miércoles, 24 de diciembre de 2014

Científicos: La masa crítica.


Después de la publicación de la quinta parte de Generación GM, en donde mencionábamos como la superciencia nazi en realidad es más leyenda que realidad, y que los alemanes en realidad jamás tuvieron la mayor oportunidad de llegar a desarrollar la bomba nuclear por sus propios medios, tuve un interesante debate vía correo electrónico con don Francisco José Súñer Iglesias, el Director Supremo de El Sitio de Ciencia Ficción, acerca de la importancia de contrastar los datos de manera científica. En resumen, el punto era la importancia de verificar los datos científicos. Pero esto requiere la existencia de científicos, en primer lugar. Parece obvio, pero esto es algo que los políticos entusiasmados con I+D a veces olvidan.

El punto central de todo esto es uno que ya hemos esbozado de antemano. Es uno que permeó la totalidad de las Crónicas Antrópicas, acá en la Guillermocracia, sin ir más lejos. Es el tema de la necesidad de una masa crítica de científicos, para que la ciencia como tal pueda desarrollarse.

El ABC del asunto es más o menos el siguiente. La ciencia funciona recolectando datos acerca del entorno. Pueden ser cosas tales como el movimiento de tales o cuales cuerpos celestes, las costumbres de apareamiento del, inventemos algo, pez de doble cola marrón de Madagascar, o la relación entre el consumo de pan y los precios de las pinturas de van Gogh en los remates pijos. Luego, alguien nota que dichos datos parecieran relacionarse de una determinada manera, y formula una hipótesis. A continuación, hace predicciones: si la hipótesis es correcta, entonces al observar otros datos distintos, es de esperar tales o cuales conclusiones. Si después de hechas las observaciones, o planteados los experimentos y ejecutados, se logran tales conclusiones, entonces tenemos un día de victoria: la hipótesis es corroborada y se convierte en teoría. Si no, vuelta a empezar.

Ahora bien, es posible preguntarse qué sucede con las predicciones corroboradas de manera chapucera. A veces, los científicos meten la pata, hacen sus observaciones a la ligera, y dan por sentadas observaciones que en realidad merecían un segundo análisis. O bien, se entusiasman tanto con su hipótesis, que hacen observaciones selectivas, descartan los datos que no cuadran en sus ideas, se quedan con los que sí, y formulan su teoría. O peor aún, están luchando por subvenciones y falsear datos es la manera más segura de seguir siendo financiados.


Aquí es en donde entra la observación por parte de otros científicos.

El concepto básico es el de revisión entre pares. Es decir, si un científico anuncia un descubrimiento o postula una nueva ley, debe abrir sus investigaciones a cualquier otro científico que, con el conocimiento y credenciales necesarios para ello, analice las observaciones, reformule la hipótesis, corrija los experimentos, y anuncie si de dichos experimentos salieron los mismos resultados u otros diferentes. Es decir, el científico no tiene espacio para postular lo que se le salga de sus efluvios, porque otros científicos estarán ahí, atentos a corregir su errores.

Un ejemplo prístino de esto fue el famoso experimento de la fusión fría de 1.989. En dicho año, dos científicos anunciaron que era posible obtener fusión fría, y por lo tanto energía, a partir de materiales de laboratorio relativamente baratos, abriendo la espita para solucionar cualquier crisis energética futura. Era demasiado bueno para ser verdad: los experimentos en fusión nuclear existen desde mediados del siglo XX, y se han construido varios de ellos. El problema es que dichos reactores son enormemente caros, y gastan más energía de la que producen. Para realizar experimentos están bien, pero como fuentes de energía, eran y siguen siendo inviables. Aceptar la fusión fría implicaba botar a la basura medio siglo de investigaciones sobre el tema. No era algo para tomárselo a la ligera.

Empero, ninguno de los otros laboratorios que intentaron replicar el experimento, logró resultados. La fusión fría simplemente no era posible, al menos no en las condiciones postuladas por los promotores de la misma. ¿Fue un error de cálculo, o en las observaciones? ¿Fue una charada? El tópico aún se discute un cuarto de siglo después, pero en los hechos, lo concreto es que una hipótesis fundamentalmente incorrecta, fue descartada gracias al consenso de los pares.


Y aquí es en donde entra el concepto de masa crítica. Para que la revisión entre pares funcione, es necesario que existan pares en primer lugar. Un científico trabajando en solitario, sin retroalimentación, es uno que no posee dicho beneficio. Un científico solitario es más propenso a los errores. Esa es la razón fundamental por la que los científicos locos, haciendo en solitario sus descubrimientos que el hombre no debería conocer, pertenecen sólo a las películas: la colaboración entre científicos es tan importante como el genio individual de cada uno de ellos. Es por eso también que un país sin actividad científica, no saca nada con formar nuevos científicos con cuentagotas: en vez de quedarse en el país y producir ciencia, tenderán a irse al extranjero, en donde su trabajo se verá mucho más estimulado, y al final acabará por ser más productivo.

En ese sentido, puede afirmarse que así como el dinero llama al dinero, también la ciencia llama a la ciencia. Una sociedad que le entrega a sus científicos la libertad y los recursos para investigar, es una sociedad que puede avanzar en lo científico hasta un punto en que el aprendizaje se hace más fácil. Eso a su vez fomenta nuevos científicos, lo que incrementa el proceso. Esa es la razón principal por la cual nuestro mundo posee la mayor tasa de desarrollo tecnológico de todos los tiempos: porque gracias a la tecnología moderna, los equipos científicos de trabajo se pueden comunicar mucho más fácilmente entre sí, además de acceder a recursos. Algo que partió con la invención de la imprenta de tipos móviles en 1.453, siguió con la creación de las primeras enciclopedias modernas en el siglo XVIII, y se ha visto estimulado hasta el paroxismo gracias a Internet. Y es también la razón por la cual el progreso científico tiende a concentrarse en esas naciones que le dieron libertad y recursos a sus científicos primero: Inglaterra, Francia, etcétera.

Hoy en día, la civilización humana en su conjunto afronta un amplio abanico de problemas: crisis energética, potencial cataclismo ambiental, resurgimiento de las epidemias, desnutrición en el Tercer Mundo (y obesidad e hipertensión en el Primero), utilización de Internet para la destrucción de la vida privada, la posible llegada de un escenario informático transhumano... Y por ende necesitamos a la mayor cantidad de hombres y mujeres preparados con un arsenal de conocimientos científicos, para navegar en las tormentosas aguas del futuro. En la actualidad tenemos una masa crítica de científicos que hacen su mejor trabajo, a pesar de la farándula, la desinformación en las noticias al servicio de tales o cuales intereses, etcétera. Debemos mantenerlo así. La supervivencia de la Humanidad como un todo, depende de ello.


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