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domingo, 16 de noviembre de 2014

"La Princesa Caballero": Qué difícil es ser una princesa.

El manga y el anime japoneses ya tienen tanta presencia en el mundo occidental, que es fácil empezar a hablar de un manga y un anime old school, uno que sólo es recordado por los mayores, porque las generaciones menores empiezan a pasar de dicho material, menos sofisticado, quizás más ingenuo. El proceso es el mismo que en tantos otros campos: ciertas obras manga y animé old school han sido fundacionales porque han inspirado multitud de trabajos posteriores, pero cuando el público pasa de los trabajos posteriores al trabajo fundacional, se preguntan con perplejidad qué era lo grande que tenían en primer lugar. Porque ya no hay respeto con los maestros, sólo vale lo último y lo que está de moda, pareciera ser la consigna. Y uno de los que parecen haber caído bajo este eclipse es nada más y nada menos que Osamu Tezuka, el con justicia llamado Padre del Manga, cuyos hijos han salido demasiado revoltosos, y no siempre le dan todo el respeto que se merecen. La obra en comento aquí, La Princesa Caballero, es posible considerar que ha caído dentro de esto, y no saldrá hasta que algún iluminado decida hacer algún remake. Lo que promete mucha basura, porque muchas veces el remake, para hacerlo más vendedor, buscan hacerlo más oscuro, angustioso y al límite, matando de paso todo el encanto que tenía la obra original sólo para alimentar la incombustible caldera del angst de los fanáticos adolescentes.

El título original de La Princesa Caballero es Ribon no Kishi, literalmente El Caballero del Lazo; el nombre proviene de una identidad secreta que adopta la protagonista, que es la princesa Zafiro, aunque dicha identidad secreta no le dura demasiado. De todas maneras, siendo honestos, estoy hablando del manga de 1.963 a 1.966, que es la versión de la historia a la que tuve acceso y en la que me baso para escribir el presente artículo, y no de la historia original ni la serie televisiva. Porque esto merece algunas clarificaciones. La publicación original del manga de La Princesa Caballero fue entre 1.953 y 1.956. La obra conoció un éxito sin precedentes en Japón, y de hecho es considerada el primer shōjo propiamente tal; para los no enterados, shōjo es el tipo de manga cuyo target es el mercado de chicas adolescentes. Antes de La Princesa Caballero, las historias para público femenino eran cortas y autoconclusivas, y de hecho esta misma obra fue publicada en una revista (Shōjo Club) que se dedicaba al manga sólo de manera parcial. La Princesa Caballero fue el primer shōjo densamente serializado, con un extenso arco argumental, y esto resultó impactante en la época. Osamu Tezuka dibujó una secuela con los hijos de Zafiro, que fue publicada en Nakayoshi, revista dedicada al shōjo manga que había nacido en el intertanto, precisamente para capitalizar el éxito del nuevo subgénero que estaba naciendo con La Princesa Caballero.

El propio Osamu Tezuka después guionizó entre 1.963 y 1.966 un remake, dibujado por Hideaki Kitano, y que es la versión que tuve ocasión de leer, ya que fue publicado en español por Ediciones Glénat en 2.004. El remake sigue más o menos fielmente la historia del manga original, hasta donde llegan mis noticias, pero promediando su final, altera éste para introducir nuevas aventuras y alargarlo mucho más allá; además cambia algunos personajes, como por ejemplo Mefisto que deviene en Madame Hell. Poco después, entre 1.967 y 1.968, se realizó un anime en 52 episodios que llegó a Latinoamérica y tuvo cierta popularidad, en una época en donde al anime todavía era llamado monitos japoneses (se lo exhibió en el público hispanohablante como La Princesa Caballero, o como Choppy y la Princesa). Al igual que el remake, el anime toma la premisa inicial de La Princesa Caballero, pero la desarrolla con su propia continuidad, y con un final radicalmente diferente al original.

Abocándonos ahora al remake de 1.963, la historia parte en el Cielo, en el momento en que Dios está embarcando los niños por nacer, a bordo de un velero para enviarlos a la Tierra. En dicho momento es cuando los niños deben engullir un corazón azul (masculino) o uno rojo (femenino). Ahí es cuando interviene Tink (Choppy, según la versión televisiva), un ángel demasiado travieso para su bien, a consecuencia de cuya metida de pata, la princesa Zafiro termina engullendo un corazón masculino y uno femenino... a la vez. Después de una regañina monumental, Dios castiga a Tink enviándolo a la tierra con la misión de conseguir que Zafiro renuncie a su corazón masculino, para que pueda ser una mujer completa y cabal.

El anime de 1.967 - 1.968.
El nacimiento de Zafiro genera también un problema dinástico en el Reino de Plata. Resulta que el rey esperaba un hijo varón porque una mujer no puede heredar la corona, que pasaría a su hermano Duralmin, que es un villano, o el sobrino de Duralmin, que es un mentecato. Gracias a un equívoco, el rey y la reina consiguen crear la charada de que Zafiro en realidad es hombre. Por supuesto que Duralmín no se va a quedar tan tranquilo, y hará todo lo imposible para descubrir la verdad y desenmascarar a Zafiro como mujer para que ella no herede el reino.

La historia da un salto de quince años. Ahora Zafiro es una adolescente. Tink entonces se pone en marcha para conseguir que Zafiro renuncie a su corazón masculino. Las cosas no serán tan sencillas porque si bien Zafiro resiente el no poder mostrarse como verdaderamente es, como una mujer, por otra parte ha adoptado los modales imperiosos y decididos de un hombre, y se siente feliz siendo como es. De todos modos, cuando Duralmín y su secuaz Maese Nailon empiecen a mover las fichas, intrigando contra Zafiro, Tink se pondrá de lado de la princesa, e intentará defenderla a como dé lugar. Las cosas se complicarán todavía más cuando aparezca una nueva villana, Madame Hell, tan demoníaca ella como el nombre lo indica, quien aspira a apoderarse del corazón femenino para entregárselo a su hija, que por ser demonio como la madre carece de uno. Lo que vendrá después será una tonelada de aventuras incluyendo a varios personajes cruzados unos con otros alrededor de Zafiro, con sus respectivas agendas cruzadas. Tantas aventuras, de hecho, que el final de las aventuras provoca algo de fatiga, ya que uno de los principales conflictos se resuelve a mitad de camino, y la historia sufre un alargue con la aparición de un nuevo villano salido de la nada, y cuya identidad no voy a revelar aquí.

Parte importante del encanto de la obra radica en su excelente narrativa. La pretensión principal es crear aventuras que sean vertiginosas y siempre sorprendentes, y eso lo logra de manera superlativa. Dos recursos aparecen como claves para ello. En primer lugar, un guión que va directo al grano, que precipita rápidamente todas las situaciones, y las resuelve con elegancia y rapidez para que, un par de páginas más allá, los personajes estén en otra parte y haciendo alguna otra cosa. Cuando un determinado incidente o lance llega a su culminación, el guión lo resuelve de la manera más rápida que se puede, para descargar de inmediato lo que será el incidente o lance siguiente. De esta manera, la acción no proporciona ni un minuto de sosiego, y la historia termina resultando muy absorbente.

Osamu Tezuka.
En segundo lugar, la historia puede verse como un cruce muy inteligente de influencias de todo tipo. Se ambienta en un tiempo y territorios indeterminados en la Europa medieval, aunque una de corte más idealista, claramente inspirada en las animaciones de Disney al estilo de Blancanieves y los siete enanitos o La bella durmiente, más que la Edad Media histórica y real. El trasfondo de las aventuras incorpora muchas influencias folletinescas, en particular de la literatura y el cine de espadachines, como una especie de cruce entre los Tres Mosqueteros y las películas de piratas de Errol Flynn (uno de los personajes será un caballeresco capitán pirata de nombre igual a un personaje de Errol Flynn: Capitán Blood). El resto de la tramoya viene dada por la incorporación de elementos mitológicos, aunque sin mucho sentido de trascendencia, privilegiando la aventura por sobre el misticismo. Esto explica que puedan coexistir al mismo tiempo y dentro del mismo universo Dios en el Cielo por un lado, y la muy pagana diosa Venus dando vueltas en la Tierra por el otro. Es una excelente muestra de la maestría de este manga, que dicho desborde de imaginación e influencias puedan interactuar de manera muy armónica entre sí, creando una sensación envolvente alrededor del lector, de verse transportado a ese universo de aventuras lleno de espadachines y hechiceros.

Otro punto aparte son los personajes. Todos ellos resultan increíblemente carismáticos. La princesa Zafiro pasa por un montón de pellejerías con estoicismo y determinación que la hacen ser muy querible; a su lado Tink también resulta muy simpático, aunque en justicia como ángel se merezca una buena patada en salva sea la parte. El Príncipe del Reino Vecino resulta algo blando, puesto ahí para ser el interés romántico de rigor, mientras que el Capitán Blood resulta un excelente antihéroe. Los villanos por otra parte también están retratados con enorme viveza: el duque Duralmin como una serpiente rastrera, Maese Nylon como un tipo cuya cobardía y torpeza no le impiden ser increíblemente peligroso cuando se lo propone, Madame Hell con todo su terrorífico poder, y su hija como antivillana, una demonio muy atractiva y tierna que en realidad ni quiere ser demonio, ni quiere ser princesa, y en realidad le interesa un bledo el corazón femenino de Zafiro.

Un aspecto complicado de este manga o anime es su visión estereotipada de los roles, algo esencial si se considera que parte importante del conflicto deriva de cuál identidad terminará abrazando Zafiro, si la de hombre o mujer (¡o ambas!). En ese sentido debemos asumir que es un manga de Japón de la década de 1.960, y por lo tanto, peca de ser algo machista. Zafiro dentro de su rol masculino es fuerte, valiente, idealista y decidida, mientras que dentro de su rol femenino es hipersensible, asustadiza, y muy necesitada de alguien a su alrededor, idealmente varón, para que la rescate. Salvo por Zafiro, el peso de la historia recae de manera casi íntegra en protagonistas masculinos, y los escasos personajes femeninos que rondan por ahí, o son villanas, o son chicas seductoras, o son marimachos. Pero se le puede perdonar porque es un producto de su época, e incluso puede decirse que era bastante progresista para sus días. Después de todo la princesa Zafiro es una chica valiente y determinada, aunque sea por haberse engullido un corazón masculino, y eso no es algo que suela encontrar a menudo en el canon de las princesas Disney, y menos las de esa época. Además de eso, ella se siente a gusto siendo una mujer con características de hombre, es decir, reventando justamente los estereotipos de género en que la obra a ratos incurre.


Y a propósito de Disney. El estilo de dibujo es bastante desconcertante para los cánones actuales. Todos sabemos que el manga y anime desarrollaron un estilo de dibujo de características muy marcadas, tanto que incluso en Estados Unidos ha comenzado esa imitación consciente llamada americanime. Por eso sorprende reencontrarse con una obra de Osamu Tezuka ambientada en un universo muy Disney, en donde los personajes guardan un parecido más que sorprendente con la animación Disney más clásica. Y eso que la influencia de Disney en Osamu Tezuka es algo que aparece en todos los manuales. El dibujo puede ser algo que tire hacia atrás a los lectores más nuevos, porque le da a la obra en total una cierta apariencia de ingenuidad, no muy congruente con lo que esperaríamos de una historia en donde la protagonista es, después de todo, una espadachina.

Pero no se crea por ello que la historia es en verdad ingenua. A pesar de ser muy de su época en varios respectos, se las arregla para tratar temas bastante profundos, en particular el de la identidad propia. La princesa Zafiro es una heroína en particular por su tenacidad, su negativa a rendirse, y su permanente defensa de lo que ella es, en vez de conformarse con los estereotipos que la naturaleza, el destino o la sociedad le quieren imponer. El tema se plantea a través de la identidad de género, pero es fácilmente traducible a otra clase de determinantes de la identidad propia. A su vez, aunque la historia tiene un tono general de comedia, lo cierto es que no le falta épica cuando corresponde, o momentos terroríficos.

Hoy en día es fácil mirar un poco por encima a La Princesa Caballero. Es una historia con estereotipos de género algo pasados de moda, de un dibujo algo ingenuo, sin todo el angst que a ratos descarga el manga o anime más reciente, es decir un producto mucho menos extremo de lo que fue para su tiempo. Y tales críticas y consideraciones son justas. Pero leyéndola sin prejuicios, uno se puede encontrar con una historia llena de aventuras y emociones, repleta de personajes y situaciones muy imaginativos, y con un muy saludable sentido del humor. Existe una edad, la edad del angst adolescente, en donde toda historia debe reflejar el desgarrador dolor interno de ser un solitario e incomprendido en un mundo en el cual no tienes lugar; esta historia no es una de ésas. Para quienes hayan madurado de dicha edad y todavía tengan un corazoncito con el cual se puedan emocionar ante un libro de aventuras como las de toda la vida, entonces La Princesa Caballero es una excelente recomendación.

La colección completa en la edición Glénat de 2.004.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

Yo vi el anime cuando lo pasaron en tele abierta, aunque no pude ver el final, ahora que hay tantas facilidades, buscaré el manga.

Guillermo Ríos dijo...

A saber si pasaron alguna vez el final, que en la época los canales de televisión ponían sus mejores esfuerzos para emitir las series de dibujos animados en el desorden más absoluto. Un ciclón monzónico no podría hacer mejor esfuerzo por dejar caer los capítulos al buen tuntún. En cuanto al manga, recomendado al ciento por ciento, no sólo porque es bueno, sino además porque va al grano y no se alarga y se alarga como tanto shonen suelto por ahí.

Montgomery dijo...

Por lo que cuentas parece tener cierta relación con Ranma 1/2 (que no he visto ni me siento muy inclinado a ver de momento). Tal vez un precursor...

Yo ví sólo un capítulo de niño y me gustó mucho, pero jamás volbieron a pasarlo en la tele. Lástima. Curiosamente todas o casi todas las críticas actuales en la red lo tachan de anime machista y discriminatorio. Personalmene estoy más en tu línea; habría que juzgarlo en todo caso por la mentalidad de la época.

Guillermo Ríos dijo...

Ranma 1/2, vi algunos fragmentos de capítulo alguna vez, pero como nada me hacía sentido, no seguí. Quizás si vea un capítulo entero cambie de idea, pero como eso no ha pasado...

Yo le concedo un pase a los estereotipos de género de La princesa caballero por las razones que decía, pero es cierto, no podría contarse una historia más o menos igual en estos días, sin que se saliera el tufillo por los costados.

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