Jennifer Lopez. Porque en verdad, un mundo en donde Jennifer Lopez es superestrella en vez de Selena Quintanilla, es sin lugar a dudas un mundo algo más pobre, triste, y sobretodo, falto de autenticidad.

125.- Phil Collins - Another Day in Paradise.



Ser electrónico, rockero o metalero es un asunto de juventud. Por eso los rockstars muertos a los 27 son los mejores: porque no los hemos sufrido envejecer. Hay quienes peinan canas con dignidad, como David Gahan de Depeche Mode. Y luego está Phil Collins. Hombre que se divertía de lo lindo con Genesis, y que en la década de 1.980 dejó algunos hits culpables de ser pop sofisticado, porque si hay algo aburrido en la vida, es el pop sofisticado. El pop, o es alegre o es triste o no es. Lo sofisticado no es ni alegre ni triste, sino... sofisticado. Eso es todo. Pero con In the Air Tonight o Sussudio, todavía teníamos a un artista con cierto calado. Para la época del disco ...But Seriously, Phil Collins era una especie de magma omnipresente sobre toda la escena musical, con un pop blando y hecho al gusto y medida de las dueñas de casas demasiado asustadas con esos jovenzuelos revoltosos bailando quién sabe qué cosas por ahí. Mismas dueñas de casa que transformaron a este disco en el más vendido de la Inglaterra de 1.990. La canción es quizás la más reconocible del repertorio de Collins, lo que por supuesto no es exactamente un favor al cantante. Uno puede sospechar que gracias a las rentas de esta canción acerca de los sin techo, no le faltará una modesta casita a Phil Collins hasta su más provecta ancianidad...

126.- Depeche Mode - Personal Jesus.



Y a propósito de envejecer con gracia y dignidad. Depeche Mode, banda de la que ya hemos incluido cuatro hits a falta de uno (Just Can't Get Enough, Everything Counts, Stripped y Strangelove), ya había estado rondando cerca de una década, y por lo tanto afrontaba el peligro de que su estilo musical también envejeciera de manera acorde. Tenía el inmenso trabajo de mantener el excelentísimo nivel del disco Music for the Masses, y la respuesta fue... Violator. El mejor disco de su carrera, según algunos, o un paso atrás, según otros. El disco es de 1.990, pero como adelanto, lanzaron en 1.989 el tema Personal Jesus, que acabaría transformándose en el más emblemático de su repertorio. Como sea, el caso es que Violator como disco tuvo la virtud de alejarlos un poco de la escena electrónica ochentera, lo que ayudó a su supervivencia, por vía de inyectarle algo de guitarras a su sonido, aunque no tanto como al nivel de su sucesor Songs of Faith and Devotion de 1.993, que es casi un disco de Rock Alternativo. Eran los años dulces de Depeche Mode, antes del descalabro que significaron los discos ULTRA (1.997) y Exciter (2.001). Por suerte, después se reformatearon como una banda de electrónica para adultos, pero en el buen sentido del término, sacando los estupendos Playing the Angel (2.005), Sounds of the Universe (2.009) y Delta Machine (2.013). Porque como habrán adivinado, ya no hay más Depeche Mode en esta serie Synth80s acá en la Guillermocracia. En otra sutil muestra de que la década se está terminando, y la presente serie también.

127.- La Ley - Desiertos.



Otro aporte de Chile a la electrónica mundial. Porque si Chile tiene incluso un programa espacial que es para que la NASA y Baikonur tiemblen de miedo, entonces cómo no iban a aportar algunos teclados al mundo. De las cenizas de Aparato Raro, cuyo tema Calibraciones ya apareció acá en Synth80s, Rodrigo Aboitiz invitó a Andrés Bobe a formar un nuevo proyecto; posteriormente se unió un vocalista llamado Beto Cuevas. En 1.989 lanzaron su disco debut, Desiertos, el cual no tuvo ninguna repercusión. Tanto, que no pocos consideran que Doble opuesto de 1.990 sería su verdadero primer disco. Se suponía que la banda iba a inspirarse en Mecano, pero luego pasó a recibir una enorme influencia de la New Wave y el Darkwave británicos. Después, Andrés Bobe se mató en un infortunado accidente de motocicleta en 1.993, mientras que Aboitiz terminaría desertando. O sea, La Ley siguió funcionando sin los verdaderos fundadores e ideólogos de la La Ley. Tomen este dato como quieran. No en balde, probablemente el mejor material de La Ley sea incluido en sus primeros discos, antes de su internacionalización.

128.- 808 State - Pacific State.



Como decíamos, mientras la electrónica ochentera de discoteca se volvía cada vez más inane y dedicaba sus mayores esfuerzos a cavar su propia sepultura, por los palos iban corriendo otras bandas que trataban de reformatear la electrónica en otras direcciones. Como 808 State, por ejemplo. Banda que alcanzó su mayor prominencia a mediados de la década de 1.990, pero que ya en 1.989 estaba dando de qué hablar. 808 State es del puñado de bandas que estaba tomando la influencia de la escena Techno de Detroit y House de Chicago, combinándola con lo que venía del Italo Disco (¡o de cómo la veterana y funkie Música Disco expulsada por la electrónica, reingresa por la puerta trasera!), para reconvertirla en Acid House, el paso intermedio de la reacción química que va a llevar derecho a la era de las modernas fiestas rave. Es decir, estamos frente al mismo fenómeno de reacción contra lo vetusto que veíamos a comienzos de Synth80s. Y que, una década después, llevará a la degradación moral de la horrorosa fiesta rave postapocalíptica de Matrix recargado, en otra grandiosa historia de decadencia y caída de casi todo el mundo.

129.- Underworld - Stand Up.



Para el común de la gente, Underworld está asociado con el tema Born Slippy de la película Trainspotter, el hito hipster de 1.997, antes de que se inventara la palabreja, película que fue muy aplaudida en su día como la nueva gran cosa, y que hoy en día, década y media después, yace en el más profundo de los olvidos. Porque al igual que no se puede tener dos amos porque se amará a uno y aborrecerá al otro, tampoco se puede reverenciar al arte y a lo hipster. Pero volviendo a Underworld, esta banda ya estaba en activo a finales de la década de 1.980. Stand Up, y más genéricamente el disco Change the Weather al que pertenece el tema, es el sonido de una banda que trata de apuntar al futuro, pero todavía no encuentra el cómo. La influencia de la New Wave es todavía bastante patente, y la infusión de House que venía desde el otro lado del Atlántico, desde el Nuevo Mundo, es todavía ínfima. Con todo, las semillas están plantadas, y el futuro les pertenece. El asombroso futuro de la década de 1.990, en donde habrán autos voladores por los cielos, y doce colonias instaladas en la Luna. Por alguna razón, el futuro era más bonito cuando todavía no llegaba.

130.- Skinny Puppy - Worlock.



La escena industrial era todavía underground; faltaban años antes de que Marilyn Manson asustara a las inocentes amas de casa con sus prótesis dentales varias. Y en esa escena, uno de los nombres de punta era la banda canadiense Skinny Puppy. En esencia, Skinny Puppy cambió el antiguo industrial vinculado al Post Punk que tenía una enorme carga de Noise experimental, por algo ligeramente más rítmico y bailable. Todo eso, con una saludable dosis de pesadilla visual y auditiva. Rabies, el sexto disco de su carrera, marcó el que quizás es el punto más alto de popularidad de la banda. Que nunca fue mucha, todo sea dicho. Y su tema Worlock es uno de los más conocidos de su discografía. Que este tema bastante áspero y marcial sea uno de los más accesibles, algo debería decir. Y que Skinny Puppy en general sea más accesible que el temprano material industrial anterior a la génesis de la banda, también algo debería decir. En la década siguiente, la banda terminaría por desbandarse, debido a diferencias internas; la muerte del tecladista Dwayne Goettel por sobredosis en 1.995 terminó de sellar la situación. Aunque Skinny Puppy se ha reunido y a tocado a veces después, lo cierto es que la parte importante de su carrera terminó ahí, y quizás sea para mejor, porque nos ahorró el lastimoso espectáculo de una banda influyente a niveles épicos, arrastrándose por el fango en donde se revuelcan tantos has been.

131.- KMFDM - More & Faster.



El significado de KMFDM es la materia con la que se confeccionan los sueños, porque la noción popular de que es la sigla de Killing My F****** Depeche Mode parece ser un mito, por mucho que en su canción Sucks de 1.993 hagan casi una declaración de principios: "No nos gusta Michael Jackson, odiamos a Depeche Mode, y no nos importa Madonna o Kylie Minogue". Al igual que Laibach, KMFDM partió como una especie de músicos de perfomance, antes de seguir adelante como banda musical propiamente tal. Su debut, Opium de 1.984, con una difusión irrisoria, pasó desapercibido, y sus dos sucesores (What Do You Know, Deutschland? de 1.986, y Don't Blow Your Top de 1.988), eran una muestra de sonido industrial temprano no especialmente accesible. Fue con el disco UAIOE y temas como More & Faster, que KMFDM se hizo algo más accesible, comenzando su ascenso hacia la cima del mundo industrial underground. Tanto, que incluso lograron abrirse paso hasta la banda sonora de la película Mortal Kombat de 1.995, que incluyó un remix de su tema Juke Joint Jezebel. Por si no los conocían de antemano: un buen punto de partida para su material más bailable es el disco Nihil de 1.995, y para su material más agresivo, el disco Angst de 1.993. Y por cierto: no mencionen cerca de ellos nada relativo a la masacre de Columbine. La banda odia profundamente que los medios de comunicación de masas los hayan culpado a ellos y a Marilyn Manson por la masacre en vez de, digamos, la alienación producida en las personas por un sistema capitalista basado en el incremento de la ansiedad dirigida hacia el consumo voluptuoso de bienes y servicios.

132.- Nine Inch Nails - Head Like a Hole.



Hablábamos un poco más arriba de la profunda influencia que ejerció Skinny Puppy en el mundo de la música electrónica industrial. Quizás su alumno más aventajado haya sido un jovenzuelo rebelde e insolente llamado Trent Reznor, quien en 1.989 a cargo de su banda Nine Inch Nails lanzó su disco debut, Pretty Hate Machine. Escuchando el disco, es bastante obvia la influencia, hasta el punto que Nine Inch Nails parece una versión pop de Skinny Puppy, o una especie de Darkwave a lo Depeche Mode llevado hasta un extremo más agresivo si se quiere mirar desde el otro lado. Con un tema rapeado inclusive, porque en la época el rap estaba tan de moda, que hasta Will Smith era capaz de chupar cámara. Más adelante, Trent Reznor se encomendaría a los dioses del Heavy Metal, elevaría las guitarras a tope, y pariría el violento EP Broken, seguido del disco The Downward Spiral de 1.994, uno de los más importantes discos de música industrial de todos los tiempos, sino el más importante. Como lo decíamos: la década de 1.980 estaba quedando definitivamente atrás, y ya despuntaban lo que vendría en la siguiente. Sentando así las bases para el grandioso final de esta serie Synth80s que hemos ido publicando acá en la Guillermocracia, y que encontrará su lógico final en el último año de la década de 1.980, durante la próxima entrega final.

Próxima entrega (y última de Synth80s): 1.990.


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