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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Capitán América contra el Imperio Secreto: Goebbels y el Universo Marvel.


Para nuestros tiempos cínicos y endurecidos, los cómics de las décadas de 1.960 y 1.970 tienen un cierto regusto inocente que los hace a veces poco atractivos para determinadas audiencias demasiado encallecidas de las que hay actualmente. Y sin embargo, ello no quiere decir que de tarde en tarde, los cómics de esa época no se dejaran caer con mazazos bastante serios. La saga de la lucha del Capitán América contra el Imperio Secreto es uno de éstos. Han pasado cuarenta años desde que la misma culminó, en Julio de 1.974, y su argumento sigue teniendo más actualidad que nunca. Tanto, que la película Capitán América y el Soldado del Invierno de este año 2.014 es más que un poco deudora de la misma.

Recapitulemos. En la época, el Capitán América había sido pareado con otro héroe, The Falcon, y la revista se conocía de hecho como Captain America and the Falcon. La saga del Imperio Secreto se extendió a lo largo de siete números, los que abarcan desde el 169 hasta el 175, con el número 176 funcionando a manera de epílogo; considerando que la publicación era mensual, esto significa que fue publicado entre Enero y Agosto de 1.974. Fiel al estilo culebronesco de la Marvel bajo Stan Lee, algunos elementos argumentales secundarios arrancan desde mucho antes, incluyendo el propio Imperio Secreto, así como un triángulo amoroso entre el Capitán América, Sharon Carter y Peggy Carter; además aparece a mitad de camino un cross over con los X-Men. Con todo, y a diferencia de las megacrisis de hoy en día, en donde es imposible enterarse de un pucho si el lector no se banca entre cincuenta y cien grapas distintas, la lectura de esos ocho cómics es suficiente para adentrarse en la historia.

Antes de seguir, una advertencia. Con miras a analizar el cómic en cuestión, vamos a destripar hasta el fondo el argumento de la saga. De manera que si ustedes no la han leído y quieren leerla, no sigan leyendo adelante. Si no saben donde encontrarla, repito: Captain America and the Falcon, números 169 a 175. Si incluye el número 176, tanto mejor. En dónde la publicaron en castellano, a mí no me pregunten. Yo la leí en un tocho en inglés que me facilitaron.

La trama arranca de una manera que consideraríamos como más o menos corriente, con el Capitán América enfrentando al villano del mes. Pero hay un elemento adicional: comienza una campaña de desprestigio hacia el Capitán América, en los medios de comunicación. En concreto se trata de avisos televisivos financiados por el Comité para la Recuperación de los Valores de América. O sea, Committee to Regain America's Principles en inglés, y aunque el texto no incluye ninguna sigla, hay sutileza en que ésta sea... C.R.A.P. Lean de nuevo con cuidado y fíjense. El caso es que los avisos pintan al Capitán América como un vigilante que toma la ley en sus manos, en muy tensas relaciones con S.H.I.E.L.D. (cierto en la época), y que no responde ante nada ni nadie respecto de lo que considera los enemigos de Estados Unidos. Al poco tiempo, nos enteramos de que el famoso Comité en realidad está empeñado en una campaña de mayor aliento, cuyo objetivo es destruir la reputación del Capitán América. La primera reacción de los ciudadanos es la propia de los habitantes del Universo Marvel: no importa cuántas veces sean salvados por los superhéroes, basta con que alguien grite la palabra mágica "¡ODIO!" y de inmediato se transforman en una turba de desagradecidos ávidos de clavar la cabeza del superhéroe de turno en la picota. Lo que les dura hasta la aparición del siguiente Galactus de turno, pero en este cómic no aparece ninguno.

El hombre que quiere apoderarse de Estados Unidos, pero no es capaz de contratar un modisto decente.
Las cosas se vuelven más espesas cuando el Comité arregla las cosas para dar la apariencia de que el Capitán América ha matado a un enemigo. Fiel a la ley, el Capitán América termina por no resistir al arresto. Pronto, un grupo de vigilantes decide tratar de sacar al Capitán América de la cárcel, incluso contra la voluntad de éste, que prefiere permanecer encerrado para así demostrar que es respetuoso de la ley. Eventualmente, el Capitán América descubre que los vigilantes también son parte de la conspiración, y desean convertirlo en un fugitivo. Todo remata en el Capitán América sufriendo una aplastante derrota a manos de Moonstone, que aparece así como el nuevo campeón del sueño americano. Y si pensaban que Moonstone también es parte de la conspiración... adivinaron.

Al final, con la ayuda del Profesor Xavier, Cíclope y Jean Grey, el Capitán América y Falcon descubren que detrás de todo hay una misteriosa organización llamada el Imperio Secreto, que busca infiltrar la sociedad de Estados Unidos. Y los héroes libran una desesperada batalla para impedir que el poderoso platillo volador del Imperio Secreto destruya la Casa Blanca, ayudado por un Moonstone que finge rendirse, y que terminará desacreditado luego de recibir una paliza más que satisfactoria para el lector, por parte del Capitán América. El final sorpresa es que Número Uno, la cabeza del Imperio Secreto... es en realidad un alto jerarca dentro de la Casa Blanca. No se dice quién es, pero la teoría más común es que sería el propio Presidente de los Estados Unidos, dando un autogolpe de estado para instaurar un régimen totalitario.

Los parecidos de la saga del Imperio Secreto con los eventos que estaban aconteciendo en Estados Unidos al mismo tiempo, son bastante profundos; de hecho la propia gente detrás de la saga ha manifestado opiniones distintas acerca de si intentaban representar los sucesos contemporáneos en clave superheroica, o es una simple historia de fantasía. En la época, el Presidente Richard Nixon estaba cada vez más embrollado dentro del escándalo Watergate, y de hecho se libró de un eventual impeachment únicamente renunciando. Eso, y obteniendo una amnistía total por parte de Gerard Ford, su Vicepresidente y sucesor, con el pretexto de siempre: hay ciertos personajes que no pueden ser tocados porque las instituciones no resistirían el desprestigio, etcétera. Otra manera de decir que cierta gente es demasiado grande como para caer. La Marvel no se atrevió a llegar hasta las últimas consecuencias, pero parece bastante obvio que el Número Uno es una alusión a Richard Nixon, o a lo menos a su administración. Después de todo, Richard Nixon apoyó varios golpes de estado alrededor del mundo, a la vez que hizo todo lo posible por obstruir las investigaciones de Watergate, o al menos, para que no escalaran hasta la Casa Blanca.

El Capitán América contra Moonstone.
Pero lo más insidioso del cómic es la descripción de las tácticas del Imperio Secreto. Su primera etapa es desacreditar a los símbolos de la decencia y confianza del ciudadano común. Para el Imperio Secreto, el Capitán América es un blanco no solamente por ser un superhéroe capaz de plantarles cara, sino también porque es un emblema de los valores democráticos de Estados Unidos, y por tanto, alguien que jamás apoyaría un autogolpe, por no hablar de su capacidad para galvanizar la resistencia patriótica a su alrededor. Por eso, el ataque contra el Capitán América no parte con una batalla abierta, sino con una intensa campaña pública para desacreditarlo primero. Una vez sembrada la desconfianza en el Capitán América, vienen los matones pagados por el Imperio Secreto, principalmente Moonstone, para completar el trabajo. Es decir, el uso de la publicidad de manera goebbelsiana dentro de una democracia, para que la gente odie a los defensores de la democracia y reciba como héroes a los miembros de la conspiración, sin que la opinión pública llegue a enterarse realmente de quién es quién.

La batalla final es un autogolpe en toda regla. El Imperio Secreto ha crecido como un cáncer, y se las ha arreglado para instalar a su propio héroe popular como defensor de Estados Unidos. Hay una crudeza especial en la escena en que Moonstone se sube al platillo volador del Imperio Secreto, mostrándose dispuesto a combatirlo, para salir después diciéndole a todo el mundo que es mejor rendirse porque el Imperio Secreto es demasiado poderoso para ser combatido. Todo es un contubernio, por supuesto, ya que Moonstone está en la nómina del Imperio Secreto desde el comienzo.

Pero el cómic no se queda en ello. Porque algunos argumentos que esgrime el Imperio Secreto en contra del Capitán América, tienen su mérito. Son tergiversaciones y exageraciones, es cierto, pero las acusaciones del Imperio Secreto contra el Capitán América tienen su grano de verdad. En efecto el Capitán América es un vigilante que se toma la ley en sus manos, porque en estricto rigor no es un agente de la ley y el orden sino un privado, en particular desde que ha roto relaciones con S.H.I.E.L.D. (dentro de la continuidad de la época). Poniendo así en el estrado el viejo problema ético que no todos los cómics de superhéroes logran sortear: ¿cómo se puede defender la democracia y los derechos a través del uso de la fuerza por parte de un privado? El Capitán América se mantiene fundamentalmente decente y dispuesto a cumplir con la ley aunque su situación sea injusta, pero, ¿y si algún día se le ocurriera cruzar la frontera por cualquier motivo y llegar incluso más lejos? Hemos visto algunos ejemplos en otras partes: la mafia de policías ejecutantes de mafiosos en Magnum 44 (secuela de la película Harry el Sucio que es más o menos contemporánea a la saga del Imperio Secreto), o de manera más reciente, la octava temporada de 24 con un Jack Bauer entregado a una violentísima venganza que lo hace perder el norte moral.

El Capitán América enterándose de que Estados Unidos ya no es lo que era, muchos años antes que la mayoría del mundo.
De hecho, el número 176 hace una completa revisión del problema, en un estilo que no parece exagerado compararlo incluso con el Prometeo encadenado de Esquilo, guardando las debidas distancias, siendo ambas obras en definitiva piezas de reflexión y debate filosófico, casi sin acción, sobre la naturaleza del orden en el mundo. El Imperio Secreto ha sido derrotado en el número anterior, y Número Uno se ha suicidado, pero el Capitán América se ha quedado traumatizado porque se encuentra con que ha defendido un sistema que ha permitido que alguien como Número Uno haya llegado hasta la Casa Blanca. Thor argumenta que la mayor gloria está en la lucha por lo que es correcto, ante lo cual el Capitán América replica que es el Capitán América y no Capitán Asgard, y en América no hay tanta nobleza como en Asgard. Iron Man trata de que el Capitán América descubra un nuevo sentido en sus antiguas hazañas, pero éste responde que dichas hazañas no tienen mayor sentido si la gente a la primera de cambio, impulsada por una campaña publicitaria cualquiera, le vuelve la espalda con ingratitud. Falcon le recuerda que los héroes son ejemplos morales, ante lo cual el Capitán América retruca que pueden haber buenos ejemplos morales, y también malos ejemplos morales. En un momento, el Capitán América dice textualmente: "¡Los americanos tienen muchas metas, algunas contrarias a otras! En la tierra de los libres, cada uno de nosotros puede hacer lo que quiera hacer, pensar lo que quiera pensar (...) Pero eso hace muchas versiones de lo que América debería ser". Finalmente, el Capitán América concluye que no puede representar más a los valores tradicionales de Estados Unidos, y renuncia a su identidad para transformarse en Nomad. Fiel al estilo Marvel, de que todo cambie un rato para que todo después siga igual, esto duró algunos números, hasta que volvió a tomar el manto del Capitán América de nuevo. Aún así, este número es una poderosa reflexión acerca de qué significa Estados Unidos, qué se supone que sea la democracia y la defensa de la democracia, y por qué no, qué es el heroísmo en sí. Y en un medio tan comercial, denostado y visto por encima del hombro como suele serlo el cómic.

A estas alturas, cualquiera que haya visto Capitán América y el Soldado del Invierno ya ha hecho las conexiones. A pesar de que el Soldado de Invierno como personaje apareció en 2.005 en la saga Out of Time (dejemos de lado el tema de las identidades secretas al respecto), la película hace varias referencias a la historia del Imperio Secreto. Entre ellas están la idea del Capitán América siendo perseguido por S.H.I.E.L.D., sólo que con Black Widow como compañera principal y Falcon un poco más en la trastienda, la idea de que la institucionalidad de los buenos ha sido infiltrada por los malos (en los cómics, el Imperio Secreto es un brazo de HYDRA), y la batalla final en Washington D.C. con tres portaaviones voladores en vez de un platillo volador como en el cómic.

Pero las diferencias son también significativas. En la película, la propia institucionalidad es Estados Unidos aparece intocada e intocable. Los infiltrados son una organización ficticia, S.H.I.E.L.D., y no Estados Unidos mismo. También, al eliminar al Imperio Secreto de la ecuación y hacer aparecer de inmediato a HYDRA como los villanos, es más fácil unir al mal con el enemigo externo, habida cuenta de que en la continuidad del Universo Cinemático Marvel, HYDRA fue creada por los nazis; por comparación, el mencionado número 176 menciona explícitamente la diferencia que significa para el Capitán América el combatir a los nazis por un lado, y al Imperio Secreto como enemigo interno por el otro. En definitiva, hay una inspiración en ideas ya presentes en la saga del Imperio Secreto, pero por el camino, el filo político del cómic original se ha perdido un resto en la película que ha tomado algunas ideas del mismo. Vistos desde la actualidad, los cómics de Stan Lee y su gente pueden parecer algo ridículos en su grandilocuencia y espíritu desaforado, porque palabras como minimalismo o sutileza no parecen haber entrado en el vocabulario leeano. Pero algo que nunca les faltó en esa época, fue valor para hacer un comentario sobre los movimientos políticos y sociales de su tiempo. Una obra de arte no es necesariamente mejor porque sea más o menos política, y de hecho el afán panfletario ha sido la perdición y tumba de muchas novelas y películas, pero la dimensión social de una obra es ineludible: pretender escapar de ella y entregar un producto más sanitizado termina redundando en empobrecer el material original de base. El Capitán América como personaje, siempre ha sido una reflexión acerca de los valores proclamados por Estados Unidos, y el cómo se viven en la práctica cotidiana del día a día; que el Capitán América del cine sea bastante menos filoso que el de un cómic en apariencia más ingenuo y tontorrón por ser de una época más inocente que la nuestra, algo debe decir.

El duelo final contra Número Uno, en inglés. No leer si no se quiere ser víctima de spoilers, por supuesto.

1 comentario:

Oliverio Graelent dijo...

Buena artículo. Es interesante la evolución del capi américa.

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