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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Las diez metidas de pata de la Trilogía Precuela de Star Wars (1 de 2).


Acá en la Guillermocracia hemos dedicado varios posteos a Star Trek, incluyendo Los viajes de la nave espacial Enterprise en las Crónicas CienciaFiccionísticas, una Interminablelogía sobre Star Trek con parte 1 y parte 2, y Tributo al Doctor McCoy. Sin embargo, aparte del capítulo En una galaxia muy lejana... de las Crónicas CienciaFiccionísticas, no hemos hablado demasiado de Star Wars. Principalmente porque no es mucho lo que puedo añadir al respecto. Todos han visto las películas, y el Universo Expandido nunca me ha llamado la atención de manera significativa. Pero algo hay que decir de Star Wars, ¿no? Aunque sea para rellenar, acá en la Guillermocracia. En particular, ahora que los jedis están de moda otra vez, con el anunciado Episodio VII en camino.

De manera que nos hemos sacado de la manga un posteo acerca de las cosas que están mal, en la Trilogía Precuela de Star Wars. Ya saben, en La amenaza fantasma, El ataque de los clones y La venganza del Sith. Todo el mundo está de acuerdo en que la Trilogía Precuela tiene sus falencias, algunas bastante graves. La importancia de las mismas es asunto a debatir. A algunos les gustaron las tres películas, a otros sólo dos, y a algunos sólo el Episodio III. Y los hay que no les gustó ninguna en lo absoluto.

Valga una aclaración. En lo personal, considero que el Episodio III es, más allá de algunos ripios, una buena película a secas. El Episodio II consigue el aprobado raspando, pese a algunas graves inconsistencias lógicas, pero en general es una buena película de aventuras si no se le pide algo más allá de la lógica infantil. De las tres, la única que realmente barrería debajo de la alfombra es el Episodio I, que tiene sus puntos buenos, pero que pesa como un plomo al lado del resto.

Y para demostrar lo anterior, voy a describir los que considero los diez errores capitales cometidos en la Trilogía Precuela. Pero como criticar es fácil y cualquier idiota puede hacerlo, acá en la Guillermocracia vamos a ir más allá. Debajo de cada error que describamos, vamos a describir de qué manera el argumento podría haber sido modificado para haber obtenido películas mucho mejores a las que vimos estrenadas en el cine. Materia opinable, por supuesto, pero para eso están los comentarios, para que ustedes comenten las soluciones que ofrecemos acá, o para que se inventen directamente las suyas propias.

Y sin dar más la lata, acá vamos con lo que consideramos como las diez metidas de pata de la Trilogía Precuela de Star Wars, y la manera en que, según nosotros, debieron ser corregidas.

1.- Jar Jar Binks.

Partamos por lo obvio. Porque no es un spoiler si menciono que Jar Jar Binks es de lejos el peor horror de la Trilogía Precuela. Partiendo por su aspecto físico, que lo asemeja a un ácaro especializado en chupar sangre a la raza de Cthulhu, y siguiendo por un comportamiento patoso que le acarrea el ignominioso récord de ser la única criatura viviente en cerca de las doce horas de metraje de los seis episodios galácticos clásicos que literalmente pisa mierda, así como lo escribo. Y por si han borrado al bicho de la memoria, pinchen este enlace para recordar el abominable horror que yace en una galaxia muy, muy lejana. El público lo odió hasta incluso llegar a crearse una página web llamada Ways Jar Jar Binks Should Die! George Lucas mismo tomó nota, y en el Episodio II, lo convirtió en el pobre diablo que sirve como tonto útil para Palpatine, pidiendo que el Senado Galáctico le otorgue poderes extraordinarios; dicho de otra manera, transformó al personaje más odiado de la saga en el responsable directo de haberse cargado a la República. En el Episodio III aparece en una escena de funeral y nada más, con una característica indeseable para los seguidores de la franquicia: seguía vivo. Después... el silencio. En el siglo XIII, al escribir la Divina Comedia, Dante Alighieri puso en el más profundo de los círculos del Infierno, directamente al alcance de Satán, a los tres mayores traidores de todos los tiempos, que son Bruto y Casio los asesinos de César y Judas Iscariote el que vendió a Cristo; si hicieran un remake en el siglo XXI, dichos puestos deberían ser para Scrappy Doo y Poochie. Y Jar Jar Binks, por supuesto.

¿Cómo hubiera quedado mejor? Aunque no se crea, la idea de tener un Jar Jar Binks no era mala a priori. El problema es lo que podríamos llamar el Efecto Poochie. Se esforzaron demasiado en que fuera el nuevo mejor amigo de los niños, pero por el camino errado. A los niños no les gustan los perdedores, y Jar Jar Binks es, en esencia, un perdedor. A los niños no les gusta el Chavo todo lastimero, sino que prefieren al Quico alegre y rozagante; tómese nota que escribí este posteo antes de saberse la muerte de Roberto Gómez Bolaños, pero no encontré una mejor manera de expresarlo, de manera que así queda, con el debido respeto por el humorista recientemente fallecido. Pero volviendo a Star Wars. En la trilogía original, C3PO era algo patoso, pero tenía sus minutos como especialista en lenguaje (además de formar un dúo imbatible con el excelso R2-D2). A Jar Jar Binks deberían haberle dado una especialidad en donde no fuera un metepatas absoluto, y haber realzado ese lado suyo. Saber de mecánica, de naves espaciales, de Astronomía, cualquier cosa que le sacara del rol de ser el amigo al que todos invitan a la fiesta para ser el pararrayos de toda la mala onda del grupo, y asegurar así que el resto del grupo no se vayan a la mínima al cuello unos con otros. Es decir, darle a Jar Jar Binks algún talento de lo que pudiera sentirse orgulloso y le hubiera significado el respeto de los otros personajes. El respeto es contagioso: si el espectador ve que los personajes respetan a otro personaje, y lo hacen por una buena razón, entonces ellos también empiezan a respetarlo. Pero, ¡ay!, ya sabemos que a Jar Jar Binks no se le daba nada. Su único talento en la vida era ser una sanguijuela pegada al pellejo de los otros personajes. Hay chicles en la suela de los zapatos que son más agradables que este pegote.

2.- Las tropas clones.

Aunque no se crea, la inclusión de las tropas clones al servicio de los Jedi y la República es una metida de pata enorme. En primer lugar, porque era algo ya visto en la Trilogía Original, y por ende no es novedad. Y en segundo término, porque los buenos stormtroopers a estas alturas del partido son un chiste. No en balde, la puntería de los stormtroopers para disparar se ha hecho tan proverbial, que en inglés se ha acuñado el término Imperial Stormtrooper Marksmanship Academy (Academia de Puntería de los Stormtroopers Imperiales) para referirse a la legendaria mala puntería de los villanos para cargarse a los buenos, de un grado tan épico que no volvería a ser reeditada sino hasta los orcos de El Señor de los Anillos de Peter Jackson. Las tropas clones encajan bien en la Trilogía Original por toda la estética totalitaria entre nazi y estalinista de la misma, pero no acá. Además, acá los clones son mostrados como mucho más competentes, lo que hace más evidente su decadencia ya en tiempos de la Rebelión, y le quita mucha mística al Imperio como Imparable Fuerza del Mal.

¿Cómo hubiera quedado mejor? La respuesta va a sonar a herejía, pero es clara y simple. No tropas clones en la Trilogía Precuela. Punto. Los droides de batalla eran coloridos y tenían muchas más variantes. Si George Lucas estaba tan ansioso de vender muñequitos, pues hubiera reemplazado los de los stormtroopers por todavía más droides, que al final se hubieran vendido lo mismo. ¿Y cómo justificar la aparición posterior de los stormtroopers, dentro de la historia? Simple. Al final del Episodio III, para pacificar la galaxia, el Emperador suelta un virus cibernético o un pulso electromagnético a lo largo de toda la galaxia, o activa una Directiva 4 estilo Robocop, e inactiva a los droides, creando una paz basada en... tropas clones, orgánicas, que él mismo tenía guardadas hasta ese instante. Todo habría sido mejor: habríamos tenido más droides, habríamos tenido un motivo lógico para su retirada de los manuales de estrategia, y el Emperador hubiera quedado todavía más magnífico en su maligna manipulación de los eventos alrededor suyo.

3.- Jango Fett.

Bobba Fett es un caso curioso. Apareció un poquito en El Imperio contraataca, y apareció otro poquito en El regreso del Jedi, lo suficiente para ser liquidado de manera ignominiosa por Han Solo temporalmente ciego... y prendió. Se hizo insanamente popular entre los fanáticos. Quizás por la mística. Tenía casco, era cazarrecompensas, es el único villano con un mínimo de eficiencia en la franquicia al conseguir lo que todas las fuerzas imperiales no pudieron, que es rastrear y cazar a Han Solo y los suyos, y se atreve a hablarle de tú a tú a Darth Vader ("muerto no me sirve") y salirse con la suya. O simplemente porque como es un personaje sin trasfondo, cualquier fanático con complejo de inferioridad puede venderse el cuento de que en realidad, él es un poquito como Bobba Fett. La autoestima y la mentira, esas dos grandes e inseparables amigas. George Lucas, con muy mal instinto, decidió meter al padre de Bobba Fett en la Trilogía Precuela. Lo que estuvo muy mal por varios motivos. En primer lugar, al presentar a su padre, le restó mística al personaje, humanizándolo y así de paso bajándolo de esa área nebulosa en donde todos podíamos imaginarnos lo que mejor quisiéramos sobre él. Y además porque crea un efecto reductor en donde la galaxia es muy grande, pero todos los personajes acaban entrelazados de maneras inverosímiles entre sí. Piénsenlo: el cazarrecompensas con un duelo personal con Han Solo es hijo del tipo al que clonaron para crear los stormtroopers. Demasiada coincidencia. Para colmo, Bobba Fett ve a su padre ser asesinado, y después esa línea argumental, que podría haber derivado en una suculenta trama de venganza, se queda colgada en el aire y no lleva a ninguna parte. En las películas por lo menos, porque seguro que entre el Universo Expandido y los fanfics, se puede formar una enciclopedia completa en varios tomos sobre Bobba Fett...

¿Cómo hubiera quedado mejor? Lo mejor hubiera sido no incluir ni a Jango ni a Bobba en lo absoluto, y crear un personaje absolutamente nuevo para ser el padre de los clones. Pero supongamos que George Lucas quería incluir a Bobba Fett únicamente porque los fanáticos querían más Bobba Fett. Entonces, ¿cuál hubiera sido la opción? Si yo hubiera escrito el guión, hubiera sido... presentar a un Bobba Fett adulto. ¿Entonces el Bobba Fett de la Trilogía Original era un anciano? Tampoco. Yo hubiera hecho a Bobba Fett muy longevo, o derechamente inmortal. ¿Por qué no? Eso hubiera dado un poderoso motivo para clonarlo, porque si vas a clonar a alguien, que sea a un Wolverine casi inmortal y no a un insecto de esos que apenas viven 24 horas y luego adiós mundo cruel. Además, hubiera incrementado la mística del personaje a la enésima potencia, y lo más importante... hubieran podido reutilizar al personaje una y otra vez en historias ambientadas tanto en el origen de la galaxia como en su lejanísimo final, cual miembro del clan McLeod. Además, en retrospectiva, hubiera hecho su caída en el pozo Sarlacc mucho más cruel, algo que siempre es deseable tratándose de la muerte de un villano: si un ser humano corriente tarda mil años en ser digerido por el Sarlacc, ¿cuánto tiempo más de inenarrable dolor y sufrimiento le hubiera tomado a un inmortal en esas mismas circunstancias?

4.- El General Grievous cayéndose a pedazos.

Uno de los principales villanos del Episodio III es el General Grievous, un alienígena cyborg enfundado en un traje de combate. Con dos características definitorias: una, que tiene un grave caso de tosferina, y dos, que se la pasa toda la película huyendo. Difícilmente un villano que inspire respeto, menos aún miedo. El asunto venía de la serie de dibujos animados sobre las Guerras Clones, en donde el General Grievous sí que aparecía como competente, pero al final de la misma quedó malherido. El problema es que el grueso del público ni vio ni le importó un pucho tal serie, de manera que el General Grievous aparece como un pobre y patético renacuajo. En ningún minuto del Episodio III llega a hacerse tan odioso o detestable que nos alegre verlo morir, y de hecho cuando Obi Wan finalmente lo ejecuta, el pobre desgraciado inspira más lástima que otra cosa. Porque una regla de oro a la hora de escribir una historia de buenos y malos, es que el malo inspire respeto y odio, para que así al final, al recibir su merecido, sintamos en nuestro interior la satisfacción sádica de verlo morir.

¿Cómo hubiera quedado mejor? El General Grievous se cura rápidamente mediante un incremento de sus habilidades cibernéticas, con una armadura todavía más potente, y se lanza a una imparable e incontenible oleada de venganza, estilo "¡Nadie se mete con el General Grievous! ¡Mueran, patéticos Jedis!". En esencia hubiera sido tan respetable y temible como Darth Vader en La guerra de las galaxias original, antes de que se revelara que era el padre de Luke.

5.- Mace Windu desaprovechado.

En las tres películas aparece de manera prominente un Jedi negro, Mace Windu, quizás para evitar acusaciones de que Lando Calrissian era el único negro en toda la galaxia. Ahora sabemos que hay dos. No lo suficiente para el casting completo de una película de Spike Lee, pero es una mejora. Y además contrataron para el rol a Samuel L. Jackson, lo que prometía secuencias de acción más allá de todo asombro posible. ¿Y qué hicieron con él? Tenerlo sentado y hablando en La amenaza fantasma, darle escenas de acción sólo dentro de un coliseo con muchos duelos simultáneos al mismo tiempo en El ataque de los clones, y darle una cortísima pelea en La venganza del Sith que más encima pierde de una manera ignominiosa, cayendo al vacío. Nadie comete la estupidez de contratar a Russell Crowe para matarlo en la primera escena, salvo Zack Snyder, o de contratar a Rachel McAdams para cargársela en la primera escena, salvo Guy Ritchie... malos ejemplos, probemos otra cosa. Nadie contrata a Neymar para tenerlo sentado en la banca durante toda una Copa Mundial. Y eso es exactamente lo que hizo George Lucas. ¡Si hasta en el Universo Cinemático Marvel, a Samuel L. Jackson le han ido importancia cada vez mayor, y lo han paseado por Agentes de SHIELD también!

¿Cómo hubiera quedado mejor? Mace Windu hubiera tenido que estar más implicado en la acción. En La amenaza fantasma era difícil, pero en El ataque de los clones, ¿por qué no crear una situación estilo buddie movie con Obi Wan? Cuando Obi Wan se larga a investigar el ejército de los clones, Mace Windu podía seguirlo en la sombra porque sabía que Obi Wan se traía algo. Primero lo espía, luego lo sigue, luego en un momento de batalla lo ayuda y tienen un espectacular duelo de dos contra el crimen, y luego de algunas fricciones, adquieren un nuevo y renovado respeto entre ellos. Mace Windu hubiera quedado como un campeón, y si en el Episodio III se lo cargaban rápido, al menos ya hubiera tenido su minuto de estrellato.

En la próxima entrega, seguiremos repasando las metidas de pata de la Trilogía Precuela de Star Wars, y la manera en que debieron haberse gestionado, partiendo por otra bastante obvia: el romance entre Anakin y Padme. De manera que sigan en la sintonía de la Guillermocracia.


9 comentarios:

Cidroq dijo...

Muy buenas observaciones y aportaciones, por cierto aunque no esas tomando en cuenta lo periférico de las películas, boba fett apareció por primera vez en el "extraño" especial navideño de star wars, y también fuera de las películas pudo escapar del gusanote ese.

Guillermo Ríos dijo...

¿Que no estoy tomando en cuenta lo periférico de las películas? ¡Pero si menciono de manera explícita que no me estoy haciendo cargo del Universo Expandido...! Ahora mucho menos que Disney, según tengo noticias, lo arrojó por la borda para empezar a construir lo suyo desde cero. En cuanto al especial navideño, nunca lo he visto, pero por lo que dicen de él, le tengo unas ganas asesinas, únicamente para ver si puedo partirme en dos de risa sin acabar muerto por asfixia.

Me parece recordar, si la memoria no me falla, que en los cómics de Imperio Oscuro, cuando ven deambulando a Fett por ahí en vez de donde se suponía que estar, en el buche del Sarlacc, él se manda un John McClane y dice que el Sarlacc lo encontró muy indigesto. Que alguien con la referencia más fresca en la mente me corrija si estoy equivocado.

Cidroq dijo...

Creo que la redacción me fallo, quise dar a entender que remarcando tu aviso de que solo te centrabas en las peliculas iba a hacer comentarios adicionales, pero tienes razón creo que todo lo que sigue después del episodio 6 quedará fuera de línea, (siempre me chocó eso de que un hijo de han solo se volviera el nuevo y maloso lord sith), por cieto allí había un spoiler.

Por si te atreves a ver el lado oscuro

http://youtu.be/sx5v3VJ4zPM

Guillermo Ríos dijo...

He visto el abismo... y creo que el abismo me ha visto a mí. Había escuchado comentarios sobre el famoso especial de Star Wars, pero lo que vi, superó ampliamente mis más negras perspectivas. Con razón George Lucas quería enterrar el material con un símbolo de "aquí hay radiación", para que no volviera a la vida durante los próximos cien mil años. Por suerte que se rodó en 1978, o de lo contrario habría aparecido también Jar Jar Binks, y entonces habría sido el armagedón de la cordura universal.

Luis Valenzuela M. dijo...

Concuerdo con varias cosas aunque el caso de Jango Fett como modelo del ejército de clones si tuvo cierta razón de ser. Se me va a salir el lenguaje ñoño hasta por las orejas pero aqui voy: Palpatine estaba tanto detrás del movimiento separatista moviendo los hilos en las sombras así como acumulando cada vez más poder como Canciller de la República. Los clones en sí fueron un plan para adquirir más poder y de paso tener carta blanca para ejecutar la Orden 66 cuando el momento correcto llegara y exterminar a los Jedi. Quien estaba detrás de crear el ejército de clones fue en buena parte Dooku, quien tenía una aprendiz sith llamada Komari Vosa que se le salió de control y formó una especie de secta terrorista. Dooku en forma de "concurso" ofreció pagar cinco millones de créditos a quien fuera capaz de capturar viva o muerta a la criminal y fue de allí que salió el cazarrecompensas Jango Fett. El propósito era simple: quien fuera capaz de llevar a cabo la tarea sería el modelo del ejército de clones. Para no hacer larga la cosa, Jango logra encontrar a Komari Vosa y nada más y menos que un cazarrecompensas armado solo con blasters y artefactos de mercenario logró patearle el trasero a una sith que peleó usando poderes de la fuerza y con un sable de luz. Dooku le da a Fett la recompensa y le ofrece ser el modelo para los clones. De allí se desvela el episodio 2. Toda esta historia fue mostrada en el video juego de Star Wars Bounty Hunter. Yo también siento que el universo expandido a veces muestra cosas un tanto rebuscadas pero otras veces ayuda a entender un poco más la historia. Por si querías el dato.

De nuevo, saludos. Excelentes posts como siempre

Guillermo Ríos dijo...

Vale por la información, que es muy útil para los que exploren en el Universo Expandido, pero y los que tenemos en la saga un interés más casual, ¿qué hacemos respecto de las películas? Yo no creo en la teoría de "lo que pasa es que esto se explica en el manual" (o material adicional, o tie-ins, etcétera). Mi idea es que si voy a disfrutar de una obra, que me ofrezcan una obra redonda de principio a fin. Por ejemplo, los Episodios II y III, con sus defectos, presentan una historia más o menos coherente cada una, sin perjuicio de que pudieron haber mejorado muchas cosas, mientras que el Episodio I sólo tiene sentido como aperitivo para el resto de la saga, lo que al final la hace redundante. No tengo nada contra los universos expandidos, que para mí son una especie de contrato adicional entre el creador y los fanáticos: unos quieren más material, y el otro los complace. Y en los contratos no tienen por qué meterse los terceros, o no tienen por qué hacerlo mientras no haya dolo, engaño, fraude, etcétera. Pero si para entender aspectos claves de una obra determinada hay que echarse material adicional encima, eso ya es hacer trampa. Cuando Frank Herbert escribió Dune en 700 páginas, por ejemplo, dedicó las últimas 50 a apéndice tras apéndice, para incluir dentro del mismo tomo todo el resto de la información necesaria para entender sus detalles, y que era demasiado laborioso de explicar en la novela en sí. Es voluminoso, enciclopédico, quizás algo árido, pero al final, lo que se le entrega al lector es una obra perfectamente redonda.

Saludos igualmente, y gracias por las felicitaciones. Felices Fiestas.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡Qué gusto volver a leerte después de tanto tiempo y más encima encontrarme con un texto como este, de la calidad de la que nos tienes acostumbrados!Como tú, soy más trekkie, que jedy (que a mi parecer esta saga no es gran cosa la verdad, si bien entretiene). Te encuentro razón en todo lo que dices. Me leo de inmediato la segunda parte de este ingenioso post.

Guillermo Ríos dijo...

Star Trek es moralmente más compleja, mientras que Star Wars es más maniquea, y creo que eso hace el grueso de la diferencia entre dos sagas que probablemente se parezcan más de lo que quisieran admitir. Y gracias por las alabanzas, claro está.

Cristiam Julian Ayala Peña dijo...

Me encantan ambos artículos. Deberías darle una buena ojeada al episodio siete y Rogue One. A proposito, sobre el Universo Expandido, te recomiendo las historias de Exar Kun, Vua Rapuung, Darth Plagueis y Kyle Katarn. Te fascinarás con sus historias y poderes sith como, SPOILER, crear vida.

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