domingo, 31 de agosto de 2014

Aprendiendo a porrazos: 7 razones por la que la reforma educacional chilena no reformará nada.


Por estos días está candente en Chile el tema de la reforma educacional. Sepultando por el camino el hecho de que la educación chilena sí ha sido reformada varias veces en el último cuarto de siglo... sólo para que todo siga siendo más o menos como siempre. ¿Alguien recuerda el triunfalismo con el cual se saludó la Ley General de Educación, que debía reemplazar a la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, y al final no reemplazó demasiado de nada, por allá por 2.009? ¿O cuando se implementó la reforma de la jornada escolar completa?

En realidad, ninguna de estas reformas atacó puntos substanciales, sin los cuales no habrá forma alguna de que las cosas lleguen a buen puerto. Mientras los señores políticos sigan tratando de parchar lo que no tiene parche, no pasará nada. Por desgracia, está metido en el genoma de los políticos de Chile y de cualquier país, el mantener la inercia de las instituciones tanto como se pueda; después de todo, son esas instituciones gracias a las cuales gobiernan los políticos, de manera que tienden a ser reacios a introducir cambios, cualquier cambio, y por lo tanto, por instinto de conservación, se resistirán todo lo que puedan a los mismos.

A continuación, acá en la Guillermocracia, haremos un diagnóstico de siete puntos que, según parece ser, quedarán como intocados en la reforma educacional, y que conspiran en contra de una educación de calidad. La corrección de los mismos implica una muy seria voluntad política. Pero son indispensables para que Chile tenga por fin algo que pueda ser considerado como educación de calidad.

1.- Se sigue considerando que tener reunidos a 45 alumnos en una sala de clases es una buena idea.

Lo hemos dicho cincuenta millones de veces en la Guillermocracia. Incluso cuando Joaquín Lavín era Ministro de Educación, le hicimos una propuesta por este mismo conducto. Y lo volvemos a repetir. Jamás habrá educación de calidad en Chile mientras las salas de clases sigan compuestas de 40 a 45 alumnos cada una. Es imposible. Un profesor llega a la sala de clases e invierte diez a quince minutos en disciplinarlos, a veces más. En el tiempo restante por delante se supone que haga clases, pase materia, haga ejercicios de grupo, y conteste las dudas. Supongamos que cada alumno tiene una duda particular, y el profesor destina un minuto a resolver cada una. En una hora de 45 minutos se le pasó todo el tiempo para los 45 alumnos. La única salida posible es rebajar la cantidad de alumnos de 40 a 45, a 20. Significa duplicar el número de salas de clases, pero a cambio habrán cursos más manejables, menos desordenados, y además, una mayor cantidad de cupos y plazas para contratar profesores, lo que motivará un alza generalizada de salarios, y con ello, mayor motivación para que entren alumnos de calidad a estudiar Pedagogía y salgan buenos profesores. Frente a eso van a clamar con el mismo argumento de siempre: eso requiere invertir dinero, eso va a costar, habrá que subir los impuestos, la ciudadanía no quiere pagar más por lo mismo... Y son argumentos atendibles... si lo que se quiere es seguir teniendo la misma educación modelo granjas de crianza de pollos que son las salas de clases actuales.

2.- No hay incentivos reales para los profesores.

¿Qué obtiene un profesor hoy en día por perfeccionarse? Casi nada. Un alza salarial, es cierto, pero no excesiva. Para la mayor parte de los profesores sale más rentable quedarse con su cartón universitario y no hacer ni postgrados ni magísteres porque deben pagar esos perfeccionamientos de su bolsillo, invirtiendo tiempo y desvelos en ellos. La calidad del profesorado en Chile es bastante baja, pero por otra parte nunca mejorará si es que no se les proporcionan incentivos para mejorar. Súmesele que un profesor hoy por hoy, para ganar un salario decente, debe hacer un mínimo de 40 horas pedagógicas de clases, destinar tiempo adicional a corregir las pruebas y hacer las planificaciones en su casa, de su propio tiempo y su propio bolsillo porque esas actividades ni se consideran en la planificación ni se remuneran, y además de todo eso destinar algo de tiempo al o a la cónyuge y a los hijos; es decir, es la receta segura para fabricar una generación entera de profesores diciendo al diablo, mejor me quedo en donde estoy. Y por supuesto, siendo tan bajo el nivel de remuneraciones de los profesores, cualquier profesor con demasiados títulos y diplomados se transforma en un sobrecalificado. Y se pone peor: si ese es el panorama económico de un profesor, no es raro que los mejores traten de escaparse de las salas de clases y estudiar otra carrera, o bien girarse hacia la investigación académica, cuando la lógica indica que una buena calidad de enseñanza implica que los mejores profesores se queden en el salón de clases, haciendo clases. Una política de mejoramiento de la calidad de los profesores implica por fuerza mejorar los incentivos económicos que éstos tengan para estudiar Pedagogía primero, perfeccionarse después, y quedarse en el salón de clases al último. Lo contrario implica seguir preparando a pedagogos para regalárselos a cualquier actividad que no tenga que ver con formar alumnos.

3.- Economía y Educación Cívica son los parientes pobres de la malla curricular.

Hoy por hoy, la situación de la Economía y la Educación Cívica es bastante desmedrada en el currículum. En puridad, Economía como tal está incluido apenas en Primero Medio, en un minibloque dentro de Historia y Geografía, y Educación Cívica bajo la denominación de Formación Ciudadana se encuentra también inyectado dentro de Historia y Geografía, de manera difusa a lo largo de todo el programa educativo. Puede parecer que no es demasiada pérdida, considerando que después de todo, son apenas dos asignaturas adicionales en el programa, y ya los chicos están demasiado ocupados aprendiendo lo que pueden de Biología, Lenguaje, Matemáticas, y que el Inglés lo aprendan por su cuenta leyendo artículos otakus en Internet. El problema es que tanto la Economía como la Educación Cívica son las piedras basales sobre las cuáles se construye la sociedad. Un alumno que no tiene idea de cómo funciona la economía ni tiene idea de cuáles son las instituciones que rigen a su país, es un alumno incapaz de funcionar adecuadamente en democracia. Será un alumno sin ninguna noción de responsabilidad personal, que llegue a la universidad y se transforme en un técnico en lo que sea que estudie, no en un verdadero profesional, y después saldrá a ser un lemming tratando de ganar dinero y sobreviviendo en el día a día. Es decir, la clase de profesionales que valora más tener el automóvil del año que ir a votar sobre quién gobernará o legislará durante el siguiente cuatrienio. O peor aún, gente sobreendeudada que no entiende cómo funciona un crédito, o no tiene idea de lo que está en juego a la hora de implementar una reforma tributaria. Simplemente no se puede seguir manteniendo ambas materias como apéndices de Historia y Geografía, so pretexto de que se relacionan y son más o menos lo mismo; aunque hay conexiones con la Historia y la Geografía, tanto la Economía como la Educación Cívica son disciplinas autónomas por derecho propio, y de esta manera deberían dignificarse como ramos particulares en los programas educacionales. Así, una reforma educacional en forma debería incluir, a lo menos en Enseñanza Media, y como ramos obligatorios, un curso de Economía y otro de Educación Cívica. Esa es la diferencia entre tener un fulano sobreendeudado o un futuro John Maynard Keynes. O la diferencia entre tener un picapleitos o un futuro Andrés Bello.

4.- Los padres siguen creyendo que la educación hay que descargársela a los colegios.

Hoy en día, debido a la cultura individualista en que vivimos, nadie quiere esforzarse demasiado. Después de todo, para tener éxito en Chile, es más rentable aparentar esforzarse, que esforzarse de verdad. Entonces, si es posible que otro se haga cargo de la tarea de uno, tanto mejor. Antiguamente, la crianza de los hijos se tomaba a pecho. Pasándose un tanto a veces, porque no creo que nadie con un par de neuronas funcionales en la cabeza, en el siglo XXI, defienda los correazos como método de enseñanza. Pero la gente al menos aprendía a comportarse. En cambio hoy en día, en medio de la carrera de ratas en donde sólo vales según lo que tienes, la gente se mata trabajando, y lava su conciencia culpable comprándole un gran regalo de Navidad a los chicos a fin de años, para hacerse amar. Pero castigar a un niño implica que el niño lo dejará de amar. Y es aquí en donde entra el colegio. Que la disciplina se la enseñen los profesores. Que en el colegio sea en donde los chicos aprendan convivencia y respeto. El padre no se asume como ejemplo, y de esta manera espera ser prepotente y atropellador, y aún así, cuando el chico sale igual por imitación, el colegio es el que tiene la culpa. Los niños tienen derechos y esos derechos deben ser respetados, eso es muy cierto, pero también tienen deberes; y los padres son los primeros que deben inculcárselos. Y más que con las palabras, con el ejemplo.

5.- Los padres creen que están pagando porque al chico le pongan buena nota.

Una de las consecuencias más nefastas de la mercantilización de la educación, es la idea de que lo que se paga es la buena nota. El argumento es más o menos como sigue: Estoy pagando porque mi chico salga de Cuarto Medio, o alternativamente, Estoy pagando porque mi chico tenga un título técnico o profesional, y por lo tanto, si no lo aprueban en todos sus ramos a la primera, entonces el establecimiento educacional es un estafador que debería devolver el dinero. Frente a eso, debemos entender una diferencia jurídica fundamental. Existen las obligaciones de medios, y las obligaciones de resultados. Una obligación de resultado es la que compele a dicho resultado; una obligación de medios sólo compromete a proporcionar los medios para alcanzar el resultado. Si usted va al médico, usted no paga porque el médico lo cure sí o sí; lo que usted paga, es que el médico utilice todo su conocimiento y recursos para hacer lo razonable para salvarle la vida. Puede parecer que no hay mucha diferencia, pero la hay, ya que a veces, salvar la vida de un paciente es imposible por una u otra razón: la enfermedad es incurable, el tratamiento es experimental, hay complicaciones que ningún médico podía razonablemente prever... Es decir, la obligación del médico es de medios, aplicar la praxis profesional, y no de resultados, es decir, la salud completa e íntegra del paciente. Con el establecimiento educacional pasa lo mismo: proporcionar educación es una obligación de medios. Si el alumno es tonto, flojo, o sus padres no lo ayudan en la casa dentro de la medida en que cabe ayudarlo, entonces el colegio no es responsable, por mucho que le paguen. A este respecto, parafraseando el viejo adagio de cierta universidad española, podríamos decir que lo que el alumno non face, Salamanca non reemplaza.

6.- La libertad de enseñanza ha degenerado en anarquía de selección por exámenes y aranceles.

Uno de los puntales del moderno sistema educativo es la noción de libertad de enseñanza. Esta se basa en dos libertades: la de los padres para elegir el proyecto educacional de sus hijos, y la de los establecimientos educacionales para impartir un proyecto educacional propio. Lo que está bien, a lo menos en principio. Pero con limitaciones. Siempre el exceso de libertad lleva a la anarquía, y la anarquía lleva a la ley del más fuerte. Y en el caso chileno lo que existe es justamente anarquía. El más fuerte en este caso es el proyecto educativo. Todos aspiran a que el chico vaya al mejor establecimiento educacional, y este juego de oferta y demanda le entrega poder de mercado a los establecimientos con mejor reputación, los cuales por lo tanto pueden darse el lujo de segregar. Los medios de segregación son básicamente dos: por un lado, el cobro completamente discrecional de aranceles, que llevados al alza permite que se inscriban sólo los alumnos más elitistas, y por el otro los exámenes de admisión a través de los cuales entran al proyecto educativo sólo quienes aprueban. Por lo tanto, los mejores colegios eligen a alumnos de alto nivel que tienen un poderoso respaldo económico de sus familias, en forma de viajes particulares, acceso a Internet, etcétera, y eligen también a los alumnos de mejor rendimiento académico, reforzando así al colegio y manteniéndolo en una posición privilegiada dentro del mercado de los colegios. Luego vienen los establecimientos buenos sin ser excelentes, a los cuales llegan los alumnos buenos sin ser excelentes (porque los excelentes fueron al mejor establecimiento), y así sigue para abajo el chorreo, con los establecimientos mediocres a donde van los alumnos mediocres, y finalmente los establecimientos sin ningún nivel, a donde van los alumnos sin ningún nivel. Es decir, el sistema de libertad absoluta de enseñanza potencia una estratificación de alumnos en donde los que tienen un buen punto de partida (por aranceles y por exámenes) lo tienen todo para despegar en compañía de otros iguales, los que tienen un punto de partida mediocre lo tendrán más difícil, y los que tienen un pésimo punto de partida no llegarán a ninguna parte. Adivine usted quiénes van a los establecimientos públicos, que son gratuitos. Además, si la gente de un mismo nivel socioeconómico envía a los alumnos a los mismos colegios, entonces las redes sociales que se generen, adoptarán la misma forma de estratificada, en donde cada uno se relaciona sólo con sus pares, aislándose en una burbuja personal que le impida ver las otras realidades de otros miembros de la sociedad como un todo. Permitir un sistema de aranceles y de exámenes no tiene por qué ser algo negativo por sí mismo, ya que eso asegura la creación de proyectos educativos diferentes y potencia la variedad de pensamiento en la sociedad, pero con límites: la libertad absoluta de enseñanza termina por destruir la movilidad social, un rasgo que es deseable en cualquier sociedad que aspire a mantener un nivel interno de competitividad, que al final del día es la clave para el éxito económico.

7.- No hay la más mínima intención de controlar los contenidos de la televisión.

No importa lo que los colegios enseñen como contenidos. No importa lo que la familia intente transmitir en cuanto valores. Al final del día, la principal influencia en los chicos sigue siendo la televisión. Con la competencia de Internet, por supuesto, pero la televisión sigue teniendo un lugar predominante. Y lo que se puede ver en televisión no son artistas creando bellezas, científicos investigando el mundo (salvo, excepción notable, Cosmos en su versión 2.014), viajeros mostrando el mundo, etcétera. Lo que más se ve es farándula, o sea, futbolistas y modelos siliconizadas. Muchos de ellos ganan por partido o por evento, una remuneración igual o superior al salario mensual de un profesor. Los niños no son tontos: si ven que pateando una pelota o mostrándose en bikini (o sin él) en televisión ganan más dinero que siendo profesionales, no van a poner ningún esfuerzo en estudiar. Irónicamente, al tomar la decisión de privilegiar la pelota o las siliconas en vez del estudio, esos chicos están tomando una decisión de libre mercado. La defensa clásica en esta materia es que los canales de televisión deben autofinanciarse, y al último eso es lo que la gente quiere ver. De acuerdo con eso, pero esto nos lleva a un problema similar al que veíamos en el punto anterior: el exceso de libertad lleva a la anarquía. Y lo que tenemos hoy en día en materia de contenidos televisivos no es libertad, sino anarquía. Si queremos formar buenos estudiantes, los canales de televisión deben también colaborar y hacerse responsables, y emitir contenidos con un nivel educacional mínimo. Por supuesto que la audiencia bajará y los niños puede que se vuelquen a otros contenidos, o incluso quizás vuelvan a salir a jugar al patio y hacer un poco de ejercicio al aire libre, lo que no tiene por qué ser negativo. Y poniendo un poco de optimismo, ¿por qué al menos una parte de la audiencia infantil no iba a interesarse por la Historia, la Biología o la Astronomía, por ejemplo, si es que tienen por delante un programa televisivo bien hecho? Niños interesados en temas científicos son futuros profesionales motivados y brillantes, creando así el capital humano necesario para que una sociedad prospere y crezca, después de todo. En definitiva, una programación televisiva con mayor contenido educacional, a la vuelta de un par de décadas, puede hacer mucho más por la cacareada inversión y desarrollo que asignar fondos para proyectos de investigación actuales.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Acción al estilo San Francisco.


La geografía mundial de Hollywood es algo muy curioso. Como son películas hechas por estadounidenses y para estadounidenses, tienden a ser más detallistas en lo geográfico cuando se ambientan en Estados Unidos, y en la actualidad, pero mientras más distancia hay entre el escenario descrito y Hollywood, más genéricos y caricaturescos se vuelven sus rasgos; así por ejemplo, según Hollywood, la cultura y arquitectura de España y México son mutuamente intercambiables. Y si son películas ambientadas en otro tiempo, la cosa alcanza niveles de mezcla de culturas y razas tales que se ven escenarios tipo Imperio Inca con pirámides mayas de por medio, y otros atentados semejantes contra la cátedra histórica. Pero si es Estados Unidos, sabemos bien si la película está ambientada en Chicago, Arizona, Miami u Oregon. Incluso si está ambientada en Nueva York, hay diferencia según se trate de Manhattan o el Bronx. Desde cualquier edificio de París se ve la Torre Eiffel, pero no desde cualquier edificio de Nueva York se ve el edificio Chrysler.

Uno de los escenarios más icónicos en Estados Unidos es San Francisco. Probablemente por tres razones. Una, por el puente Golden Gate, cuyo colosalismo lo hace idóneo como fondo de películas policiales, o como objetivo a ser atacado en películas de catástrofes o superhéroes. Dos, por las colinas empinadas que las hacen ideales para persecusiones automovilísticas desaforadas. Y tres, por los dichosos tranvías que son pintorescos y añaden mucho a las persecusiones anteriores. Como bonus adicional, algunas películas y series presentan también la cárcel de Alcatraz.

A continuación, un breve compendio de películas y series de televisión que han explotado toda esta iconografía propia de San Francisco. Breve y no exhaustivo, de ninguna manera, porque esto es un artículo para la Guillermocracia y no una investigación monográfica; entradas que falten, pueden incluirlas en los comentarios. Por orden cronológico, para apreciar un poco mejor la evolución de la ciudad y sus calles, si es que deciden mandarse una maratón de estas películas, un día cualquiera por la tarde.

San Francisco (1.936).

Un olvidado epic con un Clark Gable que ya era una estrella, pero no alcanzaba todavía el nivel de leyenda al que llegaría con Lo que el viento se llevó. Considerando el título de esta película, nadie debería sorprenderse de que se ambiente en la ciudad del mismo nombre. Con un giro: la película se ambienta treinta años antes, y de hecho presenta una vistosa recreación del terremoto de 1.906. Las películas de terremotos son mucho más antiguas de lo que por lo general se piensa.

El Halcón Maltés (1.941).

Teóricamente la película está ambientada en San Francisco, aunque por una vez en la vida, evita presentar los tópicos de la ciudad. En realidad, es un policial que podría haber estado ambientado en cualquier ciudad de relativo tamaño o importancia. Por otra parte, San Francisco no era todavía en esos días una presencia tan icónica en el cine como hoy en día. De todas maneras si no la han visto, ya están perdiendo tiempo. Esta película dirigida por John Huston y protagonizada por Humphrey Bogart no es un clásico por nada.

Vértigo (1958).

Si hay una ciudad maldita para padecer de acrofobia, es San Francisco. Esta película de Alfred Hitchcock todavía presenta un San Francisco mayoritariamente de casas y algunos edificios de departamento por aquí y por allá. No hay persecusiones automovilísticas, pero sí se abre con una a pie por sobre los tejados, que deja al protagonista con el impedimento del título; en realidad el problema del protagonista es acrofobia, no vértigo, pero es presumible que con un título más exacto, nadie la habría ido a ver. Por cierto, hay una escena de intento de suicidio en el Golden Gate. O mejor dicho, no desde el puente mismo, sino a los pies de éste.

Bullitt (1.968).

Esta película es un clásico del género policíaco: el detective Frank Bullitt ve como su testigo protegido es asesinado, y va tras los mafiosos culpables del crimen. Es una de las primeras películas en que el policía no es un tipo sobrio y correcto, sino un hombre de acción dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, incluso saltarse la ley, con el afán de imponer justicia. En materia de acción fue revolucionaria. Hasta la fecha, las persecusiones en automóviles eran grabadas con vehículos moviéndose a velocidad segura, y la cámara acelerada. Bullitt en cambio lo grabó todo a velocidad real. El resultado es una infartante secuencia de diez minutos de persecusión policial por las calles de San Francisco. La banda sonora por cierto es de Lalo Schiffrin, conocido también por su trabajo para...

Cupido motorizado (1.968).

...no, no para esta película. Cupido motorizado y sus secuelas presentan la historia de Herbie, un Volkswagen escarabajo que no habla, pero se mueve por sí mismo y tiene sentimientos. A pesar de ser una película Disney, tiene un momento inusualmente oscuro cuando Herbie, creyéndose no amado por su dueño, se larga a una borrachera de destrucción primero, y luego intenta suicidarse arrojándose desde lo alto de un puente... El Golden Gate, por supuesto. Esta película con Volkswagen escarabajo SUICIDA es de la Disney, repito. Después de varias secuelas, cada una más mala que la anterior, hubo un reboot en 2.005, protagonizada por Lindsay Lohan cuando todavía daba de que hablar por su presencia en el cine, y no por otros eventos demasiado conocidos y lamentables como para consignarlos aquí.

Harry el Sucio (1.971).

Ahora sí volvemos al compositor Lalo Schiffrin. Bajo la dirección de Don Siegel, Clint Eastwood interpretó por primera vez al detective Harry "Dirty" Callahan, utilizando brutales métodos para perseguir a un desquiciado asesino en serie. La película no se trata tanto de Callahan manejando como de Callahan corriendo a pie para detener al asesino. Lo compensan con que en Sala de espera al infierno, la quinta y última película de la saga en 1.988, Harry Callahan es acosado por las calles de San Francisco por... un autito de juguete a control remoto. Con una bomba, eso sí. Siempre con banda sonora de Lalo Schiffrin. Por cierto, las primeras tres películas ambientadas en la realista y mugrienta década de 1.970 tienden a presentar San Francisco de día, mientras que la cuarta y quinta entregas, ambientadas ya en la década de 1.980, abrazan la sofisticación de la década y tienden a presentarla más de noche.

Las calles de San Francisco (1.972-1.977).

No voy a insultar la inteligencia de los lectores mencionando el lugar en que se ambienta esta serie televisiva, nacida un poco al alero de Bullitt y Harry el Sucio. La premisa y punto central de la serie era tener dos policías, uno viejo interpretado por Karl Malden y uno joven por un todavía pollito Michael Douglas, con el primero siendo el mentor del segundo. Pero lo que todos recuerdan de la serie, o por lo menos todos los que tienen edad para haberla visto en su época, son las persecusiones policiales en... las calles de San Francisco, precisamente.

Hotel (1.983-1.988).

En la década de 1.970, San Francisco tenía incómodas asociaciones a Village People y toda la escena gay arcoiris que causaba escozor en el resto de la sociedad. Pero en la década de 1.980, el hedonismo dio paso al glamour. Lo hizo Aaron Spelling, productor que en esos años era la mente maestra tras Dinastía. Hotel seguía la fórmula que Spelling ya había ensayado en El crucero del amor y La isla de la fantasía, acerca de un lugar en donde cada capítulo presenta una historia de alguien muy rico metido en problemas de amores cruzados y similares, dentro de un lugar de lujo. Se basó en una novela original de Arthur Hailey, el escritor de Aeropuerto, pero cambió el lugar, porque el hotel de la novela estaba en... Nueva Orleans.

En la mira de los asesinos (1.985).

James Bond había viajado antes a Estados Unidos, pero a Miami, Fort Knox, Las Vegas, Los Angeles, Nueva York y Nueva Orléans. Hubo que esperar hasta la última película de Roger Moore para que James Bond empezara a destrozar propiedad pública y privada en San Francisco. Lo que incluye una escena de persecusión automovilística, naturalmente, y una batalla final a bordo de un dirigible. Sobrevolando el Golden Gate, por supuesto.

Viaje a las Estrellas IV: El regreso a casa (1.986).

La tripulación del Enterprise debe regresar en el tiempo desde el siglo XXIII para transportar ballenas hacia un futuro en donde éstas se han extinguido. Podrían hacerlo a cualquier océano en los últimos 40 millones de años, pero terminan haciéndolo a un acuario ubicado en San Francisco, en 1.986. No hay persecusiones automovilísticas, pero sí varios chistes acerca de cómo el capitán Kirk y compañía se mueven como rinoceronte en cristalería en una época cuya vida cotidiana no conocen. El señor Sulu revela en esta película que su ciudad nativa es San Francisco, lo que resulta hilarante considerando que el actor interpretándolo, George Takei, años después salió del armario. ¿Qué ciudad era más apropiada como lugar de nacimiento del personaje, que aquella en donde el actor interpretándolo se habría sentido más cómodo viviendo?

Bajos instintos (1.993).

El thriller erótico famoso porque Sharon Stone cruza sus piernas ante una estación de policía completa mostrando que no lleva ropa interior, se ambienta igualmente en San Francisco. Ciudad a la que regresa Michael Douglas después de la mencionada Las calles de San Francisco. Considerando que hablamos de la ciudad del amor libre, y la temática de depravación bisexual de la película, la elección de la ciudad no suena extraña. Por lo que tenemos, de manera inevitable, escenas de persecusión en automóvil. La gente no fue al cine a verla por los autitos chocones, por supuesto.

The Real World: San Francisco (1.994).

La tercera temporada de The Real World, el reality show de MTV, se ambientó en San Francisco. Es aquella famosa entre quienes la recuerdan, por el comportamiento errático de Puck, un narcisista insoportable que para bien del programa, terminó expulsado en el capítulo 11. La temporada ayudó a seguir manteniendo viva la ya un tanto desfalleciente imagen de San Francisco como la ciudad del vicio, que se había construído en la década de 1.970, y desde la cual dos décadas habían pasado.

La Roca (1.996).

Un grupo terrorista toma la prisión de Alcatraz y amenaza con librar una neurotoxina sobre San Francisco si no cumplen tales o cuales condiciones. Nicolas Cage y Sean Connery unen fuerzas para combatir la amenaza. Entremedio Sean Connery, que interpreta a un prisionero mantenido en la cárcel por años, intenta escaparse, lo que origina la consabida secuencia de acción en las calles de San Francisco. Dicha persecusión no lleva a absolutamente nada, pero sirve de perillas para rellenar minutos de trama con un poco de adrenalina directa a los ojos del espectador.

Hulk (2.003).

Los superhéroes llegan a San Francisco. A la pasada, eso sí. Aunque nadie quiera acordarse de esta película, en particular desde que empezamos a recibir calladamente nuestra dosis anual o semestral de Universo Cinemático Marvel, lo cierto es que hubo un Hulk en 2.003. Después de demasiado rato sin que el doctor Banner se convierta en Hulk, al final sucede la oleada rampante de destrucción. Una de cuyas víctimas serán las calles de San Francisco, naturalmente.

El núcleo (2.003).

Un grupo de científicos descubre que el núcleo de la Tierra se está paralizando, y por lo tanto el mundo se va a acabar. La solución: enviar un submarino, o subterráneo mejor dicho, en dirección al centro de la Tierra para clavarle bombas atómicas al núcleo terrestre y hacerlo girar de nuevo. Ni siquiera debería incluir esta película en el listado porque San Francisco aparece solamente en una escena a la pasada, la consabida escena de desastre en donde el Golden Gate sigue el camino del Faro de Alejandría y de los Jardines Colgantes de Babilonia. Es decir, si fuera zoológico, el camino del dodo.

X-Men III (2.006).

Me niego a dignificar la que con mucho es la peor entrega de la actualmente tetralogía de los X-Men (sin contar las películas de Wolverine, y a la espera del estreno de Días del futuro pasado) incluyendo el título completo con su correspondiente subtítulo. La película en sí tiene varias locaciones, pero la batalla final es en la isla de Alcatraz. Como eso podría tener gusto a poco, el villano Magneto pone en peligro el Golden Gate. Porque eso es lo que hacen los villanos. Poner puentes en peligro. De lo contrario no serían villanos.

Zodíaco (2.007).

De manera nada sorpresiva, la adaptación al cine de los asesinatos del Zodíaco por parte de David Fincher debía ambientarse en la ciudad en donde ocurrieron los hechos, en San Francisco. La película no presenta grandes escenas de acción, aunque sí el estilo de filmar recuerda muy de cerca lo que era el thriller setentero al estilo de Harry el Sucio, película a la que homenajea en una escena en donde los personajes han salido del cine después de verla. Scorpio, el villano de Harry el Sucio de 1.971, está inspirado por supuesto en el Zodíaco de la realidad.

Monsters vs. Aliens (2.009).

Monstruos buenos, alienígenas malos, gran batalla colosal. Puestos a elegir un monumento icónico de los Estados Unidos para destruir... el Golden Gate en peligro. Otra vez. No sé si el insecto de marras haya sido elegido como muestra de la subcultura underground que tanta fama le ha dado a la ciudad. Podría ser.

El Planeta de los Simios: Revolución (2.011).

El segundo reboot de la franquicia de los simios después del fallido intento de Tim Burton fue un éxito en toda regla. Salvo en buscarse una locación original para la batalla final. Un grupo de simios se porta como la mona y siembra el caos más absoluto. Bastante justificado, si se considera lo mal que los humanos los han tratado antes. La locación de la batalla final: el puente Golden Gate de San Francisco. Incluyendo caída del villano desde el puente al agua.

Alcatraz (2.012).

Otra sorpresa para nadie. Años después de que la cárcel de Alcatraz cerrara, sus prisioneros empiezan a reaparecer. Serie creada por J.J. Abrams, el tipo de Lost, con la misma premisa de un misterio muy misterioso y tramas que se van volviendo cada vez más convolucionadas. El público no tuvo paciencia y mandó a Alcatraz al mismo agujero negro que se tragó a los prisioneros en 1.963.

domingo, 24 de agosto de 2014

Generación GM (5 de 5): El destructor de los mundos.

Trinity, la primera explosión nuclear de la Historia, a 53 segundos de la detonación, en Alamogordo, el 16 de Julio de 1.945. Fuente.
"Me he convertido en muerte, en el destructor de los mundos" - Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, citando (mal) el Bhagavad Gita.
Un científico griego llamado Demócrito de Abdera, había planteado que la materia no podía ser contínua: por el contrario, debía dividirse en paquetitos que a su vez fueran indivisibles. La palabra para cortar en griego es τέμνω (temno), que con el añadido de un prefijo negativo, pasó a ser la moderna palabra átomo. La moderna experimentación científica del siglo XIX aportó las primeras evidencias empíricas de que los átomos que Demócrito había adivinado por puro ejercicio racional, en realidad existían. La investigación demostró que los átomos estaban compuestos de partículas aún más pequeñas: protones, neutrones y electrones. En paralelo, Albert Einstein desarrolló su concepto de la equivalencia entre materia y energía, mejor conocido por su formulación en la ecuación E=mc2 (el 2 es un superíndice, pero por limitaciones de Blogger no podemos anotarlo así). Es tan conocida, que el común de la gente no se pone a reparar en lo que significa: la cantidad de energía de un cuerpo es equivalente a la masa de dicho cuerpo medida en gramos, multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz. Eso es una cantidad brutal de energía: como la velocidad de la luz es de casi 300.000 kilómetros por segundo, el cuadrado es equivalente a casi 90.000.000.000. Es decir, un gramo de materia, reducido a pura energía, puede generar 900.000.000 de julios de energía (julio o joule es la unidad correspondiente para medir la energía en este caso). Como esto puede parecer muy abstracto, digámoslo así. Agarre usted un gramo de carbón y quémelo, y tendrá unos segundos de calor; agarre usted ese mismo gramo de carbón y macháquelo átomo por átomo hasta que toda la materia se haya convertido en radiación, y supuesto de que pudiera aprovechar esa energía, tendría suficiente para vencer la gravedad de la Tierra y enviar un satélite artificial de un kilogramo de peso a la órbita terrestre. Por suerte para nosotros, ninguna reacción nuclear de fisión es tan eficiente: por lo general, en una explosión nuclear, apenas el siete por ciento de la materia radioactiva se convierte en energía; y esa cantidad misérrima de materia convertida en radiación es suficiente para volar ciudades completas.

Más tarde o más temprano, alguien iba a hacerse la pregunta fatal: ¿cómo se puede aprovechar el poder del átomo para generar nuevas armas...? Una conocida anécdota dentro del mundillo de la Ciencia Ficción se refiere al relato Deadline de Cleve Cartmill, publicado por la revista Astounding Stories en 1.944. Para su asombro, el editor John W. Campbell recibió en su despacho a unos no demasiado cordiales agentes del Gobierno de Estados Unidos, quienes al leer Deadline, pensaron que se habían filtrado datos del entonces ultrasecreto proyecto para fabricar la bomba atómica. En realidad, antecedentes del uso de desintegrar átomos para liberar energía existían a lo menos desde The World Set Free de Herbert George Wells, publicado en... ¡1.914, en los albores de la Primera Guerra Mundial! En dicha novela, Wells predijo que el poder del átomo podría ser liberado a través de una reacción en cadena, exactamente la manera en que funciona una bomba atómica de fisión en la actualidad.

Pero esto eran cosas para conocedores, y para lectores de Ciencia Ficción. El grueso del público no tenía mayor idea de lo que estaba pasando. En 1.939 estaba por repetirse el mismo escenario de 1.914: la mentalidad y la conciencia colectiva de Occidente iba muy por detrás de la técnica. En 1.914, todos suponían que la Primera Guerra Mundial iba a ser corta y con abundantes movimientos de tenazas: el brutal avance tecnológico de las ametralladoras, los alambres de púas y las armas químicas convirtieron esto en una sangrienta quimera, y el aún más brutal avance de la guerra submarina y el tanque blindado destrozaron la guerra de trincheras y abrieron escenarios de todavía mayor brutalidad en el campo de batalla. Al marchar a la Segunda Guerra Mundial, todos suponían una reedición de 1.914; el resultado fue una tecnología todavía más brutal: el arma nuclear, inventada para ganar la guerra, puso en manos de la Humanidad por primera vez la posibilidad de autodestruirse. El miedo ya no iba a abandonar a la Humanidad en adelante nunca jamás. Irónicamente, un pacifista convencido como Albert Einstein fue quien instó a Franklin Delano Roosevelt, el Presidente de Estados Unidos a fijar su atención en el poder del átomo para ganar la guerra, convencido como judío refugiado en Estados Unidos, de que la Alemania de Hitler debía ser detenida a cualquier costo; la guerra nuclear total que emergió después de 1.945, acabó siendo un costo quizás demasiado prohibitivo. Mucha gente que trabajó en el Proyecto Manhattan, para desarrollar la bomba atómica en Estados Unidos, incluyendo su cabeza el científico Robert Oppenheimer, acabaron deviniendo después en fervientes pacifistas.

Tanques alemanes invadiendo Polonia en Septiembre de 1.939.
Pero nadie parecía haber conectado los impredecibles puntos el día 1 de Septiembre de 1.939, cuando el Tercer Reich preparó un escenario de bandera falsa en donde fingieron un ataque polaco contra Alemania. Esto fue el pretexto fabricado por Alemania para lanzar un ataque a gran escala contra Polonia. La Unión Soviética, por su parte, siguiendo lineamientos hasta entonces secretos del Pacto Ribbentrop-Molotov, se lanzó al ataque oriental. Después de dos siglos de dominación extranjera y apenas diecinueve años de independencia, Polonia volvía a ser conquistada militarmente por sus voraces vecinos. Pero esta vez, la política de apaciguamiento había caído en el descrédito más absoluto. Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania. Italia y Japón, aliados de Alemania, entraron a su lado, como el llamado Eje. Estados Unidos se mantuvo al margen. Por el minuto.

Parte importante del éxito de Alemania radicaba en una nueva concepción de la guerra. Los alemanes estaban dispuestos a obtener la victoria al primer golpe, sin reeditar los horrores de las trincheras. A esta estrategia, la llamaron Blitzkrieg o guerra relámpago. La misma consistía en utilizar los modernos medios mecanizados de combate, en particular los tanques, para presionar las líneas enemigas y romperlas por puntos estratégicos; a través de tales grietas, las tropas entraban en profundidad y tomaban lugares claves previamente establecidos, tales como estaciones de ferrocarril, estaciones de radio, nudos de carreteras, centros de comando, etcétera. El resultado final era el colapso del esquema estratégico del enemigo, antes de enterarse siquiera qué los estaba golpeando, y en particular mucho antes de que sus propias tropas terminaran aniquiladas. La Blitzkrieg funcionó durante algunos años, hasta que el enemigo también aprendió la estrategia.

Aún así, la guerra se libró principalmente en frentes secundarios durante el resto de 1.939. Tanto Inglaterra y Francia por un lado, como Alemania por el otro, preferían aprestarse para el choque decisivo con calma. De esta manera, para ganar tiempo, ambos bandos trataron de utilizar a los países escandinavos como piezas de su juego. Ingleses y franceses se la jugaron porque estallara la guerra entre la Unión Soviética y Finlandia, lo que finalmente ocurrió, y mantuvo a la Unión Soviética ocupada durante un resto y la marginó de los asuntos europeos un resto. A su vez, Inglaterra ocupó militarmente Islandia, sin que dicho país, sorprendido por semejante beligerancia, atinara a defenderse en lo absoluto; era una maniobra absolutamente contraria al Derecho Internacional, la ocupación de un país neutral, pero con esta medida maquiavélica, Inglaterra se aseguró que Alemania no ocupara Islandia como base de operaciones para sus buques en el Atlántico. A la larga, la guerra atlántica acabaría perdida para Alemania, y con ella, una parte importante de la guerra.

Ya en 1.940, Alemania lanzó un ataque a gran escala contra Escandinavia. Dinamarca, Noruega y Suecia cayeron como fichas de dominó, algunos países resistiendo más que otros. El rey Cristian X de Dinamarca optó por una rendición más o menos pacífica, pero cuando los nazis intentaron imponer a los judíos de Dinamarca el uso de la estrella de David de color amarillo en el pecho, para ser identificados en la calle, extensos sectores de daneses, el propio rey incluido, en un gesto que los honra como país, empezaron a utilizar la estrella para defender a los perseguidos. En Noruega, los nazis instalaron en el poder a un político de apellido Quisling, prominente en la escena política noruega desde la década anterior, y que hasta el minuto era considerado una especie de bufón simpatizante de los nazis. Quisling llegó a ser tan odiado, que su apellido se transformó en sinónimo de colaborador y gobierno títere; después de la guerra, acabó fusilado. Los ingleses trataron de intervenir militarmente en Escandinavia, pero en vano. Con la anexión de Escandinavia, el Tercer Reich se aseguró el acceso a importantes recursos mineros, incluyendo hierro y carbón... y el agua pesada necesaria para llevar a cabo su propio programa nuclear.

Fortificación en la Línea Maginot.
Luego vino la invasión de Francia. El principal impedimento era la Línea Maginot, una sólida línea de fortificaciones militares que parecía infranqueable. Las divisiones acorazadas alemanas hicieron entonces lo que para muchos era impensable, que es avanzar por el bosque de las Ardenas, rodearon la Línea Maginot por atrás, coparon a las tropas francesas, y en dos semanas estaban marchando por París. Las tropas británicas en Francia fueron evacuadas a marchas forzadas en la llamada Operación Dínamo, mejor conocida a lo amigo como la Evacuación de Dunquerque. En el sur se formó un gobierno títere a cargo de Philippe Pétain, un antiguo general de la Primera Guerra Mundial que había sido héroe en la importante Batalla de Verdún. Pétain no perdió tiempo en aplicar las políticas raciales nazis en su territorio. Después de la guerra fue condenado a muerte por su colaboracionismo, aunque Charles de Gaulle conmutó la pena por cadena perpetua, por su avanzada edad y su condición de héroe de la Primera Guerra Mundial; falleció en prisión, ya un nonagenario, en 1.951. Y hablando de Charles de Gaulle, éste era un antiguo oficial francés de la Primera Guerra Mundial; después de la caída de Francia, llegó a Londres y formó el llamado Gobierno de la Francia Libre. Inicialmente, la Francia Libre no tenía más poder o alcance que una miserable oficina en Londres, pero de Gaulle se las arregló para transformarse en una espina al costado de Winston Churchill, el Primer Ministro de Inglaterra, haciendo decir al inglés algo en la línea de que "de todas las cruces con las que he tenido que cargar, ninguna ha sido tan pesada como la de Lorena", en alusión al símbolo elegido por de Gaulle para la Francia Libre. Pronto, la Francia Libre creó una red de resistencia, los maquis, que se encargaron de hacerle la vida a cuadritos a los ocupantes nazis.

Hitler empezó entonces a preparar la Operación León Marino, uno de sus más ambiciosos planes militares. León Marino buscaba nada menos que desembarcar tropas en Inglaterra y ocupar su territorio, una empresa ante la cual hasta el propio Napoleón Bonaparte había retrocedido en su día. Por una razón u otra, probablemente relacionada con la enorme dificultad material de la operación y lo incierto de sus resultados, León Marino se fue postergando, hasta que al final, nunca fue ejecutada. En los hechos, es posible hacerse una idea de las dificultades logísticas que hubiera debido arrostrar León Marino, prestando atención a las enormes complicaciones que debió remontar la Operación Overlord cuatro años después, que culminó en el Desembarco de Normandía; no en balde, Overlord era esencialmente León Marino en reversa, ya que ambos involucraban cruzar el Canal de la Mancha con una cantidad de tropas suficiente para invadir el otro lado, sólo que en sentido inverso una operación respecto de la otra. Frente a este escenario, el Tercer Reich prefirió romper la moral británica a través de una serie de bombardeos, lo que fue llamado el Blitz. En esa hora oscura, caído en desgracia el antiguo apaciguador Neville Chamberlain, el nuevo y agresivo Primer Ministro Winston Churchill, a quien ya mencionamos más arriba, a punta de oratoria levantó a la nación. Entre otros discursos, pronunció el famoso "Combatiremos en las playas", y energizó a un país entero. Lejos de quebrar la moral británica, el Blitz sólo la incentivó.

La guerra podría haber parado ahí, más o menos en un status quo. Pero entonces dos países del Eje llevaron a cabo sendos ataques que, a la larga, revelaron ser errores geopolíticos fatales. A mediados de 1.941, Hitler desató la llamada Operación Barbarroja. Bajo la frase clave "alzad las banderas al viento del este", Hitler inició la invasión de la Unión Soviética. Esta abierta infracción al tratado de 1.939 iba a costarle caro. Hitler cometió el mismo error que Napoleón antes, y que Carlos XII de Suecia todavía antes: la idea de que las extensas planicies rusas eran conquistables a través de un ataque militar contra Moscú. La llegada del famoso General Invierno, las crudas condiciones metereológicas invernales, se encargó de demostrarles su error. Y como si quisieran comprometer aún más su posición, en Diciembre, Japón lanzó un ataque militar contra Pearl Harbor, en Hawaii, proporcionando al Presidente Roosevelt el pretexto necesario para su anhelada intervención directa de Estados Unidos en la guerra. Hasta 1.941, la guerra era ante todo europea; a partir de dicho año, se ganó de verdad el sobrenombre de mundial. Y para colmo, con dos de las más grandes naciones del planeta entrando al lado de los Aliados: la Unión Soviética con una provisión casi ilimitada de hombres, y Estados Unidos con la mayor maquinaria industrial de la Historia.

Lanzamiento de un misil V-2 desde la base alemana de Peenemünde en el verano de 1.943.
Mientras tanto, en círculos más reservados, existía preocupación por las noticias que llegaban desde el lado de la Física: era posible fabricar una nueva arma en que la desintegración radioactiva creara un potencial explosivo hasta la fecha inconcebible. Había un miedo cetrino de que la Alemania hitleriana llegara a desarrollar algo por el estilo; no en balde, durante el último medio siglo, Alemania había sido una de las naciones más a la cabeza del progreso en el campo de la Física. Con miras a ganar la carrera, en 1.942, en Chicago, se construyó el primer reactor nuclear completamente funcional, aunque éste era todavía experimental por el minuto. No olvidando la carta de Einstein de 1.939, Roosevelt autorizó entonces el Proyecto Manhattan, cuyo objetivo era la fabricación de la primera bomba atómica. En paralelo, aunque los Aliados no podían liberar Noruega, éstos iniciaron una serie de operaciones militares de sabotaje contra los reactores de agua pesada de dicho país, con miras a retrasar todo lo posible el programa nuclear alemán.

Todo lo anterior está plagado de ironías. Uno de los mejores medios para hacer llegar una bomba nuclear al campo enemigo es el misil balístico intercontinental, pero sin embargo Estados Unidos ignoró durante años a Robert H. Goddard, su principal investigador en Cohetería. En esto, los alemanes estaban mucho más avanzados. En 1.939, en la base de Peenemünde, habían autorizado al equipo de un joven científico llamado Werner von Braun para iniciar su propia investigación con cohetes; esto iba a llevar derecho a la fabricación de los misiles V-1 y V-2. Años después, cuando von Braun se entregó a Estados Unidos a cambio de seguir sus investigaciones sobre cohetes para dicho país, el alemán se mostró sorprendido de que nadie en Estados Unidos hubiera reconocido el valor de Goddard; si le hubieran hecho caso a Goddard, von Braun hubiera sido mucho menos útil para Estados Unidos. Y para mayor ironía... el programa de cohetería alemán resultó inútil para ganar la guerra porque cuando las bombas V-1 y V-2 estuvieron listas y comenzó el bombardeo de Inglaterra con cohetes, en 1.944, ya era demasiado tarde para dar vuelta la guerra. Aparte del valor psicológico, las V-1 y V-2 estaban armadas con explosivos convencionales, y por lo tanto no eran más destructivas que un bombardeo aéreo convencional; lo que hubiera complementado el poder del programa V-1 y V-2, la bomba nuclear, estaba fuera de alcance alemán. La mayor pesadilla de los Aliados era apenas un fantasma sin substancia alguna. La Alemania de Hitler tenía los recursos para fabricar su propia tecnología nuclear... pero no tenía técnicos calificados para hacer algo con tales recursos. En los años anteriores a la guerra, la investigación nuclear había sido llamada Jüdische Physik (Física Judía), la que el Tercer Reich había tratado de suprimir en favor de una Deutsche Physik (Física Alemana), que se suponía aria; todo esto en paralelo a la diáspora de científicos alemanes judíos que encontraron refugio en Estados Unidos y ayudaron a trabajar para el programa nuclear estadounidense. A la larga, ante la incapacidad de la Física Alemana para funcionar, los científicos bajo el Tercer Reich empezaron a aceptar volver a enseñar la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica, pero el daño ya estaba hecho: el programa nuclear alemán había quedado fatalmente atrasado. A pesar de lo que la Ciencia Ficción posterior al estilo Iron Sky haya querido enseñarnos, lo cierto es que la superciencia nazi en verdad es más mito que realidad.

Entre 1.942 y 1.943 se vivió lo más crudo de la Segunda Guerra Mundial. Los Aliados occidentales estaban casi incapacitados para hacer nada en Europa. En el Océano Pacífico, por su parte, Estados Unidos empezó a ganar la batalla milla marina a milla marina contra los japoneses. Parte importante del éxito de Estados Unidos fue confiarse a los portaaviones, que habían ganado importancia debido al mejoramiento de la tecnología aeronáutica desde la Primera Guerra Mundial. Los japoneses por su parte seguían confiando principalmente en destructores y acorazados. La posibilidad de enviar enjambres de aviones a bombardear buques enemigos, sumada a la superior potencia industrial de Estados Unidos para fabricar y reparar dichos aviones, acabó por darles una ventaja decisiva. En el frente ruso, por su parte, el avance alemán se vio paralizado debido a que la Blitzkrieg alemana, que funcionaba de maravillas en líneas de batalla más o menos reducidas, era dramáticamente menos efectiva en las vastas planicies rusas; allí, la guerra con tanques adoptó la forma más clásica de marchas, contramarchas y maniobras envolventes, en la que los alemanes no pudieron infligirle una derrota decisiva a los soviéticos.  Por su parte, las tropas nazis no consiguieron capturar la ciudad clave de Leningrado: el asedio duró más de dos años y medio, probablemente el más largo de la Historia, pero la ciudad resistió. En Stalingrado, por su parte, las tropas rusas atacaron una y otra vez sin cesar; por una cuestión de orgullo nacional, Hitler ordenó resistir hasta el último hombre, pero el general nazi a cargo, Friedrich Paulus, encontró más razonable rendirse, y así lo hizo en Enero de 1.943. Poco después vino el encuentro decisivo fue la Batalla de Kursk, librada a mediados de 1.943, y que es la más grande batalla con tanques de la Historia; dicho encuentro acabó con una derrota decisiva alemana, y destruyó del todo su capacidad para nuevos avances.

Soldados alemanes capturados en Stalingrado, en 1.943.
Para 1.944, y después de una especie de ensayo general que fue la invasión de Sicilia en 1.943 para comenzar a derribar la Italia fascista, los Aliados estaban listos para atacar al mismísimo Tercer Reich. Una alianza de ingleses, estadounidenses, y la Resistencia de los maquis franceses, llevaron a cabo la Operación Overlord, que cristalizó en el monumental Desembarco de Normandía. Se diga lo que se diga acerca de la maquinaria propagandística del cine de Hollywood, lo cierto es que la Operación Overlord es uno de los grandes monumentos de la estrategia militar, el coordinar el más grande desembarco anfibio de la Historia, con todas las complicaciones inherentes a los desembarcos anfibios; de haber salido mal, la Operación Overlord muy posiblemente hubiera ido a engrosar el artículo Diez desastres navales que determinaron el curso de la historia, acá en la Guillermocracia. El caso es que Estados Unidos e Inglaterra consiguieron desembarcar tropas en Francia por primera vez desde Dunquerque. La Alemania nazi comenzó a desplomarse lentamente.

En paralelo, los Aliados tenían conciencia de que el final de guerra representaría un nuevo mundo para todos, de manera que se dispusieron a trazar los lineamientos del mismo. Uno hecho no para beneficio de la Humanidad, por supuesto, sino de sus propios intereses particulares. A lo largo de una serie de conferencias en Teherán, Yalta y Potsdam, los Aliados definieron la geopolítica universal de una manera que podríamos definir con cinismo propio de Realpolitik, como una repartija de esferas de influencia en Europa y el mundo. Por su parte en 1.944, en la Conferencia de Bretton Woods, se sentaron las bases del orden económico internacional posterior a la guerra, incluyendo la creación del Fondo Monetario Internacional. Quizás el más grande progreso fue el acuerdo para crear una nueva organización internacional que reemplazara a la Sociedad de Naciones, cuyo desempeño había oscilado entre lo irrelevante y lo penoso; dicha nueva organización debía pacificar y arbitrar en el mundo. Las semillas para las Naciones Unidas estaban sembradas.

Para 1.945, la suerte del Eje se había acabado. Entre la segunda mitad de 1.944 y la primera de 1.945, la Italia fascista se vino abajo; irónicamente, aunque su líder Benito Mussolini acabó siendo fusilado y su cadáver linchado, lo cierto es que las tropas Aliadas no llegaron a ocupar la totalidad de Italia, al final de la guerra. Para Alemania, en cambio, como principal instigadora de la guerra, no habría perdón. En los acuerdos entre los Aliados, la misión de capturar Berlín había quedado entregada a los soviéticos, quienes clamaban venganza por las atrocidades de los nazis en su propio territorio. A medida que las tropas aliadas avanzaban en Alemania, fueron liberándose los campos de concentración, y empezaron a revelarse las infernales realidades de la solución final emprendida por el Tercer Reich en contra de todos quienes consideraban Untermenschen, o sea, infrahumanos. En medio del colapso total, y antes de ser evacuada, la última pieza musical presentada por la Orquesta Filarmónica de Berlín fue la escena de la inmolación de Brunilda en la ópera El crepúsculo de los dioses de Richard Wagner. En Abril, superado por las circunstancias y por su propia desequilibrada condición mental, Hitler se descerrajó un tiro; terminó para él la vida, y comenzó la inmortalidad como personaje protagónico de The History Channel. Poco después, en Mayo, Alemania se rindió incondicionalmente. Los cuatro grandes Aliados se repartieron el país como una botella de cerveza entre cuatro vasos. Como parte de la rendición incondicional, los Aliados interpretaron que Alemania permitía incluso la aplicación retroactiva de la ley penal y el juzgamiento por tribunales ad hoc, lo que proporcionó la más que dudosa y frecuentemente criticada base legal para los juicios del Tribunal de Nüremberg, en donde varios cabecillas nazis fueron condenados a la pena capital, a cadena perpetua, o a extensas condenas de prisión, con algunas absoluciones.

Celebración en Londres del Día de la Victoria, el 8 de Mayo de 1.945, el día de la capitulación incondicional de Alemania.
Quedaba Japón. Y el orgullo nacionalista e imperial japonés les impedía rendirse. Ello hubiera implicado humillar al Emperador, su Dios, su Sol. En el intertanto, y en el mismo Abril de 1.945 en que Hitler se había volado los sesos, y ya en su cuarto período presidencial consecutivo, Franklin Delano Roosevelt había sufrido un derrame cerebral, y había fallecido; el Vicepresidente Harry Truman lo reemplazó. Truman se vio ante una disyuntiva. El asalto final contra Japón, se había proyectado, costaría tantos hombres como la guerra europea, si no más. Podría haber pactado la paz, pero Truman desechó la alternativa. En vez de ello, autorizó el uso del arma nuclear, cuya primera detonación fue la explosión experimental en Alamogordo, el 16 de Julio de 1.945. Los días 6 y 9 de Agosto de 1.945, las bombas nucleares Little Boy y Fat Man fueron lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, usando bombarderos porque, lo repetimos, en Estados Unidos nadie le había hecho caso a Robert H. Goddard. Aquí hubo un bluff monumental: Estados Unidos no tenía más bombas nucleares, y no las tendrían durante los meses que tardara en fabricarse nuevas, pero esa información se la guardaron. Los japoneses, temiendo que el arsenal nuclear de Estados Unidos fuera aún más grande, se rindieron. Para estupor de los japoneses, por primera vez en la historia su Emperador se rebajó a hablar por radio. Allí, el Emperador Hirohito llamó a su pueblo a "tolerar lo intolerable", ante la disyuntiva de resistir y ser aniquilados o rendirse y reconstruir Japón a partir de lo que quedara; anunció así la rendición de Japón. Salvo por algunos soldados medio enloquecidos y perdidos en las junglas asiáticas o las islas polinésicas, y que seguirían peleando la guerra por décadas, la Segunda Guerra Mundial se había acabado.

El nuevo mundo que emergía en 1.945, ya nada tenía que ver con la soñolienta Humanidad de 1.914. Dos superpotencias habían emergido victoriosas y se repartían el mundo: los capitalistas Estados Unidos, y la comunista Unión Soviética. Sobre Europa cayó el llamado Telón de Acero. ¿Iba a ser un mundo mejor o peor que el anterior? Por un lado, emergió una nueva conciencia de que nunca debía volver a repetirse los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en particular después de descubrirse el espanto de la solución final y los campos de concentración nazis; dicha conciencia cristalizó en uno de los más grandiosos frutos de la conciencia humana, cual es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1.948. El desarrollo tecnológico asimismo ayudó a cambiar el mundo; la cohetería de las bombas V-2, utilizada para bombardear Londres en las postrimerías de la guerra, sirvió un cuarto de siglo después para poner al primer hombre en la Luna. Por el otro lado, el llegar a conocer el secreto de la desintegración del átomo abrió el camino para la completa aniquilación humana; la más grande transformación de la Generación GM, es que el ser humano había alcanzado por fin un control absoluto sobre su destino. El intelecto humano había alcanzado su mayoría de edad, pero, ¿había hecho lo mismo su emocionalidad y su conciencia moral? A casi siete décadas de dicho evento, la respuesta sigue siendo ambivalente.

Fin de GENERACIÓN GM... y el comienzo de nuestro mundo.

La bomba nuclear detonada en Hiroshima, el 6 de Agosto de 1.945.

miércoles, 20 de agosto de 2014

¿Hacia dónde irá Jack Bauer?: Cinco ideas para renovar "24".


Las reacciones ante 24: Vive un nuevo día fueron encontradas. Para algunos, fue el glorioso regreso de Jack Bauer a la televisión. Para otros fue más de lo mismo, en donde hasta las impredecibles vueltas de tuerca resultaban predecibles. Ambos bandos tienen un poco de razón. Es claro que la gente tras 24: Vive un nuevo día no quiso arriesgar demasiado, y apostó más o menos por la fórmula de siempre, ahora ambientada en Londres y cambiando la CTU por la CIA. Por desgracia, eso hace que 24: Vive un nuevo día permanezca firmemente anclada en un modelo de realidad que era el de los orígenes de la serie en 2.001. Lo que es una pena si se considera la popularidad de la serie: acá en la Guillermocracia por lo menos, cuando publicamos la maratón en varias partes analizando la serie, el número de lectores experimentó un alza discreta pero significativa. Lo que quiere decir que 24 no pertenece todavía al pasado ni es un dinosaurio de la televisión, sino una franquicia que todavía puede dar de sí... con la creatividad adecuada.

O sea, a 24 le falta renovarse. Aunque no demasiado, tampoco. 24 sin el tiempo real, sin traidores detrás de cada cortina, sin Jack Bauer haciendo el más imposible cada vez, no sería 24. Pero a la serie no le vendrían mal algunos planteamientos nuevos para un eventual Día 10. Por supuesto que el final de 24: Vive un nuevo día dejó las cosas un poco movidas, y algunas de estas ideas deberían esperar un poco para ser implementadas, quizás en un Día 11 o en una película. Incluso, varias de estas ideas pueden ser combinadas para realizar una temporada todavía más explosiva.

El siguiente posteo contiene algunos comentarios que podrían ser interpretados como spoilers de la serie original, o de 24: Redención. Y está libre de spoilers de 24: Vive un nuevo día.

1.- Jack Bauer tratando de fugarse.

Jack Bauer se ha escapado de prisión en un país remoto, y ahora es un fugitivo. La policía de dicho país lo busca. Jack Bauer está solo, sin contactos ni medios de comunicarse con sus amigos, inicialmente a lo menos, y debe defenderse y moverse hasta un teléfono o un computador para pedir ayuda vía Internet, luego abrirse paso hasta un aeropuerto y escapar del país, y todo eso sólo con su ingenio y su talento como agente de campo. De hecho, éste debería haber sido el argumento del Día 6, pero optaron por traer a Jack Bauer de regreso a Estados Unidos desde el minuto 1 del día, y con eso se cargaron una interesante posibilidad argumental. Una posible variante podría ser una temporada completa de 24 episodios, cuya primera mitad es drama carcelario, con Jack Bauer tratando de fugarse, y su segunda mitad ya en el mundo exterior, con Jack Bauer prófugo y siendo un extranjero en tierra extranjera tratando de sobrevivir. Es decir, Prison Break o Prófugos, o ambos, pero bien hecha.

2.- Jack Bauer se pasa a la seguridad privada.

Después del final de 24: Vive un nuevo día, este planteamiento es difícil, pero puede ser ejecutado más adelante. De alguna manera, Jack Bauer consigue limpiar sus papeles, y aprovechando su experticia como antiguo black-ops y agente de CTU, funda su propia empresa de seguridad privada. En lo esencial, maneja un cuerpo de guardaespaldas para potentados de alto perfil: líderes internacionales, jeques árabes, directores de la FIFA, Lady Gaga... Por supuesto que el hotel o personalidad o cualquiera sea el objetivo protegido por Jack Bauer, de pronto está bajo ataque por parte de un grupo terrorista desconocido. En medio del asunto, la conspiración llega hasta el Gobierno, y el Presidente se ve involucrado. En el fondo sería 24 sin CTU, o FBI, o la CIA, aunque para compensar, el traidor que es ineludible en una temporada de 24 que se precie de tal, debería ser uno de los subordinados de Bauer. Si a eso se le suma una locación exótica como una ciudad de Europa Oriental, sería un ganador seguro.

3.- Jack Bauer mentor.

Jack Bauer, ahora más envejecido y cansado, se hace a un lado. Pero hay un nuevo chico o chica que es ambicioso, admira el trabajo de Jack Bauer, y quiere ser como él. Al principio, Jack Bauer se niega porque no quiere que ese joven ambicioso termine pasando por todas las miserias y pellejerías que él mismo, pero al final su sentido de la nobleza termina imponiéndose, y dándose cuenta de que el jovencito terminará muerto si intenta imitarlo sin la preparación adecuada, acepta entrenarlo. Todo esto, bajo una amenaza de ataque terrorista inminente. No es que Jack Bauer no haya acogido a gente bajo su ala antes (el Día 3 o el Día 7, por ejemplo, tienen tintes de esto), pero ahora sería de manera directa, más personal, y esta relación de maestro a discípulo sería el alma, la base y el espinazo de la historia.

4.- Jack Bauer es objeto de una venganza privada.

No es una idea que no se haya visto en la serie, y de hecho a lo menos tres villanos de la misma han tenido motivaciones personales contra Bauer, pero por lo general, la venganza privada es sólo parte de un esquema mayor. Ahora es personal, verdaderamente personal. Alguien quiere a Jack Bauer muerto, y antes de eso, lo quiere ver sufrir, y mucho. El principal y único objetivo del villano es cebarse en Jack Bauer y matarlo al último. No hay amenaza terrorista de por medio, no hay planes megalómanos para desatar la guerra de Estados Unidos contra otro país, no hay un intento de magnicidio, no hay nada de eso. Sólo un diabólico juego del gato y el ratón entre un privado que ha regresado para cobrarse venganza por alguna razón, que cuenta con una inmensidad de recursos financieros y humanos para ello, y que no se detendrá ante nada ni ante nadie para destruir a Jack Bauer por completo. Básicamente Hannibal, la película de Ridley Scott de 2.001, pero con Jack Bauer en vez de Hannibal Lecter.

5.- Jack Bauer en descampado.

Todas las temporadas de 24 han transcurrido en una ciudad. La mayor parte del tiempo es Los Angeles, pero también Washington, Nueva York, Londres, y tratándose de 24: Redención, parte en un entorno semirrural africano pero acaba en una ciudad igualmente. Pero, ¿y si el objetivo de los terroristas esta vez no fuera una ciudad, sino algo ubicado en un pueblo pequeño, o incluso en territorio salvaje? Por ejemplo, el Air Force One ha sido objeto de todavía otro ataque terrorista más y se ha estrellado en despoblado; la acción comienza cuando Jack Bauer arriba, y oscila entre Jack Bauer tratando de llevar al Presidente de regreso a la civilización, y maquinaciones políticas en Washington para derrocarlo. Podríamos ver a Jack Bauer redescubriendo su pasado como hombre de las fuerzas especiales, mencionado en el Día 1, ahora en un entorno agreste, luchando contra la naturaleza tanto como contra el hombre. La locación podría ser una montaña, un bosque, un territorio costero, cualquier lugar que no sea una ciudad. El presupuesto se dispararía en términos de rodar en locación, pero no sería necesario hacer explotar automóviles o montarse grandes persecuciones: la naturaleza misma ayuda a darle épica a la historia.

Estas son mis cinco ideas acerca de cómo darle un soplo de aire fresco a 24, sin traicionar su esencia ni dejar a un lado las señas más distintivas de la serie. A ver si la gente de FOX recibe el memo. O mejor aún, para que me contraten de guionista.

domingo, 17 de agosto de 2014

Generación GM (4 de 5): Horizonte gris.

Manifestación nazi en Nüremberg.
La mitología clásica sobre el siglo XX narra que después de la Primera Guerra Mundial, todo el mundo quería la paz porque no deseaban una nueva conflagración como la que se acababa de vivir. Entonces llegó Adolf Hitler y una pandilla de psicópatas que se tomaron el poder en Alemania, y desataron una nueva y peor guerra mundial. Este retrato histórico digno de un Saturday monday cartoon con héroes muy heroicos y villanos reforcilándose en su maldad, es por supuesto muy inexacto, si no francamente erróneo. En realidad, el camino hacia la Segunda Guerra Mundial estaba trazado ya desde el diktat de Versalles, la miope diplomacia occidental que pretendía ponerle un punto y final a la Historia Universal, instaurando un nuevo orden europeo. Además, había fuerzas sociales moviéndose en la trastienda. La exhuberancia económica posterior a la guerra, la sensación de que pronto todos iban a ser ricos, generó la burbuja económica que llevó directamente al Crac de 1.929, de ahí a la Gran Depresión, y de ahí a un auge de nuevos movimientos de revanchismo económico y social.

Puede que esta visión de corto plazo, de unos cuantos años en retrospectiva desde 1.939, enmascare una realidad más profunda, que hacía casi inevitable una segunda conflagración. En realidad, la Segunda Guerra Mundial era una crónica anunciada y cantada. Solamente un miope como Neville Chamberlain podía estar tan seguro de haber conseguido la paz para nuestro tiempo, como él mismo dijo en 1.938. En el siglo XIX, y por primera vez en la Historia Universal, las economías nacionales habían crecido a una escala tan desmesurada, que podían abarcar literalmente todo el planeta. La Primera Guerra Mundial había sido sólo un movimiento de ajuste, la eliminación de potencias mundiales del tablero para crear hegemonías mundiales capaces de gestionar bloques comerciales cuya escala ahora, y lo venían siendo desde el último tercio del siglo XIX, ya no era nacional sino planetaria. Esto hubiera podido lograrse si se hubiera creado una Sociedad de Naciones fuerte, que sirviera como árbitro del mundo. Como ello no sucedió, y el problema de ajustar la escala de las operaciones políticas con las económicas seguía presente, un nuevo choque iba a ser inevitable. El devenir de los acontecimientos puso a Adolf Hitler y los nazis en contacto con el detonador; pero un curso diferente hubiera bien podido desembocar más o menos en el mismo resultado: guerra total.

Pero volviendo a lo inmediato: después de 1.929, la Gran Depresión tuvo el efecto de destruir los sueños de prosperidad de la gente. Imágenes de gente parada en todas partes se hicieron habituales. Los únicos negocios que consiguieron mantenerse más o menos a flote fueron aquellos que proporcionaban distracciones baratas a las masas: el cine, las revistas pulp, o las tiendas de caramelos como la que era propiedad de Judah Asimov, el padre de Isaac Asimov. La crisis económica se las arregló incluso para barrer gobiernos completos: propició la caída de Primo de Rivera en España y Carlos Ibáñez del Campo en Chile. En Estados Unidos, la Presidencia de Herbert Hoover, un republicano que creía firmemente en que el Estado es sólo grasa y debe ser recortado, se las arregló para profundizar aún más la crisis. En beneficio del pobre Hoover, es necesario reconocer que la ortodoxia económica liberal de la época prescribía que las crisis económicas se capeaban reduciendo el gasto público, y en ese sentido las decisiones económicas de Hoover tenían un punto de racionalidad, si bien ésta al final terminó siendo corregida y desmontada. Durante más o menos medio siglo, por lo menos.

En la época surgió la voz del economista John Maynard Keynes, quien marchó justo en la dirección contraria. Para Keynes, y la escuela de pensamiento económico llamada después el Keynesianismo, en tiempos de crisis es cuando más el Estado debe propiciar el gasto público. De esta manera, el Estado transfiere dinero al bolsillo de las personas, las que al gastarlo incentivarán el consumo y la producción, logrando así una reactivación de la economía. Contrario a lo que suele pensarse, Keynes no inventó la idea del gasto público como estímulo a la inversión; este concepto ya rondaba en la crítica económica socialista hacia el liberalismo en la década de 1.920. Pero Keynes no era un socialista sino todo lo contrario, un liberal de vieja escuela que tuvo el coraje de renunciar a sus convicciones en pos de la verdad experimental, y por lo tanto podía darse el lujo de decir verdades a los liberales que éstos no aceptarían si hubieran venido de un socialista. Además, Keynes fue el primero que explicó de manera coherente y sistemática la relación entre gasto público y empleo, ofreciendo así por primera vez una contundente crítica a la teoría hasta entonces predominante (y enormemente corta de miras) según la cual las crisis económicas se ajustaban a sí mismas porque producían una bajada generalizada de salarios que iba a llevar a hacer rentable de nuevo contratar personas, resolviendo la crisis por sí misma; esto por supuesto puede suceder, así como puede suceder que los salarios bajen tanto que el resultado sea un estallido populista que arrase con todo el sistema financiero en primer lugar, que fue en efecto el escenario de Octubre de 1.917 en Rusia.

John Maynard Keynes, economista teórico del moderno estado del bienestar.
En Estados Unidos, quien adoptó la bandera de las ideas de inspiración keynesiana fue el demócrata Franklin Delano Roosevelt. En la elección presidencial de 1.932, Roosevelt logró una aplastante victoria electoral (472 electores contra 59 de Hoover), a través de su programa llamado el New Deal, el Nuevo Trato. Bajo el lema de que "solo debemos temer al temor mismo", Roosevelt se embarcó en una iniciativa de una energía tremenda: se fijó los primeros cien días de su mandato para establecer medidas de urgencia. A lo largo de su Presidencia, y con espíritu plenamente keynesiano, Roosevelt se abocó a la más ambiciosa política de obras públicas jamás lanzada por un Presidente de Estados Unidos hasta la fecha. La ortodoxia liberal, siempre convencida de que el Estado no sirve para nada y debería ser abolido para que deje de impedir que los ricos se hagan más ricos, puso el grito en el cielo. Pero Roosevelt fue apoyado durante cuatro elecciones presidenciales seguidas, gobernando así de manera ininterrumpida desde 1.933 hasta su fallecimiento en el cargo, en 1.945. Es el primer Presidente de Estados Unidos que gobernó más de dos períodos, y probablemente sea el último también, considerando que en 1.951, la Enmienda XXII a la Constitución de Estados Unidos prohibió que cualquier persona gobernara más de dos períodos.

De esta crisis económica, social y de valores, interesantemente, emergieron algunos de los mejores productos culturales del siglo XX. Mencionábamos que la Ciencia Ficción recibió un enorme espaldarazo en el mundo de los pulps, funcionando como mecanismo de evasión, comenzando incluso la Edad de Oro del género con la Revolución Campbelliana. También tomó carta de naturaleza la novela negra, en donde el investigador privado de mala muerte reemplazó al detective fino y europeo estilo Agatha Christie en la punta de lanza del género detectivesco. Los principales exponentes fueron Dashiell Hammett y su detective Sam Spade por un lado, y Raymond Chandler con su detective Philip Marlowe. En el cine, floreció el género del Gangsterismo como un escapismo romántico frente a un sistema que se antojaba injusto y corrupto, hasta que la imposición del Código Hays en 1.934, que buscaba censurar el sexo y la violencia, sumado a una relativa disminución de la crisis económica a mitad de década, sepultaron el género por el minuto. Con todo, éste se transmutó en uno nuevo, el Cine Noir, cuyo primer gran exponente fue la película El Halcón Maltés de 1.941, adaptada de una novela de Hammett; parte del encanto del Noir fue similar al cine de gángsters: el retrato y la denuncia de la corrupción sistemática a todos los niveles. En el frente de la comedia, Charles Chaplin rodó una enorme crítica social de Estados Unidos y la crisis económica en Tiempos modernos de 1.936, denunciando con saña la industrialización y la deshumanización del ser humano. Y el mundo de los cómics vio el surgimiento de un nuevo género, ya que en 1.938 apareció por primera vez Superman. No debe olvidarse que en sus orígenes Superman combatía la corrupción y la delincuencia, transformándose así en un defensor de los ideales del New Deal de Roosevelt; los años en que Superman sería acusado de promover los valores del imperialismo estadounidense estaban todavía por delante.

Irónicamente, las soluciones que Roosevelt estaba implementando en democracia, otros regímenes estaban llevando a cabo de manera autoritaria, incluso totalitaria. Era asunto de sumar dos más dos para descubrir que el país más golpeado en el mundo por la Gran Depresión fue Chile, debido a su dependencia absoluta de las exportaciones, mientras que el más inmune resultó ser la Unión Soviética. Al instaurar una economía comunista, los soviéticos se habían cercenado el comercio exterior, y por lo tanto el contagio de las corridas bancarias producto del Crac de 1.929 no los alcanzó. Por supuesto que el sistema autárquico de producción económica a base de planes quinquenales tenía sus propios bemoles, y de hecho el sistema económico soviético a la vuelta de algunas décadas resultó insostenible, pero en la coyuntura de 1.929, lo que todo el mundo veía era que la receta comunista funcionaba. Las ideas comunistas encontraron así un nuevo espaldarazo para propagarse por Occidente.

Campos petroleros de Baku, obra cercana a 1.935 por Konstantin Bogaevsky.
Pero el milagro más asombroso fue el caso alemán. Desde 1.919, Alemania estaba gobernada por la llamada República de Weimar, un sistema político democrático apoyado por los socialistas, y combatido tanto por la extrema derecha que deseaba regresar a la vieja oligarquía plutocrática del siglo XIX, como por la extrema izquierda que pensaba que el régimen político no iba tan lejos como debería. En medio de todo fue que un partido político hasta entonces fracasado, el nacionalsocialismo, encontró adeptos. Las herramientas del Partido Nacionalsocialista, mejor conocido como el Partido Nazi, fueron simples: enfocarse en una retórica simple y agresiva que no ofrecía tanto soluciones sino culpables. Una buena parte del pueblo alemán, asustado y angustiado, los votó en masa, con la complicidad de una extrema derecha que veía a Hitler como un payaso, un tonto útil que una vez en el poder, sería muy fácil de manipular. Irónicamente, parte importante del triunfo electoral hitleriano se produjo gracias a que los comunistas se enemistaron mortalmente con los socialistas, acusando los primeros a los segundos de ser unos vendidos, y corrieron en paralelo: de haber ido juntos a la elección, ambos habrían podido parar a Hitler, ya que en conjunto sacaron más votos que el Partido Nazi.

Hitler no perdió el tiempo. Aprovechándose de un artículo de la Constitución de 1.919 que autorizaba al Parlamento para entregar poderes extraordinarios al Poder Ejecutivo en caso de crisis institucional, Hitler consiguió atribuirse poderes extraordinarios. A la hora de redactar la Constitución, nadie parece haber advertido que permitir al Poder Ejecutivo gobernar por decreto y sin contrapeso ni control alguno, bajo la promesa de buena fe de que pasada la crisis iban a devolver el poder, significaba en el fondo la abolición de la Constitución misma. De esta manera, por increíble que parezca para el lego, lo cierto es que el Tercer Reich no comenzó por un golpe de estado, sino por el contrario, a través de mecanismos perfectamente legales y ajustados a derecho. Puede que Hitler haya sido uno de los más grandes genocidas del siglo XX, pero si dejamos de lado el bochornoso fracaso del Putsch de 1.923, lo cierto es que Hitler no fue un golpista.

Una vez en el poder, Hitler se mantuvo en el mismo gracias a la aplicación de las mismas ideas keynesianas que, de manera más o menos inadvertida, habían significado la carta de triunfo para Roosevelt y Stalin. Lo que hizo Hitler, fue iniciar un ambicioso programa de obras públicas que incluyó la creación de la moderna red de autopistas, las Autobahnen. Se ha dicho que el éxito de Hitler como gobernante (o de los fascismos de la época, en realidad), hasta la Segunda Guerra Mundial por lo menos, radicó en lo principal, en conseguir que los trenes llegaran a la hora. Además, Hitler potenció la industria militar, y esto ayudó un poco más a tirar del carro de la economía.

Quema de libros en el Berlín del Tercer Reich.
Es cierto que Hitler en esa época ya estaba desplegando los rasgos más abominables de su gobierno: la persecución racial, la estigmatización de sectores de la población, la quema de libros. Muchos perseguidos encontraron refugio escapando de Alemania, generando efectos inesperados en el camino. Entre los emigrados había cineastas como Fritz Lang, que aplicaron las ideas del cine expresionista en Hollywood y ayudaron a darle forma al Cine Noir. Pero también había físicos como Albert Einstein o Leó Szilárd, judíos que no esperaron a ver si Hitler metía a los suyos en campos de concentración o no, y que se radicaron en el extranjero, terminando siendo instrumentales para la fabricación de la bomba atómica en manos de los Aliados. Pero para quienes no leían libros condenados a la quema ni estaban estigmatizados como Untermenschen, es decir la gran mayoría de la población, la Alemania hitleriana no era un mal lugar para vivir: por primera vez en una década la economía marchaba, había algo más de prosperidad, el país parecía estar marchando hacia alguna parte, y además, Hitler estaba en planes para conseguir el renacimiento del orgullo nacional, después del horroroso desastre que para Alemania había supuesto la Primera Guerra Mundial. En definitiva es la tendencia habitual de la gente, el atender su propio huerto y olvidarse de la jungla alrededor, lo que posibilitó el ascenso y permanencia del Hitlerismo en el poder.

Hitler y los nazis estaban decididos a reestablecer el orgullo nacional de Alemania. Para esto, lo primero que hizo Hitler fue comenzar a reforzar las Fuerzas Armadas. Esto iba en directa violación de las estipulaciones del Tratado de Versalles, lo que inquietó a Inglaterra y Francia. Sin embargo, las reacciones de ambos fueron bastante indecisas. Francia, el país más amenazado de ambos, siguió una política de enterrar la cabeza en la arena como una avestruz. Se confiaron a la Línea Marginot, una cadena de fortificaciones destinadas a parar cualquier agresión alemana. En esos años, un ejercicio militar del Ejército francés probó en terreno que los alemanes podían cruzar la frontera por el bosque de las Ardenas, desprotegido por considerarse infranqueable; ante los resultados de los juegos de guerra, el Estado Mayor se limitó simplemente a ignorarlos, con una ceguera que en retrospectiva resultó suicida, ya que adivinen por qué bosque los alemanes cruzaron para atacar Francia en 1.940. Los ingleses, por su parte, renuentes a meterse en la política europea, decidieron confiarse a un programa de fabricación de aviones bombarderos a gran escala, como elemento disuasivo. Hitler, que era lo que calificaríamos como un aficionado brillante en términos militares, no se dejó impresionar por los preparativos ingleses, estimando correctamente que éstos no estaban dispuestos a embarcarse en una aventura militar en el continente, y por lo tanto siguió campante con sus planes.

La siguiente etapa vino con la expansión territorial. Alemania había perdido cantidades substanciales de terreno con la guerra, e incluso su territorio estaba dividido en dos, con Prusia Oriental separada del resto de Alemania por el corredor polaco de Danzing, que conectaba a Polonia con el Mar Báltico. El tema polaco, Hitler lo dejó pendiente por el minuto. En vez de ello, partió por anexarse el Sarre, un territorio bajo mandato de la Sociedad de Naciones y que era valioso por sus minas de carbón, y luego remilitarizó Renania, que debía permanecer sin tropas tanto por el Tratado de Versalles como por los Tratados de Locarno de 1.925. Luego, promoviendo un golpe de estado nazi en Austria, consiguió el llamado Anschluss, la anexión de Austria a Alemania. Ninguno de estos avances recibió más que protestas, las que resultaron inútiles. Finalmente, los Aliados reaccionaron tratando de llevar a Hitler a una mesa de negociaciones. El llamado Tratado de Münich de 1.938 fue celebrado como un triunfo de la paz europea, e incluso Hitler fue postulado al Premio Nobel de la Paz, iniciativa que no prosperó, como puede suponerse y para alivio del Parlamento de Noruega, que nombra el comité para la entrega del galardón, y que gracias a ello no se cubrió de ridículo después de la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso, Hitler había prometido no realizar nuevas anexiones. La llamada política de apaciguamiento parecía haber tenido éxito, y Neville Chamberlain, el Primer Ministro de Inglaterra, proclamó exultante haber conseguido la paz para nuestro tiempo. Que parte del apaciguamiento supusiera entregarle a Hitler los Sudetes, dejando así a Checoslovaquia sin su línea defensiva contra Alemania y en la práctica indefensa, parecía un precio pequeño a pagar por la paz europea, en particular si el precio lo pagaban los checos contra su voluntad, y sin que de hecho nadie los hubiera invitado a la mesa de negociaciones en primer lugar.

Afiche de la Guerra Civil Española.
En realidad, en 1.938, Hitler no estaba todavía preparado para una guerra total a gran escala, y haberse dejado apaciguar tenía mucho de pragmatismo. La guerra a nivel totalmente bélico estaba librándose en otro frente: España. En 1.931, la monarquía española había sido derrocada, y se había instalado una república de clara vocación socialista, la llamada Segunda República Española. Los sectores reaccionarios de España, vinculados a la Iglesia Católica, el Ejército y la monarquía, se lanzaron a la defensa fiera de sus privilegios, principalmente a través de un movimiento de inspiración fascista, la Falange Española. Finalmente, en 1.936, un general español llamado José Sanjurjo se alzó en armas. El plan era dar un golpe de estado que abarcara a toda la península, pero las fuerzas leales al gobierno consiguieron defenderse, aunque sin aplastar la insurgencia. Al quedar la situación en tablas, estalló la Guerra Civil Española. Sanjurjo falleció a los pocos días en un accidente de aviación, quedando Emilio Mola a cargo de las tropas rebeldes del norte y Francisco Franco a cargo de las tropas del sur; la muerte de Mola en otro accidente de aviación en 1.937 dejó finalmente a Franco como caudillo único. Haciendo surgir de paso unas cuantas teorías conspiranoicas sobre la materia.

En muchos sentidos, la Guerra Civil Española fue un preludio de lo que vendría. Voluntarios de izquierda llegaron al país a luchar en defensa de la República, mientras que fuerzas militares italianas y alemanas hicieron lo propio para luchar al lado de los sublevados. Hubo operaciones bélicas como el bombardeo de Guernica, completamente inútil desde el punto de vista militar, salvo para probar el poder de las nuevas armas aéreas. A la larga, las disensiones dentro del propio campo republicano entre comunistas, socialistas y anarquistas facilitaron mucho las cosas a los rebeldes, quienes conquistaron toda España de pueblo a pueblo en tres años. En Abril de 1.939, Francisco Franco proclamaba la victoria. La República Española había sido destruida, y comenzaba en su reemplazo la dictadura militar franquista, que duraría hasta su muerte en 1.975, dando paso después a una democracia que, dicho de manera bastante suave, ha encontrado bastantes cuestionamientos posteriores dentro de la sociedad española.

Mientras estas cosas ocurrían en España, en 1.939, al año siguiente del Pacto de Münich, Hitler volvió a las andadas. Ocupó militarmente Checoslovaquia, en violación de los acuerdos del año anterior. Pero todavía existía un problema para el Tercer Reich: luchar en dos frentes. La Primera Guerra Mundial, mal que mal, había sido perdida por tener que luchar con Rusia a un lado, e Inglaterra y Francia por el otro. A pesar de que la retórica hitleriana era abiertamente anticomunista, la política crea extraños compañeros de cama. Hitler necesitaba pacificar el frente oriental antes de atacar a occidente. La Unión Soviética de Stalin, por su parte, a pesar de su enorme cantidad de territorio, población y recursos, tenía problemas con su maquinaria militar. A lo largo de 1.937, Stalin había purgado el Ejército Rojo de varios generales y oficiales, trastocando así la maquinaria militar soviética no solo retirando hombres claves, sino también instalando la sospecha y la paranoia dentro de las fuerzas armadas. De este modo, tanto Hitler como Stalin tenían mucho que ganar con la paz. De esta manera, los encargados de Relaciones Exteriores de ambos países, Joachim von Ribbentrop por Alemania y Viacheslav Molotov por la Unión Soviética, firmaron el llamado Pacto Ribbentrop-Molotov, el 23 de Agosto de 1.939. El mismo garantizaba entre otras cosas, que no habría guerra para Alemania en el frente oriental.

Nueve días después, el 1 de Septiembre de 1.939, con la invasión de Alemania a Polonia, comenzó la Segunda Guerra Mundial. El mismo año, en un suceso que parecía en principio inconexo, se publicó en los medios científicos que la fisión nuclear no era una mera hipótesis científica sino que es una realidad, pavimentando así el camino para la creación de la bomba atómica...

Próxima entrega y final de GENERACIÓN GM: El destructor de los mundos.

La Pila Atómica de Chicago, el primer reactor nuclear de la Historia, entró en operaciones en 1.942.

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