miércoles, 28 de mayo de 2014

Democracia y mala clase.


Que la clase política está desprestigiada, la clase política de cualquier país, no es un misterio para nadie. Las acusaciones son contundentes: paternalismo, condescendencia, venalidad hacia los grandes intereses, desconexión con la ciudadanía. El único país con una clase política decente que aún no se ha corrompido, es la Guillermocracia, por dos razones: porque existe un único político que a su vez es el Padre Fundador de la Guillermocracia (o sea, yo), y porque la Guillermocracia es un país cuyo territorio es tan pobre en recursos naturales, que ni territorio tiene para empezar, de manera que no existe mucho interés geoestratégico por apoderársela, ni desde Davos ni desde ninguna otra conferencia internacional. Hay como una impresión de que los políticos de antes eran mejores; no que fueran inmaculados o unos santos, pero que sí había como una intención de hacer el trabajo, ciertos límites de decencia y ética que no se traspasaban, un sentido del fair play que hoy en día parece perdido.

Por eso, me llevé una sorpresa hace algunos años (más de cinco y menos de diez, no recuerdo con exactitud), cuando tuve oportunidad de leer una biografía de Disraeli escrita por Jacques de Langlade. Benjamin Disraeli, para los no enterados, fue Primer Ministro de Inglaterra en el siglo XIX, uno de los varios que ocupó tal cargo durante las seis décadas y media de corona de la Reina Victoria. Disraeli fue uno de los artífices del apogeo del Imperio Británico, incluyendo el golpe maestro a la geopolítica internacional que fue la compra en 1.875 el Canal de Suez, aprovechando que el sultán de Egipto lo había puesto a la venta por un precio vil, para financiar sus lujos personales. Mi imagen personal acerca de Disraeli era la de un estadista culto y erudito, un hombre con una vasta visión de estado; mi sorpresa fue mayúscula cuando, leyendo la biografía, me enteré de que Disraeli era tan trapacero como cualquier político de actualidad, y que dichos rasgos eran los mismos y propios de todos los políticos británicos de la época. No es que la biografía arrastrara a Disraeli por el fango ni tuviera el tono sensacionalista del periodismo amarillista actual, pero tampoco intentaba ofrecernos una visión mesiánica de su biografiado, como a veces pecan otros trabajos del género que a veces se desbarrancan en el océano de la hagiografía abierta. Parece que la política, siempre y en todo lugar, ha sido un negocio sucio. Cambian las circunstancias, cambian los incentivos, cambian los intereses, pero la House of Cards (y a veces el Juego de Tronos) se juega siempre con las mismas reglas.


¿Cómo es posible entonces que la democracia sea un mejor sistema político que los regímenes absolutistas? ¿Es verdad que las naciones democráticas progresan más que las naciones carentes de democracia? Varias superpotencias de los dos últimos siglos, como Inglaterra y Francia (ambos en declive) o Estados Unidos, son democracias, pero otros como Rusia o China, o lo son de fachada, o directamente no lo son. ¿Acaso tendrán razón los no tan escasos ciudadanos que opinan que no vale la pena tener una democracia, que la democracia no funciona, y que los regímenes autoritarios podrán ser injustos, pero al menos funcionan mejor y consiguen que las locomotoras lleguen a la hora a sus respectivas estaciones?

Creo que el desprestigio de la politiquería, lo que el General Pinochet con tanto afecto llamaba los politicastros, es un fenómeno inherente al funcionamiento de la democracia. En esencia, es imposible tener democracia sin que veamos a los políticos a cargo como gentes corruptas y viles, vendidas a intereses sin confesar, o a veces incluso confesos con tanta anchura. Y que aún así, la democracia sigue siendo un régimen mejor que el autoritarismo, para el desarrollo de una nación. Puede parecer una paradoja, pero si uno retrocede a los orígenes de la democracia moderna, y contra qué los filósofos ilustrados que sentaron las bases de la moderna teoría política democrática prescribían a ésta como un remedio, es fácil de entender.


Aunque se suele predicar que la democracia nació en Atenas, y se mantuvo y fortaleció a través de la reivindicación de los derechos feudales o forales, lo cierto es que la democracia moderna tiene dos grandes fuentes, ambas que se relacionan con tales derechos sólo de refilón. Una de esas fuentes, fue el desarrollo gradual de la tradición anglosajona, que tomó el antecedente del Parlamentarismo para rebelarse contra el absolutismo de los reyes de la Dinastía Estuardo en el siglo XVII, libró sendas guerras civiles a lo largo de toda esa centuria, y se asentó en el siglo XVIII. Por una curiosa voltereta de la Historia, su concreción final no se dio en la Inglaterra que la parió, sino en trece colonias ultramarinas que terminaron por independizarse y darle forma a la Constitución de 1.787, y a Estados Unidos como un todo; irónicamente, aplicando los mismos principios de teoría política desarrollados por el Parlamento contra la monarquía absoluta (en concreto el poco glamoroso pero muy pragmático "no hay impuestos sin representación").

La otra gran fuente es por supuesto Francia, en donde la democracia nació de manera más explosiva, como un estallido revolucionario en 1.789 contra el poder de la dinastía de los Borbones; en dicho país la democracia fue más débil, sufrió varios procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios, terminó de asentarse con la Tercera República en 1.871, y no empezó a funcionar de una manera realmente democrática sino hasta después de la debacle que supuso la Primera Guerra Mundial. Como puede observarse, tanto en la tradición anglosajona como en la francesa, la democracia fue inventada como un antídoto contra el absolutismo, el de los Estuardos en Inglaterra y el de los Borbones en Francia.


La teoría política absolutista se refleja en la noción de que existe una identidad entre el rey y el Estado, y por ende el poder real no puede ser menos que absoluto. "El Estado soy yo" decía Luis XIV de Francia. Al otro lado del Canal, su colega Carlos II decía que "el rey no puede equivocarse"; o al menos lo decía antes de que lo decapitaran en 1.649, porque las cabezas cortadas no hablan. Pero, ¿acaso la concentración de poder no implicaba el abuso y la tiranía? No, argumentaban los partidarios del Absolutismo. Un rey debía ser consciente y ser como un buen padre para sus súbditos: el trabajo de un rey no era aplastar a la gente, sino gobernarlas con sabiduría y dentro del esquema natural de las cosas. De manera nada sorprendente, uno de los mayores defensores del Absolutismo fue un cura reaccionario de apellido Bossuet. Es decir, los defensores del Absolutismo parten de una concepción optimista de la naturaleza humana: el ser humano está naturalmente diseñado para el bien, y por lo tanto no hay peligro de que la acumulación del poder en una sola persona degenere en tiranía.

La experiencia histórica enseña otra cosa, por supuesto. Hay gobernantes absolutos que han sido buenos gobernantes; Octavio Augusto el primer Emperador romano es un excelente ejemplo. Otros han llevado a la ruina a sus respectivas naciones; la Alemania que sobrevivió a Hitler sólo consiguió seguir existiendo gracias a la ayuda financiera de Estados Unidos. Los filósofos ilustrados apuntaron este defecto fatal del Absolutismo una y mil veces: hablaron de los abusos del poder, de la arbitrariedad inherente a que todo quede entregado a la voluntad de una persona, y por lo general, con variaciones, postularon la democracia. En un sistema político democrático habrían varias personas gobernando en distintas funciones, lo que cristaliza en la famosa separación de poderes. Habría también un sistema de pesos y contrapesos para que ningún poder se desmandara. En realidad, sólo por afinar el análisis, la teoría de los pesos y contrapesos tardó algo más en desarrollarse, pero es un desarrollo lógico de la teoría política democrática; los tribunales constitucionales como órganos separados del resto del Estado, por ejemplo, fueron postulados recién a inicios del siglo XX. Es decir, la teoría política democrática parte de una concepción pesimista de la naturaleza humana: el ser humano es falible, el ser humano es corruptible, el ser humano es arbitrario, y por eso es sabio confiar el gobierno y administración como un todo a distintas personas repartidos entre diversos órganos con variadas funciones complementarias entre sí. Todo esto supervisado por el pueblo que le dará su voto a aquellos políticos que demuestren hacerlo mejor, permitiendo así que el sistema entero no se desmadre por la ambición de algún político demasiado codicioso.


Esto explica la paradoja de por qué una clase política desprestigiada es casi inherente a una democracia. No es que la democracia como sistema político sea fallida. Es que las personas de por sí son ambiciosas, no siempre competentes, y a veces demasiado intrigantes; eso va a ser así en cualquier régimen político que se adopte. Sólo que dichas fallas de la naturaleza humana se canalizarán de manera distinta en un régimen absolutista, o en uno democrático. En un régimen absolutista, por temor a la arbitrariedad del poder absoluto, mucho de lo que se hace se ejecuta en la sombra, y por lo tanto un régimen absolutista es por definición uno mucho más opaco que uno democrático. Así, no es que los políticos bajo una democracia sean necesariamente más corruptos, es sólo que sus corruptelas y manejos tienen una oportunidad mucho mayor de ser descubiertas y expuestas, y en última instancia mantenidas más o menos a raya, que en un régimen absolutista de silencios y secretismo.

Esto amerita tratar un último punto para redondear el tema. Una democracia puede ser real, cuando opera una verdadera separación de poderes, un verdadero equilibrio entre éstos, y una representación adecuada de todos los intereses divergentes de la ciudadanía. Si no concurren estos requisitos, cualquier régimen democrático lo será sólo de nombre: será una democracia formal, no una material. Pensemos por ejemplo en Octavio Augusto, a quien mencionamos más arriba. Hoy en día lo acreditamos como el primer Emperador romano, pero desde un punto de vista formal, Octavio nunca abolió la República, que era un régimen relativamente democrático en comparación a las monarquías absolutas predominantes en el resto del mundo antiguo. Lo que hizo Octavio Augusto, para no ofender la sensibilidad de la clase senatorial, fue mantener la República y todos sus cargos... y luego, aprovechando que tenía el respaldo del Ejército, se apoderó de todos ellos. Es decir, Octavio Augusto se nombró a sí mismo cónsul, primer senador, tribuno de la plebe, sumo pontífice, etcétera. Su posición era equivalente a la de un Presidente actual que se apodere de los cargos de Comandante Supremo del Ejército, Jefe del Parlamento, Presidente de la Corte Suprema, Arzobispo, y Presidente de la Liga Nacional de Fútbol. Su régimen se llama el Principado porque Octavio Augusto gobernó formalmente con el humilde título de Príncipe (princeps civium, traducible como el primero de los ciudadanos al castellano), pero en los hechos era una perfecta dictadura militar.


Eso mismo puede ocurrir, y de hecho ocurre, en varios países del mundo moderno. Puede ocurrir que un caudillo populista se apodere de los cargos más suculentos, y los reparta en su camarilla alrededor. O puede que un reducido grupo de intereses económicos capture el Estado vía financiamiento de las campañas electorales de tal o cual Presidente, o tal o cual parlamentario. O puede ser que exista una Constitución y separación de poderes, pero que uno de los poderes sea casi omnímodo sobre los restantes, usualmente el Presidente o el Ejecutivo sobre el Parlamento. En cualquier caso, el efecto es debilitar la separación de poderes, el control de poder contra poder, y la representación de la ciudadanía, por lo cual la democracia comienza a funcionar de manera imperfecta, si es que no deja de funcionar por completo.

En definitiva, la mala clase de algo inherente a la naturaleza humana, las célebres puñaladas traperas que parecen inherentes a la política son inevitables, pero aún así la democracia es el mejor sistema para mantener a éstas a raya, y conseguir el milagro de que los intereses cruzados de distintos políticos anulen sus ambiciones mutuas de una manera tal, que el gobierno y administración como un todo funcionen de la manera más eficaz posible. Pero esto, sólo si el sistema tiene controles suficientes y representatividad también suficiente como para evitar que el poder se concentre de manera excesiva, y la democracia termine transformada en un Principado, en un Absolutismo con otro nombre.

domingo, 25 de mayo de 2014

Fredegunda versus Brunequilda: Un juego de tronos franco (2 de 2).

Códice del siglo VII de la obra histórica de Gregorio de Tours, el historiador de papel cuché que no se aguantó las ganas de transmitir el culebrón de Fredegunda y Brunequilda para la posteridad.
Previously in FREDEGUNDA VERSUS BRUNEQUILDA: UN JUEGO DE TRONOS FRANCO: En 561, la Galia es dividida en cuatro reyes, uno de los cuales, Cariberto, fallece rápido. El rey Sigeberto se queda con sus dominios, y además se casa con una hispana guapa e inteligente llamada Brunequilda. Chilperico, hermano de Sigeberto, se casa con Galswintha, hermana de Brunequilda, pero esto no le gusta a Fredegunda, amante de Chilperico. Cuando Galswintha muere en circunstancias sospechosas, Brunequilda se lanza a vengar a su hermana, desatándose así la guerra entre Sigeberto y Chilperico. Sigeberto es asesinado, y Brunequilda debe retirarse, pero ella aún no está derrotada...

Aunque la victoria de Fredegunda parecía completa, ella no contaba con los hijos nacidos de Chilperico y Audovera, nacidos en la época en que Chilperico todavía no se entregaba a fornicaciones con Fredegunda. En el intertanto, dichos hijos ya estaban en edad casadera. Y uno de los hijos de Audovera, Meroveo, se desposó con Brunequilda. El matrimonio era muy conveniente para ambos: la viuda Brunequilda tenía ahora un título para seguir en el juego de tronos, mientras que Meroveo uno de los potenciales herederos de Neustria, tenía la posibilidad de reclamar Austrasia. Que Brunequilda fuera viuda del tío de Meroveo, no es algo que los haya detenido por un instante, por supuesto. Un punto adicional de ironía es que ahora Brunequilda era la esposa de un hijastro de Fredegunda, la asesina de la hermana de Brunequilda...

Una de las damnificadas por el matrimonio fue paradójicamente la propia Audovera, la madre de Meroveo y repudiada primera esposa (o concubina, según la versión) de Chilperico de Neustria: después del repudio ella había sido enviada a un convento, pero como Fredegunda temía que Audovera recobrara influencia a través de su hijo, decidió que era mejor deshacerse de ella. Un día cualquiera, Audovera fue ahorcada en la celda de su monasterio, y su cadáver voló desde lo alto de una torre, sin alas.

En el intertanto, Chilperico de Neustria se las arregló para demandar la nulidad del matrimonio entre Meroveo y Brunequilda, basado en que ambos tenían una relación de parentesco ante el Derecho Canónico. Tía y sobrino políticos, recordémoslo. Chilperico tuvo éxito, en parte también gracias a la presión de las armas sobre los eclesiásticos de su territorio; finalmente Meroveo, acosado y perseguido por todas partes, optó por pedirle a un sirviente que le diera muerte. Brunequilda quedó viuda por segunda vez.

Para mantenerse en posición, Brunequilda intentó hacerse con la regencia de su hijo Childeberto II (nacido de su matrimonio con Sigeberto), que no tenía ni diez años de edad. Los nobles de Austrasia por supuesto que se resistieron, en particular porque Brunequilda, que no en balde venía de tierra de visigodos, que habían vivido una mayor estabilidad y continuidad con el mundo romano que los francos, había intentado imponer varias normas civilizadoras que los nobles resentían por la razón de costumbre, a saber, porque aumentaban la autoridad real a costa de los nobles. En un minuto Brunequilda debió incluso retirarse a la corte de su viejo aliado Gontrán. Pero a la larga terminó imponiéndose en Austrasia... hasta, paradójicamente, la muerte de su viejo enemigo Chilperico de Neustria.

Aunque nunca se descubrió quien apuñaló a Chilperico de Neustria en 584, mientras éste regresaba de caza, todas las sospechas recayeron sobre Brunequilda. Aunque a saber, porque al mismo tiempo Fredegunda mandó matar a Rigunta, su propia hija, quien ya estaba en la quincena y había empezado a emitir algunos comentarios críticos y desde luego cargados de complejo de Electra, respecto de que ella debería estar en el lugar de su madre. Y eso, si es que no fue Fredegunda misma quien mató a Rigunta. El caso es que Fredegunda se quedó a cargo de Neustria, ahora como regente de su hijo Clotario II.

Fredegunda con su hija Rigunta, candidateándose al Premio Madre del Año.
Las intrigas palaciegas siguieron de manera algo monótona hasta que Gontrán falleció en 592. Su reino fue incorporado por Childeberto II de Austrasia. Ahora, Childeberto controlaba prácticamente todo el territorio franco, con la visible excepción de la tozuda Neustria de Clotario II el hijo de Fredegunda, en trance de desaparecer para siempre (recuerden que publicamos un mapa muy útil en la primera parte de este posteo). En tal caso, el mejor escenario para la antigua fregona de pisos que era Fredegunda, era volver a fregar pisos; en el peor...

Pero la muerte de Childeberto II en 595 impidió este destino, ya que sus dominios fueron repartidos entre sus dos hijos: Teudeberto II recibió Austrasia, y Teodorico II recibió Burgundia. Nótese que Brunequilda, la madre de Childeberto, sobrevivió a su propio hijo. Las dos reinas ahora ya no eran unas jovencitas, eran mujeres de mediana edad, y podrían seguir la guerra entre sí, salvo porque...

...Fredegunda terminó falleciendo en 597. Quedaba a cargo su hijo Clotario II, pero éste se encontraba en una posición muy debilitada. Es decir, parecía que las tribulaciones de Brunequilda habían llegado a su final, con una victoria definitiva, el reverso absoluto de su situación casi de peligro mortal luego de la muerte a cuchilladas de su primer marido Sigeberto. Pero por supuesto, qué gracia tendría un juego de tronos con un final así de anticlimático.

Clotario II. Débil a inicios de su reinado, pero no se confíen ni dejen de prestarle atención a este personaje.
Teudeberto II y Teodorico II crecían. Brunequilda, la abuela de ambos, ahora ya bien pasada la cincuentena y casi en la sesentena, insistía en querer ser la reina absoluta a través de ambos. Teudeberto II se cansó pronto de esta situación, y desterró a su abuela de Austrasia. Brunequilda encontró refugio en Burgundia, en donde Teodorico II la recibió con los brazos abiertos. Hay algo de ironía en que Brunequilda había llegado a la Galia como esposa del entonces rey de Austrasia, y ahora desde Burgundia se transformaría en la peor enemiga de dicho reino. Abuela contra nieto clamando ambos "¡Austrasia será mía!", ni siquiera un guionista de Dallas o Dinastía hubiera podido tramarlo mejor.

Sedienta de poder, deseosa de vengarse de su propio nieto Teudeberto, Brunequilda incitó a Teodorico a la guerra; ésta iba a ser literalmente fraticida, entre hermanos. Para defenderse, Teudeberto buscó las alianzas más peregrinas, dictadas por la necesidad. Llegó a un acuerdo nada menos que con Clotario II, el ya mencionado hijo de Fredegunda. Pero las cosas se pondrían incluso peor.

Un eventual matrimonio de Teodorico se transformó en una cuestión capital: Brunequilda quería que su nieto no se casara y sólo tuviera amantes y bastardos, para seguir manteniendo su influencia sin interferencias. La aristocracia de Burgundia, por su parte, quería justo lo contrario, para minar el poder de Brunequilda. De esta manera, dichos aristócratas arreglaron un matrimonio con una princesa hija del rey visigodo Witerico. Desde un punto de vista geopolítico, esto destruía una eventual alianza de los visigodos con Austrasia, lo que hubiera significado una peligrosa tenaza para Burgundia (Austrasia al norte, los visigodos al sur). Además, servía para neutralizar la influencia de Brunequilda, o al menos disminuirla. Todo lo anterior no deja de ser irónico si se considera que Brunequilda misma era visigoda de origen. Aunque eso sí, Witerico no era pariente de Brunequilda porque en el intertanto se habían producido dos cambios dinásticos en el Reino Visigodo, sólo por si uno resultara ser demasiado poco de cara a lo culebronesco de nuestra historia: a la muerte de Atanagildo el padre de Brunequilda en 567 primero, y con el golpe de estado dado por el propio Witerico en 603 después.

Pero Brunequilda en alianza con Teudila (hermana de Teodorico y por lo tanto, también nieta de Brunequilda), consiguieron que Teodorico acabara rechazando a la princesa visigoda. Las versiones aquí son diversas. Una fuente menciona que la princesa fue enviada de regreso a tierras visigodas... sin su dote, para rematar el insulto. Otra, que fue derechamente asesinada. Decir que Witerico no se lo tomó a bien es un sobreentendido. El rey visigodo precipitó así una cuádruple alianza militar contra Burgundia, conformada por Witerico, Clotario II de Neustria (el hijo de Fredegunda, recordemos), Teudeberto II de Austrasia (¡el nieto de Brunequilda, recordemos!), y Agilulfo el rey de Lombardía. Por si algo ayuda en este enredo, he aquí un mapa de la Galia en 587. La situación política había evolucionado, eso sí, pero peor es nada:

La Galia en 587. Cuando Brunequilda llegó a la Galia, lo fue para ser reina de la región en verde; a finales de siglo gobernaba en la región en rosado, y estaba en guerra contra la región en verde.
Brunequilda por su parte estaba ya demasiado anciana para soportar tonterías de otras personas, y su carácter se volvió todavía más vengativo y sanguinario. Todos sus enemigos fueron neutralizados o asesinados. A su vez, bajo la égida de Brunequilda, la cuádruple alianza fue derrotada en toda regla. Ayudada porque en el interín, Witerico que había llegado al poder a través de un golpe de estado, fue derrocado y asesinado él mismo. En la Galia, poco después, Teodorico II derrotó a Teudeberto II; en 612 conquistó Austrasia. La reunificación de los reinos francos parecía estar a la mano, con sólo la Neustria de Clotario II una vez más escapándosele de las manos, bajo la corona de Teodorico, sometido prácticamente por entero a la influencia de su abuela. Brunequilda iba a transformarse en la reina de los francos más poderosa desde Clodoveo. Pero...

Al año siguiente, en 613 sucedió la peor catástrofe posible para Brunequilda: Teodorico II falleció de disentería. En efecto, Brunequilda había sobrevivido no sólo a su hijo rey sino también a su nieto rey. Detrás venía Sigeberto II, de nueve años. Este era hijo de Teodorico, y por tanto biznieto de Brunequilda.

Ella se apuró a convocar una asamblea que lo reconociera como rey, y a ella misma como regente ahora de su propio biznieto. Pero varios nobles burgundios defeccionaron, entre ellos Pipino el Viejo (lejano antepasado de Carlomagno) y reconocieron a Clotario II de Neustria (¡el hijo de Fredegunda, recordemos una vez más!) como legítimo heredero. Brunequilda, ahora en la setentena, se dispuso a librar su última batalla, para lo cual se fugó con el pobre chico Sigeberto, y reunió un ejército. Pero esta vez Clotario II, que había estado esperando por largos años la ocasión, pasó la aplanadora por encima del ejército de la reina. Para Brunequilda, todo estaba perdido. Desde la ultratumba, a través de su hijo, Fredegunda estaba a punto de lanzar su golpe final; eso, considerando eso sí que ella había empezado el fregado con el asesinato de Galswinta en primer lugar, recordemos.

Sigeberto a sus nueve años se la sacó barata: sólo fue ejecutado. Respecto de Brunequilda, se le armó un juicio de farsa en donde se la condenó por el asesinato de diez reyes francos. Luego se la torturó durante tres días. A continuación fue ejecutada, aunque hay dos versiones acerca de cómo sucedió esto. Una de ellas señala que los brazos y piernas de Brunequilda fueron amarrados a cuatro caballos, los cuales al tirar descuartizaron a la anciana. Otra versión dice que la amarraron por una pierna y el pelo a la cola de un caballo, y luego lanzaron a éste al galope, siendo así arrastrada hasta la muerte. Sea como fuere, ambas versiones concuerdan en que los equinos jugaron un rol muy importante en la muerte de Brunequilda.

Según una versión. la septuagenaria Brunequilda fue descuartizada.

Según otra versión, Brunequilda fue amarrada a un caballo y arrastrada hasta la muerte.
Así, de manera casi por completo inesperada, Clotario II de Neustria quedó como rey único de los francos, y ganador indiscutible de este juego de tronos. ¿Unificado para siempre? Por supuesto que no, eso no sería propio de los francos. En 629, el reino franco volvió a dividirse. Otra vez. Provocando así que todas las tribulaciones anteriormente referidas no sirvieran para ningún propósito político perdurable. Aunque algo positivo salió de todo este enredo: 1.401 años después de la muerte de Brunequilda (¡con equinos!), ustedes han podido deleitarse con una morbosa historia de ejecuciones, venganzas, traiciones, puñaladas traperas, incestos, lubricidad desatada, y ancianas combativas. Y a diferencia de la incontable cantidad de páginas invertidas por George R.R. Martin en su Juego de Tronos, nosotros lo hicimos en la miseria de apenas dos posteos.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Fredegunda versus Brunequilda: Un juego de tronos franco (1 de 2).

Chilperico I en un vitral del siglo XV. Se ve imponente, pero será un dominado por su amante que se las arreglará para cargarse a su esposa.
Un camino fácil para escribir una dantesca historia de intrigas políticas mezcladas con guerras épicas, es multiplicar el número de los contendientes. El hobbit de J.R.R. Tolkien parte con la historia de una brigada de enanos dispuestos a cargarse un dragón para birlarle el tesoro, pero remata en una batalla entre cinco ejércitos distintos. George R.R. Martin elevó esto a la enésima potencia, montándose un juego de tronos con siete grandes casas dinásticas, las cuales a su vez están integradas por varias facciones, subfacciones, contrafacciones, recontrafacciones y metafacciones que en general sirven de maravillas para desorientar al lector o espectador. Y sin embargo, ninguno de ellos se ha inventado nada. No por nada, los llamados universos de Fantasía Medieval se inspiran en... la Realidad Medieval, justamente. Ya hemos comentado en la Guillermocracia las conexiones entre la Tierra Media y la cosmovisión anglocéntrica de J.R.R. Tolkien. También hemos comentado sobre cómo la Guerra de las Rosas suele ser considerada el verdadero Juego de Tronos. Pero hay pocos juegos de tronos históricos tan bestiales como el que enfrentó a Fredegunda contra Brunequilda, dos reinas francas de armas tomar, cuyo duelo ensangrentó a varios reinos francos durante el siglo VII d.C. Y cuya historia es tan cruel, desalmada y sanguinaria, que no podemos dejar de narrársela a los lectores de la Guillermocracia, pero únicamente por propósitos edificantes, para enseñarles que ustedes nunca hagan esto en sus casas. Lejos de nosotros la intención de alimentar el morbo de nuestros lectores; para eso ya existen los canales de televisión y su festín en torno a terremotos e incendios apocalípticos.

Recapitulemos. En la época del Imperio Romano, los francos eran algunas tribus repartidas más allá de las fronteras; cuando el Imperio se debilitó, los francos se lanzaron encima de la Galia y le dieron su nombre actual de Francia. El más poderoso de los reyes francos fue Clodoveo, quien a su muerte en 511 controlaba el grueso de los territorios desde el río Rin hasta los Pirineos. Siguiendo la costumbre de las tribus germánicas, Clodoveo dispuso que después de su muerte, su reino se repartiera entre sus hijos; uno de ellos, Clotario, a la sazón de unos catorce años, salió el más listo, con más empuje, o simplemente con más suerte, y consiguió reunificar todos los territorios francos en una interminable seguidilla de guerras que le ocuparon durante más de cuatro décadas. A los 57 años era rey único de los francos... sólo para fallecer poco después, en 561. El reino volvió a repartirse, ahora entre cuatro hijos: Cariberto I recibió París y toda la mitad occidental de Francia, Gontrán I recibió el este de Francia y el oeste de la actual Suiza, Sigeberto I recibió Austrasia (lo que actualmente la franja nororiental de Francia y una parte occidental de Alemania), y Chilperico I recibió Neustria (lo que actualmente sería parte norte de Francia y parte de Bélgica). Por si todo esto resulta demasiado confuso, la recomendación (aparte de ver un mapa, por supuesto) es mantener una idea capital en mente: iba a armarse la de Dios es Cristo.

Está bien, he aquí el mapa de la Galia en 561. En rosado al oeste, los dominios de Cariberto. En violeta al este, los dominios de Gontrán. En verde al norte, los dominios de Sigeberto. En amarillo muy al norte, los dominios de Chiperico. Poco después Cariberto muere y Sigeberto se queda con esas tierras. Abran esta imagen en una ventaña o pestaña aparte, porque garantizado que tendrán que volver a verla. Varias veces.

Hay otra cosa que debemos tener presentes. Los reyes francos en realidad eran bastante debiluchos. Aunque llamarla la Edad Oscura como se hizo durante mucho tiempo es una exageración, lo cierto es que la sociedad postromana no era lo que había sido bajo las águilas romanas. Los reyes tenían una cuota de poder, pero no tanta que pudieran sostenerse con facilidad por encima de sus vasallos. No existía lo que llamaríamos una administración unitaria o un servicio civil entrenado que gestionara el día a día del reino, ni un ejército profesional que lo defendiera de manera permanente, ni un sistema tributario centralizado que le permitiera hacer acopio de recursos; o mejor dicho estas cosas existían, pero de manera rudimentaria. Para cubrir esas necesidades, los reyes francos dependían casi al ciento por ciento de los hombres, dineros, armas, favores y servicios que les prestaran sus respectivos vasallos. Esto explica por qué la nobleza guerrera tenía una enorme capacidad de presión sobre los reyes francos; entre los francos, el rey podía terminar siendo un monigote peor que el Presidente de Estados Unidos en la temporada 2 de House of Cards. Y por nobleza guerrera nos referimos no solamente a caballeros de brillante armadura, sino también a mujeres de armas tomar. Porque las reinas de la época eran bravas, muy bravas, como pronto Fredegunda y Brunequilda lo probarían.

Apenas el cuerpo de Clotario estaba enfriándose, y ya sus hijos Sigeberto de Austrasia (el de los dominios francoalemanes) y Chilperico de Neustria (el de los dominios francobelgas) estaban enfrentados a muerte, tratando cada uno de conquistar al otro. La situación de Sigeberto mejoró notablemente cuando Cariberto, parece ser que amigo de la buena vida, terminó haciendo ¡hic! y engrosó el generoso listado de reyes francos fallecidos; Sigeberto se hizo con los dominios de Cariberto, por lo que sus dominios ahora iban de Alemania a los Pirineos, sólo que separados por Neustria por el norte, y los dominios de Gontrán por el sureste (vean el mapa de más arriba, por el amor de Charles Darwin, vean el mapa de más arriba). En otros términos, Sigeberto estaba en un pie similar a la Alemania después de 1.918, país que reclamaba por la existencia del llamado corredor de Danzing que separaba a Prusia del cuerpo geográfico principal de Alemania. La única solución era anexarse alguno de los dos reinos intermedios, cualquiera de ellos.

Aunque con sus dominios principales separados entre sí, Sigeberto era siendo el rey franco más poderoso, por el puro peso territorial. Así es que, consolidada su posición, Sigeberto envió una embajada a lo que actualmente es España, que a la sazón era gobernada por los visigodos, y más en concreto por su rey Atanagildo. Este se vio complacido de que el más poderoso señor franco lo quisiera por suegro, y más aún cuando le mostraron la lista de regalos, así es que alegremente se desprendió de su hija. Ella era Brunequilda, la primera que ingresa al escenario, de las dos protagonistas de nuestra historia.

Brunequilda viajó a Austrasia, y contrajo matrimonio con Sigeberto en 567. En la época los visigodos eran arrianos y los francos católicos, pero París bien vale una misa. Esta frase fue pronunciada por el rey Enrique IV de Francia un milenio después, pero bien vale aquí para propósitos semejantes. Así es que Brunequilda se convirtió. El muy católico obispo e historiador Gregorio de Tours lo escribe así: "Y a pesar de ser una seguidora de la ley de los arrianos ella fue convertida por la enseñanza de los obispos y la admonición del rey mismo, y ella confesó la Santísima Trinidad en la unidad, y creyó y fue bautizada. Y ella permaneció católica en el nombre de Cristo". Por cierto, según refieren los cronistas, Brunequilda era hermosa, por lo que hubiera copado las revistas de papel cuché, si éstas hubieran existido en ese tiempo; también era culta, lo que era más comentado por los cronistas medievales que cubierto por los periodistas de hoy en día.

Matrimonio de Sigeberto I y Brunequilda: lo nunca visto, una princesa de Hispania gobernando en Francia.

En cuanto a Chilperico de Neustria, el archirrival de Sigeberto, éste ya tenía una relación con una mujer llamada Audovera. Ignoramos si era matrimonio o mero ayuntamiento concupiscente, pero de que había carnalidad de por medio, la había, puesto que había varios hijos de por medio. Adelantemos que uno de ellos, llamado Meroveo, jugará un papel significativo más adelante. Pero mientras tanto, Chilperico decidió subirse el pelo para estar a la par de su hermano, y después de repudiar a Audovera (de la que volveremos a saber), pidió también la mano de otra hija de Atanagildo. Nunca hasta entonces las princesas nativas de Hispania estuvieron tan solicitadas, como se puede apreciar.

Honrado porque dos reyes francos hermanos pedían a dos hijas suyas, Atanagildo decidió enviar a Galswinta. El problema es que hubo un choque de caracteres entre Galswinta y Chilperico. Galswinta era la clase de chica que le anda reprochando cosas a su marido todo el santo día, mientras que Chilperico por su parte parece que era amigo de las fiestas atendidas por mucho vino y regadas con muchas mujeres. O regadas con mucho vino y atendidas por muchas mujeres, mejor dicho. Galswinta decidió exigirle a su flamante marido que echara a todas las mujerzuelas de palacio, y se quedara sólo con ella. Cositas de querer mandar más que el rey, en vez de integrarse festivamente a la vida sexual de éste, como la señora de Frank Underwood.

Es dudoso que Chilperico hubiera aceptado el ultimátum, considerando las costumbres de la época. Pero la cosa se ponía peor porque tenía una amante que lo tenía agarrado por toda su masculinidad. Esta amante era precisamente Fredegunda, nuestra segunda protagonista. Dicen las malas lenguas que Fredegunda era mujer de clase modesta, y que había principiado su carrera fregando pisos antes de ascender en la escala social a punta de darle acceso carnal al monarca. Fredegunda la amante y Galswinta la esposa se odiaban de manera no muy cordial, por supuesto.

El nudo se cortó cuando ese mismo 567, el rey visigodo Atanagildo falleció. Galswinta quedó sin padre y por lo tanto sin respaldo político. De pronto, de manera misteriosa, sin que nadie hubiera visto nada... Galswinta amaneció ahorcada en su cama. De manera muy conveniente, Fredegunda y Chilperico se casaron, ya que ahora no habían límites para sus apetitos desenfrenados.

Chilperico divorciándose de Galswintha por la vía directa.

O mejor dicho, casi no habían límites. Porque estaba de por medio la ira de Brunequilda, que no en balde era la hermana de Galswinta; recordemos que Brunequilda estaba casada con Sigeberto, y ésta era el rey franco enemigo mortal de Chilperico. A pesar de ser hermanos. O quizás precisamente por esto. Además de los motivos territoriales.

Lean de corrido la frase siguiente, y descubrirán la enorme entidad del culebrón: los dos principales reinos francos estaban gobernados por calzonudos en manos de sus señoras, que a su vez se odiaban mutuamente porque una de dichas señoras era sospechosa de haber mandado ahorcar a la hermana de la otra. No lo habría guionizado mejor un libretista venezolano. El rey Gontrán, que recordemos era hermano de Sigeberto de Austrasia y Chilperico de Neustria, fue llamado como árbitro, y éste decidió que Chilperico debía pagarle a Sigeberto, como marido de Brunequilda, el monto de la dote aportada por la malograda Galswinta, a manera de indemnización. Dicha monto iba a ser pagado en... ciudades.

A Chilperico, maldita la gracia que le hacía esta decisión, considerando que Sigeberto ya de por sí dominaba media Francia. El resultado es que los agentes de Fredegunda, la esposa de Chiperico, intentaron cargarse a Gontrán y a Brunequilda. Sigeberto y Chilperico por su parte se fueron a la guerra. Los recursos territoriales de Sigeberto, sumados a la alianza de Gontrán, a la larga pesaron mucho más, y Chilperico de Neustria sufrió una derrota aplastante. Brunequilda parecía que por fin iba a vengarse de los asesinos de su hermana, pero...

Asesinato de Sigeberto I en 575.

...unos asesinos enviados a todas luces por Fredegunda, apuñalaron a Sigeberto de Austrasia. Este falleció. Chilperico de Neustria consiguió hacerse con el tesoro de Brunequilda, y la envió al destierro. Fredegunda parecía triunfadora en toda regla. Nada mal para una chica que según la rumorología había empezado como fregona de pisos, como ya hemos dicho. ¿Fue éste entonces el final de Brunequilda? Claro que no. Ella era mujer de armas tomar, y no iba a dejar que una pequeñez como que su marido fuera cosido a puñaladas, se interpusiera en sus planes. De manera que se retiró para planificar su venganza, y entonces...

Esta historia continuará...

domingo, 18 de mayo de 2014

24 (2 de 4): Siguen los días más largos de Jack Bauer.

Vayan tomando las medidas para el ataúd de varios de ellos.
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El 6 de Noviembre de 2.001 se estrenó en Estados Unidos el primer episodio de 24. Cuyo gran primer continuará fue la detonación en pleno vuelo de un avión y la muerte de cerca de 600 pasajeros. El timing no pudo ser más irónico, ya que Estados Unidos había experimentado apenas un par de meses antes el atentado contra las Torres Gemelas; de todos modos es necesario decir que la producción había comenzado mucho antes, y la idea del terrorismo con aviones flotaba en el ambiente, considerando el capítulo estreno de Los Pistoleros Solitarios en Marzo del mismo año. La cadena FOX se mantenía cauta con la serie, quizás por lo exótico del formato, y más aún considerando la atmósfera posterior al 9-11. Así, a pesar de llamarse 24 y prometer narrar un día entero en tiempo real de la vida de un agente contraterrorista, la verdad es que se habían autorizado apenas 13 episodios, obteniendo la extensión a 24 con posterioridad, algo que es bien visible en el argumento.

Y hablando de lo cual, repetimos la misma advertencia que hiciéramos en la entrega anterior. El presente artículo, así como el resto de los que componen este hilo de posteos, está plagado de spoilers de la serie, de manera que si usted no la ha visto y desea verla, entonces no siga leyendo a partir de este punto.

La trama del Día 1 arranca a la medianoche del día de la elección primaria en California del candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos. En un giro por entonces casi impensable, el candidato es negro: David Palmer, interpretado por Dennis Haysbert. Esto fue presciente si se considera que algunos años después, Barack Obama llegó a la Presidencia de Estados Unidos. Se ha dicho que el convincente retrato de Haysbert como David Palmer ayudó mucho de hecho a que Estados Unidos se acostumbrara a la idea de un posible Presidente cuya etnia no fuera caucásica. En paralelo a la amenaza contra David Palmer, el agente Jack Bauer descubre que su hija y su esposa han sido secuestradas; para mayor drama, Jack Bauer está recién reconectándose con ellas después de un asunto extramarital con su compañera de trabajo Nina Myers. Además, sólo por complicarle un poco más la vida al protagonista, parece haber un traidor dentro de CTU, la ficticia agencia contraterrorista. Esto del traidor dentro de la CTU terminará siendo un recurso tan manido dentro de la serie, que se acabará convirtiendo en un cliché. En otro punto de importancia, aparece por primera vez Tony Almeida, agente de la CTU presentado primero como rival de Jack Bauer y después como su mejor amigo, y cuyo principal rol será bancarse una miseria tras otra a lo largo de varias temporadas, hasta terminar en general totalmente destruido como ser humano.

David Palmer está a punto de descubrir que ser un secundario de 24 apesta.
Los productores prepararon toda su historia para 13 episodios, con miras a dejar cerrada la serie y todos sus hilos argumentales si no obtenían una extensión o renovación, y la verdad es que eso se nota en el guión. El episodio 13 de hecho cierra todas las tramas abiertas en el episodio 1, y al obtenerse la renovación, lo único que hicieron productores y guionistas fue insertar al final una brevísima escena adicional, de un minuto o menos, presentando al siguiente terrorista que venía a completar el trabajo, y que sirvió como continuará para los siguientes episodios. En cuanto a la subtrama de la identidad del traidor, ésta se revela y resuelve de manera bien cerrada dentro de esos 13 episodios; en la extensión a 24 capítulos se introduce un nuevo giro en donde la persona sindicada como traidora en realidad había sido incriminada y asesinada por la verdadera traidora, que resultaba ser Nina Myers. Que Nina Myers resultara ser la traidora creó un par de inconsistencias lógicas dentro de lo ya mostrado en la serie, eso sí. Asimismo la identidad o motivaciones del villano final es alterada, ya que en los primeros trece episodios es bastante claro que todo es parte de un complot contra Jack Bauer, en venganza por haber delatado a algunos compañeros de oficina metidos en asuntos turbios; debemos considerar que los guiones y el rodaje eran bastante anteriores a los atentados del 9-11. Pero acaecidos dichos atentados, la idea de traidores dentro de una oficina gubernamental antiterrorista terminó resultando difícil de tragar para la emocionalidad promedio del Estados Unidos de la época, de manera que la trama de conspiración dentro de CTU fue dejada rápidamente de lado, y se amarró todo inventándose a una familia de terroristas serbios que se la tenían jurada tanto a David Palmer como a Jack Bauer, debido a una operación black-ops en que ambos estuvieron involucrados en el pasado, uno como político coordinador y el otro como agente de campo.

De cara al resto de la serie, el Día 1 se siente un poco raro en otros respectos también. Es la única temporada en donde no se muestra de cuerpo presente a un Presidente de Estados Unidos (David Palmer llegará a serlo, pero en el Día 2). La amenaza terrorista por su parte incluye un magnicidio, el de David Palmer, lo que parece bastante poco si se piensa que en temporadas sucesivas, las amenazas serán superiores en varios órdenes, incluyendo ataques nucleares, biológicos y químicos. Es también la única temporada que parte a la medianoche y culmina a la medianoche siguiente, mientras que el resto, si bien abarcarán 24 horas, partirán y terminarán en otro horario. Es también, en conjunto con el Día 3, una de las dos únicas temporadas en donde Jack Bauer es agente oficial de CTU, mientras que en el resto, por una circunstancia u otra, Bauer termina trabajando para CTU sólo como agente libre (y en el caso del Día 7 ni siquiera, porque la CTU no existe y el FBI ha tomado su lugar). Y también en conjunto con el Día 3, es la única en donde todo el elenco principal se mantiene de principio a fin y aparece en todos los capítulos, algo habitual en casi todas las series, pero no en 24, en donde todos los personajes llevan las medidas de su ataúd tatuadas en la frente para ahorrar tiempo en el caso muy probable de que haya que echarlos a la fosa. Y en fin, es también la única temporada en donde Jack Bauer está casado, considerando que al final de la misma, su esposa es asesinada por Nina Myers.

Un detalle sobre la cronología. Considerando que las primarias en Estados Unidos son cada cuatro años, se ha especulado que el Día 1 transcurre, o en 2.000, o en 2.004, según se piense que habla de las elecciones inmediatamente pasadas en 2.001, o las que estaban por venir (salvo que asumamos que en el universo de 24, las elecciones son en años diferentes a las del nuestro, lo que no parece ser el caso). Si bien la serie no ofrece fechas exactas, los períodos presidenciales están bien marcados, de manera que a través de ellos es posible ensamblar una cronología interna. Asumiendo que el Día 1 transcurre en 2.004, entonces tendríamos que el Día 2 transcurre en 2.005, el Día 3 en 2.008 (con David Palmer buscando la reelección), los Días 4 y 5 durante el período presidencial 2.009 a 2.013, el Día 6 durante el cuatrienio 2.013 a 2.017, 24: Redención el 20 de Enero de 2.017 (el día de la asunción presidencial de Allison Taylor), los Días 7 y 8 durante el cuatrienio 2.017 a 2.021, y 24: Vive un nuevo día durante el cuatrienio 2.021 a 2.025. Si se asume que el Día 1 transcurre en el año 2.000, entonces a todas las fechas antedichas deben restarse cuatro años; si se asume otro año diferente para el Día 1, habría que hacer la suma o resta correspondiente (para efectos, el lector debe notar que las elecciones presidenciales en Estados Unidos son en Noviembre de cada año divisible por cuatro, y la asunción del mando en Enero del año inmediatamente siguiente). Esto además hace creíble que Kim Bauer sea todavía una adolescente fiestera en el Día 1, y ya sea una madre responsable dándole nietos a Jack Bauer en el Día 8.

Adios Richard Walsh, mandamás de CTU. Apenas alcanzamos a conocerte, pero tu muerte en el capítulo 2 de 24 es un ejemplo e inspiración para todos los otros incontables secundarios que serán despachados sin ceremonia a lo largo de la serie.
La serie fue recibida con un éxito enorme. La FOX fue la primera en advertirlo, prolongando la primera temporada hasta los 24 episodios prometidos. Fue postulada a numerosos premios, ganando dos Premios Emmy; Kiefer Sutherland por su parte se llevó un Globo de Oro por interpretar a Jack Bauer. En los TCA Awards, que otorga la crítica televisiva, ganó el Premio a Mejor Serie y a Mejor Nueva Serie. Es decir, habría segunda temporada.

El Día 2 parte con un extraño pie forzado. Es la medianoche, al igual que en la anterior, pero en Corea, en una breve escena de prólogo. Luego la acción salta a Los Angeles, en donde son las 08:00 AM. El Día 2 transcurre entre 08:00 AM y las 08:00 AM siguientes, pero parece que no confiando demasiado en que la gente aceptara saltarse la regla de que un día de serie también fuera un día calendario, recurrieron a ese extraño método para partir el episodio en la medianoche, si bien en la medianoche de otro país por el tema de los husos horarios. Ya para la tercera temporada tirarían la precaución por la ventana, y la ambientarían entre 01:00 PM y las 01:00 PM siguientes, sin ambages. Ya ninguna otra temporada empezaría o terminaría a la medianoche. De hecho, entre el Día 4 y el Día 7, ambos inclusive, todas las temporadas rematarían en una hora cercana al amanecer, quizás por el efecto dramático de tener un último episodio de temporada con luz de sol después de varios capítulos ambientados en la noche; recién el Día 8 volvería a ambientarse entre dos horas de tarde, en concreto entre las 04:00 PM y las 04:00 PM siguientes.

Al inicio del Día 2, Jack Bauer ha renunciado a CTU, afectado por el asesinato de su esposa, y también porque su hija ya no le dirige la palabra; pero es llamado de regreso por una nueva amenaza terrorista, por lo que virilmente se afeita la barba que se ha dejado crecer, y vuelve a la acción. Implementando como modelo lo que en la primera temporada había salido como un accidente, la segunda temporada se divide en dos fases. La primera lidia con una amenaza nuclear contra Los Angeles, la cual rematará de una manera insospechada: la bomba nuclear en definitiva explota, aunque lo hace en el desierto y por lo tanto no ocasiona los daños o víctimas que habrían supuesto si hubiera detonado de verdad en Los Angeles. Luego, en la segunda parte del Día 2, el Presidente de los Estados Unidos es presionado para declarar la guerra y bombardear nuclearmente a los países musulmanes involucrados; aunque al final, todo resulta ser un enorme engaño promovido por una compañía petrolera que busca incrementar su influencia en el Medio Oriente. Para quienes acusan a 24 de ser parafascista por glorificar la tortura, deberían parar mientes en que esta temporada impone un modelo a seguir: si bien los terroristas existen, a las últimas éstos resultan ser los peones y a veces los tontos útiles por parte de conspiradores dentro de los mismísimos Estados Unidos. Y esto lo decía en plena paranoia patriotera posterior al atentado contra las Torres Gemelas, una serie cuyos principales productores eran de conocida tendencia conservadora. Considerando las críticas que se ganó la administración Bush por favorecer a su lista de amigos a la hora de invadir Irak y reconstruir el país, así como su política petrolera, esta segunda temporada resultó muy presciente. De todas maneras, David Palmer es un político con miras de estadista y que cree en el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, es decir, todo lo contrario de George W. Bush, por lo que al final el complot es desarmado. De manera temporal, por lo menos.

bum
El Día 2 empieza también otra tendencia en la serie: el convertir a Jack Bauer en un superhombre. En el Día 1, Jack Bauer era un tipo relativamente normal, capaz de destrozar terroristas más que nada por su entrenamiento en el pasado como agente de fuerzas especiales. Acá en cambio, Jack Bauer es declarado clínicamente muerto en un capítulo por un fallo cardíaco, y media hora después está matando terroristas con total alegría, cruzando así la línea desde un tipo relativamente normal pero bien entrenado, como un Batman, y un tipo con una biología que en definitiva no pertenece a este mundo. Con esto, así como en incrementar el grado de amenaza desde un magnicidio hasta un ataque nuclear, 24 abrazó en definitiva y con entusiasmo su condición de narrativa pulp, al estilo de las seriales dominicales antiguas del cine. Hubo gente que se bajó de la serie por ello, ya que se sintieron traicionados respecto de la premisa, que con su recurso al tiempo real prometía más realismo. Como sea, la serie inició una tendencia a partir de esta segunda temporada: las temporadas buenas fueron las impares, mientras que las mediocres o directamente malas fueron las pares.

Un aspecto abiertamente criticado de la segunda temporada fue la subtrama de Kim Bauer. La hija de Jack Bauer en la primera temporada tenía un rol muy importante: era la chica puesta ahí para ser raptada una y otra vez por los villanos como parte de la venganza personal contra Jack. En la segunda temporada partió la tendencia de que ella no tenía mucho que hacer, aparte de mostrarnos que la actriz Elisha Cuthbert, crecida desde sus días en ¿Le temes a la oscuridad?, se veía muy bien con ropa ajustada. En temporadas siguientes, los productores tomaron nota, y dejaron el personaje progresivamente de lado. Kim Bauer aparece de manera casi testimonial en el Día 8, pero al menos le dan un digno cierre a su personaje, que puede calificar como rehabilitación de cara a los haters.

Algunos opinan que la subtrama de Kim Bauer en el Día 2 de 24, salía sobrando.
En una nota más incidental, la segunda temporada inició también el desfile de novias de Jack Bauer, no tan prominente como el de James Bond, pero presente de todos modos. Ya había sido presentado como un esposo infiel, teniendo una aventura con Nina Myers; aquí en la segunda temporada vemos sus intentos por reconstruir su vida junto a Kate Warner. El golpe terrorista sucede justo el día del matrimonio de la hermana de Kate, lo que es un curioso guiño a los inicios de 24, ya que un rumor nunca del todo bien confirmado, asegura que la premisa inicial de la serie iba a ser una comedia en tiempo real sobre un matrimonio; por suerte, lo cambiaron por las peripecias de un agente antiterrorista, lo que sin lugar a dudas tiene mucho más interés.

Al final del Día 2 se revela que los villanos de la temporada trabajaban para otro villano todavía más arriba en la cadena alimenticia, que al enterarse de que sus esbirros han sido detenidos o muertos, echa a andar otro plan, que remata en un enorme continuará: el Presidente David Palmer sufre un atentado y termina con riesgo vital. En uno de los peores giros de trama de la serie, todo ese continuará se resuelve en 24: The Game. Quienes lo han jugado dicen que el juego está bien, aserto que acá en la Guillermocracia no podemos confirmar. De todas maneras, que ese continuará no se resuelva en la serie, y el Día 3 parta con una trama absolutamente distinta, es algo que los fanáticos de la serie no se lo tomaron a bien.

¿No jugaste 24: The Game? Lastima, entonces no tienes idea de cómo se cargaron al villano del Día 2.
La tercera temporada se abre con una amenaza muy de moda en 2.003: el terrorismo biológico. Se recibe una amenaza: un virus será desatado si es que no se libera a un narcotraficante. Andando los capítulos, se descubre que la amenaza del virus ha sido creada por los propios agentes de la CTU, Jack Bauer incluido, como parte de una gigantesca operación de bandera falsa para soltar al narcotraficante e infiltrarse en el cartel de drogas que está subastando el verdadero virus. Después de un paseo por México, se descubre que el gran villano de la temporada es un antiguo agente compañero de Jack Bauer, al mejor estilo GoldenEye, que sintiéndose abandonado por el Gobierno, ha resuelto dedicarse al terrorismo. En medio de todo esto, Jack Bauer tiene que lidiar con que su hija no sólo ha crecido y quiere armar su vida independiente, sino que además tiene un asunto clandestino con su propio compañero. En una nota más incidental, es la primera temporada en donde aparece Chloe O'Brian, una experta en computadoras trabajando en la CTU cuyo principal rol era hacerle la vida imposible a Jack Bauer; andando el tiempo, Chloe ve la luz y se convierte a la Verdadera Fe, y se transforma en la más importante aliada de Jack Bauer, tanto que en el Día 8, la última escena y línea de diálogo se la dan a ella.

Con el Día 3, 24 cierra una especie de trilogía iniciada con su primer episodio. A lo largo de tres temporadas, Jack Bauer perdió a su esposa, y además su hija se ha ido distanciando de él; al final del Día 3, Jack Bauer debe aceptar la partida de Kim. Y eso, sin una chica que le sirva de consuelo, porque Kate Warner aparece brevemente en una escena al inicio del Día 3 para dejar asentado el punto de que ella no es capaz de llevarle el ritmo de vida a un agente antiterrorista, y lo ha dejado. En paralelo hemos visto el ascenso y decadencia de la Presidencia de David Palmer, que se ha ido derrumbando poco a poco gracias a las maquinaciones de su esposa primero y ex-esposa después, y que en recompensa por ser una desgraciada, al final del Día 3 recibe un muy merecido tiro. Por su parte Tony Almeida tiene su propio arco argumental: el compañero de Jack Bauer que inicialmente se la tenía jurada porque tenía interés en Nina Myers, ahora inicia una nueva relación sentimental con su compañera Michelle. Y hablando de Nina Myers, en esta temporada Jack Bauer por fin consigue ponerle las manos encima, y se las arregla para ejecutarla sin piedad, vengando así a su esposa. Esta condición de cierre de trilogía volverá a darse al final de la sexta temporada, y una vez más al final del Día 8, considerando como trilogía a las dos últimas temporadas y a la película 24: Redención. Es decir, 24 consiguió una estructura de tres trilogías mucho antes de Star Wars.

No te preocupes, no es el final, Jack. Aunque considerando cómo salieron las cosas después...
Próxima entrega: Le echaremos un vistazo a las temporadas siguientes de 24, incluyendo la infausta sexta temporada... y mencionaremos a varios actores famosos en el cine y la televisión que actuaron en 24 cuando eran todavía jóvenes y desconocidos.

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miércoles, 14 de mayo de 2014

Macross: Una parodia en el espacio.

¡No es cool! ¡Es paródico!
Para muchos niños y adolescentes de la década de 1.980, su primer contacto con las vastas posibilidades que ofrecían los entonces llamados monitos japoneses fue una serie de televisión llamada Robotech. Muchos años después, comenzaron a llegar noticias a Occidente de que el gran genio que significaba haber creado una saga generacional con tres guerras interconectadas en realidad respondía al mucho más prosaico objetivo de conseguir una adaptación pragmática de material japonés previo. Robotech a las últimas era el compendio hecho por un productor llamado Carl Macek, de tres series de anime japonesas diferentes y sin continuidad real entre sí (a saber: Super Dimension Fortress Macross, Super Dimension Cavalry Southern Cross y Genesis Climber Mospeada) que eran cada una demasiado breves para ser emitidas por separado en la televisión sindicada de Estados Unidos, y por lo tanto fueron unificadas por el genio o la desfachatez de Macek, tárjese lo que no corresponda, en una sola anaconda narrativa, con los consiguientes cambios de guión. Para quienes conozcan Macross sólo por Robotech, digamos que Super Dimension Fortress Macross es lo que se adaptó como la primera generación de Robotech, que dicha serie no tiene nada que ver con las otras dos series incluidas en Robotech, y que en Japón Super Dimension Fortress Macross generó sus propias secuelas y continuidad.

Ahora viene lo que muy poca gente en el mundo hispanohablante ha reparado sobre Macross. Porque si bien Robotech revolucionó la manera en que Occidente miró al manga y anime, lo cierto es que Macross nació originalmente... como una parodia. Algo bastante evidente para quien mire material todavía más antiguo, en particular Mobile Suit Gundam y Space Battleship Yamato. Aunque debemos decir en estricta justicia que el aspecto paródico de la serie fue abandonado a mitad de camino, y que más o menos promediando la misma, Macross empezó a tomarse finalmente a sí misma en serio. Quizás demasiado en serio. Y además, que a pesar de que los cambios de diálogos y guión desde el Macross original hasta su adaptación como la primera generación de Robotech son mínimos, aún así la parodia es más obvia para quienes hayamos visto Macross en versión original y con subtítulos, en vez de Robotech, quizás por la falta de interferencia por parte de hilos narrativos continuados a lo largo de las otras dos series enganchadas.

Por si no han visto Macross o Robotech. Que viene a ser más o menos lo mismo porque de las tres historias adaptadas a Robotech, Macross es la que sufrió menores cambios de fondo. La historia parte en el entonces futuro año de 1.999, con la llegada a la Tierra de una gigantesca fortaleza espacial que se estrella contra la isla Ataria (isla Macross en Robotech). En ese minuto la Tierra está sumergida en la Tercera Guerra Mundial, pero ante la evidencia de alienígenas invasores, las potencias de la Tierra deponen las armas y forman un único gobierno mundial. Diez años después, la fortaleza espacial ha sido reacondicionada, a tiempo para que una nueva oleada extraterrestre aparezca en la Tierra, los gigantescos guerreros Zentraedi. En respuesta, la fortaleza espacial despega, pero la poca familiaridad con la tecnología alienígena provoca el desastre cuando ésta se teletransporta hasta la órbita de Plutón, en conjunto con la población de la isla Ataria. Ahora, los residentes civiles deben ser albergados dentro de la fortaleza espacial, el SDF-1, mientras ésta se encuentra asediada bajo fuego enemigo en su larguísimo viaje de retorno a la Tierra.

De alguna manera, acá en Occidente fallamos en advertir que la idea de una superfortaleza espacial capaz de albergar una ciudad entera en su interior, asestándole un puñetazo a un crucero de batalla enemigo, era algo burlesco.

Quizás el aspecto más recordado por los telespectadores sea el SDF-1 mismo, la Super Dimensional Fortaleza; éste era un enorme acorazado de combate espacial, capaz de transformarse en uno de los más grandes mechas de la historia del anime. Tanto, que puede albergar una ciudad entera en su interior. Pero lo que los espectadores vieron como algo espectacular, inicialmente fue planificado como un chiste. La idea básica era parodiar, de manera afectuosa eso sí, al crucero espacial de Space Battleship Yamato. En Yamato, serie no creada pero sí diseñada casi de suelo a techo por Leiji Matsumoto y estrenada en 1.974, la Tierra es invadida por extraterrestres, y la única esperanza es enviar literalmente al espacio al crucero japonés Yamato, hundido en la Segunda Guerra Mundial (esto en la historia real, no sólo en el animé), y reacondicionado para ser una nave espacial. El SDF-1 mismo no es un acorazado de combate naval reacondicionado, pero sí una nave espacial en sí misma. Entre su armamento, el SDF-1 cuenta con un supercañón que por problemas de ingeniería solamente dispara cuando se convierte en un mecha gigante; el supercañón gigante es por supuesto una referencia al cañón Yamato utilizado en la serie anterior, y que fue también la inspiración para el cañón Yamato de los cruceros de batalla terranos en StarCraft. Que el SDF-1 fuera gigantesco, capaz de transformarse y disparar un supercañón, es por supuesto una exageración paródica del Yamato de la serie anterior.

Para reforzar aún más el aspecto paródico de Macross, en los episodios inmediatamente posteriores al teletransporte a Plutón, los ingenieros a bordo unen dos portaaviones también teletransportados por accidente al SDF-1, como brazos del mismo, y que sirven de pistas de despegue para los cazas transformables; la idea de la parodia es que el Yamato era grande como un crucero porque era un crucero de la Segunda Guerra Mundial, pero el SDF-1 es muchas veces más grande porque utiliza portaaviones como brazos. La idea misma de meter una ciudad entera dentro del SDF-1 también se suponía paródica, y es presentada de manera muy realista cuando durante la primera transformación del SDF-1, la ciudad es devastada por completo en su interior, en vez de simplemente tomar la ruta más idealista de considerar la transformación como la solución técnica ideal para salvar el día.

Otro aspecto de interés, relacionado con lo mismo, es la inexperticia de los humanos frente a la tecnología alienígena del SDF-1. Han llegado a dominarla lo suficiente para hacerla despegar y combatir de manera eficiente en el espacio, pero esa misma tecnología les causa un quebradero de cabeza nuevo por cada problema que consiguen resolver. El más espectacular es por supuesto el fallo garrafal del sistema de teletransporte, que los lleva a Plutón cuando debía haberlos impulsado a la Luna, y que además los deja varados allá. Hoy en día, semejante línea argumental añade una enorme carga de dramatismo a la serie, pero en sus días, era en realidad un comentario y una inversión acerca de un tópico firme en el género: la invisibilidad de la tecnología, su plena fiabilidad, el hecho de que el hombre tenía un control absoluto de la máquina. Algo que es bien visible por ejemplo en Mazinger Z, en donde los problemas siempre derivan de la invención de una nueva tecnología letal por parte del Doctor Hell, no por parte de la misma inexperticia o aún chapucería de los técnicos del lado de los buenos. En Macross, por el contrario, la tecnología es bien visible: porque falla a cada rato.

Una pelea en Mobile Suit Gundam de 1.979: Se supone que como espectador, debías saber que aludían a esto.

Pasando a los cazas transformables. Los mismos son por supuesto una referencia a Mobile Suit Gundam. Hagamos un poco de historia. El primer gran animé mecha fue Tetsujin-28, conocido en Occidente como Iron Man 28, y del cual se han hecho varias versiones, aunque el gran popularizador fue por supuesto Mazinger Z. Todos ellos partían del esquema argumental de enemigos terráqueos o alienígenas amenazando a la Tierra, y un único superrobot haciéndoles frente. El estreno de 1.979 de Mobile Suit Gundam representó así una revolución, ya que en dicho animé se partió de una base diferente: ya no se trataba de un único superrobot, sino que los mechas eran producidos en serie, de manera industrial, así como hoy en día se fabrican los tanques o las ametralladoras, para la guerra. Mientras que en Mazinger Z el piloto del mecha era alguien muy especial, en Mobile Suit Gundam los pilotos eran ahora una clase de ellos, así como los pilotos de cazas actuales, profesionales de primera línea, pero esencialmente entrenables y reemplazables.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie, es que los varitech tienen plena justificación argumental. Mientras que el grueso de las series con mechas transformables los incluyen sin ninguna explicación, y se supone que el espectador los acepte sólo porque se ven cool en pantalla, en Macross hay una razón explícita por la cual los aviones pueden transformarse en guerreros mecánicos antropomórficos. Los zentraedi son gigantes, y sus unidades bípedas de choque funcionan en realidad más como trajes de combate que como el equivalente a un caza de combate; es como si los humanos dotáramos a nuestros soldados aeronáuticos de jet packs en vez de aviones. Por eso es necesario que los cazas puedan convertirse en guerreros mecánicos humanoides: para poder luchar cuerpo a cuerpo contra unidades bípedas de combate enemigas que también pueden funcionar como aviones y como infantería de choque al mismo tiempo.

Round 1... FIGHT!!!

Dentro de todo esto, el propio protagonista Hikaru Ichijyo (Rick Hunter en Robotech) es también una parodia. Es por supuesto la antítesis del héroe de sangre y cabeza caliente al estilo Kouji Kabuto de Mazinger Z, siempre impulsivo e idealista, ya que Hikaru es por el contrario un pobre diablo metido a su pesar dentro de las hostilidades, y aunque llega a transformarse en un piloto competente, tampoco termina convertido en un as del campo de batalla. Este rol recae en Maximilian Jenius (Maximilian Sterling en Robotech), su mejor amigo, que tampoco es un héroe cabeza caliente, en lo que es otra deconstrucción del tópico de Kouji Kabuto. La entrada de Hikaru Ichijyo en la serie es casi una declaración de intenciones: llega haciéndose el chulo a bordo de una nave civil en el primer episodio, pero después, cuando se ve por accidente embutido dentro de un caza transformable (un varitech) y peleando una batalla para la que no está preparado, hace el ridículo más absoluto, e incluso otro de los personajes dice que está provocando más daños que el enemigo. Para quien haya visto el primer episodio de Mazinger Z, la parodia es evidentísima. Otro rasgo de Hikaru es su eterna indecisión entre sus dos chicas, ninguna de las cuales corresponde al estereotipo de heroína idealista propio de la época, ya que una es infantil e inmadura, y la otra es demasiado reflexiva y cerebral como para jugársela por el hombre de sus sueños.

El argumento del viaje es también una parodia, ahora de Yamato, otra vez. En Yamato, el crucero de marras debía cruzar todo el Sistema Solar y luego arribar a otro planeta en otra estrella para encontrar el macguffin con el cual lidiar contra los alienígenas. Era un viaje peligroso, lleno de peligro y decisiones difíciles, pero también una cruzada claramente idealista. En Macross por el contrario tenemos el mismo crucero a través del Sistema Solar, pero en dirección contraria, desde Plutón hacia el Sol, o mejor dicho hacia la Tierra, con el objetivo mucho más pragmático y realista de simplemente volver a casa. Buena parte del drama se desata cuando, ya avanzados los capítulos, cuando por fin logran regresar a casa descubren que el SDF-1 es una especie de gigantesco elefante blanco, y el gobierno de la Tierra no tiene idea de qué hacer con él, salvo enviarlo de regreso al espacio para que sirva de señuelo contra los alienígenas. Si no era la intención el parodiar a Yamato, los guionistas no podrían haber sido más malintencionados queriéndolo.

Los alienígenas Zentraedi también son una parodia de los gamilones de Yamato. Al igual que éstos poseen la piel azul y hablan con eco... y además de ello son gigantes. Los gamilones de Yamato por su parte pretenden aniquilar y conquistar la Tierra, mientras que a los Zentraedi nada podría importarles menos que un planeta demasiado debilucho para conseguir enfrentarles con éxito, en una primera aproximación a lo menos; el objetivo de los Zentraedi de hecho es simplemente capturar el SDF-1 y volver a su propio territorio con él, sin querer hacerse mayores complicaciones a causa de esos patéticos micronianos. Es sólo a medida que la serie avanza, que la cultura terrestre se revela como infecciosa para la moral Zentraedi, y abre un posible flanco de amenaza para los mismos.

El abuelito del SDF-1: El Yamato de Space Battleship Yamato.

¿Por qué si Macross era una parodia tan crasa de tantos tópicos de la Ciencia Ficción japonesa, acá en Occidente no se vio igual? En primer lugar, porque la propia Macross dejó de lado su tono más humorístico o deconstructivo más o menos a la altura del regreso a la Tierra, momento en donde un importante personaje fallece y las batallas se hacen más desesperadas en general, hasta culminar en la oscuridad dantesca de la invasión final Zentraedi a gran escala contra la Tierra. A esas alturas, llamar parodia a Macross resultaría casi un chiste de comedia negra.

Y en segundo término, porque acá en Occidente era poco lo que se conocía del material parodiado. Space Battleship Yamato fue exhibido entre gallos y medianoche como Nave espacial, y fue una serie que apareció y desapareció de la televisión latinoamericana, así como mucho de la producción de Leiji Matsumoto (Capitán Harlock, La reina de los mil años), por lo que el grueso del público no llegó a pescar las referencias de Macross a dicha serie. Mobile Suit Gundam por su parte no encontró exhibición sino hasta muchos años después. De esta manera, el guiño cómplice que Macross hacía al espectador japonés, en Occidente no fue ni siquiera detectado, mucho menos entendido. Todo lo que los espectadores vieron en Robotech, fue la espectacularidad del SDF-1, la profusión de cazas varitech transformándose, las celebérrimas nubes de misiles, y la historia romántica.

Además, que el primer contacto de Occidente con Macross fuera a través de su versión de Robotech, que en sí mismo no era una parodia sino una enorme saga generacional, obviamente ayudaba a que se perdiera este aspecto de la historia original. Es sólo con el correr de los años que, gracias a las modernas tecnologías, hemos podido apreciar tanto Macross en su versión original como el material referenciado o directamente parodiado, y a través de él, entender mejor qué fue lo que estaban creando las gentes detrás de Macross. En sus primeros capítulos por lo menos, antes de que las cosas se pusieran serias. Mortalmente serias. Serias a nivel de genocidio, eso es.

Los Zentraedi a punto de cargarse todo bicho viviente de la superficie terrestre. Las cosas de ahí sólo van a peor.

domingo, 11 de mayo de 2014

Synth80s - 1983.


Las décadas sólo cambian de manera brusca y definida en el calendario. En la cultura, la mentalidad o las modas, las décadas suelen ir larvándose en los últimos años de la anterior, frecuentemente en el underground, y cuando cambia el folio en el mencionado calendario, suele suceder que elementos de la década anterior sobreviven a lo menos dos o tres añitos dentro de la nueva. No en balde partimos Synth80s no con 1.980, o con 1.981 como hubiera sido más exacto, sino con una entrega especial dedicada a 1.979 y antes; de esa manera hemos podido visualizar de una manera global cómo la electrónica fue infiltrándose en la música anterior y haciéndola cambiar hasta en algunos casos incluso reventarla por dentro, y hacer surgir aquello que puede ser llamado la electrónica ochentera. También hemos visto como en 1.980, 1.981 y 1.982 todavía existían elementos o reminiscencias que olían a los setentas.

Ya no más. Ahora empezamos 1.983, que quizás es el primer año netamente ochentero, en lo que a música electrónica se refiere. La música electrónica ya no se ejecuta de manera tan basta, aporreando el teclado como protesta contra la sofisticación salida de madre de la música disco; ahora por el contrario, los sones electrónicos se hacen más refinados, se consolidan en su propia sonoridad... se hacen ochenteros, en definitiva. Para bien o para mal. Para ejemplos, la docena de temas que hemos restacado para esta entrega de Synth80s, y que empieza aquí y ahora.

49.- Depeche Mode - Everything Counts.



Segunda aparición de Depeche Mode en Synth80s (y no será la última, por supuesto), después de Just Can't Get Enough de su disco debut Speak & Spell de 1.981. Entre medio vino un disco bastante mediocre (A Broken Frame), que amenazaba con varar a Depeche Mode como otro nombre más en el largo listado de one hit wonders de la década; su tercer disco, apropiadamente llamado Construction Time Again, vino a enrielar las cosas de nuevo, y es de hecho el primero que puede ser considerado como un verdadero clásico de la banda. Resulta increíble observar cómo este tema es un favorito de los ahora adultos que van a bares con música ochentera a gastar su tarjeta de crédito dentro del sistema consumista neoliberal... sin reparar en que Everything Counts es una canción de protesta acerca de cómo en el mundo lo más importante y lo que en verdad cuenta es acumular dinero. Cualquiera diría que un videoclip con escenas de clase media tatcheriana, o sea, clase media tirando a pobretona, incluyendo una escena de pintarrajeadas sobre un muro, debería ser una pista al respecto. Pero los manifestantes de Facebook a quienes les gusta esta canción, no parecen haber recibido el mensaje. En fin, más directos todavía eran Los Prisioneros, y ellos son todavía más carne de posero aspiracional...

50.- New Order - Blue Monday.



Suele pasar que el vocalista de una banda es una presencia tan icónica, que cuando éste falta por cualquier motivo, los fanáticos se bajan a manadas de la misma. Los miembros de Joy Division, una de las más seminales bandas Post Punk, se vieron ante la eventualidad de este predicamento con el desafortunado suicidio de su vocalista Ian Curtis. ¿Su respuesta? Reconvertirse en New Order, y seguir con un estilo musical que era en esencia el sentido melódico propio de Joy Division, pero ahora echando el minimalismo y la infraproducción por la ventana, para abrazar con entusiasmo... los arreglos de sintetizadores, si es en Synth80s a fin de cuentas en donde estamos. No en balde, las inspiraciones para esta canción fueron el Krautrock electrónico de Kraftwerk (muy en particular Uranium del disco Radio-Activity) y... el Italo Disco (en concreto Dirty Talk de Klein + M.B.O). La primera versión de este tema quizás no es tan conocida como el más famoso remix de 1.988, que es el más reproducido a la hora de hacer programas del recuerdo ochentero. Por cierto, ¿el nombre de la banda? Un chiste bastante pesado acerca de cierta tendencia de la banda, que venía ya desde la época de Joy Division, de andar provocando por ahí, adoptando un cierto aire estético nazistoide. No es que sean nazis, por supuesto, pero desde luego que el trigo más limpio de la cosecha no son. Años después, Laibach llevaría esta idea de nazificar la música electrónica en clave de parodia hasta sus lógicas y últimas consecuencias. Bien, si quieren versiones bastardas de Blue Monday con mucho menos filo, y mucho más pop mascachicles, prueben Can't Get You Out Of My Head de Kylie Minogue. O bien, Shut Up And Drive de Rihanna. La influencia de New Order es más generalizada de lo que a primera vista pareciera.

51.- Eurythmics - Sweet Dreams (Are Made Of This).



Eurythmics no es de ninguna manera un one hit wonder, pero aunque bastante populares dentro de los fanáticos de la escena ochentera, ninguno de sus singles tiene la fama insana de Sweet Dreams (Are Made Of This). Quizás porque, si bien nunca dejaron de lado los sintetizadores, el disco Sweet Dreams (Are Made Of This) es también el más densamente electrónico de una discografía marcada por influencias de lugares tan dispares como el Punk o el R&B. Quizás también porque el disco en cuestión es una considerable mejora sobre el anterior, su debut In the Garden. Quizás inclusive porque el cover que hiciera Marilyn Manson en 1.995 abrió la temporada de caza sobre la música ochentera, puesto que hasta la fecha todos los grandes covers lo eran de temas de las décadas de 1.960 y 1.970. Fue una importante ayuda que el tema fuera apoyado por un videoclip con Annie Lennox con pelo corto y furiosamente rojo, cantando un tema cuya letra no está demasiado lejos de las peores pesadillas distópicas de Orwell. No en balde, Eurythmics fueron serios candidatos al soundtrack de la película 1984 de Michael Radford, colaboración que al final no se concretó, pero de lo que salió el tema Sex Crime (1984). No se dejen engañar por el ritmo bailable de la canción: de lo que está hablando es acerca de cómo un gobierno mundial, o más bien la institucionalidad, está tratando de sumergir a la gente en un sueño opiáceo para abusar tranquilamente de las masas aborregadas. Lo que ya hemos dicho: la gente consume y no tiene ni idea de lo que realmente consume. Aunque con eso no hacen sino darle la razón a la canción...

52.- Real Life - Send me an Angel.



Hay algo de triste en pensar que Real Life llegó a la prominencia en 1.989, cuando la música de sintetizadores estaba a punto de sufrir genocidio a manos del Grunge, en circunstancias que llevaban toda la década dando vueltas allá afuera. Y todavía es más triste pensar que alcanzaron la prominencia con un remix de un éxito que estaba ahí desde inicios de la década: Send me an Angel. Real Life califica también como otro one hit wonder de la década, sin lugar a dudas. El tema apareció por primera vez en su disco Heartland; dígase lo que se diga, no cabe duda de que es un bonito nombre para un disco debut. La letra por cierto no deja de romper el corazón: el cantante está pidiendo que le envíen un ángel porque se pregunta si algún día encontrará alguien que lo ame y a quién amar. En años sucesivos, aunque esta canción ha pasado a ser otra ochentera más en el mainstream, ha conservado bastante popularidad en el underground industrial y gótico, regalándonos covers a porfía, incluyendo uno bastante correcto de Zeromancer, uno interpretado a hachazo limpio por Deadstar Assembly, uno bastante interesante por Atrocity, y el que quizás mejor cumple con versionar la canción en un estilo propio y al mismo tiempo capturar su espíritu: el que Gregorian incluyó en Masters of Chants Chapter V en 2.006.

53.- Tears For Fears - Change.



Tears For Fears es una banda que desafía varios conceptos preestablecidos. El actualmente dúo conformado por Roland Orzabal (el moreno) y Curt Smith (el rubio), aunque partió como un cuarteto, puede ser clasificado de manera genérica como New Wave, pero su trayectoria es un tanto extraña. En la década de 1.980 sacaron apenas tres discos (The Hurting, Songs from the Big Chair y The Seeds of Love), con un grado de electrónica decreciente de disco a disco. Es decir, pasaron de ser una banda New Wave casi colindando con el Synth-Pop, o mejor dicho una New Romantic no demasiado distinta a Duran Duran, a ser en la práctica una banda de rock alternativo, género que abrazaron sin empacho ya en la década de 1.990. The Hurting legó al mundo un par de grandes éxitos de Tears For Fears, en concreto la hermosa balada Mad World, y el tema Change que nos ocupa. Por cierto, el título del álbum The Hurting no es casual. Todas las canciones del disco, de una manera u otra, lidian con temas que podríamos denominar de terapéutica psicológica para lidiar con las amenazas del mundo exterior; el propio nombre de la banda responde a una forma de terapia psicológica entonces muy en boga. La música ochentera de sintetizadores esconde secretos bastante extraños, y a ratos un tanto psiquiátricos.

54.- Kajagoogoo - Too Shy.



En su breve y ajetreada carrera, Kajagoogoo consiguió instalar cuatro temas en el Top 20 de su Inglaterra nativa, pero en todo el resto del mundo pasaron apenas como otro one hit wonder de la década, gracias a su tema Too Shy. Kajagoogoo partió como banda en 1.979, bajo el muy estilizado nombre de Art Noveau, antes de rebautizarse Kajagoogoo como derivación de la onomatopeya Gaga-Gugu, que describe... el balbucear de los bebés. Con semejante inspiración, pareciera claro que la banda no iba a durar, o de hacerlo, iba a ser como un chiste. Y en efecto, Kajagoogoo sacó tres discos en una racha: White Feathers en 1.983, que contiene Too Shy, Islands en 1.984, y Crazy Peoples Right to Speak en 1.985, y bajo todavía otro nombre más, el de Kaja. Luego se disolvieron, aunque siguieron el curso de tantas otras bandas ochenteras de dejar pasar un par de décadas, dejar que una generación reemplace a la anterior, y volver como un clásico oldie a las pistas. Su vocalista, Limahl, consiguió en la misma década, y ya abandonada la banda, hacerse de otro hit: The NeverEnding Story de la película La historia sin fin. Vale que la película es un clásico ochentero, pero el único que ha conseguido cantar una canción en una película infantil y ser después más o menos tomado en serio como para contarlo, es Elton John. En cuanto a Limahl, ya lo ven, tuvo que reunirse años después con ese grupo de compañeros de gresca que él llamaba su banda.

55.- Nena - 99 Luftballons.



Ya hemos visto que la música electrónica en Alemania antecedió a la escena inglesa y la inspiró, pero que mientras los ingleses se lo tomaron un poco más en solfa y dieron luz a los modernos Synth-Pop y New Wave, los alemanes se encontraron más a gusto sentando las bases del moderno EBM. Lo que no impidió que en dicho país explotara la Neue Deutsche Welle, un movimiento en paralelo a la New Wave británica, con un sonido más o menos similar, y que de hecho significan lo mismo, ya que Neue Deutsche Welle puede traducirse como Nueva Onda Alemana al castellano. En medio de todo ese material es que apareció otro one hit wonder, en concreto Nena con 99 Luftballons, o 99 Red Balloons como se lo conoce en su versión en inglés. Que por el tono de la canción, es muy probable que se trate de una hermosa balada romántica en donde dos enamorados comparten los 99 globos en una feria o algo por el estilo, ¿no es así? No, no exactamente. La canción trata acerca de cómo en una feria, alguien compra 99 globos de helio y por pura y simple jugarreta, quizás por ponerle algo de color y alegría a la vida, los suelta de manera casual para que floten en el aire... activando sin quererlo ni darse cuenta, el sistema de detección automática de misiles de Alemania Oriental, y eventualmente desatando la guerra termonuclear total. Estoy seguro de que, habiendo leído lo anterior, nunca volverán a escuchar esta canción de la misma manera. Por cierto, para clarificar confusiones: en la época, Nena era una banda. Después se disolvieron, pero su vocalista siguió en activo como solista, también bajo el seudónimo de Nena. Una pequeña anécdota que contribuye a erosionar el mito de los alemanes perfectos, cerebrales, ultraorganizados, y con una mente de cada cosa en su respectivo cajón.

56.- Frankie Goes To Hollywood - Relax.



Los artistas verdaderamente honestos siempre tratan de dar lo mejor de sí en su obra, pero a veces esto puede salir tan horriblemente bien, que se transforma en una pesadilla. Porque si el disco debut es demasiado bueno, nada de lo que hagan después soportará la comparación, por mucho que ese material siga superando de lleno a otras bandas o cantantes en la misma línea. Es el caso de Frankie Goes to Hollywood, cuyo disco Welcome to the Pleasuredome de 1.984 es una de las piezas maestras de la música ochentera; el segundo disco fue recibido con bastante desdén, ahogado por la comparación, y la banda pasó a un discreto segundo plano del que ya nunca salió. Sin embargo, Relax es una de las canciones más representativas de la década. Por su estupendo aprovechamiento de su mezcla de rock, sintetizadores y New Wave. Por su utilización en películas absolutamente ochenteras como Doble de cuerpo o Gotcha!... o con elementos de parodia de la década, como Zoolander. Y eso por no mencionar su inclusión en la primera secuencia de calamidad alrededor del protagonista de Locademia de policía; de manera muy presciente, esta canción se le asigna a un snob perdonavidas, profetizando claramente cómo la música ochentera se va a transformar con el paso de los años en símbolo y emblema de idiotas que consideran que el alfa y el omega de la vida se extienden entre el primer y el último cheque del talonario. La letra misma habla sobre prácticas onánicas, lo que por supuesto desató la ira de grupos de gente encantados de meterse en la vida de los demás para tapar el horrible agujero que tienen en la suya propia. La gente de la BBC, sin ir demasiado lejos, decidió censurar la canción en la radio. Sucedió lo inevitable: todos quisieron escuchar la canción censurada para saber qué tanto había allí que mereciera ser censurado. No es la primera ocasión en que los censores acaban por hacerle el juego a los censurados, y no será la última tampoco: ya hemos publicado después de todo algo al respecto en la Guillermocracia.

57.- Yes - Owner of a Lonely Heart.



Lo que hemos dicho varias veces en Synth80s: los lazos invisibles entre el Rock Progresivo de la década de 1.970 y la música de sintetizadores son mucho más profundos de lo que cabría esperar, considerando que el primero se alimenta de lo intrincado y variado de su sonido, y el Synth-Pop y la New Wave se basan más bien en un sonido deliberadamente artificial y bases rítmicas por lo general bastante simples. Lo que no impidió que Vangelis en un minuto audicionara para la banda progresiva por antonomasia, que es Yes. O que su vocalista Jon Anderson colaborara con Vangelis. El cambio de década significó un cataclismo para Yes. Tales of the Topographic Oceans, su bombástico y aparatoso álbum de 1.979 con cuatro temas de veinte minutos cada uno, resultó un bombazo, en el mal sentido de la palabra. Su siguiente disco, Drama, era claramente el sonido de una banda que no sabía hacia donde ir. En medio de todo eso, e incluso habiéndose separado de manera momentánea como banda, el guitarrista Trevor Rabin comenzó a trabajar en material solista. Incluyendo Owner of a Lonely Heart. Para el material, llamó a algunos antiguos socios de Yes, creando primero un proyecto llamado Cinema... antes de decidir que en el fondo siendo todos antigua gente de Yes, mejor seguían como Yes a secas, y punto. El resultado fue el disco 90125, que marcó un giro profundo de Yes desde el Rock Progresivo hacia un sonido mucho más cercano a la New Wave. De hecho, Owner of a Lonely Heart es un tema New Wave con una buena dosis de arreglos de sintetizadores, no tan evidentes en una primera escucha, pero bien presentes si se escucha con atención. Owner of a Lonely Heart se transformó en el más grande éxito de la banda... y también el punto en que muchos fanáticos del Rock Progresivo gritaron "¡vendidos!" y se bajaron. Porque como de costumbre, se supone que tu banda favorita siga tocando el mismo sonido y lanzando el mismo álbum una y otra vez, sin evolucionar hacia ninguna parte; lo contrario es traición. Bueno, si fueran tolerantes y tuvieran flexibilidad mental no serían fanáticos en primer lugar.

58.- Van Halen - Jump.



Las pelucas de Heavy Metal se les cayeron a los fanáticos en masa cuando escucharon el disco 1984 de Van Halen. Disco lanzado en 1984, obviamente, pero cuyo primer single (Jump, claro está) fue lanzado el año anterior, razón por lo que lo incluimos aquí. ¿Un tema de Heavy Metal que se abre con un riff ejecutado no en guitarra sino en un teclado plástico? ¡Blasfemia! ¡Herejía! ¡El teclado Casio no pertenece al TRUE METAL!!! Bien, técnicamente no un Casio sino un Oberheim OB-Xa, pero la idea es la misma. En la época, Van Halen venía rotando ya cerca de una década en la escena Hard Rock. David Lee Roth quería que Van Halen siguiera siendo una banda de rock y guitarras, mientras que Eddie Van Halen estaba más abierto a meter sintetizadores porque... por qué no. A la larga, este conflicto ayudó a generar el eterno historial de separaciones y reyertas en la culebronesca crónica de Van Halen. Sea como sea, el disco 1984 se transformó en el más grande éxito de la banda, tanto que no llegó al número 1 en Estados Unidos sólo porque estaba Thriller de Michael Jackson en el camino. Y no es para menos. Aparte de Jump contiene el gran tema Panama, el hilarante Hot for Teacher acerca de esa profesora de buen ver que tanto nos entusiasmaba cuando éramos alumnos, y también I'll Wait, que ya es leyenda dentro del listado de power ballads con que nos ha regalado el Heavy Metal en su cerca de medio siglo de carrera. Porque a veces, para crear el mejor material artístico posible, hay que salirse de los caminos trillados y las concepciones inmutables, y atreverse a ser un poquito hereje.

59.- Styx - Mr. Roboto.



Otra historia triste de la música ochentera. En la década anterior, Styx había sido una banda con un importante grado de prominencia en la escena del Rock Progresivo, aunque después había evolucionado para simplificar su sonido, y plegarse a lo que a veces se llama Arena Rock, un poco en la senda de Queen. Y luego vino el cambio de década y las desaveniencias acerca de qué nuevos rumbos seguir. Y he aquí lo triste: Mr. Roboto es una de las canciones más emblemáticas de la banda... del disco destinado a ser el último de su trayectoria clásica. Kilroy Was Here es una especie de Opera Rock ambientada en un futuro cercano en donde los mastines de la decencia y la moral por fin han conseguido extender la oscuridad sobre la Tierra y matar el Rock. El Kilroy de la historia intenta su propia rebelión contra los Místers Robotos, máquinas fabricadas en Japón que son la gendarmería de la época. Por desgracia, Styx apoyó su disco con un tour que era también conceptual, una verdadera ópera rock actuada en escena, con los resultados que eran de predecir: el público se quedó con cara de signo de interrogación, y de hecho la banda saltó el tiburón. De cara a Mr. Roboto es una lástima: se puede dudar de si la canción es realmente buena o un tanto pasada de roscas en tratar de ser el no va más del no va más, pero de que tiene una personalidad propia y distintiva, la tiene. Puede que su intro con una voz robótica cantando "Dōmo arigatō misutā Robotto" se deje escuchar con encanto camp, pero la canción gana por puntos rematando en ese "I'M KILROY! KILROY!". Incluso el videoclip es notable. Cierto que es de un presupuesto miserable, pero es mucho más disfrutable que productos cinematográficos Cyberpunk o postapocalípticos hechos también con el vuelto del pan, y que dentro de su exceso de seriedad terminan por ser ridículos sin remisión.

60.- Irene Cara - Flashdance... What A Feeling.



Y he aquí finalmente la canción que da testimonio definitivo de que la década de 1.980 ha llegado para quedarse. Flashdance es una de las primeras películas que abraza los aspectos más risibles del ochenterismo sin complejos. La premisa sin ir más lejos en realidad es pura explotación del cuerpo femenino; la protagonista es una chica que trabaja como machorra soldadora de día y ultrasexy bailarina exótica de noche, además de ese elemento propio de la década que es la historia de superación personal, en este caso tratando de entrar al conservatorio. La película cimentó varias reputaciones en Hollywood: la del productor Jerry Bruckheimer, la del director Adrian Lyne (9 1/2 semanas, Atracción fatal...), la del guionista Joe Eszterhas (Bajos instintos), y es el one hit wonder de la actriz Jennifer Beals, que ha seguido teniendo una carrera de cierta importancia después, pero no al nivel de estrellato que acá. La banda sonora engendró dos temazos ochenteros: Maniac de Michael Sembello y Flashdance... What a Feeling con una Irene Cara tratando de ochenterizarse después del éxito todavía medio funkie de Fame. A partir de este punto, hemos cruzado las Columnas de Hércules: la década de 1.980 a partir de ahora será gloriosa y omnipresente, y dudará para toda la eternidad y un día más... o hasta el 31 de Diciembre de 1.989, lo que llegue primero.

PRÓXIMA ENTREGA: 1.984.


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